Archivos para agosto 2012


Continuando con esta serie de entradas en el blog, sin duda uno de los inmuebles vacíos existentes en la ciudad de Cáceres que mayor interés puede despertar es la Cárcel Vieja. La cárcel que se construyó siendo alcalde el socialista Antonio Canales, y que él estrenó para morir fusilado por la inquina fascista.

Con una superficie de suelo de 10.300 m2 y construida de 11.040 m2, según los datos catastrales, se encuentra cerrada desde que se puso en funcionamiento la actual prisión, en la C.N. 521 y el Centro de Inserción. Su fortaleza de construcción la viene salvando de ser invadida u ocupada, si bien algunos vecinos de las viviendas próximas, “las de la cárcel”, afirman que ya se suele ver a adolescentes hacer algunas piruetas sobre sus muros, junto a las duras alambradas que los culminan.


La prisión, denominada Provincial, fue construida sobre terrenos cedidos por el Ayuntamiento, previa adquisición a particulares. La construcción fue costeada por la Diputación Provincial y con aportaciones de muchos de los pueblos de la provincia. El carácter de prisión provincial así lo exigía. Que su estreno fuera con la guerra civil consecuente al golpe de estado franquista, es una triste paradoja. Quien más contribuyó, por las necesidades de mejorar la vida de los presos, fue Antonio Canales. Y su vida fue el pago que recibió.

El vigente Plan General Municipal ha incluido este inmueble entre los catalogados, por lo que procederá su conservación aplicando las normas urbanísticas. En 1992, el Ayuntamiento de Cáceres firmó un convenio, nunca ejecutado evidentemente, según el cual, sobre sus terrenos, una vez demolida, se construirían viviendas. Así se recogió en el PGOU de 1998, como una Unidad de Ejecución. El mejor criterio, para los intereses de la ciudad del Plan vigente ha salvado a este edificio de su demolición. Otra cosa será que lo salve de la ruina y degradación por falta de uso.


Para darle uso, para conseguir que el inmueble pueda ser recuperado, es preciso que el Ayuntamiento pueda hacerse cargo del mismo, pueda conseguir su titularidad. En la legislatura municipal anterior se establecieron algunos contactos, tímidos, que deberían seguir, con Instituciones Penitenciarias. Pero…

Pero, en primer lugar, será necesario saber para qué puede querer el municipio tamaño inmueble. Cuál sería el proyecto a desarrollar. Habiendo edificios públicos mucho más pequeños, cerrados, sin uso, mucho es de temer que desde ninguna instancia pública local, provincial o regional se sepa qué podría hacerse con la Cárcel Vieja.


En segundo lugar, cómo conseguir la propiedad. Sin duda, la mejor solución siempre será la negociación entre el Ayuntamiento e Instituciones Penitenciarias. Pero siempre cabe que, en común acuerdo, el Ayuntamiento de Cáceres, que cedió los terrenos, y la Diputación Provincial, que costeó las obras (con fondos propios y de diversos municipios), iniciaran el procedimiento de reversión. Es un proceso largo, nada costoso si se lleva a cabo por los servicios jurídicos públicos, y de buena perspectiva de triunfo en sede judicial.

En alguna ocasión, los medios locales de comunicación han recogido impresiones o intereses de asociaciones o particulares que han expresado su opinión sobre el uso futuro. El más sencillo y repetido ha sido el de destinarlo a Casa de Cultura de la zona.

El volumen construido supera en mucho las necesidades de una casa de cultura de barrio (estaríamos ante un inmueble con capacidad para entre 15 y 18 de ese tipo de centros). Por ello, un proyecto completo de usos sería el paso previo para demostrar la necesidad de su reversión o la necesidad de un acuerdo bien gestionado con Instituciones Penitenciarias. Y sería el paso previo para conocer los costes de rehabilitación y adecuación a diversos usos sociales y culturales.
Que un inmueble de este tamaño esté cerrado, esté sin uso, y sin perspectivas de tenerlo, demuestra, por otra parte, la inanidad de la acción política pública. La insuficiencia de algo tan importante para el ejercicio del gobierno, sobre todo cuando los recursos económicos escasean, como es la imaginación, o es el liderazgo.

