Archivos para November 30, 1999

Cuando un personaje queda desprendido, por rotura, de los hilos que manejan sus movimientos, termina convirtiéndose en una caricatura sin gracia, pero sin pena. Eso está sucediendo con el presidente de la Junta de Extremadura, José Antonio Monago, que en su situación, desesperada, porque sabe que sus viajes privados pagados con dinero público, en su etapa de senador por la Comunidad Autónoma extremeña para arreglar algunos desperfectos en la isla de Tenerife pueden ser el viaje que se lo lleve, ya se lo ha llevado, por delante.

En todo este asunto, llama poderosamente la atención la sobreactuación de Monago en “defensa” de su vida privada y cómo esa sobreactuación, que quiere hacer las muecas de Jerry Lewis y se queda en una máscara de Jim Carrey, está haciendo cada vez más “atractiva” para la gente conocer esa vida privada que tan celosamente se quiere preservar.

Ayer, cuando Monago anunció la venta de la vivienda del presidente de la Junta en Mérida, pretendía dar un golpe de efecto. Nada más. Un hilo más que su sostenedor de movimientos, Ivancito Goebbels, le puso en el discurso. Pero, claro, cuando se pretenden dar golpes de efecto hay que hacerlo sin incumplir la ley. Pero eso le da igual al bombero emérito.

Anunciar en la Asamblea de Extremadura que “Monago pone en venta” el “palacio presidencial” de Mérida y que al momento estuviera colgado el anuncio en un portal de intermediación inmobiliaria fue todo uno. Y que los “medios de comunicación” fueran rápidamente a hacer capturas de las fotos, a la velocidad de Usain Bolt. Había que hacer de onda expansiva de las ideas de Ivancito, que al fin y al cabo, da de comer a algún que otro titulado en periodismo.

Hoy, la portada de lo que ahora es el GEM (y antes el HolaPP y antes El Periódico de Extremadura) es un anuncio más en esa onda expansiva.

Quiero pensar que el gobierno de los mejores presidido por Monago y manejado por Ivancito sabe que anunciar la venta de un bien que pertenece al Patrimonio de la Junta de Extremadura no es legal. Que ese no es el procedimiento legal de venta de patrimonio público. Y que utilizar mecanismos ilegales conduce no solamente a la ilegalidad del hecho, sino que puede dar lugar a ilícitos penales. Por ejemplo, recurrir a una agencia inmobiliaria, aunque sea por la red, requiere contratar con ella las condiciones económicas de la intermediación. Y requiere que esa intermediación entre el vendedor (administración pública) y el comprador (cualquier particular o empresa) quede al arbitrio de negociaciones sobre precio y condiciones de venta. Y ello da lugar sin duda alguna a negociaciones prohibidas a los empleados públicos. Y Monago y su consejo de gobierno son empleados públicos, interinos, cada día más interinos, pero empleados públicos.

Sabiendo, por tanto, como deben saber las marionetas de Ivancito, solamente queda analizar por qué ese recurso de anunciar explosivamente la venta y colgar las imágenes de la vivienda (¿por qué no cuelgan también las imágenes de despachos ocupados y en uso por funcionarios públicos en el mismo “palacio presidencial”?). La respuesta es sencilla: en la vida privada de Monago.

Se está jartando ese señor que habla como si Extremadura fuera su propiedad (privada) de decir que ha renunciado a vivir en ese edificio (público) porque prefiere vivir en su modesta casa de Badajoz (privada). Contrapone lo privado con lo público queriendo hacer ver que es mucho mejor para los extremeños lo privado (su decisión) que lo público.

Como es una decisión que afecta a intereses públicos (el uso de la “Casa del Río”) la decisión privada debería justificarse mejor. Por ejemplo, haciendo números sobre cuánto cuesta al erario público esa decisión. ¿Es más barata? Hay quien dice que no. Seguridad en la vivienda privada del presidente (pagada con dinero público), desplazamientos diarios entre Badajoz y Mérida de empleados públicos (escoltas) que sí tienen derecho a dietas y deben percibirlas, gastos de los vehículos oficiales (el de presidencia y el/los de los escoltas). A lo mejor, o a lo peor, sumando gastos por la decisión privada, resulta que no es tan barato.

La única explicación posible, sabiendo que la decisión de Monago de vender la “casa del río” es, en realidad, una decisión de su propagandista (bueno, nuestro propagandista, que para eso cobra como un miembro del consejo de gobierno y le pagamos nosotros), es que publicar las fotografías de esa vivienda es para hacer creer a la gente que su vida privada es austera en contraposición a un supuesto lujo de la vivienda presidencial.

