Archivos para marzo 2021

Las piedras de la ciudad monumental de Cáceres, que tan bien nos vienen para enseñar a quienes nos visitan como si fueran certificados inmarcesibles de nuestra historia, no nos enseñan, creo, todo lo que fue y deberá seguir siendo, la ciudad.

Cáceres celebró su bimilenario apoyándose en la historia de Roma. Sin embargo, la ciudad es mucho más antigua, los primeros pobladores habitaron ya estas tierras en el neolítico.

Demostrada está la presencia de pobladores en mucho más tiempo que ese bimilenario. Las cuevas y abrigos del Calerizo de Cáceres, para resguardarse del frío, las lluvias y los depredadores, se compatibilizaban las épocas de poder aprovechar la bonanza del clima con en los humedales de Los Barruecos y los Arenales.

De esos tiempos tan antiguos, nos van, poco a poco, surgiendo respuestas (no todas las que serían posibles si se destinaran mayores recursos a las excavaciones) en Maltravieso, en El Conejar o en la Cueva de Santa Ana.

Sí tenemos, todavía, a pesar de los maltratos, la lectura actual de los que fueron aquellos tiempos, mucho más remotos que la invasión romana y el imperio de Augusto. Porque el libro en el que se escribieron las primeras historias sigue vivo: se llama el Calerizo, se llama la Ribera del Marco, y si los hubiéramos cuidado (algunos están a tiempo), los aliviaderos del Marco (la Fuente del Rey), el pozo de El Sapillo, el pozo de la Lebosilla, la Fuente de Santa Ana…

Cáceres tiene una historia que no está escrita en las paredes de la Ciudad Monumental (Patrimonio de la Humanidad) sino que fluye por hilos de agua que salen del Calerizo, por una fuente inagotable que era en el Neolítico, que fue en la dominación romana, que fue durante el Islam, que fue durante la Reconquista.

Lo mismo que los primeros pobladores, todavía seguramente nómadas, la aparición de la agricultura (de la acuicultura en la época romana), del sedentarismo, habría permitido a aquellos primeros pobladores encontrar asiento, refugio y ricos beneficios de la cantidad de agua que, como nos decía mi madre, fluye bajo la ciudad, como un mar.

El agua en Cáceres es más antigua que las piedras. Es más, sin el agua, las piedras nunca, probablemente, se habrían levantado. La cisterna que apareció en Mira al Río al tiempo que se cometió el atentado contra el puente de San Francisco, no era tal, era la continuación de la poterna, la puerta más adelantada de la muralla, por la que los sitiados tenían a su alcance acceder al bien preciado del agua.

Por esto, me gustaría llamar la atención por la desaparición de Cáceres durante ¿cinco siglos? de cualquier historia. De la época visigoda parece no haber rastro alguno. Pero la ciudad fortificada romana ahí estaba. El agua abundante del Calerizo, ahí seguía. Las enseñanzas romanas en materia de agricultura habrían dejado rastro en pobladores dedicados a los cultivos más elementales.

Los visigodos (suevos, vándalos, alanos) parece que no tuvieron presencia en Cáceres. O parece que no dejaron huella alguna. Seguramente, se ha estudiado poco ese tiempo.

El gran arqueólogo José Ramón Mélida, en su libro en varios tomos dedicado a Cáceres, dentro del Catálogo Monumental de España, a comienzos del siglo XX sí se refiere, al menos, a alguna presencia goda.

Afirma Mélida que, a pesar de no haber monumentos de la época visigoda, sí se sabe que la Extremadura septentrional quedó bajo el reino godo de Toledo, y fue teatro de guerra durante mucho tiempo. En 585, Leovigildo sumó a su reino la ciudad de Mérida.

Desde mi punto de vista, que Cáceres no fuera conocida/invadida por los pueblos germanos (así parece) no quiere decir que quienes por estas tierras combatieron a las órdenes de cualquiera de sus reyes no tuvieran aposento en la ciudad romana dotada de buenos muros defensivos.

Por eso, me resulta llamativo que siendo el agua un elemento fundamental tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerra, las torres romanas de la ciudad no albergaran ejércitos visigodos.

Cinco siglos de historia sin historia parecen muchos.

Vale.

El 4 de marzo de 2019 publiqué en esta misma Cerca una entrada en la que me refería al intento, desesperado, del Partido Popular por “colocar” como fuera el “espacio gourmet” del mercado de abastos de la Ronda del Carmen. Lo titulé “Vender la burra gourmet”.

El gobierno regional, el gobierno de “los mejores” capitaneado por el canario Monago, había invertido prácticamente 1.000.000 € en convertir la planta alta en un espacio gourmet al nivel de otras ciudades de importancia. Y, por supuesto, los medios escritos buscaron esas ciudades con mercados similares, pero en ninguna aparecía un porcentaje de casi el 50% de las casillas destinadas al gourmeteo (aquí, tapeo).

