El crimen de Casas del Castañar (II)

cercadelasretamas —  junio 10, 2020 — Deja un comentario

El crimen de Casas del Castañar (II)

Cuarta sesión

Con público que llenaba la Sala comenzó ayer por la tarde la cuarta sesión de esta célebre causa cuyo desenlace es esperado con más interés.

Continuó la prueba testifical desfilando ante el Jurado veinte testigos, de los que únicamente merece citarse Manuel Calle, que afirma que oyó lamentos y golpes en una casa próxima á la suya y que dice que preguntando a un Guardia civil por qué castigaba de aquella manera, éste le dijo que por que “con esta gente hay que hacer eso y mucho más” y también la de José Hernández, que al hablar de la cárcel de Plasencia lanzó inculpaciones contra el Alcaide de dicha cárcel á cuyas órdenes estuvo como demandadero, siendo expulsado según parece por su mala conducta.

Terminada la prueba pericial a las cinco y cuarenta y cinco, el presidente suspende la sesión por quince minutos.

Reanudada ésta, dan principio los informes y por estar ocupados por el público los bancos que se destinan á los periodistas, tenemos que escucharlos y tomar las notas necesarias para hacer la crónica de pié, cuya incómoda posición hace que perdamos las primeras palabras con empieza su discurso el

Sr. Saval

En las frases que llegan á nosotros, el representante del ministerio público dice que él habla bajo los auspicios de la justicia y que cree que el jurado de Plasencia que tantas pruebas ha dado de rectitud, dictará el veredicto de culpabilidad que va á pedirle.

Ocupándose de la política, causa verdadera del crimen en que se ocupa. Dice que no es cierto que esta no tenga entrañas como se ha dicho, y para probarlo basta ver la preponderancia que han alcanzado otras naciones en que la política está encomendada á hombres de buena voluntad. Relata los hechos poniendo de manifiesto la ambición del Agustín, que deseaba para sí la Secretaría del Ayuntamiento de Casas del Castañar, y el nombramiento de médico titular para su padrastro D. Casto.

Dice que el Deogracias en sus declaraciones ha dicho que el Agustín fue el que le indujo a perpetrar el hecho de autos y que las manifestaciones que hizo ante la Sala, de haber ejecutado el crimen arrastrado por los celos que tenía de su mujer, con miserables novelerías y afirmaciones gratuitas que no ha dudado arrojar al honor de su esposa, cediendo á los consejos é instancias de su compañero de banquillo.

  • No eran los celos, no- dice el Sr. Saval- los que le movieron á cometer el asesinato de que se le acusa, pues si á esto hubiera sido la causa, hubiera cometido el crimen en una de las veces en que el Hilario le dirige insultos tan graves y afrentosos como los que aquí él mismo nos ha contado.

El señor Fiscal dice que todo cuanto el procesado ha dicho respecto á la compra de la escopeta y de la pólvora y del hallazgo de las balas, es una farsa inventada para librar en algo al Agustín.

Al tratar de la Guardia civil, que según el Deogracias dice le castigó bárbaramente, el Sr. Saval elogia al benemérito y noble Cuerpo, único guarda de los intereses y personas de los ciudadanos. Niega que tengan fundamento las inculpaciones hechas al jefe de la cárcel de Plasencia.

Ocupándose de la inducción del Agustín, dice que está probado por los testigos que han declarado, relatando los ofrecimientos que éste hizo al Deogracias para el día en que triunfare su partido y añade que este hecho no es digno de un hombre de valor y de corazón, sino de un cobarde que no se atreve á practicar lo que aconseja á un infeliz. Para demostrar esta complicidad recuerda el señor Fiscal las declaraciones en que se dijo que al intentar salir el Agustín, recién hecho el disparo, se lo impidió su madre exclamando: “¡No salgas, que te van á culpar!”

Aprecia las agravantes de alevosía, premeditación y nocturnidad, y dice que los testigos traídos por las defensas no deben tenerse en cuenta; pues á más de no haber dicho nada de particular se pueden dividir en dos facciones, que son las de ser unos parientes y otros criados de los procesados.

A continuación refuta con valentía las atenuantes que aducen las defensas de embriaguez, falta de intención, arrebato y obcecación, etc., y termina su informe con un párrafo elocuente en que llama a la conciencia de los jurados para pedirles que conforme á justicia den un veredicto de culpabilidad.

El Sr. Ibarrola

Después de dedicar frases de elogio á su compañero de acusación y de decir que él en este juicio representa á la mujer sin esposo y al hijo sin padre, que piden justicia para su viudez y su orfandad, manifiesta que no es su intención formular cargos contra los acusados más graves que los formulados por el representante de la sociedad, sino representar fielmente á la ley, que como el sol á todos calienta y á todos ilumina por igual con el resplandor de sus rayos.

Hecha la división de su discurso en tres partes, que son: histórica, demostrativa y jurídica, empieza á ocuparse de la primera de modo que el crimen de que se trata no es un crimen vulgar, sino un crimen del que ha llegado á ocuparse la prensa madrileña, citando con otros periódicos á El Imparcial.

