La muy poblada derecha mediática, tras unos amplios esfuerzos en blanquear el fascismo de Box y los ímprobos esfuerzos de la antigua derecha convencional, el PP, de asimilar su doctrinario a las catequesis que imparten Abascal y sus monaguillos, se han lanzado en tromba a perfilar el retrato de Pablo Casado, con la única finalidad de que una vez conseguida la identidad ideológica entre PP y Box, llegar a un nuevo retrato del heredero de Aznar que permita en una más que hipotética victoria de la derecha electoral, el retrato del “líder” que resulte preeminente sea el de Casado.

Para este esfuerzo, tratan los artistas recorrer el camino inverso que hizo Cecilia, esta a partir de un Ecce Homo corrientito y llegar a un Ecce Paquirrín, y esos pintores de brocha gorda parte de una figura desfigurada de lo que debería ser un líder carismático tras una convencional. Convención de sujetos de la más variada fisonomía, unos por ser condenados por corrupción, otros por no ser capaces de espantar su halo de criminal de guerra, los más por haber ya recorrido caminos y vericuetos entre la derecha más derecha y la derecha más folclórica. Y todo culminado con la sabia enseñanza de un premio Nobel que ha transitado en otros paraísos (fiscales) y revelar la divina enseñanza de el buen voto.

Convertir un demacrado Ecce Homo, desdibujado, carente de señas propias de identificación, en un reconocible líder político que sea capaz de emitir opiniones que, aunque no sean propias, no se note que se las ha tenido que aprender de una cuartilla escrita por un asesor. Un líder que ejemplifique unos conceptos en los que no cree porque es un sujeto ignaro, zoquete y remolón para el estudio.

Los esfuerzos, ímprobos, de El Mundo, La Razón, el Abc y toda una pléyade de radios, televisiones, libelos digitales… explicados por las sin duda pingües retribuciones que reciben de la cofradía del Ecce Homo al que se han comprometido a arreglarle las costuras que a cada rato enseñan lo que hay debajo: nada entre dos panes.

Pablo Casado es el Ecce Homo desfigurado, demacrado, cuyo retrato político es es un trasunto del dómine Cabra, es el enjuto hético, el sujeto que no para de atropellarse liándose los flecos raídos de una seca manta ruana que al cuello deja ver lo que parecería una camisa y no más que cuello y pechera donde cada día se coloca unas raspas de ideas que luego, cuando las hilvana, se descosen al momento.

A los medios que el Partido Popular va cubriendo de anuncios y propaganda de las diversas instituciones y organismos donde gobierna, les cae, por riguroso turno, una publirreportaje de dos páginas, un editorial, un reportaje parece que serio, a mayor gloria del Ecce Homo de Génova, 13, cada vez más desfigurado, tanto que, por ejemplo, la última portada dominical de El Mundo ha estado en un tris de, además de un medio contrapicado en la puerta de un noble edificio, que le hubiera gustado fuera la escalinata del Congreso de los Diputados, colocarlo subido en un blanco corcel, con vestimenta de Napoleón.

  • ¡Soy Napoleón Trespatines, emperador de Guanabacoa!

Y, claro, así no hay manera. Se quedó con el contrapicado, sin corbata y pringoso de rancias recetas liberales del siglo XIX.

Ahora, a esperar a cuando le toque al periódico de Iberdrola, digo, de Vocento.

Pero el Ecce Casado está tan estropeado, tiene el lienzo comido de las polillas, que será imposible, hasta para el mejor maquillador de Quasimodo, poder darle apariencia de verosimilitud.

Vale

Internet es un universo en el que  se pueden buscar infinidad de cosas para comprar, vender, para cualquier negocio. Y donde, sin ánimo alguno de dedicarse a los negocios, te puedes sorprender. Y puedes, también, hacerte una idea de cómo el rincón ese en el que vives también produce informaciones que por sus características, te permiten hacerte una idea de su paisaje, su mundo, su pequeño mundo.En estos días, aparecen publicados en páginas de compraventa de inmuebles, cuatro anuncios que permiten una lectura conjunta y unas sensaciones diversas.

Casa de los Trucos

Que la diócesis de Coria-Cáceres haya puesto en venta dos edificios singulares en la ciudad, singulares no por ser vastos edificios, sino por su carácter de únicos, por ser edificios que en su momento fueron muy significativos para la ciudad.

Que unos propietarios particulares (o en singular) pongan a la venta una casa señorial justo en el centro de la ciudad monumental, y actualmente al lado de una reconvertida Casa del Sol en alojamiento y restaurante, y también junto a un restaurante muy afamado y al hotel Atrio, puede ser una intención de venta al albur de un parece que apetecible bocado para usos hoteleros.

CASA DEL ÁGUILA

O que también unos particulares, o un particular, ponga a la venta una dehesa que contiene el 50% del alcornocal más próximo a la ciudad, con una casa muy interesante, y dependencias anexas, así como una abundante reserva de jabalíes, y lo haga en un precio cuatro veces más bajo que el ofrecieron su venta al Estado-Ramo de Guerra hace pocos años, es también otro síntoma.

