Archivos para Plan Especial

El sector inmobiliario siempre puede ser tomado como referente sobre la actividad económica de una ciudad. No solo en cuántas grúas se ven en el horizonte, sino en cuántos carteles de “se vende” o “se alquila” cuelgan de sus fachadas.

Los propietarios de los inmuebles decorados con esos letreros de venta o alquiler siempre esperan que su local, su piso o su edificio sean rápidamente traspasados. Incluso se dan casos de, cuando se trata de dar salida a un edificio entero, finalizar contratos de alquiler, con la pretensión de que estando vacíos, sin contratos por medio, sean más fáciles de colocar.

Esto sucede con el edificio sito en la Calle de Roso de Luna, nº 2, en su confluencia y con fachada a la Plaza de San Juan, en cuyas plantas baja y entreplanta se encontraba una tienda de ropa y productos para el deporte, y cuyo contrato se terminó con la perspectiva de sus propietarios de vender el edificio completo.

Por cierto, la calle Mario Roso de Luna, un eminente médico natural de Logrosán, se llamó durante la Dictadura calle Falangista Javier García, y con ese topónimo sigue figurando en el catastro.

Hace ya tiempo que de sus fachadas a Plaza de San Juan y calle de San Pedro cuelgan lonas informando de edificio en venta, incluso de su superficie, 941 m2.

La información catastral del inmueble señala estas superficies:

REFERENCIA CATASTRAL
DIRECCIÓN
USO
SUP. CONSTRUIDA
(m2)
AÑO
5927302QD2752H0001FB
CL JAVIER GARCIA 2
Com.
244
1900
5927302QD2752H0002GZ
CL JAVIER GARCIA 2
Res.
238
1900
5927302QD2752H0003HX
CL JAVIER GARCIA 2
Res.
238
1900
5927302QD2752H0004JM
CL JAVIER GARCIA 2
Res.
238
1900
Total Superficie Construida (según Catastro)
958

 

Las pretensiones de los propietarios, sobre este o cualquier otro inmueble pueden deteriorarse según el tiempo en que su venta o alquiler aparezca en los anuncios. La publicidad juega en contra del valor en venta de edificios, además de que la primera circunstancia negativa es el tiempo en que el inmueble permanezca cerrado, porque ese tiempo lleva a la pérdida de condiciones objetivas.

El Plan Espacial, en cuyo ámbito se encuentra el inmueble, incluye la ficha correspondiente, sin fotografía, a la que futuras o posibles intervenciones constructivas deberán someterse, si bien, en principio, no parecen que pudieran condicionar, pese a la situación urbanística dentro del Plan Especial, actuaciones de gran calado.

Además, en el caso de este inmueble, con una ubicación tan céntrica en la ciudad, es un elemento más que contribuye a la visibilidad de la realidad económica y social, una realidad que navega entre la sensación de atonía económica y la impotencia social de saber que las alternativas de mejora para la ciudad no aparecen.

De hecho, cuando alguno de los inmuebles que he ido señalando a lo largo de estas cincuenta y siete entradas es objeto de una “noticia” positiva, durante algunos días los medios escritos se lanzan a jalear su futuro, para luego caer en la inanidad cuando esas “noticias” positivas no se materializan.

En estos días en que escribo la entrada, diciembre de 2019, la Planta Baja del edificio está ocupada por un rastrillo benéfico, una manera de dar uso al vacío, y, quizás, atraer vistas y visitas que pudieran llevar detrás su venta. Las lonas de edificio en venta casan mal con las de rastrillo benéfico.

Vale.

Esta serie de entradas sobre inmuebles cerrados por falta de uso arranca una nueva vista, pasando al recinto intramuros. No se trata de contraponerlos a otros situados en partes de la ciudad más modernas sino de ir enseñando algunas incongruencias que resultan llamativas con el permanente y machacón diluvio de superlativos que venden maravillas de la Ciudad Monumental, pero que chocan con descuidos y abandonos clamorosos.

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Subiendo desde la Plaza de San Jorge hacia San Mateo, arranca la Cuesta de la Compañía. Es el trayecto más utilizado por los turistas que nos visitan. Por él se encaminan hacia el Museo de Las Veletas, a visitar el Aljibe árabe, y en el arranque de la Cuesta pueden ver el aljibe al que se accede bajo el suelo de la Iglesia de la Preciosa Sangre.

En el arranque de la Cuesta de la Compañía, la primera puerta se corresponde con un inmueble cuya fachada principal es la conocida como la Casa del Sol.

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La información que sobre este inmueble se recoge en el Plan Especial de Protección de la ciudad de Cáceres hace referencias a elementos derruidos, a una torre desmochada, al escudo de los Solís (de ahí la Casa del Sol) y en los datos que se señalan, aparecen dos usos, uno que se mantiene, residencia de miembros de la Orden de los Jesuitas, y el otro, que en su día fue Residencia de Estudiantes.

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El edificio, en su conjunto, tiene una superficie de suelo de casi 1.600 m2 y de 3.100 m2 construidos. Y solamente una parte, y no la mayor, precisamente, es la que ocupa la actual residencia de jesuitas.

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La falta de uso de la mayor parte del inmueble arranca hace muchos años, cuando poco a poco fue desapareciendo la residencia de estudiantes que, si no recuerdo mal, tenía el nombre de San Luis Gonzaga (algún lector con más memoria… o más años quizá recuerde mejor). El abandono del edificio, en un lugar tan significativo, tan central del Casco Antiguo, es notorio en su exterior y da la sensación de que su interior puede estarlo aún más.

