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La Fuente del Concejo

La Montaña fue un periódico diario que estuvo en circulación varios años, de carácter conservador, si bien trataba a menudo temas locales y era característico que publicara las reseñas de las reuniones municipales y, al final de cada una, el autor de las mismas exponía un comentario, generalmente jugoso, y que contrastaba con la seriedad del lenguaje administrativo de los acuerdos adoptados. Hoy, sin embargo, traigo a esta serie unas impresiones de unos paseantes sobre la Fuente del Concejo, con su punto de chispa.

Fue publicado este artículo en LA MONTAÑA, el 13 de enero de 1922, con la firma de “P.P. y W.”

DIVAGACIONES DE UN INFELIZ MURMURADOR

El aburrimiento nos hizo caminar sin rumbo fijo y paseando por la carretera que circunda la Ciudad vinimos a parar a la fuente más popular de Cáceres: la Fuente del Concejo. No sabemos qué misteriosa atracción tendrá para nosotros el agua de esa fuente: pero es lo cierto que nos deleita beberla, y al vernos tan cerca, un poco sedientos por el cansancio del paseo entramos en deseos de hechar un trago. No fue posible satisfacer este pequeño capricho; un hombre alto, enjuto de carnes que allí estaba con una vara, y que se nos antojó fuese el guarda, nos produjo cierto temor y desistimos de nuestro propósito sin atrevernos a descender al patio de la fuente.

¿Por qué ese miedo de apagar nuestra sed? Muy sencillo. El agua de esa fuente que debe tener para todos los que la prueban la misma misteriosa atracción que hemos dicho tiene para nosotros, es la que más se consume en Cáceres, y así vemos que a cualquier hora del día esperan pacientemente el turno para llenar su cántaro innumerables domésticas que formando larga fila, obediente a una imperceptible señal del hombre de la vara van pasando de una en una a recoger el agua prodigiosa. Claro es que si para saciar nuestra sed hubiéramos esperado a que nos correspondiese el turno nuestra muerte hubiera sido segura y optamos por abandonar aquel lugar.

Foto: Ruth Matilda Anderson

Durante el tiempo que allí permanecimos observamos que [de] cuatro bombas que hay en la fuente solamente funcionaba una y ésta casi continuamente estaba ocupada por un hombre que sin parar llenaba ocho, diez o doce cántaros, que si bien su capacidad no sería suficiente para llenar el bebedero de un canario era tan crecido que no parecía abarse nunca. Entonces inquirimos ¿qué preferencia tenía aquel sujeto sobre los demás para permitirle tal abuso? Alguien nos dijo, ese hombre es aguador, paga 0’15 pesetas diarias para sacar agua de la fuente y cobra 0’50 pesetas por cada carga compuesta de esos dedalitos que transporta en su jumento; no pareció que exageraban pero callamos al pensar inconscientemente en el número de taberneros y expendedores de leche que hay en la ciudad.

Fuente Concejo

Si funcionasen las cuatro bombas, pensábamos, no habría esa interminable cola; pero para su funcionamiento sería preciso arreglarlas; su arreglo costaría dinero y eso gravaría el erario municipal que no debe estar para muchas filigranas, después del pozo de los Regajos, que a pesar de la economía con que los concejales inspectores de obras, Sres. Canales y Floriano Santillana han procurado llevarlas al efecto, no debe ser ningún grano de anís. Por otra parte, ¿no se irrogaría perjuicio a las domésticas arreglando las fuentes? Sin duda alguna; el tiempo que emplean en la fuente, están alejadas de los pesados quehaceres de la casa y por consiguiente les sirve de descanso la espera en la cola, y este beneficio que legítimamente les corresponde, no lo tendrían si estuvieran las bombas en condiciones de funcionar.

Estas razones creemos habrán pesado en el ánimo de la Alcaldía y por eso no le criticaremos el que la fuente esté en ese abandono lamentable, sin que pueda usarse más que una sola bomba con lo cual no se pierde más que tiempo; de otra forma no podríamos tolerarlo y protestaríamos en la seguridad de que nuestra protesta sería escuchada en el acto. Pues que ¿no sabemos de sobra que si fuera necesario se resolvería inmediatamente el conflicto con un esfuerzo insignificante por parte del Ayuntamiento?