El asunto del mercado gourmet nacía en 2015, y el 1.000.000 € también. Ahora estamos en 2021, y el gobierno municipal, sin una mayoría holgada, ha recibido la información de que la Asociación de Cocineros, a quienes, sin concurso público, Elena Nevado (alcaldesa de infausta memoria) se lo había entregado, le dicen al Ayuntamiento que no, que no sale ningún tipo de cuentas (si salieran ya estaría funcionando), y que si os hemos visto ya no nos acordamos.

Una inversión tan importante debería haber ido a cualquier barrio, y hubiera sido más productiva. Pero en aquellas fechas el PP del viajero quería parecer moderno (aunque el cateto se vista de Armani, cateto se queda) y privatizó la Calle San Pedro de Alcántara diciendo que iba a ser como mínimo como la malagueña calle Larios. Hoy, esa calle tiene algunas tiendas y, eso sí, las terrazas de unas cuantas tascas.

El mercado de Abastos de la Ronda del Carmen data de la mitad de los años cincuenta del siglo pasado, y se puso en servicio como complemento del que en las mismas fechas estaba junto al Ayuntamiento y que luego se trasladó a donde antes había estado el Seminario (edificio histórico artístico desde que se declaró a la ciudad monumental conjunto histórico), y ahora está un moderno parking.

Hoy, ese mercado, de dos plantas, tiene la alta nuevecita nuevecita… y vacía, muy vacía, como baldón a quienes creyéndose los reyes del mambo gastaban el dinero público en proyectos a mayor gloria de sí mismos.

Ahora, el Ayuntamiento, en medio de una crisis tan importante como la causada por la pandemia de la COVID-19, no tendrá más remedio que asumir que la Asociación de Cocineros no sabe qué hacer con esa planta, y, salvo lucecita monetaria que aparezca, guardar los planos, bien dobladitos, y meterlos en el cajón de los inmuebles cerrados por falta de uso.

Vale.

El inmueble que fue sede de los Servicios Sociales de la Junta de Extremadura, en la Calle Antonio Reyes Huertas, nº 9, fue el primero que abrió la serie “Cáceres, cerrado por falta de uso”, en agosto de 2012.

Gobernaba entonces en Extremadura el Partido Popular, con la presidencia de José Antonio Monago. Fue el gobierno del PP (el “gobierno de los mejores” se autoproclamaban” el que en 2013, el 20 de noviembre de dicho año, tomó la decisión de ponerlo a disposición de los Hermanos de la Cruz Blanca, que como organización de carácter benéfico, pretendía usar el edificio para sede de las personas atendidas en aquellas fecha en un inmueble de la ciudad monumental. Y, si les era posible, ampliar las plazas residenciales y disponer de un centro de día.

La Junta de Extremadura entonces, “mataba” dos pájaros de un tiro: por un lado, quitarse de encima un inmueble para el que no se encontraba acomodo, y por otro, ponerlo a disposición de una entidad benéfica muy bien vista en la sociedad cacereña. En realidad, había un tercer objetivo: la Junta no encontraba medios económicos para poner de nuevo en servicio el inmueble y darle un uso que fuera necesario para la ciudad de Cáceres.

Ortofoto 1956. Fuente: sig.caceres.es

Antes de que el edificio apareciera en las ortofotos de la ciudad, en 1984, aparece en todas las de 1956 en adelante. Lo que aparece era, a mí me lo parecía, una especie de ruinas, puesto que solamente estaban en pie las fábricas laterales y frontal, con los huecos dispuestos para puertas y ventanas. No eran unas ruinas, eran, al contrario, unas obras que habían comenzado y que por las circunstancias que fueran (sería interesante conocerlas realmente) quedaron paralizadas. Tenía que haber sido la parroquia de San Pedro de Alcántara, dispuesta en la zona por el importante número de viviendas construidas en su entorno (las protegidas, las 104…). Sin embargo, las obras pararon, las fábricas de piedra levantadas, terminaron por abandonarse, porque la capilla del Instituto El Brocense podía abastecer de alimento espiritual a la zona.

Fachada Principal. Foto: cercadelasretamas.

Desde la aparición de las viviendas protegidas (las más próximas en la propia calle Reyes Huertas, a ambos lados, y las 104 por detrás) en 1956 transcurrieron, pues, al menos 25 años con la iglesia a medio empezar. Desde 1984 hasta que la Junta de Extremadura decidió dejar sin uso el inmueble construido para sede de los Servicios Sociales, transcurrieron ¿cuánto? Pongamos que esa decisión se toma en torno a 2010.  Otros 25 años, aproximadamente, fue lo que estuvo en servicio. Y desde 2010 hasta ahora, 2021, once años van transcurridos ya. Mala suerte la que ha tenido el solar. ¿Habrá que completar otro ciclo de 25 años para encontrar encaje en la ciudad de ese edificio?

Según consta en la memoria de la Modificación del Plan General Municipal de la parcela en su conjunto, con un “error” del PGM que incluía todo el terreno no edificado como destinado a viario (no entiendo el error), la entidad benéfica Hermanos de la Cruz Blanca encargaron a la arquitecta Rocío Clemente, redactar la documentación para, una vez identificado el error, aumentar la superficie edificable de manera que se pudieran cumplir los fines de la organización religiosa: aumentar las plazas residenciales y preparar un centro de día.

