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Continuamos con la transcripción del folleto de Joaquín Castel publicado en opciones expresadas en la página 5 de la misma publicación (ver entrada II de la presente serie).

Y muy interesante resulta conocer cómo el autor, que había dejado la farmacia de la que era titular para ejercer de concejal (con la suficiente merma de sus ingresos) y cómo los propios concejales del Ayuntamiento torpedeaban sus investigaciones, cómo no atendían sus peticiones, dando una muestra de lo que sin duda parece una actitud obstruccionista, tanto por la figura de Castel (un foránea) como por los avances técnicos y científicos que los trabajos del farmacéutico representaban.

Una vez resarcida la Empresa [del abastecimiento de aguas] del gasto de instalación de la fuerza motriz hidráulica, seguramente podría bajar á 15.000 pesetas anuales la subvención del alumbrado público y por otras 15.000 podría tener el Ayuntamiento una abundante distribución de aguas en calles y paseos, resultando al fin que por 30.000 pesetas á que se  ha comprometido por la luz sola, podría tener también las aguas, sin que la Empresa perdiera, sino que resultara con un beneficio mínimo de 8 por 100, y la Ciudad quedase verdaderamente mejorada.

Charca y Molino del Marco, antes de su rehabilitación para Espacio para la Creación Joven

Tal convicción tengo sobre los beneficios para Cáceres de este proyecto que solo en persecución de él acepté el puesto de Concejal renunciando mi titular de Farmacéutico; por él he tenido que sostener enojosas discusiones con algunos concejales al negárseme en distintas ocasiones los medios de comprobación, no para convencerme á mí mismo, sino para probarlos cuán equivocados están los que sistemáticamente ya de modo descarado, ya veladamente se oponen con tanta tenacidad á este proyecto, sin alegar otra razón que su ignorancia del asunto y la desconfianza en mis modestos trabajos; pero estoy dispuesto, á pesar de tatos desaires y tantos disgustos, á coadyuvar á su planteamiento en la medida de mis fuerzas.

De mis convicciones es efecto también el que al discutirse el reciente contrato del alumbrado eléctrico tratase de conseguir al rematante la obligación de instalar la central en el Vadillo y contribuir al proyecto de aguas, y si bien mis peticiones quedaron casi anuladas por la invencible fuerza del número, tengo todavía esperanza de que llegará día en que otros señores, con criterio distinto á los que hoy tienen á su cargo la gestión municipal, ampararán este proyecto que es de cuanto pueden aquí implantarse para transformar á Cáceres el más importante, el más trascendental y el más productivo.

Cada pueblo en sus evaluaciones progresivas debe ajustarse en primer término á los medios naturales de que disponga para no vivir de un modo artificial que siempre resulta muy caro, y si en Cáceres tenemos el ejemplo práctico y vivibles de que este pueblo se fundó y creció casi única y exclusivamente al amparo del agua del Marco, hoy las circunstancias aconsejan la transformación de su aprovechamiento, que sería la tercer ó la cuarta de las sufridas desde la fundación de Cáceres. ¿Por qué no aprovecharla basando en ella el porvenir económico é higiénico de la presente generación y algunas de las venideras?

Insisto en asegurar de la manera más terminante que este es el único proyecto puede dar á Cáceres aguas y alumbrado eléctrico en la forma más abundante y más barata, con la circunstancia de que el agua potable de él es la más pura y la más sana de cuantas existen en cuatro leguas de contorno. La fuerza motriz, siempre precisa, obtenida con el agua del Marco, haría resultar sumamente económica la elevación, así como el desarrollo de la corriente eléctrica del alumbrado desde luego, y quizás no esté lejano el día que base por sí sola para el alumbrado público y particular de la ciudad.

Todo lo que sobre aguas y luz se funde en Cáceres en otras bases, no puede dar más resultado en cuanto al Ayuntamiento, que gravar su reducido presupuesto de ingresos (adquiridos estrujando al pobre contribuyente en la medida máxima que toleran las leyes) con cargas enormes que le conducirían á la insolvencia en plazo breve, y en cuanto al vecindario obligarle á pagar por los servicios mucho mayor suma de la que debiera pagar, haciendo así más difícil la vida en esta pobre Ciudad , tan digna de mejor suerte y que ya á a pasos agigantados corre á la despoblación y á la ruina.

Opino yo, salvo el parecer de quien piense mejor, que la obrita de reembalse del Marco dados los resultados beneficiosos en alto grado que para Cáceres en general y los propietarios de la ribera en particular, se obtendrían con su ejecución, debiera desde luego declararse de utilidad pública y proceder al estudio y construcción á expensas del Ayuntamiento y algún auxilio de los propietarios beneficiados. De este modo el Municipio tendría alumbrado, aguas muy baratas para el servicio de los inverosímiles paseos que han dado en construir en los últimos tiempos sin que llegasen á serles, como de otro modo no puede menos, una carga insostenible su entretenimiento y se fomentarían en carca de un doble las producciones de la ribera que es el primer elemento de vida que tiene Cáceres.

La conducción, elevación y distribución de las aguas y en su caso el alumbrado eléctrico, podrían encomendarse á una Sociedad de Cáceres, ó de fuera y en la cual yo entraría con arreglo á mis pocos medios por el gran deseo que de la prosperidad de este pueblo siento.

Para terminar este bosquejo, por si resultase, como es posible, sermón en desierto, y si estas explicaciones no bastaran á disipar la idea de Chifladuras que sobre el fondo del asunto se ha procurado crear en contra mía, debo decir que me importará muy poco que cualquier erudito á la violeta ó cualquier notabilidad de similor [sic] opinen como tengan por conveniente, pues que la satisfacción de haber querido prestar á Cáceres un buen servicio leal y desinteresadamente me compensará siempre de todo lo que la ignorancia y la malicia en consorcio puedan inventar, y si alguien pudiera considerarse molestado, que consulte su conciencia y tenga en cuenta que hago constar con el higienista del cuento que

Á todos y á ninguno

Mis advertencias tocan, etc.

