Archivos para Patrimonio de la Humanidad

Comparaciones

La inauguración el 25 de febrero del nuevo Museo Helga de Alvear ha supuesto la aparición en “nuestros medios de comunicación” de opiniones diversas, pero una línea comparativa: que si el Guggenheim de Cáceres, el Thyssen de Cáceres… Esta filiación cateta y de complejo de inferioridad no se compadece con la calidad ni del edificio museístico, obra de Tuñón, ni con los contenidos expuestos en esta primera muestra ni con el volumen de los fondos con que cuenta la Fundación Helga de Alvear.

Edificio, desde el jardín. Foto: Museo Helga de Alvear.

En el año 1973, la Revolución de los Claveles supuso para Portugal su entrada en el selecto club de las democracias occidentales, mientras nuestras libertades se consumían bajo la hégira de La Culona. En aquellas fechas de 1973, Luis Eduardo Aute trabajó en una zarzuela que comenzaba:

Don Juan: Adiós, Inés de Ulloa,
Me voy para Lisboa,
Me apunto de soldao
En la revoluçao.

Inés: T’as pasao, t’as pasao,
Qué mosquito t’a picao.

Al mismo tiempo, un escritor catalán, un tal Manuel Vázquez Montalbán, lanzaba un nuevo dicho: “Todas las comparaciones son portuguesas”. Unas comparaciones que no eran tales: eran el deseo de poder alcanzar las libertades que el franquismo tenía secuestradas.

Sin embargo, las comparaciones que se transmiten (desde “nuestros” medios de comunicación) no son, ni pueden ser deseos. Por una razón elemental: porque el Museo Helga de Alvear es, arquitectónicamente, un espacio único, artística y culturalmente, también.

Es de puros catetos plantear esas comparaciones, como si los cacereños, cuando salen fuera “en masa”, se apalancan en Bilbao, en Madrid… para ver colecciones pictóricas.

Detalle de la Exposición. Foto: Museo Helga de Alear

En Cáceres, en nuestro entorno, ya contamos con dos espacios únicos, SINGULARES, que deberían ser orgullo de nuestra tierra. El Museo Vostell y su entorno de Los Barruecos, y el Museo Helga de Alvear y toda la ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Que haya periodistas que escriban como “viajados” y “culturetas” y que se limiten a hacer comparaciones cuando solamente habrán visto la nueva exposición en una visita publicitaria, cuando solamente son unas 150 obras las expuestas, de las 3.000 con las que la galerista Helga de Alvear ha coleccionado a lo largo de toda una vida, desde cuando comenzó a trabajar con Juana Mordó y compraba obras a plazos, hasta este 2021.

El Museo Helga de Alvear debe ser para los cacereños, para todos los cacereños y extremeños, el espacio único en el que se podrán contemplar obras de arte rabiosamente actuales y que, sin duda, seguirán siéndolo dentro de cincuenta o cien años, y que solamente podrán admirarse en nuestra ciudad.

Fachada posterior del Musea, a calle Camino Llano. Foto: @pacohurtadosan-Cerca de las Retamas.

La actual exposición seguramente sabrá a poco a quienes tienen suficiente formación en la materia (que en Cáceres los y las hay) y que destacan la singularidad ya consolidada del Vostell y la necesaria futura en la que se circunscribirá el Museo Helga de Alvear.

Si nosotros no somos capaces de reconocer el auténtico valor del Museo Helga de Alvear (cuando el Vostell echó a andar, también hubo quienes no entendían que era aquello que el raro alemán puso a disposición del pueblo de su mujer), que sea la foto moderna, actual de nuestra ciudad, que pueda enlazarse visualmente con el time line de torres y palacios de la ciudad monumental, estaremos, por siempre, condenados a compararnos con quienes se nos aparecen como superiores.

Vale.