Está muy reciente la cosa para que hayamos olvidado que dentro de la misma Corporación  hay quien nos sacaría del apuro inmediatamente. Ahí está el concejal Sr. Herreros que por servir los intereses del Pueblo, se sacrificaría nuevamente para ir a Madrid a buscar bombas para la Fuente del Concejo como fue a por la del pozo de la Esmeralda, y creemos no habrá quien dude que el Sr. Herrero en cuestión de bombas… no entiende un cacho largo.

P.P. y W.

Vale.

Multas con publicidad

El periódico UNIÓN Y TRABAJO, Órgano de la Casa del Pueblo, publicaba regularmente las multas impuestas por el Ayuntamiento, entonces presidido por Antonio Canales, por diversos motivos, y, además de señalar esos motivos, publicaba el importe de la sanción impuesta. De esta manera, eran públicos los datos de los infractores, algo que resultaba de verdadero interés para quienes veían en esa publicidad una disposición ejemplarizante.

Así, el 21 de noviembre de 1931, esta era la información publicada por UNIÓN Y TRABAJO.

Plaza de San Juan, C( Alfonso XIII. Joseph Thomas i Biges. 1926

MULTAS

impuestas por la Alcaldía en el mes de octubre y primera quincena de noviembre del año actual.

A José Solana, por vender leche aguada, 47 pesetas; Miguel Criado, por ídem, 9; Domingo Claver, infracción de las O.M., 5; Francisco Monroy, negativa pago talón venta sandía, 2; Lisardo Sánchez, abandono coche en vía pública, 5; Felipe García, artículo 106 O.M., 7; Juan Carmona, negativo pago ocupación vía pública; 2; Eduardo Málaga, artículo 245 O.M., 5; Daniel Martín, ocupar sitio distinto camioneta, 5; Jaime Zaragoza, negativa pago ocupación vía pública, 2; Petra Campón, negativa fir relación precios tasa, 5; Baldomero Pacheco, artículo 245 O.M., 5; Manuel Falcón, negativa firmar relación precio tasa, 5; María García, artículo 221 O.M., 2; Conrado Álvarez, pasar por asfaltado calle Paneras, 2; Pedro Domínguez, circular carro ruta contraria, 5; Pedro Holgado Godoy, no colocar carruaje en su puesto, 5; Ángela Congregado, falta 80 gramos en 4 kilogramos de magro, 1; Agustín García, negativa firma precios tasa, 5; Jacinto Pérez, artículo 245 O.M., 2; Eladio Cañamero, artículo 106, ídem, 5; Mariano Santano, artículo 96 ídem, 2; Adrián Blanco, hacer obra sin licencia, 50; Guillermo Pérez Rentero, artículo 245 O.M., 10; Juan José Chacón, vender hueso de cerdo mayor precio, 20; Reyes Vela, ídem barbada ídem, 20; Manuel Chacón, ídem tocino, 20; Clemente Cortés, ídem tencas falta peso, 5; Eugenio Rodríguez, artículo 96 O.M., 1; Manuel Sánchez, vender leche aguada, 57; Agustín Orozco, artículo 96 O.M., 5; Juan Sánchez, negativa pago venta ambulante, 2; Pilaro Mena, artículo 106 O.M., 10; Alejandro González, tener carro vía pública, 2; Felipe Gil, circular camioneta sitio prohibido, 10; Vicente García Flores, artículo 96 O.M., 1; Eladio Andrada, circulación coche ruta contraria, 2; Antonio Lunas, Agustín Iglesias, Adrián Galapero, Manuel Canchal, Mauricio Fuerte, Luis Gracia, Juan Castro, Mario Rebollo, Baldomero Iglesias, Ramón Cano, Benito Gracia y Víctor Quiñones, artículo 248 O.M., 2; Juan Blanco, iniciar obra sin licencia, 5; Pablo Holgado, artículo 96 O.M.; Fabián Lectre, Anastasio García y Antonio Macías, ídem ídem, 2; Manuel Sánchez, leche aguada pasó al Juzgado Municipal; Antonio García y José Mª Romero, artículo 106 O.M., 6 y 10; Constancio Carrero, pasear sin licencia con una bicicleta, 15; Santiago Fernández, marchar el coche en ruta contraria, 2; Alejo Iglesias, artículo 106 O.M., 15; Marceliano Sánchez, romper un árbol Plaza Mayor, 50; Justa Acedo, vender costilla a más precio que el de tasa, 5; Antonio Rodríguez, artículo 96 O.M., 2; Manuel Sánchez, negarse a dar muestra leche para el Laboratorio, 5.