Cáceres 12 de Septiembre de 1896

Joaquín Castel

De las cuatro opciones recogidas por el propio Castel como las posibles soluciones para el abastecimiento de aguas á Cáceres, la referida a las fuentes de Castaño, Muesas, Valhondo y otras menos importantes agregables a la conducción, es la preferida del investigador. Se corresponde, además, con la opinión de Eduardo Hernández Pacheco, que ensalza en su desaparecido Informe de la Cuenca geológica de Cáceres el trabajo que, 30 años antes que él, había desarrollado Joaquín Castel, incidiendo Hernández Pacheco en las apreciaciones sobre el valle de Valdeflores.

Ahora, cuando se pretende destruir el paraje con una explotación minera salvaje a cielo abierto, los trabajos de Joaquín Castel y, posteriormente, los de Hernández Pacheco, constituyen, por sí mismos, elementos científicos que, junto con recientes estudios sobre la cuenca geológica, desmontan las “bondades” que la empresa minera del litio quiere vendernos con “estudios” hechos para su conveniencia, obviando el valor de la zona.

El Objetivo de Desarrollo Sostenible nº 6 obliga a las administraciones a llevarlo a la práctica, y al Ayuntamiento de Cáceres, además de la Confederación Hidrográfica del Tajo (Administración general del Estado) y a la Junta de Extremadura. Las AAPP están concernidas en el afloramiento, catálogo y análisis de todas las fuentes de obtención de agua, tanto para consumo humano (potable) como para todos los usos que sean necesarios para el mejor desenvolvimiento de la vida, y más en una ciudad que carece de río.

La ayuda para estas entradas que nos presta www.caceresaldetalle.blogspot.com es esencial, y creemos que pueden ser útiles, muy útiles, para dar a conocer la verdadera dimensión de los tesoros hidrológicos de la ciudad de Cáceres.    

Aguas de las fuentes de Castaño, Muesas, Valhondo y todas las agregables den la parte norte de la Sierra de la Montaña.

De las nivelaciones mandadas practicar  por el Ayuntamiento de Cáceres en el trayecto de Muesas al Vadillo, se desprende que todas las fuentes importantes de la parte Norte de las sierras de la Montaña y Milano que pueden ser conducidas en un canalizo al Puente de Vadillo, á cuyo punto llegarían con unos dos metros de sobre-nivel, deducido ya el desnivel de corrientes y con este dato á la vista, bien puede comprobarse que ese sobre-nivel de dos metros puede aprovecharse para recibir el agua en un depósito capaz para las horas que la maquinaria elevadora no funcione.

De los aforos que también se practicaron en diversas épocas y con asistencia mía, de varias fuentes de las que debieran formar esta conducción, se desprende también que si bien las principales en la época mínima y sin las obras que implicaría su encauzamiento dan solo litro y medio por segundo, en cambio llegan á 5 y 6 litros en invierno y primavera. De esto se deduce claramente que, si con el exceso de invierno y primavera se procurase á final de Abril tener lleno en Peña Redonda un depósito de 15 ó 20.000 metros cúbicos de agua elevada, para suplir la deficiencia de los manantiales en los cuatro meses de sequía, depósito que ya está medio explanado, se podría contar con una corriente media de 3 litros por segundo ó sea los 20 litros por persona y día que el máximum legalmente exigible por un pueblo en aguas potables. Esta cantidad podría duplicarse transigiendo con la idea de guardar en dos pantanos en Muesas y Valhondo las invernales y torrenciales y en este caso la cantidad obtenible se acercaría ya en una sola conducción y distribución á la que es legalmente exigible de agua para todos usos.

Cáceres. Vista desde el Cerro de la Buitrera.

Sin embargo, aunque la mayoría de las poblaciones que están abastecidas de agua han tenido que acceder á los pantanos de reserva para los estiajes, aquí con alguna razón se ha protestado del uso de aguas estancadas al aire libre, y hay un medio muy bueno de subsanar este inconveniente, y aunque en su ejecución resultase algo más caro, podría dar una dotación casi ilimitada de agua no potable después de obtener la potable.

Consiste en segregar del agua embalsada en el Marco una cantidad pequeñísima, unos 5 litros por segundo, y elevarla á un depósito gemelo de la potable de Peña Redonda con la misma turbina y tubería ascensora de la potable, trabajando a horas distintas y haciendo una distribución separada en calles, plazas y paseos. De este modo, con poco más del doble gasto que implicarían las expropiaciones y construcción de pantanos del primer caso, se podría establecer la red especial de la no potable, quedando la población surtida en exceso.

Lo ventajoso de basar en la fuerza hidráulica del Vadillo la elevación de aguas y alumbrado público, puede comprenderse con solo considerar que las 30.000 pesetas á que se obliga, según el último contrato, el municipio, podrían obtenerse, sin gastar carbón y con la economía que resultaría sólo en este artículo en el trabajo alternativo de elevación aguas y alumbrado por la turbina, en unos 68 meses quedaría reintegrado el gasto de unos 18 á 20.000 duros que costarían el muro de represa del Marco, acequia á nivel del cerro del Diamante, Vadillo ó Butrera, tubería del sato, turbina y expropiaciones de los once molinos de Marco á Vadillo.

El 12 septiembre de 1896, Joaquín Castel publica un segundo folleto, en el que desarrolla sus certezas y apreciaciones sobre el abastecimiento de aguas a la ciudad.

