Archivos para April 30, 2026

Alrededor de la cruz, brazo en alto, cara al sol, y así desde hace 80 años.

La lectura combinada de las actas municipales con lo que se escribía especialmente en el Extremadura, periódico de acción católica, nos va dibujando un paisaje (y sobre todo, un paisanaje) que lleva desde los asesinatos de las navidades de 1937 a comienzos de mayo de 1938.

Así, en las actas municipales, tras una breve referencia a los fusilados, como dando cuenta de un trámite, los esfuerzos de los usurpadores de la alcaldía se centraron en convertirse en recaudadores de dineros de los vecinos, de los delatores, sirviendo así de coartada para justificar los asesinatos de las navidades de 1937.

La comisión gestora municipal la formaban cuatro gestores/concejales y un gestor/alcalde y fueron impuestos por los golpistas. Decían cómo y quieres tenían que constituir esas gestoras. En Cáceres, como en muchos sitios, fueron designados empresarios (las cámaras de comercio) y algunos tenían experiencia como concejales.

Es más que evidente que esos gestores eran de derechas, muy de derechas, aunque unos lo eran más que otros. Sabemos, por tradición oral familiar, que hasta los concejales de derechas, casi todos, tenían buena opinión y buena relación con el Alcalde Antonio Canales. No hay que olvidar que, aunque fue condenado a muerte en 1936, no fue hasta las navidades de 1937 que se ejecutó la sentencia.

El Alcalde Canales, a pesar de intereses en escarmentar a la ciudadanía con su fusilamiento, fue defendido hasta ante Franco por la Iglesia, por los empresarios, por “gentes de orden”, pero todo fue en vano.

Los gestores del ayuntamiento de Cáceres se dedicaron, como ya hemos señalado, a hacer que pareciera que había gobierno, que se hacían obras (sin dinero, porque no había ni un real) y poco más. Eso sí, cuando caía algún decreto, un telegrama, una orden de la superioridad se ponían en primer tiempo de saludo. Brazo en alto, por supuesto.

Los gestores iban aprobando certificaciones de cómo se construía la cruz, y el alcalde encargado decidía (o decidieron por él, tampoco iba a ser tan “libre”) de cómo  serían las letras.

Las letras de bronce de las placas de la calle de Pintores, cuando le pusieron el nombre del dictador, pervivieron, especialmente las situadas en la esquina de la plaza mayor, hasta que por fin se cambió su nombre por el que había tenido siempre, ordenándose a unos operarios municipales que desmontaran la placa que sujetaba las letras y un con cejal del Partido Popular estuviera a pie de la escalera a que los operarios la bajaran. Imaginadlo.

Pues bien, mientras el concejal esperaba, anhelante, a que se produjera el “descendimiento”, se sintió muy frustrado cuando los operarios, tan torpes ellos, perdieron la sujeción y se les cayó la placa al suelo. Hubo risas.

Por cierto, el concejal anhelante de placa de la culona, da nombre a un pabellón deportivo público.

Vale.

La protohistoria de la Lusitania se asienta sobre la leyenda de una delación: Viriato.

Al pastor lusitano le traicionaron Audax, Minuro y Datalco, por encargo del romano Cepión, pero cuando fueron a cobrar lo estipulado les contestaron que aquello de “Roma no paga a traidores”. El giro es que los sublevados sí estaban dispuestos a pagar.

La suscripción bajo el lema de nobleza obliga publicaba casi diariamente los “donativos” recibidos. Se hacía para con lo recaudado poder premiar a los valerosos que terminaron con el complot denunciado en Cáceres. La suscripción se hacía con los nombres de los donantes, ya fueran particulares, ya fueran empresas. Así, nadie escapaba al control policial.

Mientras la suscripción crecía, crecía también la cruz que la gestora municipal promovía para hacer la pelota al criminal. Cuando ya se sabía quién inauguraría la cruz, aunque no exactamente cuándo, llegó el momento de dar por finalizada la suscripción, dejando un pico de unas 600 pesetas para donar en auxilio de Madrid, y de otras 14.000 para la guardia civil a disposición de la Superioridad. El resto, unas 43.000 pesetas para pagar a los patriotas que habían hecho de la delación un modo de conseguir algo de dinero. Ya los patriotas de hasta el más bajo pelaje sabían que la patria estaba en la pasta.

Llegada la segunda quincena de marzo, y cumplidos los deseos sanguinarios de Rada (hijo adoptivo de la comisión gestora) llegó el momento del reparto. Para ello se convocó un acto en el salón de sesiones del Ayuntamiento, que se celebró en domingo.

Entrega de premios en metálico en el Ayuntamiento.

A los patriotas que descubrieron el complot.

El domingo, a las doce horas de la mañana, tuvo lugar en el salón de sesiones del Ayuntamiento el solemne acto de la entrega de los premios en metálico concedidos a los que intervinieron en el descubrimiento del complot tramado en la capital.

Mediada la mañana comenzó a llegar público al edificio municipal y poco antes de la hora señalada las representaciones oficiales eclesiásticas, militares y civiles invitadas.

