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Hambre y emigración.

El mismo periódico EL BLOQUE, periódico democrático, que ya he traído alguna vez a esta serie de entradas, publicaba el 18 de agosto de 1910 el artículo que reproduzco. Está firmado por el abogado Modesto Albalá, en Peraleda (no se aclara de cuál de los dos pueblos con el mismo nombre, Peraleda de San Román o Peraleda de la Mata, ambos en la provincia de Cáceres). EL BLOQUE era un periódico abiertamente adscrito a los liberales reformistas de José Canalejas, y abiertamente beligerante contra los conservadores representados por Maura. Aclaración creo que necesaria para entender un poco mejor el contenido de este artículo. He respetado para el subtítulo de esta entrada el mismo que el utilizado por su autor. Al comienzo del texto falta una o dos líneas, que no aparecen en el escaneado del portal de Prensa Histórica del Ministerio de Cultura.

HAMBRE Y EMIGRACIÓN

Ha comenzado á iniciarse en esta región la emigración en términos alarmantes.

El día 3 reuniéronse en Navalmoral, en [falta una o dos líneas] braceros de estos pueblo que, después de un período de siega en que casi no han tenido jornales y ante la perspectiva del hambre con que el invierno amenaza, abandonaban sus hogares para buscar en otros continentes lo que en su patria -¡triste es decirlo!- no puede darles: pan para sus hijos.

Solamente en este pueblo [Peraleda de la Mata o Peraleda de San Román] se han marchado veinte familias, componiendo un total de setenta ú ochenta seres. No quiero, no podría describir el espectáculo de su despedida: era una escena tristísima, impregnada de lo más hondo de los sentimientos, en los que rebosaba á torrentes esa ternura inmensa que nace de los vínculos de la sangre, ternura que por naturaleza existe en los corazones más rudos, siendo la única flor de su poesía… Era, en fin, una escena de ese drama social que se llama Emigración y cuyo argumento es el hambre.

Es necesario atajar el mal, es necesario poner un hemostático para contener esa hemorragia cuya sangre es recogida por otros países para progreso suyo.

Cada cual en su región debe hacer todo lo posible por remediar al proletariado, á esos desheredados hasta de la Justicia, que tienen derecho á otra vida que la de miseria é ignorancia en que se hallan.

Eugene Smith. Deleitosa. 1950. Revista Life.

Llamo, pues, la atención á las clases directoras, á los que por su situación están llamados á dirigir la marcha de los pueblos en esta región del Tajo, para que todos y cada uno pongan de su parte lo que les sea posible dentro de las medidas de sus fuerza para, en un arranque de civismo y de amor al prójimo, desechando esa apatía egoísta que es una de las principales causas también de nuestros males; ver la manera de aclarar las negruras del hambre con que amenaza á los sufridos braceros el invierno que se avecina.

Existe un medio que podría solucionar el conflicto de pronto ó al menos hacer más llevadera la situación; un medio por el que podrían darse bastantes jornales y remediar el hambre: ese medio es la tantas veces anunciada construcción de la carretera de Navalmoral á Guadalupe. Obra que de justicia nos corresponde, pues es de absoluta necesidad para estas gentes aisladas en este rincón con un atraso de cincuenta años, debido á la falta de una vía de comunicación con el ferrocarril para poder exportar sus productos é importar los de otros pueblos, activando así el comercio, que es el primer vehículo de la riqueza y el progreso.

Mas para alcanzar esto es necesario pedir, es necesario moverse, es necesario manifestar el deseo y exponer las necesidades; el indolente nada consigue.

Tomen las iniciativas los Ayuntamientos, que son los encargados de velar por el bien público.

Únanse todos los pueblos interesados, y las personas más características y de más ascendiente moral y político, con el diputado á la cabeza, que debe poner de su parte todas sus energías, como obligado que está á defender los intereses de la región; vaya á exponer á los poderes públicos la verdad de la situación, la imprescindible necesidad de comenzar la construcción de esa carretera cuanto antes y es seguro que este Gobierno, tan interesado en favorecer al proletariado y en conseguir el progreso de todas las regiones, no se negará á una petición tan justa y caritativa.

Así, el diputado conseguirá aumentar los vínculos de amor que á esta gente le unen, porque verán en él al solícito remediador de sus desgracias, y las clases directivas, que además del beneficio que en sus intereses obtienen, tendrán el agradecimiento de los pobres jornaleros á quienes habrán salvado del hambre y del dolor de tener que separarse de sus familias para ir á regar con su sudor tierras extrañas, á más de haber conseguido la prosperidad general y de haber trabajado en la obra de la civilización en la que todos estamos obligados á colaborar.

