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El periódico satírico independiente MALVAS Y ORTIGAS, que dirigía Enrique Montánchez, publicaba el 10 de diciembre de 1904 un texto, extraído de Noticiero Extremeño, que glosaba la carta de un reo condenado á muerte, sin que se citara al autor de la misma ni los hechos por los que hubiera sido condenado. Sin embargo, parece relevante saber que, mientras unos reos, o, especialmente, un reo condenado a muerte era para quien se movilizaban las fuerzas “vivas”, dejando de lado su interés por otros condenados a la misma pena.

Cabecera de MALVAS Y ORTIGAS. 10 de diciembre de 1904.

“Ante el cadalso

Acabamos de leer la carta que dirige uno de esos desgraciados que esperan la hora suprema en la cárcel de Cáceres, dirigida á unos caballeros oficiales, antiguos superiores suyos y queridos amigos nuestros.

Siempre impresionan hondamente estos documentos en que se estampan las ideas de aquellos hombres que sienten escapar la vida de sus cuerpos sanos y robustos.

Pero confesamos que la impresión que nos ha causado esta carta ha sido excepcionalmente dolorosa.

No se trata de uno de esos lacrimeos desalentados que retratan el terror y el ansia con que un alma culpable, pero cobarde y débil, se quiere así á los girones de la vida para conservarla, aun mutilada por la ley y la opinión pública, en la libertad y en la honra.

Más bien parece la queja honda y amarga del que sin pena desaparecer una vida huérfana de honra y libertad, pero que sólo siente perderla, porque con ella desaparece la última esperanza de que algún día la muerte hiciera desaparecer las brumad que, condensadas hoy por la crueldad de conjuradas coincidencias, han cubierto de oprobio su nombre, atrayendo sobre su frente una sentencia tremenda.

No hay en ella acusaciones airadas contra los jueces que condenaros, sino contra la suerte adversa que hubiera deparado la ocasión de comparecer ante sus ojos en uno de esos tristes momentos en que la justicia humana no fuera infalible.

No conocemos las circunstancias del delito y desde nos inspira gran confianza la rectitud de conciencia de los jueces que fallaron en el juicio.

Pero hay tal autoridad en las frases que se formulan en las proximidades de la muerte, y es tal el terror que inspira el alma lo irrectificable de esta pena, que no puede evitarse, ante estos acontecimientos, la tendencia torturadora á pensar en las limitaciones de los hombres y la fabilidad de sus juicios.

Pero eso, sin duda, han puesto las leyes en las manos soberanas del primer magistrado de la Nación, la facultad de detener la espada de la ley aun en el momento mismo de levantarse para asestar el golpe.”

La campaña realizada a favor de los reos Agustín de la Calle y Deogracias Martín dio sus frutos, sin duda porque los peticionarios volcaron sus esfuerzos especialmente en uno de ellos, de manera que su aparente indefensión (considerar que solamente fue condenado por pruebas indiciarias), llevaría al Ministerio de Gracia y Justicia a valorar su situación, y ello constituía su mayor fuerza a la hora de proponer al rey el indulto. De hecho, en el propio Real Decreto se cita que en el caso de Agustín de la Calle no se dieron, en el juicio y se volcaron en la sentencia, las agravantes que sí se apreciaron en Deogracias. Pero, dado que el ejerció del derecho de gracia tiene que tener la apariencia de igualdad, la firma del rey reconoció que ambos reos actuaron siguiendo sus bajas pasiones políticas.

Así, el día 13 de enero de 1905, la Gaceta de Madrid (el actual Boletín del Estado) incluía en su primera página el Real Decreto por el que se concedía la conmutación de la condena a muerte por la pena de cadena perpetua para ambos reos.

Gaceta de Madrid. Real Decreto de Indulto. 13 de enero de 1905.

Vale.

El mismo periódico, El Noticiero, continuaba informando en su edición del 5 de diciembre de 1904, las gestiones que el abogado de la acusación particular, José Ibarrola, realizaba tras recibir el escrito de la viuda del asesinado maestro de Casas del Castañar, en la que se mostraba partidaria de acceder al indulto.

Inmediatamente el Sr. Ibarrola redactó y remitió con carácter urgente estos dos telegramas.

Presidente Consejo Ministros

Madrid

Debidamente autorizado por Doña Encarnación Guillén, esposa del maestro asesinado en Casas del Castañar, imploro en su nombre clemencia y pido indulto de Deogracias Martín y Agustín de la Calle.

El Abogado de la Acusación,

JOSÉ IBARROLA MUÑOZ

Excmo. Sr. D. Miguel Muñoz.

Senador.

He conseguido de la viuda del asesinado que pida indulto telegrafío ahora mismo al Presidente del Consejo de Ministros.

IBARROLA

¿Comentarios?

Hecho de esta índole no los pueden tener sin que los empequeñezcan.

Una viuda perdonando á los asesinos de su esposo, bien merece que para coronar tan hermosa obra un Gobierno aconseja queda, indulte á esos dos desgraciados.

Y así no será para Doña encarnación solo el día feliz, disfrutaremos de él los perdonados, los que perdonan y los que por el perdón nos interesamos.

En la misma primera página del ejemplar del lunes 5 de diciembre de 1904 insertaba el mismo medio la siguiente información.