Con la inestimable ayuda del bloguero autor de http://www.CaceresalDetalle.blogspot.com, que me hace llegar los textos publicados por Castel, vamos conociendo puntos de vista, datos, imágenes y referencias de nuestra ciudad, y así, en el folleto de 12/09/1896, en la página 5  establece un índice de fuentes utilizables para el abastecimiento.

Es preciso recordar que en aquellas fechas Cáceres contaba con 14.000 habitantes.

Entrando en materia y circunscribiéndome por ahora al asunto del abastecimiento de aguas, objeto primordial de mis modestísimos estudios, voy á exponer brevemente los distintos proyecto en que  aquí se ha pensado para resolver el problema, enumerando las ventajas é inconvenientes de cada uno y las razones por que me fijé en uno determinado.

Descartando por imposible los de las aguas del Puerto de la Mezquita y de la Sierra de Montánchez, me ocuparé solo de los que se basan en una distancia corta de Cáceres, en cuyos contornos hay sobrados medios para llenar el deseado abastecimiento, y estos son cuatro:

1º. Aprovechamiento del agua de las Minas de fosfatos

2º. Idem id. de la mina Labradora.

3º. Idem id. de la cuenca Madrila-Hinches.

4º. Idem id. de las fuentes de Castaño, Muesas, Valhondo y todas las agregables den la parte norte de la Sierra de la Montaña.

Aunque Joaquín Castel descarta la posible traída de aguas desde Montánchez y el Puerto de la Mezquita, en 1917, el ingeniero de minas Leandro Pérez-Cossío plantea el abastecimiento desde esos dos puntos más la Charca de la Aceitunilla. Esta propuesta de 1917 tampoco prosperó. Vid. https://cercadelasretamas.com/2019/10/22/abastecimiento-de-aguas-a-caceres-desde-montanchez/

En un folleto publicado por Joaquín Castel el 16 de abril de 1895, Joaquín Castel, un aragonés viviendo en Cáceres, de gran formación científica, publicó un primer folleto en el que expresaba su propuesta para mejorar el abastecimiento de aguas a la ciudad, que entonces contaba con 14.000 almas.

He podido tener acceso tanto a ese folleto como a otros dos que desarrollan las opiniones y sus fundamentos sobre la realidad que el Sr. Castel compartió, sin mucho éxito, eso es cierto, entre la ciudadanía y las autoridades locales, gracias a un conocido y riguroso bloguero que publica sus pesquisas, descubrimientos y noticias bajo el título www.caceresaldetalle.blogspot.com, que recomiendo fervientemente seguir.

En esta primera entrada, se reproducen las tres últimas páginas del folleto “Influencia del Manantial del Marco en el desarrollo material de Cáceres”, publicado en 1895.

Donde se han suscripto fondos bastantes para construir una buena Plaza de Toros y un Circo de gallos, negocios ambos á cual más descabellado. ¿No se habría de conseguir reunir suscripción para un proyecto de tanto interés local y de producción quizás modesta pero segura?

Donde se han suscripto fondos bastantes para construir una buena Plaza de Toros y un Circo de gallos, negocios ambos á cual más descabellado. ¿No se habría de conseguir reunir suscripción para un proyecto de tanto interés local y de producción quizás modesta pero segura?

Solo se necesita buena voluntad en quienes deban asociarse directa ó indirectamente al pensamiento para la consecución del fin, pues que en los asuntos de utilidad de un pueblo la iniciativa nada puede hacer sin el concurso ajeno, pero si esa iniciativa es colectiva y unánime, lo vence y lo consigue todo.

Indicado ya mi proyecto á grandes rasgos, fáltame hacer algunas aseveraciones respecto de las aguas potable de posible conducción á Cáceres.

Es creencia muy extendida en Cáceres, hasta entre personas instruidas, pero que no se han tomado el trabajo de consultar el pluviómetro ni recorrer estas inmediaciones en diferentes épocas del año, como yo he hecho, que no hay aguas bastantes en estos contorno para surtir á la población.

A tal suposición puedo asegurar, como resultado de mis investigaciones durante varios años, que trayendo por un canalizo á nivel al sitio del Vadillo todas las aguas de las fuentes de la Umbría de la Montaña, con más la de dos depósitos de reserva en Muesas y Valhondo, las 14.000 almas de Cáceres podrían contar con un surtido de 40 litros por persona y día y por si como no es de esperar en mucho tiempo, la población aumentase, queda como ampliación la conducción al Vadillo y su elevación de las aguas de Jinches y todo esto sin perjuicio de quedar en el estado que hoy tienen las fuentes de Concejo, Fría, Madrila y Aguasvivas que hoy surten á Cáceres de toda la potable que gasta.

Pilar de Vadillo (actual)

Si de la lectura de estas líneas resultase el convencimiento general de la utilidad y posibilidad del proyecto y que el Excmo. Ayuntamiento encargase al Sr. Arquitecto municipal el estudio minucioso de la parte facultativa, levantando los planos y confeccionando  presupuestos, que es lo primero que se necesita, ó ya que se formase una Sociedad local basada en el acuerdo de los 11 molinos llamados a desaparecer, mi humilde concurso y mi óbolo en la medida máxima de mis pocos recursos restarían de parte de quien plantease el proyecto.

Mas si por el contrario solo logro la indiferencia y quizás el que se crea mis ideas son fruto de alguna aberración intelectual, me resignará á renunciar para siempre á lo que han sido y son mis sueños de mejora y prosperidad de la población que hace 20 años, elegí por mi patria adoptiva.

Cáceres 16 de Abril de 1895.

Joaquín Castel.

Históricamente, la Ribera del Marco, o el Río de la Madre, tiene su nacimiento en el rebosadero de El Marco, rebosadero o pozo del Calerizo más próximo a la ciudad de Cáceres. Una Ribera y un potente “mar” subterráneo que aglutina en su origen, sobre sus terrenos de superficie y subsuelo, la historia de la ciudad, de sus primeros pobladores ya en épocas del Paleolítico y Neolítico, como lo evidencian los todavía insuficientemente estudiados de El Conejar, Maltravieso o Santa Ana.

