Archivos para Barrio del Espíritu Santo

Ayer tuve ocasión de entrar en la Cueva de Maltravieso, de conocerla, de la voz y los conocimientos de Elena y Carlos, que fueron más que guías, que compartieron sus conocimientos y contestaron a todo tipo de preguntas.

Para quien no conozca Maltravieso, dos cuestiones. Una, principal, que están tardando en contactar con la web del Museo de Cáceres y solicitar la visita. Dos, que vean y lean lo mucho que se ha escrito sobre este enclave.

No voy a plantear aquí cuáles son los valores históricos y prehistóricos de un enclave que, hoy por hoy, es referente mundial de la evolución humana. Me voy a referir a algo más concreto: a cómo fue y es la relación de Maltravieso con su inmediato entorno físico y humano. De ser una cantera de la que se extraía piedra para varios usos: construcción, carreteras, a ser un centro del conocimiento humano desconocido para sus inmediatos vecinos.

Vuelo americano 1945-1946. Fuente: SITEX http://www.juntaex.es.

Cuando una voladura (¡barreeeeeno va!) dejó al aire la entrada de la cueva y demolió alguna cavidad previa a lo que ahora es la primera sala, no existían casi ni casas con vecinos en el entorno. En el “vuelo americano” de 1945-1946 solamente se atisban algunas viviendas aisladas en la zona del Espíritu Santo, su ermita, y poco más. Del actual barrio de Llopis Iborra (antes El Carneril) casi ninguna referencia gráfica. Terreno natural y alguna zona que recuerda que por allí estuvo un vertedero de basuras posteriormente trasladado a El Carrucho. Ah, sí se ve un rectángulo que si uno no es conocedor de la zona no sabría ubicar: la piscina de Falange.

De Maltravieso, solamente se ven los caminos de la cantera. Y eso, sabiendo ubicar dónde está.

En el mismo “vuelo americano” de 1956, ya se aprecia algo mejor lo que posteriormente fue la entrada de la cueva dentro de la cantera, que siguió funcionando hasta años después, si bien por uno de los laterales. Y también en ese vuelo se ven las viviendas que el Ayuntamiento de Cáceres construyó mayoritariamente para empleados suyos, algunas viviendas en lo que hoy son las calle Turia y Miño, y aparece un grupo de viviendas en construcción en lo que actualmente es la calle La Roche sur Yon. En una de esas viviendas, autoconstruidas durante muchos fines de semana por albañiles, viví yo. Mi padre fue uno de ellos.

Vuelo americano 1956. Fuente SITEX http://www.juntaex.es

También aparecen ya las “viviendas bajas” del Barrio del Carneril. En conjunto, ya iba incrementándose la población en las proximidades de Maltravieso. Y mientras, la cueva se sometía al albur de intrusiones, especialmente de adolescentes y jóvenes, por más que el señor Telesforo, el guarda que había trabajado en la cantera, se esforzara en impedirlo. Al señor Telesforo Pérez le conocíamos como “El Francés” y vivió en lo que ahora es la calle Miño, en la vivienda contigua a la de Juan Escribano (Juanito “el del Carrillo” o Juanito “El Chochero”), el padre de Maruchi.

La cueva, durante muchos años estuvo desamparada, por más que se repusiera el candado de una puerta metálica, candado que saltaba por los aires. Entonces, salvo cuando algunos estudiosos del Museo, con Carlos Callejo al frente visitaban la cueva, los vecinos del Carneril y del Espiri conocían su existencia, y, como mucho, decían que era importante. Pero no sabían por qué.

En 2019, existe un Centro de Interpretación, a cargo del Museo de Cáceres, y un parque que da cierta presencia al espacio, aunque también haya sido maltratado y la pérgola que tan bien lucía cuando se inauguró ya no existe.

Si en los años 50, sobre todo los 60 y parte de los 70 del siglo pasado Maltravieso era un lugar de juegos de aventura de muchos adolescentes y jóvenes, cuando solamente en su alrededor había piedras y barro de tierra colorá, hoy no se ve a prácticamente nadie allí, salvo algunos visitantes del Centro de Interpretación. El Parque existe en los planos del callejero, pero no existe ni para niños ni jóvenes, ni para vecinos más o menos próximos.

Una forma de entender los hitos históricos vinculados, anclados en un espacio físico concreto, es conocer como el entorno interacciona. La Cueva del Conejar, que forma parte del mismo espacio geológico que Maltravieso (El Calerizo), ha sido circunscrita a un parque dentro de una urbanización en la que todavía se construyen viviendas, pero que no han arrojado en los estudios arqueológicos obligatorios ningún hallazgo, ni siquiera casual, cuando a menos de 100 metros han aparecido dos cavidades espectaculares modeladas por la erosión del Calerizo.

La interrelación de aquellos años de la segunda mitad del siglo XX con “la cueva” se debía en gran medida a lo desconocido, a lo aventurero, al peligro.

