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En estos tiempos de fake news y de opiniones encajadas para ser premiado, siquiera (y es mucho) con el inane reconocimiento de otros provincianos, circula algún que otro componedor de frases, a veces con cierto sentido, a veces con el único sentido del odio aprendido de tantos años de ejercicio, que uno echa en falta a aquellos auténticos componedores de sillas de mimbre en las que los convecinos se sentaban al caer la tarde veraniega, después de regar las macetas y dar un poco de frescor y humedad al ambiente.

Esos componedores de frases son una recua de lo que ellos se creen “escritores” por el simple hecho de juntar letras y conocer (y cuando no, pagar) a impresores que las den forma de libros, y tan malos resultan que ni siquiera sirven para calzar el escaño del zaguán de la que fue la casa de los honrados abuelos.

Pero suelen formar parte de una cuadra (cada ganadero tiene la suya), y que se dedican a la alabanza de sus iguales y el denuesto de los rivales. Sirven para rellenar alguna columna, o dos, de los libelos que van quedando en papel. También son banderines de enganche (como aquellos que tenía la Legión) a los que se pega la especie que más consume esa diatribas: los que leen (otra cuestión es la comprensión lectora) esas columnillas tomando un café aguado.

Seguro que los seguidores de esos libelos provincianos conocen a algún sujeto de esta especie de componedores, Incluso, hay periodistas de plantilla que han transformado sus reportajes o artículos en croniquillas en las que, mediante el halago de sus iguales siempre dejan ver el insulto a los que no lo son.

Como soy de provincias, de vez en cuando veo, leo e intento comprender (la capacidad de transmisión de algún componedor es manifiestamente mejorable) de qué van esas letras (las 500 palabras, por ejemplo, que tiene que tener para encajar en el hueco del papel), y en ocasiones tropiezo con alguno cuya intención comunicadora sigue, como en sus muchos años anteriores, presa de los mismos barrotes, de la misma cárcel.

Vale.

La nueva normalidad que se vislumbra tras un aparente próximo final de la pandemia por conoravirus COVID-19 era esto, era volver a los fascistas tomando las calle montados en los vehículos de alta gama que pasean ostentóreamente (Gil dixit).

La nueva normalidad era que, ante un aparente final de la pandemia, los fascistas volverían a exhibir su bandera, sí, la suya, sujeta con palos con los que agredir a quienes creen, ingenuos, que es la bandera de todos.

La nueva normalidad era que, cuando intuyen que los servicios públicos les han salvado de la pandemia, volverían a reclamar sus recortes, sus diatribas contra la sanidad pública, con la educación pública.

La nueva normalidad era que, cuando visualizan el fin de la pandemia a la que ellos no se han enfrentado y han dejado que sea el pueblo quien lo haga por ellos, reclaman lo que siempre han creído: que el poder les pertenece por derecho natural, por designios divinos, como ponía en las monedas acuñadas por Paca la Culona, por la gracia de Dios.

La nueva normalidad, al final, es que quienes detentaron siempre el poder, ahora lo reclaman contra quienes lo ostenta democráticamente.

La nueva normalidad es volver a poner “en su sitio” derechos (los de ellos) y obligaciones (todas las nuestras) y colocar en medio, como barricadas, su bandera. Sí, la suya exclusivamente.

Vale.

En enero de 2020, la congregación de las Hermanitas de los Pobres anunció su marcha de Cáceres después de más de 140 años en la ciudad. Las razones se pueden ver en las noticias de mediados de enero. La residencia de ancianos que regentan, se cierra y la marcha de la ciudad de las monjas hacen que el inmueble esté ahora mismo en el mercado inmobiliario.

Hace poco menos de un mes, El Corte Inglés anunció el cierre de la planta de INDUYCO en la ciudad. Una industria que llegó a tener más de 600 trabajadores, aunque ya solamente queda menos de 40. Según la información de la empresa, será en el primer semestre de 2021 cuando echen el cierre.

