El 17 de noviembre de 2014, en plena vorágine periodística, social y política desatada por la publicación, en el Diario Público, de la información de la periodista Ana Pardo de Vera en la que se daba cuenta de los viajes privados del senador por la Comunidad Autónoma de Extremadura a las Canarias con cargo a los presupuestos del Senado, el actual presidente de la Junta de Extremadura asistió a un acto político informativo en Madrid.
Protagonizó dos momentos, en aquel desayuno informativo, que se recordarán. Uno, su fuga cobarde las preguntas del periodista de El Intermedio, Gonzo. Las imágenes que emitió el programa de El Gran Wyoming dieron y dan muestra de la vergüenza.
El otro, que transcribo a continuación, según un despacho de la Agencia EFE, repicado por el órgano oficial de prensa y propaganda del Partido Popular de Extremadura:
El presidente de Extremadura, José Antonio Monago, ha anunciado hoy que hará públicas todas sus finanzas en enero, dando «mucha más información» que la que aparece en la declaración de la renta, y será el primer jefe de Gobierno autonómico en hacerlo.
En su intervención en un desayuno informativo organizado por Europa Press, Monago ha invitado al resto de sus «compañeros» y a todos dirigentes políticos a seguir su ejemplo. «Si queremos que los ciudadanos nos traten como personas y no como políticos demos pasos que nos acerquen a ellos».
Y ha insistido en que todos los dirigentes políticos deben ponerse «en su sitio, al servicio de los ciudadanos», porque así «volverá la presunción de inocencia» a la política y ésta no seguirá «bajo sospecha».
«Hasta los apuntes de la compra» en el supermercado ha prometido enseñar Monago, quien se ha comprometido a aportar todo el estado financiero de sus cuentas y préstamos.
Con esta iniciativa, Monago ha prometido elevar el «techo» de la transparencia «más alto aún de lo que lo ha puesto nadie en el país».
A la vista de los párrafos copiados, cabe una pregunta: ¿piensa de verdad José Antonio Monago cumplir lo que dijo? El archivo por la Fiscalía de las diligencias practicadas tras presentarse varias denuncias parece que tiene la respuesta. Monago hizo aquellas afirmaciones en el contexto de verse acorralado sabiendo que había utilizado dinero público para fines privados. Ahora que la Fiscalía no ve delito en la conducta del senador Monago, seguramente los consejos de estrategia y marketing que reciba serán: pelillos a la mar.
Lo único claro es que ha transcurrido el mes de enero y Monago no ha cumplido con el compromiso adquirido ante muchos medios de comunicación. Claro que, también, cuando se hizo el valiente anunciando tan altísimo nivel de transparencia, tuvo la ocurrencia de decir que “cuando me atacan, también atacan al pueblo de Extremadura”, algo tan grandilocuente y esperpéntico como si en vez de en un hotel de lujo de Madrid, lo hubiera dicho en el Callejón del Gato.
Y nos quedaremos sin conocer ni los vales de compra ni los billetes del metro de Badajoz.
Vale.
La procedencia académica de la dirección de Podemos™ y su característica definitoria de proyecto de laboratorio, va perdiendo la capacidad de sorpresa y va formando parte del paisaje, diluyéndose en un lenguaje reconocible y, a la vez, trufado de trampas que se tejen en los manuales de comunicación política.
A medida que los dirigentes (perdón, el dirigente, Pablo Iglesias) van siendo pasto de la difusión masiva de sus mensajes y, por tanto, de la pérdida de efectividad de sus conceptos (las palabras, a fuer de usadas, diluyen su significado y se convierten en fin en sí mismas), requieren su renovación, su reinvención y su mezcla con otras para que el mensaje final pueda seguir siendo el mismo.
La comunicación política requiere que un mensaje quede fijado y cale en «el público» (los clientes). Para Podemos™ el mensaje es transmitir que la sociedad está fragmentada, de modo radical, entre «la casta» y «la gente», entre «los de arriba» y «los de abajo». Una división tan radical que permita visualizarla como un muro impenetrable, como un concepto tan sólido, que impida a los receptores del mensaje una simple pregunta: si hay una división tan radical entre «ellos» y «nosotros», ¿en qué lugar colocamos a los dirigentes (perdón, a Pablo Iglesias)?.
