Archivos para parking

Las recientes elecciones municipales han deparado unos resultados que afloran nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, cuyo programa máximo es la regeneración, aunque con fundamentos ideológico (o faltos de ideología) y estrategias bien distintas.

La irrupción de Ciudadanos, considerado por muchos como un partido “marca blanca” del Partido Popular, ha supuesto que en los pactos, la formación de Albert Rivera se haya convertido mayoritariamente en el paracaídas del PP. Y Cáceres no iba a ser menos.

Escuchamos y leemos a los dirigentes de Ciudadanos manifestar su deseo de regenerar la política, de acabar con las anomalías, con los vicios adquiridos. Y aquí nos topamos con algo parecido a aquello de “vicios privados, virtudes públicas”. O lo que es lo mismo, mezclar los intereses públicos con negocios privados.

En estas fechas comienzan a avanzar los trabajos de un proyecto de parking en la Avenida Primo de Rivera, en Cáceres, promovido en solitario (legislatura anterior) por el Partido Popular. Y hoy mismo, los constructores del parking, junto con concejales del equipo de gobierno municipal (PP) presentarán las medidas de tráfico que se implantarán durante al menos 8 meses, mientras duran los trabajos de vaciado de la Avenida y construcción del parking.

Y hoy, también, es el momento de que Ciudadanos, llegados de nuevas al Ayuntamiento, tenga ocasión de pronunciarse (PSOE ya lo hizo en la legislatura anterior, oponiéndose, al igual que Izquierda Unida). Todo parece indicar que la opinión “técnica” de Ciudadanos será favorable al proyecto. Para eso han pedido la documentación… algo que no les hacía falta.

El número 2 de la candidatura de Ciudadanos Cáceres es un técnico cualificado en el sector y podrá dar su opinión. Seguramente favorable, porque ya el 30 de abril, en la empresa ARC Arquitectura, a través de su página en Facebook insertaba este anuncio:

 

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Posteriormente, el anuncio fue modificado, quedando así:

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Se supone que un buen vendedor debe conocer el producto que ofrece, y que una empresa del sector de la Arquitectura, cuando vende plazas de garaje de un aparcamiento construido por otra empresa, dispone de todos los datos técnicos suficientes: accesos, salidas, accesos peatonales, colocación de los ascensores para accesos peatonales…

Por eso, que Ciudadanos haya hecho el paripé de pedir la documentación del parking para luego, con seguridad, apoyar el proyecto por interés “de la ciudad”, porque “juntos damos vida al corazón de Cáceres” no deja de ser una muestra clara y palpable del interés y el ímpetu en la regeneración política.

Vale.

En nuestro país, las legislaturas duran cuatro años, los que transcurren entre las fechas electorales, salvo, por supuesto, casos en los que se adelantan. Pero partimos de un duración de cuatro años.

Cuatro años para poner en marcha y cumplir el programa electoral del partido ganador. Y, sin embargo, cuatro años no es nada. No da tiempo para nada. Los primeros seis meses se pasan entre tomar posesión, distribuir competencias entre los miembros del equipo de gobierno y enterarse, ligeramente, de cómo funcionan los servicios técnicos y administrativos del organismo que se va a gobernar. O lo que es lo mismo, los cuatro años se convierten, de entrada, en tres años y medio.

Y tres años y medio, no son nada.

En esos tres años y medio, el partido que gobierna tiene que aplicar su programa. Y para ello, lo primero es tener un presupuesto. El heredado, por ejemplo, junio, fue aprobado por el anterior gobierno (fuera o no del mismo partido), no le vale, porque las inversiones prometidas ya no son las mismas, las promesas electorales del programa son distintas. Por tanto, las promesas electorales se retrasan hasta al menos el marzo, abril, del año siguiente si las elecciones han sido en mayo. Casi el primer año se pierde en ordenar plazos, ordenar presupuestos, redefinir promesas, priorizar qué promesas electorales se van a cumplir, si se fuera a cumplir alguna.

Cuatro años no son nada.

Y menos si descontamos el primer año de poner orden. Nos quedan tres años realmente para gobernar. Bueno. Tres años, no, dos, porque el último año ya no sirve para gobernar, sino para cumplir aquello que en los USA se dice del último año del mandato del presidente: el pato cojo.

Pongamos el caso de Cáceres, que me cae más cerca.

El actual equipo de gobierno llegó al poder con las elecciones de mayo de 2011. Tomó posesión a mediados de junio. En julio estuvieron probando las puertas de los despachos, mirando algunos cajones y mirándose al espejo, encantados de haberse conocido. Agosto de 2011, cerrado por vacaciones. Septiembre y octubre, paralizados porque la alcaldesa resultó candida al Senado y había campaña electoral en noviembre. Diciembre se dedicó a festejar las fiestas y el éxito electoral del partido en las elecciones de noviembre.

Durante 2012 y 2013, a vueltas con la herencia, pobre herencia de crisis recibida. Y a tratar por todos los medios de que la mayor baza con la que jugaban, El Corte Inglés, dijera, definitivamente, que sí. Pero también resultó fallido. No quedaba nada de aquellos efluvios electorales de mayo y noviembre de 2011.

Con la crisis encima, con un gobierno de mayoría absoluta de su partido en el Ayuntamiento y en el Gobierno central, no consiguieron el placet del Ministerio de Montoro y, en la práctica, el ayuntamiento de Cáceres está intervenido, razón por la cual, antes del 1 de octubre de 2014 la alcaldesa ha debido informar al Ministerio de Hacienda de las líneas generales del presupuesto para 2015. Líneas generales que sus votantes, los ciudadanos de Cáceres no son dignos de conocer. Practica lo mismo que hace su gobierno de Madrid: a “la superioridad” da una información, a los votantes se la hurta.

Y en estas estamos ya en el último año de legislatura. Cuatro años no son nada.

Porque en la política municipal, la más cercana a los ciudadanos, los resultados se tienen que ver. Es el último año el que determina los éxitos o los fracasos. Es el año de las inauguraciones, de los cortes de cintas.

Hemos llegado a ese último año y todavía no encontramos la tijera para cortar la cinta de inauguración de nada. De nada. No podemos celebrar la primera piedra de El Corte Inglés, dudamos de la continuidad del Cefot, esperamos que la peatonalización de San Pedro de Alcántara no tenga contratiempos, que el dinero de la Junta de Extremadura permita inaugurar el Espación para la Creación Joven del Molino de la Ribera del Marco (que se encontraron terminado y tardaron tres años en conseguir unas migajas de euros de la Junta para los accesos…). Esperamos que el comienzo de las obras del parking de Primo de Rivera (si comienzan) no resulte traumático para el tráfico y tránsito porque el agujero junto al Múltiples podría convertirse en el pozo en que cayeran los votos y no en las urnas.

A menos de un año vista, el balance de la gestión del Partido Popular en Cáceres no puede estar más vacío.

Y en los meses que quedan ya no hay tiempo. Quizás la peatonalización de San Pedro de Alcántara le permita una alegría entre sus más allegados pero que sin duda la aleja de los más de los ciudadanos.

De ahí que el año que nos queda sea un año baldío.

Cuatro años no son nada. Y el último, además, es inhábil a efectos de arreglar lo que no se ha hecho.

Vale.