GESTIONANDO UN INDULTO

Continúa activamente las gestiones a favor de los desgraciados reos del crimen de Casas del Castaña, complaciéndonos hoy en insertar la carta dirigida por Hilario Calle á su representante en la vista del juicio, D. José Ibarrola Muñoz que telegráficamente le pidió su autorización y el telegrama que el último dirige al Presidente del Consejo.

He aquí uno y otro documento.

Casas del Castañar 4 Diciembre

Sr. D. José Ibarrola

Mi distinguido amigo: Me entero de su telegrama y le autorizo para que en mi nombre pida el indulto, deseando además haga cuanto pueda por conseguirlo.

Sebe V. es suyo afmo.

HILARRIO CALLE

Presidente del Consejo de Ministros.

Mi defendido Hilario Calle, á quien se intentó asesinar y resultó gravemente herido en Casas del Castañar, implora por mi conducto perdón reos.

JOSÉ IBARROLA MUÑOZ

Sigue a continuación El Noticiero informando de las gestiones que se realizan para la consecución del indulto.

Ayer se recibió un telegrama de la Comisión, que hoy corroboran los periódicos de Madrid, en el que se da cuenta de la entrevista habida con el Sr. Maura y la promesa hecha por éste de que el Consejo de Ministros examinaría nuevamente la causa, encargado de su estudio á otro compañero, que probablemente será el Sr. Rodríguez Sampedro.

El crimen de Casas del Castañar y el recorrido judicial que tuvo el sumario, con el procesamiento, recursos y sentencia a la pena de muerte, concitó el interés de “la prensa de Madrid”. También las gestiones para la petición del indulto, que se intensificaron en los primeros días de diciembre de 1904, aunque fuera n referencias breves de la gestión de la Comisión creada al efecto, incluida la noticia de que fuera recibida por el rey. Periódicos como El Día y El Imparcial, entre otros, fueron esos “periódicos de Madrid” que dedicaron algún espacio al asunto.

Cabeceras de EL DIA y EL IMPARCIAL. Madrid. 1904.

Así, El Imparcial incluyó en su edición del 6 de diciembre, una crónica de su corresponsal.

REOS DE MUERTE

POR TELÉGRAFO
(DE NUESTRO CORRESPONSAL)

Petición de indulto

Plasencia 4 (9 de la mañana).

Todo el país del Valle y Vera de Plasencia, y hasta la provincia entera de Cáceres, espera con ansiedad el indulto de los sentenciados á muerte Agustín de la Calle y Deogracias Martín, del pueblo de Casas del Castañar.

La tristeza se ha apoderado de todos los espíritus al considerar que puede ser ejecutada la sentencia, especialmente en la persona de Agustín de la Calle que fue condenado como inductor y solo por prueba indiciaria.

Toda esta comarca conoce el proceso y por esta circunstancia pide á voces que el gobierno fije su atención en este caso concreto de Agustín de la Calle, porque no se habrá dado un casi ni se volverá á dar, en que por indicios se lleva al patíbulo á un hombre de honrosos antecedentes.

Esta región se halla alarmada con las noticias comunicadas hace días, pero no duda que el atenderá la justicia de la petición del indulto siquiera sea solamente para Agustín.

Así lo pide el pueblo de Casas del Castañar, víctima del caciquismo, y así lo pide toda la región, pues bien pudiera haberse cometido un error, que después de cumplida la sentencia, sería imposible reparar.

La ciudad de Plasencia ha enviado á Madrid una importante comisión á impetrar la gracia de indulto.- Corresponsal.

[No hay que olvidar que en el juicio solamente se conocieron intereses políticos de Agustín de la Calle, que deseaba ser Secretario del Ayuntamiento y que su padrastro fuera nombrado médico titular del pueblo, por lo que debería pertenecer a una familia con ascendencia en la política local, en tanto que de Deogracias Martín, ejecutor del disparo, no se apreció inclinación política alguna en todo el proceso, si nos guiamos por las crónicas de prensa.]

Vale.

En anteriores entradas, tres en concreto, trasladé a esta web la publicación en El Diario de Cáceres del año 1903 las crónicas de las sesiones celebradas en la Audiencia Provincial que vio, con jurado popular, el llamado “Crimen de Casas del Castañar”. Dichas vistas terminaron con el veredicto del jurado popular que apreció culpabilidad en los dos acusados y con la sentencia final del tribunal de derecho condenándolos a la pena de muerte.

Un año después, cuando la ejecución de la sentencia se había determinado, y la horca esperaba a los condenados, se iniciaron los trámites para que por el Rey se les otorgara el derecho de gracia, y la pena de muerte les fuera conmutada, mediante decreto de indulto, por la cadena perpetua.

En El Noticiero, diario de Cáceres, de 5 de diciembre de 1904, encontramos las informaciones que sobre la petición de indulto se iban conociendo. Y ello, según el mismo periódico, por tratarse de un asunto en el que existía pleno consenso social. Así lo contaba El Noticiero.

Cabecera de El Noticiero. 5 de diciembre de 1904.

Siempre fué motivo de satisfacción para las almas nobles perdonar á los que ofendieron, pero hay momento en que la ofensa toca ciertos límites que hasta el alma más templada vacila, aunque de su perdón pudiera depender la suerte de sus semejantes.

Al pié del cadalso infamante hemos visto todos que están dos desgraciados, reos de un asesinato que la sociedad no podrá perdonar jamás. La más terrible pena impuso la Justicia humana á los autores y su ejecutor se dispone á cumplir la horrible sentencia.

