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Dice la Academia que la voz inglesa ranking es la “clasificación de mayor a menor útil para establecer criterios de valoración”. Y a eso se referían noticias la semana pasada informando de los resultados del Observatorio de la Cultura de 2019, conocido a principios de 2020.

Como el informe del Observatorio de la Cultura es público visitando la web de la Fundación Contemporánea (www.fundacioncontemporanea.com), y la percepción y la relevancia que Cáceres y Extremadura representan en el mismo, con un descenso en esa clasificación tanto para la ciudad de Cáceres (otrora “Capital Cultural de Extremadura”) como para la región, convendría tomar en cuenta alguna consideración. En esta entrada, a nivel local de la capital cacereña.

¿Cuál es la importancia que la CULTURA tiene para los cacereños? Si hacemos caso a los eventos culturales que se producen en la ciudad nos encontramos con una auténtica parálisis en general, y en alguna de las Bellas Artes en particular. Los eventos de mayor trascendencia (Womad, Festival de Teatro Clásico) constituyen fechas fijas y estancas, sin mayor porosidad social. El resto de eventos están secuestrados por las subvenciones que desde las administraciones públicas (especialmente, el Ayuntamiento) se conceden nominativamente, no dejando ni siquiera migajas para cualquier innovación.

Esta parálisis se observa en la programación ordinaria del Gran Teatro, que carece de prioridades más allá de asumir compromisos de algunos eventos y acoger, a taquilla, obras de teatro y conciertos sin cohesión cultural ni trascendencia.

Lo mismo sucede con las ¿programaciones? de espacios públicos (Palacio de la Isla, Sala Pintores 10, Sala de Arte El Brocense) en las que no existe ningún atisbo de programación, de criterios programáticos que pongan en valor la producción artística de la ciudad y provincia.

Mientras que los presupuestos públicos sigan ciñéndose a subvenciones nominativas, sin posibilidad de que puedan existir partidas presupuestarias para promover la innovación, la producción artística en cualquiera de sus facetas, seguiremos con eventos a fecha fija a mayor gloria, y única, de sus detentadores.

Que las tres salas públicas citadas (Palacio de la Isla, Pintores 10 y El Brocense) carezcan de cohesión en su uso, y no exista ningún espacio público para que se puedan presentar muestras de artistas emergentes, nos encontraremos con artistas emigrantes, con la marcha o la desilusión de mentes inquietas.

Ello, además, con un acendrado concepto de gasto para todo lo que signifique cultura, sin que se atisbe el concepto de inversión. Porque eso es, estrictamente, la cultura: inversión en el futuro y el pensamiento crítico.

Porque, al final, encontramos a artistas que exponen en espacios en los que lo último es el valor artístico de la obra, más allá de su valor decorativo.

Eso sí, cuando llegan el Irish Fleadh, o el Blues no sé qué, lo importante es salir en la foto, y que la foto salga en el periódico. Y a otra cosa.

Con este secuestro cultural, sin que exista ningún modelo de intervención, de cohesión, de coherencia, no es extraño que la ciudad siga cayendo en los rankings. Un secuestro que es la foto-fija de cuál era el valor que la derecha, que ha gobernado (¿o sigue gobernando?) durante dieciséis de los último veinte años. Y de cambio a mejor, ninguna perspectiva.

Vale.

En mis paseos, cuando los doy, por la ciudad, suelo fijarme más en según qué detalles o en según qué símbolos adornan los edificios de la ciudad monumental de Cáceres, más que entrar en iglesias o fotografiar torres albarranas una y mil veces reproducidas.

Por eso, me han llamado la atención una cruces simples (+), que aparecen en el mortero de cal que une las piedras de los muros. Son muy simples, como trazadas por la paleta del albañil cuando quiere señalar algo. Pero si solamente las hubiera visto en un paño de fábrica de piedra del lugar, con la argamasa de la cal morena y la tierra que las une, de un solo edificio no me habrían señalado.

Las he visto en varios e importantes edificios, y, lo más significativo, en las zonas que parece que menos han sufrido reparaciones o reformas. Algunos, simétricamente colocados, otros junto a lo que en su día pudieron ser huecos. Pero casi siempre, con la misma forma y similar trazado.

Solamente en uno de los edificios que he ido fotografiando, en vez de aparecer la cruz (+), aparece simulando la cruz de san Andrés (x).

Los maestros de obras antiguos podrían tener sus símbolos, sus firmas, y a comienzos del siglo XX, en algunas edificaciones, normalmente en un lateral, a la altura de la cumbrera se señalaba el año de construcción.

No deja de ser una coincidencia los símbolos, tan sencillos ¿o tan complejos? que he ido recogiendo. No sé cómo calificarlos, ni cómo datarlos ni atreverme a señalar su significado, pero aparecen en edificios como el Palacio de Camarena, el de Moctezuma, el Palacio Episcopal o el Palacio de Adanero.

Como diría un castizo, la dejo botando por si alguien remata…

Vale.

Hace un par de meses aparecía en la prensa local una información sobre el futuro de los edificios que albergaron las llamadas “viviendas de la Policía Armada”, sitas en la Av. de Cervantes, pasado el puente de la Av. de la Hispanidad.

Aunque los inmuebles (tres viviendas en planta baja, una aislada y dos pareadas, y el resto en un edificio de tres alturas) llevan vacíos hace tiempo, no había querido traer a esta serie de entradas “Cáceres, cerrado por falta de uso” su situación. Quizás, por conocer esas viviendas, paso obligado para mí muchas veces, o por haber conocido a gente que vivió en ellas.