Vale.

Anuncios en prensa

Un breve repaso, muy por encima, de los anuncios que se publicaban en los periódicos de primeros del siglo XX, nos puede dar una idea de algunos detalles sobre cierta evolución de la ciudad. Por ejemplo, en el callejero.

 

Vale

Hambre y emigración.

El mismo periódico EL BLOQUE, periódico democrático, que ya he traído alguna vez a esta serie de entradas, publicaba el 18 de agosto de 1910 el artículo que reproduzco. Está firmado por el abogado Modesto Albalá, en Peraleda (no se aclara de cuál de los dos pueblos con el mismo nombre, Peraleda de San Román o Peraleda de la Mata, ambos en la provincia de Cáceres). EL BLOQUE era un periódico abiertamente adscrito a los liberales reformistas de José Canalejas, y abiertamente beligerante contra los conservadores representados por Maura. Aclaración creo que necesaria para entender un poco mejor el contenido de este artículo. He respetado para el subtítulo de esta entrada el mismo que el utilizado por su autor. Al comienzo del texto falta una o dos líneas, que no aparecen en el escaneado del portal de Prensa Histórica del Ministerio de Cultura.

HAMBRE Y EMIGRACIÓN

Ha comenzado á iniciarse en esta región la emigración en términos alarmantes.

El día 3 reuniéronse en Navalmoral, en [falta una o dos líneas] braceros de estos pueblo que, después de un período de siega en que casi no han tenido jornales y ante la perspectiva del hambre con que el invierno amenaza, abandonaban sus hogares para buscar en otros continentes lo que en su patria -¡triste es decirlo!- no puede darles: pan para sus hijos.

Solamente en este pueblo [Peraleda de la Mata o Peraleda de San Román] se han marchado veinte familias, componiendo un total de setenta ú ochenta seres. No quiero, no podría describir el espectáculo de su despedida: era una escena tristísima, impregnada de lo más hondo de los sentimientos, en los que rebosaba á torrentes esa ternura inmensa que nace de los vínculos de la sangre, ternura que por naturaleza existe en los corazones más rudos, siendo la única flor de su poesía… Era, en fin, una escena de ese drama social que se llama Emigración y cuyo argumento es el hambre.

Es necesario atajar el mal, es necesario poner un hemostático para contener esa hemorragia cuya sangre es recogida por otros países para progreso suyo.

Cada cual en su región debe hacer todo lo posible por remediar al proletariado, á esos desheredados hasta de la Justicia, que tienen derecho á otra vida que la de miseria é ignorancia en que se hallan.

Eugene Smith. Deleitosa. 1950. Revista Life.

Llamo, pues, la atención á las clases directoras, á los que por su situación están llamados á dirigir la marcha de los pueblos en esta región del Tajo, para que todos y cada uno pongan de su parte lo que les sea posible dentro de las medidas de sus fuerza para, en un arranque de civismo y de amor al prójimo, desechando esa apatía egoísta que es una de las principales causas también de nuestros males; ver la manera de aclarar las negruras del hambre con que amenaza á los sufridos braceros el invierno que se avecina.

Existe un medio que podría solucionar el conflicto de pronto ó al menos hacer más llevadera la situación; un medio por el que podrían darse bastantes jornales y remediar el hambre: ese medio es la tantas veces anunciada construcción de la carretera de Navalmoral á Guadalupe. Obra que de justicia nos corresponde, pues es de absoluta necesidad para estas gentes aisladas en este rincón con un atraso de cincuenta años, debido á la falta de una vía de comunicación con el ferrocarril para poder exportar sus productos é importar los de otros pueblos, activando así el comercio, que es el primer vehículo de la riqueza y el progreso.

Mas para alcanzar esto es necesario pedir, es necesario moverse, es necesario manifestar el deseo y exponer las necesidades; el indolente nada consigue.

Tomen las iniciativas los Ayuntamientos, que son los encargados de velar por el bien público.

