Archivos para julio 2021

En la maña de hoy, 14/07/2021, he vuelto a visitar el Museo Helga de Alvear, para completar mi visión y conocimiento de la obra de Francisco Sánchez Castillo “Síndrome de Guernica”. A los bloques de chatarra prensada de lo que fue el yate de recreo del dictador Franco, he conocido algunos otros restos del barco y, sobre todo, un vídeo de 32 minutos de duración que, fundamentalmente, recoge el proceso de desguazado del símbolo de Franco, del símbolo que suponía dedicarse a una vida plácida mientras sus Ejércitos, sus policías, sus guardias civiles, sus jueces y fiscales, hacían la vida imposible a los españoles que aspiraban a zafarse de su bota y pretendían ser ciudadanos en vez de súbditos.

La obra de Sánchez Castillo se expuso por primera vez en la antigua sala frigorífica del Matadero de Madrid, en 2012. La presentación y exposición de los restos del Azor convertidos en una instalación artística enlazada con el significado del Guernica, de Picasso, apareció en aquellos días en innumerables noticias de prensa. En 2012.

Hoy, viendo los restos que completan la instalación, y el vídeo de su desguace y compactación de piezas de restos de amasijos, pensaba que quizás hoy, 9 años después de su primera exposición en el Matadero de Madrid, y 9 años más lejos, formalmente, de la Dictadura franquista, sería una anécdota con elementos de historia. Pero

Sin embargo, al mismo tiempo que reflexionaba sobre la distancia temporal de la Dictadura, recordaba las noticias del día, de estos días, y me alegraba de que la Fundación Helga de Alvear haya adquirido la instalación, de la valentía de la propia Helga para ello, y de que Cáceres guarde entre palacios y casas fuertes esta obra, que simboliza todo lo contrario de lo que hoy vemos una y otra vez en los medios de comunicación: fascistas que campan a sus anchas por calles, plazas, platós… O que permanecen, en fraude de ley, en cargos que en su día fueron judiciales y que han convertido en políticos. O las dificultades (judiciales) para exhumar los restos de Franco y llevarlos a un cementerio “más” ordinario, o las propias dificultades que se encuentran en la ciudad de Cáceres para retirar el ominoso símbolo de la “Cruz de los Caídos”, o la leyenda en piedra en la concatedral con el nombre del ideólogo del fascismo en nuestro país, o la placa con la que unos “nobles” cacereños hacen blasón e hidalguía de haber dado cobijo al dictador, o que un campo de prisioneros rojos se haya convertido en un hotel de lujo (¿se imaginan igual conversión en Auschwitz).

Cáceres acoge, para siempre, uno de los símbolos más ominosos de la Dictadura, en la más moderna y premiada construcción, uno de los símbolos que comparte espacio con otras obras, como la lámpara de Ai Waiwei, que el artista chino dedica a lo que él considera el final del partido comunista chino.

Ahora, con esta obra, con el impulso de lo que es y lo que representa, de la fuerza que las pacas de chatarra transmiten, con el vídeo, sin voz en off, o, mejor dicho, con la única voz en off de las máquinas que desguazaron el yate de Franco, será más fácil eliminar o trasladar la cruz de los caídos, quizás la más grande de las que aún existen, de las que aún recuerdan al dictador.

Visitar el Museo Helga de Alvear es dar un auténtico paseo por lo más rabiosamente moderno del Arte, por lo más rabiosamente atrevido, relajante, reflexivo, del Arte.

Y gracias al Museo, ver que, al cabo de los años, algunos podemos recordar a nuestros abuelos, que no pudieron ver destruido el franquismo, y ahora, su destrucción, que se hace más necesaria sociológicamente, al menos nos reconforta cuando la vemos convertida en chatarra y sobre esa chatarra emergen las ansias de libertad de tantos españoles.

Vale.

Hoy, además, ha muerto Michael Boltanski, artista francés, multidisciplinar, y que dedicó gran parte de su obra a resignificar la memoria.

La política española, inmersa en un período convulso en cuanto a los posicionamientos de los partidos y a las soflamas de sus dirigentes, está acusando la pandemia de la COVID-19, que a medida que los objetivos de vacunación se van consiguiendo, alejando a unos de sus metas y manteniendo a otros en sus proyectos, hacen que vivamos en un circo mediático por momentos insufribles.