La propaganda política es débil cuando quien tiene que hacer de modelo no tiene la presencia que se necesita. Y pretender hacer pasar una presunta vida privada austera como más conveniente que el uso público de una vivienda de propiedad pública, no le cabe hacerlo al modelo Monago, que con sus viajes privados a Tenerife ha demostrado ser muy poco cuidadoso con el dinero público.

Vale.

El lenguaje forense no es, aunque lo parezca, el que utilizan los especialistas en autopsias de las series yankis, sino que es lenguaje propio de cada profesión. Por ejemplo, cuando se leen documentos de la Hacienda Pública, el lenguaje que se utiliza solamente es entendido por aquellos expertos en esa rama del derecho. También sucede con los documentos circunscritos a la Defensa Nacional. No es ya el lenguaje militar en sí, sino el lenguaje del todo entorno de la Defensa, desde los documentos de geoestrategia hasta los digitales de los grupos de presión armamentística (repletos, por cierto, de militares de altísima graduación en la reserva, una puerta giratoria poco estudiada).

Así, cuando se entrevista a un militar por radio o teléfono, nunca contesta, por protocolo, sí o no. Sus respuestas son afirmativo o negativo. Y no por influencia de las series yankis, sino por algo más sencillo: el sí o el no son sonidos muy cortos, que pueden perderse.

Así, cuando hoy el ministro de Defensa ha hablado en Cáceres en el acto de entrega de la Medalla de la ciudad al Cefot 1, en un abarrotado Gran Teatro, con varios cientos de cacereños que no han podido accer, ha leído una frase. Porque Morenés no ha hablado, ha leído un discurso que traía escrito. Segurmente, al ver el desolado aforo, si no hubiera traído escrito el discurso, algún gesto, alguna inflexión se le habría escapado al señor del rostro imperturbable.

Su frase: tanto en el Centro de Formación de Tropa número 1, que continuará cumpliendo esta misión tan relevante; como en el número 2, los hermanos de San Fernando, cuya permanencia está en estos momentos en proceso de evaluación técnica”, ha desatado la euforia, especialmente en quienes confunden realidad y deseo y en su vida han visto un documento elaborado en Castellana, 109, Madrid. Porque esa frase, con unos cambios mínimos, del 0,01% , hubiera servido en el mismo discurso leído en San Fernando: “tanto en el Centro de Formación de Tropa número 2, que continuará cumpliendo esta misión tan relevante; como en el número 1, los hermanos de Cáceres, cuya permanencia está en estos momentos en proceso de evaluación técnica”.

De momento, eso sí, Cáceres va por delante, porque la frase se ha pronunciado aquí.

Claro que cuando hace unos días se decía que el Ministerio de Defensa tenía decidido cerrar uno de los dos Cefots, era una verdad incontrovertible. Ahora no está tan claro. Porque si a 24 de noviembre se sigue evaluando técnicamente una Unidad militar, es difícil que esa evaluación, con los criterios tan exigentes que se utilizan en esas evaluaciones, esté lista para que pueda entrar en vigor en 1 de enero. O lo que es lo mismo: lo más probable será, quién lo diría hace un mes, que continúen “cumpliendo esa misión tan relevante” los dos Centros.

Decía un filósofo, catalán, no recuerdo si Jaume Perich o Manolo Vázquez Montalbán, que un pesimista es un optimista bien informado. Las necesidades o falta de necesidades de personal, de tropa concretamente, son la base en la que se asienta el futuro de los Centros de Formación. Y ahí tropezamos con una evidencia: la absoluta falta de interés del ministro de Defensa por los asuntos que tienen que ver con el personal, algo que está absolutamente delegado (dejado, más bien) en manos de la Subsecretaria.

Y el horizonte no pinta bien. Ayer, la agencia Servimedia, nada sospechosa, publicaba un despacho firmado por May Mariño (@MAYANTOXO), en el que se dice: el Ejército recortará 11.727 puestos en 2016, http://www.teinteresa.es/politica/EJERCITO-RECORTARA-PUESTOS_0_1253874802.html. La noticia, ha sido contrastada con el propio Ejército, que la ha confirmado, según atestigua la propia redactora. Es decir, que mientras el ministro de Defensa hace elogios de un Centro de Formación de nuevos soldados (el Cefot 1, con pedrea para el Cefot 2), en el escalón inmediatamente inferior se confirma la reducción de casi 12.000 efectivos en el horizonte de dos años. Cuestión de horizontes.

Y, siguiendo con los juegos de palabras derivados de la correcta y forense utilización del lenguaje en el ámbito de la Defensa, si dentro de unos meses, incluso con el mismo ministro, leemos la siguiente frase: “como ya dijimos el 24 de noviembre, el Centro de Formación de Tropa número 1 seguirá cumpliendo con esta misión tan relevante, aquí en San Fernando”, nunca podríamos asegurar cuándo el ministro defendió la continuidad de un Cefot en Cáceres y la colocación en el alero de un Cefot en San Fernando.