El lenguaje no es inocente. Puede ser más o menos educado, elegante, proligo, florido, seco… pero no es inocente. Escuchar los discursos, las buenaventuranzas del Profeta Iglesias, va permitiendo saber un poco más de cómo es la personalidad del aspirante, y de cómo su utilización del lenguaje deja ver, con claridad su posición.
Desde el comienzo, desde el primer mensaje de casta vs gente, hasta su sustitución actual, o su uso combinado, siempre deja clara una cosa: Pablo Iglesias (y su cohorte de discípulos, que manejan la misma semántica) está “con la gente”, está “con los de abajo”. La furibunda reacción a las palabras (más o menos acertadas) de Susana Diaz diciendo que ella era de la casta de los fontaneros, les descolocó. La presidenta andaluza había dado con una frase que unía los mundos separados. Pero no explica la cuestión.
Para Pablo Iglesias, no es cuestión ni objetivo unir esos mundos separados (casta vs gente, arriba vs abajo, política vs ciudadanos), porque la política, para el proyecto de laboratorio Podemos™, no es un instrumento de transformación de la sociedad, es un fin en sí misma, con el que imponer su proyecto. Sin más.
En todo esta sobreexposición, saturación a la que la corte de discípulos del profeta se dedica (en la práctica, son ya un producto de consumo, todavía con la cierta sorpresa de lo nuevo, pero con un desgaste comercial imparable), nunca se ha apreciado lo que da valor a las ideas: su conversión práctica.
Mientras que Pablo Iglesias y sus discípulos sigan hablando de casta y gente, los de arriba y los de abajo… pero sigan diciendo que ellos están con la gente, con los de abajo, están cavando la misma trinchera que dicen denunciar.
Pablo Iglesias está, dice, con la gente, con los de abajo. Porque él se sabe, se cree, un individuo por encima de esa gente. Porque él no es de los de abajo, porque quien se cree élite jamás podrá ser de, jamás podrá pertenecer a…
Vale.
Durante la campaña electoral griega, a medida que iban avanzando los días y se iban conociendo las encuestas que daban como ganadora a la coalición Syriza, y la derrota de Nueva Democracia, se fueron sucediendo análisis, predicciones y previsiones de todo tipo y todo tipo de comparaciones con la situación española. Mariano Rajoy hizo campaña junto a Samaras, y Cayo Lara y, especialmente, Pablo Iglesias, acompañaron a Tsipras.
Las opiniones eran de similitud de las situaciones griega y española según quién las contara. La más extendida era la corriente de opinión transmitida por las redes sociales, siguiendo la doctrina marcada por Pablo Iglesias, de que el cambio en Europa empezaría con la victoria de Syriza.
Celebrados los comicios, conocida la victoria casi por mayoría absoluta de la coalición de izquierdas, desde Izquierda Unida y, otra vez, sobre todo, desde Podemos, las campanas se lanzaron al vuelo: “han ganado los nuestros, hemos ganado nosotros” parecía el mensaje.
Sin embargo, al día siguiente, cuando Tsipras cerró el pacto de gobierno con ANEL (Griegos Independientes) eso de que hemos ganado los nuestros ha pasado a una frialdad absoluta. Ya no llegan a twitter los mensajes de complicidad de Pablo Iglesias, Íñigo Errejón o la cuenta oficial de Podemos. Ya no es lo mismo Syriza que Podemos, ni Tsipras que Iglesias, ni Grecia que España.
A la frialdad, al “distanciamiento” súbito se le ha añadido más distancia, más hielo cuando el nuevo primer ministro griego ha hecho público su nuevo gobierno. Ni una mujer. No es posible que en toda la coalición de partidos que conforman Syriza no haya una sola mujer con capacidad para desempeñar un ministerio.
