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El 25 de diciembre de 1906 se produjo en Cáceres un accidente laboral en el que perdieron la vida tres trabajadores de la construcción, al producirse un desprendimiento de tierras en la calle de la Solana, actual calle de Pizarro. Por la fecha en que se produjo el siniestro, tuvo una gran repercusión, como ya se ha contado en este sitio.

El 12 de febrero pasado, transcribí la crónica que el periódico El Norte de Extremadura¸ publicó el día 29 del mismo mes, dando cuenta de la enorme sensación que produjo el siniestro en toda la ciudad, haciendo lista de todas las autoridades que, desde el primero momento de conocer la noticia se acercaron hasta el lugar del suceso.

Titular de portada. EL NORTE DE EXTREMADURA. 29 Diciembre 1906

La llamada Casa Grande de Cáceres se construyó entre los años 1905 a 1910, por la iniciativa de un propietario, Gutiérrez Cedrún y realizada con el proyecto y dirección del arquitecto Francisco de la Pezuela y Ramírez.

Sin duda, la muerte de los tres albañiles José Ébole, Santiago Sánchez y Manuel García, fue causa de algún retraso en las obras, además de las tareas de recuperación de tierras desprendidas.

En los periódicos de Cáceres, la Casa Grande ha sido objeto de diversos reportajes y de informaciones que más que en el estudio del proyecto y su conformación, han ido encaminados a ensalzar la figura de su promotor inicial, Gutiérrez Cedrún, y de su familia. Hasta el punto de que el nombre que se le dio comúnmente (la Casa del Millón, por lo que parece que costó) no es sino una anécdota que simplemente ha servido para llenar alguna página.

Antes de su adquisición por la Fundación Helga de Alvear, fue comprada por la Universidad de Extremadura, alojando en sus espacios la Secretaría General, la Gerencia y los despachos del Rectorado en Cáceres, además de la Escuela Universitaria de Ingenieros de Obras Públicas.

Fachada a Camino Llano. Museo Helga de Alvear.

Del proyecto del edificio, de la firma del Arquitecto, solamente una piedra de granito en la parte izquierda de la fachada recuerda su nombre y que ganó un premio por el proyecto.

En ningún periódico aparecen más referencias al arquitecto, algo muy habitual en la ciudad de Cáceres, y por supuesto, ninguna referencia (al menos no las he encontrado) al terrible accidente que costó la vida a los tres albañiles citados. Es evidente que las vidas de tres albañiles, sepultadas bajo las tierras de la casa del millón fue noticia entonces, pero ya de aquello, ni recuerdo ni memoria.

Poco se sabe del arquitecto Pezuela y Ramírez, aunque sí que se tituló en 1903, siendo, por tanto, la Casa Grande de Cáceres uno de sus primeros proyectos, y que también intervino en la construcción de la plaza de Toros de Alcañiz. También que en 1933 formaba parte del cuerpo de arquitectos de la Hacienda pública, y en 1914, miembro del patronato del Museo Español de Arte Moderno.

En el año 1909, por el dueño de la finca y el arquitecto (Gutiérrez Cedrún y Pezuela Ramírez) se solicita del Ayuntamiento licencia para construir un muro entre las calles Solana y Casas de Carrasco, que sin duda es el actual muro del Museo Helga de Alvear.

Vale

Pau Rivadulla Oró (a) Pablo Hasel

Llevaba unos días pensando en escribir algo sobre el (de momento) rapero Pablo Hasel, a consecuencia de los disturbios que, con la excusa de su encarcelamiento por injurias a la Corona, se vienen sucediendo en determinadas zonas del país.

No me decidía hasta que hoy he visto, en El Periodico.com una noticia que, en verdad, anima a no sentir ninguna empatía y en no atribuir ningún esfuerzo para aplicarle la máxima de Concepción Arenal: “Odia el delito y compadece al delincuente”.

Detención de Pablo Hasesl en la Universidad de Lleida. Foto: El Periodico.

La noticia de hoy se refiere a que el reo Pablo Hasel se niega a compartir celda con el argumento de que son muy pequeñas.

Si realmente el delito de injurias a la Corona fuera la causa única y última del ingreso en prisión de Pau Rivadulla Oró (a) Pablo Hasel, por supuesto que habría de odiarse el delito, un delito que más pronto que tarde debe ser eliminado del Código Penal.

Pero el delincuente Hasel no está en prisión solamente por ese delito. Adornan la carrera del niño burgués de Lleida, alumno de los claretianos hasta su abandono de los estudios en bachillerato, diversos delitos que en nada tienen que ver con su historia de rapeador. Y esos delitos son los que le convierten en delincuente.

Que ahora, el niño burgués Rivadulla se revuelva contra el sistema penitenciario diciendo que las celdas son muy pequeñas y que no quiere compartir una con ningún preso se convierte en el símbolo de muchas de las violentas manifestaciones que en su nombre otros niños burgueses como él, acostumbrados a las sábanas que sus mamás les preparan en sus confortables dormitorios, llevan a cabo.

Que la historia de un niñato burgués, como muchos que se entreveran en organizaciones autollamadas antifascistas, o en grupos de acción como los que se autodenominan CDRs y que hacen campaña para la CUP en Cataluña, o que, aún más graves, serán los que en su momento traten de arrumbar un gobierno de izquierdas, que esta sea la historia que rompe escaparates, apedrea el Palau de la Musica bajo el mantra de la libertad de expresión, desde luego dice muy poco a favor de los que así se muestran.

Que el niño burgués Rivadulla, como otros niños burgueses catalanes (con Puigdemont como banderín de enganche) sean quienes pretendan tomar la bandera de la libertad de expresión, de la lucha antifascista, y además sean jaleados por ¿líderes? políticos que hacen gala de una supina ignorancia (Pablo Iglesias, Pablo Echenique) en sus acomodados asientos y poltronas, descalifica a estos.

Que un vicepresidente del gobierno, en un gobierno de coalición, o que el portavoz del partido minoritario en ese gobierno sean los que aplaudan, compadezcan a un delincuente clasista, pequeño burgués, retrata a los han tomado la máxima de Concepción Arenal haciendo causa común con él, y serán los que reclamen para su patrocinado reo, una confortable celda y el derecho a que todas las noches su mamá o la chica “que trabaja en casa” vaya a la hora de silencio en la prisión, a arroparle y a desearle buenas noches.

Vale.

A comienzos del pasado siglo XX, se consideraba, como ahora, la administración más cercana a los ciudadanos, esta cercanía se demostraba necesaria, en asuntos como el tratado en la reunión extraordinaria del Ayuntamiento de Cáceres, relatada con detalle de las intervenciones de los concejales. Se pretendía poner coto a un incremento muy notable, incluso del 50 por 100 en el precio de la carne, en relación con los precios que, por ejemplo, se cobraba en pueblos de la provincia, en Badajoz o Salamanca.

Los concejales plantean incluso el establecimiento de una suscripción de acciones por los mayores contribuyentes, al precio de 25 pesetas cada una, lo que es rechazado por el representante del Centro Obrero, señor Canales, con el argumento de que ese accionariado se convertiría en una cooperativa de particulares con el apoyo del propio municipio.

El Noticiero (Diario de Cáceres). Sábado, 23 de Noviembre de 1907

Cabecera. EL NOTICIERO. 23 Noviembre 1907.

En el Ayuntamiento, Sesión Extraordinaria

Ayer, á las seis de la tarde, se reunió nuestro Ayuntamiento en sesión extraordinaria con el fin de adoptar medidas encaminadas á reprimir los abusos que nuestros industriales están cometiendo al expender á precios exageradísimos los artículos de primera necesidad.