Vale.
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El 22 de julio de 1995, el Consejo de Gobierno de la Junta de Extremadura, a propuesta de su Presidente, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, acordó otorgar la Medalla de la Comunidad Autónoma a la Agrupación Táctica “Extremadura”, conformada sobre la Brigada Mecanizadad XI, ubicada en la Base General Menacho. El citado Decreto venía a reconocer el trabajo que las Fuerzas Armadas Españaolas venían realizando en la consecución de la Paz en la históricamente convulsa antigua Yugoslavia. A día de hoy, en la información oficial que se recoge de la Brigada XI en la página web del Ejército de Tierra, la Medalla de Extremadura es la primera distinción que se incluye.
El Decreto 10/1990, regulador de la Medalla de Extremadura, señala en su artículo primero: “1.- La “Medalla de Extremadura” tiene por objeto distinguir a las personas y entidades, cualquiera que sea el ámbito de su actividad, dentro o fuera de Extremadura, hayan destacado por sus méritos y por los servicios prestados a la Región. 2.- Esta condecoración podrá ser concedida, también a autoridades españolas o extranjeras por motivos de cortesía o reciprocidad.”
El pasado viernes, 17 de agosto, el Consejo de Gobierno de la Junta de Extremadura, a propuesta de su Presidente, José Antonio Monago Terraza, acordó otorgó la máxima distinción regional a diversas personas y entidades. Cinco en total.
Las vicisitudes por las que viene pasando una institución como el Centro de Formación de Tropa nº 1, Cefot 1, ubicado en el Campamento de Santa Ana, en Cáceres, hubiera merecido mayor capacidad de reflejos por el gobierno regional, que, una vez más, ha perdido una oportunidad de mostrar su apoyo, explícito, público, al Centro cacereño, sobre el que se cierne la decisión del Ministerio de Defensa de cerrarlo, por cuanto en las previsiones gubernamentales para 2013 y 2014 se mantiene la congelación de las ofertas de empleo público.
Los reflejos políticos son los que demuestran la verdadera talla de los dirigentes de la res publica. Y así, mientras en 1995, con motivo de la primera misión en el extranjero que desarrollaba la Brigada Mecanizada XI, con el nombre de Extremadura, el gobierno regional de entonces no tuvo dudas en la concesión de la Medalla.
Hoy, a dos semanas vista de la celebración de la fiesta regional, un gobierno autodenominado de los mejores, está demostrando no serlo, ni siquiera en asuntos sobre los que no sería necesario advertirles, y que tendría efectos claramente positivos.
Si el Consejo de Gobierno de la Junta de Extremadura, aun sabiendo de modo fehaciente que el Ministerio de Defensa tiene prácticamente decidido el cierre del Cefot 1, hubiera tenido la valentía de la que presume su presidente (o se le aplica aquello de perro ladrador poco mordedor o se le va la fuerza por la boca), habría concedido la Medalla de la Región al Centro de Formación de Tropa nº 1. Y, con esa distinción, las más alta que los extremeños podemos otorgar, comprobar si, de verdad, el Partido Popular, responsable del gobierno regional, lucha por los intereses de la Comunidad Autónoma o sus cargos públicos se limitan a mantener el culo sentado en la poltrona.
Los méritos, más que acreditados, del Centro de Formación de Tropa nº 1, no son solamente por el alto nivel de su capacidad de formación de nuevos soldados, sino por su trayectoria desde que se creó, en 1964, con el nombre de Centro de Instrucción de Reclutas nº 3, y las sucesivas denominaciones (Centro de Instrucción de Reclutas “Centro” o Centro de Instrucción y Movilización nº 1), hasta ahora, siendo referencia de Extremadura para los más de 400.000 ciudadanos que han pasado por sus instalaciones, bien como reclutas durante el Servicio Militar Obligatorio, bien desde la implantación del ejército profesional.
Haber planteado antes esta opción, haber iniciado antes una campaña en favor de conseguir la Medalla de Extremadura para el Cefot nº 1, habría supuesto una negativa del Partido Popular a participar en ella, por su sometimiento enfermizo a las decisiones que el gobierno de la nación viene adoptando, sean o no perjudiciales para Extremadura o cualquiera de sus pueblos o ciudades. De ahí que la única esperanza estaba en que José Antonio Monago, que su bio de twitter se vanagloria de presidir esta preciosa tierra (aunque no permita a muchos ciudadanos acceder a sus comentarios tuiteros), hubiera tenido agallas y reflejos políticos para otorgar la Medalla de Extremadura al Cefot nº 1, que habría sido un escudo potente para garantizar su futuro. Pero agallas, ninguna, y reflejos, atrofiados por el ansia de mandar, a falta de capacidad para gobernar.
Vale.  