En las últimas fechas, hemos conocido que los Hermanos de la Cruz Blanca devuelve el inmueble a la Junta y que, incluso, están barajando su marcha de la ciudad. Esta situación nos retrotrae a 2013, pero con un incremento de edificabilidad encontrado en el camino.

Edificio Reyes Huertas, 9. Cáceres. Fachada posterior. Autor: CercaDeLasRetamas. 2012

Dado que la Modificación del PGM prosperó y está vigente, y, por tanto sus determinaciones, que siguen manteniendo el carácter dotacional público del Plan, en cambio se produce un incremento de la superficie edificable, que pasa de 2.027 m2 que recoge la ficha catastral del inmueble, una superficie edificable de 3.357,40 m2.

Este incremento de superficie construida total supone que la puesta en servicio del actual inmueble, para cualquier uso dotacional que se pretenda, permitiría aumentar, el “valor” de la parcela, y, también, los costes de ejecución, que tendrían dos partes: reparar/rehabilitar el inmueble original y la edificación de nueva planta resultante de la Modificación del PGM.

La cuestión fundamental es que el inmueble sigue sin uso, encaminándose a un nuevo período de 25 años en los que ni su propiedad (la Junta de Extremadura) ni la ciudad de Cáceres, que podría beneficiarse de una nueva dotación, saben qué hacer con él.

El deterioro evidente del inmueble irá incrementándose día a día, haciendo más difícil su recuperación, y será una muestra de cierta incapacidad para saber qué hacer en una ciudad que lleva estancada unos cuantos años en los 96.000-97.000 habitantes, y que no genera necesidades que pudieran ser cubiertas por él.

Vale.

Vacunación contra la viruela (1907)

En 1907 era gobernador civil de Cáceres Felipe Crespo de Lara, un vallisoletano nacido en 1861, y que después de Cáceres fue destinado al mismo cargo en la provincia de La Coruña. Abogado, políticamente fue un destacado maurista, a cuyo influjo llegó de la mano de Gamazo. En su biografía de la Real Academia de la Historia, puede leerse el siguiente párrafo, que ilustra sobre el tono y contenido de la circular que remitió a los pueblos de la provincia sobre la vacunación contra la viruela:

  • En los años de apogeo de Maura, fue gobernador civil de Cáceres (1907) y después, durante casi dos años, de La Coruña. En ambos casos emprendió auténticas cruzadas moralizadoras contra el juego, la embriaguez, el uso de armas prohibidas, la trata de blancas, el fraude comercial, la blasfemia y a favor del cumplimiento riguroso por las tabernas de la ley del descanso dominical. Varios años después, un periódico conservador, El Noroeste, quejándose de los desmanes que ocurrían en la ciudad por la noche, terminaba un suelto diciendo: “¡qué falta está haciendo otro Crespo de Lara!”.

El periódico El Norte de Extremadura publicó esta información en su número del 12 de Junio de 1907:

 

Digna de elogio y aplauso es sin duda alguna la notable circular que el celoso y previsor señor gobernador civil de la provincia [de Cáceres] publicó en el Boletín Oficial de la misma, correspondiente al miércoles 5 del actual [Junio].

Todo cuanto se haga por el bien de la salud pública merecerá las alabanzas de todos; por eso hoy nosotros se las prodigamos muy sinceras al señor Crespo de Lara, que es un gobernador de cuerpo entero, que sabe hacer respetar las leyes y mirar con especial interés por la salud de sus subordinados, dictando cuantas medidas le sugiere su celo, que es muchísimo, como lo demuestra el siguiente documento, que con mucho gusto copiamos, y que demuestra la apatía y abandono que nos caracteriza.

Dice la mencionada circular:

Gobierno Civil de la provincia de Cáceres.- Sanidad.- Circular.

Un mes hace que se instaló en la Casa Ayuntamiento de esta capital el servicio gratuito de vacunación, y han acudido á utilizarlo tan sólo unas noventa personas. Doscientos veintiún pueblos tiene esta provincia y no llegan á cuarenta los que han solicitado de este Gobierno civil tubos de linfa para la vacuna.

Uno y otro dato han llamado extraordinariamente mi atención, pues acusan un estado de apatía, ignorancia ó fatalismo musulmán verdaderamente desconsolador y tal vez impropio del progreso siglo XX en que nos encontramos.

Grabado. Epidemia de Viruela. Europa. Año 1520

Nadie diría, al ver tal pasividad, que formábamos parte de la Nación que hace casi una centuria fue la primera en declarar obligatoria la vacunación y en propagar este medio profiláctico en América, Asia y Oceanía, con la expedición científica en 1803 del sabio Javier Balmis; de la nación que en 1814 publicaba un Reglamento por el que se creaban Juntas filantrópicas de vacuna y en la que se mandaban en 1805 que en todos los Hospitales se vacunara gratuitamente á los pobres; Nación en la que más modernamente ministros tan distanciados en ideas políticas como Ruiz Zorrilla, Maisonnave, Romero Robledo, Osorio, Villaverde, Silvela, Cortezo, Dato y Alfonso González, han coincidido en apreciar la importancia de la vacunación y han refrendados decretos para propagarla todo lo posible, destacándose entre tan loables esfuerzos, por lo enérgico, previsor y minucioso el decreto que en 15 de Enero de 1903 puso á la regia firma el actual presidente del Consejo D. Antonio Maura.

