Archivos para PSOE

En las dos anteriores entregas, señalaba cuál podría ser la mejor estrategia a seguir por el partido de Albert Rivera en los pactos poselectorales para la constitución de ayuntamientos y, posteriormente, de las diputaciones. Y lo mismo, en las CC.AA. Siempre en la creencia de que Rivera, como líder de un partido político con aspiraciones de gobierno, podría intentar desplazar al Partido Popular de Pablo Casado en la hegemonía de la derecha en el poder territorial.

Pero no ha sido así. La partida la ha ganado Casado, que de estar más que cuestionado en su propio partido, está consiguiendo (a falta de la constitución de las asambleas regionales y los futuros gobiernos autonómicos) ganarle la partida.

Aunque, más bien, habría de hablarse de que Rivera se ha cocido en su propio jugo y se ha atenazado con su histriónica posición de extender un “cordón sanitario” respecto del PSOE y su SG Pedro Sánchez.

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Juan M. Moreno Bonilla (PP), Juan Marín (Cs) y Juan Bravo (PP) se inclinan ante el portavoz presupuestario de VOX en Andalucía. Foto: Paco Fuentes (@pacofuentesfoto), El País

Rivera, en los ayuntamientos, no ha sabido hacer valer sus resultados y se ha dejado arrastrar por un Partido Popular más ducho en cuestiones políticas, que, por un lado, ha pactado sin ningún rubor con la derecha fascista de Vox, y ha obligado a Rivera a hacerle seguidismo.

La imagen de los dirigentes andaluces de PP y Ciudadanos haciendo reverencias al portavoz de Vox en materia de presupuestos, y la firma del documento bajo los tres logotipos, le ha puesto muy difícil desvincularse de ese yugo (en el sentido franquista del término) en otros territorios.

Cuando ya está casi concluida la jornada de constitución de los ayuntamientos, parece ser que, paradójicamente, Ciudadanos ha conseguido más alcaldías con apoyo del PSOE que con apoyo del PP. Esto sucede por una razón: los dos partidos del “bipartidismo” tradicional tienen más capacidades de maniobra que un bisoño Rivera, y el PSOE, ganador en número de votos y concejalías en las elecciones del 26M ha demostrado que los acuerdos son una parte fundamental del buen gobierno de las administraciones más cercanas a los ciudadanos.

Cuando los datos estén consolidados y se pruebe que a Ciudadanos le va mejor acordando con el PSOE, Rivera no debería tener más remedio que levantar su “cordón sanitario” en torno a Pedro Sánchez. Si no lo hace, la escasa diferencia de número de escaños en el Congreso a favor del PP, se puede hacer mucho más amplia por encogimiento, por miedo, de Rivera.

De esta jornada de pactos, acuerdos, sorpresas… está quedando, por el número de habitantes afectados, que la capital del Estado estará gobernada por un pacto entre las tres derechas, es decir, por un escoramiento hacia las posiciones fascistoides de VOX, y lo mismo sucederá en la Comunidad Autónoma, aunque haya importantes municipios que estarán gobernados por el PSOE.

La imagen de un desnortado, timorato e infantiloide Albert Rivera echado en brazos de la más rancia derecha, lo convierten en un miembro más de ella, destiñendo la etiqueta de liberal que últimamente se atribuía. Claro, que también se definió de centro, de socialdemócrata…

Cuando despierte de su ensoñación y tenga los datos fríos de lo que ha pactado, por activa y por pasiva, con los fascistas de VOX (y con el corroído Partido Popular) ya será tarde. Ya podrá reescribirse el cuento de Monterroso: “Y cuando Rivera despertó, el fascismo todavía estaba en él”.

Vale.

Cuando a comienzos de 2016, después de las elecciones del 20D de 2015, Pablo Iglesias, tras la ronda de contactos iniciada por Pedro Sánchez, al haberse producido la espantá de Rajoy en la primera ronda con el jefe del Estado, salió diciendo que quería una vicepresidencia, varios ministerios y el control del CNI y RTVE para apoyar a Sánchez, quedó meridianamente clara su estrategia: o yo gobierno o seguirá la derecha. Y efectivamente, el fracaso para encontrar gobierno nos llevó a las elecciones de 2016, a la defenestración de Sánchez en el PSOE, a cuenta del NoEsNo, y, finalmente, al gobierno de Rajoy con la abstención socialista.

Ahora, en 2019, el PSOE ha ganado las elecciones, el PP ha sufrido el mayor batacazo al perder la mitad de sus escaños, Ciudadanos ha ganado un buen número de ellos y Vox ha entrado en el Parlamento. Ah, y Podemos y su líder Pablo Iglesias han sufrido un importante descalabro.

Y ahora, otra vez, nos encontramos al amado líder encamado con la ilusión de ser vicepresidente del gobierno y reclamando ministerios sociales si el PSOE quiere gobernar en coalición, si el PSOE quiere sus escaños.

Nada de permitir un gobierno a la portuguesa, con los socialistas en solitario, y buscando los apoyos necesarios (incluidos los de Podemos) para la investidura. Pablo Iglesias, otra vez, despejando las piedras del camino para facilitar una vuelta rápida de la derecha al gobierno.