Asistieron los concejales señores Saborid, Fontán, Canales, Jiménez, Llamas, Pérez (D.G.), Fernández, González y Quirós, siendo presididos por el alcalde accidental señor Cuello. Abierta la sesión, el señor Cuello expuso el objeto de la misma, manifestando á los señores concejales que el gobernador civil señor Crespo de Lara habíale citado en su despacho oficial el lunes pasado para informarle que hasta él habían llegado quejas del vecindario, por los altos precios que en la capital han alcanzado los artículo de primera necesidad.

Le facilitó también notas de precios que había mandado pedir oficialmente á varios pueblos de la provincia, á Salamanca y á Badajoz, por lo que pudo saberse que en todas esas poblaciones se expendía por lo menos la carne á 60 céntimos más barata en kilo, que en Cáceres. A estos abusos –dice el señor Cuello- hay que ponerles coto en el menor tiempo posible.

Y para ello no hay otro recurso por ahora, que establecer la tabla reguladora.

Esto ha de hacerse con alguna dificultad, pues en otra ocasión se intentó hacer, y los ganaderos negaron toda clase de apoyo.

Sin embargo, yo he pensado –agrega- en abrir una suscripción entre los mayores contribuyentes, y entre los que á ello quieran concurrir, con el fin de recaudar fondos para hacer frente á esta situación difícil.

Ayuntamiento. Cáceres. Finales siglo XIX

El señor Canales pide la palabra y le es concedida por la presidencia.

Recuerda que en otra ocasión, semejante á ésta, el Centro Obrero pidió al Ayuntamiento que estableciera tabla reguladora y hornos municipales. Que en aquel entonces discutióse mucho y hasta se llegó á obtener de algunos particulares la promesa de prestar su concurso para que ambas cosas se establecieran, pero que al fin y al cabo, ni éstos cumplieron su promesa, ni nada se hizo.

Con el solo anuncia de que va á instalarse la tabla reguladora, cree el señor Canales, que los industriales carniceros han de nivelar los precios de las carnes con los de las demás poblaciones.

Dice que casi resulta un 50 por 100 esta carestía, pues á más del exceso de precio á que se expenden los artículos, hay que contar con que van mal pesados. Buena prueba de ello es –dice- el resultado de la batida que en el día de ayer ha dado el señor gobernador entre los comerciantes é industriales; batida que no hace falta que haga un gobernador civil existiendo un inspector municipal.

Habla del repeso municipal, y dice que nadie se acerca á él á comprobar si el industrial ó el comerciante engaña ó no en el peso.

Las criadas de servicio –manifiesta- se huyen que es un gusto, porque en su mayoría no siempre demandan del carnicero la cantidad que sus amos les ordenan adquirir, sino una menor, para hacer la correspondiente sisa.

Aboga por la tabla reguladora, diciendo que es muy fácil instalarla, destinando de cualquier capítulo del presupuesto municipal 5.000 pesetas para ella, toda vez que diariamente se puede renovar la cantidad que cueste la adquisición de reses.

Manifiesta que si los artículos de primera necesidad como las patatas, huevos, leche, etc., adquieren a los precios es por la reventa que de ellos se hace y y termina diciendo que en esta ocasión debe satisfacerse á la opinión pública, estableciendo la tabla reguladora y no dando una lamentación para que conste en acta.

Torre del Horno. Abajo, puestos del Mercado. Año 1930. Foto Javier.

A continuación habla el señor Fernández para hacer una proposición es desechada y al que contesta el señor Canales, repitiendo una vez más que después de lo que se ha dicho –creemos que se referiría á la prensa- al final de la sesión no podía otro que el acuerdo necesario para establecer la tabla reguladora.

Vuelve á usar de la palabra el señor Cuello para exponer su idea de emitir con este fin entre los mayores contribuyentes acciones de 25 pesetas.

El señor Saborid asegura que nadie las tomará, como en otra ocasión ocurrió y el señor Canales responde á la presidencia manifestando que todo lo que no sea una tabla reguladora municipal, resultará una cooperativa y en este caso sería una industria más, cuyas ganancias se repartirían los particulares que la constituyesen bajo la protección del Ayuntamiento.

Hablan después los señores Cuello y Fontán. El primero para expresar el temor de que no vendan cuantas reses se maten y el segundo para decir que se le ha ocurrido una idea que no dice en el momento por no querer hacer pública, pero que ha comunicársela al señor Alcalde por si la cree útil para el fin que se persigue.

Y sin duda alguna el señor Cuello, movido por la curiosidad, levantó seguidamente la sesión no sin haberse acordado la creación de la tabla reguladora, si después de celebrar una reunión con los industriales carniceros, éstos se negaban á bajar los precios que hoy mantienen.

Vale.

El día 29 de diciembre de 1906, con alarde tipográfico, el periódico EL NORTE DE EXTREMADURA publicaba una amplia información sobre el desprendimiento de tierras que se había producido el 25 de diciembre anterior, en las obras que se estaban ejecutando en una solar de la calle de Solana (actuales calles Donoso Cortés y calle Pizarro), a consecuencia del que resultaron sepultados y muertos tres albañiles.

Aunque no me he centrado en buscar tanto el número de policía de la finca en la que se trabajaba como en qué tipo de proyecto se estaba realizando (algo que haré en próximas fechas en el Archivo Histórico Municipal), por aproximación podría tratarse de las primeras obras que se realizaron en lo que ahora es la Casa Grande, sede el Museo Helga de Alvear. Espero encontrar en el Archivo todas las referencias que den como resultado completar los datos.

Sí quiero reseñar que en 1906 Cáceres capital debería contar con unos 16.000 – 17.000 habitantes, en relación con el dato que se da en la crónica que transcribo de que a los funerales acudieron unas 6.000 personas.

Cabecera. EL NORTE DE EXTREMADURA. 29 Diciembre 1906

LA CATÁSTROFE DEL 25 -TRES OBREROS SEPULTADOS-DUELO GENERAL EN LA POBLACIÓN

Cuando el martes último recorríamos la población y gozábamos al saber que á pesar de alegría y algazara propias de la noche en que la humanidad celebra el nacimiento de Jesucristo, nada absolutamente había ocurrido que turbase la paz de este honrado y pacífico vecindario, una noticia triste y desoladora llegó hasta nosotros. Indagamos el origen, y he aquí lo que supimos, y que por haberlo visto después, vamos á relatar á los lectores.

Varios albañiles, entre ellos asociados –que precisamente habían estado varias semanas sin ocupación- trabajaban ese día en una obra en la calle de Solana, propiedad de los señores de Cedrún, cuando se vieron de súbito envueltos por un desprendimiento de tierra que los sepultó á más de tres metros de profundidad.

Conocido por el vecindario el infausto suceso, pronto cundió la noticia por toda la población, causando la alarma y consternación consiguientes en todos sus habitantes, que corrieron presurosos al lugar de la catástrofe, á fin de prestar sus auxilios convenientes, y que desgraciadamente fueron ineficaces, pues los infelices obreros debieron morir instantáneamente, sin que nadie pudiera socorrerlos.

Pintar el efecto que causó en todo Cáceres esta desgracia, seríamos punto menos que imposible; baste decir que no se hablaba más que de este asunto en todas partes, tratando cada cual de averiguar de quién sería la responsabilidad del grave suceso acaecido á tres honrados y laboriosos obreros, que por querer ganar ese día un mísero jornal con que atender á las necesidades de los suyos, murieron en la flor de su edad, víctimas, tal vez, de la incuria y el abandono que á todos nos caracteriza.

¡A qué tristes reflexiones se presta esta lamentable desgracia!

Mas consolémonos en parte al considerar que de ocurrir en otro día, hubieran sido muchas más las víctimas sacrificadas en aras del cumplimiento de su deber: el trabajo, único patrimonio que tienen los desheredados de la fortuna.

