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El periódico satírico independiente MALVAS Y ORTIGAS, que dirigía Enrique Montánchez, publicaba el 10 de diciembre de 1904 un texto, extraído de Noticiero Extremeño, que glosaba la carta de un reo condenado á muerte, sin que se citara al autor de la misma ni los hechos por los que hubiera sido condenado. Sin embargo, parece relevante saber que, mientras unos reos, o, especialmente, un reo condenado a muerte era para quien se movilizaban las fuerzas “vivas”, dejando de lado su interés por otros condenados a la misma pena.

Cabecera de MALVAS Y ORTIGAS. 10 de diciembre de 1904.

“Ante el cadalso

Acabamos de leer la carta que dirige uno de esos desgraciados que esperan la hora suprema en la cárcel de Cáceres, dirigida á unos caballeros oficiales, antiguos superiores suyos y queridos amigos nuestros.

Siempre impresionan hondamente estos documentos en que se estampan las ideas de aquellos hombres que sienten escapar la vida de sus cuerpos sanos y robustos.

Pero confesamos que la impresión que nos ha causado esta carta ha sido excepcionalmente dolorosa.

No se trata de uno de esos lacrimeos desalentados que retratan el terror y el ansia con que un alma culpable, pero cobarde y débil, se quiere así á los girones de la vida para conservarla, aun mutilada por la ley y la opinión pública, en la libertad y en la honra.

Más bien parece la queja honda y amarga del que sin pena desaparecer una vida huérfana de honra y libertad, pero que sólo siente perderla, porque con ella desaparece la última esperanza de que algún día la muerte hiciera desaparecer las brumad que, condensadas hoy por la crueldad de conjuradas coincidencias, han cubierto de oprobio su nombre, atrayendo sobre su frente una sentencia tremenda.

No hay en ella acusaciones airadas contra los jueces que condenaros, sino contra la suerte adversa que hubiera deparado la ocasión de comparecer ante sus ojos en uno de esos tristes momentos en que la justicia humana no fuera infalible.

No conocemos las circunstancias del delito y desde nos inspira gran confianza la rectitud de conciencia de los jueces que fallaron en el juicio.

Pero hay tal autoridad en las frases que se formulan en las proximidades de la muerte, y es tal el terror que inspira el alma lo irrectificable de esta pena, que no puede evitarse, ante estos acontecimientos, la tendencia torturadora á pensar en las limitaciones de los hombres y la fabilidad de sus juicios.

Pero eso, sin duda, han puesto las leyes en las manos soberanas del primer magistrado de la Nación, la facultad de detener la espada de la ley aun en el momento mismo de levantarse para asestar el golpe.”

La campaña realizada a favor de los reos Agustín de la Calle y Deogracias Martín dio sus frutos, sin duda porque los peticionarios volcaron sus esfuerzos especialmente en uno de ellos, de manera que su aparente indefensión (considerar que solamente fue condenado por pruebas indiciarias), llevaría al Ministerio de Gracia y Justicia a valorar su situación, y ello constituía su mayor fuerza a la hora de proponer al rey el indulto. De hecho, en el propio Real Decreto se cita que en el caso de Agustín de la Calle no se dieron, en el juicio y se volcaron en la sentencia, las agravantes que sí se apreciaron en Deogracias. Pero, dado que el ejerció del derecho de gracia tiene que tener la apariencia de igualdad, la firma del rey reconoció que ambos reos actuaron siguiendo sus bajas pasiones políticas.

Así, el día 13 de enero de 1905, la Gaceta de Madrid (el actual Boletín del Estado) incluía en su primera página el Real Decreto por el que se concedía la conmutación de la condena a muerte por la pena de cadena perpetua para ambos reos.

Gaceta de Madrid. Real Decreto de Indulto. 13 de enero de 1905.

Vale.

El mismo periódico, El Noticiero, continuaba informando en su edición del 5 de diciembre de 1904, las gestiones que el abogado de la acusación particular, José Ibarrola, realizaba tras recibir el escrito de la viuda del asesinado maestro de Casas del Castañar, en la que se mostraba partidaria de acceder al indulto.

Inmediatamente el Sr. Ibarrola redactó y remitió con carácter urgente estos dos telegramas.

Presidente Consejo Ministros

Madrid

Debidamente autorizado por Doña Encarnación Guillén, esposa del maestro asesinado en Casas del Castañar, imploro en su nombre clemencia y pido indulto de Deogracias Martín y Agustín de la Calle.

El Abogado de la Acusación,

JOSÉ IBARROLA MUÑOZ

Excmo. Sr. D. Miguel Muñoz.

Senador.

He conseguido de la viuda del asesinado que pida indulto telegrafío ahora mismo al Presidente del Consejo de Ministros.

IBARROLA

¿Comentarios?

Hecho de esta índole no los pueden tener sin que los empequeñezcan.

