Archivos para septiembre 2008

Ahora va a resultar que los extremeños, en esto de la industria, necesitamos el consejo de los mayores. De los mayores salvapatrias y burgueses que se aprovecharon en su día de la mano de obra extremeña, se aprovecharon, sí, en el más innoble de los sentidos.
Ahora viene Rosa Diez, que va por los sitios chic de Madrid dándoselas de socialista pura, de política íntegra, y se termina convirtiendo en integrista. Ya era integrista cuando en la difícil situación de la última tregua se alineó con las tesis de la extrema derecha y se convirtió en la “autoridad referente” del panfleto de Jotapedro.
Ahora, cuando viene a Extremadura, como aquí su discurso pseudopolítico no le vale, y cosecha un gran fracaso en la recogida de firmas por no sé qué manifiesto (señora Diez, si supiera cómo conoce la gente a sus monaguillos de por aquí, no se habría atrevido a sacar las mesas a la calle), arremete, desde su experiencia de burguesa vasca, contra el proyecto de refinería en esta tierra.
Ahora, Rosa Diez, cuando el Athletic Club de Bilbao luce publicidad de la refinería de Muskiz, Petronor (presidida por Josu Jon Imaz), viene usted a decirnos a los extremeños que una refinería no solamente no es buena, sino que no es buena para el modelo de desarrollo de esta tierra.
¿Era buena la limpieza étnica subyacente en el Plan de Estabilización de la dictadura del general bajito para que los burgueses vascos, como usted, pudieran disponer de industrias limpias como refinerías, altos hornos y demás? Ese modelo era bueno y lo sigue siendo para quienes como usted representan lo peor de la burguesía: su cara política hipócrita.
Los extremeños ya somos mayores para elegir. Y en las últimas elecciones municipales y autonómicas, el Partido Popular, del que usted, señora Diez, será pronto militante para formar tándem con María San Gil en Madrid, defendió lo mismo que usted, el NO a la refinería, y cosechó un rotundo fracaso, porque los ciudadanos le dijeron a Florianito Chico que estaba equivocado.
No necesitamos que vengan de fuera a decirnos lo que podemos o no podemos hacer, y menos que vengan salvapatrias. Ya somos mayores.
Vale.
Este pasado verano pudimos disfrutar, en el Pabellón Multiusos de Cáceres, con el juego de la mejor selección de baloncesto que jamás hayamos conocido. En Cáceres, que un día estuvo en la élite del baloncesto y que ahora quiere volver a estarlo, pudimos ver el juego de José Manuel Calderón, los hermanos Gasol, Navarro y los demás, junto con Rudy Fernández.
Ellos nos maravillaron a los que tuvimos la suerte de estar en el Multiusos, como nos maravillaron con su magnífico papel en los JJOO de Pekín, donde cada vez está más claro que si los árbitros hubieran estado como es debido, más la presencia que no fue de Calderón en la final, hoy estaríamos aún frotándonos los ojos (más, más de lo que lo hacemos) con el brillo del oro olímpico.
Este verano de 2008 pudimos disfrutar del juego de Rudy Fernández en Cáceres como hace 16 años, allá por el 1992, en el improvisado V Centenario del Campus pudimos ver y disfrutar del juego electrizante de Kevin Pritchard, poniendo un magnífico gorro en carrera a Jofresa.
Pero el mundo es un pañuelo, y el mundo, con internet, aún más, y hoy podíamos leer en las noticias que Rudy Fernández, mallorquín, ha sido recibido por la afición del Portland Trail Blazers de la NBA a los gritos de “Rady, Rady, Rady“, y lo hemos visto en tiempo real, como en tiempo real vimos a Kevin Prtichard en el V Centenario y al propio Rudy en el Multiusos.
Pero para los que entonces, en 1992 saboreamos el ascenso a la ACB y sufrimos los partidos, es muy gratificante ver el video de la presentación de Rudy Fernández, que jugará con el 5 de los Portland, y ver cómo el maestro de ceremonias del acto hablaba del jugador.
Ha sido un destello maravilloso de globalización ver confluir en una pequeña pantalla del ordenador al General Manager de los Portland presentar a Rudy Fernández.
Un detalle: el General Manager de los Portland Trail Blazers es Kevin Pritchard.
Vale.
Ayer, en el estadio de El Sardinero, en Santander, una parte del graderío (una parte grande), insultaba a Guti con un cántico que le acompaña desde hace muchos años: Guti, maricón. Seguramente, el Racing de Santander saldrá impune porque el árbitro no reflejó en el acta los insultos. Y el comité de competición no actuará de oficio.
