Archivos para diciembre 2019

El pasado 16 de diciembre, al cabo de la reunión del Patronato de la Fundación Helga de Alvear se anunció que la coleccionista había decidido donar 207 obras al Ayuntamiento de Cáceres. Ese día, el Patronato había aprobado el presupuesto y plan de actuación para 2020, sin que en dicho Plan se diga nada de la donación.

Es entendible que la donación la realiza Helga de Alvear sin que dicha acción deba ser sometida a la consideración (aprobación o no) del Patronato, porque las obras siguen siendo de su propiedad. Hasta aquí todo es sencillo. Un gesto que necesitará un reconocimiento de la ciudad.

Una noticia de este calibre, acompañada de la valoración económica de la donación (42 millones de euros) habría requerido algo más que una frase de un concejal, asistente como miembro del Patronato, a la reunión en la que la coleccionista alemana hizo el anuncio.

Y es a partir de este anuncio cuando entran en juego diversas valoraciones. La primera, política, ya que hasta ahora solamente hay constancia de las antes citadas declaraciones del concejal José Ramón Bello, pero ninguna valoración desde la alcaldía o desde los diversos grupos políticos municipales. Como si la noticia fuera insustancial.

Como seguidor de la información que se genera (escasa, corta) en la ciudad de Cáceres me atrevo a entender que el silencio de los grupos políticos municipales tiene mucho que ver con cierto vértigo. A poco que los concejales conozcan (muchas veces lo dudo) las funciones que desempeñan como miembros del pleno, saben que la donación les va a acarrear quebraderos de cabeza.

Porque se trata de una donación, que es uno de los procedimientos por los que las administraciones públicas pueden adquirir bienes y derechos, y como todo procedimiento administrativo tiene sus trámites. No basta con llevar a la comisión de cultural y luego al pleno la lista de las obras donadas y su valoración. Es necesario conocer y valorar política y jurídicamente las características de la donación, las condiciones que el ayuntamiento debe cumplir para recibir las obras y para su mantenimiento y conservación.

No hay ninguna duda de que Helga de Alvear hace la donación en el mismo sentido que siempre ha dicho: que es un compromiso con Extremadura, a través de los organismos que representan a los extremeños. Más adelante estarán las donaciones que irán a parar a la Diputación, la Junta de Extremadura y a la Universidad.

Desde el punto de vista de la integridad de la colección, no cabe duda de que debe mantenerse como hasta ahora, con el único añadido en los inventarios de las obras que están donadas al Ayuntamiento (y las que sigan a Diputación,  Junta de Extremadura y Universidad). Y así debe ser para el futuro.

Otra cosa son las obligaciones que adquiera el Ayuntamiento y que van más allá de la firma de un documento de donación que, protocolariamente, firmen la galerista con el alcalde de la ciudad. Ese documento debe incorporarse al inventario municipal de bienes y derechos.

La incorporación de bienes y derechos al inventario debe ser aprobada por el pleno, y por tanto, sometida a transparencia pública. Las obligaciones derivadas del mantenimiento y conservación de los bienes, ya sean demaniales o privativos, que precisen dotaciones económicas deben incorporarse a los presupuestos.

Por otra parte, y conforme a la legislación vigente en materia de patrimonio histórico y cultural, los bienes muebles que tengan esos valores, deberán tener un tratamiento que permita su divulgación y conocimiento por los ciudadanos.

La donación de 207 obras por Helga de Alvear no puede ser un acto simple administrativo de firma, sino que debe contener, por parte del Ayuntamiento, la obligación de que las obras, con todas las garantías de seguridad, mantenimiento y conservación, sean visibles para todos.

Vale.

Vacío.

cercadelasretamas —  diciembre 16, 2019 — Deja un comentario

Mientras en los barrios céntricos y viejos de las grandes ciudades se habla de gentrificación, de la expulsión de los vecinos por las “nuevas” formas de entender la ciudad, en una pequeña capital de provincia se va produciendo el vacío de los barrios céntricos porque su configuración no permite ni siquiera expulsar a sus vecinos por la implantación de nuevos usos, sino que se marchan (o envejecen y mueren) para buscar espacios en los que disponer de todos los servicios necesarios.

