Archivos para agosto 2019

Es habitual que la aparición de vestigios arqueológicos o prehistóricos dé lugar a que por los responsables de patrimonio y cultura de las administraciones públicas se actúe diligentemente (o no) para establecer los mecanismos mínimos de protección hasta que los estudiosos en cada una de las materias emitan sus informes.

Es menos habitual que cuando se está elaborando un documento tan importante para una ciudad como su Plan General Municipal, los redactores olviden incluir cuantos elementos heredados del pasado en otros documentos similares que merezcan ser preservados, y añadir otros en los que los nuevos criterios y estudios se considere aconsejable su protección.

En cambio, sucede a veces que los redactores de los documentos urbanísticos tengan ante sí elementos que deberían ser tenidos en cuenta por su singularidad y no hayan apreciado su valor, quizás por su aparente carencia significativa.

Imagen parcial del SUNP-8, Vistahermosa, incorporado al PGM de 2010, vigente. Imagen del SIG.CACERES, obtenida por Carlos Sánchez Franco

Esto último, seguramente, es lo que pudiera haber ocurrido a los redactores del Plan Parcial del Sector SUNP-8, Vistahermosa, del PGOU de Cáceres de 1999. Y no solo a los redactores del documento urbanístico, sino a aquellos organismos y entidades a los que por ley les correspondía haber emitidos los consiguientes informes, como la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura y, especialmente, a los servicios técnicos municipales. Esta omisión, sin duda involuntaria, es la que ha impedido que el Horno del Sapillo no esté incluido, con un adecuado perímetro de seguridad, en el Catálogo del Plan General Municipal de Cáceres.

En el libro “Caleros”, editado en 2003 por la Universidad Popular del Ayuntamiento de Cáceres, con los textos de Francisco García Moya y Fernando Jiménez Berrocal (este último actual Archivero municipal), se fija la importancia social, económica y cultural que tuvo para la ciudad de Cáceres el oficio de caleros, la industria de la cal.

La ordenación establecida en el Plan Parcial SUNP-8, Vistahermosa, está incorporada al vigente PGM, que en lo que respecta al Horno del Sapillo, una parte está incluida en una parcela de uso deportivo público y la otra en una parcela de espacios libres.

Dado que la inclusión del Horno del Sapillo, previos los estudios específicos que procedan, desde la datación de su antigüedad, con documentos públicos, notariales y similares, hasta la definición de su arquitectura, corresponde al Ayuntamiento, la necesaria Modificación del PGM para incluir la construcción en el Catálogo puede instarse de oficio, definiendo técnicamente tanto el perímetro de la edificación y el perímetro necesario para su protección.

Una vez definidos estos perímetros, y sus superficies, procederá modificar tanto la parcela de equipamiento deportivo como la de espacios libres, buscando el mejor equilibrio dado que el Horno se encuentra, aproximadamente, en el centro del conjunto de las dos parcelas.

Poner en valor el pasado, sobre todo cuando ha tenido tanta importancia económica y social como la industria de la cal, en la ciudad de Cáceres es, también, una obligación de los agentes intervinientes en los procesos urbanísticos y su desarrollo.

Vale.

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Durante muchos años, la “industria” de los hornos de la cal tuvo gran importancia en Cáceres, hasta casi comienzo de los años 70 del siglo XX, cuando la utilización del cemento fue desplazando a la cal morena de los morteros, dejando una utilización residual en los conocidos “morteros bastardos”. Coincidió esta menor utilización de la cal en la construcción con el auge del sector, de manera que a medida que se iban realizando más edificios con los morteros de cemento iban desapareciendo los caleros, una profesión muy esclava por cuanto la producción de un horno requería normalmente 3 días y 2 noches, en los que había que alimentar el fuego para la producción del que había sido durante siglos, junto con la arena o la tierra, el aglutinante de argamasas para levantar muros, enfoscar paredes o, con la cal blanca, para encalar fachadas en primavera que, en los meses más calurosos, servían para matar los insectos que las corrientes de aire del sur traían a la península enfermedades y epidemias.

Cáceres, Vuelo Americano 1945-1946. Fuente: SITEX http://www.juntaex.es

La calle de Caleros es el recuerdo de la ciudad a aquellos trabajadores que, incluso, extraían la piedra de las canteras para abaratarse los costes o recurrían a su compra a canteros cercanos a los hornos. Hubo hornos en el Calerizo, lógicamente, en las proximidades de la antigua estación de Renfe, o en el Carneril y el Espíritu Santo. Muchos de estos hornos, con el tiempo, cuando una familia dependía de ellos para su sustento, tenían muy cerca la casa familiar, para poder atender mejor la permanencia del fuego. La industrialización del sector de la construcción hizo que muchos caleros pasaran a ser albañiles, dejando sus hornos abandonados.

Cáceres. PNOA 2016- Fuente SITEX http://www.juntaex.es

La importancia del Calerizo no radica solamente en ser el acuífero del que nace la Ribera del Marco, o ser “la capa” que cubre cuevas como Maltravieso, El Conejar o Santa Ana, sino que sus piedras servían para producir cal para los morteros con los que los palacios, las casas fuertes, las iglesias… De la extracción de piedras mediante la preparación de barrenos de dinamita nació la entrada de Maltravieso.