Titular de portada. EL NORTE DE EXTREMADURA. 29 Diciembre 1906

LA POLICIA, LAS AUTORIDADES Y LA FUERZA ARMADA

En el sitio de la ocurrencia se presentó en los primeros instantes la policía con sus respectivos jefes Sres. Martínez y Santamaría, la guardia municipal con el suyo, Sr. Jalón, quienes con gran esfuerzo pudieron contener á la multitud, que á viva fuerza quería penetrar en el solar donde ocurrió el accidente.

El gobernador civil interino Sr. Pelletán recibió la noticia en su despacho é inmediatamente se personó en el lugar del suceso dictando acertadas y enérgicas medidas que dieron por resultado se retirase el público del solar, que ya se había invadido, á fin de que no interrumpieran las operaciones de salvamento y pudiesen ocurrir otras nuevas desgracias.

En el lugar de la ocurrencia se encontraban también, á más del Juzgado que llegó á seguida, el gobernador militar Sr. Fernández de Toro y las demás autoridades, con las que se encontraban el ingeniero Sr. Mateos, el comandante de Estado Mayor Sr. Vico, el capitán del mimo cuerpo Sr. Martínez, los médicos Sres. Uribarri y Durán, el párroco de San Mateo, Sr. Polo, el director del Banco Sr. Aparicio, y otras muchas personas que no recordamos. La Guardia civil, que fué avisada con oportunidad, y una sección de la Brigada Topográfica, enviada por jefe Sr. Vico, llegaron cuando más público había, evitando que la muchedumbre se aproximara á los alrededores peligrosos de las obras.

TRABAJOS DE EXCAVACIÓN

Con la esperanza de sacar con vida alguno de los sepultados y con las precauciones debidas en estos casos, comenzaron los trabajos de descubrimiento, en los que tomaron parte algunos obreros del Municipio y trabajadores de las obras, reinando en ellos el más profundo silencio. Apareció á poco el primero de los sepultados, el desgraciado Antonio García. Una mano fué lo primero que se vió de este cadáver. Quitóse tierra con más ahínco y después de grandes esfuerzos por estar el cuerpo aprisionado, pudo sacar al infeliz Antonio, que estaba desfigurado y encorvado hacia atrás. Vestía blusa clara con rayas negras, faja negra y botas. Se encontraron en los bolsillos monedas por valor de un real y unos fósforos de cartón.

Este infeliz obrero, era casado y con tres hijos. Se le trasladó en una camilla al depósito judicial y continuaron los trabajos, ya sin esperanzas de encontrar con vida á sus restantes compañeros.

A la hora y cuarto próximamente pudieron extraerse los cadáveres de José Ebole y Manuel García, éste último primo hermano del Antonio, los que aparecieron abrazados.

Este desalentador espectáculo causó profunda sensación entre todos, é hizo prorrumpir en exclamaciones de lástima á cuantas personas presenciaron estas tristes escenas. Un obrero llamado Santiago Sánchez, compañero de trabajo de los fallecidos, y que en unión de otros varios ayudaba las operaciones de extracción, lloró á lágrima viva á la vista de sus infortunados amigos, siendo retirado de aquel lugar por orden del señor gobernador civil, que emocionado, presenciaba tan fúnebre cuadro.

José Ebole vestía blusa y faja negra, pantalón negro y botas; en los bolsillos tenía una moneda de dos céntimos. También era casado y con un hijo.

A Manuel García, que vestía como su compañero, se le encontró en uno de los bolsillos del chaleco de pana color café, una moneda de peseta, una llave pequeña y un lápiz de pizarra. Este era soltero.

Como el anterior, fueron conducidos al depósito judicial.

INSTRUCCIÓN DEL SUMARIO

El mismo día de ocurrir la catástrofe, trabajó activamente el Juzgado de instrucción con el fin de depurar responsabilidades, si es que existen.

Ya han declarado ante el señor juez de primera instancia y escribano Sr. Gaona –dos funcionarios dignísimos y cumplidores de su debe,- los obreros Luis Escalera, Pedro Floriano, Victoriano Fuentes, Juan Barrigón y Luis Doncel, que se encontraban trabajando en dicha obra cuando ocurrió la desgracia.

También han emitido ó emitirán dictamen ante el Juzgado, sobre las causas que hayan podido producir el desprendimiento, los arquitectos Sres. Rodríguez y Arias Montano.

NOBLE PROCEDER

Nuestro querido amigo el concejal republicano de este Ayuntamiento, que vive muy próximo al solar de la ocurrencia y que trabajó incansablemente desde los primeros momentos, ofreció incondicionalmente su casa y cuanto en ella había, para auxiliar, si necesario hubiera sido, á los infelices obreros sepultados.

Desgraciadamente no pudieron utilizarse sus bueno y desinteresados ofrecimientos, mas no por eso dejará de agradecérselos la población entera, que ya conoce demasiado al Sr. Bazaga y que sabe goza de generales simpatías por la afabilidad de su carácter.

EL NORTE DE EXTREMADURA le envía las gracias más expresivas en nombre de las desconsoladas familias de las víctimas.

CARIDAD Y BUENOS SENTIMIENTOS

La Sociedad de obreros albañiles, á la que pertenecían los desgraciados obreros, ha hecho cuanto ha podido, dentro de sus escasos recursos, por sus tres malogrados compañeros y familias, y algunos individuos de los que forman su Junta directiva, han trabajado sin descanso hasta dar cima á los asuntos encomendarlos á su ejecución, que no han sido pocos.

Es digna de aplauso esta laboriosa y simpática Sociedad.

También merece alabanzas el proceder de los Sres. de Cedrún, dueños del solar de la casa que habrá de edificarse y donde ocurrió el hundimiento, pues han costeado los funerales de las víctimas y se proponen socorrer espléndidamente á sus desgraciadas familias.

Estos señores, que lamentan muchísimo la desgracia y que están muy afectados, dicennos que no han escatimado nunca, ni escatimarán en lo sucesivo, nada absolutamente para que las obras que ya se han ejecutado y en adelante se ejecuten en el solar de su propiedad, se lleven á cado con toda clase de seguridades.

El Círculo de la Concordia suspendió en señal de duelo el baile de confianza que tenía anunciado, y lo mismo hizo Mr. Marx, el Sansón del siglo XX, con la función que debió celebrarse aquella tarde en el Teatro de Variedades; determinación que le ha valido el aplauso unánime del vecindario. Mr. Marx ha prometido dar una función, cuyo producto entregará, en parte, á las familias de los muertos.

Y para que no quedara en eso la conmiseración del pueblo hacia las desgraciadas víctimas y sus infortunadas familias, el Círculos de Artesanos, á propuesta de su Directiva, ha abierto una suscripción, para con su producto aliviar en parte la aflictiva situación en que quedan los hijos y padres de los fallecidos.

En la Concordia y el Mercantil, también encontrará consuelo á su desgracia las infortunadas familias de las víctimas.

Loor al pueblo que así sabe aliviar las penalidades hijos y llorar el infortunio de sus hermanos.

LOS FUNERALES

A los verificados por los tres desgraciados obreros en la iglesia de Santa María, el jueves 27 á las ocho y media, que fue una impotente manifestación de duelo, asistió una numerosísima concurrencia de todas las clases sociales.

