Archivos para refinería

La creciente vinculación política entre la jerarquía de la Iglesia Católica y la derecha española (en realidad, la extrema derecha), con un importante seguidismo de esta vinculación por parte de gran número de católicos, espoleados por los medios de comunicación afines, hace que en gran número de ocasiones, los comportamientos verbales de jerarcas eclesiásticos o dirigentes políticos estén más próximos a las respuestas defensivas de las sectas, en su concepto general, que a criterios de debate y contradicción de argumentos.

La religión, en su concepto general, responde entre otras muchas posibles causas, a la necesidad de los individuos de buscar respuestas a hechos o situaciones que les resultan incomprensibles y que en estos tiempos se producen con tanta rapidez que es mejor acudir a elementos no medibles en términos de análisis antes que racionalizarlos. En la práctica, gana cada vez más fuerza aquella definición de Jaume Perich: “fe es creer lo que no vimos”. Los dogmas, las verdades de la iglesia católica no solamente son elementos de fe para quienes los creen, sino que son excluyentes de cualquier otra posibilidad y su puesta en contradicción es visceralmente respondida.

Algo parecido viene sucediendo con muchas de las posiciones que defienden, con los mismos estigmas dogmáticos, muchos grupos ecologistas. En el baúl del cambio climático caben muchas posiciones que consideran irrenunciables e irrebatibles. Es evidente que la acción del individuo y de la propia sociedad son causa de los cambios que suponen, en su conjunto, una amenaza de futuro. El cambio climático es un hecho científicamente demostrado, pero ello no posibilita que en su nombre, los grupos ecologistas pretendan, a cualquier precio, imponer sus criterios.

Un ejemplo paradigmático de estos comportamientos sectarios y dogmáticos de los grupos ecologistas lo tenemos en su feroz (y costosa, económicamente) campaña en contra de la construcción de una refinería de petróleos en Extremadura. Para ellos, la refinería en Extremadura se ha convertido en el paradigma de su cruzada (en sentido material y en sentido espiritual). Sin embargo, olvidan, de modo interesado (¿qui prodest?), que en nombre de la lucha contra el cambio climático, los mayores costes sociales, políticos y demográficos no los pagaremos los países del denominado primer mundo, sino los países del tercer mundo. En nombre del cambio climático, provocado básicamente por esos países del primer mundo, se están imponiendo recortes que perjudican desarrollos futuros de quienes no han alcanzado ni siquiera a entrar en “vías de desarrollo”.

Es inaudito que mientras con dogmatismos sectarios se ataca el proyecto en Extremadura, esos mismos grupos ecologistas adopten posiciones solamente testimoniales ante la ampliación de la refinería de Petronor en Muskiz, Vizcaya, o de Cepsa en Huelva.

Del mismo modo que las actitudes dogmáticas y sectarias de la jerarquía de la iglesia católica y de los medios de comunicación que las jalean benefician políticamente (y buscan ese beneficio político en una sociedad de socorros mutuos con la derecha) a quienes son su correlato sociopolítico, las actitudes dogmáticas y sectarias de grupos ecologistas en contra del proyecto extremeño benefician a realidades ya existentes, sin considerar que el cambio climático, en su conjunto, es más atribuible a éstas que a los efectos que la puesta en marcha de la refinería extremeña pudiera generar.

Vale.

