Archivos para Catalunya

Asistiendo al espectáculo de enseñar quién es más nacionalista, si los independentistas catalanes o los españolistas de cualquier parte, no me queda ninguna duda: las víctimas, los trabajadores. Ni siquiera los ciudadanos.

Cuando la supremacía se lanza a las banderas, los ciudadanos desaparecemos, y nos convertimos en súbditos. Ahora, en este triste espectáculo de intentar ser más nacionalista que nadie (ya sea en Catalunya, en Zaragoza, en Málaga…o en Botija, por un poner), los individuos hemos desaparecido. No se cuentan personas, ni ciudadanos, se cuentan banderas.

¿A quién beneficia este crimen sociopático? Como decía Séneca, aunque sea escrito con cierto estilo de latín macarrónico: “cui prodest scelus, is fecit”, (Aquél a quien aprovecha el crimen es quien lo ha cometido).

Porque la situación, la ubicación del “sentimiento” nacionalista ha cambiado de bando. Ahora, las pantallas de las televisiones adormecen a la población con una exhibición nunca conocida de banderas nacionales, mientras que las esteladas van arrinconándose a la ventanita de abajo a la derecha de la pantalla hasta que desaparezcan.

Pero la realidad política es otra. La realidad política es que dos partidos de derechas (el Partido Popular, lleno de mierda hasta las cejas de Rajoy, y la vieja Convergencia y Unió, ahora PDCat, enfangada en la ambición monetaria de sus jefes) se han enfrentado exhibiendo las banderas que no les pertenecen. El que alrededor de uno y otro partidos hayan aparecido satélites haciendo de gorrillas (Ciudadanos, la CUP o ERC) no es más que un adorno que será descosido cuando les haga falta.

La realidad es que el enfrentamiento de dos partidos de derechas, iguales en corrupción, no es más que un enfrentamiento entre familias mafiosas. Y, cuando las banderas se arrumben porque ya nos les hagan falta, veremos cómo quienes hemos desaparecidos somos los ciudadanos, en realidad, los trabajadores.

Si Ciudadanos (ese partido impulsado desde esferas empresariales catalanas, con el presidente de Banco de Sabadell a la cabeza) aspira a que el gobierno de Tancredo Rajoy aplique el art. 155 CE solo (y solo es solamente) para convocar elecciones en Catalunya, en el PSOE el liderazgo de Pedro Sánchez no ofrece ninguna garantía de solidez, y en Podemos, su ambigüedad mal calculada (por ignorancia, ingenuidad o infantilismo) les está llevando a dar unos bandazos que no presagian ningún futuro favorable políticamente.

Y en este panorama, ¿a quién beneficia el crimen político que se está cometiendo en Catalunya? Sin duda, a sus autores: el Partido Popular y el PDCat.

Si, como parece, todo lleva a la aplicación del art. 155 CE en Catalunya, y si el PSOE duda en un apoyo ciego a los deseos de Rajoy, el Partido Popular intentará matar dos pájaros de un tiro: convocará elecciones en Catalunya y anticipará las elecciones generales. El chantaje sobre el PSOE de Sánchez será el mismo que el que aplicó sobre el PSOE de la Gestora hace un año. Y ahora Sánchez no podrá decir No es No.

Cuando se blanden las banderas como armas contra el enemigo (catalán ahora), debajo de esas banderas desaparecen las capacidades de las personas para discernir si esas banderas llevan fuego amigo o son puñales que se clavan en los adversarios políticos.

Esta “crisis de Catalunya” beneficia al Partido Popular, el partido compuesto por ladrones que se diluyen entre los colores de las banderas que los ilusos ciudadanos, fanáticos de los colores, blanden para convertirse, unos conscientemente, otros no, en cómplices de los ladrones que les gobiernan.

Y en estas circunstancias, con un previsible adelanto electoral, en Catalunya vía art. 155 CE y en el ámbito estatal vía la ambición política de los ladrones del PP, estoy convencido de que en la sede central de la mafia genovesa cuentan las banderas nacionales como votos, multiplicados por los que les hagan falta para conseguir la mayoría absoluta.

Vale.

El conocimiento público de unas grabaciones en las que se conoce que el ministro del Interior se alía con el director de la oficina antifraude catalana (que depende del Parlamento de Catalunya) nos está dejando perlas para enhebrar un collar que ríete de las majorica. Y nos está dejando dudas que no sé si son más inquietantes que esperpénticas o viceversa.

