Archivos para Casado

A medida que se van acercando las fechas de constitución de los Ayuntamientos y gobiernos autonómicos, más nítidas se han de ir haciendo las estrategias. Algunas, parece que ya lo están. Y digo solo parece, porque hasta el rabo, todo es toro.

Parece que a nivel nacional, el PSOE va a optar por un gobierno a la portuguesa, basado en los 123 diputados que tiene en el Congreso, y que deberá contar con un número de votos favorables y/o uno determinado de diputados que se abstengan. En el gobierno podría haber independientes, cercanos a Podemos, aunque no parece que ningún dirigente cualificado de la formación morada (Pablo Iglesias, Mayoral, Irene Montero…) se siente en el Consejo de Ministros.

La madre de todas las batallas está en el reparto (Comunidad Autónoma, Ayuntamiento) de Madrid… como si el resto de España no existiera. Ni siquiera Barcelona, donde la cuestión está en que Ada Colau se decante por meter a los antiguos izquierdistas de ERC o en hacer un gobierno con el apoyo de PSC, Ciudadanos.

Pero el resto de España existe. Existen capitales de provincia donde se juega un reparto de poder menos visible para los medios “de Madrid”, pero mucho para los habitantes de esas provincias.

En Extremadura, por ejemplo, no hay cuestión en lo que se refiere a la Comunidad Autónoma, donde la mayoría absoluta del PSOE es clara. No pasa así en las dos capitales de provincia o en alguna ciudad importante (Almendralejo, Navalmoral de la Mata).

El ejemplo de Extremadura podría ser determinante para que Rivera, ansioso de ostentar poder, de ejercer más poder que el PP, se decantara por alianzas con el PSOE. Si lo hace, podrá ser visible su hegemonía en la derecha, ya que el PP, además de los diputados perdidos en la Asamblea, solamente conserva el gobierno de una de las 10 ciudades más importantes.

Que concejales de Ciudadanos aparezcan en las fotografías de los órganos de gobierno de Badajoz, Cáceres, Almendralejo, Navalmoral y otras localidades, relegarán al Partido Popular solamente a la fotografía de Plasencia. Muy poco pastel para tanto reparto de egos.

Extremadura sería un ejemplo claro de cómo, tras la victoria del PSOE en las generales del 28A y en las Europeas, Autonómicas y Locales del 26M, a la derecha solamente le queda aceptar entrar en un reparto de poder menguante, en ver quién tiene más capacidad de gobierno frente a quien solamente puede aspirar a ser oposición.

La aparición de Vox en varios ayuntamientos, a mi juicio, no deja de ser un ingrediente que se arrojarán los partidos en las negociaciones, de manera que Ciudadanos pueda “amenazar” al PSOE con irse a la derecha y entregar las capitales de provincia a los caprichos de los seguidores de Abascal y sus secuaces.

Porque Ciudadanos, en ciudades de Extremadura y en otras muchas, solamente tiene la carta de Vox como chantaje, para forzar a tener más peso en gobiernos autonómicos y locales alentando el fantasma del gobierno a la andaluza.

En esa estrategia, mientras Rivera siga blandiendo el hacha de Vox frente al PSOE, irá dando aire, mucho aire, a un Partido Popular que camina sin rumbo, y que ahora, su máxima preocupación es que no se televise en directo el juicio por los discos duros de Bárcenas, de donde puede volver a salir condenado. Y esa condena ya no sería un peso sobre Mariano Rajoy, que ya se comió la corrupción de los gobiernos de Aznar, sino sobre Pablo Casado, que se terminará comiendo la corrupción de los gobiernos de Rajoy.

Si Rivera pretende salir en más fotografías de mando que Casado, ahora tiene la oportunidad. Si no lo hace, en cuatro años puede verse otra vez camino del desierto. Y en el desierto, como en la oposición, puede hacer muchísimo frío.

Vale.

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Tras las elecciones generales del 28 de abril, el histrión Rivera se autoproclamó líder auténtico de la oposición, frente a un Pablo Casado autor del mayor hostión de la derecha. Al mismo tiempo, reafirmó, ya como líder carismático de la derecha, su oposición al sanchismo con el cordón sanitario a todo lo que pudiera venir del presidente del gobierno Pedro Sánchez. A pesar de ello, de su histriónica dureza, no ha dejado de ser una de las derechitas cobardes para Abascal y sus compinches.