Esa Ribera, que conoció la romanización y conquista de los Romanos que llegaban a Norba Caesarina o Castra Caecilia por la Vía de la Plata, o los pueblos islámicos que cultivaron sus tierras ribereñas con acequias de riego, hasta el establecimiento de la comunidad de regantes de la Concordia, atraviesa en estos años una encrucijada: seguir siendo solamente la Ribera o constituirse, como le corresponde por derecho propio, en el manantial de agua que dé riego a la ciudad, que entronque su pasado con su futuro.

Así, a través del vigente Plan General Municipal, nos encontramos con las Área de Planeamiento Incorporado (API) 28-01, cuyo desarrollo y ejecución está llegando a su término, y con la 32-01, aún sin desarrollar, con el Programa de Ejecución aprobado en 2006 (no sé si sería ahora necesario actualizarlo). Estas dos APIs incluyen unos espacios como Equipamiento Genérico, que sumados y dados continuidad abarcan la Ribera, en una longitud de algo más de 3 kilómetros.

El desarrollo urbanístico pone a disposición del Ayuntamiento, a través de las Agrupaciones de Interés Urbanístico (antiguas Juntas de Compensación), los terrenos destinados a Equipamiento Genérico y, como es este caso, a zonas verdes. Unas zonas verdes que ya lo son, que necesitarán no mucha intervención de obra, sino de jardinería y cuidados de cultivos, plantas, arbustos y árboles frutales, todo ello con el murmullo del agua que corre curvándose entre las huertas.

En el Ensanche que el Arquitecto Pedro García Faría pretendía y propuso para la ciudad en 1922, estos terrenos, con más anchura que en la actualidad, se constituiría en Parque, que él denominó de Hernán Cortés, aunque cualquier nombre que quisiera poner será siempre la Ribera.

La delimitación por el Este de esta Ribera está marcada por el Camino Alto de Fuente Fría, que discurre desde la primera curva de la Carretera de la Montaña hasta el molino de aceite del Marco, ahora Espacio para la Creación Joven. Este camino, jalonado en algunas partes por cerramientos de parcelas, muchos de ellos mediante somieres, colchones y otros tipos nada estéticos, ha comenzado a variar, cuando los titulares de las AIUs de las APIs 28-01 y 32-01 han ido llegando a acuerdos con los hortelanos, y sustituyendo tan horrendos cerramientos por unas alambradas homogeneizadas, tras las que los hortelanos, al tiempo que siguen cultivando sus tierras, ya dicen que están en ellas de prestado, provisionales.

A medida que esta incorporación de los terrenos de EG se produce a las AIUs, a las que también pertenece el Ayuntamiento como administración actuante, sería muy interesante ir conociendo los espacios que más pronto pasen al Ayuntamiento e ir trabajando sobre ellos, sino físicamente, sí produciendo ideas, modelos, usos… que puedan incorporarse en un futuro próximo.

El desarrollo urbanístico derivado de los PGMs, y en especial del vigente de 2010, dotará a la ciudad de un espacio único, un espacio verde único, formado por higueras, zarzamoras, membrillos, olivos… en el que el correr del agua de la Ribera será, sin duda, una recuperación, por siempre, para la ciudad, para los cacereños.

Vale.

El 6º de los Objetivos de Desarrollo Sostenible es el agua. Bien preciado, como todo el mundo sabe. Las perspectivas, poco halagüeñas, que se manejan en la ONU y en diversos organismos de prospección, señalan una gravísima crisis en torno al agua para 2050, incluso, se señala que la próxima gran confrontación mundial será por su causa.

Tampoco las perspectivas climáticas para un futuro relativamente corto, señalan que España será uno de los países más afectados por la desertificación, que, sin el agua, avanzará rápidamente.

Históricamente, la ciudad de Cáceres ha debido atravesar crisis (cada vez más acentuadas a medida que la población va creciendo) por la ubicación en un espacio físico en el que no hay río. O al revés, quienes la poblaron lo hicieron sabiendo que la carencia de río sería un problema. Un problema que ha ido creciendo a lo largo del tiempo.

En estos momentos, en 2021, el abastecimiento de agua se circunscribe a poder recibirla desde un método de impulsión desde el río Almonte, afluente del Tajo, para complementar un embalse de los años 60, sobre el río Guadiloba, afluente del Almonte, afluente del Tajo.

La carencia de agua potable, o de adecuada potabilización recibida del pantano del Guadiloba o desde la impulsión desde el Almonte, supone un encarecimiento de tan necesario bien.

En 1927, un Informe (desafortunadamente desconocido para el autor de esta entrada), fijaba los caudales necesarios para 25.000 habitantes, incluso con capacidad para más, a extraer desde el acuífero de la Cuenca Geológica cacereña. El Informe, redactado por los catedráticos de la Universidad Central, Fernández Navarro y Hernández Pacheco, era esperanzador. Incluso, por el conocimiento del acuífero, centralizado en el espacio central, denominado El Calerizo, los datos de los redactores del informe señalaban su capacidad para el abastecimiento de Cáceres, situándolo, en sus debidas proporciones, a niveles similares a los que entonces necesitaban ciudades como Chicago y otras, en volumen de agua/habitante.

Los autores del Informe señalaban, además, la posibilidad real de incrementar los aforos de agua necesarios con las aguas que pudieran obtenerse del contiguo valle de Valdeflores, sobre el que había escrito a comienzos del siblo XX el farmacéutico Joaquín Castel.