Vale.

Acabo de ver en las noticias que esta mañana, en un bar de carretera, al hilo de una tapa de morcilla de Arroyo, ha dicho a unos amigos que compartían barra y chatos, que “cuando me atacan, también lo están al pueblo de Extremadura”.

Señó Monago, me se esta ocurriendo... preguntar que quién le ataca. Porque lo que se sabe, como certeza que Vd. no ha sido capaz de desmentir, es que usted utilizó el derecho de los senadores a viajar con cargo a la Cámara Alta para el ejercicio propio de sus funciones, para viajes privados.

Señó Monago, me se está ocurriendo… preguntar si sabe usted que quien le ataca es esa persona que usted ve cada mañana cuando se afeita, como aquel actor de su campaña “Te quiero Tene…”, perdón “Te escuchamos”. Y que,, por cierto, año 2011, aquel actor, casado en el spot, no llevaba la alianza.

Señó Monago, me se está ocurriendo… preguntar si sabe usted que quien le ataca es quien le asesora sabiendo que cuando usted sale al escenario, no escucha al apuntador, y, claro, los hilos que le mueven se cortan.

Señó Monago, me se está ocurriendo… que atribuirse la identificación entre Vd., un bombero reciclado a pasajero de aerolíneas, y la tierra en la que nació es un síntoma que algún especialista le podría diagnosticar, pero que en política es un claro signo de tendencias fascistas.

Señó Monago, me se está ocurriendo... que de alguna manera yo, que soy extremeño, que estoy orgulloso de serlo, no creo que Vd. pueda ni deba atribuirse esa identificación. Porque yo, al menos igual que Vd., tengo el mismo derecho a ese orgullo, pero no se me ocurre tenerlo como privativo.

Señó Monago, me se está ocurriendo… decirle que es Vd. el que nos está atacando a muchos extremeños arrastrando el nombre de nuestra tierra por el fango en el que se encuentra Vd. revolvado.

Señó Monago, me se está ocurriendo… que deje Vd. de mirarse al espejo cuando se afeita creyéndose el rey del mambo, cuando no es más que un interino que tiene su plaza temporal porque, como no sacó la máxima nota, le tuvieron que pasar unas chuletas para el examen tres comunistas que se han convertido en colaboracionistas al más puro estilo Vichy.

Señó Monago, me se está ocurriendo… que deje Vd. de atacar a Extremadura echándose en manos de lo que nos vendieron como un prestigitador y que se ha convertido en un ventrílocuo al que los labios se le abren demasiado las cuerdas vocales y se le rompen, de tan mala calidad que son, los hilos que mueven al muñeco.

Señó Monago, me se está ocurriendo… que si yo fuera demócrata cristiano (casi, casi lo soy, demócrata cristiano ateo) le conminaria a que dejara de tomar el nombre de Extremadura. Hacer eso es pecado capital de egocentrismo, megalomanía y puerta abierta al nacionalsocialismo.

Vale.

Ah! Señó Monago, me se está ocurriendo… ¿por qué no dimite?

En estos días de revuelo en la prensa nacional, y de oprobio para una parte (no sé si grande o pequeña) Extremadura, en los que su presidente por la gracia de Izquierda Unida se ha visto obligado a hacer un ridículo espantoso por unos viajes que él dice que se pagó de su bolsillo pero cuyo importe va a devolver al Senado, que los pagó para que el senador Monago fuera a ver a una militante del Partido Popular a Canarias cada quince días, en estos días hemos visto, leído y oído de todo.

Y en ese de todo, una frase ha rechinado más fuerte que toda la sarta de falsas disculpas, verdades a medias, mentiras de grueso calibre que han salido de la boca del presidente de la Junta de Extremadura, José Antonio Monago y de toda la dirección de su partido que dice que le apoya en su utilización, cuando menos inadecuada, de dinero público, aunque en realidad podría ser hasta malversación de fondos públicos.

Me refiero a la sobreactuación del secretario general del Partido Popular en Extremadura, el cuñado del antiguo repartido de cervezas, que además es presidente de la Asamblea de Extremadura, cuando en un histriónico discurso dijo a un acuciado Monago: “Toda Extremadura está contigo”.

Los histrionismos, las sobreactuaciones de políticos de tres al cuarto suelen terminar todas en los mismo: envueltos en la bandera.

Ayer, viernes 7 de noviembre, el secretario general del Partido Popular, Fernando Manzano, cometió un exceso de verbalización cuando afirmo “toda Extremadura está contigo”. Eso es apropiación indebida. Eso es apropiarse del todo (incluida la caja de los derechos) para pagar la factura de un pillado.

