Archivos para junio 2014

Cuando en esta serie se aborda algún edificio, algún inmueble cerrado por falta de uso, no he procurado entrar en cuestiones técnicas, porque no es el motivo de las entradas. En el caso del antiguo cine Coliseum, cerrado hace años, solamente una referencia a cuestiones técnicas, urbanísticas en concreto: está cerrado porque el planeamiento urbanístico impide a sus actuales propietarios a cualquier uso por no ajustarse a normativas como la de incendios (carece de salidas de emergencia y es imposible su realización).

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Edificio en Av. Virgen de la Montaña

 

Sin embargo, tanto el origen del edificio como la propiedad del cine (Obispado de la Diócesis de Coria Cáceres) y las vicisitudes que llevan a una situación como la actual, hacen que su situación, en pleno corazón de la ciudad, sean llamativos.

Fachada Cine Coliseum. 2014.

Fachada Cine Coliseum. 2014.

Adquirido por la Caja de Extremadura (en su origen, la Caja tenía un “accionista” de referencia: el obispado) al Obispado, para convertirlo en centro cultural, su desarrollo nunca pudo llevarse a cabo. Ni siquiera acuerdos municipales como el de 2005, y una falta de actividad normativa municipal (muy al contrario que la seguida para el fallido El Corte Inglés: en este caso se removieron todos los obstácculos, por supuesto. Para nada.) que han hecho que ahora, si se intentara de nuevo poner en orden urbanístico el conjunto, no habría dinero para llevar a cabo el último gran proyecto del marquesado al frente de la Caja.

Ahora, pasear por Cánovas ya ni siquiera hace a los cacereños girar su vista a la fachada de lo que fue el Cine Coliseum: ya no hay carteleras, ni el cartel que puso la Caja para anunciar el futuro (que nunca llegará) centro cultural.

Finiquitado el proyecto, acabadas las riquezas de la Caja de Extremadura, el antiguo cine no son más que unos cerramientos enlucidos, sin letreros y unas ventanas en la planta principal que conservan el paso de los años: cada día están más viejas y dañadas.

Edificio Av. Virgen de la Montaña.

Edificio Av. Virgen de la Montaña.

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Pero hay que llamar la atención también por el edificio del número 3 de la Av. Virgen de la Montaña, que la Caja compró para conseguir que fuera incluido en el planeamiento urbanístico con la finalidad de utilizarlo para dotar de salidas de emergencias al Centro Cultural.

Mientras que el ex-cine, protegido por cerramientos de fábrica y el porche del edificio protegido por enrejado antivándalos, aguanta las miradas, el edificio de Virgen de la Montaña no, cada día se nota más su profundo deterioro. Y eso que forma parte del área de protección del denominado Chalet de Los Málaga, recientemente rehabilitado por una pequeña caja de ahorros.

La responsabilidad de que el cine esté cerrado, sin uso, es achacable a mútiples factores, incluidas la nefasta gestión urbanística de la ciudad durante muchos años, y, sobre todo, la faraónica gestión llevada a cabo en la Caja de Extremadura. Aunque no es achacable en exclusiva a ambas cuestiones, en este caso sí cabe decir aquello de “dos al saco, y el saco a tierra”.

Pero la responsabilidad de que el edificio de Virgen de la Montaña esté abandonado es exclusiva de la Caja de Extremadura, ahora llamada Liberbank. La deplorable imagen que ofrece, en un lugar tan céntrico, se ha acrecentado con el lavado de cara que se le ha hecho al Chalet de Los Málaga.

Corresponde a la propiedad tener en condiciones decentes de visibilidad y ornato y al ayuntamiento exigirla. Pero no sucede ni una ni otra cosa. Ver cómo un edifico de ese tipo se deteriora, sin uso, es una muestra más de una ciudad, Cáceres, en la que el cierre de locales comerciales, de empresas, de edificios públicos y privados abandonados es la marca de los últimos años, especialmente de la actual legislatura municipal, marcada por la impotencia de los ciudadanos (que, no se olviden, votaron mayoritariamente al Partido Popular), la incompetencia política del Ayuntamiento y el abandono de administraciones de superior jerarquía, que hacen que el cierre no sea más que consecuencia del abandono.