Sostiene Iglesias que su presencia en el gobierno es la garantía de políticas de izquierdas, de políticas sociales, sin tener en cuenta que para que esas políticas sociales puedan ser llevadas al BOE (quien lo controla tiene el control del gobierno) necesitarán en muchas ocasiones más de los 165 votos que suman PSOE y Podemos. No hay que olvidar que en 2016, cuando Rajoy volvió al gobierno, PSOE+Podemos sumaban 156, y en 2015, cuando Iglesias se invistió como director del CNI, la suma era 157.

La garantía de las políticas de izquierdas pasa por conformar un gobierno estable, un gobierno que permita políticas para la mayoría social (¿o cree el líder amado que todos los trabajadores beneficiados por la subida del SMI les han votado a ellos o al PSOE?), un gobierno que necesita estabilidad para afrontar la necesaria y urgente reforma de la financiación autonómica, o que acometa, de una vez por todas la reforma del Senado por la vía de la reforma constitucional del Título VIII, avanzando hacia el Estado federal. Cuestiones estas que, claramente, siguiendo la teoría política del ideólogo mundial referente en las izquierdas, podrían acometerse mediante un Real Decreto, o un RDL que fuera convalidado por el Congreso.

Las reformas necesarias de temas como la financiación de las CCAA, o de la propia Constitución, necesitan acuerdos amplios, más allá de una mayoría simple parlamentaria, y esos acuerdos no pueden alcanzarse cavando trincheras entre gobierno y oposición, entre gobierno central y gobiernos autonómicos.

Ya ha dicho Pedro Sánchez que la mejor opción para revertir la reforma laboral de Rajoy pasa por la formulación de un nuevo Estatuto de los Trabajadores, una ley básica, que requerirá una mayoría reforzada que la suma de las izquierdas (siendo benévolos, incluyendo a ERC en ellas) no da y que por tanto requerirá de pactos, de acuerdos que lleven a los grupos más moderados de la derecha (si los hubiera, ya que ahora mismo, las tres derechas son una ideológicamente hablando) a sumarse a ellos.

Gobernar cuando no hay mayorías claras, requiere de capacidad de acuerdo por todos los grupos, empezando por el que forme el gobierno, o los que formen el gobierno.

Aspirar a tener una vicepresidencia que “controle” los ministerios sociales, es abrir una grieta desde el mismo momento en que un gobierno se formara con ese criterio, por cuanto las competencias de los ministerios suelen ser transversales, y para eso está la figura del presidente del gobierno, para actuar de manera que se coordinen TODAS las competencias. Tenemos visto muchas veces que declaraciones de unos ministros chocan con las de otro, y señalamos enseguida que eso supone que hay fisuras en el gobierno. Si desde el mismo momento de la toma de posesión de un gobierno trazamos una línea social/no social (según criterio de Iglesias), estamos abocados a un gobierno inestable y, por ello, poco eficaz.

Vale.

A medida que se van acercando las fechas de constitución de los Ayuntamientos y gobiernos autonómicos, más nítidas se han de ir haciendo las estrategias. Algunas, parece que ya lo están. Y digo solo parece, porque hasta el rabo, todo es toro.

Parece que a nivel nacional, el PSOE va a optar por un gobierno a la portuguesa, basado en los 123 diputados que tiene en el Congreso, y que deberá contar con un número de votos favorables y/o uno determinado de diputados que se abstengan. En el gobierno podría haber independientes, cercanos a Podemos, aunque no parece que ningún dirigente cualificado de la formación morada (Pablo Iglesias, Mayoral, Irene Montero…) se siente en el Consejo de Ministros.

La madre de todas las batallas está en el reparto (Comunidad Autónoma, Ayuntamiento) de Madrid… como si el resto de España no existiera. Ni siquiera Barcelona, donde la cuestión está en que Ada Colau se decante por meter a los antiguos izquierdistas de ERC o en hacer un gobierno con el apoyo de PSC, Ciudadanos.

Pero el resto de España existe. Existen capitales de provincia donde se juega un reparto de poder menos visible para los medios “de Madrid”, pero mucho para los habitantes de esas provincias.

En Extremadura, por ejemplo, no hay cuestión en lo que se refiere a la Comunidad Autónoma, donde la mayoría absoluta del PSOE es clara. No pasa así en las dos capitales de provincia o en alguna ciudad importante (Almendralejo, Navalmoral de la Mata).

El ejemplo de Extremadura podría ser determinante para que Rivera, ansioso de ostentar poder, de ejercer más poder que el PP, se decantara por alianzas con el PSOE. Si lo hace, podrá ser visible su hegemonía en la derecha, ya que el PP, además de los diputados perdidos en la Asamblea, solamente conserva el gobierno de una de las 10 ciudades más importantes.

Que concejales de Ciudadanos aparezcan en las fotografías de los órganos de gobierno de Badajoz, Cáceres, Almendralejo, Navalmoral y otras localidades, relegarán al Partido Popular solamente a la fotografía de Plasencia. Muy poco pastel para tanto reparto de egos.