Sin embargo, uniendo el estado de abandono de las mismas (de momento, mejor que abandono, vacías) y las previsiones del equipo de gobierno municipal de realizar un inventario de solares y terrenos, sería el momento de recuperar la escritura de cesión de los terrenos o de donación de los mismos a la Policía Armada para la construcción de viviendas para sus miembros.

Los responsables de la actual MUPOL (Mutualidad de Previsión Social de la Policía Nacional) son los que se han puesto en contacto con el Ayuntamiento para tratar la demolición de los actuales edificios vacíos y la posterior construcción de nuevas viviendas. En principio, no es cuestión saber si los inmuebles son propiedad dominical de la Mutualidad, que seguramente recibió como activos cuando, a medida que se fueron adaptando a la legislación actual.

A la izquierda, 1961, en construcción. A la derecha, 1966, ya terminadas. Fuente @sig.caceres.es

Pero cabría, al menos, la duda sobre la titularidad de los terrenos. Parece que fueron objeto de cesión o donación acordada por el municipio, y sería deseable que los servicios jurídicos del Ayuntamiento emitieran un informe sobre la titularidad real de los mismos y si pudiera plantearse cuestión de reversión en función de cuál fuera la modalidad de obtención por el organismo anterior a la actual Mutualidad de los terrenos.

Pudiera darse el caso de que exista cláusula de reversión para el supuesto de que los terrenos dejaran de destinarse a los fines para los que fueron cedidos, algo habitual. Sin haber tenido acceso a los documentos de cesión o donación, es llamativo que en un régimen dictatorial militar, en un mismo espacio de tiempo, el Ejército recurriera a la compraventa de terrenos para la construcción de viviendas para su personal, mientras que otro cuerpo militar (la Policía Armada era un cuerpo militar) accediera a terrenos de modo gratuito. Además, sabiendo que el Ejército habría solicitado la misma gratuidad de terrenos para las “necesidades habitacionales” de su personal.

Información catastral

Las viviendas de la Policía Armada se construyeron a partir de 1960, en terrenos en cuyas proximidades todavía existían varios hornos caleros en explotación, en una barriada en crecimiento, la del Espíritu Santo, en las que al igual que en El Carneril, se realizaron viviendas autoconstruidas en parcelas cedidas por el Ayuntamiento y cuyos cesionarios hubieron de adquirirlas a lo largo del tiempo para alcanzar la propiedad del suelo.

Dar a conocer el expediente de cesión/donación de los terrenos a favor del Patronato de Casas de la Policía Armada (o denominación que tuviera en la época) llevaría al Ayuntamiento a determinar si esos terrenos serían susceptibles de ser reclamados para el municipio.

Planeamiento vigente. Suelo Urbano Consolidado.

Luego, una vez depurada la situación jurídica y legal de los terrenos, el tratamiento urbanístico de los mismos se deberá atener a lo establecido en el PGM vigente desde 2010. Esos terrenos están dentro del Suelo Urbano Consolidado, con previsión de 3 alturas donde se sitúa ahora las tres viviendas de una sola planta y las mismas 3 alturas para el bloque de viviendas colectivas.

Será el Ayuntamiento el que determine el procedimiento de ordenación del terreno, manteniendo las alineaciones actuales o bien modificándolas, con la figura de planeamiento que corresponda (Estudio de Detalle, sin aumento de la edificabilidad existente u otra figura si se plantea el incremento de la superficie construida).

Vale.

Parece ser que el Ayuntamiento de Cáceres se ha planteado no incluir en los presupuestos municipales para 2020 ninguna partida para reparaciones en la Plaza de Toros, cuyo deterioro es evidente. En 2019, con los últimos coletazos del gobierno de la derecha, se encargó a los servicios técnicos la redacción de un proyecto de recuperación, básicamente de la cubierta, y que, una vez realizado, se cifró en 360.000 € la cantidad a destinar para ello.

La Plaza de Toros es un bien protegido desde que en 1992 la Junta de Extremadura le otorgara la categoría de Bien de Interés Cultural. Una declaración que, entre otras cosas, establece a la propiedad la obligación de su mantenimiento y conservación.

El inmueble, deteriorado en su cubierta, que necesita para la protección de viandantes que se encuentre vallado, y también deteriorado en sus dependencias interiores necesita de diversas reparaciones que, a lo que se conoce hasta ahora, superan los más de 350 mil euros señalados en el proyecto de 2019. Pero el equipo de gobierno, en el ejercicio de sus responsabilidades, ha decidido priorizar el gasto para invertir más en los barrios que más desatendidos han estado en los últimos años.

Invertir en reparar o rehabilitar la Plaza de Toros, con la única finalidad de servir para un par de espectáculos taurinos al año es una manera de no ser ni responsables con las obligaciones y con las demandas que amplios colectivos de ciudadanos reclaman.

Y llegados a este punto es donde, como siempre, entran las miradas hacia lo que se ha hecho en otras ciudades con Plazas de Toros reconvertidas. Hace unos días se ponía de ejemplo en un periódico lo hecho en Barcelona, sin otra referencia a que en la capital catalana convivieron dos plazas de toros, la Monumental y la de Las Arenas. Al día de hoy, en ninguna de las dos se celebran espectáculos taurinos, y mientras la monumental sirve para la realización de múltiples actividades, a través de Monumental-Club, la de Las Arenas se convirtió en 2011 en un Centro Comercial.

Son dos ejemplos que requieren, en el primer tipo de uso, la inversión en rehabilitación de todos los espacios, cubiertos y descubiertos, que garanticen la seguridad de los usuarios, mientras que en el segundo, centro comercial, necesitaría una inversión más compleja y un estudio de mercado serio sobre la capacidad de la ciudad (económica, de población, etc.).

