Archivos para Rosa Diez

Hace unos días, una fotografía de Carme Chacón, era objeto de una polémica que pretendía añadirse al anuncio del repliegue de Kosovo. En dicha foto, se veía a la ayudante de la ministra de Defensa llevando su bolso y su gabardina. El tono despectivo utilizado en muchos medios de comunicación superaba en mucho a la realidad.
Me acordé entonces de una fotografía que es la imagen de la ignominia: Federico Trillo resguardado bajo el paraguas portado por un ayudante. El marco de la foto va cada vez más siendo la imagen que perseguirá siempre al peor ministro de Defensa que haya tenido nunca España. En las enciclopedias gráficas, para ilustrar la indignidad, se debería incluir la fotografía de Trillo en el monte de Trabnszpor, donde murieron 62 militares a sus órdenes, bien protegido para que no se mojara y fingiendo interesarse por los restos que estaba pisoteando.
Desde que localicé la fotografía en internet han pasado varios días y dudaba en subirla y comentarla… hasta hoy.
De nuevo, en un asunto de la Defensa, ver las imágenes de la comisión del Congreso y del Senado que ha acompañado a Carme Chacón en la visita a las tropas en la misión contra la piratería en el Índico, me he llevado a plantearme, en este caso, por adelantado, sobre cuáles deberían ser los comentarios que los periódicos de la derecha harán cuando las comenten.
Ver a una antigua militante socialista (que no socialista), utilizando de modo descarado los colores de la bandera (como una Esperanza Aguirre cualquiera con la bandera de Madrid) en una visita a militares destacados en una misión internacional viene a demostrar que cuando no existen escrúpulos, los colores visten cualquier cosa. Rosa Diez, apareciendo entre colores rojo y dorado, haciendo juego con la bandera que preside los actos a los que asiste, es la muestra, por un lado, de que cuenta con asesores de imagen, y, por otro, que da igual la imagen, con tal de que sirva para el convento.
A ver si los medios de la derecha critican (lo dudo, of course) a Rosa Diez, la conversa al nacionalismo españolista más rancio, por utilizar (en su sentido más comercial) los colores de la Bandera.
Vale.
Ahora va a resultar que los extremeños, en esto de la industria, necesitamos el consejo de los mayores. De los mayores salvapatrias y burgueses que se aprovecharon en su día de la mano de obra extremeña, se aprovecharon, sí, en el más innoble de los sentidos.
Ahora viene Rosa Diez, que va por los sitios chic de Madrid dándoselas de socialista pura, de política íntegra, y se termina convirtiendo en integrista. Ya era integrista cuando en la difícil situación de la última tregua se alineó con las tesis de la extrema derecha y se convirtió en la “autoridad referente” del panfleto de Jotapedro.
Ahora, cuando viene a Extremadura, como aquí su discurso pseudopolítico no le vale, y cosecha un gran fracaso en la recogida de firmas por no sé qué manifiesto (señora Diez, si supiera cómo conoce la gente a sus monaguillos de por aquí, no se habría atrevido a sacar las mesas a la calle), arremete, desde su experiencia de burguesa vasca, contra el proyecto de refinería en esta tierra.
Ahora, Rosa Diez, cuando el Athletic Club de Bilbao luce publicidad de la refinería de Muskiz, Petronor (presidida por Josu Jon Imaz), viene usted a decirnos a los extremeños que una refinería no solamente no es buena, sino que no es buena para el modelo de desarrollo de esta tierra.
¿Era buena la limpieza étnica subyacente en el Plan de Estabilización de la dictadura del general bajito para que los burgueses vascos, como usted, pudieran disponer de industrias limpias como refinerías, altos hornos y demás? Ese modelo era bueno y lo sigue siendo para quienes como usted representan lo peor de la burguesía: su cara política hipócrita.
Los extremeños ya somos mayores para elegir. Y en las últimas elecciones municipales y autonómicas, el Partido Popular, del que usted, señora Diez, será pronto militante para formar tándem con María San Gil en Madrid, defendió lo mismo que usted, el NO a la refinería, y cosechó un rotundo fracaso, porque los ciudadanos le dijeron a Florianito Chico que estaba equivocado.
No necesitamos que vengan de fuera a decirnos lo que podemos o no podemos hacer, y menos que vengan salvapatrias. Ya somos mayores.
Vale.