Toda Extremadura no está con Monago. Ni lo estará. Ahora mismo, salvo los que le deben el sueldo de todos los meses, incluyendo a su entrenador de padel, al repartidor de cervezas y otros similares, y, sobre todo, los capataces Alejandro Nogales y Pedro Escobar, ningún extremeño que se precie puede ni debe estar con un sujeto que por la mañana del viernes decía que iba a llevar a los tribunales a todos los que decían (decíamos) que había utilizado dinero público para asuntos privados y hoy dice que devolverá el dinero público utilizado para asuntos privados. ¿Se va a denunciar a sí mismo?

Envolverse en la bandera de Extremadura, hacer apropiación indebida del buen nombre de la región, para defender a un individuo o sujeto que ha hecho uso indebido de dinero público debería ser considerado delito político. O periodístico (porque ya lo hizo el director del HolaPP).

Cuando las buenas prácticas de gobierno que el Partido Popular defiende asienta sus raíces vigorosas en conductas como la de José Antonio Monago y no le obliga a dimitir, hacer apropiación indebida de la región a la que debes servir y no de la que te estás sirviendo en beneficio particular, estamos ante un hecho concreto: el Partido Popular tiene unas vigorosas raíces corruptas.

No, señor Manzando, toda Extremadura no está con Monago, ni mucho menos. Y por mucho que lo griten, por mucho que lo sobreactúen imitando el histrionismo de Jim Carrey y Jeff Daniels, no lo estará.

Vale.

En la anterior entrada me refería a cómo dos noticias de ámbitos muy distintos (la lista Forbes de los más ricos y la petición de la justicia argentina de extradición de franquistas) y que tocaban a Extremadura y cómo los medios de comunicación “locales” las trataban. Bueno, daban campanas a una y silenciaban la otra.
Hoy volvemos a tener noticias dobles que tocan a Extremadura. De dos conspicuos miembros del Partido Popular. Uno, de la ejecutiva, extremeño de nacencia, y el otro que desprecia la tierra de nacencia de su compañero.
Escuchar a Carlos Floriano hablar de ejemplaridad de Jaume Matas por entrar en la cárcel. Matas ha ingresado, poco, como diría Gila, porque la Justicia le ha condenado y la Justicia ha considerado que debe cumplir la pena impuesta. Que un doctor en derecho diga que cumplir la pena impuesta por la Justicia es un acto de ejemplaridad del condenado, demuestra la fragilidad del doctorado.
No es la primera vez que Carlos Javier dice tonterías de este y otros calibres que superan el mínimo de tropa (el 5,56 por ejemplo). Incluso hoy mismo ha dicho que su partido tiene preparado el expediente de expulsión de la alcaldesa bi-imputada de Alicante. Al momento, ha sido corregido por su propio partido. Y eso que Carlos Javier es el número 3 de la organización. ¡Cómo serán el 4, el 5, el 6…!
No hay que olvidar que Carlos Javier es el extremeño colocado en el organigrama del PP en el nivel más alto que ha habido nunca. Pero la realidad es que nadie sabe cómo puede haber llegado tanto alto si no fuera por la escasa calidad de los demás. Hoy, con su intento de grandilocuencia para ensalzar a un delincuente probado y condenado, ha hecho un ridículo importante. Hoy, con su intento de hacernos creer que el PP lucha contra la corrupción ha querido expulsar a Sonia Castedo, pero ha sido desautorizado por las bravas.
Estos ridículos, constantes, le han hecho merecedor del apodo de Luisma de la política que le atribuyen en El Intermedio y en redes sociales.
Otro dirigente del Partido de la gaviota (ave carroñera, no se olvide) que hoy se ha acordado de Extremadura ha sido Soria, el ministro de industria y turismo. Sí, ese que se parece a grAznar. Este muchacho canario hoy ha cantado como un pajarito. Ha dicho, según un titular de prensa: “Soria compara Extremadura con Canarias porque ninguna tiene AVE”.
Esta cuestión ha sido tratada como lapsus, pero no he tenido ocasión de leer o escuchar qué ha dicho el tal Monago, que se dice presidente del gobierno de los mejores de Extremadura. O qué ha dicho ese extremeño de pro tan poderoso en el mismo partido que Soria.
Lo de Soria no es un lapsus, es, sin más, un acto fallido, una afloración del inconsciente que le ha hecho decir lo que realmente piensa.
Hoy, como hace unos días, dos noticias tienen puento de partida o final en Extremadura.
Hoy, además, los protagonistas han sido Jim Floriano y Jeff Soria, “dos peperos muy peperos 2”.
Habrá tercera entrega. Y cuarta.Y quinta…
Vale.