Extremadura sería un ejemplo claro de cómo, tras la victoria del PSOE en las generales del 28A y en las Europeas, Autonómicas y Locales del 26M, a la derecha solamente le queda aceptar entrar en un reparto de poder menguante, en ver quién tiene más capacidad de gobierno frente a quien solamente puede aspirar a ser oposición.

La aparición de Vox en varios ayuntamientos, a mi juicio, no deja de ser un ingrediente que se arrojarán los partidos en las negociaciones, de manera que Ciudadanos pueda “amenazar” al PSOE con irse a la derecha y entregar las capitales de provincia a los caprichos de los seguidores de Abascal y sus secuaces.

Porque Ciudadanos, en ciudades de Extremadura y en otras muchas, solamente tiene la carta de Vox como chantaje, para forzar a tener más peso en gobiernos autonómicos y locales alentando el fantasma del gobierno a la andaluza.

En esa estrategia, mientras Rivera siga blandiendo el hacha de Vox frente al PSOE, irá dando aire, mucho aire, a un Partido Popular que camina sin rumbo, y que ahora, su máxima preocupación es que no se televise en directo el juicio por los discos duros de Bárcenas, de donde puede volver a salir condenado. Y esa condena ya no sería un peso sobre Mariano Rajoy, que ya se comió la corrupción de los gobiernos de Aznar, sino sobre Pablo Casado, que se terminará comiendo la corrupción de los gobiernos de Rajoy.

Si Rivera pretende salir en más fotografías de mando que Casado, ahora tiene la oportunidad. Si no lo hace, en cuatro años puede verse otra vez camino del desierto. Y en el desierto, como en la oposición, puede hacer muchísimo frío.

Vale.

Tras el resultado electoral del 2 de diciembre en Andalucía, han comenzado a surgir iniciativas para frenar a la ultraderecha, para parar a Vox. Esas iniciativas comenzaron en la propia Andalucía al día siguiente de las elecciones con manifestaciones masivas “en contra” de los resultados.

Es meridianamente cierto que la ultraderecha nunca se había ido, que estaba agazapada en la derecha (en el Partido Popular) y aún recuerdo, hace años, cómo se “elogiaba” que fuera el partido creado por exministros de Franco el que servía de dique, el que conseguía que ni Fuerza Nueva ni otros grupos ultramontanos llegaran a los parlamentos.

Eso ha cambiado, y lo mismo que los llamados populismos de izquierdas (Podemos y otros grupos) han fragmentado y en gran medida desmovilizado el voto más progresista, la llegada de Vox al Parlamento andaluz ha fragmentado el voto de la derecha (pero no lo ha desmovilizado), y el reto que se plantea no es convocar manifestaciones contra la llegada de la ultraderecha (más bien, su retorno), sino cómo conseguir, de modo efectivo, que ese retorno no siga aumentando.

Está claro, muy claro, que Pablo Casado, Alberto Rivera y Santiago Abascal han mamado de la misma teta franquista, y los tres tiran de la misma mama para que lo que antes se llamaba “franquismo sociológico” llene sus expectativas de voto.

Es preciso que, cuanto antes, los partidos de izquierda se tomen en serio su papel democrático, constitucional e ideológico: los partidos son los instrumentos que tenemos los ciudadanos para transformar la sociedad. A diferencia del Partido Popular, Ciudadanos, y ahora Vox, que para ellos sus partidos son sus instrumentos de perpetuación en el inconsciente colectivo.

Con el PSOE en el gobierno, Podemos y sus confluencias atornillando las ruedas al asfalto, IU deglutida, la mayor prioridad debería ser la movilización de los ciudadanos progresistas, para que, electoralmente, eso se traduzca en gobiernos de izquierdas en las próximas elecciones municipales y autonómicas.

Estamos asistiendo a un ataque frontal de la derecha utilizando la Constitución como arma (en el sentido bélico del término), la misma a la que Alianza Popular y todos los padres fundadores del Partido Popular, negaron su voto afirmativo, particularmente por el Título VIII, el estado de las autonomías, lo mismo que abandera ahora Santiago Abascal, su deseo de acabar con ellas.

Utilizan la Constitución contra el PSOE y el gobierno de Pedro Sánchez lanzando cada día ataques de pureza de sangre constitucional en el asunto de Cataluña. Y es aquí donde hay que pensar que Quim Torra y el PdeCat son derecha pura y dura y no olvidar que Artur Mas aplicó en Cataluña unos recortes más salvajes que los del propio Rajoy. Quim Torra, y Puigdemont, son supremacistas, y se sirven de una ERC que ha perdido cualquier seña política social, cegados por un imposible deseo de independencia.

A la derecha (y ultraderecha) española le viene muy bien que la derecha (y la ultraderecha supremacista) catalana le sirva de coartada (en el sentido policial del término) para repartir carnets de constitucionalismo cuando esa misma derecha no ha creído en ella.

No es una respuesta inteligente convocar manifestaciones antifascistas que lo que consiguen es la reafirmación de quienes son señalados. O, al menos, no es ni mucho menos el mejor método para parar a la derecha (y a la ultraderecha).