Es decir, que ahora, con una población de la ciudad de Cáceres en torno a las 96.000 personas, una adecuada planificación del agua que pueden proporcionar tanto el acuífero central de la Cuenca Geológica, como las fuentes y pozos que se pudieran aflorar en el valle de Valdeflores, una parte de la ciudad podría ser abastecida para consumo humano, o bien, para usos tan necesarios como los regadíos de las huertas que jalonan el cauce natural de la Ribera del Marco, cauce que tiene su origen en el propio Calerizo.

Esa planificación, necesaria, ha de llevarse a cabo conjuntamente entre el Ayuntamiento de la ciudad y el organismo de cuenca, la Confederación Hidrogáfica del Tajo.

Disponer de un adecuado nivel de agua para regadíos, usos complementarios como riegos, como limpieza de la ciudad, etc., sería fundamental para no destinar a estos usos secundarios (pero necesarios), requiere poder contar con todas las fuentes posibles, cuidándolas, y eliminando cualquier actividad humana que pudiera contaminarlas o ponerlas en riesgo. Las aguas del Calerizo, las más inmediatas de obtención, más las fuentes y pozos existentes en el valle de Valdeflores que recogía Joaquín Castell en su estudio, han de tener, como en realidad tienen, el valor de aguas públicas.

El cumplimiento del ODS 6, Agua, por una ciudad que no tiene río, ha de realizarse forzosamente mediante los estudios y acopios suficientes de cara a cumplirlo con el horizonte del año 2050.

Cualquier agresión, cualquier uso de suelos y vuelos que pongan en riesgos esas aguas debe ser rechazado.

Vale.

La apertura de la Ronda Este-Sureste, que bordea la ciudad de Cáceres, está anunciada para mediados del mes de mayo. Una apertura que, cada vez más, crea en los futuros usuarios de la misma un cierto nivel de ansiedad esperando que su uso sea efectivo. Ya queda menos.

La Ronda, como es normal, ha tenido y tiene detractores, especialmente entre geógrafos y urbanistas (no todos), y también entre ecologistas. Es una parte del rechazo lógico cuando una infraestructura de este tipo se construye. Y probablemente alguna alternativa pudiera haber sido menos agresiva, a la hora de rectar un proyecto de este tipo.

Recuerdo, cuando se comenzó a hablar de construirla, que sería conveniente un túnel que solucionara el cruce con la carretera de la Montaña, cómo Don Marcelino Cardiallaguet (q.e.p.d.) era partidario del túnel, con la previsión de contratarlo para su ejecución con dos empresas y que cada una comenzara el túnel por una ladera. Y que, por supuesto, no se encontraran a medio camino. Así, por el mismo precio, tendríamos dos túneles.

La cicatriz en el paisaje (concepto que tanto gusta a ambientalistas y ecologistas) resulta evidente, por el volumen de la obra, pero, en mi opinión, los beneficios para el tráfico rodado compensarán esa cicatriz, suavizándola.

Y, por supuesto, lo que realmente la suavizará y hará que esta ronda pase a tener un buen atractivo para los cacereños será pasear por los carriles habilitados y tener una vista única de la ciudad, de la moderna y de la antigua, en toda su extensión, alzándose por la Ribera del Marco, el verdadero origen de Cáceres.

A lo largo de 2019, 2020 y 2021 he podido realizar alguna fotografía, paseando por la zona, y atrapar alguna imagen de las tierras rojas de las excavaciones hasta la visión, única, del nuevo Museo Helga de Alvear. Ni he podido dar todos los paseos que me hubiera gustado ni los que la prescripción facultativa me obligaba. ¡Qué se le va a hacer!

Vale.

IX 27 de diciembre de 1927

Terminamos nuestro modesto trabajo de divulgación con las conclusiones del informe a que venimos refiriéndonos.

Primera.- La cuenca geológica de Cáceres constituye un gran recipiente natural rodeado por pequeñas alineaciones montañosas de cuarcitas y pizarras silíceas, correspondientes al terreno llamado silúrico, excepto por el Oeste, donde en profundidad un borde pizarroso o granítico sostiene como un muro las aguas que puedan estar contenidas subterráneamente en la cuenca.

Segunda.- El fondo de la misma está constituido por pizarras arcilloso-silíceas del terreno denominado cámbrico (pizarras que afloran con cierta extensión en el centro de la cuenca, donde forman llanura).

Tercera.- Los bordes de la cuenca y su fondo son impermeables.

Cuarta.- En el interior de este gran recipiente natural se encuentra una gran extensión de rocas calizas, correspondientes al terreno devónico, las cuales, rodeando superficialmente y en profundidad a la zona central de las pizarras cámbricas, se hallan completamente fisuradas y con numerosos conductos y cavidades comunicantes entre sí, constituyendo un terreno que recoge y almacena las aguas meteóricas que caen dentro de la cuenta.

Quinta.- El borde de dicha cuenca tiene cuatro depresiones o sitios más bajos por donde manan y se vierten naturalmente las aguas acumuladas en el calerizo: El Marco, El Arropez, La Alberca y el de Santa Ana, los cuales brotan con muy poca diferencia de cota.

Las labores mineras han puesto al descubierto en ciertos lugares la masa de agua subterránea que hay en El Calerizo, la cual se acumula en los pozos, socavones y galerías de las minas; aguas que, elevadas artificialmente, son conducidas para el abastecimiento de la capital.

Sexta.- La cuenca de recepción del calerizo presenta una superficie que permite se almacene en su masa de caliza fisurada una cantidad de agua superior a las necesidades presentes y futuras de la ciudad de Cáceres, pudiéndose fácilmente satisfacer las necesidades actuales de la población sumando a las aguas que hoy recibe, parte procedente del manantial de El Marco, el más cercano y caudaloso de los cuatro antes mencionados que hay en el calerizo.

