Archivos para junio 2021

El BOE de hoy, 23 de junio de 2021 publica los Reales Decretos por los que se indulta a los condenados a prisión en el llamado juicio del Procès. Y, como no podía ser de otra manera, la marabunta de la derecha (toda) marcha rugiendo contra estos indultos, sacando eslóganes y gritos que, si no fuera porque el asunto es muy sensible, no se tratarían sino de patochadas de una derechona fuera de cacho.

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En primer lugar hay que decir que los indultos son parciales, referidos exclusivamente a las penas de cárcel pendiente de cumplir, manteniéndose en los propios términos de las respectivas sentencias del Tribunal Supremo las condenas a inhabilitación.

En segundo lugar, que los indultos serán efectivos y vigentes en tanto que los indultados no cometan ningún delito grave (al no especificarse, se trata, evidentemente, de cualquier delito con esa calificación) en los próximos cuatro o seis años, según las penas impuestas por el Tribunal Supremo.

En tercer lugar, los Reales Decretos fueron sometidos al Consejo de Ministros de 22 de junio, que los aprobó, y presentados, por el Ministro de Justicia a la firma del jefe del Estado, a quien corresponde, en virtud de la Ley de Indulto de 1870, ejercer el derecho de gracia.

Llegados a este punto, convergen dos cuestiones. La primera es que el indulto no es un derecho de los penados, sino una opción que, agotados todos los trámites procesales, les permite plantear, por sí mismos, o a través de múltiples actores (abogados, asociaciones, sindicatos, etc.), sin que la falta de petición expresa de los penados impida su concesión, como es el caso.

La segunda es que en el indulto solamente existe un derecho, intransferible, que es el derecho de gracia, únicamente reservado al jefe del Estado, en este caso el Rey, y que se ejerce por iniciativa del Gobierno de la Nación, para que aquel (el Rey) lo determine.

Cabría plantearse como hizo falazmente la presidenta de la Comunidad de Madrid, que el jefe del Estado se negara a firmar los Reales Decretos, para lo cual, y en virtud de lo estipulado en la Constitución Española, el Rey debería abdicar. No lo hizo, en su momento, el huido Juan Carlos I cuando desde todos los resortes de la derecha se le conminó a que no sancionara la Ley de Divorcio, de la que se cumplen ahora 40 años, y no lo ha hecho Felipe VI con estos RRDD.

La base jurídica en la que se apoyan los indultos, a falta de petición expresa de los afectados, es la utilidad pública. Puede pensarse que el concepto de utilidad pública, en este caso, es meramente político (que también), sino que trasciende al concepto de utilidad pública real y efectivo, como lo son, por poner un ejemplo que aparece continuamente en las expropiaciones para grandes infraestructuras. En el tema de los indultos, la utilidad pública es definida por el Gobierno de la Nación, a quien corresponde activar esta figura jurídica, en base a que las penas accesorias (la inhabilitación para el ejercicio de cargos públicos, por ejemplo) son suficientes por sí mismas para impedir la reiteración en el delito (añadiéndose, además, la calificación de delito grave que dejaría sin efecto el indulto), por lo que los bienes y derechos que fueron conculcados durante el llamado procès, quedan a salvo y no volverían a ser objeto de alteración por los indultados.

En conjunto, los RRDD, conforme han sido publicados en el BOE, con la firma del Rey y el “visto bueno” del Ministro de Justicia actuando como Notario mayor del Reino, tienen una impecable factura jurídica y administrativa, que los alejan de la aparatosa acusación de ilegalidad y prevaricación lanzada por el dirigente del Partido Popular, Pablo Casado, Licenciado en Derecho (dice él) y Máster en no se sabe qué. Estas acusaciones de ilegalidad quedarían bien y serían disculpables en un Ingeniero de Caminos o en un Diseñador de Escaparates, pero, desde luego, son risibles cuando las lanza alguien que se dice Licenciado en Derecho. Ayer mismo, Casado hacía gala de su analfabetismo jurídico cuando se planteaba lleva al Código Civil la obligatoriedad de que los hijos cuiden de los padres, como en dicho código no existiera ya el artículo 143.

Vale.

En plena efervescencia político mediática sobre los indultos anunciados para ser aprobados en Consejo de Ministros de mañana 22 de junio, y ser posteriormente puestos a la firma del jefe del Estado, se me ocurrido pensar en una circunstancia en torno al mismo tema, los indultos, que planteó una situación realmente curiosa, con elementos graves.