Uno de los ejercicios más divertidos con la prensa, o como se llame ahora, es comparar dos noticias de las mismas fechas y ver cómo esas dos noticias funcionan en el mismo medio. Y ese divertimento es mayor si se trata de periódicos locales o regionales. Vamos, como el HolaPP o el BOPP.

La reciente publicación de la lista Forbes de los más ricos de los ricos en España contenía el nombre de un multimillonario nacido accidentalmente como quien dice en Extremadura. En los años 60 y 70 los medios locales y regionales, de Extremadura, sin ir más lejos, incluían periódicamente algún eco de sociedad del tipo: “extremeños que triunfan”. Como el multimillonario ese que tiene de extremeño lo mismo que un diputado cunero o Saviola cuando se dijo que un abuelo o bisabuelo había nacido en un pueblo de Las Villuercas.

Es lo que tiene ser periodista local: que los chismes, dimes y diretes conforman las páginas que dejan libre la vaselina y ensalzamiento de los caciques, o como se autodenominan, el gobierno de los mejores.

Porque al mismo tiempo que se dedican espacios a mejor gloria de quien se ha hecho millonario trabajando (como Ruiz Mateos, Díaz Ferrán, Arturo Fernández y otros similares), se publica que la juez argentina Servini ha dictado órdens de detención contra conspicuos franquistas, tales como Utrera Molina, suegro de Ruiz Gallardón, o Rodolfo Martín Villa, los medios paletos ejercen la desmemoria.

A Martín Villa la justicia argentina que tiene abierta una causa contra el franquismo le hace responsable penal de la muerte de varios trabajadores en Vitoria, en el interior de una iglesia. Pero esto no es noticia para Extremadura. Sin embargo, la entrada a sangre y fuego de la policía franquista en marzo de 1976, que causó la muerte de 5 trabajadores, tiene mucho que ver con la misma Extremadura.

Entre los muertos causados por la policía franquista en la iglesia de San Francisco de Asís estaba Romualdo Barroso Chaparro, un brocense de 19 años, emigrante, como muchos paisanos, en Vitoria. La lucha antifranquista se cobró la vida de un joven extremeño, uno de los muchos que tuvo que emigrar para que el Plan de Estabilización franquista (o lo que es lo mismo, un plan de limpieza étnica por razones económicas).

Ahora que la noticia de la lista Forbes se mezcla con la petición penal de la justicia argentina, la elección de la prensa paleta es la que más se acerca al rastro del caracol.

Vale.

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En septiembre de 2012 publicaba en este mismo sitio en la red una entrada de la serie “Cáceres, cerrado por falta de uso”, dedicada al antiguo mercado de abastos de la Avenida de la Bondad, junto a la barriada de Las 300 (https://cercadelasretamas.com/2012/09/09/caceres-cerrado-por-falta-de-uso-v/)

Ahora, cuando el final de la legislatura llama a la puerta, las prisas, la improvisación y lo-que-sea-con-tal-de-parecer-que-se-gobierna hacen que el Partido Popular que tiene mayoría absoluta en el Ayuntamiento de Cáceres se agarre a una barbacoa ardiendo y pretenda hacer ver que, con su alcaldesa ausente por obligaciones de mayor enjundia en el Senado, la gestión política es un activo.

El mercado de la Avenida de la Bondad es un inmueble diseñado para ser lo que fue: mercado de abastos, con dos espacios diferenciados. El semisótano para almacenes y frigoríficos de los aposentadores, y la planta alta con las casillas de los puestos. La unión entre ambos niveles se hacía por una escalera de caracol central, y por una rampa por la que debían moverse los carros para llevar las mercancías perecederas de una planta a otra. Las casillas se disponen en círculo, alrededor de la escalera central y el pasillo, amplio, para los compradores, formando un anillo. Entre ambos nivles, una planta con locales comerciales con fachada a la calle Méjico. Un bar, una pescadería… frente a un aparcamiento donde colocaban sus puestos de frutas y hortalizas algunos vendedores.

El acceso de los compradores se hacía por rampas, a ambos laterales del inmueble.

Cuando la legislatura agoniza, sin que los 16 concejales del Partido Popular hayan sido capaces de darle uso a un inmueble de propiedad municipal, previsto en el planeamiento urbanístico como “servicios urbanos”, aparece un empresario y dice que quiere poner un garito de comida rápida. Al PP se le enciende la luz y dice: Bueno, un mirlo blanco que nos echa una mano. O un gavioto. Y de cabeza a enredar con algo que es muy del gusto de la derecha: una recalificación urbanística. Porque cambiar la finalidad del planeamiento para un inmueble de propiedad municipal (aunque fuera de propiedad privada, da igual) es una recalificación. Pero, claro. El mirlo blanco de las hamburguesas necesita poco espacio, muy poco. Hay que cambiar la calificación para que deje ser destinado a “servicios urbanos” y poder meter allí lo que sea.