En esta segunda entrega de la serie, no me referiré a un edificio público, sino a uno privado. Situado en la Calle Barrio Nuevo, esquina a Barrio de Luna. Calle que en su día era la entrada “natural” de todos los visitantes de la ciudad, por cuanto comunica la llegada desde Madrid con la Plaza Mayor. Las nuevas ordenaciones del tráfico urbano han hecho que, finalmente, sea una vía urbana sin ese componente.
A media calle se situa el número 37, un edificio de 1.245 m2 construidos sobre una superficie de suelo de 586 m2, según los datos catastrales. Se trata de un edificio notable, superior sin duda a la inmensa mayoría de los situados en la citada calle, cuando no a todos.


Su lamentable estado actual de conservación, de falta de ella, es el motivo por el que lo traigo a este blog, porque ello es consecuencia de dos aspectos que se han cruzado, como un cruce de vías, en él. Por un lado, las sucesivas generaciones de una misma familia, que lo construyó y que los siguientes herederos, partiendo herencias, gastando (o no) herencias, llevaron a que los últimos propietarios vinculados a ella lo vendieran. Por otro, y sin solución de continuidad, su adquisición, en el momento de mayor auge de la burbuja inmobiliaria por una empresa constructura, más interesada en el valor especulativo del edificio que su valor arquitectónico e histórico.


Como prácticamente todos los edificios de la calle Barrio Nuevo, el número 37 se encuentra afectado, incluido en las disposiciones del Plan Especial de Protección del Casco Antiguo de la ciudad de Cáceres. Su nivel de protección es elevado, Ambiental singular, por lo que su futuro está claramente condicionado.
Prácticamente, excepto su demolición (intervención genérica), es posible realizar obras de rehabilitación, mantenimiento, conservación, para disponer el edificio en orden a su mejor uso. Sin embargo, su estado actual, con áreas ruinosas, con una degradación que incluso afecta a la seguridad de su entorno, de las personas que pasen cerca de él y que lo mantienen vallado, con numerosas actuaciones llevadas a cabo por los bomberos para eliminar elementos peligrosos o consolidar otros, no hacen pensar nada bueno. O lo que es lo mismo: es más que probable que los actuales propietarios (¿los mismos que lo adquirieron para su utilización especulativa?) estén más que interesados en su declaración de ruina.
Ya me referí en mi primera entrada de esta serie a que la burguesía local (esa pequeña burguesía pueblerina que detenta prácticamente todos los poderes de la ciudad) es una pieza fundamental en la decadencia de la vida ciudada, en que los comerciantes digan que Cáceres se muere, cuando en realidad la están (estamos) dejando morir entre todos, caminando cada vez más cerca de la ciudad fantasma.
Este edificio, paradigmático de una pequeña burguesía venida a menos y una estructura económica basada en el enriquecimiento rápido y con poco esfuerzo, le fue ofrecido, por ejemplo, al ayuntamiento de la ciudad para albergar alguna colección de pinturas. Ofrecimiento envenenado, por cuanto, el municipio, además de asumir su coste, debería asumir alguna servidumbre más. Todo ello en la creencia por quienes comerciaban con él, de que las administraciones públicas pueden asumir cualquier cosa. Y de paso, hacerles ganar unos buenos dineros.
Hoy, con las techumbres arrumbadas, las ventanas descolgadas o inexistentes, la fachada como un traje raído, y, en suma, vallado por la seguridad de los viandantes, asiste a la degradación de la ciudad de la que fue un ejemplo de fuerza. Por los acerados de la calle pasaron muchos viandantes, muchos, por ejemplo, soldados del cercano Cuartel Infanta Isabel, que transitaban ida y vuelta hacia la playa mayor trasegando en los numerosos bares (Jaype, Suga, La Uva, El Racimo, La vid… o en el propio edificio cuando albergó una freiduría de mariscos en la que se despachaban los cartuchos de calamares fritos).
Hoy, todo aquel trasiego de peatones, o de coches llegando desde Madrid a Cáceres, con parada en la Plaza Mayor, ya es casi inexistente, como la seguridad y la fortaleza de este edificio.
Vale.