Hoy, 10 de julio, Pedro Sánchez ha ejercido sus funciones de Presidente de Gobierno y Secretario General del PSOE, realizando una profunda remodelación del Gobierno, con cambios en ministerios clave, cesando y nombrando ministros que pertenecen al PSOE, con algún cese no previsible en ese sentido. Los cinco ministros de la cuota de Unidas Podemos en la coalición de gobierno se mantienen en sus puestos, solamente con el ascenso a Vicepresidenta 2ª de Yolanda Díaz. Claro que Unidas Podemos tenía 3 ministros (Ione Belarra, Irene Montero y Manuel Castells) y el Partido Comunista 2 (la ya citada Yolanda y Alberto Garzón). Haber considerado la posibilidad de realizar cambios en esta parte de la coalición habría sido demasiado complejo.

¿Qué sucede en la otra acera, en la acera de la derecha? Sucede que la formación de Santiago Abascal camina a piñón fijo, con un paso marcadamente fascista, que, para ellos, les está dando mucho juego, siendo la formación más estable de ese arco parlamentario. Saben que seguirán marcando el paso, no solo de sus votantes, sino de muchos votantes y asimilados del PP, ayunos de un líder nacional. La tercera pata de esa derecha montaraz, lo que queda de Ciudadanos, se han vuelto unos pollos sin cabeza, con la locuaz e inane Arrimadas pidiendo elecciones anticipadas, olvidando que en las últimas elecciones en Cataluña, como sus correligionarios del PP, resultaron irrelevantes para cualquier solución política, que en las últimas elecciones de Madrid, tres cuartos de lo mismo.

Las tres patas de la derecha montaraz siguen con su discurso cada vez más repetitivo y hueco ante las propuestas y, sobre todo, las acciones del Gobierno del PSOE, comenzando por un adecuado y eficaz proceso de vacunación, la cada vez más cercana llegada de los fondos europeos que nos ayudarán a remontar una cruel pandemia y una durísima crisis, a la que ha sido necesario hacer frente sin ayuda alguna. Incluso, con traiciones evidentes de la derecha política y, sobre todo, mediática y con una Justicia que busca exclusivamente favorecer (la imagen ciega de la justicia y su balanza ya no existe) a la extrema derecha, el PP.

Y, a todo esto, asistimos en estos días de julio (él último, ayer) a una situación en la que el presunto líder (a cualquier mierda llaman líder) de la extrema derecha, Pablo Casado, ordenando a su cohorte de validos de Génova, 13, a lanzar que el único mensaje que debía emitir Pedro Sánchez ante la remodelación del Gobierno era su dimisión y convocar elecciones. Pablo Casado, si alguna vez hubiera abierto algún manual de Derecho Político o Derecho Administrativo, debería saber que es el Presidente del Gobierno quien toma las decisiones de cesar o nombrar a los ministros y que su dimisión debería plantearse si fuera el caso de demostrar incapacidad o incompetencias manifiestas para el ejercicio del cargo, y sucede todo lo contrario.

Siendo por tanto imposible que Pedro Sánchez se diera por aludido en lo de la dimisión que Casado reclama, quedaría saber en qué pilares de resistente hormigón se asienta el liderazgo del licenciado en derecho con la calificación en todas sus asignaturas como aquello que ponía en la blanca sobre el valor: “se le supone”. Pues cada día es más cristalino que Casado aprobó su carrera de derecho porque se le suponía que tendría algún mando en plaza.

Sin lienzo de muralla en el que asestar golpes contra el Gobierno, sin capacidad personal, ni formativa ni política, el ignaro licenciado decidió proclamar vacaciones de verano, dejando a sus huestes de tercera fila que de vez en cuando lanzaran algún dardo, en la confianza de que sus voceros y pregoneros los agrandarían. Llegado, pues, el verano, Pablo Casado, sin bagaje, sin equipaje, se lanzó al agua.

Y, claro, cuando un individuo que ha demostrado que es un milagro de equilibrio (buscar esto en los diccionarios), le está sucediendo lo que él sin duda tenía en más temor: no hace pie. Pablo Casado en el agua, no hace pie, esperando que le lancen salvavidas, pero ayer, viernes, su subordinada Ayuso, se encargó, siguiendo instrucciones de Los Bacos de Madrid, con la anuencia del sumo socerdote Aznar, de esconder todos los salvavidas que había en Génova, ¿cuándo, por fin, la venden? Incluidas las ruedas de tractor con las que poder agarrarse para llegar a alguna orilla.

