Mientras que la Junta de Extremadura y la ultraderecha (en realidad, son lo mismo) se empeñan en dotar de significación cultural a la llamada cruz de los caídos de Cáceres, aún quedan en la ciudad algunos vestigios de exaltación de la dictadura. Por ejemplo, la vandalización de la fachada principal de la iglesia de Santa María.
Además, la ciudad alberga otro ejemplar de vestigio de exaltación de la dictadura. Concretamente, en las inmediaciones de la Plaza de Toros.

Para celebrar la victoria de los golpistas de 1936, a los gestores municipales les pareció bien ofrecer un monumento en honor del regimiento Argel 27. Un monumento de 2,5 metros de anchura por 3 metros de altura, elaborado con piedra de grano fino de Marradas y mármol de Alconera, diseñado por el mismo arquitecto municipal que dibujó la cruz de los caídos.

La crónica de los actos de exaltación de la victoria del golpismo que publicó el diario propiedad de la Diócesis no escatima hipérboles, no escatima loas para los vencedores, incluyendo en estos a los miembros del regimiento que perdieron la vida en la guerra.
Además, la crónica incluía la frase “nobleza obliga”, la misma que desde las instancias políticas y militares utilizaron en 1937 para impulsar la delación y que dieron lugar a la matanza de las navidades de ese año, para mayor gloria del carlista Rada.

En 1940, las autoridades religiosas, militares, políticas y falangistas se encontraron en el ayuntamiento para marchar desde allí a las inmediaciones de la Plaza de Toros, donde se ubicó el monumento. Pero antes pasaron por la barriada de Aguas Vivas, donde entre los aplausos, vítores y jolgorio general procedieron a inaugurar el nuevo rotulado de algunas calles con los nombres de hechos de guerra: Escampleros, Belchite, Brunete, Alfambra. Las calles estaban engalanadas con banderas, guirnaldas, mantones de Manila, mantones de mil colores… Al mismo tiempo que en el paseo del Perejil se sucedieron discursos e himnos, en la Plaza de Toros seguían encerrados presos bajo el mando del Campo de Prisioneros de Los Arenales.
El monumento se había erigido en el Paseo del Perejil, lugar en el que permaneció hasta julio de 1965.
Fue en ese año de 1965 cuando se hizo necesario ordenar el tráfico, para que la conexión de la CN 521 que viniendo desde Trujillo enlaza con la Ronda del Hospital (hoy Av. de Hernán Cortés), y que dio como resultado la actual ordenación, para lo que además hizo desaparecer el Parque del Perejil.

Los actos de 1965 para conmemorar el aniversario del golpe de estado fueron más fastuosos que los de 1940, porque el ayuntamiento contaba con más medios y el frente estaba Díaz de Bustamante, un personaje adorado por la extrema derecha. Y como tal, no reparó en gastos y la celebración del aniversario del golpe, y el mismo periódico que parecía haber agotado hipérboles, metáforas y adjetivos grandilocuentes, desplegó toda su parafernalia.
El diario católico dedicó a la reinauguración una página, toda una página, desgranando los muchos méritos del Regimiento Argel, que cuando fue aposentado en la ciudad, en 1921, venía de Segovia, y su nombre era Regimiento Segovia nº 75. La historia militar va muchas veces acompañada de la historia general, de manera que las reorganizaciones militares, las normas orgánicas, cambian nombres, cambian misiones, cambian nombres, de manera que unos nombres dan continuidad a otros, hasta que en algún caso se extinguen.
La mayor gloria del Regimiento Argel (bautizado así en 1935), hasta la constitución en Sevilla de su plana mayor reducida en, precisamente, 1965 (aunque a alguien le puede dar por señalar otra fecha) fue precisamente por su participación en la guerra civil y en el golpe de estado que la provocó.

Al Argel 27 pertenecían los mandos que secundaron en la ciudad el golpe, que habían participado en reuniones preparatorias, que salieron del cuartel Infanta Isabel al son (cínicos) de la marcha de Riego y se encaminaron al ayuntamiento, donde destituyeron al alcalde Canales.
Militares traidores que dieron la mayor gloria del regimiento (las pasadas, con el nombre de Segovia 75 y otros, no fueron guerras civiles o casi) recogían, con fuegos artificiales, músicas, guirnaldas, banderas, honores los ganados por participar con sus armas empleadas contra los leales a la II República, mucho peor pertrechados.
En el monumento aparecen dos leyendas: una de 1965, que fue cuando se reubicó y se reinauguró, y otra de 2007, que señala que fue “restaurado”. El año de la restauración coincide con el año de aprobación de la primera Ley de Memoria Democrática.
Vale.