En los escaparates de muchos comercios de Cáceres (98.000 habitantes) se puede ver desde hace unas semanas una esquela que señala que “Cáceres se muere”. Una esquela en la que, al final, lo que se muere es la caja de los comercios. Aunque podría hacerse extensivo a muchas ciudades del tamaño y número de habitantes similares, me refiero al caso de una capital de provincia que nunca ha despertado del letargo pueblerino y nunca ha querido a ir más allá de alguna aventura deportiva. Y en ello, mucho tiene que ver la pequeña burguesía local, detentadora (ver en www.rae.es el verbo detentar) no sólo del poder económico local (eso es cuestión del derecho privado), sino, también, del poder social, cultural y hasta religioso, que han convertido a Cáceres en un páramo.
Esta mortandad de la caja de los comercios locales está acompañada de una creciente situación de edificios, algunos de considerable tamaño, cerrados por falta de uso. Por falta de capacidad económica para su gestión y mantenimiento por las administraciones públicas que son titulares de los mismos, y por falta de capacidad de esa burguesía local instalada en el poder político para poner en servicio edificios cuyo deterioro avanza a pasos agigantados.
Hecho este preámbulo, a partir de esta entrada iremos haciendo un repaso a diversos inmuebles cerrados por falta de uso y que se arruinarán definitvamente ante la pasividad de unos ciudadanos más preocupados por ver la televisión o por pasear figuras religiosas una vez al año. Unos ciudadanos que, fuera de las envolturas de las cofradías o querencias futbolísticas, son incapaces de demostrar algo que tenga que ver con el futuro suyo y de sus hijos. Y de su ciudad. Unos ciudadanos (?) a los que la pregunta de Kennedy sumiría en la más profunda de las perplejidades: No preguntes qué puede hacer tu ciudad por ti, sino qué puedes hacer tú por tu ciudad.


Calle Reyes Huertas. Antiguas dependencias de la Consejería de Bienestar Social de la Junta de Extremadura.
Este inmueble, construido sobre los terrenos que en su día se destinaron a parroquia, pero de la que solamente se levantaron unos muros, dejó hace unos dos o tres años de ser necesarios a los servicios de la Junta. En fechas recientes, tras el ofrecimiento por la administración regional, el Ayuntamiento de Cáceres, presidido por la alcasenadora Elena Nevado (PP) contestó… que no, que no los quería. Y ahí sigue el edificio, muertecito de asco.
En la fase final de la anterior legislatura, un grupo de artistas intentó hacerse cargo del inmueble, para convertirlo en centro de sus actividades y casi lo consiguen… si no hubieran mediado unas elecciones y el partido propio de la burguesía provinciana, el Partido Popular, no hubiera ganado las elecciones.
Según la ficha catastral, el inmueble está construido sobre una superficie de terreno de 2.515 m2 y la superficie construida total es de 2.027 m2 (equivalente a 18 viviendas de 3-4 dormitorios).
Ante la incapacidad de la administración regional (el Gobierno de los Mejores se hacen llamar) y la impotencia del ayuntamiento, está cerrado a cal y canto, con persianas metálicas herméticas pero que sin duda, poco a poco irán cediendo, o ventanas más vulnerables, hasta convertirse en lugar de okupas sin otro afán que el de ocupar.
La falta de capacidad económica resultante de una crisis financiera mundial combinada con una burbuja inmobiliaria autóctona, atenaza al ayuntamiento de Cáceres. Esa falta de capacidad económica se une a una manifiesta falta de proyección social y política del Partido Popular, que no es capaz de hacerse cargo del edificio ni plantea alternativas que lo pongan en uso.
Este inmueble, cerrado por falta de uso, demuestra que quienes son sus titulares, la Junta de Extremadura, está cometiendo malversación de fondos públicos, al mantenerlo cerrado. Y no porque no consiga “convertirlo en dinero”, sino porque lo mantenga cerrado.
Cuando la economía “va bien” cualquiera es concejal, o consejero de un gobierno autonómico (aunque visto lo que están haciendo en Extremadura, tengo mis dudas). Pero cuando la economía va mal o no existe, la inanidad intelectual, la incompetencia social, cultural, política grita en las salas cerradas de los edificios cerrados por falta de uso.
Vale.