Únanse todos los pueblos interesados, y las personas más características y de más ascendiente moral y político, con el diputado á la cabeza, que debe poner de su parte todas sus energías, como obligado que está á defender los intereses de la región; vaya á exponer á los poderes públicos la verdad de la situación, la imprescindible necesidad de comenzar la construcción de esa carretera cuanto antes y es seguro que este Gobierno, tan interesado en favorecer al proletariado y en conseguir el progreso de todas las regiones, no se negará á una petición tan justa y caritativa.

Así, el diputado conseguirá aumentar los vínculos de amor que á esta gente le unen, porque verán en él al solícito remediador de sus desgracias, y las clases directivas, que además del beneficio que en sus intereses obtienen, tendrán el agradecimiento de los pobres jornaleros á quienes habrán salvado del hambre y del dolor de tener que separarse de sus familias para ir á regar con su sudor tierras extrañas, á más de haber conseguido la prosperidad general y de haber trabajado en la obra de la civilización en la que todos estamos obligados á colaborar.

MODESTO ALBALÁ. Peraleda. 10.8.1910.

Vale.

Ácida crítica teatral.

El Teatro Variedades de Cáceres se construyó sobre un solar entre las calles de Nidos y de Moros, promovido por Juanita Elguezabal. Después, ese solar fue adquirido por Vicente Marrón, para crear en él las escuelas que llevaron su nombre. Actualmente es uno de los inmuebles incluidos en mi serie “Cáceres, cerrado por falta de uso” (XXXVII), con fecha 25 de mayo de 2016.

EL BLOQUE, periódico democrático” (cabecera) de 12 de abril de 1910 publicaba una ácida crítica teatral.

Escuelas de Marrón (cerradas) donde estuvo el Teatro de Variedades. Cáceres.

TEATRO DE VARIEDADES

La función que varios aficionados dieron anoche en este teatro, fue detestable como conjunto.

Como notas salientes, podemos señalar dos. Una el trabajo de nuestro paisano Triviño, el cual reveló una vez más las buenas disposiciones que posee para las tablas. Su dominio de la escena, la soltura de los movimientos, el acierto en el gesto, su entonación justa, su serenidad pasmosa.. todo esto y mucho más acredita al Sr. Triviño como un excelente actor. Lo que falta sería obra del tiempo, si se dicara al arte escénico, pues dotes naturales le sobran.

Ya en otra ocasión hicimos notar estas singulares aptitudes de Triviño, así como apuntábamos que esfuerza tan poco la voz, que no se le oye más atrás de las tres o cuatro primeras filas de butacas.

La otra nota saliente fue el pitorreo, la pateadera que el público propinó al Sr. Baile.

En otras funciones se inició ya el desagrado del público por los amaneramientos afeminados de este pseudo actor, pero sea por el comedimiento de nuestro público, por la condición de tratarse de un hijo de la localidad, ó ya por ser funciones de carácter benéfico, lo cierto es que no llegó a tener la protesta el carácter ruidoso de anoche.

De todos modos el Sr. Baile debe haberse dado cuenta de esta protesta para no incurrir en lo sucesivo en el desagrado del público. Nosotros también le aconsejamos que no vuelva a pisar las tablas, porque su presencia en el escenario impresiona tan mal que estará siempre expuesto á recibir una grita.

La sala estuvo bastante bien. El patio de butacas y las plantas completas y el mayor atractivo de este espectáculo ha sido el facilitar una ocasión de admirar la hermosura y la belleza de nuestras encantadoras paisanitas, que tuvieron anoche una escogida representación en el Teatro de Variedades.

Vale.

Tendencias en moda de baño

La conocida firma de moda Mo&Es (Monasterio y Espinosa), ha presentado en la pasarela del Four Reich de Berlín sus tendencias de moda para la temporada de baños de este verano. Unas tendencias retro, con colores lisos en gris marengo, pardos y grises, sin estampados. Pretenden con ello conseguir que sean sus colores quienes atraigan a los usuarios y no se despisten con raras combinaciones ni estampados.

Estas son algunas de las normas del buen vestir en playas y piscinas que presentan, con algunas prohibiciones que consideran indecorosas para la moralidad pública.

1º.- Queda prohibido el uso de prendas de baño que resulten indecorosas como las llamadas “de dos piezas” para las mujeres y “slips” para los hombres. Aquéllas deberán llevar cubiertos el pecho y la espalda y usar faldillas y éstos, pantalones de deporte.