Datos catastrales. catastro.meh.,es

Darle usos (además del residual uso taurino) a un inmueble de más de 4.000 m2 de terreno y 3.700 m2 construidos (incluyendo el coso, propiamente dicho, que tiene un diámetro de 60 metros) requeriría un programa económico plurianual, con un adecuado proyecto de protección del Bien de Interés Cultural y la dotación de infraestructuras sanitarias, eléctricas, tecnológicas, de accesibilidad… que permitieran siquiera emular (salvando las grandes distancias en población sobre todo) lo que se viene realizando en la Monumental de Barcelona. Ello conllevaría, por otra parte, que el Ayuntamiento debería calibrar muy bien las inversiones para que no fueran desequilibrantes con el resto de la ciudad.

Porque personalmente no creo que, una vez llevado a la práctica un proyecto de mínimos, como el aprobado en 2019, hubiera la posibilidad de que una iniciativa privada pudiera hacerse cargo del inmueble, mediante una concesión administrativa que le diera continuidad de uso y que asumiera costes de reparaciones, mantenimiento y entretenimiento a lo largo de varios años.

Vale.

La falacia de la colaboración público-privada.

Con el próximo traslado del Punto de Atención Continuada del Hospital Virgen de la Montaña al parecer al San Pedro de Alcántara, quedará vacío de uso el primero y será el momento de que su titular, la Diputación Provincial, active una creada comisión para decidir el futuro del inmueble.

Mientras eso sucede, van atisbándose algunos elementos a tener en cuenta. Por un lado, los partidos de la derecha haciendo castillos en el aire, y, a su vez, azuzando a quienes desde no se sabe qué análisis piden que se destine a residencia de mayores (lo que ha recibido un fuerte impacto negativo con la anunciada marcha de la ciudad de las monjas que gestionan el asilo Mi Casa). Y, de otra, las posiciones oficiales de la propia Diputación y ahora del Ayuntamiento de la capital de la provincia, que ponen el acento en los elevados costes que tendrá cualquier alternativa futura.

La sequía económica en la que la última gran crisis económica ha dejado en las arcas públicas son la causa de que tanto Diputación y Ayuntamiento de Cáceres hayan activado el modo “no hay recursos” de cara un futuro uso, o unos futuros usos de un inmueble de gran tamaño.

Y en esta situación es cuando aparece el mantra de la “colaboración público privada”. Algo que no es nada nuevo, pero que con esta nomenclatura parece novedoso. Colaboración público-privada son las externalizaciones de servicios públicos (recogida de basuras, suministro de aguas…), y también lo son concesiones administrativas  como los aparcamientos. Se trata, por las administraciones públicas, de procurar financiación privada para la prestación de servicios para los que no tienen capacidad técnica o económica. El caso del matadero de la ciudad de Cáceres es un ejemplo de que la financiación público-privada por la vía de la externalización es un fracaso a considerar.

Luego están las novedosas “líneas de colaboración” de capital privado en socorro de la ausencia de capacidad económica pública.

El ejemplo que ha suscitado la decisión de las monjas que gestionan la residencia “Mi Casa” es un punto en el que se estrella la posibilidad de transformar el Hospital Virgen de la Montaña en otra residencia de mayores. Si las monjas no consiguen que alguna empresa privada se haga cargo, de modo inmediato, de la gestión de la residencia que ellas dejan, alejará la posibilidad de que capital privado adquiera el inmueble. Salvo, claro está, de que en contra de todos los “análisis” que reclaman una residencia en el centro de la ciudad, ese capital privado adquiera el edificio para destinarlo a usos directamente lucrativos o especulativos. Y, de momento, no parece que haya movimientos en ninguna de las dos direcciones.

La “cooperación público-privada”, tal y como se vende en muchos negocios son la derrota de la gestión pública de los servicios que tiene que prestar. En muchos casos, esa derrota es ideológica, practicada por partidos políticos que llegan al gobierno de las instituciones, pero que ponen al servicio de capitales privados bienes y derechos.

En la ciudad de Cáceres tenemos ahora mismo tres ejemplos para ser realmente pesimistas sobre el futuro de los servicios públicos y sobre la capacidad de las AAPP de gestionar los bienes que son de todos. Por un lado, el asilo “Mi Casa”, que no tiene nada de público, pero que sí será un termómetro de la capacidad de la ciudad de poner en funcionamiento recursos económicos privados.

Por otro lado, la silente Cárcel Vieja, que cada día que pasa se deteriora más y más y para la que no parece que se susciten ideas o proyectos que se puedan llevar a cabo sobre ella para que pase a ser un inmueble al servicio de todos e impedir que su deterioro lo haga más costoso.

Y, finalmente, el Hospital Virgen de la Montaña, sobre el que todavía no se ha realizado más que una primera aproximación de costes para su transformación en ni se sabe, pero que se cifran en unos 20 millones de euros.

Mientras tanto, seguramente habrá alguien lanzando tentáculos y globos sonda por ver si alguien pica.

Vale.

Ayuntamiento de Zorita (Cáceres)

En marzo de 2010, la municipalidad de Chacao, en el área metropolitana de Caracas, aprobaba la Ordenanza sobre la Condecoración “Don José Solano y Bote”, una condecoración que tiene tres modalidades:

– La Primera Clase, denominada “El Gran Cordón”, consta de banda, medalla dorada, botón, miniatura, barra dorada y roseta.