Presidió el duelo el gobernador civil señor Pelletán, que tenía a su lado al director del Instituto, al dueño de la obra D. Eduardo Gutiérrez Cedrún y al concejal y presidente del Centro Obrero D. Juan Canales, los que en unión de las familias de las víctimas, recibieron el pésame, asistiendo al acto todas las autoridades, nutrida representación de la Ciencia, las Letras y las Artes, la Banca, el Ejército, el Clero, el Comercio y la Industria, las sociedades de obreros confederadas y la de Socorros Mutuos, los jefes y dependencias de las oficinas de todos los órdenes, las clases de obreros, el senador D. José Trujillo, el diputado á Cortes D. Rafael Durán, y otros compañeros del Congreso, varios diputados provinciales; todo Cáceres, en fin, que ha visto con profunda é intenso dolor la triste suerte que ha cabido á esos tres infelices obreros; calculándose que asistieron á los funerales, muy cerca de seis mil personas, siendo interminable el desfile por la puerta de la iglesia.

Al terminar los funerales se formó una grandiosa manifestación de toda clase de personas, que con un número considerable de blandones encendidos, fue á depositar en el Cementerio y en la tumba de los tres trabajadores sepultados, preciosas coronas, costeadas tres por la Sociedad de obreros albañiles con esta dedicatoria: “Los albañiles asociados de Cáceres á las víctimas del trabajo” y otra del Centro Obrero con la siguiente inscripción: “El Centro Obrero á los mártires del trabajo. 25 Diciembre 1906”. Una vez terminada la fúnebre ceremonia, subió la manifestación, recorriendo la misma carrera y disolviéndose en el Centro Obrero, guardando en todo el trayecto recorrido, el mayor orden y compostura posibles.

* * *

En señal de sentimiento por esta horrenda desgracia y mientras se celebraban los funerales y regresaba la comitiva que fue al Cementerio á depositar las coronas, se cerraron todas las oficinas, comercios y talleres, prueba indudable de que la clase obrera por su sensatez y cordura, ha sabido conquistarse las simpatías del hospitalario y caritativo pueblo cacereño.

Descansen en paz los infortunados obreros y quiera Dios que el sacrificio de sus vidas sirva de lección para lo sucesivo.

* * *

El día 27 llegó á ésta el Sr. López, arquitecto director de las obras, el que terminado el funeral, se dirigió á las misma, acompañado del señor gobernador, empezando enseguida á tomar medidas de precaución y seguridad, pues en la noche última hubo nuevos desprendimientos en el ya tristemente célebre solar.

¡Ojalá no haya que lamentar ninguna nueva desgracia!

* * *

EL NORTE DE EXTREMADURA, deseando aliviar de algún modo al infortunio de las familias de las víctimas, abre una suscripción é invita á las personas caritativas á que le ayuden con su óbolo á este fin, agradeciendo por anticipado su generoso concurso

Suscripción. EL NORTE DE EXTREMADURA. 29 Diciembre 1906

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La Sociedad de albañiles y similares ha entregado á cada una de las familias de estos infortunados compañeros, víctima del desplome de tierras ocurrido en la calle de Solana, un donativo de cien pesetas.

También se ha iniciado entre los obreros una suscripción individual con el mismo fin, cuyos fondos se recogerán en el Centro Obrero.

* * *

A la hora de entrar en máquina este número, nos dicen –sin que nosotros respondamos de la noticia- que el Ayuntamiento ha acordado en la sesión de hoy, accediendo á la solicitud presentada por el concejal señor Canales, socorrer á cada una de las familias de las víctimas del día 25, con doscientas cincuenta pesetas.

Celebraríamos se confirmara la victoria.

Vale.

El 15 de diciembre de 1905, el periódico El Norte de Extremadura insertaba un comunicado de Manuel Sánchez del Pozo, sobre la publicación unos meses antes de un cuadro cronológico de los alcaldes que había tenido hasta la fecha la ciudad de Cáceres, elaborado por el cronista Marcelino Gutiérrez del Caño.

Sin duda, Manuel Sánchez del Pozo fue un personaje peculiar, abogado, periodista director de La Asamblea, de inspiración republicana, el mismo Sánchez del Pozo miembro de los republicanos en la ciudad.

Discrepa el autor del cuadro elaborado por el cronista, haciendo ver la existencia de algunas omisiones o algunas incorrecciones. La forma de escribir de Sánchez del Pozo, del que hemos transcrito algunos de sus textos que publicaba bajo el epígrafe de “Un tiempo Viejo” dejan dos puntos bastante claros: que no pretendía hacer colación de tomos, folios e inscripciones como haría un investigador histórico (v.gr. Gutiérrez del Caño), y que fiaba muchos elementos a su memoria, ya fuera por haber conocido algunas historias personalmente, o ya fuera por haberlas conocido a través de la tradición oral.

En esta entrada, además, hace referencia a cómo se llevaban a cabo las penas de ejecución de reos, que tenían lugar en la Plaza Mayor, y que contaban con el “auxilio” de la Cofradía de Nuestra Señora de la Caridad”, cuya historia de fundación y actividades también había glosado Gutiérrez del Caño.

Cabecera. EL NORTE DE EXTREMADURA. 15 de Diciembre de 1905.

Los alcaldes de Cáceres

Comunicado

Señor Director de

El Norte de Extremadura.

Mi estimado amigo: Como ya tuve el gusto de manifestarle, remito para su inserción en el periódico que tan dignamente dirige, las adjuntas cuartillas con las omisiones é inexactitudes históricas que he encontrado en los trabajos hechos por el cronista de nuestro Municipio, D. Marcelino Gutiérrez del Caño, y á los que ha dado publicidad, no habiendo querido ocuparme antes de citados trabajos en espera de que la notable Revista de Extremadura, donde colaboran tantas personalidades de mucha mejor competencia que la mía en todas materias, hubieran llamado  la atención del laborioso cronista á fin de que subsanara aquellas deficiencias; más visto que no lo han hecho, voy á permitirme el hacerlo ya, poniendo en tortura mi ya achacosa y desconcertada memoria; y esto sentado, entro en materia.

Lástima es que un trabajo tan minucioso y complejo como el que representa el cuadro cronológico que nos dio há pocos meses el Sr. Gutiérrez del Caño, relativo á los alcaldes presidentes de nuestro Municipio desde principios del siglo XVI hasta nuestros días, no sea sin embargo lo rigurosamente exacto que debiera ser si al confeccionarlo se hubieran registrado y tenido presente todos y cada uno de los datos existentes en nuestro Archivo municipal, que seguramente hubieran puesto en autos al señor Gutiérrez del Caño, que en el período constitucional que trajo al país el pronunciamiento de Riego en las Cabezas de San Juan, en 1820, derogado por Fernando VII en el Puerto de Santa María, en 1823, no fueron sólo presidentes del Ayuntamiento los citados en el cuadro, Sres. D. Alvaro Gómez Becerra, D. José de Ulloa y Cáceres y D. Julián Sánchez del Pozo, sino que desempeñaron aquel honroso cargo D. Juan Rubio (conocido como Cirilo), y D. Vicente Cabrera, vizconde de la Torre de Albarragena, a que entregó la jurisdicción D. Julián Sánchez del Pozo en cuanto llegó á Cáceres el decreto de Fernando VII aboliendo la Constitución de 1812.

De igual modo se omite el nombre del alcalde D. José de Ovando y Porras, que presidía el Ayuntamiento, y con tal carácter inauguró las primeras corridas de todos que se celebraron en nuestro circo taurino en los días 6, 7 y 8 de Agosto de 1846, y sin poder precisar el año, recuerdo asimismo que en la sexta década del pasado siglo haber conocido presidiendo el Municipio á mi querido y particular amigo ya difunto D. Joaquín Bibiano Mayoralgo, conde de Mayoralgo, nieto del que con iguales nombres y título presidió el Municipio en 1823.