2º.- También se prohíbe la permanencia en la playa en trajes de baño indecorosos y en clubs, bares, restaurantes y establecimientos análogos, bailes excursiones, embarcaciones y, en general, fuera de la playa, en traje de baño, ya que éste tiene su empleo adecuado para ello y no puede consentirse más allá de su verdadero destino.

3º.- Que hombres o mujeres se desnuden o vistan en la playa fuera de la caseta cerrada para cambiar el traje de calle por el de baño o viceversa, también estará prohibido.

4º.- Por supuesto, estará prohibida cualquier manifestación de desnudismo o de incorrección en el mismo aspecto, que pugne con la honestidad y el buen gusto tradicionales entre los españoles.

5º.- Los baños de sol fuera de los solarios, también estará fuera de moda. Estos habrán de estar tapados al exterior y con la debida separación de sexos, siendo imprescindible el uso, dentro de ellos, de las prendas permitidas. Tanto a la entrada como a la salida del solario será necesario el uso de albornoz, a juego con el traje de baño.

6º.- Finalmente, se prohíbe cualquier extralimitación que con motivo de baños o mal entendidas prácticas higiénicas, pueda menoscabar el decoro público o atacar la raigambre mola del país.

Todos los modelos presentados serán firmados para su puesta a la venta por R(Punto)Monasterio.

Vale.

Leyendas que dejan de piedra.

En una entrada anterior, de 2 de marzo de este año, titulada igual que esta, me refería a la leyenda que rodeaba un Cristo de piedra colocado en la fachada del convento de San Pablo a la plaza del mismo nombre. Ahora me quiero referir a la llamada Puerta del Cementerio, que en diversas publicaciones, básicamente, en blogs de internet se le viene dando a la puerta existente junto a los juzgados, en la intersección de la Av. de la Hispanidad con la Ronda de San Francisco.

Si se trata de mantener un cierto topónimo por proximidad, podría servir. Pero hasta lo que sé, no existe ningún documento que acredite que ese era el acceso a un “corral de los muertos”, como se llamaba antes del siglo XVIII. Que el cercado al que daba acceso esa puerta fuera en su día dividido en cuarteles, cinco concretamente, uno para cada parroquia (Santa María, San Mateo, Santiago y San Juan y uno “para el resto”), tampoco parece documentado.

En su recorrido por Cáceres, Pascual Madoz se refiere al cementerio inmediato a la ermita de San Blas. Cuando se publicó el tomo V de su diccionario (año 1846), el cementerio a que alude es el actual, con el tamaño por supuesto más pequeño, acorde con la población de la ciudad.

También se refiere Madoz a que hubo otros cementerios, uno junto al actual, y que se refería al que hubo junto a la ermita de los Mártires, para continuar “y en la arruinada ermita del Espíritu Santo, que dejaron de usarse por insuficientes”.

El cementerio que hubo junto a esta ermita estaba situado en sus laterales izquierdo y derecho y en la fachada posterior, en espacios realmente alejados de la puerta que se viene citando como del cementerio del Espíritu Santo.

La Huerta del Conde, de cuya propiedad formaba parte el cercado al que se accedía por día puerta, disponía además de otras dos puertas, la principal (además del acceso a la casa principal), situada justo enfrente de la que se conserva y de construcción y tamaño muy similar y otra puerta, más pequeña, sin arco de fábrica, en chaflán con el camino de la Bula, que separa esta finca de la casa de los Cedrún.

Las dos puertas principales, enfrente una de la otra, separadas por la Ronda de San Francisco (o camino viejo de Montánchez) eran puertas de carros, con suficiente altura para los varales de carros de paja o alfalfa, y también para el paso de jinetes, pues no hay que olvidar que el concurso hípico se celebraba en la Huerta, en su parte medianera con la Ronda, por ser el mejor terreno.

Ubicacion. Ortofoto 1956. Fuente sig.caceres.es

Decir que la puerta que quedó donde está porque así lo quiso un concejal de obras (con cierta sorna entonces, pero que ha devenido de utilidad pues es un freno necesario para regular el tráfico) era la del cementerio resulta atrevido. Máxime si cuando se construyó el primer bloque de viviendas, frente a El Marco, no aparecieron restos humanos, ni cuando se construyó el segundo, donde ahora esté el restaurante El Globo, ni cuando se construyó el colegio Donoso Cortés, o más recientemente los juzgado. Y, sin embargo, sí aparecieron cuando se realizó la urbanización que conforman las viviendas unifamiliares en torno a la Plaza de Fernand de Montlahuc, en la zona más próxima a la fachada posterior, y sin duda prácticamente hasta el muro de la ermita.