– La Segunda Clase, denominada “El Comendador”, consta de corbata, medalla plateada, botón, miniatura, barra plateada y roseta.

– La Tercera Clase, denominada “El Oficial”, consta de medalla de bronce, botón, miniatura, barra de bronce y roseta.

La municipalidad de Chacao cuenta con unos 61.000 habitantes, y fue fundada el 30 de Septiembre por José Solano y Bote, administrador colonial español desde 1763, quien al producirse una serie de epidemias y calamidades en la ciudad de Caracas, comenzó, en 1764, a desplazar parte de la población de la capital venezolana a Chacao, ciudad que fundó en 1769 y que actualmente pertenece al área metropolitana caraqueña. Solano promulgó en 1768 el decreto de legalización del pueblo San José de Chacao, y en 1769 concedió la licencia para construir la primera iglesia de la localidad, dándole a los pobladores de Chacao un nuevo enfoque para impulsar su desarrollo.

No deja de ser significativo que en 2010 una localidad venezolana ensalce los méritos de un gobernador de la corona española y denomine con su nombre los más altos reconocimientos que la ciudad puede hacer a sus habitantes. Ese gobernador, José Solano y Bote, era un marino de la Armada real española, nacido tierra adentro, en el secano cacereño de Zorita (Cáceres), el 11 de marzo de 1726.

José Solano Bote. Museo Naval.

Situada al sur de Trujillo, en el camino entre esta villa y la de Guadalupe, Zorita tenía en 1850, uno 90 años después de nacer allí José Solano, 530 vecinos, unas 2.903 almas, como recoge Pascual Madoz en en el Tomo XVI (1850) de su Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico de España y sus posesiones de Ultramar. También señala que “este pueblo se hizo v. [villa] en el año 1643; mas no pudiendo pagar los derechos y oponiéndose la c.[ciudad] de Trujillo, que compró el terreno de la jurisd.[jurisdicción], perdió al siguiente año aquel título y quedó tributario de aquella ciudad”.

 José Solano y Bote, era hijo de Agustín de Solano y Carrasco y María Bote y Carrasco. Se casó con Rafaela Ortiz de Rozas y Ruiz de Briviesca y tuvo once hijos: José María de las Mercedes, María de la Merced, María del Rosario, María del Carmen, Francisco José María, María de la Concepción, María Manuela, Josefa Ramona, Estanislao Ramón José, Joaquín José Ramón, Antonio y Eulogio.

Pero antes de los hijos, antes, mucho antes… tras realizar estudios de geografía y política, Solano ingresó en la Real Armada Española con 16 años, y el empleo de guardiamarina, y tras finalizar su formación tuvo su primer destino en el navío Soberbio, perteneciente a la escuadra del Mediterráneo, y estaba mandado por Juan José Navarro, que luego sería Marqués de la Victoria.

El primer combate naval en el que participó Solano fue en el  cabo Sicié, (Tolón) el 22 de febrero de 1744 contra la Marina Real Británica, entonces mandada por el almirante Thomas Mathews, en el marco de la guerra entre España y Francia contra Gran Bretaña, tras la firma del Segundo Pacto de Familia.

Solano fue ascendido por su actuación en aquel hecho a alférez de fragata. Posteriormente, fue escogido como uno de los oficiales que acompañarían a Jorge Juan y Santacecilia en un viaje por Inglaterra y Rusia encargado por el marqués de la Ensenada con el fin de estudiar los adelantos de su ciencia naval y organización de sus respectivas armadas con regreso a España en 1754.

Ascendió a capitán de fragata en 1754 y fue destinado a la Provincia de Venezuela como comisario nombrado por el rey Fernando VI con el objeto de asistir a la demarcación de límites entre España y Portugal al norte del río Amazonas, mediante Real Cédula expedida en el Palacio del Buen Retiro el día 20 de diciembre de 1757. Dicho trabajo le ocupó siete años viajando por el río Orinoco y sus tributarios y en varias oportunidades llegó a Santa Fe de Bogotá para rendir informes al virrey de la Nueva Granada. A la conclusión de la expedición en 1761 fue ascendido a capitán de navío

Fortín Solano

En 1762, al declararse la guerra con Inglaterra, se le dio el mando del navío Rayo y al firmarse la paz es nombrado al año siguiente gobernador y capitán general de la Provincia de Venezuela, por Real Cédula del 12 de junio de 1763. Combatió el contrabando de ingleses y holandeses que azotaban las costas del litoral venezolano. Durante este esfuerzo logró apresar 103 embarcaciones y desalojó a los ingleses de las islas vecinas de Sotavento reduciendo el contrabando de tal manera que en 1770 cuando terminó su gobierno el ingreso de las rentas se había duplicado. Se le nombra Caballero de Santiago, por título extendido en San Lorenzo el 11 de noviembre de 1763.

Navío de 112 cañones

Durante su período al mando de la Provincia de Venezuela dio la orden en 1766 para la construcción del Fortín Solano con la finalidad de reforzar la defensa de Puerto Cabello que ya contaba con el castillo San Felipe. Fundó la población de Chacao, hoy parte del área metropolitana de Caracas, en abril de 1768, con la intención de poblar el sitio y defender a sus pobladores e indígenas. Solano impartió justicia y por ello tuvo fama de ser un gobernante muy justo y respetado durante su mandato colonial venezolano. Fundó asimismo varias escuelas y fue un temible enemigo del contrabando y el vandalismo.

El 20 de septiembre de 1770 es nombrado capitán general de Santo Domingo y presidente de su Real Audiencia. En 1773 fue ascendido a brigadier de la Armada. Concluida la designación de límites con los franceses, que ocupaban el oeste de la isla, solicitó licencia para continuar sus servicios en la Armada, siendo promovido a Jefe de Escuadra en 1779.