También cita á otro querido amigo D. Joaquín Cabrera y   Melgarejo,   vizconde de la Torre de Albarragena, como alcalde interino, cuando lo fué en propiedad y asimismo no deja de extrañarme, tanto más , cuando se ocupa en señalar en su cuadro á presidentes que fueron interinos ó accidentales, la omisión que se hace del Sr. Joaquín Muñoz Chaves, alcalde popular que en 1869, juntamente con el entonces gobernador de la provincia, D. Juan Antonio Corcuera, hicieron de la proclamación del Código fundamental que las Cortes de aquel año habían confeccionado.

Esto es lo que á la ligera puedo decir respecto al cuadro cronológico; vamos ahora á ocuparnos de la Cofradía de Nuestra Señora de la Caridad en Cáceres, y de la cual hace historia el Sr. Gutiérrez del caño, dado á la publicidad en el número 516 del Noticiero Extremeño correspondiente al lunes 23 de Octubre del año corriente [1905].

Por demás curioso y detallado es el relato que el Sr. Gutiérrez del Caño hace de la piadosa Cofradía en sus condiciones generales y fecha de su fundación, pero en la reseña de colaciones que la Cofradía repartía en días determinado (sin duda por error de imprenta) se habla de rosquillas de Alfajos, cuando debe decirse Alfajor, muy celebradas en la provincia, especialmente si las tales rosquillas son confeccionadas en el inmediato pueblo del Casar, donde se hacen exquisitas.

Respecto a la instalación de los cofrades en la ermita de la Paz para la colocación en ella de la mesa petitoria, responso, etcétera, durante la estancia de los reos en capilla y días de ejecución, á los datos que aporta el Sr. Gutiérrez del Caño, añadiremos nosotros, que ya en los comiendo del pasado siglo fueron modificándose ciertas prácticas, tales como suprimir la bárbara mutilación de la oreja ó rabo del jumento embargado por el pregonero para la conducción del reo al patíbulo, así como el color de la hopa á los agarrotados, que era de bayeta amarilla, reservándose el color negro para los ajusticiados nobles; como ocurrió al ser ejecutado D. José Rodríguez Fuertes, cura de Calzadilla de los Barros, que se diferenció de los reos comunes no sólo en el color de la hopa, sino en haber sido conducido en mula y no en asno, como era costumbre, al cadalso.

Y aquí viene domo de molde el que hagamos mención de otro noble ejecutado cuatro años antes, con el cual no se guaron [guardaron] idénticas formalidades, porque las pasiones nos conducen siempre á la exageración, y más si son políticas y por el ofuscamiento que nos perturba, atropellamos cuanto se nos pone por delante, con tal de satisfacer nuestro rencor.

Ramón Casas. Garrote Vil. Museo Reina Sofía.

Al cura de Calzadilla lo llevó al suplicio un delito vulgar (un asesinato), mientras que á D. Mariano Ceferino del Pozo, alias Boquique¸ lo condujo su decidido amor por la causa carlista, en cuya defensa había tomado las armas, y hecho prisionero por los nacionales placentinos, fué conducido á esta capital, donde el fiscal de esta Audiencia que lo era á la sazón el notable jurisconsulto don Juan Bravo Murillo, apoyándose en una real orden poco antes inserta en la Gaceta, y autorizada por el ministro D. Alvaro Gómez Becerra, formuló por escrito primero, oralmente después una tan violenta y encarnizada acusación, contra el desdichado don Mariano, que no sólo lo condujo al cadalso, sino que hasta se le privó de aquellos tristes privilegios que con  los nobles se practicaban, y fué al patíbulo en caballería menor vistiendo hopa amarilla, como cualquiera otro reo vulgar; por cierto que desde aquella ejecución no se han vuelto á ver en nuestra plaza [Plaza Mayor] la repugnante y asquerosa silueta del garrote.

Esta inquina desplegada contra el anciano D. Mariano Ceferino del Pozo, tiene no obstante, su explicación como represalia de otra ejecución que once años antes se había hecho con el liberal Martín Paredes, natural y vecino de esta capital, que entró á arma y fuego, formando parte como miliciano nacional, de la columna mandada por el Empecinado, el 17 de Octubre de 1823, para restablecer el sistema constitucional, por lo cual, tanto él como sus compañeros milicianos de Cáceres, D. José Ulloa, D. Juan Rubio (conocido por Cirilo), D. Manuel Pedregal y D. Vicente Álvarez de Toledo, fueron perseguidos y encarcelado Rubio, Pedregal y Toledo; Paredes se ocultó en una cueva en las fragosidades de la Montaña, y Ulloa consiguió emigrar a Portugal, mientras que en la Audiencia se sustanciaba el proceso que se les formó.

El desgraciado Paredes, descubierto en su escondite por los voluntarios realistas, fué traído á la cárcel y se le supuso (falsamente) el haber sustraído de la ermita de la Montaña, de un niño Jesús, las tres potencias de plata que adornaban la cabeza, fué inicuamente ajusticiado, con gran contento de los realistas, en 1824, y de cuya ejecución tampoco se nos da cuenta en sus historia de la Cofradía de la Caridad el Sr. Gutiérrez del Caño.

Respecto á los otros liberales encausados, D. Juan Rubio, que había desempeñado la Alcaldía constitucional en un corto período en la época del 20 al 23, supuso con sobra de fundamento, que se le preparaba la suerte que á su correligionario Paredes, y se proporcionó un veneno, con el que se quitó la vida en la cárcel, y respecto a Pedregal y Toledo, fueron condenados á presidio.

Estos antecedentes causaron el trágico fin del tantas veces nombrado Boquique, que para su martirio tuviera especial parecido don el de Paredes, á éste lo hallaron y prendieron en la Montaña de Cáceres los voluntarios realistas, y á Boquique, de igual modo lo hallaron oculto entre las breñas de la Virgen del Puerto de Plasencia, los milicianos nacionales de aquella ciudad.

Réstame, pues, para terminar, advertir el señor cronista Gutiérrez del Caño, que tampoco menciona al penúltimo de los ajusticiados en la capital, Antonio Maestre, natural de Sierra de Fuentes, agarrotado en 1868.

M.S. DEL POZO
MANUEL SÁNCHEZ DEL POZO

Vale.

En abril de 1923 aparecía en Cáceres un periódico publicado por la Acción Católica, y que tenía como línea editorial única difundir los intereses de la diócesis de Coria-Cáceres, insertando en sus cuatro páginas iniciales informaciones que eran redactadas por miembros del obispado o despachos de prensa claramente católicos.

También incluía, cuando lo veían necesarios notas reprobatorias sobre alguna publicación o sobre otros soportes de comunicación, ejerciendo el papel de censores.

Aquel boletín supervivió a la guerra civil (lógico) y a toda la dictadura y al período democrático actual. Aquel boletín se llamaba Extremadura, y es curioso que subsistiera, como también lo hizo el diario HOY, de la misma factura. Y son los dos únicos medios escritos que actualmente se publican en papel en la Comunidad Autónoma.

El 20 de abril de 1923, bajo el título “la última de abono”, el Extremadura incluía el siguiente texto.

LA ÚLTIMA DE ABONO

El pasado viernes, terminó en la Audiencia, con la vista de una causa por asesinato, la serie de jurados del actual cuatrimestre. Por cierto, que fué bien episódico el que cerró el período.

En el pueblo de Herguijuelas [sic], vivían dos cuñados, en esa franca armonía con que hoy viven encantados de la vida franceses y alemanes en la cuenca del Ruhr; jamás se dió otro caso de dos hermanos políticos, que se trataran tan impolíticamente.

Era el infecto –a creer a todo el pueblo, a los testigos, a su misma viuda- de carácter pendenciero, matón y perdonavidas. La propia costilla fué víctima en sus días de las iras de su cónyuge, que puesto siempre con ella en plan de Landrú, la infirió cierta vez una puñalada brutal. También su cuñado, el procesado, que es en cambio un infeliz anciano, achacoso y macilento, más inofensivo que un sereno en provincias, soportó en otra ocasión un golpe de estaca, que le dejara un ojo a la violette.