MODESTO ALBALÁ. Peraleda. 10.8.1910.

Vale.

Ácida crítica teatral.

El Teatro Variedades de Cáceres se construyó sobre un solar entre las calles de Nidos y de Moros, promovido por Juanita Elguezabal. Después, ese solar fue adquirido por Vicente Marrón, para crear en él las escuelas que llevaron su nombre. Actualmente es uno de los inmuebles incluidos en mi serie “Cáceres, cerrado por falta de uso” (XXXVII), con fecha 25 de mayo de 2016.

EL BLOQUE, periódico democrático” (cabecera) de 12 de abril de 1910 publicaba una ácida crítica teatral.

Escuelas de Marrón (cerradas) donde estuvo el Teatro de Variedades. Cáceres.

TEATRO DE VARIEDADES

La función que varios aficionados dieron anoche en este teatro, fue detestable como conjunto.

Como notas salientes, podemos señalar dos. Una el trabajo de nuestro paisano Triviño, el cual reveló una vez más las buenas disposiciones que posee para las tablas. Su dominio de la escena, la soltura de los movimientos, el acierto en el gesto, su entonación justa, su serenidad pasmosa.. todo esto y mucho más acredita al Sr. Triviño como un excelente actor. Lo que falta sería obra del tiempo, si se dicara al arte escénico, pues dotes naturales le sobran.

Ya en otra ocasión hicimos notar estas singulares aptitudes de Triviño, así como apuntábamos que esfuerza tan poco la voz, que no se le oye más atrás de las tres o cuatro primeras filas de butacas.

La otra nota saliente fue el pitorreo, la pateadera que el público propinó al Sr. Baile.

En otras funciones se inició ya el desagrado del público por los amaneramientos afeminados de este pseudo actor, pero sea por el comedimiento de nuestro público, por la condición de tratarse de un hijo de la localidad, ó ya por ser funciones de carácter benéfico, lo cierto es que no llegó a tener la protesta el carácter ruidoso de anoche.

De todos modos el Sr. Baile debe haberse dado cuenta de esta protesta para no incurrir en lo sucesivo en el desagrado del público. Nosotros también le aconsejamos que no vuelva a pisar las tablas, porque su presencia en el escenario impresiona tan mal que estará siempre expuesto á recibir una grita.

La sala estuvo bastante bien. El patio de butacas y las plantas completas y el mayor atractivo de este espectáculo ha sido el facilitar una ocasión de admirar la hermosura y la belleza de nuestras encantadoras paisanitas, que tuvieron anoche una escogida representación en el Teatro de Variedades.

Vale.

Tendencias en moda de baño

La conocida firma de moda Mo&Es (Monasterio y Espinosa), ha presentado en la pasarela del Four Reich de Berlín sus tendencias de moda para la temporada de baños de este verano. Unas tendencias retro, con colores lisos en gris marengo, pardos y grises, sin estampados. Pretenden con ello conseguir que sean sus colores quienes atraigan a los usuarios y no se despisten con raras combinaciones ni estampados.

Estas son algunas de las normas del buen vestir en playas y piscinas que presentan, con algunas prohibiciones que consideran indecorosas para la moralidad pública.

1º.- Queda prohibido el uso de prendas de baño que resulten indecorosas como las llamadas “de dos piezas” para las mujeres y “slips” para los hombres. Aquéllas deberán llevar cubiertos el pecho y la espalda y usar faldillas y éstos, pantalones de deporte.

2º.- También se prohíbe la permanencia en la playa en trajes de baño indecorosos y en clubs, bares, restaurantes y establecimientos análogos, bailes excursiones, embarcaciones y, en general, fuera de la playa, en traje de baño, ya que éste tiene su empleo adecuado para ello y no puede consentirse más allá de su verdadero destino.

3º.- Que hombres o mujeres se desnuden o vistan en la playa fuera de la caseta cerrada para cambiar el traje de calle por el de baño o viceversa, también estará prohibido.

4º.- Por supuesto, estará prohibida cualquier manifestación de desnudismo o de incorrección en el mismo aspecto, que pugne con la honestidad y el buen gusto tradicionales entre los españoles.

5º.- Los baños de sol fuera de los solarios, también estará fuera de moda. Estos habrán de estar tapados al exterior y con la debida separación de sexos, siendo imprescindible el uso, dentro de ellos, de las prendas permitidas. Tanto a la entrada como a la salida del solario será necesario el uso de albornoz, a juego con el traje de baño.