Aliada como estaba España con Francia por los denominados Pactos de Familia, en plena guerra de independencia norteamericana la escuadra española debió unir fuerzas con la escuadra francesa de Orvilliers cuando en junio de 1779 fue declarada la guerra a Inglaterra. Solano fue destinado a la escuadra de Antonio González de Arce, saliendo con ella de Ferrol rumbo al canal de la Mancha. La escuadra combinada franco-española, en la que se contaban 68 navíos, logró ejecutar un exitoso bloqueo naval a Gran Bretaña; los buques ingleses se refugiaron en sus puertos causando el colapso del comercio británico. Solano tomó parte en las acciones destinadas al apresamiento del poderoso navío de línea británico Ardent, de setenta y cuatro cañones.

El 22 de febrero de 1780 se le confiere el mando de una escuadra de 12 navíos para escoltar 140 velas con carga a los principales puertos de América y además los acompañaban otros con 12.000 efectivos de tropa con sus equipos militares para la defensa de esas posesiones. Zarpa de Cádiz el día 28 de abril y logra conducirlo y desembarcar el ejército sin novedad en La Habana el 4 de agosto. Contra esta expedición se encontraba una escuadra de 33 navíos ingleses al mando del general George Rodney a las cuales se logró burlar gracias a la pericia y arrojo del almirante Solano.

Iglesia de San José (Madrid)

Colaboró eficazmente en la conquista de la Florida y en la toma de Pensacola, donde acudió en ayuda de Bernardo de Gálvez, gobernador de la Luisiana, en marzo de 1781. En reconocimiento a dichos servicios, Solano fue ascendido a Teniente General de la Real Armada el 4 de agosto de 1781. También retuvo el mando de la Escuadra del Apostadero de la Havana el cual desempeña por dos años.

Solano volvió a España con sólo cuatro navíos y se trasladó a Madrid, donde en 1802 se le dio el encargo de ir a Nápoles para traer a Barcelona a María Antonia de Borbón-Dos Sicilias, prometida del príncipe Fernando, y a Francisco I de las Dos Sicilias, prometido de la infanta de España Isabel de Borbón. Por esta acción el Rey de Nápoles le nombró caballero de la Orden de San Jenaro. Fue ascendido a capitán general de la Armada y continuó en Madrid como consejero de Estado, falleciendo el 24 de abril de 1806.

Firmó un testamento recíproco con su mujer en el que se le otorgaba el poder para testar.

Por concesión especial del rey Carlos IV, se le rindieron honores militares. Su muerte fue honrada a nivel nacional e incluso el rey levantó la prohibición de rendir honores fúnebres en la residencia del monarca, suponiendo un reconocimiento muy especial. Fue sepultado en una capilla del convento de los Carmelitas Descalzos de la Villa y Corte en Madrid en medio de una ceremonia de gran importancia. El convento fue destruido y en su lugar hoy sólo queda la iglesia de San José en la calle de Alcalá.

Zorita (Cáceres)

Sigue siendo un misterio si las bóvedas donde fue sepultado Solano se salvaron y sus restos fueron trasladados a la Parroquia; al parecer el sacristán de dicha iglesia dejó constancia escrita que todos los restos fueron reunidos y enterrados debajo del piso de la iglesia después de un incendio ocurrido en 1930..

A su regresó a España en 1782 y en fecha 1 de mayo de 1784, el rey Carlos III le concedió el título de marqués del Socorro, con un documento en el cual se hace una exposición de los méritos y servicios prestados en la guerra contra Inglaterra, incluyendo lo siguiente: «que fue vuestro mando en la guerra de tanto acierto, que no solo impedisteis al enemigo de hacer aquella conquista, echando los enemigos del Seno mejicano y costas de Honduras y tomarles la isla de Providencia y demás Lucayas o de Bahamas; y además mantuvísteis el comercio marítimo de aquellos mis Dominios entre sí y con estos mis Reinos, ya con el todo de mi Escuadra o parte y ya con escoltas de ellas; habiendo sido vuestra conducta gran causa de la ventajosa paz con que he determinado la última guerra; y finalmente que finalizada habéis conducido de aquellos mis Dominios a estos la Escuadra que habéis mandado y cargada de tesoros míos y del Comercio». Solano fue posteriormente condecorado con la gran cruz de la Orden de Carlos III el 9 de abril de 1791 y fue también nombrado caballero de la Orden de San Jenaro.

En su libro “Zorita, Una antigua villa de la penillanura trujillano-cacereña”, publicado por la Excma. Diputación Provincial de Cáceres en 2016, el historiador José Antonio Ramos Rubio recoge una relación de Reales Despachos, Títulos, Cédulas y otros documentos que resumen perfectamente la trayectoria militar de José Solano y Bote:

– Real Cédula de Fernando VI, comisión dándole para el establecimiento de la nueva línea que con arreglo al tratado de límites concluido con Portugal, debía hacerse por el río Marañón, expedida en el Buen Retiro, a 20 de diciembre del año 1757.

– Real Cédula nombrándole el día 12 de junio de 1763 para el Gobierno y Capitanía General de Venezuela.

– Título de Caballero de Santiago, extendido en San Lorenzo, el día 11 de noviembre de 1763.

– Título de Gobernador, Capitán General de la Isla Española y la ciudad de Santo Domingo, expedida el día 20 de septiembre de 1770, en San Ildefonso.

– Título de Presidente de la Audiencia de la mencionada villa.