En primer lugar: ¿quién graba las conversaciones que tienen lugar en el despacho oficial del Ministro del Interior? No he visto todavía una respuesta convincente.

Por supuesto, todavía no se sabe quién ordena que se graben esas conversaciones, si es el propio ministro o el jefe de los conserjes. Y menos aún desde cuándo se producen esas grabaciones. Lo digo por si alguna tuviera la desdicha de ser llamado al orden por el correspondiente titular de ese despacho.

En segundo lugar: ¿a santo de qué el Ministro del Interior se reúne en su despacho con el Director de la Oficina Antifraude de Catalunya? ¿Visita oficial? ¿Se hizo en su momento, hace dos años, pública aquella reunión de la que ahora tenemos puntual conocimiento?

En tercer lugar, cuando el Ministro del Interior recibe a cualquier persona, pública o privada, en reunión oficial u oficiosa ¿avisa de que su conversación pude ser grabada para mejorar el servicio, o el Ministro no avisa porque no tiene ni idea de lo pasa en su despacho?

En cuarto lugar. Suponiendo, que es mucho suponer, que el ministro de la porra no supiera que sus conversaciones eran grabadas, o que sí lo supiera, ¿avisaba o avisa a sus interlocutores de este hecho? Porque como es comprensible, si existe una relación de afinidad entre ministro e invitado, o si la relación es tensa por rivalidad política… ¿cómo informar de que la reunión es grabada?

En quinto lugar, si en ese despacho se graban las conversaciones entre su titular y quien acude llamado o llama para acudir, ¿conoceremos algún día la grabación de Fernández Díaz cuando recibió a su amigo, y sin embargo presunto delincuente, Rodrigo Rato para hablar de quién sabe qué?

En sexto lugar, ¿quién tiene acceso a las grabaciones y está en condiciones de filtrarlas a un medio de comunicación? Fernández Díaz ha ordenado una investigación para saber quién ha filtrado la grabación, pero no se conoce que haya explicado las cuestiones a que me refiero en los párrafos anteriores.

En todo este asunto, Fernández Díaz aparece, dice él, como víctima. Claro, que si respondiera a las preguntas anteriores, lo mismo no se nos puede vender su victimismo.

La realidad nos devuelve la imagen de un ministro patético en todo su mandato, con un ejercicio prácticamente dictatorial en el manejo o manoseo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de Estado, imponiendo medallas a vírgenes, creándose amigos imaginarios, transportando perritas en medios aéreos del ministerio…

Esta realidad que gracias a la grabación conocida nos devuelve a un sujeto que nunca debió ser ministro, y que termina su navegar con la patética imagen de querer ser víctima de su propia incompetencia, de su nulidad al frente del ministerio.

De esta, no le salva ni Marcelo, y el diagnóstico que lo de Fernández Díaz es grave, muy grave. Tanto en lo personal como en lo político.

Si no es cesado antes del 26J, su patetismo se trasladará ya a su jefe, Mariano Rajoy, y si después del 26J recoge su acta de diputado por Barcelona, demostrará que los votantes del Partido Popular son el espejo de un individuo que ni sabe qué pasa en su despacho y no tiene interés alguno en saberlo.

Prefiere pasar por ignaro antes que asumir la realidad.

Vale.

Tras las elecciones catalanas, con unos resultados que no han servido para ser validados como plebiscitarios por los partidos independentistas, y que han puesto al presidente del gobierno en la tesitura de hacer política, hemos llegado a una situación, a comienzos de noviembre de 2015, en la que los tics más rancios surgen en la derecha, y los tópicos más tribales copan los discursos de los independentistas.

La situación catalana tiene un claro culpable, Artur T. Mas, y un responsable, Mariano T. Rajoy. Y en estos momentos lo que aparece en el debate público se puede reducir a luchas tribales.

Como ciudadano español, no me interesan “los interiores” de la tribu secesionista catalana, pero sí me preocupan los tics de la tribu españolista, a la que no me apetece pertenecer pero en la que estoy incluido por DNI.