6º.- Finalmente, se prohíbe cualquier extralimitación que con motivo de baños o mal entendidas prácticas higiénicas, pueda menoscabar el decoro público o atacar la raigambre mola del país.

Todos los modelos presentados serán firmados para su puesta a la venta por R(Punto)Monasterio.

Vale.

La imagen que abre esta entrada me la remitió, muy al principio de la declaración del estado de alarma un militar. Una imagen en la que quienes luchan desde el principio contra el COVID-19 empujan la bandera para dejarla en lo más alto, para simbolizar el triunfo, si se quiere, en la batalla contra el virus.

Hace dos o tres día, los patriotas de hojalata, los que se llenan la boca de banderas y de España, han ordenado que en los sitios donde gobiernen se arríe la bandera y se ponga a media asta: están admitiendo su derrota.

Había hace años un dicho: “Quien se pasa la vida evitando que le atropelle un Mercedes, termina arrollado por un 600”. Pues aquí lo mismo: quien se pasa la vida llenándose la boca de banderas, tapando sus vergüenzas de corrupción con las banderas, ha terminado derrotado por un virus.

En medio de la lucha por aplanar la curva, por detener los contagios, por salvar vidas, el PP ha decidido renunciar.

Poner la bandera a media asta en medio de una batalla es, simplemente, asumir la derrota. Lo malo de todo esto, es que en esa derrota, los patriotas de la derecha están intentando lanzar algunos derrotes como los toros aculados en tablas.

Ojo a ellos.

Vale.

Leyendas que dejan de piedra.

En una entrada anterior, de 2 de marzo de este año, titulada igual que esta, me refería a la leyenda que rodeaba un Cristo de piedra colocado en la fachada del convento de San Pablo a la plaza del mismo nombre. Ahora me quiero referir a la llamada Puerta del Cementerio, que en diversas publicaciones, básicamente, en blogs de internet se le viene dando a la puerta existente junto a los juzgados, en la intersección de la Av. de la Hispanidad con la Ronda de San Francisco.

Si se trata de mantener un cierto topónimo por proximidad, podría servir. Pero hasta lo que sé, no existe ningún documento que acredite que ese era el acceso a un “corral de los muertos”, como se llamaba antes del siglo XVIII. Que el cercado al que daba acceso esa puerta fuera en su día dividido en cuarteles, cinco concretamente, uno para cada parroquia (Santa María, San Mateo, Santiago y San Juan y uno “para el resto”), tampoco parece documentado.

En su recorrido por Cáceres, Pascual Madoz se refiere al cementerio inmediato a la ermita de San Blas. Cuando se publicó el tomo V de su diccionario (año 1846), el cementerio a que alude es el actual, con el tamaño por supuesto más pequeño, acorde con la población de la ciudad.

También se refiere Madoz a que hubo otros cementerios, uno junto al actual, y que se refería al que hubo junto a la ermita de los Mártires, para continuar “y en la arruinada ermita del Espíritu Santo, que dejaron de usarse por insuficientes”.

El cementerio que hubo junto a esta ermita estaba situado en sus laterales izquierdo y derecho y en la fachada posterior, en espacios realmente alejados de la puerta que se viene citando como del cementerio del Espíritu Santo.

La Huerta del Conde, de cuya propiedad formaba parte el cercado al que se accedía por día puerta, disponía además de otras dos puertas, la principal (además del acceso a la casa principal), situada justo enfrente de la que se conserva y de construcción y tamaño muy similar y otra puerta, más pequeña, sin arco de fábrica, en chaflán con el camino de la Bula, que separa esta finca de la casa de los Cedrún.

Las dos puertas principales, enfrente una de la otra, separadas por la Ronda de San Francisco (o camino viejo de Montánchez) eran puertas de carros, con suficiente altura para los varales de carros de paja o alfalfa, y también para el paso de jinetes, pues no hay que olvidar que el concurso hípico se celebraba en la Huerta, en su parte medianera con la Ronda, por ser el mejor terreno.

Ubicacion. Ortofoto 1956. Fuente sig.caceres.es

Decir que la puerta que quedó donde está porque así lo quiso un concejal de obras (con cierta sorna entonces, pero que ha devenido de utilidad pues es un freno necesario para regular el tráfico) era la del cementerio resulta atrevido. Máxime si cuando se construyó el primer bloque de viviendas, frente a El Marco, no aparecieron restos humanos, ni cuando se construyó el segundo, donde ahora esté el restaurante El Globo, ni cuando se construyó el colegio Donoso Cortés, o más recientemente los juzgado. Y, sin embargo, sí aparecieron cuando se realizó la urbanización que conforman las viviendas unifamiliares en torno a la Plaza de Fernand de Montlahuc, en la zona más próxima a la fachada posterior, y sin duda prácticamente hasta el muro de la ermita.