En una región como Extremadura hemos estado acostumbrados a que vengan de fuera (normalmente, terratenientes con sede social en la capital del reino) a salvarnos, a decirnos qué es lo mejor para nosotros. Pero ahora aparecen también salvapatrias dizque izquierdistas. Gentes de una cosa (no se sabe si partido político, asociación de cabreados o peña futbolística) que se llama IU y que está en plena descomposición, con olores a podredumbre.
En los periódicos regionales de hoy aparecen unos sujetos de IU que vienen a oponerse al proyecto de la refinería, a verter sus hipocresías para mayor gloria de unos individuos y de una plataforma cuyos ingresos para la campaña que están realizando deberían ser investigados. Estos sujetos de IU, Willy Meyer y Pérez Tapias, deberían explicar cuál es su grado de combatividad contra la ampliación de la refinería de Repsol en Cartagena, o de Cepsa en Huelva, o del complejo Muskiz, de Petronor, en Vizcaya. Valga como ejemplo cuál es la mayor aportación a la oposición de IU a la ampliación de Cepsa en Huelva: una moción en la Diputación onubense pidiendo que a cambio de la ampliación fuera más barata la gasolina para los vecinos de Huelva.
No hay que olvidar algo que ha dicho, más de una vez, Rodríguez Ibarra ha afirmado que el presidente de Cepsa, Pérez de Bricio, “le conminó en la boda del Príncipe Felipe que no se metiera en el negocio del refino porque era ‘una ruina’ y, además, no lo iba a conseguir” ( http://actualidad.terra.es/articulo/344780.htm).
Ahora, estos chicos de IU, que más deberían preocuparse por su putrefacción que por servir intereses empresariales que pretenden humillar a toda una tierra, vienen a explicar aquí lo que no tienen arrestos para denunciar en otros sitios.
Pero es que estos dirigentes de la podrida IU, el mismo día, se cubren de gloria diciendo que “hay que nacionalizar parte de la banca y algunas empresas” (Willy Meyer dixit). Y se queda tan ancho. ¿Qué es eso de nacionalizar parte de la banca? ¿En qué párrafo de El Capital está que puede nacionalizarsa un banco sí y otro no, una empresa sí y otra no? La respuesta la da el propio Meyer: parte de la banca y las empresas que se privatizaron. De la banca, seguramente el dirigente de IU salvaría de la amenaza de la nacionalización aquellos bancos a los que IU les debe mucho, mucho dinero, no vaya a ser que se enfaden y quieran cobrar antes de que los nacionalicen. Y dice que hay que crear un sector público de la energía… en Europa. Vamos, que habría que nacionalizar Repsol, pero eso de tocar Petronor (País Vasco, no se atreve a insinuarlo siquiera) y mucho menos Cepsa (Huelva, donde los pocos militantes que quedan de IU tendrán gasolina más barata), nada de nada.
Estos salvapatrías de ¿izquierda?, nacionalizadores a tiempo parcial o mediopensionistas, deberían aplicarse vendas y agua oxigenada para tratar de cicatrizar los costurones en los que se desangran el PC y los satélites, asociaciones, grupos y demás sujetos de la corrompida organización de IU (la corrupción ideológica sometida a egos subidos es tanto o más perjudicial que la corrupción económica), antes que venir a impedir cualquier atisbo de progreso económico (con las servidumbres ecológicas que puedan ser asumibles) de una tierra antes esquilmada por terratenientes, por el franquismo que aplicó sin mesura el Plan de Estabilización. Soportar ahora que una putrefacta organización supuestamente de izquierdas venga a impedir un paso económico de gran importancia es ya demasiado.
Vale.
Ahora va a resultar que los extremeños, en esto de la industria, necesitamos el consejo de los mayores. De los mayores salvapatrias y burgueses que se aprovecharon en su día de la mano de obra extremeña, se aprovecharon, sí, en el más innoble de los sentidos.
Ahora viene Rosa Diez, que va por los sitios chic de Madrid dándoselas de socialista pura, de política íntegra, y se termina convirtiendo en integrista. Ya era integrista cuando en la difícil situación de la última tregua se alineó con las tesis de la extrema derecha y se convirtió en la “autoridad referente” del panfleto de Jotapedro.
Ahora, cuando viene a Extremadura, como aquí su discurso pseudopolítico no le vale, y cosecha un gran fracaso en la recogida de firmas por no sé qué manifiesto (señora Diez, si supiera cómo conoce la gente a sus monaguillos de por aquí, no se habría atrevido a sacar las mesas a la calle), arremete, desde su experiencia de burguesa vasca, contra el proyecto de refinería en esta tierra.
Ahora, Rosa Diez, cuando el Athletic Club de Bilbao luce publicidad de la refinería de Muskiz, Petronor (presidida por Josu Jon Imaz), viene usted a decirnos a los extremeños que una refinería no solamente no es buena, sino que no es buena para el modelo de desarrollo de esta tierra.
¿Era buena la limpieza étnica subyacente en el Plan de Estabilización de la dictadura del general bajito para que los burgueses vascos, como usted, pudieran disponer de industrias limpias como refinerías, altos hornos y demás? Ese modelo era bueno y lo sigue siendo para quienes como usted representan lo peor de la burguesía: su cara política hipócrita.
Los extremeños ya somos mayores para elegir. Y en las últimas elecciones municipales y autonómicas, el Partido Popular, del que usted, señora Diez, será pronto militante para formar tándem con María San Gil en Madrid, defendió lo mismo que usted, el NO a la refinería, y cosechó un rotundo fracaso, porque los ciudadanos le dijeron a Florianito Chico que estaba equivocado.
No necesitamos que vengan de fuera a decirnos lo que podemos o no podemos hacer, y menos que vengan salvapatrias. Ya somos mayores.
Vale.