Cuando nos llegue la nueva normalidad y, ojalá, se encuentre una vacuna contra el COVID-19, Cáceres se encontrará un poco más cerrada de lo que ha venido estando en los últimos años. Cerrada por falta de uso.

No parece que tras lo sucedido con el coronavirus, el edificio de las Hermanitas de los Pobres (conocido también como “Mi Casa”), haya empresas privadas, inversores privados que apuesten por comprar el inmueble y mantener su uso como residencia de mayores. Y otros usos, como hoteleros, tendrán que someterse a la nueva normalidad, a los nuevos requisitos que hayan de reunir las nuevas aperturas de hoteles si, como parece, se modifican de manera sustancial.

También puede resultar complicado encontrar inversores privados para la adquisición de la fábrica textil que cerrará próximamente. La “nueve normalidad” tendrá efectos negativos sobre las inversiones privadas, pero, al mismo tiempo, creará nuevas oportunidades de negocios, lo que podría posibilitar a El Corte Inglés encontrar compradores para su fábrica.

Se me antoja más fácil “dar salida” en la “nueva normalidad” a la fábrica textil que al inmueble de las hermanitas de los Pobres. Solamente una modificación, compleja, del PGM para facilitar su uso residencial, con una rentabilidad alta (aumento significativo de las superficies construidas), serían una opción. Pero no parece que un PGM prácticamente sin estrenar desde su aprobación en 2010 pueda ser sometido a una tensión tan alta.

Cuando escribo esto, (viernes, 8 de mayo de 2020) los sindicatos y asociaciones de profesores consideran prematuro abrir los centros escolares y menos aún realizar actividades presenciales. En este debate, sobre cuándo realizar la vuelta a la escuela y en qué condiciones, hemos de considerar interesante la posibilidad de reducir la ratio de alumnos por aula, con dos variables: aumentar el número de profesores y aumentar el número de aulas. Alternativamente, la formación online debería ser reforzada, y mucho, para poder disminuir las necesidades de nuevo profesorado y de nuevas aulas.

Además, habrá de evaluarse cómo acometer la reapertura de centros escolares tanto de la ESO, Bachillerato, FP y, también, la Universidad. Los centros escolares de todo tipo habrán de adaptarse a la “nueva normalidad” hasta tanto se encuentra una vacuna eficaz, lo ahora mismo es un futuro demasiado incierto, a pesar de las múltiples investigaciones en marcha.

Analizar los recursos con los que cuenta la ciudad para aminorar el impacto, especialmente sobre los espacios físicos disponibles para la enseñanza presencial, incluiría inmuebles cerrados (de titularidad pública, principalmente) y su adscripción a nuevos usos. O inmuebles privados convertibles en uso docente, que pudieran asumir un número de alumnos suficientes que ayudara a racionalizar las necesidades adaptadas a la realidad. Un ejemplo, a vuela pluma, sería llegar a un acuerdo con El Corte Inglés y convertir la fábrica de INDUYCO en un centro de Formación Profesional para la familia textil, siempre que pudiera facilitar un número adecuado de plazas para alumnos.

Dejo fuera de esta reflexión los centros privados, que habrán de adaptarse, sean o no concertados, para conseguir un modelo de enseñanza lo más homogéneo posible en la ciudad, y también otros centros escolares o de formación que estarían en la misma disyuntiva de adaptarse a la “nueva normalidad”.

Vale.

DESPEDIDA Y CIERRE

Ahora, con el inicio de las distintas fases de la desescalada que nos deben llevar a la nueva normalidad o lo que sea eso, doy por finalizada esta serie de entradas que me han servido para conocer, siquiera sea de modo parcial, cómo era la sociedad cacereña de comienzos del siglo XX, con alguna incursión en finales del XIX.

No sabemos cómo y en qué consistirá esa nueva normalidad a la que nos dirigimos, y, al mismo tiempo, hemos estado más o menos encerrados en nuestras casas cuarenta y cinco días.