Mientras que la diócesis con el edificio de Clavellinas y la Casa de Los Trucos, y la propiedad de la Casa del Águila esperan obtener unos precios bastante por encima del millón de euros, y los publicitan como singulares para usos hoteleros, con un creciente interés de la ciudad para la visita de turistas, los propietarios de Las Camellas juegan en una línea distinta, también turística, pero orientada al turismo menos numeroso y más especializado.

CALLE DE CLAVELLINAS, Nº 7

Excepto la Casa del Águila es un inmueble incardinado en el centro monumental, y deudor de su historia pasada, los otros dos edificios del obispado tienen querencia en tiempos más modernos. Así, la Casa de los Trucos, además de su historia de haber albergado algunas pudientes familias locales, su pasado más reciente es haber sido un colegio privado-concertado, llamado de las Damas Apostólicas, hasta que por su situación tan céntrica lo convertía en peligroso para los niños por el tráfico rodado, y costoso por las tareas de mantenimiento de un edificio de sus características, los profesores se constituyeron en cooperativa y lo trasladaron a un polígono residencial, incluso cambiando su nombre por el de Colegio Giner de los Ríos.

FINCA LAS CAMELLAS

El edificio de la calle de Clavellinas, también muy céntrico, es de factura más reciente, en torno a los años 80 del siglo pasado, y fue construido por la Caja de Extremadura, con la finalidad de albergar una residencia femenina de estudiantes, y una planta baja destinada a ser el Aula Cultural de la Caja. El desmembramiento de las cajas de ahorro, hizo caer en el obispado, que formaba parte de la de Extremadura como fundadora, el edificio, que con el paso de los años fue residencia para sacerdotes jubilados.

Ahora, con su salida al mercado inmobiliario, con la etiqueta en los anuncios de los distintos sitios web edificios ideales para esos usos turísticos que parecen ser el reclamo que permite que los precios sean llamativos para lo que es la ciudad de Cáceres.

Finalmente, Las Camellas difícilmente podrá tener usos distintos de los actuales, por su situación, ya que la parte más elevada de la finca es medianera en toda su longitud con la finca Alcor de Santa Ana y de Don Juan, donde se encuentra establecido el Centro de Formación de Tropa nº 1, donde se instruye a los nuevos soldados del Ejército de Tierra. Cuando hace muy pocos años se planteó primero el cierre del Centro militar, y luego su mantenimiento en la ciudad de Cáceres, condicionado a su ampliación esta finca era la primera que resultaba indispensable para ello, y se hicieron algunos estudios que establecían que el precio a pagar por ella debería estar en torno a los 9.000 €/Ha, mientras que los propietarios, sin duda llenos su magín de billetes, llegaron a pedir hasta 36.000 €, cantidad absolutamente fuera de la realidad, y que llevó al Ministerio de Defensa no solo a no adquirirla, sino a desistir de la ampliación de la finca militar.

Vale

Cuando un profano en materia de arte, y más concretamente, en el contemporáneo, y atraviesa la puerta de entrada del Museo Helga de Alvear, lo ha de hacer con la mente abierta los ojos dispuestos y los oídos atentos.

Mi primer acercamiento a la obra expuesta fue trazar un paralelismo entre la lámpara de Ai Weiwei y la chatarra del yate del dictador Franco, un paralelismo sencillo: las dos obras son claramente políticas.

Elegir una obra, verla desde la posición ingenua de quien tiene el atrevimiento, la osadía, de querer entenderla, traducirla… O lo que sea.

Para ello, he elegido una de las instalaciones más llamativas, “Power tools” (“Herramientas de poder”), de Thomas Hirschhorn, un artista alemán nacido en 1957. Una instalación muy interesante, y cuyo despliegue de elementos es un catálogo muy variado de herramientas, en el sentido estricto de la palabra, unas auténticas, otras creadas por el propio artista, y de mensajes, y cuyo conjunto transmite a la vez un único mensaje y una multiplicidad de ellos.

La representación de elementos simbólicos en el arte es algo consustancial al propio arte, porque en definitiva la pintura, la escultura, y todas las artes han tenido la finalidad de simbolizar las directrices, en cada época del poder dominante, de ahí que muchas obras que han trascendido han sido por romper con la previa “tradición”.

En el caso de Thomas Hirschhorn, acumula en esta obra las herramientas del trabajo, muchas herramientas que abarcan en gran medida los trabajos manuales más variados, los oficios de los trabajadores manuales: carpinteros, herreros, labriegos, leñadores. En la práctica, la inmensa mayor parte de los trabajos del ser humano, Podría, bajo el mismo título, bajo el mismo concepto, haber presentado las herramientas de uno solo y significar lo mismo. Como hizo Chaplin con el engranaje de la cadena de montaje en “Tiempos modernos”.

Pero la idea del artista no es tanto la simple definición del hombre, del trabajador, sometido por el poder a un oficio sin que pueda escapar de él. Porque no se trata del poder material, que también, del poder físico ejercido sobre el individuo, sino de mostrar que las relaciones de poder someten a los individuos, a la gran mayoría, a no poder escapar de la bota de los poderosos, como en la la tan conocida escena de “Acorazado Potemkin”.