Las primeras medidas anunciadas por el nuevo gobierno griego (aumento importante del SMI, energía eléctrica gratis para 300.000 hogares, reapertura de la televisión pública…) son medidas políticas anunciadas y que están en la línea de las ¿previsiones programáticas? de la formación de Pablo Iglesias y sus seguidores.
Sobre el pacto de gobierno de la coalición de izquierdas con un partido ultranacionalista y ultraconservador, los análisis periodísticos españoles han señalado que la coincidencia entre Syriza y ANEL en estar en contra de las imposiciones de la Troika. Pero es una coincidencia “sin piel”, como diría Luisma Floriano. Porque mientras la oposición a la Troika de Tsipras se fundamenta en el daño que hace a los ciudadanos, la de Kamennos se fundamenta en los territorios. Y no, no son lo mismo los ciudadanos que los territorios.
Con el nuevo gobierno formado, sin mujeres, con dos formaciones políticas ideológicamente en las antípodas una de otra, hay una cuestión que debiera preocupar. Si las primeras medidas anunciadas son de recorrido mediático rápido y amplio (SMI, energía eléctrica gratuita…), el nombramiento de Panos Kamennos, líder de ANEL y político de casta (lleva desde los 28 años sentado en el parlamento como diputado de Nueva Democracia hasta la anterior legislatura, y desde entonces con su nueva formación), como Ministro de Defensa debería suponer una preocupación.
He intentado en varias ocasiones, vía twitter y vía email, contactar con Podemos y Pablo Iglesias para conocer su posición con el nombramiento por su amigo Tsipras de un ultranacionalista como Kamennos para la cartera de Defensa. En vano. O no merezco una respuesta o se han quedado como tres con dos ojos, es decir, que no tienen ni puñetera idea.
Kamennos es un ultranacionalista que manejará un gasto en defensa del 2,5% del PIB griego (en España, el gasto en Defensa es del 0,9%, según datos del Banco Mundial para 2013), y cuyo partido plantea cuando menos distanciamientos con Turquía, se disputa el control del Mar Egeo, no reconoce la denominación de República de Macedonia, y es partidario de la Enosis. Además, al ser el único ministro del partido con el que ha pactado Syriza, el primer ministro Tsipras no podrá “atar en corto” las decisiones de Kamennos, al que deberá dar un margen de maniobra que puede, y ya lo veremos, plantear conflictos y tensiones territoriales propias de su definición política.
Que los dirigentes de Podemos, que el día de la victoria electoral de Tsipras salieran alborozados a “compartir” (en realidad, a transferir a España) esa victoria, no hayan dicho ni mú sobre el pacto con la ultraderecha, ni sobre un gobierno sin mujeres, y ni una mínima palabra sobre el nombramiento de un ultranacionalista para el Ministerio de Defensa dice bien a las claras que una cosa es meterse en el laboratorio de las ideas, dar vueltas en círculos teóricos y dogmáticos, y otra ver la realidad.
Y la realidad, por su silencio, es que no les ha gustado lo que ha hecho Tispras tras ganar, pero no tienen ni idea de cómo cocinar el plato de pacto que les ha servido su, hasta el lunes pasado, colega.
Ni siquiera les parece haber gustado el postre. Yogur griego, por supuesto.
Vale.
Para fijar el concepto, recurrimos a la Real Academia de la Lengua:
aluvión. (Del lat. alluvĭo, -ōnis). 1. m. Avenida fuerte de agua. 2. m. Sedimento arrastrado por las lluvias o las corrientes. 3. m. Afluencia grande de personas o cosas. Un aluvión de insultos. 4. m. Der. Accesión paulatina, perceptible con el tiempo, que en beneficio de un predio ribereño va causando el lento arrastre de la corriente.
De aluvión~. 1. loc. Adj. Dicho de un terreno: Que queda al descubierto después de las avenidas, o que se forma lentamente por los desvíos o las variaciones en el curso de los ríos. 2. loc. Adj. Improvisado, heterogéneo, superficial, inmaduro.