Ahora, tras las autonómicas y municipales del 26 de mayo, parece que la cosa puede cambiar. El autoproclamado jefe de la oposición no ha conseguido con su partido dar el sorpasso al PP y continúa siendo la tercera fuerza política. Conviene plegar velas, donde pueda, y desplegar otras en las que encontrar viento favorable. La veleta es lo que tiene, que se mueve según le da el aire, aunque en el caso de Rivera, ha terminado pareciendo más un molino de viento.

Los resultados electorales pueden llevar, si es que Rivera fuera capaz de marcar una estrategia más allá del siguiente café con Susanna en Espejo Público, a plantearse el sorpasso al PP por la vía de las esferas de poder. En muchos sitios (CC.AA., ayuntamientos)  su condición de tercera fuerza política aboca a Ciudadanos a formar trifachitos como el andaluz, con la particularidad que ahora Vox reclamará cuotas de gobierno y ser apoyo aéreo. Esta situación hace que el PP refuerce, si se consuman los trifachitos, su poder frente a Cs, y que Casado pueda decir que tiene más poder territorial que Rivera.

El sorpasso de Cs al PP puede venir por la vía de limitarle esas cuotas de poder que a histriónicos como Rivera le pueden subir el ego. Además, con el valor añadido de que el PP, tras perder la mitad de sus diputados en el Congreso, si sigue perdiendo gobiernos autonómicos y ayuntamientos, el hambre canina entrará por la puerta de Génova, 13. Y ahí, en esa magra economía popular puede estar la victoria de Rivera sobre Casado.

También es preciso tener en cuenta que el hecho de que Vox ahora reclame entrar al reparto de cuotas de poder y no solo a tutelar desde fuera (como en Andalucía) los gobiernos autonómicos y municipales tiene mucho que ver con los números: en las generales del 28A consiguieron 2,27 millones de votos. En las europeas del 26M, 1,38 millones, y en las municipales del mismo día, unos 650.000 votos. Es decir, que buscan llevar a consejerías y ayuntamientos a sus fieles en la perspectiva, nada clara a cuatro años vista de que su implantación, pudiera no ser la deseada.

El histrión Rivera tiene hasta el día 15 de junio, cuando se constituyan los ayuntamientos, para levantar el cordón sanitario al PSOE y tragarse unas cuantas dosis de ricino en forma de declaraciones que querrían hacer desaparecer de las hemerotecas. Si por el contrario, decide continuar en la senda andaluza, terminará siendo un correveidile de Casado, y teniendo en el cogote el resoplar de Vox.

Las tres derechas, en realidad una sola hasta ahora, puede disolverse, puede dejar de ser un solo muñeco con trajes intercambiables y abrirse en canal, dejando pasar el aire entre ellas.

Para Rivera, cualquier día será lunes otra vez si mantiene la veleta en punto fijo.

Vale.

En estos dos meses electorales, y desde la moción de censura que presentó y gano el PSOE de Pedro Sánchez, es recurrente que diversos dirigentes de la derecha (de la derecha de recortables) tilden tanto al líder socialista como a otros (últimamente le ha tocado a Manuela Carmena) de okupas, sí, con k.

El llamar okupa a quien ocupa un espacio de poder al que ha llegado legítimamente, tiene dos connotaciones. Y las dos, negativas. La primera es que la k define al cuestionado como radical, como extremista. Y la segunda, de un profundo pensamiento que señala no solo la ilegitimidad de la okupación con respecto a las leyes, sino que es ilegitimidad es contra el derecho divino del poder y la propiedad.

La derecha, en España, la de los tres cromos recortables, tiene interiorizado que el poder les pertenece por derecho natural cuando no por derecho divino. Y quien no lo entienda así, está actuando en contra de las leyes naturales y divinas que inspiran el ser de ¡España!

Utilizar el sustantivo okupa contra Pedro Sánchez, Manuela Carmena o cualquier otro cargo público legítimo forma parte del argumentario ideológico de Casado, de Rivera… y cuando son subordinados en el escalafón de ellos mismos, el sustantivo pretende convertirse en insulto.

La indigencia ideológica y moral de las tres derechas les lleva a la exageración en cualquier asunto con el que pretenden atacar a los que legítimamente ostentan el poder.

Casado, Rivera, Abascal y sus comepollas mediáticos parece que han desempolvado los viejos libros de formación del espíritu nacional y bucean en su mierda tratando de llevar al subconsciente colectivo aquellas “enseñanzas” que nacían de flechas y pelayos que hicieron una profesión de ellas.

El origen divino del poder es lo que une, como un cordón umbilical, a las derechas con la iglesia más rancia, con la iglesia que bendice las barbaridades que, de momento, solo de palabra cometen sus monaguillos políticos.