Una viuda perdonando á los asesinos de su esposo, bien merece que para coronar tan hermosa obra un Gobierno aconseja queda, indulte á esos dos desgraciados.

Y así no será para Doña encarnación solo el día feliz, disfrutaremos de él los perdonados, los que perdonan y los que por el perdón nos interesamos.

En la misma primera página del ejemplar del lunes 5 de diciembre de 1904 insertaba el mismo medio la siguiente información.

GESTIONANDO UN INDULTO

Continúa activamente las gestiones a favor de los desgraciados reos del crimen de Casas del Castaña, complaciéndonos hoy en insertar la carta dirigida por Hilario Calle á su representante en la vista del juicio, D. José Ibarrola Muñoz que telegráficamente le pidió su autorización y el telegrama que el último dirige al Presidente del Consejo.

He aquí uno y otro documento.

Casas del Castañar 4 Diciembre

Sr. D. José Ibarrola

Mi distinguido amigo: Me entero de su telegrama y le autorizo para que en mi nombre pida el indulto, deseando además haga cuanto pueda por conseguirlo.

Sebe V. es suyo afmo.

HILARRIO CALLE

Presidente del Consejo de Ministros.

Mi defendido Hilario Calle, á quien se intentó asesinar y resultó gravemente herido en Casas del Castañar, implora por mi conducto perdón reos.

JOSÉ IBARROLA MUÑOZ

Sigue a continuación El Noticiero informando de las gestiones que se realizan para la consecución del indulto.

Ayer se recibió un telegrama de la Comisión, que hoy corroboran los periódicos de Madrid, en el que se da cuenta de la entrevista habida con el Sr. Maura y la promesa hecha por éste de que el Consejo de Ministros examinaría nuevamente la causa, encargado de su estudio á otro compañero, que probablemente será el Sr. Rodríguez Sampedro.

El crimen de Casas del Castañar y el recorrido judicial que tuvo el sumario, con el procesamiento, recursos y sentencia a la pena de muerte, concitó el interés de “la prensa de Madrid”. También las gestiones para la petición del indulto, que se intensificaron en los primeros días de diciembre de 1904, aunque fuera n referencias breves de la gestión de la Comisión creada al efecto, incluida la noticia de que fuera recibida por el rey. Periódicos como El Día y El Imparcial, entre otros, fueron esos “periódicos de Madrid” que dedicaron algún espacio al asunto.

Cabeceras de EL DIA y EL IMPARCIAL. Madrid. 1904.

Así, El Imparcial incluyó en su edición del 6 de diciembre, una crónica de su corresponsal.

REOS DE MUERTE

POR TELÉGRAFO
(DE NUESTRO CORRESPONSAL)

Petición de indulto

Plasencia 4 (9 de la mañana).

Todo el país del Valle y Vera de Plasencia, y hasta la provincia entera de Cáceres, espera con ansiedad el indulto de los sentenciados á muerte Agustín de la Calle y Deogracias Martín, del pueblo de Casas del Castañar.

La tristeza se ha apoderado de todos los espíritus al considerar que puede ser ejecutada la sentencia, especialmente en la persona de Agustín de la Calle que fue condenado como inductor y solo por prueba indiciaria.

Toda esta comarca conoce el proceso y por esta circunstancia pide á voces que el gobierno fije su atención en este caso concreto de Agustín de la Calle, porque no se habrá dado un casi ni se volverá á dar, en que por indicios se lleva al patíbulo á un hombre de honrosos antecedentes.

Esta región se halla alarmada con las noticias comunicadas hace días, pero no duda que el atenderá la justicia de la petición del indulto siquiera sea solamente para Agustín.

Así lo pide el pueblo de Casas del Castañar, víctima del caciquismo, y así lo pide toda la región, pues bien pudiera haberse cometido un error, que después de cumplida la sentencia, sería imposible reparar.

La ciudad de Plasencia ha enviado á Madrid una importante comisión á impetrar la gracia de indulto.- Corresponsal.

[No hay que olvidar que en el juicio solamente se conocieron intereses políticos de Agustín de la Calle, que deseaba ser Secretario del Ayuntamiento y que su padrastro fuera nombrado médico titular del pueblo, por lo que debería pertenecer a una familia con ascendencia en la política local, en tanto que de Deogracias Martín, ejecutor del disparo, no se apreció inclinación política alguna en todo el proceso, si nos guiamos por las crónicas de prensa.]

Vale.

En anteriores entradas, tres en concreto, trasladé a esta web la publicación en El Diario de Cáceres del año 1903 las crónicas de las sesiones celebradas en la Audiencia Provincial que vio, con jurado popular, el llamado “Crimen de Casas del Castañar”. Dichas vistas terminaron con el veredicto del jurado popular que apreció culpabilidad en los dos acusados y con la sentencia final del tribunal de derecho condenándolos a la pena de muerte.