Certificación del día 27 de julio de 1775, dada por el Supremo Consejo de Indias, sobre sentencia aprobatoria de su residencia en América.

– Título de Teniente General de la Real Armada, el día 4 de agosto de 1781.

– Oficio comunicándole don Antonio Valdés, como secretario de S. M., la merced de Título de Castilla, por sus relevantes servicios, especialmente en la rendición de Pensacola, de fecha 1 de mayo de 1784.

– Título de Consejero de Continua Asistencia del Consejo de Guerra, de 28 de agosto de 1789. Ese mismo año fue nombrado socio emérito de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País.

– Título de Caballero de la Gran Cruz de la Orden de Carlos III, expedido el día 9 de abril de 1791.

 – El día 4 agosto de 1793 le llega un oficio en el que el rey le comunica haberle concedido plaza del Consejo de Estado, con sueldo y casa de aposento.

– Título de ingreso en la Real Orden de María Luisa, a favor de la señora Marquesa del Socorro, el día 2 de agosto de 1794.

– Nombramiento de Capitán General , el mando político-militar de tierra y mar, de las islas de Santo Domingo, Puerto Rico y Trinidad, de la Presidencia de la Real Audiencia, de la primera de ellas a favor del Marqués del Socorro, el día 4 de enero de 1795.

– Nombramiento de gentilhombre de cámara, con ejercicio, fechado el día 8 de septiembre de 1795.

– Título de Caballero de Gran Cruz de la Sagrada Religión de San Juan, fechado el día 12 de febrero de 1725.

La ciudad de Cáceres, capital de la provincia en la que se encuentra la localidad de Zorita, dedicó en los años 70 del siglo XX una calle al Almirante Solano y Bote. Quizás, en aquel momento no se encontró en el Ayuntamiento de la capital la suficiente información y documentación sobre la figura de este eminente militar y marino, porque la calle que lleva su nombre se encuentra en una barriada dedicada al Perú, con las calles Lima, Arequipa…, pero que no guardan relación suficiente con el almirante al que en su tiempo se le conoció con el sobrenombre de El Terror del Atlántico.

La reciente, y aún incipiente, recuperación de la figura de Bernardo de Gálvez, contemporáneo y compañero de armas de Solano, hace cada vez más necesario que Extremadura rinda el homenaje que se merece un militar que fue una figura fundamental en su tiempo, y que, singularmente, contribuyó con su socorro a Bernardo de Gálvez en la batalla de Pensacola.

Un marino de secano, un militar de renombre, con escaso nombre en su tierra. Y muy poco reconocimiento.

Vale.

  • Artículo publicado por el autor en el nº 24 de la Revista Santa Ana. 2017.

Hace unos pocos meses, con motivo de las primeras tentativas de encontrar futuros usos para el Hospital Virgen de la Montaña, ganaba fuerza, según encuestas a ojímetro, la idea de que se destine a una residencia de mayores. Por supuesto, nadie de los que proponía esa loable idea describía quién debería afrontar los presupuestos para la transformación, aunque se intuía que estos recaerían en la Junta de Extremadura.

En Cáceres, actualmente, hay dos residencias públicas. Una, la denominada Cervantes, con 204 plazas, aunque actualmente tiene una planta reformada para destinarla a residentes asistidos, sin presupuesto para ello. La otra, la denominada asistida, de mayor capacidad.

También existen varias residencias privadas (Gervida, Ciudad Jardín, La Hacienda, Care en el Seminario…) en las que, a salvo de datos concretos, residen mayores en plazas concertadas con la administración.

Ahora, cuando las monjas que regentan el asilo Mi Casa anuncian que la falta de vocaciones religiosas anuncian su marcha de la ciudad, queda vacante de empresa que gestione esa residencia, de unas 115 plazas. Según los datos facilitados a través de los medios, el número de residentes es de 94, y cuenta con 43 empleados. También se conoce que la congregación religiosa pone en venta el inmueble, en pleno centro de la ciudad, si bien parece que aún no cuentan con una tasación que fije su precio.

El edificio, con una superficie construida, según Catastro, de 12.457 m2, sobre una superficie de suelo de 5.772 m2, en una ubicación que en tiempos de “bonanza” inmobiliaria hubiera supuesto una desmedida avaricia económica. Actualmente, la realidad económica de la ciudad no parece que eso sea posible. También se hizo hincapié por las monjas propietarias del inmueble que este no podría ser destinado a un uso distinto del genérico asistencial. Algo, sin duda, encajable en un afán de la congregación religiosa de huir de cualquier ánimo económico. El planeamiento urbanístico es susceptible de ser modificado, como también se ha publicado.

En la prensa económica española se vienen publicando informaciones sobre la atención que grupos financieros o empresariales vienen centrando en el “negocio” de las residencias de mayores. Por supuesto, esas informaciones tienen dos objetivos: uno, avivar el mercado inmobiliario, y, otro, dirigir desde grupos interesados en determinadas zonas.

Foto. Catastro.

No parece que las necesidades reales de plazas para mayores en la ciudad de Cáceres y su entorno, unidas a la capacidad económica de los ciudadanos, puedan resultar muy atractivas para importantes desembolsos.

Un estudio de mercado (de eso, en realidad se trata) tiene que tomar en consideración el target, el grupo social destinatario, su volumen, su capacidad económica, todo ello para ponerlo en relación con los costes del inmueble, los gastos si fueran necesarios para cumplir con toda la normativa, y un horizonte asequible de amortización de la inversión. Además, por supuesto, un buen análisis de necesidades de personal, tanto en número como en cualificación.