Cuando la situación se ha deteriorado por los sucesivos pasos que vienen dando desde Catalunya, el toro de la secesión ha descolocado de su asiento a T. Rajoy. Ya sabe que no le sirve eso de que mientras él sea presidente del gobierno de Ejpaña! Catalunya no se separará y no consentirá que lo haga. Para ello, dice, está la ley, la ley y solo la ley. Ya sabe que, además de funcionario con puesto destacado en La Moncloa, no solamente tiene que poner el sello de entrada a los papeles y su registro ordenado. Ya sabe que su función no es exclusivamente funcionarial. Ahora se ha dado cuenta de que tiene que hacer política.

¿Hacer política? ¿Qué es eso para un señor de derechas de toda la vida, la actual y la anterior, cuando hacía alabanzas a su referente, Francisco Franco? ¿Qué es eso de que él, Mariano T., que manda por la gracia de Dios y la desgracia de la mayoría absoluta, tenga que “hacer política”, cuando debería bastar con su ordeno y mando?

Ahora, el partido de la derecha llama a cerrar filas, a prietas las filas, pero los demás partidos no están por la labor de hacer seguidismo a un individuo que está batido en todos los frentes.

Ahora, el partido de la derecha no encuentra quien cierre las filas con él. Bueno, si, las juventudes falangistas de Albert Rivera, que con la marca “Ciudadanos” no es si no un spin off del Partido Popular.

Ahora, cuando el PP se ve en la soledad de una mayoría absoluta que le ha llevado a la más absoluta de sus soledades, y cuando tienen que hacer política, su spin off, Ciudadanos, sale al rescate de su hermano mayor. Porque tanto Mariano T. Rajoy y Albert Rivera, han calculado que llevar al borde final el desafío secesionista les da réditos electorales, y como representantes más conspicuos de la tribu españolista, creen que los votos les lloverán sin pensar en las consecuencias.

El desafío secesionista llegará hasta el borde final, con Artur T. Mas enfundado en la estelada y asumiendo los postulados ¿revolucionarios? de las CUP, y con Mariano T. Rajoy arropado por Albert Rivera con una gran bandera española y cantándole nanas de su infancia, como el Cara al Sol.

Vale.

Cuando se acercan las elecciones del 27S en Cataluña/Catalunya, se acrecientan las banderas, se agigantan los territorios y empequeñecen, hasta desaparecer, los ciudadanos, las personas.

Unas elecciones convocadas en papel estelado y contestadas en en formato rojigualda. Qué más da. Lo que importa a los convocantes es su bandera, sus delimitaciones de geografía física, “sus territorios”. Y lo que importa al gobierno central es demostrar que la bandera de la plaza de Colón es la más grande, que “sus territorios” no se tocan.

Desde el primer momento en Artur Mas, implacable en los recortes, que han convertido a una gran parte de los catalanes en pobres sociales (cuando pasen las elecciones, cuando el desafío soberanista desaparezca, bien por su triunfo, bien por su derrota, los catalanes volverán a la realidad de sus hospitales diezmados, de sus derechos sociales cercenados…) lanzó su “desafío soberanista”, su bandera, por parte del gobierno del Estado solamente hubo una respuesta: el cumplimiento de la ley.

En ese “cumplimiento de la ley” se ha sentado don Tancredo Rajoy (como aquel torero tremendista) y ha visto salir al toro del soberanismo (manso) y ha dicho: la ley. Y cuando su tancredismo ha topado con la realidad tremendista de Arthur Mas, no ha sabido qué hacer.

En esta pelea de gallos, uno encrestado en su desafío, otro en el tejado de la Moncloa, van perdiendo los ciudadanos. Los catalanes, anestesiados sin cloroformo (por ahorrar), y los demás, anestesiados por el encefalograma plano de don Tancredo, fielmente retransmitido por todas las pantallas de plasma de los territorios.

Mientras los catalanes siguen sufriendo, hipnotizados, recortes y austeridad sin cuento a cargo de Mas (¿no será el de AhorraMas?), la pelea se centra en los territorios, espacios físicos, sin importar las personas.

Y cuando el “defensor de solamente la ley” se dio cuenta (o le hicieron saber) que está en la Moncloa, además, para hacer política, ya era tarde. El “desafío soberanista” seguía ahí. Y se sacó de la manga una ley “ad hominem” para convertir al Tribunal Constitucional en su brazo armado.