Javier Balmis. Dirigió la operación que lleva su nombre y extendió la vacunación en nombre de España. En 2020, el Ministerio de Defensa eligió su nombre para la operación de las FFAA en nuestro país.

Consignase en el preámbulo de él que en nuestras estadísticas de mortalidad sigue figurando la viruela como causa de un gran número de defunciones, mientras se ha extinguido casi esa enfermedad en las demás naciones europeas. Y atribuyese ese fatal resultado al incumplimiento de las disposiciones gubernativas.

No hay más exacto, aún siendo inconcebible que así suceda, y á que cese tal absurdo deben tender todos los esfuerzos.

Tanto como preocupan á las gentes los riesgos de una tormenta ó los atentados anarquistas, aunque el número de víctimas que anualmente causan los rayos ó las bombas explosivas sea, como en realidad es, muy escaso, y con qué indiferencia se miran los más positivos y frecuente peligros de una dolencia como la viruela, perfectamente evitable, y que ya apenas si causa víctimas más que en Turquía, Marruecos y España, pasando en nuestra Nación CINCO MIL las defunciones que anualmente ocasiona, y siendo un número mucho mayor el de las personas que salvando la vida quedan desfigurados ó ciegos por consecuencia de ese mal.

Cada vez que ha de alzarse el patíbulo para castigar á un asesino, un inmenso clamoreo se levanta pidiendo el indulto del criminal, acudiéndose en demanda del perdón por todas las clases sociales, horrorizadas al parecer.

Y estas misma clases sociales ven con estóica frialdad los estragos mucho más considerables que en tantos seres inocentes causan las funestísimas viruelas.

Responsabilidad moral muy grande contraerán con su pasividad las clases directoras que no estimulen á las dirigidas á precaverse contra tan peligrosa enfermedad, pero mucha mayor sería la que pueda imputarse á los padres de familia que por criminal inercia ó necia desconfianza, no hace uso en bien de sus hijos de las facilidades que para la vacunación brinda el Estado español generosamente á sus súbditos.

Tal vez muchos de esos padres que aún dudan de las conclusiones de la Ciencia y del benéfico influjo del maravilloso descubrimiento de Jenner, crean en cambio en la eficacia de los remedios que expandan charlatanes y saludadores.

¡Cuántos de estos padres por su censurable abandono, tendrán sobre su conciencia la muerte de sus hijos, ó cuando menos la infelicidad de éstos!

Actualmente se impone más en esta provincia la vacunación y revacunación de sus habitantes, pues según comunicación oficial que tengo á la vista, recibida del ilustrado alcalde de Alcántara, está la epidemia variolosa haciendo estragos por el vecino reino, en la provincia colindante.

Ya que no puede obligarse á que se adopte tan sencillo como universalmente aceptado medio de preservación, encarezco á todas las personas constituidas en autoridad, á los señores médicos y farmacéuticos titulares y maestros, y ruego á los señores curas párrocos y personalidades prominentes por su cultura y posición en los pueblos, que influyan con sus convecinos para que éstos se protejan con la vacuna, y pongan con ésta un dique infranqueable á la invasión de la epidemia en España por esta zona fronteriza.

Si á pesar de lo expuesto hubiera pueblos y familias en ellos refractarios á tan sencilla precaución, no se quejen después de las enérgicas medidas que me veré precisado á adoptar en bien de la generalidad, si advierto que son invadidos, y de que el indeleble estigma de la cruel dolencia desfigura los rostros de los habitantes, como perenne padrón de ignominia, revelador de su abandono, de su incultura ó de su falta de civismo.

Lo que comunico á usted para su conocimiento y el de ese vecindario, debiendo acusarme recibo del presenta oficio en cuanto llegue á su poder, y fijarlo durante un mes en la tabla de edictos del Municipio, para que el público quede bien enterado de tan importante y trascendental asunto.

Dios guarde á usted muchos años. Cáceres 5 de Junio de 1907. El Gobernador civil, Felipe Crespo de Lara.

Con autoridades así, se puede ir á cualquier parte.

Reciba el Sr. Crespo de Lara nuestro modesto aplauso por su rectitud y celo, demostrado ya repetidas veces y en muy distintas ocasiones.

Vale.

El 12 de junio de 1907, el periódico El Norte de Extremadura publicaba un artículo laudatorio sobre un proyecto de ley que el senador gallego González Besada, del partido conservador de Antonio Maura, en el que se trataba de realizar una primera intervención gubernamental para frenar la emigración y aumentar la repoblación de tierras abandonadas. Para El Norte de Extremadura, que había publicado artículos sobre la penosa situación de los pueblos de la provincia y de las funestas consecuencias de la emigración, el proyecto, aunque fuera de un ministro de “parroquia” distinta a su línea editorial, era una buena noticia. Ignoro si el proyecto, del que el periódico incluía gran parte del mismo, luego convertido en Ley, es el primer intento de una actuación global del Estado para frenar la creciente emigración, y si la aplicación de la Ley fue suficiente, aunque por lo conocido de Extremadura, no parece que tuviera mucho éxito en su aplicación.