Comenzado el acto, el Alcalde que presidía, explicó con palabra justa y elocuente el motivo de la suscripción y el agradecimiento de Cáceres a los patriotas beneméritos que libraron a la provincia de horas de angustia y dolor, sentimiento que ha buscado esta forma de manifestarse.

Seguidamente y entre grandes aplausos, fueron acercándose a la mesa presidencial los premiados para recibir el sobre con la cantidad correspondiente. Los miembros de la Guardia civil que figuraban entre los agraciados, se limitaron a recoger las manifestaciones de agradecimiento de sus convecinos ya que el Reglamento del Cuerpo no permite aceptar premios de ninguna clase. Las cantidades que les correspondían han quedado depositadas para darlas el destino que acuerde la Superioridad.

Como la recaudación líquida total ascendía a 43.607’87 pesetas y se distribuyeron 43.000, el resto de 607’87, con 107’55 que se anuncian por giro y cuantas otras se reciban con el mismo fin, se acordó unánimemente y a propuesta del Alcalde, que se entregue con el nombre de “nobleza obliga” a la suscripción abierta en auxilio de Madrid y poblaciones que se liberen.

Los premios fueron los siguientes: tres de 5.000 pesetas, uno de 3.000, dos de 2.000; dos de 1.000, dos de 750, y uno de 500 y ocho de 250.

Esto es: el número de delatores fue de 19, bastante alto para el tamaño de la población, y aunque nunca se ha conocido, de momento, la identidad de los premiados (alguno sí se tiene constancia popular), seguramente en algunos primaría más la necesidad que el presunto patriotismo, por cuanto los sublevados, los golpistas contra el orden constitucional, perdieron cuando empuñaron las armas contra el pueblo ese patriotismo. Como ahora.

Vale.

Montaraces para largar en los periódicos y quejicas cuando les responden.

Desde finales de 1937 y comienzos de 1938, los miembros de la comisión gestora de Cáceres, que usurparon los cargos municipales de los concejales que habían sido elegidos por los ciudadanos en unas elecciones democráticas, continuaron tomando decisiones apoyadas en las armas que unos militares traidores blandían y disparaban contra hombres y mujeres indefensos.

Siguieron felicitando al criminal Rada, al que habían hecho hijo adoptivo cuyo mérito fue pasar por las armas a cientos de cacereños en las navidades de 1937.

Con la visita que ya se anunciaba para unos días después giraría la jefa de la falange, se celebraron en Cáceres unas jornadas de acción católica, que dejaron impresas en su periódico (el Extremadura, por aclarar) frases propias de mujeres que probablemente hubieran vivido en Maltravieso. Una de ellas, una tal María de Madariaga, dijo: “Tanta culpa tienen de que no acabe la guerra las mujeres que cruzan las piernas como los cobardes camuflados en la retaguardia”.

La comisión gestora cumplía su papel a plena satisfacción de los armados, despachando los asuntos de trámite, al mismo tiempo que decidían sobre la “pureza de sangre” de funcionarios y empleados municipales que reclamaban, tras meses en el purgatorio de represaliados o en el frente (nacional, por supuesto), volver a sus puestos de trabajo o, también, alguno que sabían que estaba “vacante”.

Esos mismos miembros de la gestora, serviles a los sublevados, eran los que ordenaban el pago de las certificaciones que pasaba el contratista de las obras de la cruz y los que decidieron que las letras de las proclamas para resaltar en la misma fueran de bronce, en lugar de grabarlas en la piedra, y los que ejercieron de cajeros de las aportaciones “voluntarias” bajo el lema de “nobleza obliga” con las que pagar las delaciones de unos vecinos contra otros.

La “vida” municipal transcurría tal y como deseaban los militares traidores a la Constitución.

A mediados de abril, con la construcción de la cruz casi finalizada, ya sabían quién se iba a encargar de su inauguración y preparaban los honores que habría de rendírsele, con un programa de actos que incluían funciones de teatro.

Extracto del acta de la comisión gestora del ayuntamiento de Cáceres de 4 de mayo de 1938.

Pero como en una reunión de mediados de marzo dijo el alcalde encargado, todavía faltaba un acto público con el que hacer escarnio de las familias de los fusilados y enterrados en la fosa común del cementerio: entregar a los delatores los cuantiosos premios a los que se habían hecho acreedores por sus servicios prestados.

El 22 de marzo, el periódico de acción católica, portavoz de los asesinos, publicaba una reseña de la entrega de recompensas a los delatores, eso sí, sin decir quiénes eran, no eran tan valientes, ni ellos, ni los miembros de la gestora que pagaron con dinero de todos los cacereños a unos cuantos que señalaron a los que luego fusilaron los valientes militares y guardias civiles.

Vale.

La que nos ha caído a los demócratas y antifascistas con las derechas, muy de derechas, que nos gobiernan.