Hoy, Maltravieso puede ocupar portadas de revistas científicas, amplios estudios que demuestran su enorme importancia. Pero los vecinos del entorno no son conscientes de que ellos deben ser, realmente, la mejor manera de que Maltravieso esté vivo, de que entiendan que la cueva que da sentido a sus espacios vitales es uno de los orígenes de la Humanidad, de que las manos plasmadas en las piedras de sus cavidades son las manos de quienes fueron origen del hombre.

Y eso sí, si no has visto Maltravieso, estás tardando…

Vale.

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(…) Un musgo amarillento

le lame la corteza blanquecina

al tronco carcomido y polvoriento.

(…) Ejército de hormigas en hilera

va trepando por él, y en sus entrañas

urden sus telas grises las arañas

A un olmo seco

Antonio Machado

En estos días se han publicado en Cáceres algunas informaciones que hacen referencia a los olmos que jalonan el acceso desde la Ronda de San Francisco a la puerta de la ermita del Espíritu Santo, junto al Bar Los Jardines. Las informaciones se refieren a que son los últimos olmos de ese barrio. 

Es una pena que la grafiosis haya acabado con unos ejemplares de singular porte, y que no dejan sino tras de sí la pérdida de unos árboles que formaban, junto con los dos olivos situados cada uno a un lado de la facha de la ermita, una imagen singular y característica.

Pero no son los últimos olmos del Espíritu Santo, sino que quedan dos ejemplares, uno más “viejo” que el otro, situados junto a la entrada del edificio de los Juzgados, donde resiste la puerta de una antigua cerca, que formaba parte de la misma propiedad, la Huerta del Conde. Enfrente, al otro lado de la calzada que se llamaba camino viejo de Montánchez, se encontraba otra puerta, que daba acceso a la parte noble de la Huerta.

Esta Ronda de San Francisco, cuando todavía no tenía ese nombre, era la entrada sur a Cáceres, que llegaba hasta el ahora mutilado puente de San Francisco. Saliendo de la ciudad, se llegaba a la cerca cuya puerta se conserva y se iba dejando a la derecha lo que con el tiempo se ha venido en llamar barriada del Espíritu Santo, el enclave de población que se asentó prácticamente en el corazón del Calerizo, en el origen de la Ribera.

En el llamado vuelo americano, una fotografía aérea de Cáceres de 1956, se observa la actual ronda con una abundante arboleda, que, en una imagen similar, de 1981, está casi desaparecida.

Muchos de aquellos árboles que daban sombra y señalaban el camino de tierra todavía, eran olmos, a los que ya a finales de los años 50 y hasta casi mediados de los 70, la grafiosis había ido dejando huecos los troncos, los había ido matando. Esos árboles huecos, muertos por dentro, servían en algunos años para ser la parte central de las hogueras de San Jorge, que en el Espíritu Santo de aquellas fechas se preparaban detrás de las escuelas (ahora sede de la asociación de vecinos) y cuyos rescoldos, tras arder toda la noche, seguían rojos en la tarde del día siguiente.

A la izquierda, Fotografía aérea de 1956 (vuelo americano). A la derecha, fotografía de 1981. En ambas se aprecia con nitidez el campo de fútbol del Espíritu Santo, como referencia.

En la misma cabecera de la Ribera, junto a la chara de El Marco, el barrio del Espíritu Santo fue creciendo, a medida que los olmos de la ronda iban sucumbiendo ante la grafiosis. Cuando llegaban las ferias de ganado que se hacían en el Rodeo, los rebaños de ganado lanar, o las vacas o mulos, asnos y caballos, eran conducidos por esa ronda, entre los cada vez más menguados olmos, y cruzaban el barrio por la calle Turia, sin asfaltar, con la tierra colorá tan característica, y con alguna que otra peña en medio.

Plan General de 1961. Plan quinquenal de etapas. Abajo, a la derecha, se ve 9. Era la Ciudad Deportiva del Sur. Fuente: SIG Ayto. Cáceres.

Ese barrio llegó a ser tenido en cuenta en aquellos años por el Ayuntamiento, aunque no sé si para que quedará bien en los papeles o por verdadero deseo de mejorar el barrio o porque los terrenos pertenecían a alguna de las familias que aportaban concejales por ese tercio… En el Plan de Urbanismo de 1961, de los arquitectos García Pablos y Candela, se incluía una “ciudad deportiva” en la zona sur, justo donde ya había en aquellas fechas un rústico campo de fútbol, junto al actual IES AlQazris, que sería desarrollada en la 9ª y última etapa quinquenal, es decir, al cabo de 45 años desde 1961. Es decir, a partir de 2006. Curiosidades.

Ahora, los (últimos) olmos del Espíritu Santo recuerdan a todos los que se perdieron a lo largo de los años, cuando la grafiosis los fue comiendo por dentro, y cómo el Barrio, al mismo tiempo, fue creciendo.

Vale.