El mejor método es una mayor presencia política, una auténtica movilización política, la consecución de que los ciudadanos que no quieren involución (¿alguien se acuerda de esta palabra?) se incorporen a los partidos de izquierda, y que esos partidos (PSOE, Podemos y sus confluencias, IU…) se pongan de acuerdo en que solamente desde la ciudadanía, militante o simpatizante, pero activa, se conseguirá poner ese freno.

Conseguir que la abstención sea la menor posible, porque no hay que olvidar que la abstención siempre favorece a la derecha.

Vale.

Cuando ya ha pasado una semana de la concentración, el 18 de noviembre, de extremeños en Madrid, y cuando de nuevo el maltrato de Renfe/Adif/Ministerio vuelven a ser noticia, se hace más patente que el comodín del público se ha agotado.

En el diario regional HOY de hoy mismo se incluye un reportaje con las opiniones de varios de los firmantes del Pacto por el Ferrocarril, y una premisa: todo el futuro se fía a los Presupuestos Generales del Estado. Como si eso fuera una novedad.

Leyendo el reportaje, da la sensación de que no habría hecho falta, siquiera, de que el periodista hubiera contactado con los representantes de UGT, CCOO, PSOE, PP… para saber cuáles serían sus posiciones. Son de un estándar que echan para atrás.

¿Cómo fiar todo a lo que el gobierno central incluya, voluntariosamente, en unos PGE que de momento ni están ni se esperan porque el PP de Mariano Rajoy es incapaz de negociar, de dialogar y su adn solamente tiene el cromosoma de la imposición?

 

En el reportaje del diario HOY (http://www.hoy.es/extremadura/despues-20171124192935-nt.html) la posición más clara, más hipócrita y más falsa es la de García del Moral, del PP y ex miembro del “gobierno de los mejores” del muyayo Monago. Afirma que “lo que nos llega de Madrid” es que en los PGE habrá dinero para el tren a Extremadura. No, eso, a día de hoy, es una falsedad de sal gruesa. Lo que les dicen de Madrid es que hagan el paripé, que en los PGE pondrán lo que les parezca (el papel lo aguanta todo) pero que ya verán si de verdad invierten lo que es necesario. Y, además, el señor García del Moral usa el chantaje al PSOE para que se aprueben los PGE. Comportamiento mafioso de la escuela de Génova.

Para reivindicar el tren en Extremadura no será necesario cortar el tráfico ferroviario, porque ya se corta solo. Para reivindicar el tren en Extremadura no será necesario recurrir al comodín del público: será necesario que sea “el público”, que seamos los ciudadanos los que tomemos la iniciativa.

Me gustaría conocer los datos de cuántas reclamaciones se presentan diariamente en las ventanillas de Renfe, en su página web, por usuarios del tren en Extremadura. Y, también, cuántas son atendidas, cuántas son resueltas a satisfacción de los usuarios. Porque nos podemos llevar la sorpresa de que no todos, ni siquiera un porcentaje significativo de los viajeros afectados presentan reclamaciones.

También me gustaría que la Administración regional, en el ejercicio de sus competencias, inspeccionara la calidad de los servicios que presta Renfe. Porque la Junta de Extremadura tiene competencias en materia de usuarios y consumidores. Y que esas inspecciones derivaran en sanciones. No es lo mismo que una manifestación corte una estación y paralice (aún más) el tráfico ferroviario que si un tren es inmovilizado por incumplimientos de Renfe en materia de usuarios y consumidores. La acumulación de sanciones leves, menos graves y graves pueden dar lugar a ilícitos penales.

También me gustaría que la Junta de Extremadura, competente en aplicación de las normas de accesibilidad y en la protección a la discapacidad inspeccionara los trenes. Y si no cumplen las normas, inmovilizarlos. Y si Renfe insiste en incumplimientos en estas normas, aplicar el artículo 510 del Código Penal.

La concentración del 18N no ha servido más que para unas portadas, algún reportaje de tv y nada más. No ha servido para conseguir ningún compromiso ni, dada la indolencia proverbial “del pueblo extremeño”, una concienciación real que movilice a los ciudadanos.

Confiar en que el gobierno del PP dé un trato digno a Extremadura en los PGE y que luego quisiera cumplirlos, es ser demasiado ingenuos. Y los extremeños seguimos siéndolo. Del gobierno central poco se puede esperar, y de un partido como el PP, que siempre nos ha despreciado, menos aún.

El tren digno que nos merecemos (¿y si no nos lo mereciéramos?) solamente llegará cuando nos levantemos, nos pongamos en pie y exijamos.

Vale.

 

Asistiendo al espectáculo de enseñar quién es más nacionalista, si los independentistas catalanes o los españolistas de cualquier parte, no me queda ninguna duda: las víctimas, los trabajadores. Ni siquiera los ciudadanos.

Cuando la supremacía se lanza a las banderas, los ciudadanos desaparecemos, y nos convertimos en súbditos. Ahora, en este triste espectáculo de intentar ser más nacionalista que nadie (ya sea en Catalunya, en Zaragoza, en Málaga…o en Botija, por un poner), los individuos hemos desaparecido. No se cuentan personas, ni ciudadanos, se cuentan banderas.

¿A quién beneficia este crimen sociopático? Como decía Séneca, aunque sea escrito con cierto estilo de latín macarrónico: “cui prodest scelus, is fecit”, (Aquél a quien aprovecha el crimen es quien lo ha cometido).