También, en los años 50 existía un corralón medianero con la ermita donde primero se hizo una casa, frente a la entrada que daba a los que ahora es la Roche Sur Yon, y luego se estableció una carbonería, al que algunos de los vecinos entonces más antiguo llamaban “el corralón” y desaconsejaban a los niños entrar en él, y cuya traza puede verse en las ortofotos de 1945, 1956 y 1961, con cercados que rodean la ermita y que estuvieron en pie hasta bien entrados los años 80. A medida que las ortofotos son más modernas se tiene mayor definición.

Ortofoto 1945. fuente: sig.caceres.es

Ortofoto 1956. Fuente: sig.caceres.es

Ortofoto 1966. Fuente: sig.caceres.es

Si se quiere forjar una leyenda en torno a una puerta cuya construcción está mucho más cercana al siglo XIX que al XVIII, puede aceptarse. Pero afirmar que esa puerta era la del cementerio…

Es más. De la olmeda plantada en el siglo XVIII, entre el puente de San Francisco y el final de la Ronda, solamente quedan vivos dos ejemplares, y uno de ellos, por perímetro del tronco, original, el más cercano a la puerta y a la calzada de la Ronda. Y el otro, apretado con el edificio de los juzgados, más nuevo, con tronco menor, que sin duda estaría dentro del cercado.

Vale.

Malvas y Ortigas.

Como el editor de MALVAS Y ORTIGAS, en su número 21, de 15 de noviembre, me encuentro desvalido ante la falta de noticias (ojalá siga así, porque en la situación en la que estamos, esa falta es buena señal) en nuestra ciudad de Cáceres, y por ello hago mías unas columnas aparecidas en el número citado, firmadas por E.M. (Ripiosín).

Luchando, me hallaba como siempre, con la falta de asunto para escribir el fondo, por que en este bendito pueblo de la Diosa Ceres nada ocurre trascendental é importante digno de ser contado, cuando el cartero trajo á mis manos una carta impresa en la que, letra por letra, se decía.

Señor Director de MALVAS Y ORTIGAS.

Cáceres

“Muy señor mío: Con objeto de aumentar una colección de periódicos que estoy formando, y que consta ya de más de 2.500 ejemplares, me tomo la libertad de molestarle, suplicándole encarecidamente tenga la amabilidad de enviarme un ejemplar cualquiera de su ilustrada publicación anticipándole gracias muy expresivas.

Con este motivo… etc.

Ignacio Patac”

Mi primer impresión al terminar la lectura, fue de asombro, después éste trocóse en admiración por el firmante de la carta; cogí pluma y papel y me arranqué en romance con lo que sigue:

Hay quien colecciona sellos

De correo…, quien bastones

Con ó sin nudos, y he visto

Reunir, lector no te asombres,

Corbatas sucias y usadas,

Alfileres, pasadores,

Cintas, carretes, monedas,

Ya sean de plata ú cobre

Pues, por desgracia, hace tiempo

Que el oro no se conoce.

Hay quien, en las fototipias,

Cifrando sus ilusiones

Sin fumar, compra librillos

Y los regala a los pobres

Después de sacar la estampa

De la Cleo de Merode

(Pongo por Mademoiselle

O si queréis por cocotte).

Hay quien muere por la flora

Y vive buscando flores

Siendo á ratos un Linneo

Con las clasificaciones.

Otros hay en quien la fauna

Despierta tamaños goces

Que pasan toda la vida

Buscando bichos que formen

La colección más completa

Del globo, pues… ¡y esos hombres

A quienes llaman arqueólogos!

En peñascos y borrones

Cifran todos sus saberes

Y satisfechos se ponen

Si un día, tras mil estudios

Y mil esfuerzos atroces

Descifran el jeroglífico

De alguno de sus mojones.

“M… T… C… (por ejemplo

Dice la piedra) M… óse

S… T… ¡T… lo perdón…

P… Q… D… me … p… +… ones!

Y ellos dicen: “Marcos Tulio

Cicerón… murió. Llevóse

Sin talento; triste y solo

Perdón pide, quieran Dioses

Mejorar prepecario estado

De los suyos… no masones!”