Es verdad que en Cáceres está aumentando el número de apartamentos turísticos de manera importante, pero muchos de ellos son la adaptación de viviendas ya vacías. Y también se está produciendo un aumento de locales comerciales y edificios vacíos no ya en la ciudad monumental, donde se aprecia más la falta de servicios, sino en su entorno inmediato. De vez en cuando, una iniciativa, casi siempre en el sector turístico parece hacer que la cola de lagartija se mueva, parece que la ciudad monumental recobra algo de vida más allá de la que sus vecinos, los que quedan o los que en un momento dado, hace pocos años, decidieron apostar por sus calles. Mientras sus calles céntricas “de toda la vida” (Pintores, Moret, Paneras, San Pedro, Roso de Luna, Donoso Cortés, Parras…) siguen sin recibir ni siquiera microimpulsos.

Hoy, los periódicos se hacen eco de que el Colegio Paideuterión, en la calle Sierpes, fundado a finales de los años 50 por Aurelio Luna Soto, ha iniciado los trámites para mudarse, para buscar esos espacios que le permitan desempeñar mejor su función, ahora regida por una Sociedad Cooperativa de Trabajo.

El Ayuntamiento no puede ni debe desatender la petición de los titulares del Paideuterión y ya trabajan en la fórmula para que una parcela de uso docente en el Polígono Nuevo Cáceres sea la que acoja al colegio en su mudanza.

La ubicación actual y sus necesidades de responder a los nuevos retos educativos ya hizo que para ampliar su edificación original hubiera que modificar el Plan de Urbanismo, con un aumento de la edificabilidad, llevando la fachada posterior a la calle Amor de Dios.

En el tiempo que transcurra entre estos días y cuando se produzca el traslado definitivo del Colegio, debería ser suficiente para que, con un liderazgo municipal suficiente, y con la colaboración de los titulares del mismo, se pueda definir usos para el actual centro, que tiene una superficie de suelo de unos 1.900 m2 y una superficie construida de casi 3.800 m2.

Para una ciudad en la que los cierres de locales o edificios sin uso se producen por cuestiones puramente económicas de interés para sus propietarios, poder planificar qué hacer con un inmueble equivalente a 38 viviendas sería un reto. Claro, que planificado fue el cierre de la vieja Cárcel y lo es en estas fechas el Hospital Virgen de la Montaña y ahí están ambas instalaciones, sujetas al albur de decisiones políticas y económicas (dinero público) que eternizan el abandono y la desidia.

Progresivamente fueron desapareciendo El Madruelo (colegio público), cuyo edificio lleva camino de la ruina o de la demolición programada si llega a tiempo, el Pauditerion Femenino (que también se fue al Nuevo Cáceres), el antiguo de las Damas Apostólicas, ahora en Los Fratres con el nombre de Giner de los Ríos, el Colegio San Antonio, que se fue más lejos y su antiguo espacio es ahora un hotel de 4****, y podemos incluir también el Nazaret, que estaba en La Madrila, que cuando se trazó su Plan Parcial parece que no dejó espacio para dotaciones docentes.

Permanecen en este ámbito más céntrico dos colegios Públicos, Delicias y el Virgen de la Montaña.

Vale.

Provincianismos

cercadelasretamas —  diciembre 12, 2019 — Deja un comentario

Una región como Extremadura, tan polarizada por localismos atávicos y la mayor parte de las veces, sin base o fundamento, tiene dos capitales de provincia que, recurrentemente, aparecen como agraviadas una contra otra. Ya sea en declaraciones políticas, ya sea en base a “sesudos” estudios económicos.

Ahora, en Cáceres (la capital) se ha iniciado un aparente debate sobre cuál debe ser el futuro del Hospital Provincial Virgen de la Montaña, que acaba de casi cerrar (continúa provisionalmente el PAC, ya veremos cuánto tiempo dura la provisionalidad). Incluso uno de los dos medios escritos que se publican (uno con sede en Badajoz y sucursal en Cáceres, el otro en Cáceres) ha realizado una encuesta digital entre sus lectores de internet. El otro, ha publicado opiniones de expertos de múltiples áreas sobre cuál debe ser el uso que se ha de dar a un inmueble de 20.000 m2.