También, en los años 50 existía un corralón medianero con la ermita donde primero se hizo una casa, frente a la entrada que daba a los que ahora es la Roche Sur Yon, y luego se estableció una carbonería, al que algunos de los vecinos entonces más antiguo llamaban “el corralón” y desaconsejaban a los niños entrar en él, y cuya traza puede verse en las ortofotos de 1945, 1956 y 1961, con cercados que rodean la ermita y que estuvieron en pie hasta bien entrados los años 80. A medida que las ortofotos son más modernas se tiene mayor definición.

Ortofoto 1945. fuente: sig.caceres.es

Ortofoto 1956. Fuente: sig.caceres.es

Ortofoto 1966. Fuente: sig.caceres.es

Si se quiere forjar una leyenda en torno a una puerta cuya construcción está mucho más cercana al siglo XIX que al XVIII, puede aceptarse. Pero afirmar que esa puerta era la del cementerio…

Es más. De la olmeda plantada en el siglo XVIII, entre el puente de San Francisco y el final de la Ronda, solamente quedan vivos dos ejemplares, y uno de ellos, por perímetro del tronco, original, el más cercano a la puerta y a la calzada de la Ronda. Y el otro, apretado con el edificio de los juzgados, más nuevo, con tronco menor, que sin duda estaría dentro del cercado.

Vale.

Malvas y Ortigas.

Como el editor de MALVAS Y ORTIGAS, en su número 21, de 15 de noviembre, me encuentro desvalido ante la falta de noticias (ojalá siga así, porque en la situación en la que estamos, esa falta es buena señal) en nuestra ciudad de Cáceres, y por ello hago mías unas columnas aparecidas en el número citado, firmadas por E.M. (Ripiosín).

Luchando, me hallaba como siempre, con la falta de asunto para escribir el fondo, por que en este bendito pueblo de la Diosa Ceres nada ocurre trascendental é importante digno de ser contado, cuando el cartero trajo á mis manos una carta impresa en la que, letra por letra, se decía.

Señor Director de MALVAS Y ORTIGAS.

Cáceres

“Muy señor mío: Con objeto de aumentar una colección de periódicos que estoy formando, y que consta ya de más de 2.500 ejemplares, me tomo la libertad de molestarle, suplicándole encarecidamente tenga la amabilidad de enviarme un ejemplar cualquiera de su ilustrada publicación anticipándole gracias muy expresivas.

Con este motivo… etc.

Ignacio Patac”

Mi primer impresión al terminar la lectura, fue de asombro, después éste trocóse en admiración por el firmante de la carta; cogí pluma y papel y me arranqué en romance con lo que sigue:

Hay quien colecciona sellos

De correo…, quien bastones

Con ó sin nudos, y he visto

Reunir, lector no te asombres,

Corbatas sucias y usadas,

Alfileres, pasadores,

Cintas, carretes, monedas,

Ya sean de plata ú cobre

Pues, por desgracia, hace tiempo

Que el oro no se conoce.

Hay quien, en las fototipias,

Cifrando sus ilusiones

Sin fumar, compra librillos

Y los regala a los pobres

Después de sacar la estampa

De la Cleo de Merode

(Pongo por Mademoiselle

O si queréis por cocotte).

Hay quien muere por la flora

Y vive buscando flores

Siendo á ratos un Linneo

Con las clasificaciones.

Otros hay en quien la fauna

Despierta tamaños goces

Que pasan toda la vida

Buscando bichos que formen

La colección más completa

Del globo, pues… ¡y esos hombres

A quienes llaman arqueólogos!

En peñascos y borrones

Cifran todos sus saberes

Y satisfechos se ponen

Si un día, tras mil estudios

Y mil esfuerzos atroces

Descifran el jeroglífico

De alguno de sus mojones.

“M… T… C… (por ejemplo

Dice la piedra) M… óse

S… T… ¡T… lo perdón…

P… Q… D… me … p… +… ones!