¿No necesita la ciudad la prestación por el Ayuntamiento de Servicios Urbanos? ¿Están todas las necesidades de servicios urbanos de la ciudad cubiertas?

Además, el Partido Popular debería saber que una modificación del PGM como la que pretendería hacer necesita, entre otras cosas, un trámite administrativo que en ningún caso les permitiría llegar al mes de mayo, las elecciones, con el asunto cerrado. Y, además, debería justificar muy bien que la ciudad tiene cubiertos todos los servicios urbanos muy bien como para sustraer de esa finalidad a un inmueble de estas características.

Y como sabe esto, no tratará de que se haga realidad ese cambio urbanístico. Le da igual. Lo que quiere es que salga en los periódicos (en sus periódicos, que son todos los dos y casi todos los digitales) para que parezca que gobiernan.

Llevan toda la legislatura con el edificio cerrado, sin tener ni puñetera idea de qué hacer con él, como con otros, y ahora lo único que pretenden es hacer lo que han aprendido de su hermano mayor: prensa y propaganda.

Vale.

En nuestro país, las legislaturas duran cuatro años, los que transcurren entre las fechas electorales, salvo, por supuesto, casos en los que se adelantan. Pero partimos de un duración de cuatro años.

Cuatro años para poner en marcha y cumplir el programa electoral del partido ganador. Y, sin embargo, cuatro años no es nada. No da tiempo para nada. Los primeros seis meses se pasan entre tomar posesión, distribuir competencias entre los miembros del equipo de gobierno y enterarse, ligeramente, de cómo funcionan los servicios técnicos y administrativos del organismo que se va a gobernar. O lo que es lo mismo, los cuatro años se convierten, de entrada, en tres años y medio.

Y tres años y medio, no son nada.

En esos tres años y medio, el partido que gobierna tiene que aplicar su programa. Y para ello, lo primero es tener un presupuesto. El heredado, por ejemplo, junio, fue aprobado por el anterior gobierno (fuera o no del mismo partido), no le vale, porque las inversiones prometidas ya no son las mismas, las promesas electorales del programa son distintas. Por tanto, las promesas electorales se retrasan hasta al menos el marzo, abril, del año siguiente si las elecciones han sido en mayo. Casi el primer año se pierde en ordenar plazos, ordenar presupuestos, redefinir promesas, priorizar qué promesas electorales se van a cumplir, si se fuera a cumplir alguna.

Cuatro años no son nada.

Y menos si descontamos el primer año de poner orden. Nos quedan tres años realmente para gobernar. Bueno. Tres años, no, dos, porque el último año ya no sirve para gobernar, sino para cumplir aquello que en los USA se dice del último año del mandato del presidente: el pato cojo.

Pongamos el caso de Cáceres, que me cae más cerca.

El actual equipo de gobierno llegó al poder con las elecciones de mayo de 2011. Tomó posesión a mediados de junio. En julio estuvieron probando las puertas de los despachos, mirando algunos cajones y mirándose al espejo, encantados de haberse conocido. Agosto de 2011, cerrado por vacaciones. Septiembre y octubre, paralizados porque la alcaldesa resultó candida al Senado y había campaña electoral en noviembre. Diciembre se dedicó a festejar las fiestas y el éxito electoral del partido en las elecciones de noviembre.

Durante 2012 y 2013, a vueltas con la herencia, pobre herencia de crisis recibida. Y a tratar por todos los medios de que la mayor baza con la que jugaban, El Corte Inglés, dijera, definitivamente, que sí. Pero también resultó fallido. No quedaba nada de aquellos efluvios electorales de mayo y noviembre de 2011.

Con la crisis encima, con un gobierno de mayoría absoluta de su partido en el Ayuntamiento y en el Gobierno central, no consiguieron el placet del Ministerio de Montoro y, en la práctica, el ayuntamiento de Cáceres está intervenido, razón por la cual, antes del 1 de octubre de 2014 la alcaldesa ha debido informar al Ministerio de Hacienda de las líneas generales del presupuesto para 2015. Líneas generales que sus votantes, los ciudadanos de Cáceres no son dignos de conocer. Practica lo mismo que hace su gobierno de Madrid: a “la superioridad” da una información, a los votantes se la hurta.

Y en estas estamos ya en el último año de legislatura. Cuatro años no son nada.

Porque en la política municipal, la más cercana a los ciudadanos, los resultados se tienen que ver. Es el último año el que determina los éxitos o los fracasos. Es el año de las inauguraciones, de los cortes de cintas.