Tendremos que marcar el año 2019 como año en el que hospital cerró, y esperar a la toma de decisiones sobre su futuro. Algo que corresponde a quien figura como titular (la Diputación Provincial), pero que no puede comprometer la economía de la Diputación, que debe atender a las necesidades de toda la provincia y no solo a los deseos de habitantes de la capital. Entre las múltiples opciones de uso, hay quien ha dicho que se destine a Museo de Bellas Artes (algo antiguo, que lo dijo un concejal de cuando Izquierda Unida existía). Fina reflexión si no fuera que a ver de dónde se sacan cuadros y esculturas para llenar un museo tan inmenso.

Pero volvamos a los provincianismos. Es habitual en Cáceres que las fuerzas vivas, que suelen ser las más ociosas, aleguen que en Badajoz se hace tal o cual cosa, mientras en esta ciudad nada parecido.

Pues parecido es el caso del hospital provincial y no he leído ni escuchado a ningún catovi de pro tomar como ejemplo el caso del Hospital provincial de San Sebastián. Sí, el hospital provincial de Badajoz.

Y espero que a nadie se le ocurra recurrir a que la gestión del inmueble lleve los mismos derroteros que el homólogo de Badajoz. En el viejo hospicio de la capital del Guadiana, parece ser que se alojarán la Escuela Oficial de Idiomas (en Cáceres, la Escuela homóloga comparte edificio con el Centro de Adultos, y la UEx cerró por falta de uso un Instituto de Lenguas Modernas), la Biblioteca de Extremadura (actualmente en un edificio dentro de la Alcazaba Árabe) y un Mercado Gourmet, quedando, al parecer bastante espacio libre, ya que el antiguo hospital de Badajoz tiene unos 22.500 m2, algo mayor, por tanto, que el de Cáceres. Bueno, en Cáceres ya tenemos un Mercado Gourmet, cuya reforma costó 100 millones de las antiguas pesetas y donde se ha celebrado recientemente una degustación de cerveza como todo uso. Se usa menos que la Plaza de Toros.

Pero ahora que en la envidiada Badajoz parece que el hospital de San Sebastián resucita, hay que recordar que lo hace como mínimo 16 años después de su cierre, de su defunción en 2003. La Diputación de Badajoz, que atiende a unos 200.000 habitantes más que la de Cáceres y, por tanto, cuenta con un presupuesto mayor, no ha sido capaz de dar uso a un inmueble construido como hospicio en los siglos XVII-XVIII.

En Cáceres, si tomamos como referencia a la capital “hermana”, todavía tenemos 15 años de ventaja para ganar en cómo resolver el uso del hospital. Y, ya de paso, podemos reclamar la vieja prisión, 11.000 m2, para llevar a ella todos los usos que no seamos capaces de encajar en el Virgen de la Montaña.

Y, quizás, necesitemos algún milagro de la patrona.

Vale.

Continuando con esta serie de entradas sobre edificios en desuso en la ciudad de Cáceres, y tras referirme a otro inmueble situado en la misma plaza de San Juan (aunque con acceso por calle Roso de Luna), me parece muy interesante que una de las fachadas más fotografiadas de la ciudad sea ahora la fachada de un gran caserón sin habitantes, tras el cierre del negocio de regalos que había en su planta baja.

El número 22 de la Plaza de San Juan es un edificio proyectado por el arquitecto Rufino Rodríguez Montano, que intervino en la construcción del Gran Teatro. De hecho, fue él el que diseñó en principio el inmueble, si bien las obras se paralizaron en 1915, hasta que continuaron bajo la dirección del arquitecto Ángel Pérez Rodríguez. Rodríguez Montano falleció en 1919.

Fuente: http://www.sig.caceres.es

La petición de licencia de obras la realizó el promotor, Ladislao Martín García, creo que catedrático del Instituto de Segunda Enseñanza, y persona muy relevante, además, en la economía local.

El edificio consta de planta baja y dos plantas, si bien desde el exterior se aprecian huecos que serían de desvanes de regular altura. La fachada principal presenta un marcado carácter modernista, mientras que la fachada lateral a calle Felipe Uribarri (antes Travesía de Parras) tiene un acabo más sencillo con revoco uniforme en toda su altura.

Fuente: http://www.sig.caceres.es

Actualmente, aparecen varios carteles pegados al cristal de lo que fue tienda de regalos anunciando la venta, si bien, en al menos la página web de una de las inmobiliarias que se anuncia, se refiere solamente a la venta de local en planta baja (unos 70 m2) con la posibilidad de incluir en la transacción el resto de la planta. Como puede apreciarse en la ficha catastral, se trata de una “parcela construida sin división horizontal”.