Porque la situación, la ubicación del “sentimiento” nacionalista ha cambiado de bando. Ahora, las pantallas de las televisiones adormecen a la población con una exhibición nunca conocida de banderas nacionales, mientras que las esteladas van arrinconándose a la ventanita de abajo a la derecha de la pantalla hasta que desaparezcan.

Pero la realidad política es otra. La realidad política es que dos partidos de derechas (el Partido Popular, lleno de mierda hasta las cejas de Rajoy, y la vieja Convergencia y Unió, ahora PDCat, enfangada en la ambición monetaria de sus jefes) se han enfrentado exhibiendo las banderas que no les pertenecen. El que alrededor de uno y otro partidos hayan aparecido satélites haciendo de gorrillas (Ciudadanos, la CUP o ERC) no es más que un adorno que será descosido cuando les haga falta.

La realidad es que el enfrentamiento de dos partidos de derechas, iguales en corrupción, no es más que un enfrentamiento entre familias mafiosas. Y, cuando las banderas se arrumben porque ya nos les hagan falta, veremos cómo quienes hemos desaparecidos somos los ciudadanos, en realidad, los trabajadores.

Si Ciudadanos (ese partido impulsado desde esferas empresariales catalanas, con el presidente de Banco de Sabadell a la cabeza) aspira a que el gobierno de Tancredo Rajoy aplique el art. 155 CE solo (y solo es solamente) para convocar elecciones en Catalunya, en el PSOE el liderazgo de Pedro Sánchez no ofrece ninguna garantía de solidez, y en Podemos, su ambigüedad mal calculada (por ignorancia, ingenuidad o infantilismo) les está llevando a dar unos bandazos que no presagian ningún futuro favorable políticamente.

Y en este panorama, ¿a quién beneficia el crimen político que se está cometiendo en Catalunya? Sin duda, a sus autores: el Partido Popular y el PDCat.

Si, como parece, todo lleva a la aplicación del art. 155 CE en Catalunya, y si el PSOE duda en un apoyo ciego a los deseos de Rajoy, el Partido Popular intentará matar dos pájaros de un tiro: convocará elecciones en Catalunya y anticipará las elecciones generales. El chantaje sobre el PSOE de Sánchez será el mismo que el que aplicó sobre el PSOE de la Gestora hace un año. Y ahora Sánchez no podrá decir No es No.

Cuando se blanden las banderas como armas contra el enemigo (catalán ahora), debajo de esas banderas desaparecen las capacidades de las personas para discernir si esas banderas llevan fuego amigo o son puñales que se clavan en los adversarios políticos.

Esta “crisis de Catalunya” beneficia al Partido Popular, el partido compuesto por ladrones que se diluyen entre los colores de las banderas que los ilusos ciudadanos, fanáticos de los colores, blanden para convertirse, unos conscientemente, otros no, en cómplices de los ladrones que les gobiernan.

Y en estas circunstancias, con un previsible adelanto electoral, en Catalunya vía art. 155 CE y en el ámbito estatal vía la ambición política de los ladrones del PP, estoy convencido de que en la sede central de la mafia genovesa cuentan las banderas nacionales como votos, multiplicados por los que les hagan falta para conseguir la mayoría absoluta.

Vale.

Ayer, 14 de julio, el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Cáceres anunciaba la apertura de un expediente a una concejala del grupo de gobierno, Montaña Jiménez, por vulneración de la Ley de Transparencia. Curioso, muy curioso, cuando la vulneración, la ilegalidad cometida por la concejala ha sido por la legislación de régimen jurídico de las administraciones públicas.

Ocurrió que en una comisión se estudiaba un asunto urbanístico (qué si no, el urbanismo) que afectaba a terrenos propiedad del padre de la concejala. Por supuesto, todo esto con el Partido Popular.

La concejala en cuestión voto a favor de que la propuesta de que en los terrenos propiedad, entre otros, de su padre, se convierta en un parque de medianas superficies comerciales. La vulneración de la ley es clara y flagrante y no cabía otra solución que la de la dimisión de la concejala y de la anulación del acuerdo.

Inmediatamente la respuesta pública fue que el voto de la concejala no era determinante y que el asunto se iba a aprobar de todas maneras. Y en los dos medios escritos que se cuelgan en los quioscos de Cáceres aparecieron opiniones de juristas avalando la nimiedad del asunto. Con un par.

Si el asunto no era tal y ya parecía hasta amortizado, ¿a qué viene ahora que la alcaldesa del PP, Elena Nevado, impulse la incoación de un expediente por vulneración de la Ley de Transparencia?

Y a todo esto, ¿dónde carajos se esconde el PSOE, en una oposición que cada vez parece más que merecida?

Veamos.

La primera pregunta que surge no es si los terrenos son propiedad del padre de la concejala, que está confirmado, si no saber si sobre dichos terrenos tiene algún derecho familiar la concejala. Cuestión de herencias. ¿Ha preguntado alguien algo sobre esta posibilidad? ¿Y si dentro de unos meses, con todo el asunto ya aprobado definitivamente, el negocio ya formalizado, resulta que a concejala hereda las plusvalías?