Hemos llegado a ese último año y todavía no encontramos la tijera para cortar la cinta de inauguración de nada. De nada. No podemos celebrar la primera piedra de El Corte Inglés, dudamos de la continuidad del Cefot, esperamos que la peatonalización de San Pedro de Alcántara no tenga contratiempos, que el dinero de la Junta de Extremadura permita inaugurar el Espación para la Creación Joven del Molino de la Ribera del Marco (que se encontraron terminado y tardaron tres años en conseguir unas migajas de euros de la Junta para los accesos…). Esperamos que el comienzo de las obras del parking de Primo de Rivera (si comienzan) no resulte traumático para el tráfico y tránsito porque el agujero junto al Múltiples podría convertirse en el pozo en que cayeran los votos y no en las urnas.

A menos de un año vista, el balance de la gestión del Partido Popular en Cáceres no puede estar más vacío.

Y en los meses que quedan ya no hay tiempo. Quizás la peatonalización de San Pedro de Alcántara le permita una alegría entre sus más allegados pero que sin duda la aleja de los más de los ciudadanos.

De ahí que el año que nos queda sea un año baldío.

Cuatro años no son nada. Y el último, además, es inhábil a efectos de arreglar lo que no se ha hecho.

Vale.

Pensaba titular este post “Fidelización del voto”, pero caminar con la lámpara de minero en la cabeza me ha iluminado un titular mejor. Viene a cuento por la reacción, que no para, que ha tenido José Antonio Monago ante la boutade de Sánchez Castejón (ya aclarada) de suprimir el Ministerio de Defensa.

Monago busca que sus feladores transmitan una imagen de hombre de Estado con su defensa del Ministerio de Defensa (las tautologías no son buenas consejeras). Bueno, Monago, no. Es su jefe, el titiritero que mueve los hilos de la Marioneta de Estado que esta cruzada está haciendo de él.

Básicamente, Iván Redondo piensa (él sí, Monago no sabe) que todos los militares y sus familias son votantes del PP. Probablemente no vaya desencaminado. O sí. Y lo que está haciendo es campaña para fidelizar ese voto. Y, como suele sucede cuando un lego se mete donde no sabe, pues eso, se hace un Castejón: la caga.

Estos muchachos del PP han presentado una propuesta en la Asamblea de Extremadura defendiendo al Ministerio de Defensa y, sobre todo, defendiendo a los 4.000 militares y sus familias que moran en Extremadura, que no a los “militares extremeños”. Pero, ¿hay 4.000 militares en Extremadura? Rotundamente, no. Hay más, muchos más. Porque en ese número, el que maneja los hilos de la marioneta de Estado olvida a los guardias civiles, que también son militares, y cuyas circunstancias personales (orgánicas, diríase) dependen del Ministerio de Defensa, aunque sus circunstancias funcionales estén adscritas al Ministerio del Interior. La primera, por tanto, en la frente. En Extremadura hay más, muchos más, de 4.000 militares.

Pero toca fidelizar el voto. Monago, digo Iván Redondo, le está diciendo a su partido que necesita esos 4.000 votos de militares y los de sus familias desesperadamente. Hay que arañar como sea, que las cosas no pintan bien. A Monago, digo a Ivancito, le da igual las “infraestructuras” que Defensa tenga en Extremadura, le interesan los 4.000 votos que cree que son suyos, que son de su patrimonio, que son votos fieles. De esos 4.000 votos, solamente menos de un 4%, una miseria, vamos, están en Cáceres, en el CEFOT 1. A Monago, digo a su titiritero, le dan igual, son muy pocos. Quieren la suma gorda.

Porque a Monago, a Iván Redondo y a todo el Partido Popular, los militares, ciudadanos de uniforme, les traen sin cuidado. Solamente los quieren para que les voten. Seguro que sí ahora mismo, a palo seco, se le pregunta a Monago, o mejor dicho, a su mentor, Iván, sobre la capitán juez Moncada, sobre la capitán Cantera, sobre el teniente Segura, no tienen ni puta idea de qué se habla.

Por si a Monago, a Iván o a cualquier dirigente del PP de Extremadura se le pregunta por ATME, por ASFASPRO, por AUME, por AUGC, no tienen ni puta idea. Y lo que es peor, ni les interesa.

Los militares, debería saberlo esta marioneta de Estado, son ciudadanos, de uniforme, pero ciudadanos, que cada día más creen que sus derechos no existen, a pesar de sentencias ya firmes incluso del TEDH. Los ciudadanos de uniforme son personas, como diría un tronista de MYHYV, son personas humanas.

¿Qué sabe Monago de lo que denuncia en su libro “Un paso al frente” el teniente Segura? ¿Qué sabe Monago de lo que le ha ocurrido a la capitán Cantera por denunciar a un coronel por acoso? ¿Qué sabe Monago de que a una juez, capitán por más señas, un coronel le impidiera el ejercicio de su función, sagrada, de juez?