El informe, firmado por los ilustres geólogos Hernández Pacheco y Fernández Navarro, tiene la fecha de 30 de junio de 1927.

Continuamos con los artículos que el profesor del Instituto El Brocense y Director de la Escuela de Magisterio Julián Rodríguez Polo publicó en el Diario Nuevo Día a finales de Diciembre de 1927, tres meses después de que la Comisión Permanente del Ayuntamiento conociera el Informe que se había encargado a los catedráticos de la Universidad Central, Lucas Fernández Navarro, jefe de la sección de Mineralogía del Museo Nacional de Ciencias Naturales, y a Eduardo Hernández Pacheco, jefe de la sección de Geología del mismo Museo.

Hoy, incluimos los artículos VII y VIII, publicados el 24 y 26 de diciembre de 1927.

VII 24 de diciembre de 1927

La existencia de tales aguas en el interior del Calerizo se hace bien patente en las perforaciones, “tales como las canteras junto a la ermita del Espíritu Santo, con nivel constante de líquido a los 425 metros de altitud, pozo del Horno del Sapillo, a los 428; pozos y galerías de la mina Labradora, a los 423; galería del arrastre de la mina Esmeralda, a los 420, etc.”

Ya dijimos que tienen su salida natural por cuatro desaguaderos del embalse subterráneo, todos al mismo nivel próximamente; “el del Marco, sin duda el más potente, a 425 metros de altitud; el Arropez que riega extensa ribera de huerta, a 413 metros; el de la Alberca, también caudaloso, a los 430 metros; y el de la ermita de Santa Ana, a 420 metros, reducido actualmente [1927] a pequeñas charcas por causa de los trabajos en las minas de fosforita, que le han captado las aguas (las que aprovecha la “Empresa de aguas potables” que surte a la ciudad).

La cuenca de recepción de aguas meteóricas que hemos reseñado, comprende una extensión aproximada de 38 kilómetros cuadrados y la cantidad media de lluvia anual la cifran los ilustres geólogos en 500 mililitros. Una capa de un milímetro de agua sobre una superficie de un metro cuadrado, es un litro de agua. Decir, pues, que en un país la cantidad de lluvia al año es de 500 milímetros significa que caen 500 litros de agua sobre cada metro cuadrado del terreno.

Los señores Hernández Pacheco y Fernández Navarro hacen un cálculo de valores mínimos: dan por supuesto que las dos terceras partes del agua meteórica que recibe la cuenca se evapora directamente o es devuelta a la atmósfera por la vegetación (aun cuando lo estiman exagerado por exceso), y deducen que tan solo una tercera parte se infiltra en el terreno y descienda hasta quedar almacenada en el interior del Calerizo –ya es sabido que en tal terreno no hay corrientes por la superficie.-

38 kilómetros cuadrados -38.000.000 de metros cuadrados.

Y como cada metro cuadrado recoge la tercera parte de 500 litros, los 38 millones de metros cuadrado recogerán 6 millones y 333.333 kilolitros de agua -6 millones y 333.333 metros cúbicos, que forzosamente han de rebosar por las despostilladuras de la cuenca caliza, o sea por los nacimientos del Marco, Arropez, Alberca y Santa Ana, “esto en el caso de que no exista alguna vía subterránea de salida de aguas por alguna fractura tectónica del terreno, caso improbable, pues el reconocimiento geológico practicado no lo hace sospechar”.

Suponiendo que la población de Cáceres se eleve a 25.000 habitantes dentro de plazo breve, y que pudiera aprovecharse anualmente toda el agua que almacena El Calerizo, le corresponderían anualmente 253 metros cúbico y tercio a cada uno (sin contar las aguas procedente de los manantiales que brotan en las cuarcitas silúricas y que surten hoy a la población, o sea, 694 litros diarios.

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“Cantidad de agua diaria por habitante solo inferior a la del abastecimiento de Chicago y Roma, las ciudades mejor surtidas de agua del mundo; superior a la de Nueva York, Filadelfia y Montreal, que son también de las grandes poblaciones más dotada; más de cuatro veces la que reciben los vecinos de Londres o de Viena; casi cinco veces mejor que la de Lisboa; más de siete veces que en Varsovia y en Amsterdam; más de nueve que en Montevideo y más de diez veces que en La Haya”.

Y esto sin contar tampoco con otras captaciones que pudieran hacer en el valle de Valdeflores, “según las acertada ideas y nobles campañas del benemérito ciudadano don Joaquín Castell”, de que hablaremos el día próximo.

VIII 28 de diciembre de 1927

Los señores Hernández Pacheco y Fernández Navarro hacen notar en su informe, que “supone este caudal de agua almacenado, si saliera todo él por un sitio, un manantial superior a 200 litros por segundo”.

Y que “si la cantidad de aguas meteóricas almacenadas anualmente en los reservorios subterráneos del mismo calerizo y que sale al cabo del año por los manantiales, fuese la mitad de la caída de las nubes, o sea, 931 litros diarios, que representan un caudal de 296 litros por segundo”. Y añaden: creemos que estas últimas cifras son más aproximadas a la realidad.

Los aforos de los grandes manantiales citados, que dan salida material a las aguas del calerizo, podrán determinar, juntamente con el cálculo de la que se extrae por las minas y otros pozos abundantes, “tales como el del Horno del Sapillo, cuál es el cauce efectivo con que se cuenta –dicen los insignes geólogos-, el cual, en todo caso, será suficiente para el abastecimiento de las necesidades actuales y futuras de la población de Cáceres y para los regadíos que las huertas inmediatas a la capital necesitan”.