Decía el pasado 11 de julio en los medios regionales de información el presidente de la Asamblea de Extremadura, Fernando Manzano, que confiaba en la futura oferta de empleo público para que la continuidad del Cefot estuviera garantizada. Estulticia.
Fernando Manzano es el Secretario General del PP de Extremadura y presidente de la Asamblea legislativa autonómica. Confiar en la “oferta de empleo” como algo etéreo, futurible, ajeno a sus obligaciones políticas es muestra de estulticia política. Corresponde al gobierno de la nación, es decir, al Partido Popular, determinar cuál ha de ser la oferta de empleo público en la quese enmarcaría la continuidad del Cefot. Esperar, confiar, como si ello fuera responsabilidad de otros no es más que un ejemplo de la ignominiosa capacidad de los dirigentes locales y regionales del PP para hacernos crees que ellos no son responsables de nada.
La actitud de los cargos públicos y políticos (me niego a considerarlos dirigentes de nada y menos líderes) del PP de Extremadura respecto a la continuidad o no del Centro de Formación de Tropa nº 1, Cefot 1, es la demostración, para generaciones futuras, y para ciudadanos poco avisados, de lo que es la incompetencia, la incapacidad, la impotencia, la cobardía y la traición. Fueron elegidos por los militantes de su partido (perdón, los militantes del PP refrendaron a la búlgara lo que les fue impuesto, ese partido carece de democracia interna) para ganar unas elecciones. Y fueron elegidos por los ciudadanos cacereños y extremeños para defender los intereses de Cáceres y Extremadura.
Lo que hagan los militantes del PP que ven cómo el Cefot se cierra y pierden una referencia para situar “fuerzas vivas” entre sus amistades y cofradías, me trae al pairo. Allá ellos con sus vergüenzas (los que la tengan) y sus complicidades. Pero lo que están haciendo los cargos políticos del PP, elegidos con el voto libre de los ciudadanos tiene un nombre: traición.
Traición la que está cometiendo la alcasenadora Elena Nevado, que en la ciudad miente conscientemente a los ciudadanos y los engaña para colocar una pancarta en el balcón municipal y fomenta una plataforma que es una barricada tras la que esconder sus mentiras y su traición. Traición la que está cometiendo la alcasenadora Elena Nevado, que en el Senado, donde representa los intereses territoriales (el Senado es cámara territorial, cualquier licenciada en derecho lo sabría) de Cáceres y provincia, no ha tenido ninguna intervención en defensa del Cefot, ni, por supuesto, ha planteado, a la hora de discutir los Recortes Generales del Estado para 2012, una enmienda que garantizara oferta de empleo de tropa profesional, lo que habría supuesto la continuidad del Cefot.
Traición la que el alcasenador Alberto Casero, alcalde de Trujillo y senador, como Elena Nevado, está cometiendo con la buena gente que quiere darle el gusto de llevar un espectáculo patriótico a los pies de Paco Pizarro, y que, al igual que la alcasenadora Nevado, no ha tenido agallas de presentar ninguna iniciativa parlamentaria en el Senado, ni siquiera “por cumplir”, ni siquiera para arriesgarse a que le pusieran los jefes de su partido la cara colorá como un tomatito.
Traición la que está cometiendo el diputado nacional Carlos Floriano, presunto número 3 del PP, y que no es capaz siquiera de abrir la boca para defender la continuidad del Cefot. La capacidad de traición a los intereses de Cáceres de Carlos Floriano es tal que su sólo silencio, otorgando carta de naturaleza al cierre del centro militar, es la vergüenza y el oprobio de sus conmilitones que, en privado le critican, pero que (dogma de la moral judeocristiana) en público le defienden. Que Carlos Floriano siga queriendo ser considerado cacereño, es un insulto. Y su actuación pública, pura traición.
Traición es la que está cometiendo el presidente regional del PP (allá los militantes, que arrastren su vergüenza como puedan) y presidente de la Junta de Extremadura, José Antonio Monago, que no ha sido capaz, cobarde como él sólo, de defender con ninguna palabra de aliento la continuidad del lugar donde trabajan a diario 240 personas. Alguien que, como Monago, maneja un lenguaje cuartelario, barriobajero, más propio del Bronx que de una persona con un mínimo de educación, es incapaz de alzar la voz, incluso bajito, para decirle al gobierno y al partido que lo sustenta alguna leve queja. Traición absoluta, en toda regla.
Y esa traición se consuma cuando ayer, viernes, el presidente del gobierno de la nación convoca una rueda de prensa tras la reunión del consejo de tramposos, digo de ministros, y oculta que ha remitido a sus jefes, a la UE las determinaciones que incluirá en los presupuestos generales del estado para 2013 y 2014. Ocultar el pequeño dato de un recorte salvaje, fundamentado en cuestiones ideológicas, es mentir, es, como hacen sus subordinados extremeños, traicionar. En ese documento, Mariano Rajoy ya establece que ni en 2013 ni en 2014 habrá oferta de empleo público.
La confianza, el futurible al que se refería el presidente de la Asamblea de Extremadura el 11 de julio, se ha desvanecido. Bien es verdad, que cuando Fernando Manzano decía aquello, su confianza era escasa o nula. Tanto por las previsiones que día tras día se conocen acerca de las decisiones que toma el gobierno (y de las que nos enteramos de aquella manera), como porque ni él ni ningún cargo público ni político del PP tienen las agallas suficientes como para plantar cara. El pesebre afecta a la voluntad. Y cuando la voluntad es escasa de serie, la anula.
Vale.