El consejo de ministros de 1 de diciembre de 2000, presidido por José María Aznar y con Ángel Acebes como ministros de justicia, aprobó conceder el indulto a 1441 condenados. Indultos totales o parciales, pero 1441. Estos indultos se explicaron en la referencia oficial del consejo, y fueron publicados en el BOE a lo largo de los meses de diciembre de 2000 y enero de 2001.

Aparte de las explicaciones oficiales, que se limitaron a agruparlos por grupos más o menos similares, destacan un indulto, y un muy numeroso grupo.

El indulto prácticamente único fuera de toda casuística fue el que recayó en el juez Francisco Javier Gómez de Liaño y Botella, que había sido condenado por la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Gómez de Liaño cometió en 1997 el delito más grave que puede cometer un juez en el ejercicio de su cargo: prevaricación. O lo que es lo mismo, dictar sentencias a sabiendas de que son injustas. Claro, que los delitos de prevaricación de Gómez de Liaño se cometieron en el llamado caso Sogecable, que enfrentó muy duramente al Grupo Prisa (entonces dirigido por Polanco y Cebrián) con Telefónica, presidida por el compañero de pupitre de Aznar, Juan de Vilallonga. El gobierno había planteado su preferencia hacia la empresa del compañero de pupitre, y el juez Gómez de Liaño se había mostrado claramente aliado con el gobierno, que finalmente le indultó.

Junto a este indulto, que apareció camuflado entre otros 1442 más, como si ello fuera posible, por cuanto cada indulto se debía elevar a la categoría de Real Decreto, con las formalidades de rigor, y sometidos a la firma del jefe del Estado. Por ello, el mismo gobierno hubo de agrupar un importante número de indultos en tres subcategorías, en función de las penas impuestas y otros elementos (fecha de comisión del delito, por ejemplo). Fueron los delitos por los que se indultaba a los insumisos al servicio militar, cuyo cumplimiento había sido despojado (temporalmente, y así sigue) del componente de obligatoriedad. Indultar a 442 ciudadanos condenados por el mismo delito, por la misma causa delictiva, se acercó mucho a un incumplimiento constitucional, puesto que la CE prohíbe expresamente el otorgamiento de indultos generales.

Por tanto, el Partido Popular en el gobierno hizo un uso partidario o partidista de la medida de gracia, para aplicarla convenientemente en una sola dirección, bajo la premisa de que el Papa Juan Pablo II lo había pedido, como si la autoridad de un estado extranjero (el Vaticano) tuviera alguna fuerza o capacidad jurídica o política sobre un Estado (España) que no debe, en aplicación de la propia constitución, declararse confesional.

Vale.

El día grande del fascismo de este año, el de la manifestación de Colón, la presidenta electa de la Comunidad de Madrid, refiriéndose a los indultos y al papel del Rey en el tema, lanzó una pregunta: “¿Qué va a hacer el Rey, los va a firmar [los indultos]?” En realidad no era una pregunta. Viendo las imágenes y escuchando el tono de la pregunta, Ayuso ni siquiera retó al Rey, como publicó El País, que fue el medio generalista más crítico con Miss Ciempozuelos.

El lenguaje, las palabras, los signos de puntuación, todo junto, no son inocentes: Ayuso, sencillamente, lo que hizo fue amenazar al Rey. Si firma los indultos, ya sabe Felipe el camino que le marca la derecha. Si no los firma y se allana a la amenaza de Ayuso, se situará fuera de la Constitución.

No fue un reto lo que planteó Ayuso: fue una amenaza en toda regla.

Hemos estado acostumbrados en todos esto meses anteriores a una diarrea diaria de dirigentes del Partido Popular, con especial fruición a Ayuso, asestar mandobles a siniestra, construyendo frases para las portadas de los medios de comunicación que la llevan un día sí y otro también a primer plano, para que el negocio de la prostitución de la política y el lenguaje no decaiga.

Asustado, Pablo Casado, que ya sabe que la caja B del partido ha concluido su amortización y pasará al cajón de los objetos inservibles mientras que la nueva máquina de confrontar y enfangar es Ayuso, cuyos hilos mueven dos aventajados discípulos de Baco. Ese asustado Casado ha tratado, sin éxito, de poner disculpas como gasas para contener la hemorragia.

Ayuso habla sin cesar, con un fluido flujo de fulgurantes estupideces, con el que ha embaucado de manera muy mayoritaria a los madrileños, que se han sentido atraídos por la nada.