Según figura en el Catastro de Urbana, el edificio dispone de una superficie de suelo de 348 m2, y una superficie construida de 930 m2, un edificio considerable y con una fisonomía muy atractiva para el mercado inmobiliario si este no se encontrara en la ciudad de Cáceres aún bajo los efectos de la crisis.

Así, mientras los medios de comunicación dedican páginas al uso que se dará al Hospital Provincial Virgen de la Montaña (20.000 m2), con un elevadísimo coste económico, inmuebles como este de la Plaza de San Juan, o el incluido en la anterior entrada de esta web, de poco más de 900 m2, parece que tardarán en tener salida en el mercado.

Y así, día tras día viendo carteles de se vende, se alquila o, simplemente, viendo edificios sin uso, la moral económica se desvanece.

Vale.

El sector inmobiliario siempre puede ser tomado como referente sobre la actividad económica de una ciudad. No solo en cuántas grúas se ven en el horizonte, sino en cuántos carteles de “se vende” o “se alquila” cuelgan de sus fachadas.

Los propietarios de los inmuebles decorados con esos letreros de venta o alquiler siempre esperan que su local, su piso o su edificio sean rápidamente traspasados. Incluso se dan casos de, cuando se trata de dar salida a un edificio entero, finalizar contratos de alquiler, con la pretensión de que estando vacíos, sin contratos por medio, sean más fáciles de colocar.

Esto sucede con el edificio sito en la Calle de Roso de Luna, nº 2, en su confluencia y con fachada a la Plaza de San Juan, en cuyas plantas baja y entreplanta se encontraba una tienda de ropa y productos para el deporte, y cuyo contrato se terminó con la perspectiva de sus propietarios de vender el edificio completo.

Por cierto, la calle Mario Roso de Luna, un eminente médico natural de Logrosán, se llamó durante la Dictadura calle Falangista Javier García, y con ese topónimo sigue figurando en el catastro.

Hace ya tiempo que de sus fachadas a Plaza de San Juan y calle de San Pedro cuelgan lonas informando de edificio en venta, incluso de su superficie, 941 m2.

La información catastral del inmueble señala estas superficies:

REFERENCIA CATASTRAL
DIRECCIÓN
USO
SUP. CONSTRUIDA
(m2)
AÑO
5927302QD2752H0001FB
CL JAVIER GARCIA 2
Com.
244
1900
5927302QD2752H0002GZ
CL JAVIER GARCIA 2
Res.
238
1900
5927302QD2752H0003HX
CL JAVIER GARCIA 2
Res.
238
1900
5927302QD2752H0004JM
CL JAVIER GARCIA 2
Res.
238
1900
Total Superficie Construida (según Catastro)
958

 

Las pretensiones de los propietarios, sobre este o cualquier otro inmueble pueden deteriorarse según el tiempo en que su venta o alquiler aparezca en los anuncios. La publicidad juega en contra del valor en venta de edificios, además de que la primera circunstancia negativa es el tiempo en que el inmueble permanezca cerrado, porque ese tiempo lleva a la pérdida de condiciones objetivas.

El Plan Espacial, en cuyo ámbito se encuentra el inmueble, incluye la ficha correspondiente, sin fotografía, a la que futuras o posibles intervenciones constructivas deberán someterse, si bien, en principio, no parecen que pudieran condicionar, pese a la situación urbanística dentro del Plan Especial, actuaciones de gran calado.

Además, en el caso de este inmueble, con una ubicación tan céntrica en la ciudad, es un elemento más que contribuye a la visibilidad de la realidad económica y social, una realidad que navega entre la sensación de atonía económica y la impotencia social de saber que las alternativas de mejora para la ciudad no aparecen.

De hecho, cuando alguno de los inmuebles que he ido señalando a lo largo de estas cincuenta y siete entradas es objeto de una “noticia” positiva, durante algunos días los medios escritos se lanzan a jalear su futuro, para luego caer en la inanidad cuando esas “noticias” positivas no se materializan.

En estos días en que escribo la entrada, diciembre de 2019, la Planta Baja del edificio está ocupada por un rastrillo benéfico, una manera de dar uso al vacío, y, quizás, atraer vistas y visitas que pudieran llevar detrás su venta. Las lonas de edificio en venta casan mal con las de rastrillo benéfico.

Vale.