Ante circunstancias en las que se ventilaba la vida de dos hombres, todos temblamos y sin darnos cuenta de ello un grito expontáneo se escapaba de los labios pronunciando la hermosa palabra ¡Perdón!

Todos en ello hemos estado de acuerdo; para pedir el indulto de esos desgraciados no ha habido banderías, partidos, ideas políticas, etc., nada de eso que separaría y separa del camino de progreso por donde debemos enderezar nuestros pasos, no ha habido más que corazones que han sentido uno de los más innatos sentimientos, el de la humanidad.

Ante el terrible drama que se avecinaba, en el que á sangre fría, una mano ni amiga ni enemiga de los malhechores, había por ministerio de la Ley de arrancarles la vida, todos nos pusimos en movimiento y en él continuamos por todos los medios que estén á nuestro alcance, que la regia prerrogativa se ejerza una vez más arrancando dos vidas al verdugo.

Esto es honroso, esto es grande, esto es también lo natural. Al fin y al cabo cumplimos con un deber perdonando en nombre de la sociedad á quienes personalmente no nos han ofendido, solicitando el indulto para aquellos que á nosotros no nos han causado ningún perjuicio positivo.

Pero hoy registramos un hecho más grande, más sublime y en el que realmente el comentario, la alabanza empañaría su grandeza, solo expresada con la elocuencia con la relación escrita del hecho.

Para todos es sabido que la acusación en la vista de la causa en que ambos reos figuraban como protagonistas, la sostuvo nuestro particular amigo el elocuente criminalista D. José Ibarrola.

Fundamentadas razones debió alegar el joven abogado, corroboradas por el sumario, cuando los tribunales apreciaron que los acusados eran merecedores de la terrible pena á que están condenados.

Pero tras el cumplimiento concienzudo del deber profesional, había de venir forzosamente el de hombre humanitario y caballero perfecto, y los hechos han venido á denunciarlo de una manera elocuente.

En la mañana de ayer, el Sr. Ibarrola mandó a doña Encarnación Guillén, viuda del pobre maestro D. Fernando Ramos, asesinado en Casas del Castañar, la siguiente carta.

Sra. Dª Encarnación Guillén Guerra

Muy señora mía: Como usted sabrá, están próximos a ser ejecutados los matadores de su difunto esposo D. Fernando Ramos (q.e.p.d.) Agustín de la Calle y Deogracias Martín Garrido. Creo realizará usted un acto hermoso de caridad cristiana pidiendo el indulto de esos infelices, que cometieron horrendo crimen, están ya arrepentidos de lo que hicieron, y sin necesidad de que los ahorquen, sufrirán en prisión perpetua el castigo de sus culpas.

Yo, que fui su abogado defensor [acusación particular], le ruego encarecidamente que lo haga, sirviéndose usted de ponerme cuatro letras á continuación para que en su nombre implore sin pérdida de momento su indulto y su perdón.

Contésteme con el dador y queda á sus órdenes su abogado y afectísimo servidor q.b.s.p.

JOSÉ IBARROLA MUÑOZ

Á tal misiva, la viuda del infortuna D. Fernando Ramos, contestó lo siguiente

Arroyo del Puerco 4 de Diciembre

Sr. D. José Ibarrola

Muy señor mío: Veo con gusto el gran interés que se tenía por los reos que dieron muerto á mi querido esposo (que en paz descanse).

Yo con el mismo gusto que Vd. deseo perdonarlos, alegrándome estemos en perfecto acuerdo sin haber tenido conversación ninguna respecto á este asunto. Por tanto hoy es un día feliz para mí, en perdonar la vida á esos dos hombre que tanto daño me hicieron.

Sin otro particular sabe me tiene á sus órdenes y es su segura servidora que b.s.m.

ENCARNACIÓN GUILLÉN GUERRA.

Vale.

Quinta sesión.

Continúa el Sr. Rosado

Continuando su informe el señor Rosado dice que el Pedro tiene obsesión con la familia del Agustín de quien no espera más que todo lo malo y ocupándose de la Guardia civil dice que cuando merezca plácemes bueno es que la aplauda, pero que cuando merezca censura debe censurársela. (El Fiscal y el acusador privado piden que conste en acta las palabras del Abogado).

Ocúpase luego el Sr. Rosado de lo que se refiere al adulterio de María Talavera y dice que nada tiene de extraño que el Deogracias no se defendiera ni cometiera del Hilario cuando el padre de este era Juez y Alcalde y todo en el pueblo de Casas del Castañar.

Habla luego de las declaraciones de la mujer del Deogracias que no debe tener ningún valor porque son falsas y reclama dirigiéndose a los jurados “¡arrojadlas por inútiles é impuras á donde se arroja lo impuro e inútil!”

A continuación, hace ver á los jurados que sel Salguero, uno de los que dijeron que oyó la conversación del Agustín con su madre á quince metros de distancia, es sordo (¡) y termina su discurso diciendo á los individuos que compone el tribunal popular que dicten un veredicto de inculpabilidad para su defendido sin el temor de cometer una injusticia, pues de otro modo lo que únicamente harán será quitar de en medio un estorbo que dificulta los planes de un burgués acomodado.

Transcurridos cinco minutos que el presenta dá de descanso, toma la palabra

El Sr. Herreros

El defensor del Deogracias con una calma admirable y en un tono frío y severo, empieza su discurso razonabilísimo diciendo que todos las pruebas conocidos llevan al conocidas llevan al conocimiento de que la María Talavera faltó á sus deberes de esposa entregándose en brazos de su amante Hilario de la Calle y excitando los delos y la venganza de su esposo Deogracias Martín.

