Archivos para Cameron

¿Cuántas veces hemos oído o visto a conspicuos tertulianos hacer referencias a las “democracias avanzadas”? ¿Cuántas veces esas referencias no eran sino descalificaciones a asuntos sucedidos en nuestro país?

Lo mismo, esos viajados y estudiosos tertulianos, no sabían ni intuían que esas democracias avanzadas, singularmente Gran Bretaña y Estados Unidos, también tienen sus imperfecciones. Y de mucho calado.

En Gran Bretaña, el primer ministro Cameron accedió, tras negociaciones, a que en Escocia se llevara a cabo un referéndum para decidir si ese territorio podría conseguir su independencia. El resultado determinó que los escoceses querían seguir unidos a Inglaterra y Gales en la Gran Bretaña.

Posteriormente, el mismo primer ministro Cameron convocó un referéndum para consultar, de modo vinculante, si los británicos querían seguir perteneciendo a la Unión Europea. Resultado, el BrExit. Consecuencias, Cameron pierde el gobierno y se producen muchas manifestaciones intentando que se repita el referéndum, con miles de ciudadanos enfurecidos por el resultado del referéndum.

Y otra consecuencia: los escoceses quieren ahora otro referéndum, pero no para determinar su unión o no a la Gran Bretaña, sino para pedir su independencia y poder continuar perteneciendo a la Unión Europea.

En esta democracia avanzada, ejemplo para democracias imperfectas o inmaduras como la española, si el resultado de un proceso democrático no gusta, se producen manifestaciones de quienes han perdido. Grandioso.

¿Qué han hecho esos miles de británicos que no reconocen el resultado del referéndum mientras se hacía campaña? ¿No consideraban la posibilidad del resultado que se dio?

Ahora, tras las elecciones norteamericanas y el triunfo de Donald Trump, en muchas ciudades se han producido manifestaciones en contra del presidente electo. ¿Qué pasa, que esa democracia tan avanzada no puede arrojar el resultado que deciden los votantes? ¿Quiénes se manifiestan, los que no han hecho lo posible para evitar el triunfo de Trump? ¿Los que menospreciaban, desde posiciones de soberbia, la candidatura del ultraderechista?

Donald Trump dijo en campaña, más o menos, que aceptaría el resultado de las elecciones si ganaba él. Le llovieron palos de todos los colores por cuestionar el sistema. Ahora, seguramente muchos de los que le criticaron por ello, son los que promueven e incitan revueltas y manifestaciones contra el presidente electo. Que Trump es un peligro (quizás mayor que Hillary Clinton, que también lo es, como cualquier presidente USA) está claro. Pero manifestarse porque ha sido elegido, es hipócrita y cínico: haber trabajado más, haberse implicado más en que no saliera elegido.

Democracias avanzadas que nos enseñan que los resultados no se aceptan si no responden a unos determinados intereses. Lo mismo no son tan avanzadas.

Vale.

Cuando se acercan las elecciones del 27S en Cataluña/Catalunya, se acrecientan las banderas, se agigantan los territorios y empequeñecen, hasta desaparecer, los ciudadanos, las personas.

Unas elecciones convocadas en papel estelado y contestadas en en formato rojigualda. Qué más da. Lo que importa a los convocantes es su bandera, sus delimitaciones de geografía física, “sus territorios”. Y lo que importa al gobierno central es demostrar que la bandera de la plaza de Colón es la más grande, que “sus territorios” no se tocan.

Desde el primer momento en Artur Mas, implacable en los recortes, que han convertido a una gran parte de los catalanes en pobres sociales (cuando pasen las elecciones, cuando el desafío soberanista desaparezca, bien por su triunfo, bien por su derrota, los catalanes volverán a la realidad de sus hospitales diezmados, de sus derechos sociales cercenados…) lanzó su “desafío soberanista”, su bandera, por parte del gobierno del Estado solamente hubo una respuesta: el cumplimiento de la ley.

En ese “cumplimiento de la ley” se ha sentado don Tancredo Rajoy (como aquel torero tremendista) y ha visto salir al toro del soberanismo (manso) y ha dicho: la ley. Y cuando su tancredismo ha topado con la realidad tremendista de Arthur Mas, no ha sabido qué hacer.

En esta pelea de gallos, uno encrestado en su desafío, otro en el tejado de la Moncloa, van perdiendo los ciudadanos. Los catalanes, anestesiados sin cloroformo (por ahorrar), y los demás, anestesiados por el encefalograma plano de don Tancredo, fielmente retransmitido por todas las pantallas de plasma de los territorios.

Mientras los catalanes siguen sufriendo, hipnotizados, recortes y austeridad sin cuento a cargo de Mas (¿no será el de AhorraMas?), la pelea se centra en los territorios, espacios físicos, sin importar las personas.

Y cuando el “defensor de solamente la ley” se dio cuenta (o le hicieron saber) que está en la Moncloa, además, para hacer política, ya era tarde. El “desafío soberanista” seguía ahí. Y se sacó de la manga una ley “ad hominem” para convertir al Tribunal Constitucional en su brazo armado.

También, abrumado por la insistencia del catalán, pidió árnica a Adolfa Merkel. El árnica tuvo un precio, un precio de personas (mercancia barata): antes de que Adolfa apoyara a Rajoy en el tema catalán, Mariano solamente estaba dispuesto a acoger a 2.000 refugiados sirios como mucho. Después, cuando Merkel le dio instrucciones a cambio de una frase, los que hicieran falta. Rajoy vendió sus principios ideológicos por un plato de refugiados. Porque para la derecha, los refugiados sirios (o de cualquier lugar en guerra) son mercancía, lo mismo que para Merkel.

Luego vino Cameron y, qué curioso, el “territorio” de Gibraltar ya no es importante. A Rajoy le interesaba Mas, y le interesaba más que el ocupante del peñón le echara una mano con un asunto interno que plantearle la “histórica reivindicación sobre la Roca”.

Después, Obama, con una frase, pactada, tan ambigua, que la intérprete (seguramente norteamericana) entendió mal, o la ambigüedad era tan calculada que podía interpretarse como se quisiera. Aunque lo que valía era, única y exclusivamente, lo que dijeran las televisiones nacionales que controla con mano férrea el Partido Popular. Y todos los medios, claro.

Y a todo esto, los catalanes, soportando la austeridad. Porque cuando la realidad los despierte del sueño (o del sueño alcanzado de la independencia) los recortes seguirán ahí, seguirán siendo cada vez, como lo somos todos los demás, más pobres, sobre todo más pobres en derechos: en sanidad, en educación, en dependencia, en libertades.

Mientras sigan los políticos engallados y encastillados en sus torres de marfil, debidamente pulidas por plumas, micrófonos y cámaras a su mejor gloria, los ciudadanos, catalanes y españoles seguiremos perdiendo.

Y los territorios, abandonados a su suerte, seguirán siendo contaminados por vertidos incontrolados, urbanizados ilegalmente, quemados sin remedio.

Sobre la tierra quemada, como sobre los derechos esquilmados, no pueden, no podemos, vivir los ciudadanos.

Vale.