Cuando sería más fácil

Decir así… “Mi tío Cosme

(Quien le puso el epitafio

Era un sobrino) murióse

Sin testar… ¡Te lo perdono

Para que Dios me perdone!”

Mas volviendo á nuestro asunto

Señor Patac… de los hombres

Que traté, no vi ninguno

Que pusiese sus amores

En coleccionar periódicos

Como usted, ¡bien se conoce

Su inclinación a las letras!

Permítame que me asombre

Y que envíe al modernista

Muchas felicitaciones…

Cabecera de MALVAS Y ORTIGAS

Y, ahora en prosa vil, más vil aún que el anterior romance de ciego, voy á permitirme hacerle varios ruegos en nombre de mi publicación modestísima.

Por lo que más quiera, mi distinguido coleccionista, ponga usted el presente número de MALVAS en el lugar menos visible de su colección que es el que en justicia le corresponde.

Procure usted también que esté colocado entre la buena prensa; no es necesario que ésta se la mística, me refiero á la prensa honrada, sana é independiente, pues… en cuanto á ideas, casi prefiero las rojas.

Trate usted de que cuantas personas ojeen su colección, pasen, como sobre ascuas, por mis dos hojas pues en verdad no merece ser leído mi diminuto trabajo. Mas si, así y todo, hubiera algún curioso que fijara su vista en las columnas de MALVAS, dígale usted en descargo mío:

“Este periodiquín lo escribía un cacereño que siendo hipocondriaco por naturaleza quiso engañarse haciendo chistes… Recemos un padrenuestro por su alga.”

Y sin detenerse más, vuelvan ustedes a la hoja: gracias anticipadas de su afectísimo

E.M. (Ripiosín).

Vale.

Cáceres, 1846.

Tomo V. Diccionario Pascual Madoz. 1846.

El Diccionario Geográfico de Pascual Madoz, una ingente obra siempre presente en nuestra historia, recoge en su Volumen V, el vocablo Cáceres. Se refiere a la Audiencia Territorial, a la Capital, a su término municipal y a la provincia. Hace un repaso por todas las áreas posibles entonces. Y también se detiene en detalles muy importantes. Así, en la página 85 del Tomo V, puede leerse, respecto a la villa de Cáceres.

No faltan tampoco en esta capital aquellos establecimientos de recreo y ornato, tan propios de una población de su importancia: su bonito teatro, capas y bien distribuido, fue ventajosamente reformado en 1842, adornando sus dos órdenes de palcos, sus lunetas y proscenio, de una manera conveniente y se preparan en el mismo nuevas obras, que le darán comodidad y desahogo; hay 2 cafés, botillerías, casas de villa y por último, la plaza de toros, modernamente construida, y que sin duda es la mejor de España; situada al NO de la villa y casi tocando á las casas, forma su recinto exterior una gruesa muralla compuesta de arcos de piedra labrada, rellenos después con fuerte argamasa de piedra y cal; algunos de estos arcos constituyen las puertas de comunicación al interior, que se compone en primer lugar, de una ancha galería circular para recibir sobre sus fuertes bóvedas de ladrillo y arcos de cantería labrada, el peso enorme de los tendidos, gradas y palcos, que son todos de piedra berroqueña, y cuya solidez desafía á la duración de los siglos; de esta galería se sale al circo por 3 puertas, y desde la misma se sube á las gradas y palcos por anchas escaleras de piedra; la grada cubierta está formada por 91 columnas de piedra berroqueña, de grano muy fino, y de una sola pieza; los arquitrabes están enlazados entre sí con fuertes barras de hierro, y sujetos á la muralla del recinto esterior con otros barrones de la misma materia; sobre esta galería se hallan los palcos, divididos  por igual número de columnas de la misma construcción y condiciones, y tanto estas como las gradas, tienen sus antepechos de hierro, y su interior está pintado de un color ocre bajo, con algunos adornos y cielos rasos; el tejado forma dos vertientes iguales al interior y al esterior; esta escelente obra se empezó por empresa de varios capitalistas de aquella villa, en noviembre de 1844, trabajándose en ella 90 semanas, sin que haya habido que lamentar ninguna desgracia, cosa no muy frecuente en esta clase de construcciones; su coste asciende a 676.000 rs [reales]. Fue dirigida primeramente por el ingeniero D. Secundino Pelilla, y aunque despues han intervenido más ó menos directamente otros sugetos, lo principal de sus obras, y el progreso  y buen órden en los trabajos hasta llevarlos á feliz término, se debe al alarife Tejeda, vecino de la misma villa, que en esta ocasión ha acreditado su conocida pericia.