El origen de este tratito rifeño era no más que el deseo que tenía el muerto de apropiarse de la tierrita que su cuñado poseía; y tanto, en sus ambiciones, llegó a extremar su crueldad que una mañana, a la del alba próximamente, como el procesado viera llegar junto a sí a su verdugo, obrando irreflexivo bajo el aquél del miedo, cogió una escopeta y propinó a su agresor una copiosa ducha de perdigones que le dejó seco en el acto.

Tal es el hecho de autos, contado a grosso modo.

Empieza la vista con la declaración del procesado. Es este, como decimos, un vejete decrépito, balbuciente, tardo en oír y responder; no hay pregunta a la conteste sin antes timarse con la defensa. La Presidencia con discreta veteranía le amonesta y ordena mirar al frente.

EXTREMADURA. Cabecera. 20 Abril 1923.

Con el aplomo de un Alcubilla en rústica, asegura haber declarado lo mismo que ahora dice, en la “Audiencia de Herguijuelas”. ¡Si lo oye Melitón González!

Contemplándole hemos sufrido una gran decepción. Fuimos bajo la impresión de ver a un criminal nato, un ejemplar del “Homo delincuente” lambrosiano [sic], con mirada torva, cínica sonrisa, catadura patibularia, y nos encontramos ante un pobre anciano que parece aterido de frío y aturdido de temor, que tiene las manos juntas en actitud beatífica y el temblique tan propio de su edad, y que realmente invita más que a formularle una acusación de asesino, a llegarse junto a él, darle una cariñosa palmadita en la espalda, y ayudándole a levantarse del banquillo, decirle dulcemente: “Tome, buen hombre, la papeleta y a las Hermanas”.

Declara después una testigo, esposa de la víctima y hermana del procesado.

Tiene facha varonil y es de facciones hotentoceas. Con el tonillo de una gitana superchera, va adjetivando a su marido de tál y de cuál y cuenta este sucedido y alude al de más allá. Tan a máquina ha prestado su declaración, declaración que parece el informe de un acusador privado, que oyéndola recordábamos esos colegiales aprovechaditos en día de empollación.

En el curso de aquella, la desnaturalizada viuda ha intercalado frases sumariales que no dudamos en calificar de pronóstico reservado¸ auténticos venablos extremeños que causan sonrisas maliciosas en la muchedumbre.

Viene luego la hija del difunto; en esta, todavía el grito de la sangre que pide siquiera respeto para el muerto, puede tanto como la voz de la conciencia, aunque ésta exija la verdad para la Justicia; con voz opaca presta su declaración sencilla y emotiva, en la que ni ofende la memoria del padre ni acusa la presencia del tío. Se ha suspendido la sesión hasta la tarde; mejor, que los juicios con segundas partes interesan doblemente con el interés de la segunda entrega de un novelón folletinesco.

En esta jornada, el fiscal en su disertación  no ha podido encontrar a favor del procesado las eximentes del miedo insuperable, y de legítima defensa que le aminoren la pena correspondiente; pero ya se encargará de ello la defensa, pues en estos torneos judiciales las razones de ambas partes son las mismas vueltas del revé.

El jurado pronuncia veredicto de inculpabilidad. El ministerio Fiscal, no conforme con él, solicita nueva revisión ante otro Tribunal popular. La Sala desestima la petición y en consecuencia falla absolviendo al procesado.

El sentimentalismo público está a punto de estallar en muestras de júbilo; los más curiosos se precipita[n] a la calle para ir a presenciar la salida de la Cárcel del sexagenario libertado, que en ella entró ha un año y de la que esperaba salir en quince.

Un detalle: según dijeron los testigo para dar idea de lo malquisto que era en el pueblo el interfecto, el día que lo escabecharon, los mozos del lugar, cumpliéndose la promesa hecha hacía tiempo, organizaron para festejar el diñen del coco, un The dazant, de lo más divertido y beocio que se ha conocido en la comarca.

Sí, pues, de modo tan peregrino celebraron entonces los funerales por la víctima, bien será que ahora festejen la libertad del matador, con un homenaje vecinal, un banquete por ejemplo un cuadro de costumbres que cualquiera podría bautizar como “la justicia en cafrería o qué bien lo estamos pasando”.

Vale.

El diario La Montaña fue un periódico de orientación claramente católica, que cubrió una parte importante de la información que se producía en la ciudad, a medida que fueron desapareciendo otros periódicos que habían tenido influencia desde comienzos del siglo XX. También hay que tener en cuenta que desde 1921 gobernaba la Dictadura impuesta, con el beneplácito de Alfonso XIII, por Primo de Rivera. 

Impresiones de un reporte

Suponemos que todo buen cacereño conocerá un no muy grande local, adosado a cierta parte de nuestra roja casa municipal y que sobre ancha portalada ostenta un rótulo en mármol que die ·Parque de Bomberos”.

Diario La Montaña. 10 de Enero de 1922. Cáceres.

Nosotros somos muy curiosos, pequeño vicio que ya nos ha dado algún disgustillo. Al leer el rótulo mencionado, sentimos cosquillearnos las piernas y que el cuello de piqué nos molestaba; síntomas indudables de que la curiosidad comenzaba a invadirnos. Un parque de bomberos no es cosa que pueda admirarse a diario, ni está al alcance de todos los mortales. La tentación era grande. La puerta, entreabierta, nadie en el recinto… Nos subimos el cuello del gabán, calamos hasta las cejas el borsalino, y como cualquier apache de cine, penetramos en el local, cautos, de puntilla, como sombra fantástica. Nos llevamos un solemne chasco: allí no había aparato alguno que respondiera al letrero “Parque de Bomberos”.

¿Y las bombas? Miramos en los rincones,  debajo de las estanterías, detrás de la puerta… Nada. En el centro había un pequeño carro de mano cubierto  por una tela impermeable. Respiramos. “¡Aquí está el artefacto!” Nuestra curiosidad iba a ser satisfecha. Nos relamíamos como un niño que se come un pastel. Delicadamente, con los dedos pulgar e índice de la mano derecha “-por más señas-“ levantamos la lona… ¡Nada! ¡No había nada!.

Por primera vez en nuestra vida, la curiosidad salió perdiendo. ¿Por qué llamarán a aquello “Parque de Bomberos? ¡Ni siquiera una humilde bomba de inflar neumáticos!, unos cubos, unas piquetas, cuerdas; un carro. ¡Nada más!

Entonces, cuando hay un fuego en la ciudad, ¿con qué lo extinguen?

ÁLVAREZ JUSUÉ

Durante los primeros años de la década de 1900, por diversas autoridades locales y provinciales se pretendió que la ciudad contara con una Academia Militar, ofreciéndose para ello el Hospital Provincial y destinando a las funciones sanitarias y de beneficencia del mismo, el conventual de San Francisco. El Ayuntamiento y la Diputación provincial adoptaron acuerdos políticos para que, si la dotación la Academia militar llegaba a la ciudad, se pudieran hacer realidad tanto el uso militar para el Hospital y el sanitario y de beneficencia para el convento de San Francisco.

El 8 de octubre de 1904, Manuel Sánchez del Pozo escribió el artículo que a continuación se reproduce, en el que manifiesta su rechazo a que San Francisco acogiera el uso sanitario. Manuel Sánchez del Pozo escribió bajo el epígrafe de “El tiempo viejo” varios artículos cuyo contenido fue y es ignorado o, incluso, despreciado por diversos autores, pero que en su momento tuvieron el acogimiento en los periódicos de la época.