Y ellos dicen: “Marcos Tulio

Cicerón… murió. Llevóse

Sin talento; triste y solo

Perdón pide, quieran Dioses

Mejorar prepecario estado

De los suyos… no masones!”

Cuando sería más fácil

Decir así… “Mi tío Cosme

(Quien le puso el epitafio

Era un sobrino) murióse

Sin testar… ¡Te lo perdono

Para que Dios me perdone!”

Mas volviendo á nuestro asunto

Señor Patac… de los hombres

Que traté, no vi ninguno

Que pusiese sus amores

En coleccionar periódicos

Como usted, ¡bien se conoce

Su inclinación a las letras!

Permítame que me asombre

Y que envíe al modernista

Muchas felicitaciones…

Cabecera de MALVAS Y ORTIGAS

Y, ahora en prosa vil, más vil aún que el anterior romance de ciego, voy á permitirme hacerle varios ruegos en nombre de mi publicación modestísima.

Por lo que más quiera, mi distinguido coleccionista, ponga usted el presente número de MALVAS en el lugar menos visible de su colección que es el que en justicia le corresponde.

Procure usted también que esté colocado entre la buena prensa; no es necesario que ésta se la mística, me refiero á la prensa honrada, sana é independiente, pues… en cuanto á ideas, casi prefiero las rojas.

Trate usted de que cuantas personas ojeen su colección, pasen, como sobre ascuas, por mis dos hojas pues en verdad no merece ser leído mi diminuto trabajo. Mas si, así y todo, hubiera algún curioso que fijara su vista en las columnas de MALVAS, dígale usted en descargo mío:

“Este periodiquín lo escribía un cacereño que siendo hipocondriaco por naturaleza quiso engañarse haciendo chistes… Recemos un padrenuestro por su alga.”

Y sin detenerse más, vuelvan ustedes a la hoja: gracias anticipadas de su afectísimo

E.M. (Ripiosín).

Vale.

Cáceres, 1846.

Tomo V. Diccionario Pascual Madoz. 1846.

El Diccionario Geográfico de Pascual Madoz, una ingente obra siempre presente en nuestra historia, recoge en su Volumen V, el vocablo Cáceres. Se refiere a la Audiencia Territorial, a la Capital, a su término municipal y a la provincia. Hace un repaso por todas las áreas posibles entonces. Y también se detiene en detalles muy importantes. Así, en la página 85 del Tomo V, puede leerse, respecto a la villa de Cáceres.

No faltan tampoco en esta capital aquellos establecimientos de recreo y ornato, tan propios de una población de su importancia: su bonito teatro, capas y bien distribuido, fue ventajosamente reformado en 1842, adornando sus dos órdenes de palcos, sus lunetas y proscenio, de una manera conveniente y se preparan en el mismo nuevas obras, que le darán comodidad y desahogo; hay 2 cafés, botillerías, casas de villa y por último, la plaza de toros, modernamente construida, y que sin duda es la mejor de España; situada al NO de la villa y casi tocando á las casas, forma su recinto exterior una gruesa muralla compuesta de arcos de piedra labrada, rellenos después con fuerte argamasa de piedra y cal; algunos de estos arcos constituyen las puertas de comunicación al interior, que se compone en primer lugar, de una ancha galería circular para recibir sobre sus fuertes bóvedas de ladrillo y arcos de cantería labrada, el peso enorme de los tendidos, gradas y palcos, que son todos de piedra berroqueña, y cuya solidez desafía á la duración de los siglos; de esta galería se sale al circo por 3 puertas, y desde la misma se sube á las gradas y palcos por anchas escaleras de piedra; la grada cubierta está formada por 91 columnas de piedra berroqueña, de grano muy fino, y de una sola pieza; los arquitrabes están enlazados entre sí con fuertes barras de hierro, y sujetos á la muralla del recinto esterior con otros barrones de la misma materia; sobre esta galería se hallan los palcos, divididos  por igual número de columnas de la misma construcción y condiciones, y tanto estas como las gradas, tienen sus antepechos de hierro, y su interior está pintado de un color ocre bajo, con algunos adornos y cielos rasos; el tejado forma dos vertientes iguales al interior y al esterior; esta escelente obra se empezó por empresa de varios capitalistas de aquella villa, en noviembre de 1844, trabajándose en ella 90 semanas, sin que haya habido que lamentar ninguna desgracia, cosa no muy frecuente en esta clase de construcciones; su coste asciende a 676.000 rs [reales]. Fue dirigida primeramente por el ingeniero D. Secundino Pelilla, y aunque despues han intervenido más ó menos directamente otros sugetos, lo principal de sus obras, y el progreso  y buen órden en los trabajos hasta llevarlos á feliz término, se debe al alarife Tejeda, vecino de la misma villa, que en esta ocasión ha acreditado su conocida pericia.