Menos mal que el asunto era una cosa sin importancia…

La segunda pregunta que surge es si la concejala sabía los pasos que su padre estaba dando para mejorar y desarrollar la condición urbanística de los terrenos. Lo mismo se trata de una familia desestructurada, en la que padres hijos y hermanos no se hablan y eso podría justificar desconocimiento. O no, o en la familia se habla de los intereses de todos.

Menos mal que el asunto era una cosa sin importancia…

La tercera cuestión es, siguiendo el hilo de la segunda, si la concejala se enteró de momento de que el asunto de los terrenos de su padre se iba a ver en la comisión y no le dio tiempo a cumplir la ley y abstenerse.

Menos mal que era una cosa sin importancia…

La cuarta cuestión es si los propietarios de los terrenos, incluido el padre de la concejala del PP, habían mantenido reuniones con técnicos municipales o habían realizado consultas con ellos para preparar la documentación a presentar, algo que es habitual en la tramitación de documentos urbanísticos, que suelen ser complejos y que requieren de puntos de vista previos por técnicos municipales. Si las ha habido, como es seguro, a la oposición le cabe la obligación de conocer de esos técnicos las reuniones habidas, las cuestiones planteadas, la opinión que ellos han dado a los propietarios.

Porque, ¿seguro que la concejala del PP e hija de uno de los propietarios de los terrenos no ha asistido a esas reuniones, no se ha interesado personalmente por el asunto? Yo, no me lo creo, y sostengo que la oposición debería hacer que los técnicos afirmen o desmientan si la concejala ha participado en alguna reunión previa, si ha asistido a alguna toma de contacto entre propietarios y técnicos municipales, si se ha interesado personalmente por el asunto.

Menos mal que era una cuestión sin importancia…

Además, lo que se ha vulnerado por la concejala, del PP, por supuesto, es la legislación de régimen jurídico de las AAPP, y todo el asunto debería haberse anulado. Porque la ley no distingue entre un asunto menor o mayor, o un asunto en el que un voto sea o no decisorio. La ley es taxativa y la concejala debería haberse abstenido de participar en la reunión y de votar el asunto. No se trata de un asunto banal: es OBLIGACIÓN de la persona incursa en incompatibilidad la de abstenerse. Y si no lo hace y después se conocen las causas de esa incompatibilidad, deben anularse todas las actuaciones, todas.

Menos mal que era una cuestión sin importancia…

La oposición debe exigir la anulación de las actuaciones, la dimisión de la concejala del PP e investigar cuál ha sido su nivel de intervención en el asunto, si ha pedido a los técnicos municipales información interesada, si ha participado en reuniones previas a la presentación de la documentación, si después de presentada esta se ha interesado por su tramitación y por los sucesivos informes que se han emitido.

La actuación de la alcaldesa parece más un escudo por si luego suceden otras cosas. O es que alguien se puede creer que la concejala del PP no ha, al menos, comentado con la alcaldesa que estaba en tramitación un propuesta sobre terrenos de su familia. Increíble.

Vale.

La victoria de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE es incuestionable. Los militantes han decidido. Pero que sea incuestionable no está exenta de análisis crítico.

Para empezar, las primarias han puesto en curso una nueva “forma de gobierno” del partido, con un claro matiz “presidencialista”. Si durante mucho tiempo se ha venido caricaturizando al PSOE eliminando la S de socialista y la O de obrero, ayer, 21 de mayo, el PSOE ha pasado a ser conocido como PS (Pedro Sánchez). Lo demás, sobra. La sobreactuación aduladora de seguidores, fieles, lacayos y vasallos, propios y advenedizos, han colocado al secretario general por encima del partido. Era de lo que se trataba.

A partir de ahora, le toca a PS gestionar la posición del partido en un amplio abanico de frentes abiertos. El primero, poco mediático, será la posición de Pedro Quevedo, diputado de Nueva Canarias en el Congreso sobre los PGE 2017. Quevedo concurrió a las elecciones generales del 26J bajo el paraguas del PSOE, en un convenio avalado y gestionado por el entonces Secretario General. Ahora, libre de ataduras, Quevedo negocia para “su” territorio dineros que el Partido Popular negará a otros territorios. ¿Avalará Pedro Sánchez la negociación de Quevedo? ¿Podrá impedir, en mor del acuerdo suscrito entre él mismo y Quevedo, que el voto de este apruebe unos PGE claramente antisociales? Personalmente, lo dudo. Aunque ahora Sánchez sea “el Partido”, no tendrá fuerza moral ante Quevedo. Y se producirá que un diputado de las listas del PSOE permitirá al PP la aprobación del PGE.

Durante los últimos días de campaña, Sánchez repetía, mitin tras mitin, que lo primero que haría como secretario general sería pedir la dimisión de Mariano Rajoy. La presentación de la moción de censura por Podemos, con la candidatura alternativa de Pablo Iglesias a la presidencia del Gobierno,  borra cualquier petición de dimisión: la mejor y más eficaz dimisión de Rajoy vendría por una moción de censura que lo desalojara de la Moncloa.