Reconocen los citados señores en su informe “que no es empresa fácil recolectar y conducir a la capital el agua total del Calerizo”, y agregan: “ni hay de ello necesidad, pero se comprende contando con tan abundante caudal es factible dentro de los actuales medios económicos del municipio cacereño recoger la que se crea necesario, quedando siempre un sobrante para necesidades del futuro”. Para dicha operación, estiman conveniente, si el Ayuntamiento de Cáceres se decida a aumentar el caudal aguas que actualmente recibe la ciudad de la cuenca devónica (terreno calizo), efectuar los aforos a que antes nos hemos referido, y realizar también una nivelación de precisión de los desagües naturales, pues hacen constar que los datos anotados en su informe, deducidos de observaciones barométrica en campaña, no pueden ser más que aproximados.

Terminábamos ayer diciendo que, según los señores Fernández Navarro y Hernández Pacheco, son posibles también otras captaciones en el valle de Valdeflores, “según las acertadas ideas y nobles campañas del benemérito ciudadano don Joaquín Castell, ya difunto”, y al que es tiempo –dicen también los ilustres informantes- se le haga la debida justicia y la exaltación que merece su memoria.”

No conozco yo –y deseo conocerlo- el folleto que, según me han dicho, publicó dicho señor Castell, cuyas prendas inmejorables de corazón y de talento son notorias. Pero, por los fundamentos científicos en se apoyan los autores del informe a que venimos refiriéndonos, supones que el señor Castell coincidía con las ideas que en dicho informe se sustentan, y que nosotros venimos a condensar.

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Rodeando externamente a las sierras que forman los bordes de El Calerizo, se extiende la dilatada planicie de suelo pizarroso cámbrico hacia el Norte, Este y Sur, “en la que destaca como una isla el pequeño territorio montañoso de la capital”. Estos terreno, como las cuarcitas del silúrico, sufrieron al final de la era paleozoica empujes orogénicos que determinaron intensos fenómenos de plegamiento, dando los siguientes resultados: los estratos de cuarcitas, primitivamente horizontales, se dispusieron con fuertes inclinaciones cercanas a la vertical, de buzamiento hacia del NE (como en la Sierra de la Mosca, del Milano, del Risco, etc.), quedando las cuarcitas (material tan poco plástico) fragmentadas según planos (diaclasas) que corresponden a dos direcciones o sistemas principales; mientras  que en las pizarras cámbricas, más plásticas, no se produjeron diaclasas o fisuras en dirección determinada y constante que fuesen camino de las aguas subterráneas, por lo cual las filtraciones de lasa cuarcitas, superpuestas a las pizarras cámbricas, se detendrá al llegar a éstas, que son impermeables, por su naturaleza arcillosa.

Y como de los sistemas de diaclasas en las cuarcitas del silúrico, el dirigido hacia el NE ofrece a las aguas el camino más fácil –la experiencia lo confirma- que los manantiales más potentes y numerosos de la Sierra de la Mosca brotan hacia el valle de Valdeflores, mientras que son escaños y menos potentes los que desaguan hacia El Calerizo, que se pierden en la masa esponjosa de caliza.

Cáceres puede contar, puede contar, pues, en sus cercanías, además de las fuentes que utiliza y que brotan de las cuarcitas silúricas; no solo con las aguas que el calerizo encierra, sino con las excelentes que pudieran reunirse de los actuales nacimientos y nuevas captaciones en el valle de Valdeflores, dicen los informantes.

Terminaremos, Dios mediante, mañana, dando noticia de las conclusiones del informe.

Continuamos con los artículos que el profesor del Instituto El Brocense y Director de la Escuela de Magisterio Julián Rodríguez Polo publicó en el Diario Nuevo Día a finales de Diciembre de 1927, tres meses después de que la Comisión Permanente del Ayuntamiento conociera el Informe que se había encargado a los catedráticos de la Universidad Central, Lucas Fernández Navarro, jefe de la sección de Mineralogía del Museo Nacional de Ciencias Naturales, y a Eduardo Hernández Pacheco, jefe de la sección de Geología del mismo Museo.

Hoy, incluimos los artículos V y VI, publicados el 22 y 23 de diciembre de 1927.

V 22 de diciembre de 1927

Los terrenos que constituyen la cuenca geológica de Cáceres, pertenecen a uno de estos sistemas diferentes: granítico, cámbrico, silúrico y devónico.

El nombre del primero se deriva de su estructura; el segundo se denomina de tal modo, por la antigua Cambria, en el País de Gales; idéntico al cual y de la misma época paleozoica es el de Cáceres; el nombre de silúrico proviene del país de los antiguos siluros (pueblo celta), en el Oeste de Inglaterra; y devónico, del condado Devon, en la misma nación también.

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Forma el silúrico todo el contorno de la cuenca por el Norte, Este y Sur, y también por NO y SO, siempre en pequeñas sierra de relieves áspero, que son divisoras de aguas. La roca dominante es la cuarcita, que integra todas las sierras que bordean la cuenca del Calerizo; Sierras de la Mosca, del Risco, Sierra de Fuentes y Collado de Torre Orgaz por el Este; la sierra Lagartera, Cerros del Arropez, Puerto del Trasquilón, Sierra de Santa Ana y Cerro de los Romanos por el Sur; y la colina sobre la que está edificada la capital y los cerros inmediatos por el Norte y el NO.

Los granitos limitan por el Oeste la cuenca geológica de Cáceres, y corresponde al manchón eruptivo que se extiende por Arroyo. Es un granito de grano grueso, que en su contacto con la cuenca del Calerizo sirve para contener las aguas, que llenan los huecos y fisuras de la masa caliza; el granito desciende a profundidad indefinida; su formación es inferior a los otros terrenos, que son sedimentarios.