Vale.

 

En agosto de 2012, recién comenzada una serie de entradas en mi sitio en la red sobre la deplorable situación de la ciudad de Cáceres, bajo el epígrafe “Cáceres, cerrado por falta de uso”, incluí al Espacio para la Creación Joven, realizado por el gobierno socialista en la legislatura anterior (2007-2011).

El actual equipo de gobierno, del Partido Popular, que goza de una mayoría absoluta aplastante, se encontró, en junio de 2011 el ECJ terminado en el antiguo Molino de Aceite de la Ribera del Marco.

Desde entonces, de junio de 2011 hasta ahora han pasado tres años en los que la mayoría aplastante del Popular ha demostratado una aplastante incompetencia.

Hoy, un concejal de esos de la mayoría absoluta publica un artículo lleno de lugares comunes y un tufo de soberbia propios de otros tiempos.

Uno de los lugares comunes, frases hechas o tópicos, como se les quiera llamar es que “a partir de septiembre van a tomar la temperatura de los jóvenes de la ciudad”. ¿Colaboración con el colegio de enfermería, algún centro de salud próximo, práctias de la Escuela Universitaria?

El concejal, que en ningún momento dice que el edificio se lo encontraran terminado, se refiere a a que han tenido que pedir socorro a la Junta de Extramadura para finalizar las obras (¿no han tenido tiempo en tres años de asfaltar el acceso, que era lo único que faltaba?

Que se tarden tres años en asfaltar 80 metros de camino demuestra la temperatura política de una mayoría aplastante de los concejales.

Pero es más. Ese mismo concejal que hoy se marca el farol de que van a poner en marcha el ECJ para que los jóvenes de la ciudad… ese mismo, y todos sus correligionarios votaron el jueves (¿el mismo día que el técnico del área de juventud redactó el escrito para la firma del concejal que hoy publica el HolaPP?) en contra de una propuesta de la oposición que pedía mayor participación de los jóvenes en los asuntos de la ciudad.

Que ahora se anuncie que el dinero para poner en marcha el ECJ venga de la Junta de Extremadura, quiere decir que la mayoría aplastante de los concejales del Partido Popular han estado desde junio de 2011 tocándose las narices con este y con otros muchos asuntos. Y ahora, cuando ya se vislumbra la cuenta atrás de la legislatura, piden socorro al gobierno de Iván Redondo para que les lance un salvavidas, un salvavotos.

Eso de tomar la temperatura de los jóvenes para poner en marcha el ECJ es una solemne estupidez, propia de quien no tiene ni puñetera idea de lo que los jóvenes necesitan y llevan tres años en el ¿gobierno? pasando olímpicamente de ellos. Porque además, parece que lo que pretenden es que la concejalía del área esté en ese espacio. Esto es otra mayúscula estupidez. El EJC se concibió para los jóvenes, para que pudieran tener un espacio en el que desarrollar sus capacidades creativas y culturales. Y meter el poder que sobre estos asuntos representa la concejalía es condenar al fracaso el conjunto.

Porque si los jóvenes “huyen” de algo es de tener en el pescuezo el aliento “de los que mandan” cuando se trata de arrancar ideas, de crear, de ensayar… Y la burocracia de la concejalía será un yugo sobre los jóvenes. A no ser que sea eso lo que pretenden… someter a los jóvenes con un yugo.

Mientras el Partido Popular se dedica a rechazar iniciativas de la oposición para que los jóvenes tengan más participación en los asuntos públicos, el propio partido es el encargado de querer vender lo que otros hicieron. Y lo venden mal.