Ayer, en el Molinón, en Gijón, una parte del graderío (una parte grande), insultaba a Bojan llamándole subnormal. Seguramente, el Sporting de Gijón saldrá impune porque el árbitro no reflejó en el acta los insultos. Y el comité de competición no actuará de oficio.
Pero ayer, en el mismo Molinón, una parte del graderío (una parte importante) continuaba insultando a Bojan diciendo que se fuera para Serbia. Seguramente, el Sporting de Gijón saldrá impune porque el árbitro no reflejó en el acta los insultos.
Pero habría que sancionar al árbitro, porque cuando en un estadio se producen gritos racistas, contra jugadores negros casi siempre, del equipo contrario, sí se reflejan y se producen sanciones. Y habría que sancionar al árbitro porque en el mismo rango penal que el racismo está la xenofobia, es un insulto igual, un ilícito penal del mismo nivel, y eso debería saberlo el árbitro.
Los insultos xenófobos de una parte importante del graderío del Molinón quedarán impunes. Pero en el saber de la gente, quedará claro que en Gijón hay muchos xenófobos, y que el árbitro del partido Sporting – Barcelona no sabe que xenofobia y racismo son hermanos de la misma familia.
Vale.
Hace ya muchos años, Chumy Chúmez reclamaba el derecho a votar en las elecciones americanas, porque si todo lo que pasa allí nos afecta, ¿por qué no tener derecho a votar en el país que marca nuestras vidas?
Yo reclamo, exijo, tener derecho a votar en las elecciones presidenciales USA para desalojar a los ultraliberales, los necons, los fascistas que consideran al dólar como la raza superior, de los centros de poder.
EXIJO EL DERECHO A VOTAR EN LAS PRESIDENCIALES USA para desalojar a esos ultraliberales de la política que consideran que el Estado no debe intervenir en nada, que los mercados se regulan por sí mismos y ahora lloran porque ese Estado opresor salve sus cuentas corrientes.
EXIJO EL DERECHO A VOTAR EN LAS PRESIDENCIALES USA para desalojar a esos neocons que aconsejaron al incapaz Bush invadir Iraq y arrastrar con ellos a megalómanos como Blair y Aznar (¿por cierto, tanta fuerza física que exhibe el bigotín ahora no será debida a algún dopaje?), y meter al mundo entero en la ratonera de Iraq, de la que no saben cómo salir.
EXIJO EL DERECHO A VOTAR EN LAS PRESIDENCIALES USA para desalojar a esos fascistas del billete verde, al que adoran como modernos dioses, al que consideran la raza superior de la economía y no es más que un papel con el que ellos, esos que lo adoran, utilizan para mofarse de los trabajadores.
Estos neocons, ultraliberales y fascistas del billete verde son los que nos impiden votar, los que eligen a sujetos impresentabes como Bush, como McCain, para manejarlos como marionetas sin personalidad alguna, sin formación política y cultural.
EXIJO VOTAR EN LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES USA porque en ellas se juegan mis derechos, y no quiero que caigan en manos de inútiles, incompetentes e incapaces.
Vale.
De nuevo, como cíclicamente sucede, aparece una situación de crisis. En este caso, con un comienzo claro en las hipotecas basura con unas entidades estadounidenses Freddie Mac y Fanny Mae, nacidas como consecuencia del crack del 29. Y originada esta crisis como consecuencia de la supresión de los mecanismos de control (o reguladores) del mercado realizada progresivamente por la administración Bush, ahora los neocons, los ultraliberales están escondidos.
Estos ultraliberales, incluidos unos individuos llamados José María Aznar (Centaurus Capital) y Rodrigo Rato (Banco de Inversión Lazard), están ahora escondidos, parapetados tras las montaña de noticias que como consecuencia de sus decisiones políticas están sacudiendo un día sí y otro también los medios de comunicación.
En esencia, estos liberales, ultraliberales o neocons lo que planteaban es que el mercado por sí mismo se puede autorregular y no es necesaria la intervención del Estado. En los EE.UU., con motivo del huracán Katrina, hubo muchos ciudadanos de Nueva Orleáns que decidieron, en el ejercicio de su libertad (es decir, de su liberalismo), permanecer en sus propiedades. Las consecuencias: miles de muertos. Ahora, cuando eran la tormenta Hanna o el huracán Ike amenazaban Nueva Orleans o Tejas, la administración ultraliberal Bush decretó la evacuación de las zonas afectadas, advirtiendo a los ciudadanos que aquellos que no la obedecieran sobre algo muy sencillo: si no evacuaban, el Estado no tendría ninguna obligación sobre las consecuencias que para ellos tuvieran los fenómenos meteorológicos.
Algo así debería haber hecho Bush y su corte de ultraliberales y neocons: eliminar los mecanismos reguladores del mercado debería tener como contrapartida que el Estado no pondría ni un duro, ni un dolar, para “rescatar” a ninguna entidad si se producían problemas.