Hemos tratado de muchas maneras de hacer llevadero el confinamiento (en mi caso, una parte ha sido escribir las anteriores entradas en la web), mirarnos un poco en un espejo que se ha ido apagando al mismo tiempo que el virus nos va haciendo cada vez más presente que lo más probable será que muchas cosas no volverán al ser anterior.

Vale.

VULGARIDAD

Los periódicos locales de principios del Siglo XX estaban al servicio de ideas políticas, con las dos líneas básicas: liberales y conservadores. En algunos casos aún permanecen restos de algún sector republicano (hasta la muerte de Salemerón) y al servicio concreto de candidatos de ambos sectores. Además, estaban dirigidos a las clases superiores, las que tenían “cultura” y medios para la compra de los periódicos. El DIARIO DE CÁCERES publicó el 6 de noviembre de 1903 un suceso ocurrido en una taberna de la calle de Nidos, nº 3, y lo hizo “á pesar de su vulgaridad”. Las clases populares, además de pobres eran vulgares. Claro.

EL SUCESO DE HOY

Esta mañana ocurrió en la taberna que existe en la casa número 3 de la calle de Nidos, un suceso que á pesar de su vulgaridad ha interesado mucho al pacífico vecindario de aquellos alrededores.

El hecho

tal como fue referido al Juez de Instrucción es como sigue: Tomasa Gómez Pizarro, dueña del establecimiento, viuda y con dos hijos de corta edad, tiene una hermana casada en Plasencia con el alguacil de aquel Juzgado de quien tuvo á Julio Aceves Pizarro, protagonista del hecho que nos ocupa.

Este hace ya tiempo que vino á Cáceres, sirviendo como cochero en la casa de carruajes de Peña y Ramos; pero habiendo quedado cesante, se puso al frente del establecimiento de su tía, en cuya compañía vive, para ver si ayudándola en su comercio podían salir de la situación en extremo precaria en que se encuentran.

Esta mañana el Julio fue á la estación, donde tomó unas copas de aguardiente, y de regreso almorzó con su tía diciéndola que iba á salir, como en efecto lo hizo, dirigiéndose a otro establecimiento de bebidas, de donde le sacó la Tomasa haciéndole volver á casa.

Una vez en ella se encerró en un cuartucho, donde comenzó a disputar consigo mismo y á decir que no había hombre que se pusiera con él, saliendo al corral y creyéndose enemigo de sí propio, se infirió una puñalada, haciéndose una herida por la que comenzó á arrojar bastante sangre.

La herida

Avisados los agentes de la autoridad, penetraron en la casa, mientras otro compañero acudió á buscar á los médicos Sres. Sánchez Orduña y García Aguilera, que ayudados por el practicante Sr. Martínez, reconocieron la herida. Esta, que está situada en los cartílagos de las costillas falsas, tiene centímetro y medio de profundidad y es de pronóstico reservado.

El arma

con la que se la ha causado es una navaja ordinaria de 12 centímetros próximamente, de la que se incautó el Juzgado.

El Sr. Cardenal y el Escribano Sr. Gaona instruyen las diligencias procedentes y el herido hecha que fue la primera cura pasó conducido en la camilla al Hospital provincial.

Vale.

¿Qué será eso de la nueva normalidad? ¿Cómo será? ¿Cuánto nos afectará?

Cuando ayer, 28 de abril de 2020, el presidente del Gobierno se refería a la nueva normalidad y vi el “furor” causado por la expresión, no me quedó más remedio que escuchar la comparecencia entera (sin las preguntas de los “periodistas”). Más que nada por hacerme una ligera idea de a qué se refería.

