Archivos para mayo 2016

Pasando con Chely, mi mujer, por la calle de Moros, rebautizada, paradojas de la historia, como calle del General Margallo, comentamos el tiempo que llevan cerradas las Escuelas de Vicente Marrón, una escuela que acogió la enseñanza básica de muchos niños y niñas en un entorno urbano en el que llegaron a convivir, en menos de 100 metros de distancia tres centros educativos: las citadas Escuelas de Marrón, el Colegio San Antonio de Padua y el llamado Paideuterión Femenino. De los tres, el San Antonio es hoy un hotel de cuatro estrellas, el Paideuterion Femenino se trasladó y es ahora una academia privada de FP, y solamente las Escuelas de Marrón han caído en el olvido.

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Chely, mi esposa, me recordó algunas cosas de dicha escuela, ya que vivió en la misma calle, unos números más arriba, y unos números más arriba vivimos después. La calle de Moros, ahora Margallo, es una calle que conocemos bien.

El 24 de octubre de 2012, Fernando Jiménez Berrocal, cronista oficial de Cáceres, escribía un artículo con una breve semblanza de Vicente Marrón, que dio nombre a las escuelas, y cómo en 1986 cerró sus puertas. La propiedad parece que pasó a los franciscanos del medianero colegio San Antonio, que con el tiempo mudaron a un nuevo centro y vendieron su propiedad inicial.

Hoy, el “Grupo Escolar Vicente Marrón” permanece cerrado, con dos señales propias de obras de construcción en su puerta de hierro del estilo de las que en los años 60 y 70 fabricaba Viera en la vecina calle de San Justo. Cerrado.

Poco a poco, la ciudad sigue cerrando espacios y no consigue abrir otros que fueron en su día lugares llenos de vida, por los que corretearon niños, en los que aprendían las primeras letras, los primeros números.

El antiguo Grupo Escolar Vicente Marrón, cerrado, con su exigua fachada envejecida por el paso de los años y su interior, seguramente, en estado de abandono o semiabandono es un símbolo más.

La calle de Moros tiene en su longitud ejemplos de espacios cerrados, fachadas envejecidas, que conviven con algunas en las que los esfuerzos de sus propietarios convierten a una de las calles más largas del casco viejo en un ejemplo de decadencia y de vanos esfuerzos de supervivencia.

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El Grupo Escolar Vicente Marrón, al que se accede por el número 6 de la calle Margallo, tiene una superficie de casi 1.400 m2, y, aunque interior, dispone de un patio amplio.

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Seguramente, la actual propiedad habrá intentado algún uso, destinarlo a algún uso, pero su inclusión en el Plan Especial, con normas estrictas y con unas interpretaciones igualmente estrictas por los técnicos municipales encargados de aplicarlas seguramente hacen inviable su futuro, más allá de la ruina, si no lo está ya, y de lamentar en el tiempo que su degradación se traslade a edificaciones del entorno, ya de por sí algunas viejas y con escaso mantenimiento.

El Grupo Escolar Vicente Marrón, cerrado hace muchos años, más años que otros inmuebles que han pasado por esta serie de “Cerrado por falta de uso”, es una muestra de que la decadencia de una ciudad no es flor de un día sino jardín de muchos años.

Vale.

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Con la polémica originada por la Delegada del Gobierno en Madrid a causa de su intento de prohibir el acceso al Estadio Calderón con esteladas, se han sucedido declaraciones a favor y en contra, como es habitual. Pero ha habido una declaración que me ha llamado la atención y que puede verse en este link: http://www.lasexta.com/programas/al-rojo-vivo/entrevistas/pablo-iglesias-en-los-estadios-debe-haber-libertad-de-expresion-prohibir-las-esteladas-es-ridiculo_20160519573db2e26584a8ecd2c47bdc.html

He rastreado la posibilidad de que algún periodista hubiera encontrado la forma de desenmascarar lo que es una falacia o una utilización inadecuada de los conceptos y no la he visto. Por supuesto que García Ferreras, el dúctil director de Al Rojo Vivo, y que a veces parece incisivo de rápido reflejo, no cayó en la cuenta cuando su líder predilecto (en lo político) utilizaba conceptos que se pegan de hostias. Y tan tranquilo.