Diario de Sesiones. Senado. Proyecto de Ley.

Son tan pocas ó ningunas las disposiciones que los Gobiernos han dictado hasta aquí para evitar los desmembramientos de la patria, -de los que ya en diferentes ocasiones nos hemos hecho eco en estas columnas- que no podemos menos de trasladar á las mismas el proyecto leído en el Senado por el Sr. González Besada, con el fin de poner algún remedio á este gravísimo mal.

El proyecto de este estudiosos y previsor ministro, tiende á solucionar, ó cuando menos poner un dique á la emigración, y no hemos de nosotros los que restemos méritos al pensamiento del Sr. Besada, que hace concebir alguna esperanza, aquí donde tanto abundan los elocuentes charlatanes, así como escasean los hombre de energía que estudien á fondo la vida angustiosa de los infelices obreros del campo en las villas y aldeas españolas, sometidos al juego y explotación de los grandes terratenientes, causa primordial de la emigración y despoblación que nos arruina y envilece.

Del conocimiento de las causas que motivan los grandes males y de su meditado estudio nacen los remedios que han de venir poco á poco á solucionarlos; por eso hoy, aunque comulguemos en distinta parroquia, aplaudimos el trabajo del Sr. González Besada, que á más de evitar la emigración, hará que sea un hecho en un día no lejano la repoblación del país, proporcionando un cultivo adecuado á los terrenos que hoy son improductivos ó no producen lo que debieran por no darles la debida preparación.

He aquí lo más importante del proyecto:

Art. 2º La aplicación de esta ley tendrá, por ahora, carácter de ensayo y se reducirá su alcance en aquellos montes y terrenos propiedad del Estado, declarados enajenables, que sean susceptibles de cultivo en cierta zona sin daño de la conservación y mejora de la riqueza forestal de los mismos.

Art. 3º Podrán los Ayuntamientos enajenar sus bienes patrimoniales que no estén catalogados por causa de utilidad pública y sean susceptibles de división y ventas en pequeños lotes, en la forma y condiciones que se fijará para la de los montes del Estado.

Del mismo modo, todos aquellos propios de los pueblos que están declarados enajenables, podrán serlo conforme á esta ley, bien á petición de los pueblos propietarios, bien por conocerse la conveniencia de su división por el Gobierno, mediante los organismos que en la misma se establecen.

Art. 4º Tienen derecho á los beneficios de esta ley los que acrediten no pagar contribución y sean casados ó viudos con hijos, dándose preferencia á los del término municipal, sin que se lleve á cabo el reparto sobre los del partido judicial, á estos sobre los de la provincia, y á éstos sobre los del resto de la Nación. En igualdad de circunstancia se optará por los que tuvieran más hijos aptos para las labores del campo.

El reparto y cesión de terrenos se ajustará á las siguientes reglas:

1ª Se formarán los lotes con la extensión necesaria para el sustento de una familia, según se determine en el plan que se establezca por la Junta Central.

2ª Una cuarta parte del terreno asignado habrá de dedicarse á repoblación forestal por el concesionario y el resto á otros cultivos, siempre de la preferencia de éste, pero con el consejo y la dirección técnica que se le facilite.

3ª Durante los cinco primeros años, el concesionario de un monte del Estado, será un mero poseedor del lote que se le adjudique, y podrá privársele de la posesión cuando no cumpliera las condiciones fijadas y las que le señale la Junta encargada de este servicio.

4ª Transcurridos los cinco años adquirirán la propiedad de los terrenos y empezarán á satisfacer al Estado la contribución correspondiente, según la calidad de la finca y la clase de cultivo.

5ª En los montes que sean propiedad de los Ayuntamientos, los lotes se adjudicarán á censo reservativo, abonándose por el censatario, como cánon, el 2 por 100 del valor en que se hubiera tasado el terreno y pudiendo redimir el importe de su capitalización hasta en cincuenta consecutivas anualidades.

6ª No podrán recaer dos lotes en personas ligadas por vínculos de parentesco, dentro del segundo grado, salvo que fuesen todas ellas mayores de edad, cabezas de familia y con descendencia apta para el trabajo.

7ª Será nulo todo pacto de cesión, permuta ó venta durante los diez primeros años, á partir de la adjudicación.

8ª Tanto en caso de transmisión por herencia como por actos intervivos después de los diez años, será indivisible á perpetuidad el coto adjudicado á cada censionario, debiendo en todo caso traspasarse á una persona sola, á no ser que obtuvieran especial autorización del Gobierno.

Recorte del texto legal sancionado por el Rey. Diario de Sesiones del Senado.

9ª No podrán gravarse lo lotes adjudicados con más hipotecas que las legales á favor del Estado, de los Municipios, consortes ó hijos. Para la responsabilidad real del propietario, como base del crédito agrícola de que se desee ó procure hacer uso por sus operaciones de cultivo, únicamente les será permitido contraerla con la Asociación cooperativa que se organice por la Junta al crear el núcleo de población.