Parece que los efectos de la pandemia causada por el coronavirus o COVID-19 van a ir más allá del tiempo que se tarde en doblegar la curva o de declarar superada la pandemia. De hecho, y fue una de las cosas que afirmó Pedro Sánchez es que no habrá fin de la pandemia hasta que no se encuentre una vacuna eficaz que prevenga de nuevos contagios masivos. Por lo tanto, más allá de la desescalada (otro concepto nuevo que asumimos con absoluta “normalidad”) habrá que seguir manteniendo algunas pautas, tanto sanitarias y de higiene individual, como de protección. Fue curiosa la afirmación de Pedro Sánchez de que hasta que se encuentre la vacuna, será “altamente recomendable” el uso de mascarillas en transportes públicos, en espacios con numeroso público, etc. Usar mascarilla hasta que aparezca la vacuna será un elemento de la nueva normalidad. No llevarla, sin que exista vacuna, se convertirá en un elemento de la “vieja” normalidad, que será una práctica peligrosa.

Pero habrá otros elementos a tener en cuenta en esa nueva normalidad, y pensando en diversos escenarios, podrían tener algunas prácticas preventivas. Ahora ya es habitual que en los colegios públicos, los niños más pequeños tengan un horario de recreo, y cuando es posible, un espacio, diferenciado de los más mayores. En un futuro, un colegio con 350-400 alumnos, tendrá que prever situaciones en las que las aglomeraciones sean menores. Seguramente, los consejos escolares y las ampas tendrán que valorarlo.

Lo mismo sucederá en los centros de ESO, en las Facultades Universitarias (sobre todo en este caso en los primeros cursos, que es donde más alumnos se concentran).

En la nueva normalidad se irán produciendo implantación de nuevas “normas” que modulen las concentraciones en poco espacio de muchos ciudadanos, o que por las actividades que estos realicen pudieran estar expuestos, sin vacuna previa, a producir contagios.

Frente a las nuevas normas que surjan, bien desde decisiones políticas y/o administrativas, hasta regulaciones propias de colectividades o empresas, se mantendrán dos niveles, a mi juicio, de reticencias. Por un lado, se producirá un número de voces discordantes negando la necesidad de nuevas normas en base a criterios puramente dogmáticos o políticos. Estas discordancias se irán resolviendo en la medida de que la sociedad vaya aceptando las nuevas reglas de funcionamiento, o, si se produce un mayoritario y evidente rechazo, manteniendo las anteriores a la declaración de pandemia. Por otro, estarán las reticencias basadas en conceptos muy concretos, en actividades muy concretas, que no cuestionarán de plano las nuevas normas, pero que pretenderán que las que los colectivos que impulsen la negativa a aceptarlas, puedan, de modo expreso, volver a prácticas sociales previas a la aparición del COVID-19.

En esa nueva normalidad, tendrán un papel preponderante las alarmas sanitarias de cualquier índole, reales o sobredimensionadas, que obligarán a los gobiernos a adoptar medidas preventivas. Ejemplo de esto último, lo tuvimos ya en España con una amenaza de gripe que llevó al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a hacer un acopio de vacunas que luego resultó que fueron necesarias. Ahora sería distinto: además de las decisiones políticas de prevenir mediante stocks de productos sociosanitarios, estarían las decisiones políticas y administrativas de regulación expresa de las relaciones sociales.

Vale.

COSTUMBRISMO

LA CONCORDIA era una “periódico diario”, con origen en el partido judicial de Hoyos, y puesto en marcha por Fernández Arias, que era candidato a Cortes por dicho partido judicial. Aunque se imprimía en Cáceres y su cabecera refería a Cáceres. Tenía que competir con varios periódicos (El Adarve, El Noticiero…) de manera que la oferta informativa, incluida la referida a los diversos partidos y opciones políticas era suficientemente amplia. Baste decir que desde 1937 solamente ha habido un periódico publicado en Cáceres capital, el Extremadura, de Acción Católica, y solamente desde hace pocos años, un semanario, Avuelapluma, además de la edición de Cáceres, del Diario Hoy. En comparación a población y medios, la oferta periodística “en papel” es infinitamente menor a la de hace más de un siglo.