De aluvión parece que se configura un partido político, Podemos, al que la debilidad de los partidos tradicionales (según el lenguaje “podemista”, los de la casta) parece conducir por riadas a gentes descontentas o de nuevo material. Esta percepción no es ajena a la heterogeinidad que se aprecia en las “direcciones” regionales, provinciales y locales. Personas que han estado o están en otros partidos políticos, que salen de ellos por pérdida de confianza en su futuro personal dentro de las organizaciones, o simpatizantes de otras formaciones que se acercan al olor de lo nuevo.
Podemos, sociológicamente, es un partido de aluvión. La acumulación de elecciones en un año (locales, autonómicas, nacionales, catalanas y, se dice, andaluzas), su constitución como nuevo partido, suman dos circunstancias a las que cualquier organización ha de enfrentarse con la cautela de saber que sus decisiones, tanto internas como de proyección social, tienen que fundamentarse en un principio de solidificación. El aluvión es fácilmente desplazable por la marea, por las corrientes imprevisibles.
Las críticas recientes de Urías, en Sevilla, y de German Cordón, de Xuntos Podemos http://www.abc.es/local-galicia/20150119/abci-primarias-podemos-ferrol-201501191100.html, así como los desfases entre los censos de votantes y los datos de las votaciones de las elecciones a la dirección, demuestran esa característica de aluvión y la dificultad para que la argamasa de la tranquilidad actúe.
Podemos es un partido de aluvión, nacido en un laboratorio universitario, adobado con el descontento y hartazgo ciudadano. Sus creadores han conseguido, hasta ahora, pulir la figura del Mesías, y su forma de hablar a un auditorio en el que menos del 5% le conocen personalmente demuestra su mesianismo (“ya sabéis que a mí me gustan mucho las series”, queridos discípulos) es uno de los hitos que los expertos habían teorizado en el laboratorio. Su éxito, inesperado, en las elecciones europeas, han frenado a los teóricos y se han asustado. Su renuncia a “quemar” la marca en las elecciones locales no se debe a una estrategia de crecimiento futuro, sino a una realidad: que se temen que de las probetas del laboratorio al bache de la calle que hay que tapar hay un trecho que no tenían pensado.
Los aluviones suelen, en las corrientes naturales, rellenar meandros, del mismo modo que durante la “era del ladrillo” las urbanizaciones han colapsado, a modo de aluvión, las ramblas, los cauces aparentemente secos. Y cuando el agua, cuando la realidad se mueve, se lleva por delante las partes débiles, arrastra los sedimentos de aluvión no consolidados, como se lleva construcciones que han invadido las ramblas naturales.
El aluvión solamente es beneficioso cuando se sedimenta, cuando tiene la suficiente fuerza, la suficiente fortaleza, para evitar que los elementos naturales lo desplacen, lo arrasen.
Vale.
El miedo es un arma de destrucción masiva de la libertad en manos de la derecha. Y la utiliza, y la utilizará perfeccionada, que para eso ya se ha puesto manos a la obra con el Anteproyecto de Ley Orgánica de Seguridad.
Decía Erich Fromm en “El miedo a la libertad”: “El nazismo constituye un problema psicológico, pero los factores psicológicos mismos deben ser comprendidos como moldeados por causas socioeconómicas; el fascismo es un problema económico y político, pero su aceptación por parte de todo un pueblo ha de ser entendida sobre una base psicológica”.
Los atentados de París, uno de ellos con la excusa de las caricaturas de Mahoma (entiéndase bien, excusa, no justificación, el terrorismo no necesita justificaciones) y el otro ¿con qué excusa? han supuesto para los gobiernos menos asentados en las convicciones democráticas la excusa (excusa, que no jusficación, el autoritarismo no necesita justificaciones) perfecta para ahondar en la psicología de masas e imponer el miedo como ideología dominante.
