La protohistoria de la Lusitania se asienta sobre la leyenda de una delación: Viriato.
Al pastor lusitano le traicionaron Audax, Minuro y Datalco, por encargo del romano Cepión, pero cuando fueron a cobrar lo estipulado les contestaron que aquello de “Roma no paga a traidores”. El giro es que los sublevados sí estaban dispuestos a pagar.
La suscripción bajo el lema de nobleza obliga publicaba casi diariamente los “donativos” recibidos. Se hacía para con lo recaudado poder premiar a los valerosos que terminaron con el complot denunciado en Cáceres. La suscripción se hacía con los nombres de los donantes, ya fueran particulares, ya fueran empresas. Así, nadie escapaba al control policial.
Mientras la suscripción crecía, crecía también la cruz que la gestora municipal promovía para hacer la pelota al criminal. Cuando ya se sabía quién inauguraría la cruz, aunque no exactamente cuándo, llegó el momento de dar por finalizada la suscripción, dejando un pico de unas 600 pesetas para donar en auxilio de Madrid, y de otras 14.000 para la guardia civil a disposición de la Superioridad. El resto, unas 43.000 pesetas para pagar a los patriotas que habían hecho de la delación un modo de conseguir algo de dinero. Ya los patriotas de hasta el más bajo pelaje sabían que la patria estaba en la pasta.
Llegada la segunda quincena de marzo, y cumplidos los deseos sanguinarios de Rada (hijo adoptivo de la comisión gestora) llegó el momento del reparto. Para ello se convocó un acto en el salón de sesiones del Ayuntamiento, que se celebró en domingo.
Entrega de premios en metálico en el Ayuntamiento.
A los patriotas que descubrieron el complot.
El domingo, a las doce horas de la mañana, tuvo lugar en el salón de sesiones del Ayuntamiento el solemne acto de la entrega de los premios en metálico concedidos a los que intervinieron en el descubrimiento del complot tramado en la capital.
Mediada la mañana comenzó a llegar público al edificio municipal y poco antes de la hora señalada las representaciones oficiales eclesiásticas, militares y civiles invitadas.
Comenzado el acto, el Alcalde que presidía, explicó con palabra justa y elocuente el motivo de la suscripción y el agradecimiento de Cáceres a los patriotas beneméritos que libraron a la provincia de horas de angustia y dolor, sentimiento que ha buscado esta forma de manifestarse.
Seguidamente y entre grandes aplausos, fueron acercándose a la mesa presidencial los premiados para recibir el sobre con la cantidad correspondiente. Los miembros de la Guardia civil que figuraban entre los agraciados, se limitaron a recoger las manifestaciones de agradecimiento de sus convecinos ya que el Reglamento del Cuerpo no permite aceptar premios de ninguna clase. Las cantidades que les correspondían han quedado depositadas para darlas el destino que acuerde la Superioridad.
Como la recaudación líquida total ascendía a 43.607’87 pesetas y se distribuyeron 43.000, el resto de 607’87, con 107’55 que se anuncian por giro y cuantas otras se reciban con el mismo fin, se acordó unánimemente y a propuesta del Alcalde, que se entregue con el nombre de “nobleza obliga” a la suscripción abierta en auxilio de Madrid y poblaciones que se liberen.
Los premios fueron los siguientes: tres de 5.000 pesetas, uno de 3.000, dos de 2.000; dos de 1.000, dos de 750, y uno de 500 y ocho de 250.
Esto es: el número de delatores fue de 19, bastante alto para el tamaño de la población, y aunque nunca se ha conocido, de momento, la identidad de los premiados (alguno sí se tiene constancia popular), seguramente en algunos primaría más la necesidad que el presunto patriotismo, por cuanto los sublevados, los golpistas contra el orden constitucional, perdieron cuando empuñaron las armas contra el pueblo ese patriotismo. Como ahora.
Vale.