LA CONCORDIA publicó un artículo que pudiéramos calificar de costumbrista, el 7 de febrero de 1903, poniendo en valor el Paseo de Cánovas.

CACEREÑAS.

Ayer por la tarde me fui al paseo de Cánovas; sería las tres y media aproximadamente, necesitaba desentumecer los miembros inmovilizados durante horas y horas ante la mesa de Redacción.

El paseo es monísimo, chiquitín, limpio, cuidado, con sus dos calles rectas enarenadas, y sus pintorescas perspectivas de montes lejanos cuyos picos rajan el velo azul de un cielo purísimo.

El sol enviaba oleadas de luz intensa, calor tibio como caricias de mujer que olvida, y allá lejos, muy lejos trozos de horizonte, líneas dudosas de trazado incierto, que se hunden en el desvanecimiento de la distancia.

Paseo de Cánovas. Hace unos 100 años.

Cánovas (el paseo ¿eh?) me hace recordar algo de los jardines de la Puerta de Jerez en Sevilla.

Redúzcase aquello, mírese con un lente de disminución y tendréis aquel preciosísimo paseo de la seductora capital andaluza.

Y sin embargo en mi corta excursión por Cánovas, observé una cosa extraña: la falta de gente. ¿Por qué es esto? No me lo explico y sin embargo es verdad, pero verdad que no tiene razón de ser.

Cáceres puede estar orgulloso de su parquecito; si en aquel kiosco hubiese los domingos y días festivos una banda de música, la gente acudiría de seguro en gran número y aquello estaría tan animado como debería hallarse; más teniendo el mejor adorno, que consiste en los rostros de estas hermosas cacereñas, no las mías, sino las otras

FERNANDO DE URQUIJO

Vale.

El 12 de abril de 1931 se celebraron unas elecciones municipales que estuvieron planteadas como un plebiscito sobre monarquía o república. El triunfo de las izquierdas y republicanos, coaligados en muchos municipios, tuvo como resultado la proclamación, el 14 de abril de la II República. La monarquía, debilitada en grado sumo por sus propios escándalos, incluidos los de corrupción, desapareció. Valle Inclán afirmó que “los borbones no perdieron la corona por ser monárquicos, sino por ser ladrones.”

Los gobiernos locales en muchos pueblo, de coalición republicano-socialistas tuvieron desde el principio que afrontar el profundo odio que las derechas, que habían vivido,

y muy bien, al socaire de la monarquía, se resistían a reconocer su derrota. El caso de Garrovillas, en el artículo publicado por Pedro Évole en el periódico socialista UNIÓN Y TRABAJO, el 7 de noviembre de 1931, puede ser un ejemplo.

DESDE GARROVILLAS. Contrastes.

Panorama garrovillano: aparentemente complicado y turbio, pero muy diáfano en la realidad. Los problemas vitales, son los mismos que en los demás pueblos rurales de España, porque el dicho popular ya lo proclama: “ves tu lugar, ves los demás”. Ahora bien; en Garrovillas, existe algo, que ya no es posible subsista en todos los demás pueblos; y es una cerril cuadrilla compuesta por media docena de señoritos inciviles, cuya constante ociosidad les ha llevado a cubrirse de cierta crápula que disimulan con maestría, antes sencillas gentes campesinas, bajo las capas de santurrones y furibundos golpes de pecho, agazapados en madrigueras de cofradías virulentas, que predican ciertos ritos de disimulado paganismo medieval, y se fraguan conspiraciones tenebrosas contra el poder recientemente constituido, pleno de virilidad, que no se doble al capcioso y repugnante jesuitismo.

Plaza Mayor. Garrovillas. Detalle.

Los conspiradores socialistas, comunicas, que se parten el pecho a cara descubierta como verdaderos machos, son unos ingénuos comparados con los de entes cobardes y rufianescos a que nos venimos refiriendo, cuya encubierta y espumante rabia se traduce en libelos indecentes donde vuelcan toda su bilis formada con críticas tabernarias, de frailuno sabor.