Dice que en este crimen no se ve la guapeza y valentía que se ve en otros cometidos á las puertas de la tabernas en que dos hombres se retan, pelean y matan noblemente y pecho á pecho, sino que aquí no hay más que vileza y cobardía rebosando por todas partes, no hay más que un criminal que compra y otro que se vende, mostrando canallescamente con un arma cargada de balas hasta la boca, y á todos apunta sin que le importe el número de víctimas. (Bien bravo).

A continuación hace una historia de la política en el pueblo de Casas del Castañar, y dice que el odio que las victorias de D. Pedro de la Calle habían almacenado en el corazón de la familia del procesado, salía envuelto en las palabras y ademanes de todos los miembros de esta familia; y antes de cometer el hecho, la maría Vicente, madre del Agustín, ya había ofrecido dinero en distintas ocasiones á diferentes vecinos del pueblo para que asesinaran á don Pedro de la Calle ó á su hijo Hilario. En 1894 se llegó a una alianza que en 1899 rompió el padrastro del procesado, y en 1901, habiendo perdido las elecciones municipales, la fracción capitaneada por Agustín de la Calle, éste encuentra el instrumento que para llevar á cabo su venganza no pudo encontrar su madre en el procesado Deogracias Martín.

Con gran lujo de detalles y con frases elocuentes y vigorosas hace mención del hecho de autos, poniendo de manifiesto la inducción del Agustín que no se sintió con el valor suficiente para lleva á cabo el crimen que cometió su cómplice.

Al trata de las declaraciones del Deogracias, dice que á lo que ha venido á la sala es á salvar al Agustín aun á costa de la honra de su mujer y para probar sus afirmaciones cita la declaración de la María Talavera, que dijo que al entrar en casa de su marido después de cometer el delito se echó en sus brazos diciendo que el Agustín la había perdido y había querido matarle cargando hasta la boca el arma cuyo disparo produjo la muerte del señor Ramos y las heridas del Hilario.

Aprecia con el Sr. Saval las agravantes de alevosía, premeditación, nocturnidad y precio y refuta con lógica las atenuantes que las defensas aprecian de imprudencia temeraria.

El Sr. Ibarrola concluye su informe diciendo á los jurados que confía en su conciencia y rectitud pidiéndoles un veredicto de culpabilidad para los procesados y añadiendo que de poderse condena á uno solo el condenado debe serlo siempre el inductor del Deogracias, ó sea el Agustín.

A las ocho y treinta el presidente suspende la sesión hasta la mañana de hoy.

El público abandona la Sala haciendo comentarios y deducciones del discurso del acusador privado que ha sido notabilísimo y en todas las conversaciones se refleja el interés con que se esperan los informes de los defensores Sres. Rosado y Herrero.

Quinta sesión.

A las once de la mañana á pesar de haber sido anunciada para las diez da comienzo la sesión quinta de esta célebre causa ante un público que llena la Sala.

Concedida la palabra á la defensa del Agustín, da principio a su informe

El Sr. Rosado.

En un párrafo florido con que encabeza su defensa dice que viene á refutar los cargos hechos por las acusaciones, porque la justicia brille para todos, y que viene á borrar los calificativos de canallas y viles lanzados sobre los procesados y que aún flotan en el ambiente que se respira en la Sala.

Dice que el Pedro de la Calle quería gozar de la impunidad que le proporcionaba su influencia y relata á la ligera los hechos deteniéndose al ocuparse del honor mancillado del Deogracias, y de los apetitos brutales de Hilario Calle, á quien califica de burgués acomodo y caprichoso.

El acusador particular –dice- al pedir que condenéis á los dos procesados y que de condenar á uno sea el Agustín, representa aquí al Pedro de la Calle en cuyo corazón mora ese deseo que ha expresado su representante en este sitio.

Afirma que el odio entre estas familias no existe, pues ningún testigo lo ha declarado; que lo único que hay son enemistades políticas y que el odio, caso de haberle, existiría entre el Pedro de la Calle y la María Vicente, pero no entre el Agustín y el Hilario.

A continuación muestra una carta de un sacerdote que impulsado por su conciencia le escribió diciendo: que el Agustín guardó siempre buenísima conducta y á veces le mandó á él mismo ir á casa del Pedro para procurar una reconciliación.

A fin de que alcance nuestra edición, cortamos aquí el elocuente informe del reputado abogado, que en número de mañana terminaremos de reseñar juntamente con el razona del Sr. Herreros, y el resúmen que esta tarde hace el Sr. Cisneros.

Para terminar consignaremos que al finalizar las defensas y preguntar el presidente á los procesados si tenían algo que añadir, el Agustín manifestó que deseaba se le pusiera en libertad porque es inocente, y el Deogracias que se siguiera causa á su mujer, por envenenamiento frustrado y adulterio.

Al salir de la Sala preguntamos á los procesados por el efecto que los informes de sus defensores les habían causado, y ambos nos contestaron que estaban satisfechísimos.

EME

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