Con sumo gusto, defiriendo á las indicaciones de algunos amigos que han leído con sorpresa en El Noticiero que el local del ex-convento de San Francisco reúne condiciones higiénicas á propósito para hospital, sin más razón que la de haber sido elegido por los frailes para vivienda propia, vamos á historiar á grandes rasgos sus antecedentes para que El Noticiero se persuada de la ligereza con que ha sido emitida su opinión, pues ni el sitio fué elegido por los frailes, ni la situación que ocupa en el centro de la ribera el edificio le pueden prestar condiciones de salubridad, ni en el siglo XV que se edificó el convento, estaba la ciencia médica á la altura de hoy para juzgar la inconveniencia de su instalación en aquel lugar.

Vista del Conventual de San Francisco. 2019.

Según la historia del reverendo padre definidor fray José de Santa Cruz, referente a la provincia de San Miguel de Intratragun, á la que pertenecía el convento de franciscanos re regulares observantes de Cáceres, dicho convento se debió á un milagro que describe de esta forma:

«Triste y abatido por no haber logrado que el Concejo de la villa le condiera permiso y terreno donde fundar un convento de su Orden, caminaba hacia Mérida el virtuoso fray José Ferrer, en un pequeño pollino, que habiendo perdido una herradura marchaba con gran dificultad, cuando la casualidad hizo que, en dirección contraria y de vuelta de su paseo, regresara á la villa, ginete en un poderoso caballo; el regidor perpetuo D. Diego García de Ulloa, que no obstante haber sido el que más oposición había hecho en el Concejo, á la solicitud de fray José; éste, atendiendo solo a las riquezas que poseía, se acercó humildemente al caballero demandando una limosna para herrar al pequeño jumento que le conducía.

Persuadido el Ulloa de que no llevaba dinero alguno á prevención, le manifestó con agradable cortesía su sentimiento de no poderle complacer, mas como fray José insistiese rogándole que se registrase los bolsillo, visiblemente contrariado, procedió á registrarse, y cuál no sería su asombro al sacar entre los dedos una extraña moneda de oro que nunca habían visto sus ojos.

Presa de una intensa emoción se apeó del caballo y abrazando á fray José le rogó que se volviera á la villa, citó nuevamente al Concejo á sesión extraordinaria donde expuso lo acaecido, y tales fueron sus manifestaciones que el Consejo en pleno no sólo determinó la fundación del convento á sus expensas, sino que la obra se realizase en corto plazo y en el sitio que se obró el referido milagro.

El convento se inauguró en 1472, y bajo el patronato de los reyes católicos, sus primero habitantes fueron diez y ocho monjes (1) que antes de seis años se vieron reducidos a menos de la mitad para el trabajo en las predicaciones y cura de almas, pues las calenturas intermitentes los perseguían por modo extraordinario.

Escudo de la fachada del Conventual de San Francisco. 2020.

Esta circunstancia fatal les obligó a pedir hospitalidad dentro de la población, donde establecer una enfermería, y á la munificencia de un ilustre prócer, progenitor del señor vizconde de la Torre Albarragena, decidieron el poder tener la espaciosa y bien acondicionada enfermería de San Antonio de Padua, donde siempre residieron el mayor número de frailes por las excelentes condiciones de salubridad que ofrecía.»

Ventana de la antigua Enfermería de San Antonio. 2019.

Sin que para nosotros haya verdadera exactitud histórica en la relación de todos los hechos narrados por el reverendo definidor, no terminaremos este artículo sin consignar otro hecho que cita, de que habiendo pedido el primer guardián al citado don Diego Ulloa una arroba de vino para el sacrificio de la Misa, se excusó Ulloa por no tener más vino que el de una tinaja que por haberse agriado no podía ya beberse, pero queriendo el guardián probarlo, pasaron á la bodega, viendo D. Diego con sorpresa que el vino antes picado, se había convertido en un excelente vino rancio.

MANUEL SÁNCHEZ DEL POZO

El texto que se inserta a continuación fue publicado el 5 de noviembre de 1904 en el periódico EL NORTE DE EXTREMADURA, firmado por Manuel Sánchez del Pozo, autor de diversas publicaciones en prensa de la época, recogiendo noticias e informaciones que señalan aspectos pocos conocidos de la historia de la ciudad de Cáceres.

He aquí el nombre de una humilde sirvienta que tuvo el privilegio de hacerse célebre entre los vecinos de la muy noble y leal villa de Cáceres por un arranque de genio varonil en defensa de su ultrajado amor propio.

Corrían los últimos años del siglo XVIII cuando nuestra protagonista fue traída del pueblo de Arroyo del Puerco, de donde era natural, por sus padres Andrés Cacho y Ana Tejado, á fin de colocarla de sirvienta en casa de la muy ilustre dama Dª Cayetana de Ovando, viuda del teniente general marqués de Camarena la Real, razón por la cual era conocida en la villa con el epíteto de la Generala, y su casa aun hoy, convertida en colegio, es conocida por el mismo nombre.

Decíase que la María Cacho, al propio tiempo de venir satisfechísima á servir á casa tan ilustre, no dejaba de abrigar en su corazón temores fundados, por ser de público conocido el carácter un tanto violento de Dª Cayetana, con la agravante circunstancia de haber sido servida en el Perú y en la Florida por esclavos, cuyos virreinatos había desempeñado su marido D. Vicente Francisco de Ovando, marqués de Camarena la Real, algunos años.

Mucho agradó á Dª Cayetana el aspecto varonil de María, cuyo desarrollo muscula no era inconveniente a su natural belleza, que hacían más singular dos grandes ojos, cuyas cejas se unían sobre la nariz formando una sola obscura y poblada.

Casa de la Generala. Cáceres

La casa de la Generala era la más importante de la villa porque esta noble dama, á sus antecedentes linajudos unía una instrucción poco común, esmerado trato social y gran influencia en la corte de Carlos IV, circunstancia que unida a la de ser madre del entonces marqués de Camarena la Real. D. Vicente María de Ovando, y tener á su hija Dª Vicenta casada con el marqués de Torreorgaz, D. Manuel Aponte, hacían que su casa fuera el centro obligado de la aristocracia cacereña, y puede decirse que de la flamante Audiencia, pues lo mismo el regente que los oidores y alcaldes del crimen pasaban las noches en la tertulia de Dª Cayetana, que se complacía en obsequiar á sus contertulios con todo linaje de agasajos.

Servía de mayordomo y administrador de Dª Cayetana su antiguo paje, á la sazón procurador de los Tribunales, por influencia de la misma, D. José García Carrasco, á cuya gestión fue debida la entrada en la casa de la sirvienta María, que fue presentada por su ama á los contertulios, que ponderaron su simpática y arrogante figura y aun se decía que más de un oidor y alcalde del crimen solían pedir agua sin que les molestase la sed, por el sólo gusto de que se presentase en la sala María conduciendo en una rica salvilla de plata tallados vasos de cristal con el apetecido líquido.

Ya hemos dicho que Dª Cayetana tenía un carácter violento y que la María á  su vez, conocedora del propio suyo, abrigaba fundados temores de que llegara algún día en que no pudiera sujetarse y hubiera un enfrentamiento entre ambas; pero esto no obstante pasaron cerca de tres años sin que María demostrara su genio, á pesar de que en dos ocasiones, una porque María pegó á Bartolo, mono muy querido de la Generala, y otra por haber roto un jarrón de china, fue abofeteada por la señora, ultraje que recibió con cristiana resignación, y no se salió de la casa porque tanto D. José Carrasco como el marqués de Camarena la Real la disuadieron; y este último reprochó á su señora madre sus violencias son una sirvienta, de la que decía ella misma lo difícil que sería encontrar una criada semejante.