Dice que los jueces recogen y acumulan los cargos que llevan á la averiguación del hecho sin preocuparse de disculpar al reo en nada, (el presidente anticipándose toca la campanilla y ruega al letrado que no siga por ese terreno). El Sr. Herreros sigue diciendo que los jueces estampan las declaraciones de los testigos sin preocuparse de si son ó no ciertas, y en este proceso algunas declaraciones se deben al Hilario, que fue el guió á la Guardia civil para que ésta practicara algunas pesquisas.

Insiste en el adulterio de la mujer de su defendido y recuerda la escena que tuvo lugar en el pajar y que ha referido un testigo.

Dice á a los jurados que se pongan en el lugar del Deogracias, y en un párrafo elocuentísimo afirma que en todo este proceso se ve la mano del Pedro de la Calle.

Refuta valientemente todas las agravantes que aprecian las acusaciones y termina pidiendo para su defendido un veredicto en que se aprecien las atenuantes de embriaguez, imprudencia temeraria, arrebato y obcecación y el no haber querido mal tan grave como el producido.

Al terminar el Sr. Herreros, el presidente levanta la sesión para reanudarla á las tres y media de la tarde.

Real Audiencia de Extremadura. En 1900, también sede de la Audiencia Provincial de Cáceres

Sexta sesión.

Con un público más numeroso que el que ha asistido á las anteriores, se abre la sesión á las cuatro de la tarde, haciendo uso de la palabra

El Sr. Cisneros.

Muy elogiado ha sido por la gente versada en las lides del foro, el resumen que ayer hizo de los debates, el presidente de la sala, y en el cual si bien no han abundado las frases retóricas y los párrafos elocuentes, ha brillado la imparcialidad más absoluta, pudiendo jurar que no hemos oído hasta hoy otro resumen que tan perfectamente se ajuste á las exigencias de la ley.

Aunque el Sr. Cisneros dijo al empezar su discurso que el presidente como hombre está sujeto á impresiones y su misión imparcialísima es muy difícil de cumplir, creemos que el mismo señor Cisneros habrá quedado altamente satisfecho por el acentuadísimo cumplimiento que ha dado á su misión.

Con frialdad y de una manera escueta y en síntesis expuso á los jurados las opiniones emitidas por las acusaciones y por las defensas, pasando como sobre ascuas por las declaraciones de los testigos de los que dijo que no quería hablar. Ocupándose en las confesiones de reos, manifestó á los jurados que por las confesiones no había que regirse, pues á veces resulta que el procesado miente al declararse autor del delito que se le imputa y paga una culpa de la que en realidad es inocente.

Tratando de los cargos hechos á la Guardia civil, dice que no quiere defenderla porque la Benemérita no necesita defensa.

El Presidente termina su informe, que ha sido cortísimo, leyendo un párrafo de Viada, en el que se expresan las obligaciones de los Jurados, y después de un intérvalo bastante largo en el que reina el silencio más absoluto, se da lectura de

El veredicto

Que consta de las preguntas siguientes:

1ª. ¿Deogracias Martín es culpable de haber causado la muerte por un disparo al maestro don Fernando Ramos? – Sí.

2ª. ¿Es culpable de las heridas hechas por ese mismo disparo al Hilario de la Calle? – Sí.

3ª. ¿El disparo fue hecho á las diez de la noche? – Sí

4ª. ¿Este disparo fue hecho mientras las víctimas se hallaban sentados tomando el fresco? – Sí

5ª. ¿El disparo lo hizo por las ofertas que le hizo Agustín de la Calle? – Sí.

6ª. ¿Deogracias pensó y reflexionó el hecho que realizó? – Sí.

7ª. ¿Deogracias Martín tuvo intención de hacer el mal que hizo? – Sí.

8ª. ¿El disparo fue hecho por descuido? – No.

9ª. ¿El disparo lo hizo por ventarse de los insultos y la deshonra que recibió de Hilario de la Calle? – No.

10ª. ¿Agustín de la Calle es culpable de haber inducido al Deogracias para cometer el crimen de autos? – Sí.

11!. ¿Se valió de ofrecimientos para hacérsele cometer? – Sí.

12ª. ¿Aprovechó para esto el convencimiento que tenía de los celos del Deogracias? – No.

13ª. ¿Compró Agustín la escopeta cuerpo del delito? – No.

14ª. ¿Se la entregó cargada al Deogracias? – Sí

14ª. ¿Concibió Agustín el hecho para vengarse de la negativa que recibió de ser nombrado él Secretario del Ayuntamiento y su padrastro médico titular del pueblo? – Sí.

16ª. ¿El Deogracias estaba embriagado cuando cometió el delito? – No.

Incidente

El Sr. Rosado, en vista de la contradicción que á causa de la redacción existe entre las preguntas 12 y 13, pide apoyándose en el art. 107 de la ley del Jurado, nuevo veredicto, lo que acuerda la Sala, retirándose el Jurado nuevamente a deliberar.

Nuevo veredicto.

Transcurrida media hora, el Jurado aparece de nuevo, leyendo su presidente el nuevo veredicto que es en un todo igual al anterior, salvo la variación de contestar á la 12 pregunta en vez de No, como antes se contestaba.

Petición.