La gran instalación que se puede ver en el Museo Helga de Alvear, no es solamente la presentación de un inmenso catálogo de herramientas, si no, también la gradación de algunas de ellas, como los hachas que van de pequeño tamaño a otros enormes que simbolizan, a mi modo de ver, la amenaza constante del poder sobre los individuos. Si acaso, los hombres y mujeres sometidos al poder pueden señalar qué instrumentos sería utilizables para romper ese poder, y esos instrumentos se presentan con palabras, con frases, con “people”, con “love”… Dice el propio autor: “Para mí, el arte es una herramienta valiosa, ya que el Arte es aquello que tiene la capacidad de establecer un diálogo o una confrontación más allá de todo peligro, todo temor y todas las normas de seguridad”.

Frases de lucha que pretenden ir más allá de las herramientas (“HAY PROBLEMAS -PERO NO HAY SOLUCIONES”, “everithing connects”, “tough job”…) o herramientas convertidas en armas, como la sierra de carpintero, que sobrevuelan las cabezas de los individuos.

En este inmenso catálogo de todas las herramientas con las que el poder somete a hombres y mujeres, puede verse algún maniquí, que solamente representa a la categoría de un tipo de individuo concreto, cabría preguntarse cómo ese diálogo al que se refiere el autor de la instalación puede confrontar con las herramientas, que son propiedad del poder, con las herramientas con las que el poder somete a los individuos.

Esos individuos, nosotros, al fin y al cabo, sí estamos muy presentes en la instalación, en un número muy elevado. Yo diría que, como en la realidad, hay más hombres y mujeres que herramientas, que no hay una sola herramienta y un solo individuo. Claro, que los individuos estamos muy presentes en la obra de Hirschhorn. Miles de trabajadores inmovilizados, clavados, sujetos fuertemente al suelo para evitar su avance, miles.

Las planchas de madera en las que aparecen clavadas miles de puntas, miles de individuos, posicionados en puntos que convienen al poder, en fábricas, en tajos… fuertemente sujetos al terreno, a la cadena de montaje, a la construcción de muros, a la fabricación de objetos que satisfagan los deseos del poder, aparecen en puntos diversos, en todos los puntos que representan el poder y sus herramientas.

Vale.

En las informaciones que se pueden ver y en conversaciones escuchadas sobre la reciente apertura de la Ronda Sureste de Cáceres, y concretamente, sobre las cuevas o grutas aparecidas junto al encuentro de la Ronda con EX-206, carretera de Miajadas, se atribuye al lugar un topónimo referente, el de El Carrucho, que no era ningún barrio, sino un asentamiento de unas 10-12 infraviviendas y, posteriormente, módulos prefabricados, ubicadas junto al vertedero de residuos urbanos de Cáceres.

En realidad, sí podría llamarse a ese lugar El Carrucho, pero se aplica un topónimo móvil, un topónimo que antes había incardinado en el lugar donde estaba el vertedero de residuos urbanos de Cáceres.

Mirador y panel explicativo de las Cuevas del Sapillo, en la Ronda Sureste de Cáceres

Para entender cómo había llegado hasta esa ubicación, casi el km de la EX-206, busqué en el Archivo Histórico Municipal, para visualizar cómo las basuras de la ciudad y su depósito, e incluso, su reutilización fueron dejando un rastro de documentos a lo largo del tiempo.

No he visto los documentos, sinel topónimo o, solamente sus fechas a través del inventario publicado por el Archivo en formato .pdf. Y tampoco he recogido todos. Documentos que señalan cuestiones como la reutilización como abono para huertas de los residuos, y también la prohibición de que dichos residuos sean alimento de ganado porcino.

En 1932, el Ayuntamiento convoca dos plazas de conductores de los camiones de recogida de basuras; en 1945, se realiza reconocimiento facultativo a los empleados municipales de los servicios de vigilancia de los depósitos de basuras, brigada obrera y barrenderos. En 1923, se solicita la concesión de limpieza de basuras del estercolero, sito en Cabeza Rubia, y venta de las basuras. En 1937 y 38 se registran más peticiones en este sentido.

En 1950, el propietario de un solar en C/ Gómez Becerra solicita el cierre de un portado por haberse convertido en un vertedero de basuras.

En 1945, se instruye un nuevo expediente a instancias del gestor Eleuterio Sánchez Manzano, para la desaparición del vertedero de basuras de la Avenida del Oeste.

Todas estas referencias se basan en documentos municipales. Sin embargo, la memoria individual, mi memoria, que no llega (todavía) a esos años. Sí llega, tanto la visual como los recuerdos de conversaciones de los mayores, y allá por 1960, escuchaba el topónimo El Carrucho, pero no lo situaba tan alejado de mi casa, en el Espíritu Santo, hoy calle La Roche sur Yon. Lo situaba, y lo veía, en El Carneril, hoy llamado barriada Llopis Iborra.

Una de las dos bocas de las Cuevas del Sapillo, tapada por seguridad en el mirador de la Ronda Sureste

El Carrucho estaba situado en lo que hoy ocupan las calles Ecuador, Guatemala, la casa de cultura Rodríguez Moñino y el módulo del IES Al Qazris (antiguo colegio La Paz, y más antiguo XXV Años de Paz). Era una buena extensión de terrenos que en torno a 1950-1955 amenazaba con extenderse a los terrenos circundantes a la cueva de Maltravieso,

La creación por el obispo Llopis Iborra (cariñosamente llamado Llopis Seforra) de la constructora benéfica Virgen de la Montaña, y su petición de terrenos al sitio de El Carneril (que formaban parte de una finca que había sido de gran tamaño, la Dehesa de los Caballos) obligó al Ayuntamiento a buscar una localización más alejada para albergar el vertedero.