Vale.

Pisar la calle

Confinado, como todos, en casa, sin pisar la calle, viendo y atendiendo a lo que pasa más allá de tus muros por la pantalla del ordenador o del smartphone, tienes que salir, no te queda más remedio que salir a hacer algo de compra o a la farmacia y es cuando te das cuenta del encierro.

Sales, y antes de poner el pie en la acera, miras a derecha e izquierda a ver si viene alguien. No es miedo, es un día claro, es una curiosidad atemorizada, eso sí. Porque tú miras, te percatas si viene alguien, y sabes que, seguramente, varios portales más allá es posible que haya alguien haciendo lo mismo.

Mi calle. Cáceres.

La calle en la que vivo es estrecha, formada por casas de dos o tres plantas, con pocos vecinos, algo que sabes, pero así y todo, miras.

No se oye ningún coche acercarse, no se ve a nadie por la calle. Es hora de tomar el camino de la farmacia o del supermercado. Cruzas la calle, giras a derecha o izquierda, en una esquina e instintivamente vuelves a mirar a derecha e izquierda. ¿Alguien? De momento no.

De repente, en estas callejuelas antiguas, en una esquina comienza a verse un perro, pequeño, llevado por su dueño de paseo. ¿Su dueño o un vecino que lo ha alquilado?. El hombre y el perro cruzan la calle. No se cruzarán contigo.

Sigues caminando. Vacío. A lo lejos, no más de cincuenta metros, por la calle en la que están el supermercado y la farmacia ves pasar un hombre. Solo. Y te fijas: va abstraído, pensativo. Quizás, piensa en si va a cruzarse con alguien. Mira en mi dirección y continúa su camino, no sé si avivando el paso.

En la calle se ve a una mujer saliendo del supermercado. La farmacia, vacía, es el primer lugar en el que entras. Te atienden, das la tarjeta electrónica y te “cantan” los medicamentos que salen. Estos días han colocado una mampara de cristal, pero los dos dependientes, jóvenes, un chico y una chica, no llevan mascarilla, aunque sí guantes. Pagas la caja de pastillas, el tanto por ciento que te toca, y te das la vuelta para salir. Y otra vez, como cuando saliste de casa, antes miras a derecha e izquierda, para ver si viene alguien. Otra vez un perro marcando el paso a su dueño. Te fijas. El dueño va con mascarilla, el perro, pequeño, sin ella.

A treinta metros de la farmacia está el supermercado. Sé qué cosas necesito comprar cuando voy entrando y saludo a la cajera y a un reponedor, que además es familiar mío. Los dos con guantes y pantalla protectora como una visera que se ha caído hacia adelante.

Cuando salgo, después de pagar, sé qué cosas necesitaba comprar. Y qué cosas que no creía que necesitaba he comprado.

La puerta del supermercado es ancha, lo suficiente para ver, antes de salir si alguien se acerca. Una mujer camina con cierta prisa.

Y en la dirección contraria a la que marcho cargado para mi casa, otra vez el hombre al que había visto, que me había mirado como yo a él y que ahora, al cruzarnos con una buena distancia entre los dos, veo que acelera el paso, que camina deprisa. Seguramente, pienso, ha salido de casa para sentir un punto de libertad y se ha dado cuenta que la libertad, estos días, la ganas estando dentro de casa, confinado.

Al llegar a casa, instintivamente, vuelvo a mirar a izquierda y derecha, para ver si viene alguien, si pasa alguien. Nadie. Nada.

Saco las cosas que he comprado, unas al frigorífico, otras no.

Y al cabo del tiempo, me acuerdo de que algo que necesitaba, no lo he comprado: la sacarina. Lo más pequeño, lo de menos valor. Cuento los sobres que me quedan del último paquete y tengo para unos pocos días. Alivio.

Vale.

Arquitectos

En estos días de confinamiento para conseguir entre todos vencer la pandemia del coronavirus, he ido buscando, tampoco con demasiado empeño o manejando archivos históricos o documentales, sino a través de búsquedas en internet, referencias a Cáceres que nos ayuden al menos a conocer algunos hitos de interés que no aparecen normalmente en nuestra historia reciente o en nuestras hemerotecas.

Voy a hacer referencia a tres de estos hitos, a cómo se ha representado en Cáceres, en este caso, la arquitectura y la ingeniería recientes.

Es cierto que en Cáceres hay obras de arquitectura reciente dignas de ser conocidas, pero me voy a referir a esas otras cuyos edificios vemos, pero que no sabemos bien catalogar o conocer quién lo realizó.