En las elecciones municipales del 12 de abril último, triunfó en Garrovillas la coalición republicano-socialista, por un mayoría aplastante de votos, por cuyo motivo rióse la caterva curoide desplazada de las ubres municipales de las que eternamente se nutrió, por fabuloso derecho hereditario, pues el Ayuntamiento era uno de tantos precios amasados con sangre proletaria que la grey feudal de Garrovillas transmitió a sus cachorros, para que siguiera fraguando inauditas expoliaciones hasta conseguir adueñarse de toda la extensa propiedad comunal que este pueblo poseía, mediante escandalosos amaños y turbios expedientes, desaparecidos ya hoy del archivo municipal.

Los concejales que el pueblo eligió actúan a plena luz y a cara descubierta, contrastando esto con el compadreo y la oscuridad del anterior, habiendo sido castigada ya la soberbia irracional de aquel que se creía reyezuelo omnímodo y la guerra solapada y falaz del galeno albiñanista.

Compañeros, vedlo ahora con claridad: el régimen absolutista anterior fabricaba leyes para que el pueblo productor, paciente y sufrido las acatara solemnemente y estuviese obediente y sumiso al mandato del opresor; y el régimen democrático que hemos conquistado anhela conseguir plenamente la igualdad ante la ley y la justicia; o sea, que si un pobre delinque sea legalmente castigado, pero si un ricachón ensoberbecido se resiste al acatamiento de las leyes, que sienta también sobre sí el peso de la justicia y vaya a dar con sus huesos en la cárcel. Ejemplos recientes tenéis de ello, camaradas.

Pedro Évole

Vale.

LOS ARQUITECTOS DEL GRAN TEATRO

Es conocida la historia de las dificultades que se encontraron los promotores de la construcción del Teatro de Cáceres, una Sociedad que pretendía repetir el éxito que fue en su día la construcción de la Plaza de Toros.

En la historia que se maneja habitualmente sobre la construcción del que luego sería el Gran Teatro de Cáceres se dice que el Arquitecto y redactor del Proyecto fue Rufino Rodríguez Montano, si bien la paralización, por cuestiones económicas, de las obras hizo que la terminación del inmueble corriera a cargo del Arquitecto municipal Ángel Pérez.

Estos dos arquitectos fueron los responsables de la obra que ha llegado hasta nuestros días. Sin embargo, la Sociedad Teatro de Cáceres había encargado entre 1903 y 1904 la redacción del Proyecto para la ejecución de las obras a dos arquitectos de Madrid, Eduardo Reynals Toledo y Luis Domingo y de Rute. Incluso en el anuncio publicado en el semanario satírico independiente MALVAS Y ORTIGAS, la Sociedad convoca la subasta para la realización de las obras, con un importe de ciento veinticinco mil pesetas¸ sobre los planos y proyecto de los citados arquitectos, planos y proyecto que eran ya propiedad de la Sociedad. En reunión celebrada el 2 de septiembre de 1904, la Sociedad Teatro de Cáceres había acordado la compra del proyecto de los Arquitectos Reynals y Domingo, abonándose la cantidad de 1.600 pesetas, que era la consignada en el concurso para la redacción del mismo.

Eduardo Reynals y Luis Domingo y de Rute fueron de los primeros que formaron parte del primer cuerpo de arquitectos de la Hacienda pública. No me ha sido posible encontrar información gráfica de cómo pudiera haber sido el proyecto, pero conociendo la trayectoria sobre todo de Reynalds y las obras que ha dejado para la posteridad, obras emblemáticas que pueden verse en actualmente en Madrid, me atrevería a apostar por un edificio claramente modernista, ya que se señala a este arquitecto como introductor del modernismo en Madrid. Por ejemplo, la casa Pérez Villamil en la Plaza Matute, que en 2013 fue declarada bien de interés cultural.