Hoy, un día después de que Sánchez haya resultado elegido secretario general de sí mismo, Pablo Echenique, Secretario de Organización de Podemos ha afirmado que están dispuestos a retirar su censura a Rajoy si el PS presenta la suya. Claro, que ya desde el “equipo” del PS se está diciendo que ahora no es el momento, que están ya con lo de su Congreso.

Las opciones que tiene Sánchez pasan por la moción de censura. Suya propia o la de Podemos. Porque pedir la dimisión de Rajoy cuando está en marcha, ya presentada una moción de censura, es de una inconsistencia supina. ¡Qué mejor modo de sacar a Rajoy de la Moncloa que sacando adelante la censura! Por pedir, que no quede.

Pedro Sánchez,  secretario general de sí mismo, está a merced de Pablo Iglesias: si no apoya la moción que ha presentado Podemos, le estará dejando todo el espacio de oposición. Cualquier moción de censura pasa por Podemos, pasa por quedar en manos de Pablo Iglesias.

La mayor victoria de las primarias no es el paripé o el mamoneo de ofrecer apoyos al nuevo secretario general. Cualquiera que conozca por dentro lo que era el PSOE, lo que ha sido en los últimos treinta y cinco años, sabe que las navajas están siempre, siempre, afiladas. Lo que ha sucedido ahora es que se han amplificado, se han visibilizado por su retransmisión por las redes sociales.

El lenguaje bélico, insultante, que vemos en las redes no son nada comparadas con la realidad. Convocar una asamblea para aprobar una lista para un congreso o para un ayuntamiento, aprobar la lista con un buen porcentaje de votos favorables (un 70%, por ejemplo), terminar la asamblea a las 11 de la noche y que a la mañana siguiente gente que no es del partido te diga: “pues anda, que anoche, a las tantas, estaban fulanito y menganito rajando bien de la lista que habiáis aprobado”.

Esto pasaba y esto pasa, retransmitido. Con una variable: el lenguaje bélico, soez, despreciativo.

En el PSOE han ido aumentando los militantes con carnet y han ido desapareciendo los socialistas. Y no se olvide, los militantes con carnet (los que buscan trabajo, aunque sea de Secretario General) no lo son, no son socialistas: son conversos. Y en tiempos de la Inquisición, los peores eran los conversos.

Vale.

Dice el diccionario de la Real Academia Española en su acepción segunda para el vocablo mártir:

  1. m. y f. Persona que muere o sufre grandes padecimientos en defensa de sus creencias o convicciones.

El enfrentamiento entre un denominado grupo de “barones” y otros miembros de la Ejecutiva Federal del PSOE y el propio Secretario General y otra parte de cargos públicos y orgánicos del partido culminó con la salida de Pedro Sánchez de la Secretaría General, la disolución de la Ejecutiva y el nombramiento de una Comisión Gestora.

Como todos los sucesos, en los que se produce una acción (el enfrentamiento), tiene lugar una reacción. Y en este caso presenta singulares características. La primera, es la resistencia de un grupo de militantes (incuantificable hasta tanto no se produzcan primarias) que se han posicionado al lado del dimisionario SG. La segunda, la conformación de un grupo de militantes en torno a la Comisión Gestora, también incuantificable.

Sin embargo, es muy interesante desde el punto de vista de la sociología política, desde el punto de vista del conocimiento de la militancia política, cómo se ha producido un curioso fenómeno, inesperado cuando se considera que la militancia política, y más en partidos de izquierdas, debiera tener unas connotaciones más de razonamiento crítico que de posicionamiento de fidelidad, más cercano a la creencia.

Las formas y todos los elementos que rodearon a la salida de Pedro Sánchez de la Secretaría General del PSOE, singularmente las informaciones publicadas, los apoyos en que se sustentaron quienes decidieron desalojarlo de su cargo, y, por qué no, las connotaciones de cierto nivel de conspiración, han convertido a Sánchez en un mártir político. Incluso se ha llegado a escribir que su desalojo ha constituido una “operación de Estado” para evitar su pretensión de formar gobierno apoyado en Podemos y los partidos nacionalistas.

Ahora, cuando ya parece que la Comisión Gestora, con demasiada parsimonia y, a mi juicio, falta de estrategia ante la estrategia que parece seguir Mariano Rajoy (las alusiones permanentes a que es necesario apoyar los PGE si no…), convoca el Congreso del partido y las primarias, han acentuado los actos de fe. Que no otra cosa.

Pedro Sánchez fue el primer SG del PSOE elegido directamente por los militantes, y su desalojo ha constituido para sus seguidores (quizás mejor decir fieles seguidores) un acto de traición. Es probable.

La carrera hacia el próximo congreso socialista la ha iniciado Patxi López, anunciando su candidatura de modo inmediato a que la gestora anunció un calendario. De momento, López es el único candidato.

Pedro Sánchez, cuya cabeza política fue públicamente expuesta por la Gestora y aplaudida a rabiar por los “medios de comunicación” (los convencionales), es ahora el mártir al que siguen fieles que esperan su anuncio de candidatura. Esos fieles, que no tienen otro horizonte que apoyar la candidatura de su guía espiritual, esperan sin otra opción posible esa candidatura. No contemplan, en modo alguno, que su faro pudiera no optar por presentarse.