El Sr. Rosado solicita de la Sala la revisión de esta causa por nuevo Jurado á lo que aquélla no accede. Cuando el público paciente espera la petición de pena que va á pedir el Fiscal, el Presidente levanta la sesión hasta las diez de la mañana de hoy.

Los procesados.

Están muy tranquilos y su ánimo no decae un momento. El Deogracias firmó el acta de la sesión con pulso seguro. ¡Seguramente no sabe la pena que le espera! El Agustín se negó a firmar, diciendo que firmar el acta era declararse culpable y él es inocente.

A las nueve salimos del Palacio de Justicia y en las puertas aún quedaban curiosos que comentaban el veredicto con la tranquilidad más perfecta y sin que nada les apenara. ¡Cómo si la vida de dos hombres no tuviera derecho á interesar y conmover el corazón de los semejantes!

Última sesión.

Cuando llegamos esta mañana á la Sala de la Audiencia provincial ya se habían pronunciado los informes de derecho y el Tribunal se había retirado á deliberar para dictar la sentencia.

El público, que era muy numerosos, esperaba con ansiedad el resultado de esta causa y nosotros tomamos siente en el banco que se nos tiene designado el cual gracias á una orden del Sr. Presidente se hallaba desocupado desde que comenzó la sesión.

La sentencia.

Á la una y cinco minutos ocupó el estado el Tribunal de Derecho, y el Magistrado ponente Sr. Villarejo dio lectura en medio de un silencio absoluto de la sentencia dictada, por la que se condena á Deogracias Martín y á Agustín de la Calle á la pena de MUERTE; pago por mitad de las costas y una indemnización de 3.000 pesetas á la viuda del maestro D. Fernando Ramos y otra de 300 á Hilario de la Calle.

Final.

Los condenados se negaron á firmar su sentencia de muerte y desaparecieron abatidísimos por la puerta que los separa de los hombres libres.

Con ellos son ya nueve los reos que durante este año han sido condenados á muerte.

Los supersticiosos tal vez echen la culpa de esto al año (1903) cuyas cifras sumadas arrojan un número (el 13) que creen fatal.

EME

El crimen de Casas del Castañar (II)

Cuarta sesión

Con público que llenaba la Sala comenzó ayer por la tarde la cuarta sesión de esta célebre causa cuyo desenlace es esperado con más interés.

Continuó la prueba testifical desfilando ante el Jurado veinte testigos, de los que únicamente merece citarse Manuel Calle, que afirma que oyó lamentos y golpes en una casa próxima á la suya y que dice que preguntando a un Guardia civil por qué castigaba de aquella manera, éste le dijo que por que “con esta gente hay que hacer eso y mucho más” y también la de José Hernández, que al hablar de la cárcel de Plasencia lanzó inculpaciones contra el Alcaide de dicha cárcel á cuyas órdenes estuvo como demandadero, siendo expulsado según parece por su mala conducta.

Terminada la prueba pericial a las cinco y cuarenta y cinco, el presidente suspende la sesión por quince minutos.

Reanudada ésta, dan principio los informes y por estar ocupados por el público los bancos que se destinan á los periodistas, tenemos que escucharlos y tomar las notas necesarias para hacer la crónica de pié, cuya incómoda posición hace que perdamos las primeras palabras con empieza su discurso el

Sr. Saval

En las frases que llegan á nosotros, el representante del ministerio público dice que él habla bajo los auspicios de la justicia y que cree que el jurado de Plasencia que tantas pruebas ha dado de rectitud, dictará el veredicto de culpabilidad que va á pedirle.

Ocupándose de la política, causa verdadera del crimen en que se ocupa. Dice que no es cierto que esta no tenga entrañas como se ha dicho, y para probarlo basta ver la preponderancia que han alcanzado otras naciones en que la política está encomendada á hombres de buena voluntad. Relata los hechos poniendo de manifiesto la ambición del Agustín, que deseaba para sí la Secretaría del Ayuntamiento de Casas del Castañar, y el nombramiento de médico titular para su padrastro D. Casto.

Dice que el Deogracias en sus declaraciones ha dicho que el Agustín fue el que le indujo a perpetrar el hecho de autos y que las manifestaciones que hizo ante la Sala, de haber ejecutado el crimen arrastrado por los celos que tenía de su mujer, con miserables novelerías y afirmaciones gratuitas que no ha dudado arrojar al honor de su esposa, cediendo á los consejos é instancias de su compañero de banquillo.

  • No eran los celos, no- dice el Sr. Saval- los que le movieron á cometer el asesinato de que se le acusa, pues si á esto hubiera sido la causa, hubiera cometido el crimen en una de las veces en que el Hilario le dirige insultos tan graves y afrentosos como los que aquí él mismo nos ha contado.

El señor Fiscal dice que todo cuanto el procesado ha dicho respecto á la compra de la escopeta y de la pólvora y del hallazgo de las balas, es una farsa inventada para librar en algo al Agustín.

Al tratar de la Guardia civil, que según el Deogracias dice le castigó bárbaramente, el Sr. Saval elogia al benemérito y noble Cuerpo, único guarda de los intereses y personas de los ciudadanos. Niega que tengan fundamento las inculpaciones hechas al jefe de la cárcel de Plasencia.

Ocupándose de la inducción del Agustín, dice que está probado por los testigos que han declarado, relatando los ofrecimientos que éste hizo al Deogracias para el día en que triunfare su partido y añade que este hecho no es digno de un hombre de valor y de corazón, sino de un cobarde que no se atreve á practicar lo que aconseja á un infeliz. Para demostrar esta complicidad recuerda el señor Fiscal las declaraciones en que se dijo que al intentar salir el Agustín, recién hecho el disparo, se lo impidió su madre exclamando: “¡No salgas, que te van á culpar!”