El 2 de febrero de 1938, la comisión gestora del Ayuntamiento de Cáceres (los peleles impuestos por los golpistas) acordó cambiar el nombre a la calle de la Libertad por el de Hermandad. El 15 de mayo de 2026, los causahabientes de aquellos miembros de la gestora y de los golpistas que los pusieron, presentaron un recurso de alzada contra la decisión del Gobierno de la Nación de retirar la “cruz de los caídos” de Cáceres. Los peleles de 2026, herederos de los ilegítimos de 1938, consideran que sus “argumentos” son válidos para proteger un símbolo fascista. ¿Podrían, de buen grado, los recurrentes con lo de la cruz, admitir que la calle Libertad vuelva a formar parte del callejero local?

Conviene, por contextualizar, transcribir el texto completo de 1938:

“Continúa la Presidencia proponiendo se sustituya el nombre de la Libertad, con que se designa la calle que existe entre las de Gómez Becerra y Gil Cordero, por la de la Hermandad, agregando que esta propuesta no es por que sea enemigo de la libertad, por que en la nueva España se ha de admitir, pero no en el concepto que antes se tenía de la libertad política que implicaba una tiranía hacía la voluntad del que mandaba, en cambio el concepto de Hermandad representa el espíritu que ha de orientar hoy en la nueva España”.

Los rejuvenecidos peleles consideran en su recurso de mano alzada al frente que la “cruz de los caídos ha consolidado la categoría de bien histórico ¿desposeído de su componente ideológico fascista a cuya mayor gloria se promovió?

En uno de los “argumentos” contra la resolución ministerial se señala que esa cruz forma parte de la “identidad” cacereña.

Si quieren hablar de identidad podemos hacerlo. De la identidad de quienes promovieron erigirla.

Vayamos por partes. El proyecto que redactó el arquitecto municipal es inequívoco, como se aprecia en los planos, y que se trata de una exaltación del sanguinario dictador. Los cacereños, en nuestra identidad, no podemos ni debemos consentir (ya han sido muchos los años) que un supuesto monumento erigido a mayor gloria del dictador forme parte de nuestra identidad.

Del proyecto del Arquitecto municipal para construir la cruz

Recogíamos al comienzo de este artículo una breve alusión al cambio de denominación de una calle, calle de la Libertad, porque en opinión de los gestores municipales tenía un componente político. Pues claro, ¿qué si no?

Los mismos gestores que no habían sido elegidos por los ciudadanos, si no designados por los militares sublevados contra el orden constitucional, debían sus puestos al dictador, y a su credo obedecían.

Además, en poco más de un meses antes habían mostrado no solo su adhesión al golpe militar, sino que habían asistido impasibles el ademán al fusilamiento de Antonio Canales, alcalde al que habían usurpado sus puestos, habían hecho hijo adoptivo al criminal Rada, responsable del terror desatado en nuestra ciudad en las navidades de 1937, habían convertido a los vecinos en delatores de sus propios vecinos a cambio de dinero, abriendo una suscripción pública, lo que en sí mismo ya era un acto de delación…

En un ambiente de terror se desarrolló el proceso de construcción de la cruz. El cambio de denominación de la calle de la libertad formaba parte del borrado de identidad del alcalde Canales, porque los gestores sabían y conocían que en el número 2 de la calle, se encontraba su casa, de una planta baja, su puerta de color rojo inglés desvaído, con un lateral fijo y doble hoja, arriba y abajo, por la que se accedía a un patio, con su parra…

Algo erigido en aquel ambiente no puede ser considerado sino una imposición y nunca formar parte de la identidad cacereña.

Vale.

En estos días se está hablando y escribiendo mucho sobre una «invasión» de coches chinos en España, sobre todo como plataforma de acceso al mercado europeo y sortear en parte los aranceles y restricciones que desde la Comisión Europea se colocan frente a los fabricantes chinos.

De hecho, se publican informaciones sobre cómo es esa invasión: aprovechan huecos dejados por algún fabricante, o instalaciones dejadas de utilizar hace poco. Incluso, coinversiones con fabricantes actuales. Nombres como Nissan, Santana, Figueruelas, Stellantis, Vigo, Valladolid… son los que sobrevuelan lo que parece inminente.

Por eso, en estos días recordamos la impactante información colocada por la prensa local y regional de fechas como la presente, pero del año pasado, cuando de la mano de un lobby representado por un abogado polaco y de un gobierno regional (los mejores, siempre son los mejores cuando «ellos» gobiernan) nos quisieron vender la «amoto» de un fabricante chino que buscaba por nuestras latitudes un sitio para asentar una fábrica de coches chinos. Incluso vendieron la moto de qué modelo sería, de que sería muy barato…

Aquella inversión de un país comunista en Extremadura no solo contaba con las bendiciones del gobierno regional, sino que el consejero más avezado en cuestiones tecnológicas, el consejero telefónico llegó a infiltrarse en el «our team» de la empresa china, posando ufano con directivos de la misma.

Ha pasado un año sin más noticias de aquellos maravillosos orientales que venían a motorizarnos. No se ha vuelto a saber nada de aquellos directivos chinos de la China comunista, ni de aquellos coches chinos pequeños, de aquellos cochinos, ni de motos ni tractores.

De aquellos chinos nunca más se supo.

Vale.