Para esconder su amenaza al Rey, esta discípula aventajada de la verborrea más atrabiliaria, y advertida por sus más allegados asesores que salían de la taberna, dos días después de la amenaza, ha roto a llorar y a sentir pena por la situación en la que según su alto nivel de conocimiento constitucional pone el Gobierno de la Nación al Jefe del Estado, hablando de humillación y otros sustantivos terminados en -ón, menos revolcón, que termina en el catre. Ella, en su locuacidad ha tirado de un concepto que debe haber escuchado (leer es un poco más complicado) y que pronunció en su día Unamuno. A Ayuso le habrá llegado por algún que otro político (Albert Sugar Bown Rivera, por ejemplo), y tras la amenaza a Felipe Sexto, queriendo recoger velas (y las botellas esparcidas por el escenario) ha dicho que le duele el Rey.

Primero lo amenaza con eliminarlo de la Jefatura del Estado (si firma los indultos) o que el Estado lo elimine si no los firma y se salta la Constitución. Después, cuando ya ha visto que la amenaza es el sueño húmedo de muchos de sus correligionarios (Aznar se postula para la presidencia de la república), ahora siente conmiseración, siente dolor por el ofendido Rey, cuando ha sido ella, y solo ella, la autora de las ofensas.

Ayuso habla mucho, dice poco, y sabe menos. De ahí su peligrosidad y de ahí la peligrosidad social (¡hace falta la ley de Paca) que sus palabras encierran, y que caen como bendiciones de libertad en la mayoría de los madrileños, que son, en definitiva, tan peligrosos como ella.

Vale.

Hoy vuelven las derechas, las tres derechas, a reunirse en la Plaza de Colón de Madrid, esta vez con la excusa de protestar contra los indultos a condenados por el procès en Catalunya. Cambia, poco, la excusa, pero la burra sigue volviendo al trigo.

Ante la convocatoria de 2021, la situación ha variado: las derechas han perdido el relato de cuanto peor mejor (la pandemia va tocando a su fin, la vacunación ha cogido una buena velocidad de crucero, los fondos de la recuperación comenzarán a llegar pronto…), y el Gobierno de coalición, con más aciertos que errores, está bastante afianzado.

Además, las tres derechas se presentan con motivaciones diferentes: los restos del naufragio de Ciudadanos se ven arrastrados por sus fotografías de versiones anteriores, los fascistas porque pretenden hacerse con el discurso aglutinador de todas la derechas, y el PP, ay! el PP.

A diferencia de versiones anteriores, el Partido Popular no tendrá la misma representación de otros años, incluso han sido los primeros en desmarcarse de querer salir en la foto. Ya saben que no les compensa, y, además, será muy llamativos los huecos que no podrán rellenar.

De hecho, faltará en la Plaza de Colón Moreno Bombilla, por problemas de agenda y porque no le interesa a su imagen de presidente de Andalucía. Faltará en la Plaza de Colón Alberto Núñez Feijóo, también por problemas de agenda de su cargo de presidente de Galicia o por alguna fiesta de relumbrón dorado. Faltará también en la Plaza de Colón Alfonso Fernández Mañueco, por problemas de agenda al coincidir actos de su presidencia de la Junta de Castilla y León con las fiestas de Salamanca, que son en septiembre.

Si estarán dos miembros de la intelligentsia del PP, Ida Díaz Ayuso y López Miras, el murciano, que lo mismo aprovecha el viaje para darse una vuelta por First Dates a ver si hay suerte.

Muy llamativa será la presencia de Monago, el antiguo barón rojo del PP, reconvertido en cliente de youtube tras fracasar su negocio de importador-exportador de plátanos. ¿Y por qué Monago sí estará?

Parece sencilla la respuesta, y seguramente lo sea. Están fase de renovación los órganos provinciales y regionales del partido, y ya se sabe que en la provincia de Cáceres el león volverá a rugir (bueno, menos, que al periodista que tituló así la noticia se la hicieron levantar), mientras que en Badajoz se va Fragoso, sin partido, sin alcaldía y probablemente sin concejalía en virtud de los pactos. En estos congresos provinciales se juegan dos líneas de poder, una estable, continuista, y otra continuista pero inestable. Vamos, poco.

Sin embargo, al propio Monago parece que le ha salido un competidor, Fernando Pizarro, alcalde de Plasencia, con una imagen pública estable, conocida, muy poco desgastado, y que ya ha declarado que se presentará a la presidencia regional del PP.