Con ese lenguaje entre frailuno y cornero degollado que pone Pablo Iglesias cuando quiere que se le dé la razón por su capacidad de liderazgo, el líder de Izquierda Unida, digo, de Podemos, criticaba la infumable prohibición de la Delegada del Gobierno, y se refería a que en los estadios no puede haber símbolos racistas, homófobos y otros del mismo rango, dejó caer una perla que alguien que se dice con una gran formación en Ciencia Política no debería proferir.

Se refería Iglesias a que si alguien quería ir con esteladas al Estadio Calderón podía ir, lo mismo que si se muestran banderas andaluzas. Pues no, Pablo, no es lo mismo. Las banderas andaluzas que se exhiben en los estadios se corresponden con la verde y blanca, bandera oficial de la Comunidad Autónoma Andaluza. Y no se la puede comparar con la estelada, una bandera diseñada para su uso por una parte de ciudadanos catalanes.

El señor Iglesias compara una bandera oficial con una que no lo es. Y eso es un error de concepto que demuestra una vez más que cuando el teórico de la Ciencia Política desciende al terreno de la realidad normalmente no acierta.

La única comparación posible, en pie de igualdad con la bandera oficial de Andalucía es la senyera, la bandera oficial de Catalunya.

Que el sabio Ferreras no tuviera reflejos para apreciar este pequeño matiz, puede ser por deslumbramiento. Porque no es un matiz pequeño. No se pueden mezclar ni churras con merinas, ni peras con manzanas ni banderas oficiales con otras que no lo son.

Los conceptos, en política, son muy importante, porque en base a ellos se forman las ideas. Y cuando uno no tiene claro los conceptos, suele equivocarse en las ideas y cagarla cuando aterriza en la realidad.

No es lo mismo una estelada que una bandera andaluza. Las comparaciones han  de hacerse entre conceptos iguales, entre objetos iguales. Sobre todo cuando uno engola la voz y el gesto para parecer lo que no es.

Vale.

Se cumplieron el 22 de abril los cuatrocientos años de la muerte de Miguel de Cervantes… y pocas cosas han cambiado desde entonces en lo que respecta a los comportamientos humanos. La vigencia de El Quijote y la obra cervantina en general la vemos en que parece que se han puesto de moda frases quijotescas o sanchopancistas. Frases nacidas en la obra del escritor.

En la biografía de Cervantes hay un episodio, que abarca unos cinco años que van desde que fue apresado por una embarcación de piratas a su regreso a España junto a su hermano Rodrigo, hasta su liberación del cautiverio de Argel. En esos cinco años, tras ser capturado, fue vendido por los piratas a unos musulmanes que negociaban con la vida de aquellos de los que podían obtener buenos rescates.

En un primer intento, la familia de Cervantes se hipotecó de todos sus bienes para rescatar a sus hijos, pero como los dineros no daban más que para uno, Miguel optó porque fuera su hermano Rodrigo el liberado. Varios intentos de fuga posteriores fueron baldíos, hasta que unos monjes trinitarios consiguieron reunir el dinero suficiente para pagar su rescate.

Nada nuevo bajo el sol: guerra, piratas, secuestros… Seguimos igual que hace cuatrocientos años. Mientras que hay occidentales que pretendan realizar su trabajo en espacios de guerra entre facciones de la misma religión, seguirán siendo objetivo económico. Mientras que hubo guerras en el Mediterráneo entre ejércitos de religiones distintas, hubo quienes hicieron de la piratería y el secuestro un objetivo económico.

Nada nuevo bajo el sol. Los piratas de los siglos XVI y XVII se han transmutado en los grupos terroristas del siglo XXI. Aquellos usaban sus artimañas y sus armas para la obtención de beneficios económicos, estos usan sus capacidades para extender sus objetivos de terror a los países enemigos y para obtener beneficios económicos.

La liberación de tres periodistas españoles (Antonio Pampliega, Ángel Sastre y José Luis López) tras diez meses de secuestro/cautiverio, es una buena noticia, como lo fue la liberación de Miguel de Cervantes.