Horno del Sapillo. 15 de agosto de 2019.

No muy lejos de esta Cueva, a unos 650 metros en línea recta, se conserva bastante bien el Horno del Sapillo, uno de los que se tiene constancia, al menos en la tradición popular, con más años de antigüedad.

Horno del Sapillo. 15 de agosto de 2019. Clickeando en las fotos se pueden ver ampliadas

 

El profesor Sanguino Michel anotó en su cuaderno de “Notas referentes a Cáceres”, publicado por Mercedes y Montaña Pulido y Abelardo Martín, en edición facsímil de “Ediciones Norba 1004”, una “Tradición referente á Isabel la Católica”, Dicha nota hace referencia a la publicación por la Revista de Extremadura de un monográfico sobre el IV Centenario de la reina católica, en el que el Marqués de Torres Cabrera relata lo siguiente:

“… En estas atenciones el tiempo se iba y vuelta la Reina de su viaje a Alcántara, llegó el mes de mayo y en uno de sus días se acordó entre los festejos en honor de la Soberana una cacería en el sitio que hoy llaman del Espíritu Santo y en una tierra que hoy está labrada vino a morir un hermoso venado a los pies de los Reyes. Una fuerte tormenta obligó a la Reina a guarecerse en un horno de cal en la falda de la Sierra de la Montaña, con lo que se dio por terminada la cacería, dando los Monarcas vuelta a la población”.

“Esta tradición, continúa Sanguino Michel en su cuaderno de Notas, se la he oído también a mi amigo Hurtado [Publio], no discrepando en lo esencial más que con la añadidura de que el horno en se refugió la Reina fue en el abandonado del Sapillo. Recuérdese que según el ms. [manuscrito] que publiqué de Bartolomé Sánchez Rodríguez, en el siglo XVI sonaba ya con este nombre.”

Horno del Sapillo. 15 de agosto de 2019. Clickeando en las fotos se pueden ver ampliadas

Parece que la ejecución del SUNP-9 “Residencial Vistahermosa”, del PGOU de 1999 permitirá que los terrenos en los que se encuentra el horno pueda preservarse (a falta de consultar la documentación del Plan Parcial), y su estado actual podría aconsejar su restauración, mediante la figura de una Escuela Taller, y, más aún, ponerlo en funcionamiento siquiera con fines pedagógicos y culturales.

Vale.

Ayer tuve ocasión de entrar en la Cueva de Maltravieso, de conocerla, de la voz y los conocimientos de Elena y Carlos, que fueron más que guías, que compartieron sus conocimientos y contestaron a todo tipo de preguntas.

Para quien no conozca Maltravieso, dos cuestiones. Una, principal, que están tardando en contactar con la web del Museo de Cáceres y solicitar la visita. Dos, que vean y lean lo mucho que se ha escrito sobre este enclave.

No voy a plantear aquí cuáles son los valores históricos y prehistóricos de un enclave que, hoy por hoy, es referente mundial de la evolución humana. Me voy a referir a algo más concreto: a cómo fue y es la relación de Maltravieso con su inmediato entorno físico y humano. De ser una cantera de la que se extraía piedra para varios usos: construcción, carreteras, a ser un centro del conocimiento humano desconocido para sus inmediatos vecinos.

Vuelo americano 1945-1946. Fuente: SITEX http://www.juntaex.es.

Cuando una voladura (¡barreeeeeno va!) dejó al aire la entrada de la cueva y demolió alguna cavidad previa a lo que ahora es la primera sala, no existían casi ni casas con vecinos en el entorno. En el “vuelo americano” de 1945-1946 solamente se atisban algunas viviendas aisladas en la zona del Espíritu Santo, su ermita, y poco más. Del actual barrio de Llopis Iborra (antes El Carneril) casi ninguna referencia gráfica. Terreno natural y alguna zona que recuerda que por allí estuvo un vertedero de basuras posteriormente trasladado a El Carrucho. Ah, sí se ve un rectángulo que si uno no es conocedor de la zona no sabría ubicar: la piscina de Falange.

De Maltravieso, solamente se ven los caminos de la cantera. Y eso, sabiendo ubicar dónde está.

En el mismo “vuelo americano” de 1956, ya se aprecia algo mejor lo que posteriormente fue la entrada de la cueva dentro de la cantera, que siguió funcionando hasta años después, si bien por uno de los laterales. Y también en ese vuelo se ven las viviendas que el Ayuntamiento de Cáceres construyó mayoritariamente para empleados suyos, algunas viviendas en lo que hoy son las calle Turia y Miño, y aparece un grupo de viviendas en construcción en lo que actualmente es la calle La Roche sur Yon. En una de esas viviendas, autoconstruidas durante muchos fines de semana por albañiles, viví yo. Mi padre fue uno de ellos.