Monago no ha ido a Madrid a apoyar a su partido contra los indultos, ni ha ido a otra cosa que no sea a lo de aquel chiste: – ¿A qué vino Jesús al mundo? – A por dos kilos de patatas.

A eso va Monago a Madrid, a comprar a Casado dos kilos de patatas que le hacen falta para volver a presidir el PP extremeño. Y, a ser posible, que Casado le venda a él todas las patatas que tenga y ninguna a quien se presenta como su contrincante.

Vale.

Ahora que parecen desembarcar por nuestros contornos los Abogados Cristianos y otras zarandajas, al albur de que saben que los símbolos franquistas, finalmente, terminarán desapareciendo de nuestros paisajes urbanos, al Partido Popular y sus rutilantes grupos carismáticos se le ha ocurrido que la cruz, su cruz, sea inamovible y para ello pretenden que el Ayuntamiento democrático, en un estado no confesional, siga cumpliendo el devoto símbolo, aunque cambiando sus destinatarios.

Pretenden el PP y los alcantarinos varios que en vez de dedicarse a los caídos del bando sublevado contra el orden constitucional republicano, sea dedicado a las víctimas de la pandemia.

Pero, mientras tanto, a las víctimas que los antecedentes familiares de los que procuran esta nueva “dedicatoria” causaron manu militari, y cuyos cuerpos fueron arrojados a fosas comunes, y cuyas vidas pasaron calvario, humillación y muerte, que les den.

El caso es que el debido reconocimiento a las verdaderas víctimas de la guerra civil causada por un golpe de estado cruento de un militar incompetente, Franco.

Me llama la atención que mientras el PP pretende resignificar el símbolo y el motivo ideológico que lo sustenta, se haya encontrado con que uno de los elementos del NO-DO, inseparable de la figura de Franco, el Azor, vaya a permanecer en Cáceres precisamente resignificado en una instalación artística dentro del Museo Helga de Alvear.

El artista que ha elaborado y planteado la dedicación de la chatarra del Azor a su conexión con el Guernica de Picasso manifestó en el programa Metrópolis, de la 2ª Cadena de RTVE que el lugar elegido para su “desembarco” en Cáceres de su instalación estuviera tan cerca de la fotografía de Franco asomado al balcón del Palacio de los Golfines. Esa instalación, al menos, equilibra la ignominiosa placa que a mayor gloria del Dictador (y de sus correligionarios anfitriones) permanece en la fachada.

Resignificar, que sería el concepto que se plantea para la cruz, el símbolo para su “dedicación” a las víctimas de la pandemia del coronavirus, supondría, por un lado, la definitiva humillación de las víctimas de la guerra causada por Franco, abandonadas en fosas comunes y cunetas, y por otro, darle una significado “nuevo” para las víctimas de la pandemia, que serían acogidas bajo un símbolo religioso, que les guste o no, nos es unánime y, además, contrario a la Constitución.

Elimínese la cruz de la cruz, llévese si se quiere al Cementerio Municipal, que debería tener al menos tres áreas: una católica, otra musulmana (la puerta del cementerio musulmán se instaló en 1938, para acoger a los miembros de la guardia mora de Franco), y, definitivamente, tener un cementerio civil, para todos aquellos ciudadanos no pertenecientes a ninguna doctrina religiosa mayoritaria.

De una sentencia de la Navidad de 1937

Y si los Populares quieren, incluso contando con la mayoría de los ciudadanos, un monumento, un espacio de recuerdo para las víctimas de la pandemia, hágase. Y se tome, como referencia, el monumento a las víctimas del terrorismo que no es ningún símbolo religioso. Y se elija para ello un espacio céntrico, por el que transcurran muchos caminos de los cacereños y quienes nos visitan.

Pero la cruz debe dejar de llevar encima la cruz de quienes durante tantos años la han utilizado como martillo contra las víctimas abandonadas, escondidas y humilladas de la guerra civil. Así podremos hace historia democrática para todos, y no solo símbolos para holganza de unos pocos.

Vale.

Me parece muy interesante y digno de alabar el trabajo ciudadano que realiza la Asociación de Amigos de la Ribera del Marco, la Ribera de Cáceres, y por eso, la inquietud que muestran por los daños colaterales que las obras y el trazado final de la Ronda Sureste pudiera haber ocasionado en los caminos de la Ribera.