Porque en España, el anteproyecto de Ley Orgánica de Seguridad no se ha elaborado en la semana transcurrida desde el atentado contra Charlie Hebdo, sino que venía fraguándose desde hace al menos 8 meses, desde la irrupción de Podemos y el cambio de dirección en el PSOE, con el abandono de Rubalcaba, que desde noviembre de 2011 se había convertido en un colaboracionista (sentido y orientación Vichy) pasivo y la derecha entró en pánico por el auge de Podemos y la deriva política de Pedro Sánchez (sin que ni PSOE ni Podemos hayan hecho otra cosa que poner en primer plano la política y las libertades).
¿Qué puede pensarse leyendo esto: «El Gobierno establecerá los criterios relativos a la preparación y disponibilidad de los recursos humanos y materiales no propiamente militares para satisfacer las necesidades de la Defensa Nacional en situaciones de grave amenaza o crisis, teniendo en cuenta para su aplicación los mecanismos de cooperación y coordinación existentes entre los diferentes poderes públicos.«
¿Se puede pensar que el Gobierno de la Nación necesita algo más que este párrafo para garantizar la seguridad de los ciudadanos?. En mi opinión, no. Pero este gobierno del Partido Popular, que lleva en su ADN los genes del franquismo, pretende desarrollar este párrafo, esta habilitación que ya existe en la Ley, en una nueva Ley Orgánica, cuando sería suficiente un desarrollo normativo de menor calado jurídico, pero que debería estar más justificado, curiosamente.
La pomposidad de una Ley Orgánica permite al gobierno, garantiza al gobierno, de aquí a las elecciones (es decir, en toda la campaña electoral que estamos conociendo), una presencia en los medios, en el “debate político”, de dos conceptos: uno, que será el visible, el de seguridad, y otro, el subyacente, el subconsciente (inconsciente), que es el mensaje del miedo.
El párrafo citado más arriba ya es, ya debiera ser suficiente para que el Gobierno, en su cumplimiento, pueda garantizar la seguridad. Pero… como ya existe en nuestro ordenamiento jurídico, le impide utilizar lo que realmente quiere y necesita: el miedo como arma contra la libertad.
Un mero desarrollo normativo (Real Decreto, Orden Ministerial o Reglamento) del artículo 22 de la Ley Orgánica de la Defensa Nacional, que es el párrafo transcrito, sería flor informativa de un día, y pasto de un sinfín de recursos ante los tribunales, mientras que la “tramitación” de una Ley de Seguridad, con carácter de orgánico, permite usar el miedo, meter el miedo en los huesos de los ciudadanos.
Como decía Fromm en su ensayo, explicando el auge y triunfo del nazismo, “los obreros siguieron afiliados a sus respectivos partidos y, conscientemente, no dejaron de creer en sus doctrinas; pero en lo profundo de su conciencia muchos de ellos habían abandonado toda esperanza en la eficiencia de la acción política”.
Es decir, el miedo como vehículo de campaña electoral. Como arma contra la libertad.
Vale.

En la sede la Asociación Cultural Lemon y Coco (@lemonycoco), en la calle Roso de Luna, 12, de Cáceres, tengo colgadas algunas fotografías que he ido haciendo a lo largo de estos años. Son distintos puntos de vista de la ciudad, Paisajes Urbanos que en algún caso son puntos de vista no habituales en las imágenes que conocemos.
En el caso de la que ilustra esta breve entrada, es un espacio de propiedad pública, pero uso restringido, prácticamente desconocido, y muestra un jardín, con pérgola de cerrajería, realizada a finales de los años 50 o comienzos de los 60. Un jardín que tiene un cierto regusto romántico, contrapuesto con la imagen, tópica, que se tiene del lugar en que se encuentra.
La exposición puede verse hasta el 13 de enero próximo.
Vale.
Monago en Canarias, vía twitter de @anapardodevera
La legalización de la objeción de conciencia para el cumplimiento de la mili derivó, según los pensamientos conservadores, en un aluvión de objetores de conveniencia, con la exclusiva finalidad de librarse de la mli. Pues aquella deriva de pensamiento conservadora ha llegado a nuestros tiempos y sirve para todo. Ya no hay liberales sino neoliberales, pero no de ideología fundamentada sino de pensamiento abonado.