La conversión de Pedro Sánchez en mártir a los ojos de sus fieles me inquieta. Y me inquieta por una razón: no se conocen, al menos, yo no conozco, profundas reflexiones políticas e ideológicas de Sánchez. No encuentro, por más que busco, definiciones políticas, referencias ideológicas más allá de los mensajes simplistas que se transmiten por las redes sociales: #NoesNo, #MilitantesenPie. Mensajes que más tienen que ver con tácticas coyunturales, inmediatas, que reflexiones y proyectos a largo plazo.

Que Pedro Sánchez sea un mártir político que suscita fieles adhesiones es mérito de quienes lo desalojaron, y que sus fieles pretendan que un mártir político les represente, reduce al mínimo el debate político.

Ahora mismo, salvo alguna reflexión que refulge como fuera de contexto, la única filosofía que anima a los seguidores de Sánchez es que se presente. Lo que pueda pensar su guía, su faro, no importa. Primero, la situación: que se presente a primarias. Luego ya, si eso, el discurso, que será “a la contra” de lo que pueda decir (que tampoco ha formulado grandes ideas o conceptos políticos) Patxi López, o, si finalmente, se presenta, Susana Díaz.

Los discursos de los tres candidatos (Patxi ya anunciado) que se barajan en los medios se construirán sobre la base de la situación, en ningún modo sobre la esperanza de futuro, sobre la construcción de una formulación ideológica que plantee un verdadero proyecto.

Los ladrillos que utilizarán los candidatos son los mismos. Ninguno de los tres da para más allá de discursos retóricos ya leídos. Y de los tres, solamente Pedro Sánchez presenta las heridas del martirio.

Vale.

Si tras la defenestración de Pedro Sánchez y la elección de una Comisión Gestora en el PSOE se pudiera haber pensado que la pacificación entre los distintos sectores era posible, la realidad parece señalar todo lo contrario.

No haré remembranzas de épocas históricas del partido en las que las divisiones y los enfrentamientos produjeron resultados duros, asentando a lo largo del tiempo una soterrada corriente cainita que fluye con facilidad. Las intrigas palaciegas en la confección de listas o en la elección de miembros de comités locales, provinciales, regionales o federales han estado a la orden del día.

Ahora estamos en un duro enfrentamiento de momento cainita (entre dos, Caín y Abel, sin saber quién es uno y quien es otro), esperando la entrada de algún miembro más de la familia a la pelea. Pelea de gallos, que no ya de hermanos. Hace mucho que las distintas familias socialistas dejaron de tener relaciones entre sí.

De este enfrentamiento cainita (de momento con las figuras visibles de Patxi López y Pedro Sánchez), de las intrigas y trampas nada soterradas que se tienden parientes políticos de uno u otro, solamente nace el desamparo.

Vergüenza debería darles a todos los dirigentes del PSOE, desde los de las más recónditas agrupaciones locales hasta el comité federal, cargos orgánicos o cargos públicos, posicionarse en bandos, banderías, parapetados con la munición suficiente para atacar o para defenderse atacando.

Vergüenza les debería dar a todos, a los que insultan y a los que repelen con insultos a los insultos que les profieren. A los que, revestidos de una pátina invisible de aparente superioridad (como el traje del emperador), dejan que sean sus segundones o sus fieles seguidores (fieles a unos, desleales al partido) los que profieran insultos, acusaciones, diatribas contra “los otros”.

Vergüenza debería darle a TODO el PSOE el desamparo con el que están dejando a sus votantes, varios millones de personas que asisten atónitas a peleas de patio de colegio que solamente tienen la finalidad de saber quién es el dueño de la pelota.

El desamparo de los votantes del PSOE que ahora se vislumbra no desaparecerá si salta al ruego algún candidato más a dirigir las ruinas del partido. No desaparecerá el desamparo porque la división, profunda, se ha instalado y terminará con un desmembramiento. Sin duda. Y ello porque a fuer de formar cuadros del partido (gentes de una sola trayectoria, la del carnet y la fontanería), han desaparecido los líderes.

No desaparecerá el desamparo porque la tradición de intrigas, de cainismo en el PSOE, ha aflorado como un tsunami y ahora es el manto, espeso, que cubre los escombros de lo que fue el edificio socialista. Aplíquense a hacer partido, a formar partido y abandonen la incuria y la inquina personal, que son la demostración palpable de agotamiento de cualquier proyecto político y, mucho más, ideológico.

El desamparo de votantes y simpatizantes tendrá la consecuencia de la desaparición de un referente en la izquierda (aunque fuera tibia izquierda) y tendrá consecuencias salvajes sobre los derechos, cada vez más escasos, de los trabajadores y de las clases (¡sí, de las clases! ¿o es que os habéis olvidado?) más desfavorecidas.

Si quedaran cenizas, no tendrán la fuerza suficiente para reconstruirlo.

Abandonen dirigentes (todos) y militantes (todos) las navajas, enfunden los puñales, que hay varios millones de españoles que necesitan un partido que pueda intentar ser contrapeso contra la derecha, encantada, exultante, de ver como cuatro paniaguados socialistas se pegan por unas migajas.

Vale.