Los caminos afectados, al menos en el trazado más próximo a la Ribera, entre el antiguo manantío de El Marco hasta la Fuente de Concejo, serían cuatro. De ellos uno hay que contarlo doble, porque justamente en su intersección con la Ronda se bifurca en dos. Otro el camino de la Pábila, otro el camino del Portanchito, y el último, quizás el más importante por soportar las aguas de los anteriores, el camino de los Altos de Fuente Fría.

He visto en la prensa un par de fotografías, si bien solamente he podido recuperar la que ilustra esta entrada, el camino de los Altos de Fuentefría.

No soy ni experto naturalista, ni geólogo, ni hidrogeólogo, ni nada de eso. Sí he caminado por esas sendas muchas veces, tanto en verano como en invierno (procurando en esta estación, hacerlo sin lluvias, pero con precipitaciones recientes).

La única foto que he podido rescatar de la prensa, entiendo que facilitada por la Asociación, es un tramo del camino de los Altos de Fuente Fría, en su punto más próximo a su encuentro con el camino de la llamada trocha, el que se bifurca justo en su intersección con la Ronda. Ese tramo, siempre que ha llovido, se ha inundado, a veces con la cantidad de agua que se observa en la foto, a veces formando solamente grandes charcos. La realización de la Ronda ha canalizado, como no puede ser de otro modo, las correntías de agua que pudieran afectar al trazado final, pero la ladera que vierte hacia el camino de los Altos, incluido el actual camino de bifurcación, seguirá recogiendo agua y vertiéndolas al camino receptor de los altos.

Ese camino, que lleva desde la primera curva de la carretera de la Montaña hasta El Marco, en cuanto llueve, se inunda, como en la foto, o se forman charcos de más o menos tamaño, que algunas veces han sido resuelto con la extensión de zahorra para hacerlo algo transitable.

En mi opinión, no es achacable a las obras de la Ronda la situación que refleja la fotografía, porque esa imagen no es actual y debe corresponder a un período anterior. Y es probable que se pudiera repetir en el futuro, por cuanto la canalización que se pudiera haber hecho del camino de bifurcación no recogerá, por no afectar al trazado de la vía, las aguas que viertan al camino transversal.

El camino de la Pábila, creo que está bien canalizado, al menos por lo que he podido ver, con la situación, además, de que ese camino es tributario de un riachuelo con origen en la falda de la Sierra de la Mosca, que al día de hoy, sigue corriendo, y cuya canalización se ha llevado hasta que el reguero de agua pasa la Ronda y se interna, como siempre ha hecho, en una de las huertas, en concreto una de las que aún conserva una noria de sangre en uso. Ese riachuelo era utilizado para el funcionamiento de la noria de sangre que ha sido rescatada y vallada dentro de las obligaciones arqueológicas de las obras de la Ronda. Además, ese riachuelo pasa por el camino de los Altos de Fuente Fría, al salir de la huerta situada a la izquierda, se interna en otra y debe verter (no se aprecia por la densidad de pastos y zarzas de los márgenes de la Ribera) a la propia Ribera, más abajo de donde se encontraba el molino de La Bula.

Queda, de los tres caminos perpendiculares al de los Altos, el del Portanchito, en gran parte pavimentado o medio pavimentado hasta su intersección con la Ronda. Ese camino vierte, cuando la aguas bajan, en un primer tramo, al Marco, pero en la zona que no forma parte del salidero natural (ahora ya sin manar) de la Fuente del Rey o del Marco. Y otra parte de las aguas que bajan con la lluvia por el camino del Portanchito se vierten hacia la derecha, para formar charcos en el final del camino de los Altos de Fuente Fría.

Ahora, los Amigos de la Ribera reclaman (y seguramente en todo o en parte o en nada tendrán o no razón) los daños que, dicen, han causado las obras de la Ronda. Espero que la asociación no reclame que todas las aguas que recojan las correntías del camino de bifurcación (trocha), el camino de la Pábila, el camino del Portanchito y el camino de los Altos de Fuente Fría sean canalizadas y vertidas a la Ribera, a la que sí llegan las aguas naturales de esos caminos que tienen ya espacios o correntías asentadas en los años.

No hay que olvidar que si se canalizan las aguas de lluvia en momentos de mayores precipitaciones y se vierten directamente a la ribera, se estará produciendo que lleguen a ésta aguas “bravas” que arrastran fangos y tierras que terminarían produciendo daños en el cauce natural cristalino de la propia Ribera.

Vale.