Sin embargo, esos ultraliberales de un país en el que no existe la seguridad social universal, han de invertir miles de millones de dolares, muchos miles, para que un banco de inversiones como Merryl Linch pueda ser absorbido por el Bank of America, pero ya para salvar a otro del mismo tipo, Lehman Brothers, no había, y lo dejaron caer.
Y después la aseguradora AIG (la de la publicidad del Manchester United, por cierto), que ha necesitado algo así como 85.000 millones de dolares para evitar su quiebra.
Todo este panorama mientras los “ideólogos” ultraliberales, los neocons, Rato y Aznar incluidos, escondidos.
Por cierto, ¿qué dirían los medios conservadores en España, que se alinean normalmente con las más claras tesis ultraliberales si el “hedge fundsCentaurus Capital o el Banco de Inversión Lazard tuviera problemas?
Vale.

Privilegios

cercadelasretamas —  septiembre 9, 2008 — Deja un comentario
La homilía de un tal Cañizares en Guadalupe, con motivo de la fiesta católica de la virgen de Guadalupe estuvo llena de alabanzas en favor de la moral tradicional (la más tradicional posible) de la iglesia católica, llegando a decir, incluso, que contra ella no valen ni las mayorías parlamentarias y ni los consensos políticos. ¡Asi se habla, Cañete!
Pero claro, quien se proclama guardián de la más rancia de las tradiciones, de la moral más agotada, no podía permanecer ajeno a cumplir con ella cuando, comenzada la homilía (o el mitin, según se mire), apareció Fabiola, la de los bollitos del desayuno, digo la ex reina de los belgas.
Así dice una crónica: “A los pocos minutos de iniciar esta homilía, Cañizares se vio obligado a interrumpir sus palabras ante el murmullo que provocó la entrada de la reina Fabiola de Bélgica a la Basílica del Monasterio de Guadalupe, que llegó tarde a la misa como consecuencia de un retraso en su vuelo.” ¿Cómo que se “vio obligado a interrumpir sus palabras”? Yo he escuchado lo que decía el cura de Toledo, y no solamente se vio obligado a interrumpir sus palabras, sino que se arrastró con ellas para hacerle la pelota a la vieja Fabiola.
Cuando en una función teatral, en una ópera, comienza el primer acto, es costumbre en los grandes teatros del mundo que nadie entre o salga de la sala hasta que éste no termina. Aquí, en la misa de Cañizares, no: si entra la vieja exreina de los belgas, se interrumpe la función, se le extiende la babosa alfombra del peloteo y la sumisión.
Y después, se sigue con el mitin defendiendo la moral y la tradición más rancia, más vieja (más todavía que la Fabiola) sin reparar en que las palabras del mitinero carecerán ya de valor cuando se ha arrastrado ante quien representa un poder anclado en el medievo.
¿Qué habría ocurrido si la interrupción la causa “cualquier mortal”? Pues probablemente el cura de Toledo oficiante habría hecho un alto en su homilía y habría lanzado duras admoniciones contra el intruso. Porque el cura Cañizares oficiaba la palabra de dios, y la palabra de dios no se interrumpe nunca… salvo que llegue Fabiola rodeada de una cohorte de fotógrafos y cámaras de la prensa del hígado.
Vale.
Aparece el otro Capitán Spock, esto es, Ibarreche, anunciando una querella contra el Estado español ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por cercenar, dice él, sus derechos fundamentales por la cuestión del referéndum.
Los medios de comunicación “de Madrid” han interpretado rápidamente la comparecencia de Spockarreche como un órdago al Gobierno de Zapatero. Y eso mismo he creído yo hasta que he escuchado más extensamente lo que ha dicho el lehendakari.
En realidad, y en la práctica, el órdago lo lanza Ibarreche contra sí mismo. Porque no es una querella del lehendakari contra el Estado, sino del ciudadano vasco Juan José Ibarreche, una querella individual. Y lo que pretende el ciudadano Ibarreche es que los vascos, todos los vascos, sigan su ejemplo.
Y ahí está el órdago. Porque, una vez que él presente su querella, ¿cuántos vascos más seguirán su ejemplo? ¿Ha calculado el lehendakari Ibarreche el número de ciudadanos vascos que seguirán el ejemplo del vasco Juan José?
Ese órdago será la muestra real de cuántos apoyos tiene el lehendakari en su propuesta. Que siga adelante, y que luego se numeren, una a una, las querellas individuales que se presenten, a ver si consigue que todos los militantes del PNV le sigan. De los militantes de Esker Batúa (Izquierda Unida) no cabe hablar, porque caben todos en una patera.
Vale.