Ya por aquellos años, nacía y crecían, sin control alguno, los terrenos que circundan la Charca Musia (históricamente conocida como Charca del Espíritu Santo), un “polígono industrial” que ha llegado hasta nuestros días como una muestra paradigmática de lo que se conoce como chabolismo industrial.

El sitio escogido para ubicar el vertedero de basuras estaba al final del sitio de El Sapillo (uno de los aliviaderos del Calerizo, hoy desaparecido bajo la losa de hormigón de una nave industrial, una ubicación histórica de hornos caleros de los que se conservan dos muestras en muy buen estado…).

El topónimo El Carrucho viajó así a lo largo de la EX-206, hasta encontrar terrenos más allá del Sapillo, de las Cuerdas de Cotallo y de un conjunto de terrenos bajo la denominación de Calerizos Bajos.

Las cuevas aparecidas con la obra de la Ronda Sureste no son las del Carrucho, son las del Sapillo (también es de este sitio la cueva de El Conejar), o de las Cuerdas de Cotallo o de los Calerizos Bajos.

Un topónimo móvil que debió trasladarse al vertedero de la carretera de Badajoz, o del actual Centro de Residuos o como se llame.

Pero, repito, no son las cuevas del Carrucho.

Vale.

Dos noticias recientes que se han cruzado en mi pantalla me llevan a tomar de nuevo el asunto de la Plaza de Toros de Cáceres. Por un lado, una noticia de ámbito nacional, originada en Gijón y que ha significado un tiro en ambos pies para los taurinos: lidiar y matar un toro nombrado feminista y otro nigeriano, han llevado al Ayuntamiento gijonés a establecer el final de esos espectáculos en la Plaza de Toros de la ciudad. Por otra parte, en la prensa de Cáceres aparecía una doble petición de los taurinos: que se reparen los daños del coso cacereño y que se pueda utilizar por la escuela taurina.

Estas circunstancias, lo sucedido en Gijón y la demanda de los taurinos de reparación de la Plaza de Toros de Cáceres, reflejan la encrucijada en que se encuentran la afición taurina, en una evidente situación de resistencia frente a la creciente ola en contra de quienes abogan por la desaparición de las corridas de toros.

Esta situación divergente tiene un componente económico claro en Extremadura, ya que la desaparición de los espectáculos taurinos repercutiría en el mantenimiento del paisaje de las dehesas, no tanto a mi parecer como para bautizarlo de definitivo, y no tanto por el número de puestos de trabajos y empleos de los espectáculos, ya que son puestos de trabajo claramente exiguos y, en todo caso, discontinuos.

Picasso. Plaza de Toros

Sin embargo, la realidad suele ser tozuda y es evidente que los espectáculos taurinos están en nuestro país en franca recesión, cuando no en clarísima retirada. No es ya que las corridas de toros resistan más o menos, es que en la mayoría de los casos, salvo ferias importantes, el público cada vez es menos numeroso y esas corridas o novilladas en plazas menores, no pueden aspirar a obtener recursos de su pase por televisión.

Que la plaza de toros de Cáceres requiere una inversión, cuando menos, de unos 350.000 € para dejar de ser peligrosas para sus usuarios o personas que caminen en su alrededor, también puede llevarnos a pensar si merece la pena gastar ese dinero cuando seguramente haya necesidades más acuciantes y de mayor interés público.

En nuestro mundo globalizado, con una mirada puesta en Europa y la mirada de Europa puesta en nosotros, como en cualquier otro país, los espectáculos públicos con animales son cada vez menos, y menos cuando en esos espectáculos se mata al animal protagonista, en muchas ocasiones previa tortura para terminar estoqueando a la fiera.

Personalmente, creo que el toro de lidia, como raza, deberá desaparecer en un tiempo relativamente corto, y los espectáculos taurinos no podrán continuar siendo una parte de las ferias y las fiestas de ciudades y pueblos.

Las tradiciones son solo eso, tradiciones, y sabemos que en muchos casos están montadas sobre leyendas y supercherías. Ya en 1567, el Papa Pío V, en su bula ‘De Salute gregis Dominici’ prohibió las corridas de toros por ser espectáculos vergonzosos y sangrientos.

Vale.

Visitando el Museo Helga de Alvear prácticamente en su inauguración, me surgió una inquietud o un interés en saber si dentro del Arte Contemporáneo la visión política de los artistas podía ir más allá de la mera interpretación de la realidad a través de sus obras, o de la denuncia social, algo evidente viendo muchas de las obras e instalaciones presentes en las salas del Museo.

Kimsooja, Oct 22 2000

Otra cuestión sería si los propios artistas que plantean obras claramente de contenido o denuncia social expresaran, sin duda alguna, que responden a un compromiso político, así lo hicieran. También, las circunstancias en que se fraguan las obras de contenido indubitablmente político, podrían entenderse más o menos comprometidas, como es la de Ai Weiwei.