Mientras Cáceres está cerrado por falta de uso, uno se va dando cuenta que lo que está falta de uso es la capacidad de la mayoría aplastante de los concejales del Ayuntamiento de Cáceres.

https://cercadelasretamas.com/2012/09/15/caceres-cerrado-por-falta-de-uso-vi/

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 Siguiendo el hilo de la intervención de Alfredo Pérez Rubalcaba, dimisionario de la Secretaría Genral del PSOE, parece que la Ley Orgánica para aceptar la abdicación de Juan Carlos I, parecía que se trataba de votar sí o sí para que la abdicación sea efectiva. Pero eso no es así. El PSOE es, o debería ser, libre para votar lo que crea conveniente. Y no se trata de que con el voto sí o no se esté votando monarquía o república. No. Porque el voto sí es dar continuidad ordinaria a una de las previsiones constitucionales. En concreto, el artículo 57.5, que determina que las abdicaciones y renuncias se regularán por Ley Orgánica.

¿Qué habría pasado si, como se ha dicho, hace unos meses Rajoy y Juan Carlos I comunicaron a Rubalcaba la abdicación, este hubiera dicho que no garantizaba el voto favorable del grupo socialista, necesario por tratarse de materia regulable por Ley Orgánica?

¿Qué habría pasado si hoy el Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso hubiera votado mayoritariamente en contra y no hubiera resultado aprobada la Ley Orgánica porque el PP no se hubiera atrevido a continuar en solitario la tramitación?

El primer efecto, en ninguno de los dos caso, no habría sido pasar de modo automático a una nueva forma de Estado. El primer efecto, en la respuesta a la primera pregunta, es que la abdicación no se habría planteado. En el segundo caso, el Congreso habría obligado a Juan Carlos I a continuar su reinado. Estos, únicamente, serían los efectos de una votación formal tal y como se ha planteado por el gobierno del Partido Popular y el PSOE.

Pero, en la práctica, si el PSOE se hubiera negado a aceptar la abdicación, los efectos políticos habrían sido otros. Indeterminados, sin duda. Pero, del mismo modo que hoy el Partido Popular, en uno de los mayores monumentos a la hipocresía, ha alabado la actitud de Rubalcaba, por votar que sí, debería hacer lo mismo si el voto hubiera sido contrario: el derecho ejercer el voto en el sentido que políticamente cada grupo, cada diputado, estime conveniente es igual de respetable. Pero claro, para un partido que no cree en la democracia (para el PP, el poder les pertenece por la gracia de Dios), llevarles la contraria es de irresponsables.

Si hoy el PSOE hubiera votado no a la ley orgánica de abdicación, el primer efecto, formal, puramente formal, sería que Juan Carlos I debería continuar su reinado. O renunciar. Y no es, ni formal, ni jurídicamente, lo mismo la renuncia a los derechos que la abdicación. Porque el rey abdica en su sucesor. Si embargo, la renuncia lo es a los derechos dinásticos, y el debate jurídico sería inmediato: si Juan Carlos I renuncia ¿puede transmitir sus derechos dinásticos?

La votación formal, tal como se ha planteado, no lo es, por tanto, tan simple como han hecho creer. Porque, en realidad, y es algo que siempre se dice: en democracia, las formas son tan importantes como el fondo. Por ejemplo: el Partido Popular alardea de colaborar (formalmente) con la justicia en la investigación de su tesorería, pero en el fondo tienen comportamientos mafiosos para eludir sus responsabilidades penales.

Hoy, el PSOE no necesitaba, en ningún caso, plantear siquiera un supuesto de monarquía vs república, sino algo mucho más sencillo. Una ley formal, puramente formal, que con un voto contrario habría hecho que la forma de Estado se hubiera ahogado su propio jugo, habría, necesariamente, haber arrancado, por sí misma la puesta en marcha de los procedimientos constitucionales previsto de reforma.