Aprecia las agravantes de alevosía, premeditación y nocturnidad, y dice que los testigos traídos por las defensas no deben tenerse en cuenta; pues á más de no haber dicho nada de particular se pueden dividir en dos facciones, que son las de ser unos parientes y otros criados de los procesados.

A continuación refuta con valentía las atenuantes que aducen las defensas de embriaguez, falta de intención, arrebato y obcecación, etc., y termina su informe con un párrafo elocuente en que llama a la conciencia de los jurados para pedirles que conforme á justicia den un veredicto de culpabilidad.

El Sr. Ibarrola

Después de dedicar frases de elogio á su compañero de acusación y de decir que él en este juicio representa á la mujer sin esposo y al hijo sin padre, que piden justicia para su viudez y su orfandad, manifiesta que no es su intención formular cargos contra los acusados más graves que los formulados por el representante de la sociedad, sino representar fielmente á la ley, que como el sol á todos calienta y á todos ilumina por igual con el resplandor de sus rayos.

Hecha la división de su discurso en tres partes, que son: histórica, demostrativa y jurídica, empieza á ocuparse de la primera de modo que el crimen de que se trata no es un crimen vulgar, sino un crimen del que ha llegado á ocuparse la prensa madrileña, citando con otros periódicos á El Imparcial.

Dice que en este crimen no se ve la guapeza y valentía que se ve en otros cometidos á las puertas de la tabernas en que dos hombres se retan, pelean y matan noblemente y pecho á pecho, sino que aquí no hay más que vileza y cobardía rebosando por todas partes, no hay más que un criminal que compra y otro que se vende, mostrando canallescamente con un arma cargada de balas hasta la boca, y á todos apunta sin que le importe el número de víctimas. (Bien bravo).

A continuación hace una historia de la política en el pueblo de Casas del Castañar, y dice que el odio que las victorias de D. Pedro de la Calle habían almacenado en el corazón de la familia del procesado, salía envuelto en las palabras y ademanes de todos los miembros de esta familia; y antes de cometer el hecho, la maría Vicente, madre del Agustín, ya había ofrecido dinero en distintas ocasiones á diferentes vecinos del pueblo para que asesinaran á don Pedro de la Calle ó á su hijo Hilario. En 1894 se llegó a una alianza que en 1899 rompió el padrastro del procesado, y en 1901, habiendo perdido las elecciones municipales, la fracción capitaneada por Agustín de la Calle, éste encuentra el instrumento que para llevar á cabo su venganza no pudo encontrar su madre en el procesado Deogracias Martín.

Con gran lujo de detalles y con frases elocuentes y vigorosas hace mención del hecho de autos, poniendo de manifiesto la inducción del Agustín que no se sintió con el valor suficiente para lleva á cabo el crimen que cometió su cómplice.

Al trata de las declaraciones del Deogracias, dice que á lo que ha venido á la sala es á salvar al Agustín aun á costa de la honra de su mujer y para probar sus afirmaciones cita la declaración de la María Talavera, que dijo que al entrar en casa de su marido después de cometer el delito se echó en sus brazos diciendo que el Agustín la había perdido y había querido matarle cargando hasta la boca el arma cuyo disparo produjo la muerte del señor Ramos y las heridas del Hilario.

Aprecia con el Sr. Saval las agravantes de alevosía, premeditación, nocturnidad y precio y refuta con lógica las atenuantes que las defensas aprecian de imprudencia temeraria.

El Sr. Ibarrola concluye su informe diciendo á los jurados que confía en su conciencia y rectitud pidiéndoles un veredicto de culpabilidad para los procesados y añadiendo que de poderse condena á uno solo el condenado debe serlo siempre el inductor del Deogracias, ó sea el Agustín.

A las ocho y treinta el presidente suspende la sesión hasta la mañana de hoy.

El público abandona la Sala haciendo comentarios y deducciones del discurso del acusador privado que ha sido notabilísimo y en todas las conversaciones se refleja el interés con que se esperan los informes de los defensores Sres. Rosado y Herrero.

Quinta sesión.

A las once de la mañana á pesar de haber sido anunciada para las diez da comienzo la sesión quinta de esta célebre causa ante un público que llena la Sala.

Concedida la palabra á la defensa del Agustín, da principio a su informe

El Sr. Rosado.

En un párrafo florido con que encabeza su defensa dice que viene á refutar los cargos hechos por las acusaciones, porque la justicia brille para todos, y que viene á borrar los calificativos de canallas y viles lanzados sobre los procesados y que aún flotan en el ambiente que se respira en la Sala.

Dice que el Pedro de la Calle quería gozar de la impunidad que le proporcionaba su influencia y relata á la ligera los hechos deteniéndose al ocuparse del honor mancillado del Deogracias, y de los apetitos brutales de Hilario Calle, á quien califica de burgués acomodo y caprichoso.

El acusador particular –dice- al pedir que condenéis á los dos procesados y que de condenar á uno sea el Agustín, representa aquí al Pedro de la Calle en cuyo corazón mora ese deseo que ha expresado su representante en este sitio.

Afirma que el odio entre estas familias no existe, pues ningún testigo lo ha declarado; que lo único que hay son enemistades políticas y que el odio, caso de haberle, existiría entre el Pedro de la Calle y la María Vicente, pero no entre el Agustín y el Hilario.