Thomas Hirschhorn. Power tools.

A mi modo de ver, solamente una obra, la lámpara que el disidente chino Ai Weiwei, podía entrar en el criterio de arte político. Seguramente, careciendo de datos de otros de los artistas representados en la muestra, alguna obra más podría entrar en ese criterio.

Ai Weiwei es claro en su denuncia del Partido Comunista Chino en cuanto a al fuerte sistema de contención de las libertades políticas y sociales de los ciudadanos chinos, aunque hace una salvedad en cuanto a que es ese sistema político el que está impulsando a la PRC a ser una gran potencia económica, lo que no se traduce en derechos y libertades, según él, de la población, sometida a un férreo control.

Descending light. 2007

La vocación del Museo Helga de Alvear y de su impulsora se manifiesta en que, durante el tiempo que duró la construcción del magnífico edificio diseñado por Tuñon y Mansilla y culminado, ya en solitario por Tuñón, es permanecer abiertos a nuevas incorporaciones de obras de artistas que puedan, sobre todo, añadir valor, añadir calidad y añadir frescura a los fondos, ya muy amplios, de que dispone el Museo.

No sé si en este afán de Helga de Alvear de añadir obras de interés, o, incluso, de impacto, se encuentra la adquisición de “Síndrome de Guernica”, de Francisco Sánchez Castillo, que había recalado en Cáceres formando parte de “Cáceres Abierto”, habiéndose expuesto en la Plaza de San Mateo, con un fondo en el balcón de la fachada principal del Palacio de Los Golfines de Arriba, donde residió algún tiempo durante la Guerra Civil el dictador Franco.

La incorporación de esta obra al Museo ha sido inmediata para exponerla al público, en dos elementos distintos: uno, colocando sobre uno de los arandeles del jardín los hierros formando pacas, y la otra, exhibiendo en el Auditorio algunas piezas y el vídeo del proceso de desguace y transformación del yate de Franco, porque de eso trata la la instalación, del desguace del Azor, uno de los símbolos del poder que ejerció con mano de hierro el dictador.

Sánchez Castillo. Síndrome de Guernica. 2012

La obra de Ai Wewei es de 2007, y la de Sánchez Castillo de 2002. Las dos tienen, por propia definición de sus autores, una significación política, siendo la primera una obra bien acogida por las mentes bien pensantes de Occidente por cuanto supone una desacreditación del régimen comunista chino. La segunda, en el tiempo transcurrido desde 2012 adquiere nueve años después cada vez más actualidad y más valor, porque los deseos de una normalización real y efectiva de la Memoria Democrática requiere una redefinición de los símbolos que perviven, y son muchos, de una Guerra Civil y de una Dictadura, que nunca han sido sometidos a la más adecuada asimilación a los valores que deben conformar una democracia real, como las occidentales que tanto aplauden cuando se trata de la obra del disidente chino.

Las tensiones que genera apelar a esa normalización y asimilación entre los materiales e ideológicos del fascismo impuesto por el dictador Franco frenan esa normalización tan necesaria.

Vale.

Entregada la entrada de “Las cábilas de la Labradora” al albur de su vuelo por la red, puse en marcha mis recuerdos, mis notas mentales sobre las parte de Cáceres en la que se asentaban aquellas viviendas, y así fue como asocié dos topónimos que casi siembre escuchaba unidos: la Labradora y las cuevas de la Becerra (así, en plural) ya que a ellas se llegaba por el mismo camino, pasando bajo la vía del tren hasta coger el camino de Cabeza Rubia, pegado al muro de bloques de cemento del recinto de la Estación.

Una conversación con Eloy Vaquero, padre de mi prima María “Todolibros”, y a quien conozco desde siempre (su suegro era primo de mi padre), aumentó mis referencias sobre la zona y asentó otras cuestiones que ya conocía. Con lo recordado y con la buena memoria de Eloy fui componiendo un pequeño mapa, de momento solamente escrito, en el que aparecían las cuevas de la Becerra, o cueva de la Becerra con la mina de la Labradora.

Situadas más al sur de la mina, la cueva que figura en el imaginario local, pero cuya ubicación exacta puede perderse, fue también un abrigo en el que obreros, gente humilde, encontró refugio. Y sufrió en ese refugio.

En julio de 1927, se produjo un incendio que acabó con un buen número de chozos habitados por gentes de Aldea Moret. Así contaba la noticia del incendio el periódico conservador “Nuevo Día”:

Diario NUEVO DÍA. 4 de Julio de 1927. Cáceres

A la hora de recoger en esta entrada la única noticia del incendio que he podido encontrar, he tenido dudas de eliminar los nombres de los damnificados, o de mantenerlos. Ha ganado la segunda opción, más que nada con la esperanza de que algún descendiente de aquellos, algún familiar, pueda aportar información que nos ayude a una mejor visión de cómo era la vida tanto de los habitantes de aquellos chozos como de las cábilas, dándose la circunstancia de que en ambos tipos de “viviendas” se hizo uso de paredes de adobe, terminándose con tejas de los hornos del Junquillo (“casas de Tejares”) las cábilas, y con taramas o retamas los de los hornos.