El cámbrico, constituido uniformemente por pizarras con más arcilla que sílice, ocupa en general posición extrema del silúrico, formando por fuera del perímetro de la cuenca la extensa llanura ondulada hacia la Sierra de San Pedro (Campos de Cáceres) y territorios entre Cáceres y Trujillo; estratigráficamente son estas pizarras inferiores a la formación silúrica, y por eso pueden reaparecer en el interior de la cuenca, formando una alargada llanura, que atraviesan parcialmente a lo largo las carreteras de Medellín y Mérida.

El terreno devónico, constituido casi exclusivamente por caliza, es el Calerizo propiamente dicho, formando una amplia zona en forma de herradura irregular, de ramas desiguales y en sus extremos ensanchados. En el borde exterior del arco de la herradura está edificada la ciudad de Cáceres, toda ella en el silúrico –y lo dijimos antes-. Y una estrechísima faja de pizarras y areniscas rojas del mismo terreno devónico se intercala, en cuña, entre las dos ramas del calerizo, rocas que afloran junto a la caseta del paso a nivel de la vía férrea por la carretera de Cáceres a Mérida.

Resulta, pues: las pizarras cámbrica, que yacen debajo de todos los demás terrenos estratificados, forman el fondo impermeable de la cuenca; el contorno está formado por la cintura de sierras silúricas y por el granito que hay en el Oeste; y las calizas devónica, que llegan a montar en las ladera de la sierra, yacen las cuarcitas, que a su vez son superiores (como dijimos antes) a las pizarras cámbrica.

La cuarcita es insoluble, por estar formada de granos de cuarzo y, como el granito, impermeable; el terreno cámbrico, por la naturaleza arcillosa de las pizarras que  lo integran, también es impermeable como los productos de su de su descomposición, en todo caso arcillas.

Y como los empujes orogénicos que fragmentaron las cuarcitas no produjeron en las pizarras diaclasas o fisuras en dirección determinada y constante que fuesen camino de las aguas subterráneas, las filtraciones de los materiales rodos (calizas o cuarcita) superpuestos a las pizarras cámbricas se detendrán al llegar a éstas.

La caliza cristalina, marmórea, de masa sólida y coherente, constituye, en cambio, la roca más adecuada para dar paso a las aguas, como explicaremos otro día.

“Si antes comparamos –dicen los señores Fernández Navarro y Hernández Pacheco- la cuenca geológica de Cáceres a una vasija de fondo y paredes impermeables, podemos decir, siguiendo el símil, que la masa rocosa que constituye el calerizo debe compararse a una esponja dentro del recipiente; el agua que cae sobre la esponja queda rellenando huecos, y el fondo y las paredes permiten su salida”.

Como si un vaso tiene cuatro mellas en su borde, y al llenarlo de agua se vierte por dichas mellas, así por cuatro desaguaderos del embalse subterráneo, que originan potentes manantiales, dos de los cuales mantiene importantes y extensos regadíos, tiene salida el agua constantemente rebosantes: El Marco, El Arropez, la Alberca y Santa Ana.

Es sencillísimo y conduce a resultados asombrosos el cálculo de agua que el Calerizo encierra: en otro artículo, más corto que éste hemos de exponerlo.

VI 23 de diciembre de 1927

Las calizas marmóreas –así es casi toda la de El Calerizo-, de masa muy coherente, constituyen las rocas más adecuadas para dar paso a las aguas. En porciones destacadas del conjunto, son totalmente impermeables; pero por la fragmentación natural que presenta en su conjunto, pues que tiene fisuras y diaclasas de todos los tamaños, ensanchadas constantemente por la acción disolvente de las aguas, que forman cavernas y conductor tortuosos laberínticos, la caliza devónica queda convertida en una esponja, con los huecos parcialmente ocupados por arcilla roja, producto de la descalcificación del suelo, como se observa por todas partes en el calerizo cacereño.

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“Como ejemplo de cavernas abiertas en la superficie puede citarse la Cueva del Conejar, inmediata al nacimiento de El Marco, habitada por el hombre de los tiempos prehistóricos, germen de la población cacereña en las remotas épocas del neolítico, agrupación humana que surgió al amparo del potente manantial de El Marco”.

Las cavidades internas quedan puesta de manifiesto por causa de las labores en las minas de fosfato: vacías si corresponde a niveles altos, y ocupada por agua si se hallan en niveles bajos.

Los conductos sinuosos, los espacios vacíos y los ocupados parcialmente por bolsadas arcillosas de descalcificación, y en general la estructura esponjosa de la masa caliza, se ve al examinar las trincheras de la vía y de las carreteras o lo socavones de las muchas canteras de piedras para cal.

“Las acciones orogénicas que comprimieron y plegaron todo el conjunto de terrenos que venimos estudiando, al actuar en un material tan poco plástico cual la caliza cristalina del Devónico, la fracturaron y plegaron y dislocaron en múltiples fisuras, grietas y diaclasas, que son camino de las aguas a través a través del Calerizo, y recipientes donde se acumulan en grandes cantidades.”

Se origina así una importante cuenca de recepción pluvial, con un embalse subterráneo en la masa del terreno calizo, embalse de fondo impermeable, constituido por las pizarras cámbricas, y de paredes también infranqueables, formadas por las cuarcita del Silúrico en todos los rumbos menos en el borde occidental, donde el granito es la roca que también contribuye al asilamiento de las aguas de la cuenca subterránea.

La presencia de tales aguas en el interior de “El Calerizo” es bien manifiesta en las perforaciones que por cualquier causa en él se han hecho, como diremos otro día.

  • NOTA: En el artículo anterior se demostraba que el fondo y las paredes de la cuenca geológica de Cáceres son impermeables, y se decía que el agua caída sobre El Calerizo “queda rellenando los huecos la masa caliza “ y el fondo y las paredes permiten su salida. Lógicamente, debía terminar el párrafo diciendo “y el fondo y las paredes NO permiten su salida”.