Hoy, el PSOE no necesitaba decir incongruencias, mostrar contradicciones que lo encaminan a convertirse en un nuevo PASOK, hoy solamente necesitaba ejercer su voto en el sentir mayoritario de sus militantes y no de gatos de siete vidas aburridas. Lo demás se habría dado de modo natural y sin forzar, en ningún caso, la Constitución, sin desatar ningún caos.

Vale.

 

Junto a la iglesia de Santiago de los Caballeros, cuna de la orden de Los Fratres de Cáceres, se encuentra el Palacio de Godoy, construido en estilo renacentista por Francisco de Godoy Aldana, que participó con Francisco Pizarro en la conquista de Perú, fue alcalde de Lima y gobernador de Valdivia, en Chile. El Palacio que lleva su nombre está datado en 1548 y en su arquitectura destaca el balcón de esquina realizado por Pedro de Marquina en 1563. De este tipo de balcones hay diversas muestras en la ciudad, y, el del Palacio de Godoy tiene columnas laterales de orden compuesto, frontón con busto decorativo y culminado con el escudo de armas de Godoy y Aldana.

Después de haber sido en los últimos 100 años Casa de la Madre, lugar de nacimiento de muchos cacereños, y en los últimos tiempos sede de una delegación provincial de la Junta de Extremadura, está cerrado, y solamente un intento de trasladar a sus salas el Conservatorio Provincial de Música parecía que podrían volver de nuevo a darle uso.

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Con una superficie construida de casi 3.500 m2, y una superficie de suelo de 2.063 m2, una mirada simpre a sus fachadas o a su patio, por la puerta que abre a la calle Zapatería, dan cuenta del estado de abandono en que se encuentra.

Este estado de cierre por falta uso es una muestra más de una ciudad que dispones de muchos y amplios edificios de titularidad pública a los que no hay manera de darles uso. En este caso, además, se trata de un edificio ubicado en una de las colaciones a través de la que la ciudad, al término del siglo XVI, comenzó a sobrepasar las murallas que la habían encerrado. Este palacio, en concreto, se haya situado en la bajada del Arco del Socorro y la puerta de Coria, y forma una pequeña plaza junto a la Iglesia de Santiago. Ambos edificios, palacio e iglesia, permiten conocer cómo fue ese crecimiento extramuros.

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En esta serie de artículos sobre la falta de uso de muchos edificios de la ciudad, en este caso, un inmueble propiedad de la Junta de Extremadura, da fe de la falta de un modelo de ciudad. Mientras la Diputación Provincial cierra un colegio mayor, el Francisco de Sande, alegando falta de medios económicos y de competencias con la nueva ley de régimen local, y pretende crear en él un nuevo museo, el Palacio de Godoy lleva años cerrado, deteriorándose.

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En las previsiones presupuestarias de la Junta no existe dotación alguna para ponerlo en servicio, ni como se proyectó en su día para Conservatorio Provincial de Música ni para ningún otro uso. Una ciudad que se dice que es la capital cultural de Extremadura carece de proyectos y, sobre todo, de ideas, para que inmuebles de gran porte, como este, sin duda uno de lo mejores palacios existentes en la ciudad, tengan un uso cultural, social… Pero no, ni hay ideas ni proyectos. Eso sí, por ejemplo, hay 700.000 € para peatonalizar una calle dizque comercial, pero que de comercial sólo tiene la mitad.

Cuando las ideas se han ido volando detrás de los recortes presupuestarios, el minimalismo mental se instala en aquellos que tienen la obligación y competencia de administrar dineros públicos. El minimalismo mental impera y las señales de abandono aparecen en las ventanas decoloradas del palacio, en los cristales desaparecidos del balcón que tanto fotografían los turistas, que se preguntan si puede visitarse… cuando ven que la puerta está cerrada a cal y canto.

Cuando un partido político, el Partido Popular, pretende hacernos creer que gobierna una ciudad, ver este palacio, abandonado y sucio, no hace sino acrecentar la idea de que a los dirigentes de ese partido la ciudad les importa un bledo.