Un año después, cuando la ejecución de la sentencia se había determinado, y la horca esperaba a los condenados, se iniciaron los trámites para que por el Rey se les otorgara el derecho de gracia, y la pena de muerte les fuera conmutada, mediante decreto de indulto, por la cadena perpetua.

En El Noticiero, diario de Cáceres, de 5 de diciembre de 1904, encontramos las informaciones que sobre la petición de indulto se iban conociendo. Y ello, según el mismo periódico, por tratarse de un asunto en el que existía pleno consenso social. Así lo contaba El Noticiero.

Cabecera de El Noticiero. 5 de diciembre de 1904.

Siempre fué motivo de satisfacción para las almas nobles perdonar á los que ofendieron, pero hay momento en que la ofensa toca ciertos límites que hasta el alma más templada vacila, aunque de su perdón pudiera depender la suerte de sus semejantes.

Al pié del cadalso infamante hemos visto todos que están dos desgraciados, reos de un asesinato que la sociedad no podrá perdonar jamás. La más terrible pena impuso la Justicia humana á los autores y su ejecutor se dispone á cumplir la horrible sentencia.

Ante circunstancias en las que se ventilaba la vida de dos hombres, todos temblamos y sin darnos cuenta de ello un grito expontáneo se escapaba de los labios pronunciando la hermosa palabra ¡Perdón!

Todos en ello hemos estado de acuerdo; para pedir el indulto de esos desgraciados no ha habido banderías, partidos, ideas políticas, etc., nada de eso que separaría y separa del camino de progreso por donde debemos enderezar nuestros pasos, no ha habido más que corazones que han sentido uno de los más innatos sentimientos, el de la humanidad.

Ante el terrible drama que se avecinaba, en el que á sangre fría, una mano ni amiga ni enemiga de los malhechores, había por ministerio de la Ley de arrancarles la vida, todos nos pusimos en movimiento y en él continuamos por todos los medios que estén á nuestro alcance, que la regia prerrogativa se ejerza una vez más arrancando dos vidas al verdugo.

Esto es honroso, esto es grande, esto es también lo natural. Al fin y al cabo cumplimos con un deber perdonando en nombre de la sociedad á quienes personalmente no nos han ofendido, solicitando el indulto para aquellos que á nosotros no nos han causado ningún perjuicio positivo.

Pero hoy registramos un hecho más grande, más sublime y en el que realmente el comentario, la alabanza empañaría su grandeza, solo expresada con la elocuencia con la relación escrita del hecho.

Para todos es sabido que la acusación en la vista de la causa en que ambos reos figuraban como protagonistas, la sostuvo nuestro particular amigo el elocuente criminalista D. José Ibarrola.

Fundamentadas razones debió alegar el joven abogado, corroboradas por el sumario, cuando los tribunales apreciaron que los acusados eran merecedores de la terrible pena á que están condenados.

Pero tras el cumplimiento concienzudo del deber profesional, había de venir forzosamente el de hombre humanitario y caballero perfecto, y los hechos han venido á denunciarlo de una manera elocuente.

En la mañana de ayer, el Sr. Ibarrola mandó a doña Encarnación Guillén, viuda del pobre maestro D. Fernando Ramos, asesinado en Casas del Castañar, la siguiente carta.

Sra. Dª Encarnación Guillén Guerra

Muy señora mía: Como usted sabrá, están próximos a ser ejecutados los matadores de su difunto esposo D. Fernando Ramos (q.e.p.d.) Agustín de la Calle y Deogracias Martín Garrido. Creo realizará usted un acto hermoso de caridad cristiana pidiendo el indulto de esos infelices, que cometieron horrendo crimen, están ya arrepentidos de lo que hicieron, y sin necesidad de que los ahorquen, sufrirán en prisión perpetua el castigo de sus culpas.

Yo, que fui su abogado defensor [acusación particular], le ruego encarecidamente que lo haga, sirviéndose usted de ponerme cuatro letras á continuación para que en su nombre implore sin pérdida de momento su indulto y su perdón.

Contésteme con el dador y queda á sus órdenes su abogado y afectísimo servidor q.b.s.p.

JOSÉ IBARROLA MUÑOZ

Á tal misiva, la viuda del infortuna D. Fernando Ramos, contestó lo siguiente

Arroyo del Puerco 4 de Diciembre

Sr. D. José Ibarrola

Muy señor mío: Veo con gusto el gran interés que se tenía por los reos que dieron muerto á mi querido esposo (que en paz descanse).

Yo con el mismo gusto que Vd. deseo perdonarlos, alegrándome estemos en perfecto acuerdo sin haber tenido conversación ninguna respecto á este asunto. Por tanto hoy es un día feliz para mí, en perdonar la vida á esos dos hombre que tanto daño me hicieron.

Sin otro particular sabe me tiene á sus órdenes y es su segura servidora que b.s.m.

ENCARNACIÓN GUILLÉN GUERRA.

Vale.