Archivos para terroristas

Se cumplieron el 22 de abril los cuatrocientos años de la muerte de Miguel de Cervantes… y pocas cosas han cambiado desde entonces en lo que respecta a los comportamientos humanos. La vigencia de El Quijote y la obra cervantina en general la vemos en que parece que se han puesto de moda frases quijotescas o sanchopancistas. Frases nacidas en la obra del escritor.

En la biografía de Cervantes hay un episodio, que abarca unos cinco años que van desde que fue apresado por una embarcación de piratas a su regreso a España junto a su hermano Rodrigo, hasta su liberación del cautiverio de Argel. En esos cinco años, tras ser capturado, fue vendido por los piratas a unos musulmanes que negociaban con la vida de aquellos de los que podían obtener buenos rescates.

En un primer intento, la familia de Cervantes se hipotecó de todos sus bienes para rescatar a sus hijos, pero como los dineros no daban más que para uno, Miguel optó porque fuera su hermano Rodrigo el liberado. Varios intentos de fuga posteriores fueron baldíos, hasta que unos monjes trinitarios consiguieron reunir el dinero suficiente para pagar su rescate.

Nada nuevo bajo el sol: guerra, piratas, secuestros… Seguimos igual que hace cuatrocientos años. Mientras que hay occidentales que pretendan realizar su trabajo en espacios de guerra entre facciones de la misma religión, seguirán siendo objetivo económico. Mientras que hubo guerras en el Mediterráneo entre ejércitos de religiones distintas, hubo quienes hicieron de la piratería y el secuestro un objetivo económico.

Nada nuevo bajo el sol. Los piratas de los siglos XVI y XVII se han transmutado en los grupos terroristas del siglo XXI. Aquellos usaban sus artimañas y sus armas para la obtención de beneficios económicos, estos usan sus capacidades para extender sus objetivos de terror a los países enemigos y para obtener beneficios económicos.

La liberación de tres periodistas españoles (Antonio Pampliega, Ángel Sastre y José Luis López) tras diez meses de secuestro/cautiverio, es una buena noticia, como lo fue la liberación de Miguel de Cervantes.

Nada nuevo bajo el sol. En el siglo XVI, en el siglo XVII, las órdenes religiosas eran las encargadas de negociar con los traficantes de seres humanos sometidos a cautiverio su liberación, pagando los precios que se pedían y buscando, como podían, poder reunir el dinero. En el siglo XXI, los servicios secretos de los estados occidentales son los que negocian, se diga o se niegue, la liberación de sus ciudadanos.

Negar que la liberación de rehenes occidentales capturados por grupos terroristas en las guerras de Irak, Afganistán, Siria, o en el África subsahariana, se consigue tras negociaciones muy difíciles, en las que se busca, sobre todo, preservar la vida de los cautivos, es negar la evidencia.

La grandilocuencia con la que muchos dirigentes occidentales afirman que nunca negociarán con terroristas es una manera de engaño. Y cuanto más grandilocuente es la negación de negociaciones, más débil es el dirigente que lo afirma. Los excesos son, muchas veces, una afirmación clamorosa.

La vida y la libertad de los ciudadanos de un país es un bien en sí mismo, que nunca debe estar sometido a precio: ni a pérdida de libertad ni a exposición a la muerte. Los estados son garantes de la vida y la libertad y deben poner, como hacen, esos derechos por delante de cualesquiera otros.

Nada nuevo bajo el sol. Los piratas de la época de Miguel de Cervantes son hoy los grupos terroristas, a los que se combate con inteligencia y capacidad.

Vale.

 

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El ministro ese de lo Anterior, Fernández Díaz, tiene la extraña cualidad de hacer coincidir a la mayoría de los ciudadanos: es un meapilas con glotis afinada. Su ministerio (en sentido político y como a él le gusta, sacramental) debería ser el de la tranquilidad, el de la solidez democrática.

Pero no. Su ministerio se ha impuesto con la Ley Mordaza para acallar cualquier intento de crítica a una gestión, la del gobierno de sociópatas encabezado por Mariano Rajoy. Un ministerio basado en la política de la represión. Le falta poner en marcha una brigada político social y conseguir resucitar el TOP, Tribunal de Orden Público. Lo tiene a dos reales decretos.

Pero no solamente es un sujeto que basa toda su política en transmitir, mediante su iniciativa legislativa, a los ciudadanos un sentimiento de culpa (en intentar que los ciudadanos nos sintamos culpables y terminemos aceptando su anomalía ideológica) más que necesitado de un análisis freudiano.

Ahora, en una entrevista publicada en el Diario La Grapa, no tiene otra ocurrencia que transmitir, tras el atentado en la playa de Susa, en Túnez, su miedo (su incompetencia) para que sea “compartido” por los españoles.

Dice Fernández del Séptimo Díaz que “el riesgo de atentado es alto y la opinión pública debe saberlo”. Españoles, dice aproximadamente el de la Secta del Opus, “vamos a morir todos”. O algo parecido. Eso en el titular.

Este ministro, que parece más amenazar que defender, debería haber añadido a su frase: “… pero el Gobierno garantiza, sin ninguna duda, la seguridad de los españoles”. Pero no, dice que la cosa está muy malita, que “estamos trabajando en ello”, pero que no tenemos ni repajolera idea.

Afortunadamente, los ciudadanos ya sabemos a qué atenernos con individuos que son ministros porque no valen para otra cosa. Claro que sabemos que hay amenaza terrorista, pero más amenazante es que quien tienen la obligación y los medios, que los pagamos con nuestros impuestos, se dedique a ofrecer titulares de portada a panfletos de sus aduladores.

Afortunadamente, los ciudadanos sabemos que los terroristas pueden atentar. O no. Y lo que necesitamos son certezas del gobierno, y no alarmas.

Es tan incompetente el ministro que trata de convencer al periodista que le dora con preguntas de salón, de que no sabemos si el atentado de Túnez contra un hotel de una empresa española buscaba atentar contra derechos españoles en la zona. O lo que es lo mismo, el ministro incompetente trata de hacernos creer que los yihadistas tienen una lógica de actuación comprensible a las mentes occidentales.

¿Cuántas veces hemos escuchado, y con razón, que los atentados terroristas solamente tienen la lógica del atentado en sí mismos y establecer un estado de alarma social? Pues esa es la lógica del atentado terrorista / yihadista de Susa, en Túnez.

Que el ministro se pregunte ante la pregunta mamporrera del escribano de turno si porque el hotel es de una empresa española, los yihadistas buscan atentar contra intereses españoles, es pretender hacernos creer que los terroristas tienen una coherencia en sus atentados (¿y cuándo es un suicida, qué coherencia hay?).

Es ahí, en la ignorancia (aparente) del opusdeísta Fernández Díaz, donde interviene el miedo: como no sabemos si los yihadistas quieren atentar contra intereses españoles, los españoles deben cagarse de miedo. Y la propaganda, la portada de La Grapa (ABC), es el anuncio fiel de la incompetencia ministerial.

Meter miedo no es una función de un ministro de seguridad. Un ministro de seguridad debe transmitir eso, seguridad. Pero cuando su programa máximo es infundir miedo en la población aprovechando un atentado terrorista, y, por otro, acallar por la fuerza coercitiva del Estado cualquier atisbo de crítica (Ley Mordaza) estamos en la espiral maravillosa que desde el poder lleva al fascismo, y desde la ciudadanía a la revolución democrática y a expulsar a los autoritarios del poder.

Los españoles no merecemos un ministro que meta miedo, mientras mete la mano en nuestros derechos y nos los roba en nuestras narices.

Vale.