Palacio de los Duques de Montpensier. Madrid. Wenceslao Gaviña

Es poco conocido el nombre del arquitecto que diseño el Hospital Provincial de Cáceres. En los años en los que la Diputación planteó su construcción, la institución provincial no disponía de arquitecto en plantilla, por lo que recurrió a uno con domicilio en Madrid: Wenceslao Gaviña Baquero. En el boletín de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, años 2017-2018, se refiere al proyecto, del que no constan planos, aunque sí la memoria y desarrollo del programa constructivo. El arquitecto Gaviña es el autor de varias obras para la alta nobleza como las Viviendas para el infante D. Francisco de Paula (1852), el Palacio del Duque de Baena (1860), el Palacio del Marqués de Escalona y de Bornos (1860), el Palacio de los Duques de Montpensier (1861), así como viviendas para Juan Nepucemo Peñalosa (1864). Además fue un exitoso hombre de negocios y durante algunos años concejal y teniente de alcalde del Ayuntamiento de Madrid.

Ya me referí en una entrada anterior a otro arquitecto de renombre que dejó su marca en Cáceres, en los años 40, diseñando el edificio sito en la calle de Pintores, nº 12. Se trata de Luis Gutiérrez Soto, autor del edificio del Ministerio del Aire, en la zona de Moncloa, en Madrid, el edificio Fábregas, en Barcelona, el Mercado de Mayoristas de Málaga, actualmente Centro de Arte Contemporáneo, entre otras.

CAC Málaga. Antiguo Mercado de Mayoristas. Luis Gutiérrez Soto

En los años 60, la infame demolición del llamado Cuartel Viejo, es decir, el Seminario construido por el obispo Galarza en el siglo XVII, dio paso a la construcción, en realidad, efímera, de un nuevo mercado de abastos, cuyo proyecto fue ganado por los Arquitectos Josep Anglada y Daniel Gelabert. Entre otros edificios, en Barcelona, son autores de algunos muy significativos en la trama urbana de Barcelona., como la Torre de Colón Se da la particularidad de que en el concurso para construir el Mercado de Abastos de Cáceres, se alzó con el segundo premio el arquitecto Rafael Moneo. La construcción de este mercado estuvo en pie poco más de 25 años.

Torre Colón. Barcelona. Anglada y Gelabert

Existió, hacia 1935 un proyecto para construir un Teatro en Cáceres, que acababa de inaugurar en 1929 el Gran Teatro. Al tratarse de un proyecto, y solamente de eso, proyecto, no resultaría de interés conocer. Sin embargo, el autor del proyecto sí que resulta reconocible: Eduardo Torroja Miret. Es una lástima que la ciudad no pueda contar entre sus edificios con uno diseñado por el ingeniero y constructor Torroja. En el CEDEX del Ministerio de Fomento (hoy de Transportes y Movilidad) se encuentran los planos diseñados para el nunca construido teatro de Cáceres, realizados por el autor, entre otros edificios muy reconocidos, el Hipódromo de la Zarzuela.

Teatro de Cáceres (Proyecto) Planta 4ª y Cubierta. Eduardo Torroja

Teatro de Cáceres (proyecto) Sección. Eduardo Torroja.

Creo tener una somera referencia sobre la ubicación y los promotores de este proyecto de Torroja, pero necesito contrastarlos con algún dato, con alguna pista que me dé las claves de por qué se promovió y por qué no pudo llevarse a cabo.

Desde luego hay más arquitectos moderno con obra en Cáceres, como los arquitectos municipales Ángel Pérez o Francisco Calvo, el recientemente fallecido Tomás Civantos, o Justo García, autor este del edificio del SEPE (antes INEM), el centro de salud de Nuevo Cáceres o la Estación de Autobuses de Casar de Cáceres.

Vale.

Disparate.

Narración de José María Gabriel y Galán. Periódico El Adarve. Cáceres. 22 de enero de 1903.

José Mª Gabriel y Galán

La vaca, que estaba echada, dio un inmeso resoplido quejumbroso, y el chotillo nació sobre la escarcha del valle.

Eran las cinco de la mañana de Enero, crudo, una mañana cruel para los hombres, par los brutos, para los árboles…Todo mudo, todo helado, todo blanco. Se condensaba el aliento: el ambiente hería la piel.