Nada nuevo bajo el sol. En el siglo XVI, en el siglo XVII, las órdenes religiosas eran las encargadas de negociar con los traficantes de seres humanos sometidos a cautiverio su liberación, pagando los precios que se pedían y buscando, como podían, poder reunir el dinero. En el siglo XXI, los servicios secretos de los estados occidentales son los que negocian, se diga o se niegue, la liberación de sus ciudadanos.

Negar que la liberación de rehenes occidentales capturados por grupos terroristas en las guerras de Irak, Afganistán, Siria, o en el África subsahariana, se consigue tras negociaciones muy difíciles, en las que se busca, sobre todo, preservar la vida de los cautivos, es negar la evidencia.

La grandilocuencia con la que muchos dirigentes occidentales afirman que nunca negociarán con terroristas es una manera de engaño. Y cuanto más grandilocuente es la negación de negociaciones, más débil es el dirigente que lo afirma. Los excesos son, muchas veces, una afirmación clamorosa.

La vida y la libertad de los ciudadanos de un país es un bien en sí mismo, que nunca debe estar sometido a precio: ni a pérdida de libertad ni a exposición a la muerte. Los estados son garantes de la vida y la libertad y deben poner, como hacen, esos derechos por delante de cualesquiera otros.

Nada nuevo bajo el sol. Los piratas de la época de Miguel de Cervantes son hoy los grupos terroristas, a los que se combate con inteligencia y capacidad.

Vale.

 

Con la firma del decreto de disolución de las cámaras y convocatoria electoral para el 26 de junio se ejemplifican dos hitos de interés: por un lado, la incapacidad de los actuales dirigentes de los partidos para dar una respuesta a la ciudadanía, y, por otro, la apertura de un escenario desconocido hasta la fecha con la necesidad de convocar elecciones por la falta de acuerdo entre los partidos.

En un futuro, todo parece indicar que los procesos electorales seguirán arrojando similares resultados, con una sustitución del bipartidismo por una bipolarización política que a algunos les permite hablar de ruptura del bipartidismo, pero que no es más que lo mismo, con distintos números.

Sin embargo, sí resulta de interés, y mucho, cómo algunos partidos afrontan las elecciones del 26 de Junio: como una segunda vuelta. Digo algunos, como Podemos, que lo dicen abiertamente, y otros que no lo dicen (todos los demás) pero que de hecho así lo reconocen.

No es una segunda vuelta en sí misma, aunque los partidos se han empeñado en repetir las listas (salvo salidas o abandonos puntuales), sino un proceso electoral nuevo y así deberían escenificarlo los partidos. Solamente desde la pedagogía de atribuir a las elecciones del 26 de junio un valor en sí mismo, el de una convocatoria electoral distinta, diferente, podría intentarse que el fantasma de la segunda vuelta obligue a un proceso de pactos con similares resultados.

Es probable, además, que el único partido al que le interesa hablar, en términos “europeos”, de segunda vuelta, Podemos, sea, como dicen algunos medios de comunicación, el que más modificaciones presente en sus listas si finalmente termina absorbiendo los restos de Izquierda Unida. Unas modificaciones, además, que permitirán a su líder superior, finiquitar de una vez la oposición interna que le supone Íñigo Errejón, cuya influencia quedaría muy mermada.

En la concepción de una segunda vuelta, al modo francés, los partidos minoritarios deberían decir a quién dan su apoyo entre los dos más votados en la primera. Pero no es el caso.

Ahora, de cara al 26 de junio 26J, solamente la permanencia en las cabeceras de cartel de los mismos candidatos se asemeja a lo que es una segunda vuelta. Todo lo demás debería, que no va a ocurrir, parece ser, arrojar un resultado distinto.

Los electores, que según las encuestas en modo barra (barra de bar, por supuesto), están cansados de cuatro meses estériles, puede que, por comodidad o por no dar al contrincante político ni un punto de ventaja, terminen votando lo mismo. O no votando (ya se sabe, la abstención siempre favorece a la derecha).

No se trata de una segunda vuelta. Se trata de que los ciudadanos, los electores, tomen el poder con el voto y decidan. ¿Que deciden un cambio importante en la correlación de fuerzas? Bien decidido estará. ¿Que deciden dar una nueva oportunidad a los mismos que durante cuatro meses no han conseguido llegar a acuerdos? Bien decidido estará.