¿Qué sabe Monago, ni Iván, de qué futuro le espera a muchos militares “extremeños” que en los próximos años irán cumpliendo los 45? ¿Sabe qué futuro les ofrece su partido, “su” Ministerio de Defensa?

¿Qué sabe Monago, qué sabe Ivancito, de la contestación que la Ley de la Guardia Civil está teniendo? ¿Por qué a Monago “se le olvida” que los guardias civiles son militares?

Buscar la fidelización del voto de quienes se creen que son votantes suyos por la gracia de Dios, puede tener efectos perversos.

Decirle a “su” Ministerio de Defensa que me dan igual los 150 militares “extremeños” del Cefot de Cáceres, que yo lo que quiero es que haya 4.000, me da igual dónde estén, es muy tranquilizador para ese Centro cacereño.

Buscar la fidelización del voto y convertirse en marioneta de Estado solamente le puede pasar a un indocumentado en manos de un titiritero que le mueve los hilos de feria en feria, de pueblo en pueblo, de portada en portada.

Vale.

¿Saben aquel que diu…? Algo de eso le pasó a Sánchez Castejón en la entrevista “desenfadada” que publicó El Mundo. Claro. Hay que estar en todos los medios, dicen los afiliados, también en los que aprovecharán cualquier descuido para apuñalarte. Y si todo lo fías a la imagen y a lo que te dice el gurú de turno, terminas diciendo que suprimirás el Ministerio de Defensa.

De inmediato, desde Extremadura, donde el Ministerio de Defensa tiene sin decidir si cierra el CEFOT de Cáceres (y mantiene abierto el de San Fernando), saltan otros indocumentados. La alcasenadora Nevado, que ha votado dos veces en el Senado, con motivo de los PGE 2013 y 2014, en contra de dos PNLs, que pedían que se mantuviera abierto, viene a decir “a los socialistas” que si se cierra el Cefot será culpa de… Castejón.

Sin embargo, lo fuerte, lo potente, ha sido la reacción de “hombre de estado” que ha tenido José Antonio Monago, ese señor que lleva siendo tres años mantenido en el gobierno de la Junta de Extremadura por tres comunistas de pro. Ese señor que, si uno ve el titular que ha puesto su periodista de corte, parece que dirige los designios de todo un país. Claro que…

En su afán por hacer méritos ante la dirección de su partido criticando, con el engolamiento propio de los inanes e ignaros, al jefe de la oposición, lo que ha hecho Monago es poner una piedra más en la losa del futuro del Cefot.

Vamos a hacer un ejercicio. Vamos a pensar que, por ejemplo, el jefe del Ejército, el que tiene que proponer al Ministro cuál de los dos CEFOTs existentes, les dice a los militares destinados en el de Cáceres que si se cierra, tienen muchas opciones de colocarse en Badajoz. Es un suponer.

Vamos a suponer que en el Estado Mayor del Ejército algún analista, algún sesudo analista, lee las declaraciones de Monago-Hombre-De-Estado y dice: a este Monago lo que le interesan son los 3.822 militares que hay en Extremadura. Como el escaso 4% de Cáceres podría colocarse en Badajoz, Monago seguiría teniendo sus 3.822 votos, digo, militares. Ergo, da igual, el Cefot de Cáceres se cierra y Monago mantiene su granero.

Que un indocumentado se meta donde no le llaman (llámese Castejón o llámese Monago) suele tener consecuencias. En el caso del Secretario General del PSOE ya ha habido rectificación. En el caso de Monago, ni la ha habido ni la habrá: su hoja parroquial de cabecera le ha dedicado una portada en la que parece alguien, y su escribano ha publicado un artículo que reproduce su discurso, adornado con chorradas y refritos.

Además, se da la circunstancia, en el caso del Cefot que Monago en su discurso (ver despacho de la agencia EFE del sábado 4 de octubre) miente: en Cáceres NUNCA ha habido manifestaciones por la continuidad del Cefot. Miente porque no sabe de lo que habla. Y porque se ha acostumbrado a hacerlo.

Además, se da la circunstancia, en el caso del Cefot que Monago NUNCA ha hecho nada, absolutamente nada, por garantizar su continuidad. Y si no, que lo desmienta, con datos y documentos, no con palabras.

Vale.

A Monago, el estadista, no le preocupa, en realidad, que pudiera desaparecer el Ministerio de Defensa, a Monago le preocupan los votos de los militares. Le preocupa no tanto que dejen de votar al PP, sino que no huyan hacia, por ejemplo el PSOE. De ahí que haga hincapié en que en Extremadura hay 3.822 familias que viven del Ministerio de Defensa. Y las desglosa, como lo hace el cortesano periodista. De esas 3.822 familias, unas 150 están en el Cefot de Cáceres. O lo que es lo mismo: el 4% están en el centro cacereño.