A continuación muestra una carta de un sacerdote que impulsado por su conciencia le escribió diciendo: que el Agustín guardó siempre buenísima conducta y á veces le mandó á él mismo ir á casa del Pedro para procurar una reconciliación.

A fin de que alcance nuestra edición, cortamos aquí el elocuente informe del reputado abogado, que en número de mañana terminaremos de reseñar juntamente con el razona del Sr. Herreros, y el resúmen que esta tarde hace el Sr. Cisneros.

Para terminar consignaremos que al finalizar las defensas y preguntar el presidente á los procesados si tenían algo que añadir, el Agustín manifestó que deseaba se le pusiera en libertad porque es inocente, y el Deogracias que se siguiera causa á su mujer, por envenenamiento frustrado y adulterio.

Al salir de la Sala preguntamos á los procesados por el efecto que los informes de sus defensores les habían causado, y ambos nos contestaron que estaban satisfechísimos.

EME

Periodismo de tribunales

Ahora que las noticias de tribunales, según sean los inculpados, pueden ocupar grandes espacios en las televisiones y resto de medios de comunicación, conviene recordar que hace más de un siglo, había periodistas que seguían, con verdadero interés, los casos que llegaban a tribunales. Y lo hacían siguiendo, con paciencia y atención, el desarrollo de las jornadas del juicio, tratando de transmitir a sus lectores de la manera más fidedigna lo pasaba ante la sala correspondiente. Y, también, añadiendo un punto de vista lo más ajustado a la posición ideológica del medio.

Esta es la crónica, de varias jornadas, de la vista en la Sala de la Audiencia provincial de Cáceres, del juicio por el crimen de Casas del Castaña, publicada en el Diario de Cáceres a partir del 21 de octubre de 1903.

Cabecera de el Diario de Cáceres

Pasen y lean.

El crimen de Casas del Castañar (I)

Ayer [20 de octubre de 1903] comenzó en la Audiencia provincial la causa del Juzgado de Plasencia que encabeza estas líneas y que tanto interés ha despertado por las opiniones tan divididas que acerca de su origen existen si bien es la creencia más general que el matador obró en un arrebato de celos.

El hecho

Según el ministerio fiscal en sus conclusiones provisionales expresa, parece tener su origen en los disgustos de índole política que mediaban entre la familia de Agustín de la Calle (uno de los procesados) y de Pedro de la Calle, Juez municipal de Casas del Castañar, disgustos que se avivaron porque la familia del Agustín no consiguió que el padrastro de éste fuera nombrado médico titular de dicho pueblo.

Agustín concertó con Deogracias Martín (el otro procesado) la muerte del Pedro ó de su hijo Hilario, prefiriendo á este último, para lo que tuvieron varias entrevistas mediando ofrecimientos que dieron por resultado entregar Agustín á Deogracias una escopeta cargada, advirtiéndole que tirara sobre seguro y no le descubriera.

Deogracias en la noche del 5 de Agosto de 1902 halló ocasión para cometer el hecho, pero con tan mala fortuna que la víctima del disparo lo fue el maestro don Fernando Ramos, quedando herido solamente el Hilario, que era á quien iba dirigida la agresión.

Leídas por el Sr. Carreras las pruebas documentales de ambas partes se procede al examen del procesado

Agustín de la Calle

que está afiliado al partido conservador y es enemigo político de Pedro de la Calle. Su declaración es muy larga y ayer no pudimos transcribir por falta de espacio, se reduce a negar su participación en el hecho ni directa ni indirectamente diciendo que él es una de las muchas víctimas del caciquismo del siglo XX [sic], y que si se vé envuelto en esta causa es porque se oponía á que en el pueblo se violaran los derechos de nadie y entre ellos los suyos.

Declara después

Deogracias Martín

Dice que él jamás se propuso matar al maestro sino al Hilario de quién estaba cansado de sufrir amenazas. Pide permiso para contar una historia que empieza desde su casamiento, y que puede creerse sea el verdadero motivo del crimen y una vez que le es concedido cuenta actos repugnantes que pasaron entre el Hilario y su mujer y que son el motivo sobrado para obcecar á un hombre cualquiera que fuera víctima de ellos. Su narración salpicada de frases groseras y de palabras malsonantes parece fatigarle mucho, como si los recuerdos que tiene le atormentaran, y el procesado pide agua tres veces, ordenándole el presidente que se siente, á lo que no accede.

Confiesa que suele embriagarse un poquito, y termina su declaración diciendo que la Guardia civil le maltrató y que si firmó ciertas cosas fue porque le amenazaron de muerte.

Prueba testifical

Terminado el exámen de los procesado comparece la testigo

María Talavera

Es la mujer de Deogracias, y según éste, la amante del Hilario; representa tener unos 27 años y su cara y su tipo nada tienen de particular pudiendo decirse que es fea.

Su declaración es una declaración en extremo cómica, mueve mucho los brazos y hace muchos gestos que producen risas en el público que llena la Sala.

Dice que en los años que lleva de casado no ha reñido nunca con su marido, negando que el Hilario la persiguiera. Afirma que el Deogracias mató por orden del Agustín y dice que su marido es incapaz de matar á nadie sino le instigan para ello.

Al llegar a este punto, declara con un tono patético que hace reír en vez de conmover.