La vaca se levantó de repente y olfateó con avidez el informe saquillo membranoso que yacía inmóvil sobre la sábana de hielo. Lamió, lamió con codicia, con prisa, con ahínco, con ansia de calentura. Se extremecía y no de frío; y , con los ojos muy abiertos, relucientes, codiciosos, seguía lamiendo, lamiendo; prestando con el cálido aliento que salía como dos columnas de humo por las narices húmedas y dilatadas, calor suave, calor de madre, calor de fiebre creadora, calor de vida……

Y delante de la tibia lengua áspera, cual si ésta fuera cincel de artista sublime, fué surgiendo, fue surgiendo poco á poco la bellísima cabeza de un becerrillo tembloroso, húmedo y bello, no de bronce, no de mármol, como obra fría de Arte, sino de carne palpitante, de sangre caliente, un pedazo de naturaleza viva para moverse en el mundo y alegrarlo…

Y surgió el animalillo enteramente á la vida, limpio, precioso, echado sobre la helada como estatuilla de oro sobre mármol, despertando en mi memoria vagas remembranzas bíblicas de los tiempos de las locas idolatrías…

Me acerqué, sugestionado. Vióme la vaca, y ante el supuesto peligro, se encampanó, embravecida. Tembló, gimió sordamente, clavó los ojos de acero en su ídolo, después en mí, luego otra vez en el choto. Inició la acometida y se detuvo, mirándolo nuevamente. Me hizo, sin palabras, la más acabada historia del rencor en la impotencia. Yo era su ódio, que la llamaba provocativo; el hijuelo era su amor, que la estaba deteniendo. No podía dejar al hijo; por eso no me mataba. Y me enseñaba la muerte en las puntas agudísimas de sus astas de marfil con vetas negras de bruñido azabache reluciente. Pero yo estaba tranquilo. Por entonces, ya sabía que el amor siempre es más fuerte que ódio.

Me acerqué más á la bestia enamorada y ví en sus ojos la calentura magnífica de la triunfante maternidad. El becerrillo se incorporó trabajosamente. Quería calor, quería vida, quería mamar leche tibia. Anduvo dos ó tres pasos, vacilante, como un ébrio, y cayó al cabo. Tornó á levantarse, volvió á caer y otra vez se levantó. La madre, á cada caída, se precipitaba sobre él, lo alentaba, lo lamía, me miraba… Y al cabo, el recién nacido, temblando, haciendo equilibrios de borracho, se sostuvo apoyándose en el vientre de la madre. Y alzando la preciosa cabecita, buscó la ubre con el húmedo hociquillo charolado. No podía dar con ella: la buscaba entre las manos de la madre; y apoyando siempre en ésta, siguió andando alrededor y dió por fín con la no aprendida fuente. La vaca, abriendo los pies traseros, se la entregaba toda entera, blanca y rosada, inmensa, pletórica. Y colgado de un pezón el becerrillo, dio tres golpes con el testuz á la ubre y se quedó luego inmóvil, como dormido, recibiendo con deleite el oculto chorro lácteo, caliente y rico, que poco a poco iba haciendo dilatarse los ijares antes hundidos del glotoncillo inconsciente.

Sentí ruido hacia el camino. Pasaban dos mujeres arrebujadas en mantas viejas y montadas en dos borricos que iban pisando tímidamente el sendero empanderado por la helada. Las conocí: eran de la aldea. Una de ellas llevaba algo escondido bajo la manta.

  • ¿Dónde váis á estas horas y con este frío que hace?- las pregunté, sin acercarme al camino.

  • A lleval esti contrabando á la ciudá, señol- dijeron; es lo de esa perdía de la Luteria, que ha espachao esta misma noche y mos lo han da opa llevalo ondi ya tiene quizás otros dos. Y cuidiaíto si con este frío que jaci no casca antes de llegal allí el infeliz.

Y sonó un llanto muy débil, que parecía lejano, de sonsonete uniforme, ronquito, con acentos de faiga.

Me quedé como atontado.

  • Pero, ¿y la… madre? – dije á voces á las tiucas que se alejaban.

  • Tan campanti, señol, tan campanti que se ha queao sin el engorro de esti enfeliz- me gritaron ya desde lejos.

No supe dónde poner los ojos y los volví de repente hacia la vaca. No estaba ya donde antes. Iba ya lejos internándose de prisa en la espesura del monte y mirando a su hijo, que trotaba junto á ella contento, triscador, con el estómago lleno ¡y sin frío! ¡sin pizca de frío!…

Y entonces fue cuando yo puse en boca del niño que iba llorando este magnífico disparate:

¡Ay, ay! ¡Quién fuera choto… quién fuera choto!.

Vale