Vale.

Pisar la calle

Confinado, como todos, en casa, sin pisar la calle, viendo y atendiendo a lo que pasa más allá de tus muros por la pantalla del ordenador o del smartphone, tienes que salir, no te queda más remedio que salir a hacer algo de compra o a la farmacia y es cuando te das cuenta del encierro.

Sales, y antes de poner el pie en la acera, miras a derecha e izquierda a ver si viene alguien. No es miedo, es un día claro, es una curiosidad atemorizada, eso sí. Porque tú miras, te percatas si viene alguien, y sabes que, seguramente, varios portales más allá es posible que haya alguien haciendo lo mismo.

Mi calle. Cáceres.

La calle en la que vivo es estrecha, formada por casas de dos o tres plantas, con pocos vecinos, algo que sabes, pero así y todo, miras.

No se oye ningún coche acercarse, no se ve a nadie por la calle. Es hora de tomar el camino de la farmacia o del supermercado. Cruzas la calle, giras a derecha o izquierda, en una esquina e instintivamente vuelves a mirar a derecha e izquierda. ¿Alguien? De momento no.

De repente, en estas callejuelas antiguas, en una esquina comienza a verse un perro, pequeño, llevado por su dueño de paseo. ¿Su dueño o un vecino que lo ha alquilado?. El hombre y el perro cruzan la calle. No se cruzarán contigo.

Sigues caminando. Vacío. A lo lejos, no más de cincuenta metros, por la calle en la que están el supermercado y la farmacia ves pasar un hombre. Solo. Y te fijas: va abstraído, pensativo. Quizás, piensa en si va a cruzarse con alguien. Mira en mi dirección y continúa su camino, no sé si avivando el paso.

En la calle se ve a una mujer saliendo del supermercado. La farmacia, vacía, es el primer lugar en el que entras. Te atienden, das la tarjeta electrónica y te “cantan” los medicamentos que salen. Estos días han colocado una mampara de cristal, pero los dos dependientes, jóvenes, un chico y una chica, no llevan mascarilla, aunque sí guantes. Pagas la caja de pastillas, el tanto por ciento que te toca, y te das la vuelta para salir. Y otra vez, como cuando saliste de casa, antes miras a derecha e izquierda, para ver si viene alguien. Otra vez un perro marcando el paso a su dueño. Te fijas. El dueño va con mascarilla, el perro, pequeño, sin ella.

A treinta metros de la farmacia está el supermercado. Sé qué cosas necesito comprar cuando voy entrando y saludo a la cajera y a un reponedor, que además es familiar mío. Los dos con guantes y pantalla protectora como una visera que se ha caído hacia adelante.

Cuando salgo, después de pagar, sé qué cosas necesitaba comprar. Y qué cosas que no creía que necesitaba he comprado.

La puerta del supermercado es ancha, lo suficiente para ver, antes de salir si alguien se acerca. Una mujer camina con cierta prisa.

Y en la dirección contraria a la que marcho cargado para mi casa, otra vez el hombre al que había visto, que me había mirado como yo a él y que ahora, al cruzarnos con una buena distancia entre los dos, veo que acelera el paso, que camina deprisa. Seguramente, pienso, ha salido de casa para sentir un punto de libertad y se ha dado cuenta que la libertad, estos días, la ganas estando dentro de casa, confinado.

Al llegar a casa, instintivamente, vuelvo a mirar a izquierda y derecha, para ver si viene alguien, si pasa alguien. Nadie. Nada.

Saco las cosas que he comprado, unas al frigorífico, otras no.

Y al cabo del tiempo, me acuerdo de que algo que necesitaba, no lo he comprado: la sacarina. Lo más pequeño, lo de menos valor. Cuento los sobres que me quedan del último paquete y tengo para unos pocos días. Alivio.

Vale.