Después del incendio, el 4 de julio de 1927, solamente he podido encontrar dos noticias más: una en el mismo periódico “Nuevo Día”, dando cuenta del reparto de una suscripción para ayudar a las familia, y otra noticia, sobre el mismo reparto en el periódico católico “Extremadura”, que no había dado cuenta anteriormente del incendio.

Pero buscando esas posibles noticias posteriores y recordando lo que me contó Eloy Vaquero sobre la cueva, encontré alguna sorpresa. Eloy me refirió que a esa cueva se arrojaban animales muertos (mulos, burros, etc.). Claro, cuando los vientos cambiaban, los malos olores se esparcían sobre el Junquillo (¿quién no recuerda, hace menos años, los malos olores provenientes de la cantera de Baltasar cuando ya se estaba utilizando para arrojar vertidos de materiales inertes, de escombros, de tierras de excavaciones de obras?). La cantera creo haber visto que ha tapado (lo tengo que comprobar) los terrenos de la mina de la Labradora y de la cueva de la Becerra, de la que hoy muy poca o nula información gráfica o fotográfica, si acaso una fotografía que realizó Carlos Callejo y que llegó al Hoy a través de su hijo, Alfonso.

A finales de los años 30, y, consiguientemente, de la Guerra Civil, se acrecentó el uso de la cueva para arrojar animales, hasta el punto de que el Ayuntamiento de Cáceres, sin haber realizado siquiera una prospección de la cueva, seguramente por su mal estado, comenzó a utilizarla como Horno Crematorio, y así figura en varios documentos que obran en el Archivo Histórico Municipal.

Conociendo el destino de esta cueva, situada, como otras, en el propio Calerizo (Santa Ana, El Conejar, Maltravieso, las descubiertas junto a la carretera de Miajadas con las obras de la Ronda Sureste, que no están en El Carrucho, como sin conocimiento de la zona se informa) es de “agradecer” que las cuevas citadas no hayan corrido la misma suerte, aunque es cierto que en El Conejar si apareció algún animal muerto.

Vale.

La larga guerra sostenida por España contra los árabes (moros) del Norte de África durante tantos años, desde la Guerra de Margallo hasta finales de los años 20 del mismo siglo, hizo que algunos topónimos de aquella parte de África se importaran y terminaran asentando en algunos lugares de nuestro país.

La participación de muchos extremeños, cacereños, en aquellas guerras también tuvo su correlato en nuestro entorno. Concretamente, una determinada tipología de viviendas de los árabes que se constituían en diversas formaciones de un ejército irregular, las cábilas o kábilas, en los años finales de la guerra mandadas por Abd El-Krim, tuvieron algún éxito en su acomodo a nuestra toponimia.

En Cáceres, aunque he preguntado en diversos foros, a diversas personas muy conocedoras de la ciudad, no he encontrado confirmación a ese nombre, que yo tenía en mi memoria y en la memoria de mi familia materna. Recuerdo, ligeramente difuminado, haber pasado bajo la vía del ferrocarril, antes de la llegada a la Estación, por un camino que se llamaba de la Labradora, con mis abuelos maternos que, para no tener que cogerme en brazos y que yo caminara a buen ritmo, se valían de una naranja que me iban arrojando para que la recogiera. Ese camino se conocía como el de la Labradora y llevaba a la mina del mismo nombre, situada en la zona baja, al cerro de Cabezarrubia, o Cerro de los Pinos. Aquel viaje anaranjado me llevaba, con mis abuelos, a la casa de mi tío Jacinto, en la recién, por entonces, inaugurada Barriada de la Paloma.

Con muy escasas referencias, he tenido la ocasión de que Angel, un arroyano recriado en Cáceres, conocedor del sector de la construcción (subsector albañiles y otros oficios) tuviera unas muy parecidas a mis recuerdos y a los escuchados en mi familia materna, y que sin duda, con otras más difusas, sustentan la existencia de las viviendas de la mina de la Labradora, de las cábilas de Cáceres. Hablar con Ángel, por otra parte, es hablar con un libro abierto de historias de la ciudad, que va contando mientras pasea a sus perritos, ya mayores también.

Después de aquellos “paseos”, solamente recuerdo haber ido por ese camino en un par de ocasiones, siempre hacia las casas del Junquillo o viviendas de Tejares, y haber pasado, sin detenerme, en los restos de la mina de la Labradora. Un ruta que, ahora, tengo pendiente.

Poco antes de la muerte de mi madre (2013) llegó a la residencia en la que ella estaba una mujer de más o menos su misma edad, y a través de mi hermana mayor, mi madre y aquella mujer, pudieron recordar algo de su infancia. También una hija de aquella mujer participó activando los recuerdos.

Mi madre, vecina de la Calle de la Pulmonía, antes de que el genocida Franco diera un golpe de estado, que le salió mal y provocó la guerra civil, comenzó a ir a la recién inaugurada escuela pública de nuestra señora de la Montaña, en calle Alfonso IX. En esa escuela conoció a la mujer con la que había coincidido en el ocaso de subida en la residencia.

