Archivos para cementerio

Ahora que parecen desembarcar por nuestros contornos los Abogados Cristianos y otras zarandajas, al albur de que saben que los símbolos franquistas, finalmente, terminarán desapareciendo de nuestros paisajes urbanos, al Partido Popular y sus rutilantes grupos carismáticos se le ha ocurrido que la cruz, su cruz, sea inamovible y para ello pretenden que el Ayuntamiento democrático, en un estado no confesional, siga cumpliendo el devoto símbolo, aunque cambiando sus destinatarios.

Pretenden el PP y los alcantarinos varios que en vez de dedicarse a los caídos del bando sublevado contra el orden constitucional republicano, sea dedicado a las víctimas de la pandemia.

Pero, mientras tanto, a las víctimas que los antecedentes familiares de los que procuran esta nueva “dedicatoria” causaron manu militari, y cuyos cuerpos fueron arrojados a fosas comunes, y cuyas vidas pasaron calvario, humillación y muerte, que les den.

El caso es que el debido reconocimiento a las verdaderas víctimas de la guerra civil causada por un golpe de estado cruento de un militar incompetente, Franco.

Me llama la atención que mientras el PP pretende resignificar el símbolo y el motivo ideológico que lo sustenta, se haya encontrado con que uno de los elementos del NO-DO, inseparable de la figura de Franco, el Azor, vaya a permanecer en Cáceres precisamente resignificado en una instalación artística dentro del Museo Helga de Alvear.

El artista que ha elaborado y planteado la dedicación de la chatarra del Azor a su conexión con el Guernica de Picasso manifestó en el programa Metrópolis, de la 2ª Cadena de RTVE que el lugar elegido para su “desembarco” en Cáceres de su instalación estuviera tan cerca de la fotografía de Franco asomado al balcón del Palacio de los Golfines. Esa instalación, al menos, equilibra la ignominiosa placa que a mayor gloria del Dictador (y de sus correligionarios anfitriones) permanece en la fachada.

Resignificar, que sería el concepto que se plantea para la cruz, el símbolo para su “dedicación” a las víctimas de la pandemia del coronavirus, supondría, por un lado, la definitiva humillación de las víctimas de la guerra causada por Franco, abandonadas en fosas comunes y cunetas, y por otro, darle una significado “nuevo” para las víctimas de la pandemia, que serían acogidas bajo un símbolo religioso, que les guste o no, nos es unánime y, además, contrario a la Constitución.

Elimínese la cruz de la cruz, llévese si se quiere al Cementerio Municipal, que debería tener al menos tres áreas: una católica, otra musulmana (la puerta del cementerio musulmán se instaló en 1938, para acoger a los miembros de la guardia mora de Franco), y, definitivamente, tener un cementerio civil, para todos aquellos ciudadanos no pertenecientes a ninguna doctrina religiosa mayoritaria.

De una sentencia de la Navidad de 1937

Y si los Populares quieren, incluso contando con la mayoría de los ciudadanos, un monumento, un espacio de recuerdo para las víctimas de la pandemia, hágase. Y se tome, como referencia, el monumento a las víctimas del terrorismo que no es ningún símbolo religioso. Y se elija para ello un espacio céntrico, por el que transcurran muchos caminos de los cacereños y quienes nos visitan.

Pero la cruz debe dejar de llevar encima la cruz de quienes durante tantos años la han utilizado como martillo contra las víctimas abandonadas, escondidas y humilladas de la guerra civil. Así podremos hace historia democrática para todos, y no solo símbolos para holganza de unos pocos.

Vale.