Pablo Casado ha demostrado un día sí y otro también su ignorancia del derecho (su licenciatura es como el título de paracaidista que tengo yo), su incompetencia política y su soledad en su partido. Y, además, que no sabe nadar y por eso no hace pie.

Vale.

Ayer, con motivo de un mitin en no sé qué sitio, ni me importa, Pablo Casado, ese milagro de equilibrio, tuvo la brillante frase que descubrió al nuevo malvado. Porque fue una frase, una idea vacua como todas las que le escriben y él, cada día más jimagua de Miss Ciempozuelos, repite como un lorito de espectáculo de feria.

La brillante idea que no sabemos de qué cuernos salió se refiere a que, desde la dimisión de Pablo Iglesias, el ignaro líder (a cualquier mierda llaman líder) andaba como pollo sin cabeza hasta que, ¡eureka¡ descubrió que el radical del gobierno no era Pablo, sino Pedro. Sí, Pedro Sánchez, el radical.

Que Pablo Casado tilde de radical a Pedro Sánchez no deja de tener su punto de guasa gorda, porque radical, racial, Sánchez no lo es. En todo caso, un dirigente centrado (en su discurso), de buenas formas, con buen conocimiento del inglés, que le sirve (que nos sirve) para que en Europa nos tengan en consideración.

Seguramente, a Pablo Casado no se le habrá ocurrido (a él solo, desde luego que no, es muy cortito) lo de llamar radical a Sánchez porque crea que lo es. Se les ha ocurrido, a él y a quienes lo manejan, para poder acomodar su lenguaje a su enemigo.

La derecha, esta derecha que desgraciadamente campa por España a hombros del periodismo, del periodismo que se ve, que es el mayoritario, quiere un lenguaje violento, un lenguaje que justifique y oriente hechos violentos, y nada mejor para ello que imaginarse un enemigo que desprenda violencia, un enemigo radical. Porque Casado necesita la confrontación con un enemigo (en el sentido bélico del término) para justificar su deriva cada vez más errática, cada vez más cercana al precipicio, y no dejarse comer el terreno por su verdadero contrincante, el partido fascista. ¿Cómo marcar distancias con el partido fascista sin dejar de ser beligerante con el enemigo? Pues adoptando las mismas armas. Hoy, sin duda, son indistinguibles Casado y Abascal. Son, los dos, igualmente fascistas. La diferencia estriba en que Abascal ya había llegado a ese otero cuando creó su bandería, y Casado se tiene que empeñar, se tiene que embarcar cada día, cada mitin, cada hora, en reivindicar el otero.

Casado se reúne por videoconferencia con un ministro marroquí seis días antes de la grave crisis en la ciudad de Ceuta.

El descubrimiento del radicalismo de Sánchez, según Casado, ha creado una necesidad en el flecha de Génova, que es la de demostrar su liderazgo frente a un Presidente del Gobierno de coalición, que a pesar de todo lo que se esfuerza la derecha, especialmente la mediática, se sostiene por una amplia mayoría parlamentaria. Ese pretendido liderazgo de Casado le está convirtiendo en lo que realmente era: un monigote.

Desde Génova creen que solamente un reseteo del monigote pueden presentarse como paladines de la derecha, y para ello, necesitan, como el comer, diferenciarse de los de Box, y aparecer y ser más violentos en el lenguaje, más virulentos en las descalificaciones, más de derechas, ¡coño!

Y a todo esto, los hitos que va consiguiendo Casado son, entre otros: decir que el PP de Rajoy es el viejo PP, que el nuevo es otra cosa, mientras su hada madrina está imputada por corrupción, decir que para el nuevo PP se necesitan nuevos espacios y que para ello venderán la sede de Génova, pero ni Fotocasa ni Idealista han recibido el anuncio.

Y sobre todo, para demostrar que son un nuevo PP, con un discurso moderno y mejorado, ha decidido rodearse de los mejores ideólogos, de los mejores filósofos, de los más expertos en Ciencias Políticas, y para ello ha tenido a bien nombrar a Albert Rivera su asesor de cabecera.

Si aguantan mucho en Génova, 13, cuando lo vendan, si lo consigue, las encimeras de los lavabos van a valer su precio en polvo.

Vale.