Unos turistas que, tras ver la iglesia de Santiago de los Caballeros, admirar la imaginería que guarda, incluida la figura del Nazareno, suben de nuevo a la Plaza Mayor por la calle Zapatería y ver la maleza que se apodera del patio del Palacio, no pueden por menos que hacer un gesto de contrariedad ante lo que fue y lo que ahora es, olvido y suciedad, el Palacio.

Vale.

La abdicación de Juan Carlos de Borbón ha resultado un detonante para que muchos miles de españoles, en las calles, exijan un referéndum sobre la forma de estado. Otros muchos reclaman un proceso constituyente.

Mientras tanto, mañana, 3 de junio, el Consejo de Ministros, en realidad, consejo de tramposos, aprobará el Proyecto de Ley Orgánica que contenga el procedimiento de abdicación y asunción de la jefatura del Estado por el heredero a la Corona, conforme a la vigente Constitución de 1978l.

Este proceso iniciado hoy con las declaraciones institucionales del Presidente del Gobierno y del propio Juan Carlos, y que mañana impulsará el Consejo de Ministros requerirá, por tratarse de Ley Orgánica, una mayoría cualificada. O lo que es lo mismo, requerirá que el PSOE apoye al PP para sacarla adelante. Y, desgraciadamente, eso va a suceder.

En este contexto, la convocatoria de un referéndum sobre la forma de Estado debería llevarse a cabo con carácter previo a la aprobación en las Cortes de la Ley Orgánica que prevé aprobarse mañana en Moncloa. O lo que es lo mismo, el referéndum debería convocarse ya, mañana mismo, y llevarse a cabo en el mes de julio. Si quieren, incluso, que sometan a referéndum la Ley Orgánica que pergeñan.

Como esto no va a suceder y las peticiones de referéndum van a continuar y pueden enquistare, con consecuencias difíciles de prever, con un gobierno acorralado por la corrupción, sometido a decisiones que se adoptan en Bruselas o Berlín y dirigido por un Mariano Rajoy, declarado incompetente, cuyas reacciones son imprevisibles. Baste tener en cuenta los intentos de Ley Mordaza o la infantil, por ignorante, criminalización de las redes sociales.

En todo caso, y en el mejor de los supuestos, someter la forma de Estado a referéndum, y que gane la república, nos llevaría a un necesario cambio constitucional. Esto es, a que la actual constitución se someta unos cambios, cuyo control escaparía al auténtico control de los ciudadanos.

En mi opinión, un simple referéndum sobre la forma de Estado (simple pero complejo) no resolvería más problema que ese, que la forma de Estado, monarquía o república. Y sería la puerta que abriría modificaciones de calado, del tipo que la llevada a cabo con el artículo 135 de la vigente Constitución.

Por ello, es necesario, sería necesario un proceso constituyente que incluyera la forma de Estado. Porque la forma de Estado no es, ni con mucho, el mayor problema que tenemos. Porque el paro, la crisis económica, la corrupción política, el desprecio de los políticos y grandes empresarios hacia ciudadanos y trabajadores, no dependen de monarquía o república.

Desde luego, para los ciudadanos, que quienes ostenten la jefatura del Estado sean merecedores de esa magistratura por genética o lo sean por eleccin democrática, es un bien a conseguir. Porque significa un símbolo en el que se refleje que la soberanía reside en el pueblo.

Cambiar sólo la forma de Estado puede suponer dar carta blanca a unos políticos, los actuales del PP, la derecha de siempre, que han demostrado de modo suficiente su incapacidad para tomar decisiones que mejoren la vida de los ciudadanos, pero sí la de los grandes empresarios y el gran capital, y una oposición mayoritaria, la del PSOE, que no se ha enterado en toda la legislatura de las tropelías del PP y se ha limitado a los juegos de manos de Rubalcaba en las ruedas de prensa.

Por ello, frente a la idea de un referéndum exclusivamente sobre la forma de Estado, mucho más eficaz, quizá más largo, pero más seguro, un proceso constituyente que termine en una nueva Constitución que, sí, se someta a referéndum y que permita elegir la forma de Estado.

