Archivos para neocons

No es en absoluto comprensible que la derecha española, dizque liderada por Mariano Rajoy, no sea capaz de acallar a su anterior dirigente, que cada vez que habla hunde un poco más al PP y da ánimos a la ultraderecha. Ahora, con motivo de una reunión de NNGG se ha largado un discurso con dos partes diferenciadas: una, para asestar mandobles al Gobierno, y otra, para deslegitimar a su heredero a título de nada, Mariano.
Lo que Aznar diga de su partido o de su presidente, allá él, allá ellos, si no fuera porque el PP tiene que jugar un importante papel constitucional. Claro, que eso, la Constitución, a Aznar, se la trae floja. Nunca ha creído en ella ni nunca creerá. Para él, la única constitución política son los principios fundamentales del movimiento y los discursos que su abuelo le escribía a Franco. Y para él, la única constitución efectiva en la que cree es en el dinero, el que “gana” por haber sido presidente del gobierno y en el que le hace ganar su yernísimo, Agag.
Sí es más importante que Aznar se dedique a deslegitimar al Gobierno, porque cada vez que habla se pone en evidencia. Que el joven inspector de hacienda en Logroño que escribía cartas a los periódico blasfemando contra la constitución se dedique a descalificar al presidente del Gobierno es una garantía de que Zapatero lo está haciendo bien.
Cuando Aznar critica que se vaya a reuniones por ahí de prestado, en referencia a la cumbre reciente de Washington, tiene su gracia. Si se es políticamente correcto, habría que decir que Aznar se coló de prestado en la foto de las Azores. Pero si se juega a lo mismo que él, habrá que recordarle que en la guerra de Iraq, su trabajo, al tratarse de una guerra, era el de mamporrero de Bush. Que Aznar quiera descalificar a Zapatero, ahora, después de las consecuencias nefastas de un nefasto Bush y de la política seguida por los neocons en EEUU y los neofascistas en España, tiene su gracia.
Dejemos de ser políticamente correctos con Aznar, porque él no lo es, porque él no cree en la Constitución y llámemosle por su nombre y por su comportamiento: fascista. Para él, lo importante no es ganar unas elecciones o gobernar. Para él, lo único importante es mandar, que no es lo mismo. Y si no hubiera elecciones y mandara él siempre, mejor. Ese es su pensamiento político. El pensamiento económico está en la contabilidad de FAMAZTELLA.
Vale.
De nuevo, como cíclicamente sucede, aparece una situación de crisis. En este caso, con un comienzo claro en las hipotecas basura con unas entidades estadounidenses Freddie Mac y Fanny Mae, nacidas como consecuencia del crack del 29. Y originada esta crisis como consecuencia de la supresión de los mecanismos de control (o reguladores) del mercado realizada progresivamente por la administración Bush, ahora los neocons, los ultraliberales están escondidos.
Estos ultraliberales, incluidos unos individuos llamados José María Aznar (Centaurus Capital) y Rodrigo Rato (Banco de Inversión Lazard), están ahora escondidos, parapetados tras las montaña de noticias que como consecuencia de sus decisiones políticas están sacudiendo un día sí y otro también los medios de comunicación.
En esencia, estos liberales, ultraliberales o neocons lo que planteaban es que el mercado por sí mismo se puede autorregular y no es necesaria la intervención del Estado. En los EE.UU., con motivo del huracán Katrina, hubo muchos ciudadanos de Nueva Orleáns que decidieron, en el ejercicio de su libertad (es decir, de su liberalismo), permanecer en sus propiedades. Las consecuencias: miles de muertos. Ahora, cuando eran la tormenta Hanna o el huracán Ike amenazaban Nueva Orleans o Tejas, la administración ultraliberal Bush decretó la evacuación de las zonas afectadas, advirtiendo a los ciudadanos que aquellos que no la obedecieran sobre algo muy sencillo: si no evacuaban, el Estado no tendría ninguna obligación sobre las consecuencias que para ellos tuvieran los fenómenos meteorológicos.
Algo así debería haber hecho Bush y su corte de ultraliberales y neocons: eliminar los mecanismos reguladores del mercado debería tener como contrapartida que el Estado no pondría ni un duro, ni un dolar, para “rescatar” a ninguna entidad si se producían problemas.
Sin embargo, esos ultraliberales de un país en el que no existe la seguridad social universal, han de invertir miles de millones de dolares, muchos miles, para que un banco de inversiones como Merryl Linch pueda ser absorbido por el Bank of America, pero ya para salvar a otro del mismo tipo, Lehman Brothers, no había, y lo dejaron caer.
Y después la aseguradora AIG (la de la publicidad del Manchester United, por cierto), que ha necesitado algo así como 85.000 millones de dolares para evitar su quiebra.
Todo este panorama mientras los “ideólogos” ultraliberales, los neocons, Rato y Aznar incluidos, escondidos.
Por cierto, ¿qué dirían los medios conservadores en España, que se alinean normalmente con las más claras tesis ultraliberales si el “hedge fundsCentaurus Capital o el Banco de Inversión Lazard tuviera problemas?
Vale.