El periódico El Noticiero estuvo publicando a primeros de 1904 las bases del concurso para la redacción de un proyecto de teatro en Cáceres y concurso para su construcción. Solamente he podido localizar el ejemplar correspondiente al 1 de marzo de 1904, en el que se recoge la “conclusión” de las citadas bases, con “sistema de construcción del edificio y materiales que han de emplearse en el mismo”, que reproduzco por su interés.

8ª. Los muros exteriores ó de recinto del edificio, serán de mampostería ordinaria, llevando zócalo de sillería granítica en el frente principal, y en los costados en longitud de cuatro metros por cada lado; los de contención del terreno en la parte explanada del desmonte en mampostería hidráulica.

Las columnas ó pies derechos que han de sostener los pisos del Teatro, serán de hierro fundido ó de cemento armado, debiendo ser los superiores también de idénticos materiales ó bovedillas de ladrillo forjadas y cubiertas por el intradós. Los tabiques y muros interiores, podrán ser de ladrillo ú hormigón armado y la armadura general de la cubierta será de hierro ó de cemento armado, si su importe no excede mucho del correspondiente al primer material, siendo su disposición tal, que asegure por medio de la necesaria linterna y ventanales, la suficiente luz y una ventilación gradual, debiendo ser la cubierta de tabla y teja.

El pavimento de la sala será de madera y de baldosines ó cal, al estilo del país, en los pasillos de la planta baja.

Vale.

POR SIEMPRE LUNES

Este confinamiento al que nos ha sometido el CVOID-19 parece que va a durar todavía algunos días más. O quién sabe. Para los científicos, el confinamiento durará en función del comportamiento del virus, ese imperceptible actor para el ojo humano, mientras que para los que somos legos en ciencia, el confinamiento durará siempre demasiado. Dura ya demasiado.

Asomarse a la ventana, o salir a un balcón de poco más de 40 dm2, en una calle estrecha, o en asomarse a una ventana desde la que se ve a lo lejos “el campo”, es una especie de alivio, o una especie de martirio.

Confinados entre las paredes de una casa, buscando ventanas físicas o virtuales o imaginarias, sin saber si mañana tendremos la buena noticia de que podremos salir de casa a algo más que a avituallarnos de productos comida o farmacia, o si mañana, como hoy, como ayer, volverá a ser lunes.

Al menos a mí me ocurre que siempre me resulta lunes desde hace 42 días, y cada vez el lunes es más pesado, más amenazante.

Estamos, estoy confinado a mi pesar y además se me exige en tanto que ciudadano que sea ejemplar, que no salga ni a estirar las piernas, y, mucho menos, a estirar mis pensamientos. Las piernas parece que encogen, lo mismo que los pensamientos. Nunca, ninguno de nuestros contemporáneos, hemos vivido algo semejante, algo para lo que no estábamos preparados, algo para seguimos sin estarlo, sin ni siquiera haberlo imaginado.

No es ciencia ficción, no es una pesadilla. Eso podría ser lo que me parecía los primeros días. Los primeros lunes. Cuando todos los días son lunes, cuando el tenue sol de primavera se marcha por el horizonte, entre las casas que puedes ver desde tu ventana, sabes que al día siguiente todo volverá a ser igual.

No es esa rutina con la que me podría haber acomodado a vivir, una rutina buscada para evitar sobresaltos, dientes de sierra en los estados de ánimo; es una rutina impuesta, sin saber muy bien por qué (los científicos son los que saben), o por quién. Es la ciencia la que nos lleva por un camino que solamente ellos creen saber que es el que nos conducirá a un nuevo horizonte.

Pero mientras los científicos buscan un horizonte seguro en el que dejarnos libres, desconfinados, la filosofía, se encuentra igualmente confinada: ya no podemos preguntarnos ni de dónde venimos, adónde vamos.

Solamente sabemos que venimos del lunes y vamos al lunes.

Vale.