Vuelo americano 1956. Fuente SITEX http://www.juntaex.es

También aparecen ya las “viviendas bajas” del Barrio del Carneril. En conjunto, ya iba incrementándose la población en las proximidades de Maltravieso. Y mientras, la cueva se sometía al albur de intrusiones, especialmente de adolescentes y jóvenes, por más que el señor Telesforo, el guarda que había trabajado en la cantera, se esforzara en impedirlo. Al señor Telesforo Pérez le conocíamos como “El Francés” y vivió en lo que ahora es la calle Miño, en la vivienda contigua a la de Juan Escribano (Juanito “el del Carrillo” o Juanito “El Chochero”), el padre de Maruchi.

La cueva, durante muchos años estuvo desamparada, por más que se repusiera el candado de una puerta metálica, candado que saltaba por los aires. Entonces, salvo cuando algunos estudiosos del Museo, con Carlos Callejo al frente visitaban la cueva, los vecinos del Carneril y del Espiri conocían su existencia, y, como mucho, decían que era importante. Pero no sabían por qué.

En 2019, existe un Centro de Interpretación, a cargo del Museo de Cáceres, y un parque que da cierta presencia al espacio, aunque también haya sido maltratado y la pérgola que tan bien lucía cuando se inauguró ya no existe.

Si en los años 50, sobre todo los 60 y parte de los 70 del siglo pasado Maltravieso era un lugar de juegos de aventura de muchos adolescentes y jóvenes, cuando solamente en su alrededor había piedras y barro de tierra colorá, hoy no se ve a prácticamente nadie allí, salvo algunos visitantes del Centro de Interpretación. El Parque existe en los planos del callejero, pero no existe ni para niños ni jóvenes, ni para vecinos más o menos próximos.

Una forma de entender los hitos históricos vinculados, anclados en un espacio físico concreto, es conocer como el entorno interacciona. La Cueva del Conejar, que forma parte del mismo espacio geológico que Maltravieso (El Calerizo), ha sido circunscrita a un parque dentro de una urbanización en la que todavía se construyen viviendas, pero que no han arrojado en los estudios arqueológicos obligatorios ningún hallazgo, ni siquiera casual, cuando a menos de 100 metros han aparecido dos cavidades espectaculares modeladas por la erosión del Calerizo.

La interrelación de aquellos años de la segunda mitad del siglo XX con “la cueva” se debía en gran medida a lo desconocido, a lo aventurero, al peligro.

Hoy, Maltravieso puede ocupar portadas de revistas científicas, amplios estudios que demuestran su enorme importancia. Pero los vecinos del entorno no son conscientes de que ellos deben ser, realmente, la mejor manera de que Maltravieso esté vivo, de que entiendan que la cueva que da sentido a sus espacios vitales es uno de los orígenes de la Humanidad, de que las manos plasmadas en las piedras de sus cavidades son las manos de quienes fueron origen del hombre.

Y eso sí, si no has visto Maltravieso, estás tardando…

Vale.

Hace unos días, el grupo de Ciudadanos del Ayuntamiento de Cáceres proponía la realización de una consulta popular para definir los usos futuros del Hospital Virgen de la Montaña, que en pocos meses está previsto que deje de funcionar.

Hoy, la asociación AEMECECA, que es guardiana de la memoria histórica de los represaliados por el fascismo franquista, plantea una consulta popular sobre el uso de la prisión provincial, que lleva varios años cerrada.

En ambos casos concurren circunstancias similares: el Hospital Virgen de la Montaña necesitará una notable inversión para usos distintos, los que sean, del actual sanitario. ¿Quién la asumirá? De momento, en una primera aproximación, el “dueño” es la Diputación. La prisión provincial es propiedad del patrimonio del Estado, y cuando en su momento el Ayuntamiento se interesó, los servicios técnicos municipales estimaron en 12 millones de euros los costes para darle usos.

Pero hay aspectos jurídicos que ni Ciudadanos ni la asociación memorialista han tenido en cuenta: el ámbito de las consultas populares. A lo que parece, por lo publicado en los medios, en ambos casos se pretende consultar a los vecinos de Cáceres para que muestren su parecer. Vecinos de Cáceres ciudad. Pero ello no es posible.

La propiedad del Hospital Virgen de la Montaña corresponde a la Diputación Provincial, que es la administración que representa a la totalidad de los vecinos de la provincia. Por tanto, si el futuro del centro sanitario se debería definir en una consulta popular, debería serlo en el ámbito provincial, algo, que sin duda, plantea notables dificultades, tanto logísticas como jurídicas.

La prisión provincial en desuso se construyó sobre unos terrenos adquiridos por el Ayuntamiento de Cáceres, pero la construcción se financió con aportaciones de la propia Diputación y de los pueblos de la provincia, ya que, no en vano, se trataba de una institución de carácter provincial. Y, al igual que en el caso del hospital, realizar una consulta conllevaría notables dificultades logísticas, jurídicas y políticas.

Sería muy conveniente hacer un poco de pedagogía desde las administraciones públicas sobre conceptos como patrimonio público, modo de obtención de ese patrimonio público, consultas populares y otros que son obviados para lanzar propuestas que únicamente pueden obtener titulares en los medios que carecen de capacidad crítica.

Vale