Vale.

 

La no convocatoria de Izquierda Unida al debate postelectoral de La Sexta, siendo la tercera fuerza política, aún con la excusa (siempre una excusa) de que, posteriormente, en el mismo programa se iba a entrevistar a Alberto Garzón, demuestra algo que viene siendo una realidad en los medios de comunicación convencionales de nuestro país: que sus propietarios (es decir, las empresas de comunicación entrampadas hasta las cejas con los bancos) manejan un aspecto esencial de la democracia: la política y su comunicación con los ciudadanos.

Para esos propietarios de los medios, Izquierda Unida, tercera fuerza a nivel nacional, ha alcanzado su techo. Pero no no porque puedan ser capaces de ganar más cuota electoral, no. Ha alcanzado el techo que a los propietarios de las empresas de comunicación les interesa. Con el nivel actual, se ha convertido en el contrapeso fundamental, en la cuña de la misma madera que necesitaban para terminar de domesticar, aún más, al PSOE como partido de gobierno. Ahora, esos propietarios saben que si los socialistas quieren volver a gobernar, necesitarán, irremediablemente, a Izquierda Unidad, y ya se encargarán ellos de entorpecer cualquier acuerdo.

En la noche del sábado, mientras en La Sexta se silenciaba a IU en el debate, se hacía un incensario, bruñido de improperios dignos del Callejón de los Gatos, a Podemos y a su líder carismático, Pablo Iglesias Turrión.

Esto es así porque interesa a las empresas de comunicación dos cosas: la primera, que Podemos se convierta en una nueva cuña en la izquierda política que dificulte, aún más, cualquier tipo de acuerdo que pudiera poner en peligro lo que consideran muchas legislaturas necesarias de gobierno del Partido Popular para conseguir un marco jurídico y fiscal que convenga a sus insaciables ansias de beneficios. La segunda, porque saben que el ensalzamiento abrumador, el triunfo mediático explosivo que generan las pantallas de televisión terminan generando rechazo.

Con Pablo Iglesias estamos asistiendo a su conversión en figura de masas, en una figura que a todas horas, con cualquier motivo, con cualquier excusa, aparezca… hasta convertirla en aborrecible. Lo poco agrada, lo mucho cansa.

Es de pensar que el líder de Podemos tenga un suficiente cuajo de personalidad que le permita, por un lado, no sucumbir al “precio de la fama”, y, por otro, a soportar esa fama.

A las empresas de comunicación les viene muy bien Podemos, les interesa que se convierta en la fuerza política que cuestione el puesto que ahora ocupa Izquierda Unidad. Cuanto más cerca estén unos de otros, más difícil será el acuerdo, como más difícil será el acuerdo con el PSOE, sobre todo si este partido no cierra bien su crisis organizativa y de liderazgo.

Que el voto mayoritario en las últimas elecciones europeas haya sido a las izquierdas, no puede repetirse en las próximas elecciones municipales y autonómicas, ni mucho menos en las generales de 2015. Es necesario hacer crecer, como sea, a Podemos, controlar a IU y mecer al PSOE en su crisis. Con ello, con el susto de un crecimiento “demasiado izquierdista”, se garantizará una movilización del voto de la derecha. Y una fragmentación mayor de la izquierda.

Quien paga en los medios de comunicación, manda. Y en estos tiempos, además, quien paga, manda y el gobierno del Partido Popular hace el resto. Por eso es necesario domesticar a la izquierda, a los grupos emergentes como Podemos, bailándoles del agua, y mandando el mensaje a IU de que saldrán en los medios cuando a sus dueños les venga bien.

Mucho me temo que si, como decía antes, Pablo Iglesias flaquea en su cuajo político, y, sobre todo, personal, se vea llevado a convertirse, por su abusiva presencia en cualquier programa, con cualquier excusa, en la Belén Esteban de la izquierda.

Vale.