Me contó mi madre, con algunos recuerdos ya entrecortados, que aquella mujer, Nati, llegaba a la calle de la Pulmonía y, juntas, iban a la escuela. Nati llegaba a la casa de mi madre, Rosario, después de caminar desde su casa, en la mina de la Labradora. Un largo recorrido para ir a la escuela.

Aquella casa en la que vivía Nati, era una de las 8 ó 10, y había casas de dos tipologías básicas: las apoyadas, en su parte posterior sobre un cortado de piedra de cantera o las que, sin estar apoyadas, se construían con un pasillo en medio, de manera que tenían vivienda a derecha e izquierda del pasillo, y al fondo, la cocina y el aseo compartidos.

De esta tipología última, por cierto, puede verse aún hoy alguna casa en la calle Altos de Fuente Fría.

Las viviendas con apoyo en un cortado de piedra eran más individuales, y estuvieron ocupadas por familias que vinieron de algún pueblo, como Alcántara o Estorninos.

Las cábilas de la Labradora, de las que no sé si quedan restos porque bien pudieran haber sido anuladas por los vertidos de residuos inertes (residuos de obras y demoliciones) en la llamada cantera de Balpia. Me queda por hacer una excursión, con tiempo favorable (de temperaturas) y comprobar si algunos tapiales que hay cercanos al camino de Cabeza Rubia, por donde mis abuelos me llevaban al Barrio de la Paloma, siguiendo una naranja.

Vale.

En la maña de hoy, 14/07/2021, he vuelto a visitar el Museo Helga de Alvear, para completar mi visión y conocimiento de la obra de Francisco Sánchez Castillo “Síndrome de Guernica”. A los bloques de chatarra prensada de lo que fue el yate de recreo del dictador Franco, he conocido algunos otros restos del barco y, sobre todo, un vídeo de 32 minutos de duración que, fundamentalmente, recoge el proceso de desguazado del símbolo de Franco, del símbolo que suponía dedicarse a una vida plácida mientras sus Ejércitos, sus policías, sus guardias civiles, sus jueces y fiscales, hacían la vida imposible a los españoles que aspiraban a zafarse de su bota y pretendían ser ciudadanos en vez de súbditos.

La obra de Sánchez Castillo se expuso por primera vez en la antigua sala frigorífica del Matadero de Madrid, en 2012. La presentación y exposición de los restos del Azor convertidos en una instalación artística enlazada con el significado del Guernica, de Picasso, apareció en aquellos días en innumerables noticias de prensa. En 2012.

Hoy, viendo los restos que completan la instalación, y el vídeo de su desguace y compactación de piezas de restos de amasijos, pensaba que quizás hoy, 9 años después de su primera exposición en el Matadero de Madrid, y 9 años más lejos, formalmente, de la Dictadura franquista, sería una anécdota con elementos de historia. Pero

Sin embargo, al mismo tiempo que reflexionaba sobre la distancia temporal de la Dictadura, recordaba las noticias del día, de estos días, y me alegraba de que la Fundación Helga de Alvear haya adquirido la instalación, de la valentía de la propia Helga para ello, y de que Cáceres guarde entre palacios y casas fuertes esta obra, que simboliza todo lo contrario de lo que hoy vemos una y otra vez en los medios de comunicación: fascistas que campan a sus anchas por calles, plazas, platós… O que permanecen, en fraude de ley, en cargos que en su día fueron judiciales y que han convertido en políticos. O las dificultades (judiciales) para exhumar los restos de Franco y llevarlos a un cementerio “más” ordinario, o las propias dificultades que se encuentran en la ciudad de Cáceres para retirar el ominoso símbolo de la “Cruz de los Caídos”, o la leyenda en piedra en la concatedral con el nombre del ideólogo del fascismo en nuestro país, o la placa con la que unos “nobles” cacereños hacen blasón e hidalguía de haber dado cobijo al dictador, o que un campo de prisioneros rojos se haya convertido en un hotel de lujo (¿se imaginan igual conversión en Auschwitz).

Cáceres acoge, para siempre, uno de los símbolos más ominosos de la Dictadura, en la más moderna y premiada construcción, uno de los símbolos que comparte espacio con otras obras, como la lámpara de Ai Waiwei, que el artista chino dedica a lo que él considera el final del partido comunista chino.

Ahora, con esta obra, con el impulso de lo que es y lo que representa, de la fuerza que las pacas de chatarra transmiten, con el vídeo, sin voz en off, o, mejor dicho, con la única voz en off de las máquinas que desguazaron el yate de Franco, será más fácil eliminar o trasladar la cruz de los caídos, quizás la más grande de las que aún existen, de las que aún recuerdan al dictador.

Visitar el Museo Helga de Alvear es dar un auténtico paseo por lo más rabiosamente moderno del Arte, por lo más rabiosamente atrevido, relajante, reflexivo, del Arte.

Y gracias al Museo, ver que, al cabo de los años, algunos podemos recordar a nuestros abuelos, que no pudieron ver destruido el franquismo, y ahora, su destrucción, que se hace más necesaria sociológicamente, al menos nos reconforta cuando la vemos convertida en chatarra y sobre esa chatarra emergen las ansias de libertad de tantos españoles.

Vale.