Esta troupe de neoliberales por garbanzos también rondan por Extremadura. Son los que vienen queriendo hacernos creer que los viajes de Monago a ver su churri a Canarias pagados con dinero público (versión 1) o que Monago, Senador por la Comunidad Autónoma de Extremadura, viajaba a Canarias porque estaba empadronado en las islas (versión 2) no son censurables.
Claro, cuentan con el apoyo inestimable de un PSOE desideologizado, que avala la versión de la fiscalía del Tribunal Supremo (no es ilegal), y que lleva el asunto a tema de moralidad. Y en cuestiones de moralidad pública, moralidad privada y bajos fondos, la derecha neoliberal tiene su patrimonio. Vicios privados, virtudes públicas.
En una cosa digital que edita una empresa mercantil de publiciad y propaganda, que recoge a rancios periodistas (rancios en su sentido tocinero), editorializa para decir que no hay “caso Monago”. Y su fundamento ideológico-jurídico es: “Lo que no está expresamente prohibido por ley está autorizado”. Que esto se publique así por las buenas, sin anestesia, y que provenga de la misma banda (derecha/extrema) que se hace cruces cuando se les dice que es un buen momento para cambiar la Constitución del 78, es cinismo puro. Neoliberales de conveniencia. Fachorros de boina capada.
Porque no es verdad que lo que no está expresamente prohibido está autorizado. No es verdad que porque el Senado tenga un sistema económica que rodea, como en el caso Monago, el Código Penal (tanto valor puede tener la interpretación de un Fiscal como la de un ciudadano que tenga mínimas nociones de derecho), lo de Monago esté autorizado. Claro, que en este caso volvemos a encontrar al PSOE como cooperador necesario para que el Fiscal del TS haya podido “fundamentar” la exoneración del mencey de Quintana de la Serena.
La Constitución Española de 1978, esa intocable para los mismos del Partido Popular que no la querían y votaron en contra o se abstuvieron en el referéndum, está fundamentada jurídicamente en el derecho positivo: solamente es ajustado a derecho lo que esta expresamente reconocido en el derecho.
Baste un ejemplo. El Código Civil establecía que el matrimonio era entre un hombre y una mujer, pero no prohibía el matrimonio entre dos personas del mismo sexo. Estos neoliberales de vía estrecha, a sueldo de la derecha, que afirman (iba a decir sin despeinarse, pero seguramente sean calvos la mayoría) que lo que no está expresamente prohibido está autorizado, deberían decir que para qué la reforma del CC que hizo Zapatero para que, de modo efectivo, el matrimonio entre personas del mismo sexo fuera legal.
Claro que en el régimen económico del Senado no está prohibido expresamente que los senadores utilicen privilegios económicos para hacer de su capa un sayo y puedan viajar a costa del dinero público a donde les tire el cerebro, pero de ahí a decir que un senador pueda incumplir la ley que le habilita para ello (Monago era Senador por la Comunidad Autónoma de Extremadura y por tanto la obligación de ser residente de hecho y de derecho en dicha Comunidad) y viajar a costa del erario público a ver a su amada,va un trecho.
Estos neoliberales a sueldo del poder que son capaces de justificar cualquier cosa que pueda poner en entredicho a quien es el amo de la caja de caudales, son en la práctica, neoliberales de conveniencia, escribanos a sueldo, que cada vez más andan por las calles sin que tenga que ir nadie detrás con una pala y una escoba recogiendo sus boñigas ideológicas.
Vale.
Desde mediados de diciembre, en la sede de la Asociación Cultural Lemon y Coco (@lemonycoco), y hasta el 13 de enero, están colgadas algunas fotos realizadas por mí, en las que recojo algún espacio de la ciudad de Cáceres, mi ciudad. Son fotografías que presentan puntos que cualquier paisano o visitante puede ver, pero que en cualquier caso creo que aportan un punto de vista distinto, diferente, muy personal.