Pasear por la Ciudad Monumental y ver cómo quienes nos visitan miran ventanas y balcones y hacen un gesto de incredulidad sobre lo que ven es algo que los responsables de turismo y cultura de la ciudad deberían valorar.

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El deterioro, por falta de uso, debería, también, haber hecho mella en sus propietarios, en la orden religiosa si lo fuera, o en el propio obispado de la diócesis, para evaluar si la necesaria rehabilitación y uso del edificio pasa por sus medios económicos, por su venta a quien pueda ponerlo en valor o llegar a algún acuerdo con administraciones públicas que lo pudieran hacer… Ah, pero eso ahora no es posible. La crisis económica, y, sobre todo, la crisis del ladrillo llevan camino de perpetuar abandonos como el que muestran las fotografías de la fachada que más ven nuestros visitantes y que reflejan que tampoco nos preocupamos tanto como nos gusta publicitar de una joya que es, además, una de las principales fuentes de ingresos de la ciudad.

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Lo que fue residencia de estudiantes de los jesuitas es hoy una sucesión de puertas y ventanas desvencijadas, cristales rotos, tapiados interiores, suciedad y abandono en el corazón de la Ciudad Monumental.

Vale.

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Siguiendo con esta serie de entradas sobre edificios cerrados por falta de uso, en Cáceres, que a este paso se encamina al cierre total, llegamos al número 11 de la Calle Muñoz Chaves, que es definida así en el Plan Especial de la ciudad:

Edificio casa-palacio de amplísimas dimensiones en tres plantas con fachadas a callejón de San Benito y Muñoz Chaves y traseras a Nidos. La principal a Muñoz Chaves con importante composición de huecos jerarquizados con balcones y con recercos y rejas en planta baja. Esquinal labrado en sillería moldurada. Fachada a San Benito sin acabar y huecos elementales. Dos patios, importante escalera y salas.

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El inmueble, del s. XVIII, ya en la redacción del Plan Especial, años 80, se señalaba una condicón deficiente para el inmueble, y fija la propiedad en la familia Trespalacios. Como referencia, al condado de Trespalacios pertenecía la finca denominada Las Golondrinas, en la zona de las Torres (Torreorgaz, Torremocha…) y lugar preferido por cierta nobleza para el ejercicio de la caza fácil con muchos secretarios.

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El Plan Especial, a la vista de un estado deficiente del inmueble, de notable importancia y volumen, reclamaba una rehabilitación rigurosa. Más de 30 años después, la situación sigue siendo deficiente, la rehabilitación sigue siendo necesaria y la calle de San Benito, cerrada, solamente se abre porque en los bajos de este inmueble se guardan algunas andas de pasos procesionales de la cercana iglesia de Santiago de los Caballeros.

Un inmueble como este, situado en un entorno que acoge otros de volúmenes similares (acera de los pares de la calle Muñoz Chaves, donde está la sede del Colegio Notarial, por ejemplo) y junto a la Real Audiencia de Extremadura, debería ser objeto de especial atención. Su condición de edificio privado no exime a las administraciones públicas (Junta de Extremadura, Ayuntamiento de Cáceres) de vigilar que su estado no siga deteriorándose y procurando encontrar las mejores soluciones para que pueda recupararse.

Hace años (años 90) la propiedad planteó alguna alternativa de uso, para dedicarlo a residencia de mayores u hotelero, pero la conformación de sus muros de carga, con una distribución muy extendida en los siglos XVIII a la primera mitad del XX (nos referimos a edificios ya construidos con ciertas características de construcción de inmuebles más industrializada, menos artesanal que los antiguos palacios). Esa distribución interior se caracteriza por el paso de unas estancias por otras, con muros de carga con los huecos de paso, que hacen muy complicada la rehabilitación, que pasaría, en inmuebles como este, por el completo vaciado interior, perdiéndose elementos como la escalera principal o el dimensionado de salas, una de sus características fundamentales, que se aprecia en una primera sala de acceso, en la fachada principal a la calle Muñoz Chaves, de notables medidas.

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Cáceres, cuyo conjunto monumental es merecedor de la distinción de Patrimonio de la Humanidad, no puede permitirse que edificios tan notables como este, de 2.638 m2 de superficie construida, equivalente a 26 viviendas de 100 m2 construidos, vayan demostrando el inexorable e implacable transcurso del tiempo. La fachada, en una calle estrecha, sombría, recibe la humedad y la va tatuando en la fachada, en la mampostería, con signos de una vejez sujeta a una falta de cuidados que no acompaña con la monumentalidad de sus balcones y huecos, cuya verticalidad destacan en la ciudad.

Y este edificio, además, tiene una fachada lateral, la de la calle de San Benito que es un referente en el imaginario local (para ciertas edades, claro). Hasta la construcción de la prisión provincial al sitio de las Vegas del Mocho, a la prisión provincial se accedía por esta calle, a la que da la casa Trespalacios y, también, la Real Audiencia. Y su estrechez era reconocida con el dicho: “más estrecho que la calleja de la cárcel”.

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La fachada a la calle de San Benito, sin terminar como se recoge en el Plan Especial, tiene el encanto, precisamente, de econtrarse sin terminar, lo que le da un pátina de edificio que, terminado, debería ser espectacular… pero también que en vez de saberse que está sin terminar, aparece como una parte ya arruinada.

Vale.