Careo

El Sr. Ibarrola (acusador privado) pide que se caree al Agustín con la testigo sobre si aquél estuvo en casa de ésta la noche de autos. El careo no arroja luz ninguna sobre la causa, pues los dos mantienen sus afirmaciones con calor y habiendo llegado á un punto en que ambos empiezan á dirigirse insultos, entre ellos el de adúltera, que Agustín dirige á la María, el Sr. Presidente ordena se retire la testigo.

Segunda sesión

Cuando por la tarde entramos en la Sala en que se celebra este juicio, se estaba verificando un careo entre el procesado Deogracias y el amante de su mujer Hilario.

Se recuerdan dichos y hechos que hacen creer en la veracidad de lo sostenido por Deogracias y una vez que terminan declara

Pedro de la Calle

Es el Juez municipal de Casas del Castañar. Dice que el Agustín le amenazó varias veces si no hacía que su padrastro fuese médico titular; después relata la historia de las elecciones municipales de 1901 y termina diciendo que la madre del Agustín ofreció dinero para que le mataran.

La declaración de D. Andrés Abelino no tiene gran interés.

Patricio González

Que declara después, dice que la noche del hecho estaba en casa del Agustín y que al oír el disparo y disponerse á salir, entró una mujer diciendo: “¡no salir, no salir, que culpan aquí!”

María Palacio y Brígida Iglesias nada dicen de nuevo que merezca consignarse. A continuación comparece la madre del Agustín

María Vicente

Haciendo uso de las facultades que la ley le concede, manifiesta no querer declarar.

Incidente

El Fiscal Sr. Saval pide á la Sala le conceda preguntar á la testigo con referencia al Deogracias, pero el Sr. Rosado dice que siendo el Agustín el que aparece como instigador del crimen, cualquier pregunta que se haga tiene que estar relacionada con su defendido. El Sr. Saval insiste y empieza una serie de preguntas que son protestadas por el Sr. Rosado, retirándose la testigo.

Vicente Martín y Demetrio Golguero que declaran después dicen que el Alcalde les mandó ir á un lugar donde oyeron hablar á la María y á su hijo Agustín, pero no hicieron antes ninguna manifestación porque no querían compromisos.

María García, Pedro Chorro y Narciso Claro, no dicen en sus declaraciones nada nuevo, y el Cabo de la Guardia civil de puesto en Casas del Castañar que fue el que hizo la detención, añade á lo declarado por otros, que el Deogracias confesó su delito diciendo que compró el arma en Plasencia, así como también la pólvora y el pistón, encontrándose las balas en un cancho, pero más tarde dijo que el Agustín fué el que le dio la escopeta. El presidente suspende la sesión por diez minutos y nosotros abandonamos la Sala en vista de lo avanzado de la hora, oyendo al par que el Sr. Cisneros se propone terminar en la noche la prueba testifical.

Tercera sesión

Continúa la prueba testifical

Abierta la sesión á la diez y minutos, desfilan ante el tribunal unos treinta testigos, cuyas declaraciones en su mayor parte, confirman todo cuanto dijo el procesado Deogracias, en lo que se refiere á las relaciones de su mujer con el Hilario de la Calle, si bien existen algunas variaciones en los detalles.

¡Qué vergüenza!

Entre los testigos ha llamado nuestra atención, casi sacándonos hondo pesar, un mocetón de veinte años que ¡no sabía hacer la señal de la cruz! porque, según dijo, no le habían enseñado.

Otro caso peor ocurrió con un niño de doce años, que preguntado por el presidente Sr. Cisneros respecto de quien era Dios, contestó que él no sabía que lo hubiera, porque tampoco se lo habían enseñado.

Un incidente

Ante el tribunal compareció también otro testigo, el cual se hallaba presente cuando el Hilario bromeó con la mujer del Deogracias. Dice que él fue á la tienda para comprar una soga cuando el Hilario cogió á la mujer del Deogracias por el cruce del pañuelo que llevaba puesto y la empezó a tocar.

  • “¿Y a Ud no le dieron ganas de hacer lo mismo?”- le preguntó el Sr. Saval.

El testigo se quedó callado y el público ríe. Nosotros fieles cronistas de lo que en la sala sucede, narramos el hecho huyendo de los comentarios.

Antes de casarse

Una testigo dice que la mujer del Deogracias sostenía relaciones ilícitas con el Hilario de la Calle antes de casarse. Confirmando este dicho cuenta que un día entró la María en su casa diciendo que se sentía enferma y después de mucho quejarse de que le dolía el vientre, abortó una criaturita metida en un saco.

  • “¿Y eso fue antes de casarse?”- preguntó el Sr. Preisdente.

  • “Sí señor, fue de moza”- dijo la testigo.

  • – “Vamos, no estaba mala moza”- replicó el Sr. Cisneros.

¿Atentado?

Esta misma testigo manifiesta, que la María, después de casada con Deogracias, pensó en envenenarle para quitársele de en medio.

El Sr. Cisneros dada la gravedad de esta revelación que constituye un delito, manda que conste en acta para proceder conforme á la ley.

En el atrio

A la una salimos de la Sala. En el atrio del Palacio de Justicia se comentaban mucho los incidentes de este juicio que cada vez despierta más interés, y la versión más general en el público es que el Deogracias mató por equivocación al maestro, si bien llevaba intención de matar al Hilario, pero no por indicaciones del Agustín, á quien se puede creer inocente, salvo por vengarse del que había mancillado su honor.

EME