Finalmente, lo que no parece sencillo es que la congregación religiosa pudiera enajenar el inmueble por menor valor que una tasación profesional, por lo que, si la marcha de las monjas se lleva a cabo con celeridad, sí podría darse el caso de que una empresa especializada estuviera en disposición de asumir la plantilla y gestionar por un tiempo la residencia.

Vale.

Canteras

cercadelasretamas —  enero 11, 2020 — Deja un comentario

Cáceres, y su entorno más inmediato fue una potente ubicación de la industria calera, que estuvo activa hasta bien entrados los años 60. Los hornos caleros se surtían de canteras normalmente de pequeño tamaño, pero cercanas unas de otras. Algunas de esas canteras ya desapareció, “asumida” por el desarrollo de la ciudad, como la que existía en el espacio que ahora ocupa el Pabellón multiusos, o en la primera mitad de los años 70, la cantera sobre la que asienta la Residencia de Mayores “Cervantes”.

Sin embargo, a medida que las industrias calera iban desvaneciéndose, comenzaron a tener importancia las canteras destinadas a la extracción de piedra para las obras de infraestructura, ya fueran zahorras de carreteras, hormigonados, etc.

Ahora, con el proyecto de la Mina de Litio al sitio de Valdeflores, parece que hemos retrocedido en el tiempo. La empresa de la mina “ofrece” en su plan de recuperación la construcción de un auditorio sobre el hueco que dejaría el litio.

Y eso me suena.

Pero antes, un breve repaso descriptivo sobre las canteras. Ya he citado la existente en el actual Pabellón Multiusos. También está recuperada la llamada cantera de Tapia, sobre el Cerro de Cabezarrubia o Cerro de los Pinos. Actualmente, en uso, están las canteras de Cipriano Gallego o los Núñez, sobre la vertiente sur del Cerro del Arropez. Existe otra, no visible ni conocida, en la finca Alcor del Roble, que está lentamente recuperándose con vertidos del CEFOT 1, ya que es en sus terrenos donde se encuentra. Y la más conocida de todas (eso debería ser) la Cantera de Maltravieso.

Y vamos a lo que me suena. Recuperada la del Cerro de Los Pinos y también, aunque sin prácticamente uso, la de Maltravieso, está pendiente de recuperar el cráter de la Cantera de Olleta.

Sí, esa cantera sobre la que se “proyectó” en torno a 2005-2007 un magnífico auditorio con capacidad para 37.000 espectadores, diseñado por el reciente Premio Nacional de Arquitectura 2019, Alvaro Siza, en unión de J.M. Hernández León.

De aquel proyecto inmenso nada más se supo. Seguramente sucumbió por la crisis económica que se desató en esos mismos años, o también por el efecto gaseosa tan querido a algún cargo público.

Estos días nos encontramos otra vez con un auditorio magnífico… a construir cuando el período de ¿18-20 años? de explotación de la mina de litio hubiera concluido.

Si para la única cantera (exceptuadas la del Multiusos y la de la Residencia de Mayores Cervantes) que se ha recuperado con una finalidad más o menos similar a la de un auditorio al aire libre, la de Maltravieso, no tenemos ni idea de cómo usarla, y eso que como mucho podría albergar unos 300 o poco más espectadores sentados, unos cuantos, no muchos, más de pie, cómo vamos ser capaces de gestionar ni en la modalidad de gestión pública o eso que se lleva ahora de “gestión público-privada” un auditorio como el desaparecido de la cantera de Olleta (37.000 espectadores) ni el futuro muy futuro hipotético de la mina de litio de Valdeflores.

Pero eso sí, como ocurrió con el auditorio de Siza & Hernández León sobre la cantera de Olleta, la oferta de la empresa minera dará para rellenar algunas páginas de los periódicos. Pero, eso sí, sin ninguna capacidad de análisis crítico por parte de los medios. ¿Para qué?

Vale.

El pasado 16 de diciembre, al cabo de la reunión del Patronato de la Fundación Helga de Alvear se anunció que la coleccionista había decidido donar 207 obras al Ayuntamiento de Cáceres. Ese día, el Patronato había aprobado el presupuesto y plan de actuación para 2020, sin que en dicho Plan se diga nada de la donación.

Es entendible que la donación la realiza Helga de Alvear sin que dicha acción deba ser sometida a la consideración (aprobación o no) del Patronato, porque las obras siguen siendo de su propiedad. Hasta aquí todo es sencillo. Un gesto que necesitará un reconocimiento de la ciudad.

Una noticia de este calibre, acompañada de la valoración económica de la donación (42 millones de euros) habría requerido algo más que una frase de un concejal, asistente como miembro del Patronato, a la reunión en la que la coleccionista alemana hizo el anuncio.

Y es a partir de este anuncio cuando entran en juego diversas valoraciones. La primera, política, ya que hasta ahora solamente hay constancia de las antes citadas declaraciones del concejal José Ramón Bello, pero ninguna valoración desde la alcaldía o desde los diversos grupos políticos municipales. Como si la noticia fuera insustancial.

Como seguidor de la información que se genera (escasa, corta) en la ciudad de Cáceres me atrevo a entender que el silencio de los grupos políticos municipales tiene mucho que ver con cierto vértigo. A poco que los concejales conozcan (muchas veces lo dudo) las funciones que desempeñan como miembros del pleno, saben que la donación les va a acarrear quebraderos de cabeza.