10ª En caso de ejecución de los créditos hipotecarios, el dominio pasará al acreedor, pero con la condición de no poder desmembrarlo y de que una nueva familia reemplace á la ejecutada.

11ª A los poblados de los montes del Estado y terrenos sujetos á esta ley se les facilitará por el Gobierno los auxilios necesarios para su instalación y la explotación de los terrenos adjudicados, ajustándose al cálculo que la Junta formule, atenta á las condiciones del terreno que se habrá de colonizar y las especiales de cada región y cultivo. La Asociación cooperativa formada en la nueva colonia cuidará e intervendrá su conveniente empleo por parte del colono, conforme á las reglas que por la Junta se le señalen.

12ª En la repoblación de propiedades de los Ayuntamientos podrá el Estado hacer anticipos á las asociaciones cooperativas que en cada caso deberán formarse, quedando responsables para con aquél y efectos en garantía los lotes adjudicados.

En la concesión de préstamos se señalarán las condiciones de los mismos y el tanto por ciento de interés y amortización á que habrán de ajustarse.

Art. 6º Para la mejor ejecución de esta ley y realización total del pensamiento que la informa, se crea una Junta Central, compuesta de un exministro de la Corona, presidente; dos senadores, el diputado, el director general de Agricultura, el de Contribuciones, Impuestos y Rentas, dos ingenieros de montes y dos agrónomos.

El art. 8º dispone:

Art. 8º Un real decreto, dictado por la Presidencia del Consejo de ministros, aprobará cada plan y ordenará su ejecución, siendo obligatorio constituir una Asociación cooperativa entre los pobladores de cada monte ó terreno subdividido, que habrá de servir de órgano intermediario y educativo de los mismos en sus necesidades de crédito, ahorro, socorro, seguro, compra y venta y mejora cultural, proporcionándoles las ventajas morales y económicas de la ayuda recíproca y de la unión de esfuerzos para un fin común.

La Junta ejercerá cerca de dichas asociaciones las funciones de dirección y patronato, hasta que los socios adquieran la práctica necesaria para seguir la Asociación.

Se autoriza un crédito de un millón de pesetas, cifra que se considera suficiente para llevar á cabo el primer ensayo de colonización en los montes y terrenos enajenables del Estado, calculando un máximo de mil pesetas por colono y lote concedido y en condiciones de ser explotado.

Este es el proyecto del Sr. González Besada, al que acompaña una Memoria, donde se comprenden todos los datos que han de servir de guía é ilustración en este importantísimo asunto, del cual hemos de ocuparnos cuantas veces sea preciso, deseando llegar á ser un hecho positivo y no muera en flor, como otros muchos, por la sola razón de que iban á servir para algo bueno.

Vale

Comparaciones

La inauguración el 25 de febrero del nuevo Museo Helga de Alvear ha supuesto la aparición en “nuestros medios de comunicación” de opiniones diversas, pero una línea comparativa: que si el Guggenheim de Cáceres, el Thyssen de Cáceres… Esta filiación cateta y de complejo de inferioridad no se compadece con la calidad ni del edificio museístico, obra de Tuñón, ni con los contenidos expuestos en esta primera muestra ni con el volumen de los fondos con que cuenta la Fundación Helga de Alvear.

Edificio, desde el jardín. Foto: Museo Helga de Alvear.

En el año 1973, la Revolución de los Claveles supuso para Portugal su entrada en el selecto club de las democracias occidentales, mientras nuestras libertades se consumían bajo la hégira de La Culona. En aquellas fechas de 1973, Luis Eduardo Aute trabajó en una zarzuela que comenzaba:

Don Juan: Adiós, Inés de Ulloa,
Me voy para Lisboa,
Me apunto de soldao
En la revoluçao.

Inés: T’as pasao, t’as pasao,
Qué mosquito t’a picao.

Al mismo tiempo, un escritor catalán, un tal Manuel Vázquez Montalbán, lanzaba un nuevo dicho: “Todas las comparaciones son portuguesas”. Unas comparaciones que no eran tales: eran el deseo de poder alcanzar las libertades que el franquismo tenía secuestradas.

Sin embargo, las comparaciones que se transmiten (desde “nuestros” medios de comunicación) no son, ni pueden ser deseos. Por una razón elemental: porque el Museo Helga de Alvear es, arquitectónicamente, un espacio único, artística y culturalmente, también.

Es de puros catetos plantear esas comparaciones, como si los cacereños, cuando salen fuera “en masa”, se apalancan en Bilbao, en Madrid… para ver colecciones pictóricas.

Detalle de la Exposición. Foto: Museo Helga de Alear

En Cáceres, en nuestro entorno, ya contamos con dos espacios únicos, SINGULARES, que deberían ser orgullo de nuestra tierra. El Museo Vostell y su entorno de Los Barruecos, y el Museo Helga de Alvear y toda la ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Que haya periodistas que escriban como “viajados” y “culturetas” y que se limiten a hacer comparaciones cuando solamente habrán visto la nueva exposición en una visita publicitaria, cuando solamente son unas 150 obras las expuestas, de las 3.000 con las que la galerista Helga de Alvear ha coleccionado a lo largo de toda una vida, desde cuando comenzó a trabajar con Juana Mordó y compraba obras a plazos, hasta este 2021.