Hoy, además, ha muerto Michael Boltanski, artista francés, multidisciplinar, y que dedicó gran parte de su obra a resignificar la memoria.

La política española, inmersa en un período convulso en cuanto a los posicionamientos de los partidos y a las soflamas de sus dirigentes, está acusando la pandemia de la COVID-19, que a medida que los objetivos de vacunación se van consiguiendo, alejando a unos de sus metas y manteniendo a otros en sus proyectos, hacen que vivamos en un circo mediático por momentos insufribles.

Hoy, 10 de julio, Pedro Sánchez ha ejercido sus funciones de Presidente de Gobierno y Secretario General del PSOE, realizando una profunda remodelación del Gobierno, con cambios en ministerios clave, cesando y nombrando ministros que pertenecen al PSOE, con algún cese no previsible en ese sentido. Los cinco ministros de la cuota de Unidas Podemos en la coalición de gobierno se mantienen en sus puestos, solamente con el ascenso a Vicepresidenta 2ª de Yolanda Díaz. Claro que Unidas Podemos tenía 3 ministros (Ione Belarra, Irene Montero y Manuel Castells) y el Partido Comunista 2 (la ya citada Yolanda y Alberto Garzón). Haber considerado la posibilidad de realizar cambios en esta parte de la coalición habría sido demasiado complejo.

¿Qué sucede en la otra acera, en la acera de la derecha? Sucede que la formación de Santiago Abascal camina a piñón fijo, con un paso marcadamente fascista, que, para ellos, les está dando mucho juego, siendo la formación más estable de ese arco parlamentario. Saben que seguirán marcando el paso, no solo de sus votantes, sino de muchos votantes y asimilados del PP, ayunos de un líder nacional. La tercera pata de esa derecha montaraz, lo que queda de Ciudadanos, se han vuelto unos pollos sin cabeza, con la locuaz e inane Arrimadas pidiendo elecciones anticipadas, olvidando que en las últimas elecciones en Cataluña, como sus correligionarios del PP, resultaron irrelevantes para cualquier solución política, que en las últimas elecciones de Madrid, tres cuartos de lo mismo.

Las tres patas de la derecha montaraz siguen con su discurso cada vez más repetitivo y hueco ante las propuestas y, sobre todo, las acciones del Gobierno del PSOE, comenzando por un adecuado y eficaz proceso de vacunación, la cada vez más cercana llegada de los fondos europeos que nos ayudarán a remontar una cruel pandemia y una durísima crisis, a la que ha sido necesario hacer frente sin ayuda alguna. Incluso, con traiciones evidentes de la derecha política y, sobre todo, mediática y con una Justicia que busca exclusivamente favorecer (la imagen ciega de la justicia y su balanza ya no existe) a la extrema derecha, el PP.

Y, a todo esto, asistimos en estos días de julio (él último, ayer) a una situación en la que el presunto líder (a cualquier mierda llaman líder) de la extrema derecha, Pablo Casado, ordenando a su cohorte de validos de Génova, 13, a lanzar que el único mensaje que debía emitir Pedro Sánchez ante la remodelación del Gobierno era su dimisión y convocar elecciones. Pablo Casado, si alguna vez hubiera abierto algún manual de Derecho Político o Derecho Administrativo, debería saber que es el Presidente del Gobierno quien toma las decisiones de cesar o nombrar a los ministros y que su dimisión debería plantearse si fuera el caso de demostrar incapacidad o incompetencias manifiestas para el ejercicio del cargo, y sucede todo lo contrario.

Siendo por tanto imposible que Pedro Sánchez se diera por aludido en lo de la dimisión que Casado reclama, quedaría saber en qué pilares de resistente hormigón se asienta el liderazgo del licenciado en derecho con la calificación en todas sus asignaturas como aquello que ponía en la blanca sobre el valor: “se le supone”. Pues cada día es más cristalino que Casado aprobó su carrera de derecho porque se le suponía que tendría algún mando en plaza.

Sin lienzo de muralla en el que asestar golpes contra el Gobierno, sin capacidad personal, ni formativa ni política, el ignaro licenciado decidió proclamar vacaciones de verano, dejando a sus huestes de tercera fila que de vez en cuando lanzaran algún dardo, en la confianza de que sus voceros y pregoneros los agrandarían. Llegado, pues, el verano, Pablo Casado, sin bagaje, sin equipaje, se lanzó al agua.

Y, claro, cuando un individuo que ha demostrado que es un milagro de equilibrio (buscar esto en los diccionarios), le está sucediendo lo que él sin duda tenía en más temor: no hace pie. Pablo Casado en el agua, no hace pie, esperando que le lancen salvavidas, pero ayer, viernes, su subordinada Ayuso, se encargó, siguiendo instrucciones de Los Bacos de Madrid, con la anuencia del sumo socerdote Aznar, de esconder todos los salvavidas que había en Génova, ¿cuándo, por fin, la venden? Incluidas las ruedas de tractor con las que poder agarrarse para llegar a alguna orilla.

Pablo Casado ha demostrado un día sí y otro también su ignorancia del derecho (su licenciatura es como el título de paracaidista que tengo yo), su incompetencia política y su soledad en su partido. Y, además, que no sabe nadar y por eso no hace pie.

Vale.