Porque se trata de una donación, que es uno de los procedimientos por los que las administraciones públicas pueden adquirir bienes y derechos, y como todo procedimiento administrativo tiene sus trámites. No basta con llevar a la comisión de cultural y luego al pleno la lista de las obras donadas y su valoración. Es necesario conocer y valorar política y jurídicamente las características de la donación, las condiciones que el ayuntamiento debe cumplir para recibir las obras y para su mantenimiento y conservación.

No hay ninguna duda de que Helga de Alvear hace la donación en el mismo sentido que siempre ha dicho: que es un compromiso con Extremadura, a través de los organismos que representan a los extremeños. Más adelante estarán las donaciones que irán a parar a la Diputación, la Junta de Extremadura y a la Universidad.

Desde el punto de vista de la integridad de la colección, no cabe duda de que debe mantenerse como hasta ahora, con el único añadido en los inventarios de las obras que están donadas al Ayuntamiento (y las que sigan a Diputación,  Junta de Extremadura y Universidad). Y así debe ser para el futuro.

Otra cosa son las obligaciones que adquiera el Ayuntamiento y que van más allá de la firma de un documento de donación que, protocolariamente, firmen la galerista con el alcalde de la ciudad. Ese documento debe incorporarse al inventario municipal de bienes y derechos.

La incorporación de bienes y derechos al inventario debe ser aprobada por el pleno, y por tanto, sometida a transparencia pública. Las obligaciones derivadas del mantenimiento y conservación de los bienes, ya sean demaniales o privativos, que precisen dotaciones económicas deben incorporarse a los presupuestos.

Por otra parte, y conforme a la legislación vigente en materia de patrimonio histórico y cultural, los bienes muebles que tengan esos valores, deberán tener un tratamiento que permita su divulgación y conocimiento por los ciudadanos.

La donación de 207 obras por Helga de Alvear no puede ser un acto simple administrativo de firma, sino que debe contener, por parte del Ayuntamiento, la obligación de que las obras, con todas las garantías de seguridad, mantenimiento y conservación, sean visibles para todos.

Vale.

Vacío.

cercadelasretamas —  diciembre 16, 2019 — Deja un comentario

Mientras en los barrios céntricos y viejos de las grandes ciudades se habla de gentrificación, de la expulsión de los vecinos por las “nuevas” formas de entender la ciudad, en una pequeña capital de provincia se va produciendo el vacío de los barrios céntricos porque su configuración no permite ni siquiera expulsar a sus vecinos por la implantación de nuevos usos, sino que se marchan (o envejecen y mueren) para buscar espacios en los que disponer de todos los servicios necesarios.

Es verdad que en Cáceres está aumentando el número de apartamentos turísticos de manera importante, pero muchos de ellos son la adaptación de viviendas ya vacías. Y también se está produciendo un aumento de locales comerciales y edificios vacíos no ya en la ciudad monumental, donde se aprecia más la falta de servicios, sino en su entorno inmediato. De vez en cuando, una iniciativa, casi siempre en el sector turístico parece hacer que la cola de lagartija se mueva, parece que la ciudad monumental recobra algo de vida más allá de la que sus vecinos, los que quedan o los que en un momento dado, hace pocos años, decidieron apostar por sus calles. Mientras sus calles céntricas “de toda la vida” (Pintores, Moret, Paneras, San Pedro, Roso de Luna, Donoso Cortés, Parras…) siguen sin recibir ni siquiera microimpulsos.

Hoy, los periódicos se hacen eco de que el Colegio Paideuterión, en la calle Sierpes, fundado a finales de los años 50 por Aurelio Luna Soto, ha iniciado los trámites para mudarse, para buscar esos espacios que le permitan desempeñar mejor su función, ahora regida por una Sociedad Cooperativa de Trabajo.

El Ayuntamiento no puede ni debe desatender la petición de los titulares del Paideuterión y ya trabajan en la fórmula para que una parcela de uso docente en el Polígono Nuevo Cáceres sea la que acoja al colegio en su mudanza.

La ubicación actual y sus necesidades de responder a los nuevos retos educativos ya hizo que para ampliar su edificación original hubiera que modificar el Plan de Urbanismo, con un aumento de la edificabilidad, llevando la fachada posterior a la calle Amor de Dios.

En el tiempo que transcurra entre estos días y cuando se produzca el traslado definitivo del Colegio, debería ser suficiente para que, con un liderazgo municipal suficiente, y con la colaboración de los titulares del mismo, se pueda definir usos para el actual centro, que tiene una superficie de suelo de unos 1.900 m2 y una superficie construida de casi 3.800 m2.

Para una ciudad en la que los cierres de locales o edificios sin uso se producen por cuestiones puramente económicas de interés para sus propietarios, poder planificar qué hacer con un inmueble equivalente a 38 viviendas sería un reto. Claro, que planificado fue el cierre de la vieja Cárcel y lo es en estas fechas el Hospital Virgen de la Montaña y ahí están ambas instalaciones, sujetas al albur de decisiones políticas y económicas (dinero público) que eternizan el abandono y la desidia.

Progresivamente fueron desapareciendo El Madruelo (colegio público), cuyo edificio lleva camino de la ruina o de la demolición programada si llega a tiempo, el Pauditerion Femenino (que también se fue al Nuevo Cáceres), el antiguo de las Damas Apostólicas, ahora en Los Fratres con el nombre de Giner de los Ríos, el Colegio San Antonio, que se fue más lejos y su antiguo espacio es ahora un hotel de 4****, y podemos incluir también el Nazaret, que estaba en La Madrila, que cuando se trazó su Plan Parcial parece que no dejó espacio para dotaciones docentes.

Permanecen en este ámbito más céntrico dos colegios Públicos, Delicias y el Virgen de la Montaña.

Vale.