El Museo Helga de Alvear debe ser para los cacereños, para todos los cacereños y extremeños, el espacio único en el que se podrán contemplar obras de arte rabiosamente actuales y que, sin duda, seguirán siéndolo dentro de cincuenta o cien años, y que solamente podrán admirarse en nuestra ciudad.

Fachada posterior del Musea, a calle Camino Llano. Foto: @pacohurtadosan-Cerca de las Retamas.

La actual exposición seguramente sabrá a poco a quienes tienen suficiente formación en la materia (que en Cáceres los y las hay) y que destacan la singularidad ya consolidada del Vostell y la necesaria futura en la que se circunscribirá el Museo Helga de Alvear.

Si nosotros no somos capaces de reconocer el auténtico valor del Museo Helga de Alvear (cuando el Vostell echó a andar, también hubo quienes no entendían que era aquello que el raro alemán puso a disposición del pueblo de su mujer), que sea la foto moderna, actual de nuestra ciudad, que pueda enlazarse visualmente con el time line de torres y palacios de la ciudad monumental, estaremos, por siempre, condenados a compararnos con quienes se nos aparecen como superiores.

Vale.

Los pueblos del Ibor y su emigración

Ahora, cuando tanto se escribe y habla sobre la España Despoblada, conviene recordar, porque es de justicia, los llamamientos sobre la emigración que hace ya más de un siglo, aparecían periódicamente en los medios escritos de hace más de 100 años. Unos llamamientos que, como el texto que a continuación se transcribe, publicado en EL NORTE DE EXTREMADURA, el 30 de marzo de 1907, y firmado por Manuel Plaza Pizarro, sobre cuya y milagros no me ha sido posible encontrar referencias válidas. El apasionamiento con el que el autor relata sus emociones cuando ve partir a familias enteras, y cómo narra las riquezas del Valle del Río Ibor, entre Casas del Castañar y Navalvillar de Ibor, hace ver que ya en aquellos años había extremeños a los que espantaba la emigración, sobre todo teniendo en cuenta las riquezas de las tierras que abandonaban buscando mejores condiciones de vida.

La creación del Geoparque de Las Villuercas, Ibores y Jara, supone para los pueblos que forman la región, un siglo después de que Manuel Plaza publicara su artículo, una magnífica y única oportunidad para procurar a sus habitantes una oportunidad, la que no tuvieron sus antepasados, y que deberán agarrarse a ella, a traducirla en un futuro próspero para sus gentes.

Nunca fue idea mía la de atribuirme vanidosamente la prioridad de la iniciativa en pró de los intereses regionales de esos pueblos del Ibor y de los que ya me ocupaba en un anterior artículo titulado “La política en el distrito de Navalmoral de la Mata”.

Tampoco está en mi ánimo, siquiera, el esbozar un problema tan arduo y complejo, que como el social, parece ya iniciarse á través de la aparente ingenuidad de los habitantes del Valle.

Ubicación del Río Ibor. Provincia de Cáceres.

No me creo, paladinamente lo confieso, con autoridad y competencia suficientes, para abordar asuntos de tales trascendencia y tan sagrados como son éstos. Harto haré con exponerlos, con presentarlos, guiado de una fuerte voluntad, mantenida por el acendrado cariño que todos tenemos hacia la patria chica.

¡Cuántos ayes de angustia, de dolor, han sido lanzados por pueblos de otras provincias, con sus arranques de amenazas de emigración para atraerse las miradas compasivas de los que nos rigen! Si á saberse fuera, por unos y fútiles pretextos, comparativamente con los que aquí se traen. Estos pueblos de me ocupo, sordomudos, nada han dicho nada dirán. Aguantan y sufren callando. Pasiblemente dejan transcurrir los tiempos y minados por el arrastre impetuoso de la vida y de las exigencias actuales, faltos de todo elemento, de toda ayuda, aprisionados en cárcel perpetua, su espíritu se empobrece, sus energías se apagan, y la esperanza y la ilusión del mañana perdidas, no pueden ni sus fuerzas se atreven á otra empresa que no sea la de esperar con quieta y pacífica resignación el fin ansiado de la desesperante crisis que les alosa.

Nada de pesimismo, nada de apasionamiento; los que convivimos en estos pueblos, los que de cerca palpamos y escuchamos  quejas, somos los que precisamente sufrimos y los que con ellos compartimos su dolor.

¿Quién no ha presenciado allí, en las afueras del lugar, junto á la típica cruz de granito las desgarradoras  escenas de despedida? Escenas que destrozan el alma, que conmueven al indiferente… de siempre tristísimos recuerdos.

Familias completas liquidan sus ya desmembrados bienes para reunir el puñado de pesetas que les alivie el viaje y les ponga franco á bordo. Mujeres, niños y ancianos se aprestan á la marcha; sus hatillos al hombro dan el último adiós, el último abrazo á sus seres queridos que allí dejan, y sollozando camino adelante van… á lo desconocido, á ser carne de déspotas mayordomos… verdadera remesa de coolies.