Ya se sabe que el pueblo, cuando vota, no se equivoca nunca. Y el 20 de diciembre tampoco hubo equivocación. Se equivocan quienes, ahítos de poder, buscan mantenerlo para utilizarlo de barricada contra la realidad, una realidad que rodea de corrupción a todo el partido actualmente en el gobierno.

Se equivocan quienes, ensimismados en su ombligo, permiten espectáculos lamentables como las baronías más propias de tiempos medievales que de mundos cada vez más globalizados.

Se equivocan quienes, transportados de fórums en fórums, se creen que han alcanzado cotas de influencia cuando no son más que títeres de quienes los manejan.

Se equivocan quienes creen que el hiperliderazgo de un ayatolá carismático (a modo de la “iglesia carismática”) es suficiente para alcanzar el poder sin saber que tener el poder no es un fin en sí mismo salvo en las dictaduras.

El 26 de junio hay nuevas elecciones con los mismos actores que no han resuelto nada con el resultado del 20 de diciembre.

Vale.

 

El 20 de marzo de 2009, el Ayuntamiento de Cáceres, tras una inversión de 88.000 euros, ponía El Refugio a disposición de la Asociación de Reporteros Gráficos de la ciudad, que junto con la Asociación Enfoca, abrieron una exposición para dar contenido al inmueble. Creo que si no fue la última fue la penúltima.

Desde hace mucho tiempo el inmueble permanece cerrado, como otros muchos. En este caso, además de ser un punto más en la larga lista de espacios cerrados, es un síntoma de una ciudad que dormita entre rotonda y rotonda.

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Una ciudad cuyos líderes (los concejales son los líderes “más cercanos”) se aventuran a querer para la ciudad, gratis, por supuesto, la vieja cárcel, que tiene 11.000 m2 construidos y que tiene un pequeño inmueble de menos de 200 m2 sin saber qué hacer con él.

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Claro que… como no se destine a usos culturales, no parece que haya ningún otro uso posible. La Asociación de Reporteros Gráficos se hizo con El Refugio, pero a día de hoy, y desde casi al día siguiente de la primera exposición, no tiene uso.

Las razones no se conocen porque la Asociación no ha vuelto a pronunciarse sobre lo que parece todavía (¿o no?) su sede social, ni ha vuelto a organizar nada en el lugar. Prefiere lugares más céntricos, más cercanos.

Organizar actividades culturales en cualquier barrio no parece de interés. Quizás porque quienes en esta ciudad, en este pueblo con rotondas, tienen intereses culturales esperan que los espacios que de verdad pueden ser atrayentes no estén en el quinto coño o en lugares tan extraños como El Refugio.

A estas alturas, no se sabe si el inmueble está ocupado o vacante, ya que no aparece en el listado de locales que puede verse en el portal de transparencia del municipio. Tampoco se sabe si está plenamente incorporado y en qué condiciones jurídicas al inventario municipal. No sería el primer caso.

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Ahora que el Ayuntamiento ha sacado la convocatoria de subvenciones para asociaciones culturales, en las que tendrán preferencia las que tengan más de 15 años de antigüedad (básicamente, solamente hay una, y santa, por cierto) o las que dediquen actividades a cuestiones solidarias (básicamente, en ese sur de Europa solamente hay una), ahora sería el momento de saber para qué quiere el Ayuntamiento determinados espacios. Sin duda, ni la asociación santa ni la del sur de Europa querrían tener que dar uso a El Refugio.

En Cáceres, la iniciativa cultural no va por barrios. Ni va por los barrios. Llevar una exposición de casa de cultura en casa de cultura no es programar cultural, es cubrir desconchones en las paredes.

¿No hay ninguna asociación cultural a la que no le importe dar uso real a El Refugio? ¿No hay nadie en el Ayuntamiento a quien le inquiete la cultura y que esté dispuesto a que la creatividad tenga acogida en un espacio público?

Me atrevo a decir, ya, una respuesta para las dos preguntas. Para la primera, sí, pero poquito, poco tiempo. Para la segunda, rotundamente, no.

Vale.