En la ciudad en la que durante el franquismo (aquel océano de libertades y cultura) se ordenó, por la autoridad la retirada del escaparate de una tienda dedicada a la venta de materiales y útiles de pintura artística de una litografía de La Maja Desnuda, un cuadro desconocido de un desconocido Francisco de Goya. El cachondeo con el que los medios de entonces se tomaron a esta ciudad antigua y provinciana todavía se recuerda.

Ahora, al socaire de unos malos grafittis aparecidos en el casco viejo de la ciudad, el Ayuntamiento, gobernado por Vox, con la ayuda cómplice del Partido Popular, parece que se han tomado muy en serio eso de pintar en las paredes, “eso no se hace, niños”.
Eso sí, un enorme mural con raíces en el marketing de la niña de la perla (Vermeer), es patrocinado por el mismo ayuntamiento y sus mentes pensantes posan ante el dibujo.

En esta cruzada municipal nos encontramos con un ayuntamiento que promueve y secunda la declaración de BIC, no el bolígrafo, para el monumento erigido para la exaltación del franquismo, pero decide que todo lo que pueda parecer un graffitti sea eliminado, sin más.
Y ahí es donde le ha tocado la guadaña de la incultura a un mural que decora la fachada lateral de un local de copas muy conocido. Un mural en el que aparecen, completamente desnudos, clientes del local. Clientes que ya lo eran hace 14 años, cuando sus propietarios de entonces, Rebeca y Enrique, quisieron vestir la fachada rindiendo homenaje a sus clientes.

Para ello, un artista, Rafael Gómez Miguel, que además es profesor de la Escuela de Bellas Artes “Eulogio Blasco” se puso manos a la obra. Primero, dibujando casi en bocetos los primeros rostros de los clientes, que en principio no estaban entusiasmados con la idea. El avance de los trazos, la concreción de rostros cada vez con más detalle, animaron a otros parroquianos a aparecer en el mural.
El artista cobró por su trabajo… el coste de la pintura. Eligió colores en tonos tierra, nada de colores estridentes, el blanco, el negro, colores que son los que mejor convergen con la ciudad vieja.
Desde hace 14 años el mural de “Las Claras” luce en su fachada, con los rostros de clientes, sin haber provocado ningún brote de urticaria en las pieles sensibles de las mentes biempensantes. Ha sido pedir, por el nuevo propietario, una licencia de obra menor cuando “alguien” ha iniciado un kafkiano procedimiento administrativo. Y el inicio ha sido que alguien, con unos conocimientos enciclopédicos sobre el arte, ha determinado que el mural, de autor conocido, de un artista conocido y con trayectoria profesional, es un grafitti. Y en nuestra ciudad, aspirante a ciudad europea de la cultura en 2031, no se consienten muestras de arte urbano en la parte más antigua.
El mural está firmado por su autor, Rafa Méndez, en Agosto de 2013, y en Septiembre de 2026 está firmada su restauración.
Un mural que desde hace 14 años forma parte del paisaje del barrio, de la vida del barrio, de la vida de los representados en el mural, de los amigos, de los conocidos. De aquellos visitantes de la ciudad que al su paso por la plaza de Santa Clara se paran para hacer una foto o para hacerse una fotografía formando parte del mural.
Vale.





