Y cuando de lo alto de una meseta, á las postreras luces del día, el toque del Angelus hace elevar nuestras miradas enfilando la silueta de los campanarios y agrandándose ante nuestros ojos en lejano horizonte, una inmensa y desierta manigua, emocionados decimos… van á colonizar…

Agreste campiña de espesos é intrincados matorrales, exuberante vegetación de lozana y atrevida jara, laberinto de corpulentas madroñeras, lentisca, romero, todo un reino vegetal se enseñorea en miles y miles de hectáreas, sin que la mano del hombre haya hecho otro cultivo que la roza que destruye y el fuego que lo arrasa.

Abajo en el hondo valle la dilatada faja  blanca de regada vega, pobre y mezquinamente cultivada por el primitivo sistema rutinario y de precursora ruina para el campesino. Ruidosos saltos de agua, lamentables pérdidas de fuerza motriz que, vertiginosa, corre azotando el ramaje siempre verde de una de una prodigiosa variedad de alisos, toros, sauces, fresnos, hojaranzos… que en desaliñado contraste cobijan las limpias y cristalina balsas que forman sus remansos.

Valle del Río Ibor. Navalvillar de Ibor. Cáceres

En las laderas y en encantados bosques, se confunden el roble, quejigo, alcornoque y acebo; bosques maderables extensísimos de árboles jigantes, la mayoría carcomidos, efecto de su incultivo y clamando ya por la renovación de otros.

Y en este oasis, en esta vasta extensión donde no se descubre palmo de terreno que no sea fructífero para el común sustento de sus naturales, se encuentran principalmente enclavados y separados sólo por unos kilómetros, los dos pueblos de Navalvillar y Castañar de Ibor.

Aduares de amontonadas casas, mal hacinadas unas sobre otras, viviendas ruines de pobrísimo y miserable aspecto, callejas inmundas, permanentes centros de pudrideros y constantes gérmenes de fiebres y otras epidemias; inhabitables si la naturaleza no prodigara los aires más oxigenados y las exhalaciones más sanas que hace emanar de su repujante vegetación.

Gente llena de vida, astuta y de clarísimo entendimiento habitan estas aldeas; rebosante de vigor, trabajan, pero trabajan sin fe, sin entusiasmo, sin esperanza de recoger nunca el fruto de su harapienta vida.

Sus productos mezquinos y á tanta costa recolectados, no compensan ni el escuerzo ni los ahorros allí invertidos. Les falta el todo, escasean los medios. Habitan, sí, un campo rico pero ¿de qué les sirve? ¿Para qué lo quieren? ¿Cómo transportar los indispensables abonos minerales que utilicen para fertilizar sus fecundas vegas. ¿Cómo cambiar  de planta y sistema de cultivo si no hay salida para sus cosechas, si las transacciones no existen, si los frutos se pierden por falta de medios de comunicación? Pero ¡qué más! En las grandes avenidas del Tajo, en los frecuentes temporales de invierno y primavera, éstos y otros pueblos del valle se ven forzosamente obligados á guardad absoluta incomunicación con la capital de su partido. Ni un puente que les preserve del constante peligro á que se exponen al barquear el río.

Puente sobre el Río Ibor. Provincia de Cáceres.

¿Qué hacer? Agobiados por las crecientes necesidades de la vida, fustigados por la escasez de medios, oprimidos y vislumbrando negro horizonte de miserias y ruinas, desalentados pretender buscar el consuelo de otros países y allá se arriesgan siempre con la ilusión del mañana.

Entiendo que la emigración es beneficiosa; sobre todo en los países cultos y naciones adelantadas es, digámoslo así, el complemento para el ensanche de razas y de relaciones de negocio. Mas otras clases de emigraciones: aquellas que maduramente se fraguan en riguroso y acabado aprendizaje en los Escritorios de casas explotadoras de Hamburgo, Manchester, Liverpool, etc., de juventud sana, ambiciosa de poder, previamente adiestrada y que con su inteligencia y prácticos conocimientos, se lanzan á copar para sí y para su país las primeras patentes en todos los ramos de la industria y el comercio.

Pero estos desdichados ¿á donde van? ¿á colonizar cuando aquí nada hay colonizado?

Abrigo la esperanza, tengo la firme convicción del risueño porvenir que á estos pueblos les está reservado. Por ley natural la riqueza de este suelo y subsuelo no puede quedar oculta; ha de llamar fuertemente la atención de poderosos Sindicatos extranjeros que se interesarán en esta sierra olfateando codiciosamente sus tesoros y en donde encontrarán ancho campo de investigación para sus empresas. Ellos aprovecharán lo que nosotros despreciamos. A su lado aprenderemos y desarrollarán, con la cooperación de sus influyentes, sus planes de explotación, comenzando una era próspera y de positivos resultados para esta comarca.

Esas familias que ahora emigran, esos braceros irreemplazables que se van, son los que más tarde harán falta para habitar, colonizar y trabajar en estas desiertas campiñas.

MANUEL PLAZA PIZARRO.

Vale