También, abrumado por la insistencia del catalán, pidió árnica a Adolfa Merkel. El árnica tuvo un precio, un precio de personas (mercancia barata): antes de que Adolfa apoyara a Rajoy en el tema catalán, Mariano solamente estaba dispuesto a acoger a 2.000 refugiados sirios como mucho. Después, cuando Merkel le dio instrucciones a cambio de una frase, los que hicieran falta. Rajoy vendió sus principios ideológicos por un plato de refugiados. Porque para la derecha, los refugiados sirios (o de cualquier lugar en guerra) son mercancía, lo mismo que para Merkel.

Luego vino Cameron y, qué curioso, el “territorio” de Gibraltar ya no es importante. A Rajoy le interesaba Mas, y le interesaba más que el ocupante del peñón le echara una mano con un asunto interno que plantearle la “histórica reivindicación sobre la Roca”.

Después, Obama, con una frase, pactada, tan ambigua, que la intérprete (seguramente norteamericana) entendió mal, o la ambigüedad era tan calculada que podía interpretarse como se quisiera. Aunque lo que valía era, única y exclusivamente, lo que dijeran las televisiones nacionales que controla con mano férrea el Partido Popular. Y todos los medios, claro.

Y a todo esto, los catalanes, soportando la austeridad. Porque cuando la realidad los despierte del sueño (o del sueño alcanzado de la independencia) los recortes seguirán ahí, seguirán siendo cada vez, como lo somos todos los demás, más pobres, sobre todo más pobres en derechos: en sanidad, en educación, en dependencia, en libertades.

Mientras sigan los políticos engallados y encastillados en sus torres de marfil, debidamente pulidas por plumas, micrófonos y cámaras a su mejor gloria, los ciudadanos, catalanes y españoles seguiremos perdiendo.

Y los territorios, abandonados a su suerte, seguirán siendo contaminados por vertidos incontrolados, urbanizados ilegalmente, quemados sin remedio.

Sobre la tierra quemada, como sobre los derechos esquilmados, no pueden, no podemos, vivir los ciudadanos.

Vale.

Supongo que alguien se acordará lo bien que manejaba el franquismo la táctica de desviar la atención sacando a relucir cuando lo necesitaba el tema de Gibraltar, o lo bien que utiliza la dictadura marroquí Ceuta y Melilla cuando les vienen mal dadas en el interior.

En estos días, venimos asistiendo a una presunta batalla política sobre el déficit asimétrico o sobre aquello que José Antonio Monago, el capataz que la derecha tiene en la finca extremeña, quiere hacer valer sacando pecho con una reducción del déficit que ha conseguido no gastando en lo necesario (sanidad, educación) y poniendo la mano para recoger la cosecha que habían sembrado otros (el impuesto bancario) para reclamar no trato de favor si no que se castigue y mucho a Catalunya.

Porque Catalunya es el gran enemigo de Monago, que no de Extremadura, y lo enarbola como una bandera en la que se envuelve para hacer propaganda. Catalunya es para Monago lo mismo que Gibraltar para Franco.

Porque la realidad es que el Presidente de la Junta de Extremadura tiene un propagandista a sueldo para su uso personal, a sueldo que le pagamos los extremeños a los que pretende engañarnos. Porque mientras se dedica a soltar improperios haciéndose el machote, jaleado por la caverna mediática madrileña y las gacetillas locales, contra Catalunya, calla, cobarde, cuando sus correligionarios en el gobierno de la nación asesinan el ferrocarril en esta tierra, calla cuando paralizan, para siempre, los proyectos del AVE, calla cuando sus conmilitones ordenan el cierre del Cefot 1.

Lo de Monago con la nación catalana es pura distracción, propaganda que recuerda y mucho al Gibraltar franquista, porque seguramente su afán de salir en los “periódicos de Madrid” le esté distrayendo de algo que cada vez se nota más: este ex bombero está demostrando el comportamiento de los cobardes. Ese comportamiento que le hace aparecer fuerte con los débiles y débile con los fuertes.

Hoy se ha conocido la pretensión del Ministerio de Fomento de recortar más el ferrocarril. Pero Monago no dirá nada, o dirá lo que su propagandista de cabecera le diga, un eslógan que le deje bien ante sus superiores y deje, una vez más, a Extremadura y a los extremeños en la vergüenza de que se semejante personaje consiga portadas en La Razón o La Gaceta.

Vale.