Siempre se ha dicho que la fortuna de un tonto es dar con otro, y al fin vino a suceder lo que María presagiaba. Una mañana peinaba á su señora, que usaba  para sujetarse el peinado una larga y gruesa alfiler de oro, y por un motivo baladí en el que la Generala disputaba tener razón y la María no se la daba, fundándose en que lo había visto ella, indignada Dª Cayetana , sin mirarla ni reparar dónde, le clavó el alfiler de oro en el pecho derecho, y tan intenso fué el dolor y tal coraje se apoderó de María, que cogiendo á su ama por el pelo la hizo caer para atrás arrastrándola por un buen espacio del suelo.

A los gritos de Dª Cayetana acudieron los demás criados, representando en sus semblantes el asombro al ver á María hecha una furia contra su ama sin cuidarse de la presencia de sus compañeros, hasta que á viva fuerza  éstos la desasieron del pelo de la Generala, que había perdido el sentido, y mientras la condujeron á la cama, María huyó de la casa, yendo á refugiarse á la ermita de El Amparo, desde la que fué conducida por la tarde á la cárcel de villa, donde por la noche fue atacada de una fuerte calentura, producida por la gran inflamación del pecho, que á los once días le tuvo que sajar el facultativo D. Francisco Cansado; y á esta circunstancia y á la de la haberse quedado en susto el síncope que sufrió Dª Cayetana, se debió el que en toda la villa se diera la razón á María, que sólo estuvo detenida cinco días, y que la propia doña Cayetana influyó en los jueces para que la causa no se siguiera.

De este modo se vio libre y pudo volver al Arroyo de donde no quiso salir más, á pesar de haberla solicitado muy buenas casas para servir.

Manuel Sánchez del Pozo

El periódico El Norte de Extremadura de los días 6 y 14 de mayo de 1904 publicó en dos entregas la historia de un cacereño del siglo IX que sirvió a las órdenes del emir Abderrahman II y sus sucesores Mohamed, Almondhir y Abdalá. Según lo publicado en El Norte de Extremadura, aquel cacereño nació en 802 y murió en Córdoba en 859.

Los número del periódico consultados son el 264 y 266, ya que en la hemeroteca de prensa histórica no aparece el 265, por lo que pudiera haber un salto en la historia, aunque en el nº 266 aparece la entrega con el II.

No he encontrado referencias al personaje cacereño en búsquedas por la red, ni tampoco he podido saber si la Historia inédita de Cáceres que preparaba Manuel Sánchez del Pozo llegó a publicarse. Sí hay un expediente en el archivo municipal de Cáceres que se refiere a esa historia, cuando su autor solicitó del Ayuntamiento una ayuda con los gastos para la obra que estaba preparando. La petición de ayuda fue en 1897, y la cita al autor en el periódico que publicó esta historia es de 1904.

Un cacereño ilustre del siglo IX

Con sumo gusto damos cabida en nuestras columnas á los siguientes fragmentos tomados de la Historia inédita de Cáceres de nuestro particular amigo D. Manuel Sánchez del Pozo, referentes á un ilustre hijo de esta ciudad que representó importantísimo papel en la corte de los emires ommiadas.

Por los años de 824, ocupando el trono cordobés el emir Abderrahman II, su canciller Abdallá-Ibn-Omega, que había venido á Extremadura con el objeto de regularizar los tributos causantes de sublevaciones y tumultos en Mérida y otros pueblos, al visitar á Cáceres tuvo la ocasión conocer á un joven cristiano de veintidós años llamado Juan Pablo Gómez, empleado en el alcázar á las órdenes del caíd, encargado por éste de la recaudación de los tributos; con tal motivo fue el designado para ayudar en sus trabajos a Abdallá, que no obstante haber permanecido en Cáceres muy pocos días, fueron los bastantes para conocer el talento y excepcionales condiciones del joven cacereño, hasta el punto de proponerle el que lo acompañase á Coria primero, á Mérida después, y últimamente á Córdoba, donde á su lado y con su protección alcanzaría un bienestar y una ilustración que su permanencia en Cáceres no podría jamás proporcionarle.

Esta proposición de Abdallá, personaje de tal importancia en Córdoba, no podía ser rechazada por ningún joven que tuviera aspiraciones y mucho menos por Gómez, cuyo clao talento le hizo comprender todo el alcance de ella. Mostrándose agradecido á Abdallá, le manifestó su deseo que ya que tan bondadoso era con él, se sirviera de hacerle presente á su padre Antonino, única persona cuya voluntad era para él muy superior á la propia, que desde luego ponía á la disposición de su protector.

Abdallá, que con esta manifestación de Gómez vio un nuevo motivo para aquilatar más su mérito, hizo llamar por medio del caíd á Antonino, con el que sostuvo una larga conferencia que dio por resultado el que los deseos del canciller se realizaran, y el joven cacereño acompañó á Coria y Mérida á su nuevo jefe, dado á este con sus trabajos en una y otra ciudad pruebas inequívocas de sus excelentes aptitudes.

Vuelto á Córdoba, Abadallá no vaciló un momento en dar á conocer al emir todo lo que para el logro de su cometido en la regularización de los tributos se debía al joven Gómez, cuyos méritos y condiciones excepcionales supo pintarle (de) tal modo que, el emir no sólo accedió á firmar el nombramiento de segundo jefe de la cancillería á favor de Gómez, sino que quiso conocerle por sí mismo haciendo que Abdallá se lo presentase inmediatamente.

No tardó Gómez en captarse las simpatías de Abderrahman como se había captado las de Abdallá, y al poco tiempo de su estancia en Córdoba constituía una de las más poderosas influencias cerca del emir, sin que su cualidad de cristiano fuese obstáculo para merecer toda la confianza de Abderrahman.

El triunfo de Gómez fue completo, si bien contra aquella disposición protestaran los fanáticos intransigentes, Saul, el sacerdote Eulogio y otros que por su desobediencia fueron mandados encarcelar por el metropolitano Rocafredo.

(Aquí parece haber un salto en la narración, por la inexistencia de referencias al Concilio que luego se cita. Fue un concilio de obispos mozárabes, presidido por Rocafredo, en el año 852).

A partir de la declaración del Concilio, ningñun cristiano volvió á dar motivo con sus insultos á la religión mahometana para ser castigado.

Los intransigentes, los obsesionados, los fanáticos contemporáneos de Gómez no le perdonaron su iniciativa en aquel hecho extraordinario que tanta sangre y tantas lágrimas evitó al pueblo cordobés, y como los Jonios con Erostrato, trataron en sus narraciones de ocultar su nombre y origen y solo por el apellido de Gómez ha podido ser descrito por los orientalistas Dazi, Marmiller, Gayangos y otros.

No obstante haber fallecido el emir Abderrahman II el 13 de septiembre del mismo año 852 en que se verificó el Concilio, su hijo y sucesor Mohamed, que empezó su reinado destituyendo á todos los cristianos de cuantos cargos oficiales desempeñaban en la corte, hizo una excepción, conservando á Gómez en el mismo puesto que ocupaba con Abderrahman, probándose con este solo hecho el inmenso arraigo que tenía la influencia de Gómez en la corte cordobesa, que le obligó á la muerte del canciller Abdallá, su protector, á adjurar, haciéndose musulmán, sin cuyo requisito no era posible desempeñar la Cancillería.

Gómez, no por esto varió de nombre, pero su hijo, al adjurar con él, cambió el nombre deMartín con el de Omar-Ibn-Gómez.

El nuevo canciller alcanzó una edad tan avanzada que sobrevivió á su hijo y á los emires Mohamed, Almondhir y Abdallá. Murió en Córdoba en 895 y había nacido en Cáceres en 802.

Vale