El origen natural del poder, el derecho natural a ejercer el poder, les corresponde a ellos, a quienes representan la selección natural de ricos contra pobres. Si buscamos un ejemplar en esta especie en extinción más significativo, lo encontramos en Iván Espinosa de los Monteros. Él, más que ningún otro, representa el pedigrí de quienes acuden al origen natural del poder y de quienes, para avalarlo, muestran sus vínculos con la jerarquía eclesiástica.

Pero el poder político, y lo saben aunque les duele en las entrañas, ya se sabe y se asume por la mayor parte de la ciudadanía, no tiene un origen divino, ni tampoco proviene del derecho natural. Quienes todavía apelan a este origen no están sino diciendo que el poder les pertenece por selección natural, porque son los más fuertes (el poder económico los sustenta), y porque la mayor parte de los ciudadanos somos piezas de caza a los que como los guepardos y leones asestan sus colmillos al acercarnos a la orilla buscando agua, como los ñus.

Vale

La dura campaña electoral para las elecciones generales del 28 de abril, ha supuesto un revés importante para la derecha, que se presentaba con tres vestidos diferentes, pero con un único muestrario de argumentos, simples, falsos y endebles. El mayor damnificado ha sido el PP, liderado por el sinsorgo Casado, que ha perdido 71 escaños y ha quedado, como segunda fuerza política en el Congreso con 66, uno menos de la mitad de los que ha obtenido el PSOE encabezado por Pedro Sánchez.

La debacle de la derecha ha obligado a los tres muñecos que representaban cada uno de los vestidos a fijar posiciones: Albert Rivera se ha autoproclamado, a lo Guaidó, como jefe de la oposición, cuando por matemática parlamentaria ese honor le corresponde al PP. Santiago Abascal, con unos resultados mucho más cortos de los que sus sirenas le zumbaban en los oídos, ha apostado, en principio, por mantenerse inmóvil en su caballo.

Pero todo se vino abajo cuando Pablo Casado, empujado por su corte (de la que ha expulsado al lanzador de pipos de aceituna y a Javier Maroto), decidió cometer dos errores: el primero, desplazar hacia la izquierda a Ciudadanos, a los que calificó de socialdemócratas, y dejar a Vox como única ultraderecha. Además, de paso, recordó a Pelayo Abascal sus miles de euros en mamandurrias gracias a que estaba en el PP.

La campaña electoral que se jugaban los tres monigotes de la derecha parecía que se habían dedicado a arrojarse unos contra otros, aplicándose entre ellos la misma política de tierra quemada que los tres han aplicado, a su vez, contra Pedro Sánchez (“cordón sanitario”).

Lo que el domingo 28 de abril por la noche parecía una situación de tierra quemada contra el PSOE, se ha vuelto por obra y gracia de los mismos tres petimetres, en una durísima batalla que puede resultar cruenta. De momento, Casado “libera” a los candidatos de su partido a hacer campaña sin el paraguas de las siglas. Seguramente, muchos ya han entendido que las siglas PP están agotadas.

Afirmar que Vox es la ultraderecha única y verdadera (y de paso, llamar pancista a Santiago Abascal durante sus años de mamandurria y chiringuito populares) ha tenido el efecto de hacer temblar la silla de Juanma Moreno, que no sabe si la amenaza de quien le dio el gobierno andaluz va en serio o no, pero que tiene la virtualidad de que nos hará pasar un mes de mayo, hasta la noche del 26, subidos en un tobogán de amenazas y recados mafiosos sobrevolando San Telmo.

Rivera, autoproclamado jefe de la oposición, podría, aunque es más que improbable, esperar como los guepardos de La 2 antes de atacar a su presa cuando se acerque a beber el día que se constituyan el Congreso y el Senado. Entonces, volverá a blandir su gran y superfluo ego.

Y seguimos en campaña, y volveremos a encontrarnos, en cada municipio, en cada comunidad autónoma, con los mismos mensajes de la derecha, lanzados por los tres muñecos que la encabeza y volverán a ahondar tajos entre ellos, porque con las animaladas que dicen parecen perros marcando territorio.

De todas formas, los supuestos navajazos entre las tres derechas pueden saltar por los aires si antes del 26 de mayo algún juez determina, informe de la UCO en ristre, que la reina de las ranas debe pasar por sede judicial a deponer como investigada. Entonces, la derecha (incluido Ciudadanos, que ha engordado sus listas con ratas huidas del PP) entrará en shock. Los tres muñecos aparecerán manchados con mamandurrias y chiringuitos.

Y la tierra quemada los sepultará.

Vale.