En todas ellas, la utilización de técnicas digitales no ha pretendido en ningún caso distorsionar la realidad como es, no ha pretendido magnificar la imagen en pos de conseguir un elemento artístico. Para mí, la fotografía, al menos las que yo disparo y no tiro, no puede distorsionar la realidad ni siquiera con apoyos, cada vez mejores y más sofisticados, digitales, que sustituyen las más artesanales técnicas (y artísticas) que los fotógrafos utilizaban en el cuarto oscuro.
Y como mi pretensión es llevar a la fotografía espacios de mi ciudad, que creo que quedarían muy bien colgados en un salón, en un despacho, en un local, aquí dejo una pequeña muestra de las imágenes que, si os acercáis a la calle Roso de Luna, nº 12, de Cáceres, podréis ver. Y adquirir, que será una buena manera de apoyar la labor cultural que realiza la Asociación Lemon y Coco. Si te gustan una, dos o tres, o todas las fotografías, puedes contactar con la asociación vía twitter, o visitando su página web http://www.lemonycoco.es.
Vale.

Hoy, en vísperas del 28 de diciembre, el Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha hecho su balance del año y sus profecías para el próximo año electoral de 2015. Después, fuese y no hubo nada.
Dice el señor Mariano que el año 2014 ha sido mejor que el 2013 y que hace 80 años no había tantos zapatos, y muchos españoles iban en zapatillas de esparto.
Váyase al carajo, señor Mariano.
Dice que las cifras de empleo han mejorado con respecto a 2013, ¡faltaría más!, pero no ha tenido ningún recuerdo efectivo para los más de 4.500.000 parados que figuran en las listas oficiales y más de 5.500.000 que dice la EPA del nido de rojos llamado INE.
Váyase al carajo, señor Mariano.
Dice que las cifras del paro han mejorado, pero no ha dicho nada de la disminución real y efectiva, en un año, en más de 500.000 habitantes de nuestro país, en su mayoría personas de edad fértil y edad laboral.
Váyase al carajo, señor Mariano.
Dice que estamos tan bien, tan bien, y que en 2015 vamos a estar tan bien tan bien que él, El Magnánimo, sube el salario mínimo interprofesional en 3,30 euros al mes, y que la pensión media subirá en la cuantía, auténticamente espectacular, de 2 euros al mes. Él, El Magnánimo, dice que son subidas modestas, y lo ha dicho sin reírse, pero con las babas escurriéndole por las comisuras de los labios.
Váyase al carajo, señor Mariano.
Dice que la economía va tan bien, tan bien, gracias a él, que la inflación ha caído tanto que eso mejora la capacidad de compra de los españoles, cuando la realidad es que la capacidad de compra de los españoles ha caído tanto que ni la bajada de los precios puede compensar una economía desastrosa… salvo para las empresas del IBEX 35.
Váyase al carajo, señor Mariano.
Dice que la economía crece sin menoscabar el estado del bienestar, eso dice el gallego, sin que su ojo izquierdo detecte la mentira: el tic desaparece cuando desde la primera palabra del discurso hasta la última, todo son mentiras, medias verdades o frases huecas llenas de hipocresía y de cinismo.
Váyase al carajo, señor Mariano.
Cuando El Magnánimo habla del estado del bienestar, no lo hace pensando en los enfermos de Hepatitis C, a los que tiene en el corredor de la muerte, ni lo hace pensando en enfermos de múltiples dolencias para cuya investigación ha cercenado todo tipo de recursos y nuestros investigadores ya no emigran, huyen, se exilian porque el presidente del Gobierno de su país los expulsa.
Váyase al carajo, señor Mariano.
Dice que el año 2015 será el de la consolidación de la recuperación, pero mantiene congelados los sueldos de los empleados públcios y, generoso él, va a pagar 44 días de la extra que le robó en diciembre de 2012, pero no dice que esa devolución está obligada por múltiples sentencias judiciales.
Váyase al carajo, señor Mariano.
Dice que vamos tan bien tan bien que va a mantener medidas de gran importancia social para la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, como la Ley de Tasas Judiciales, que ha terminado con la Justicia gratuita y solamente pueden acudir a los tribunales los que tengan dinero. Es decir, los dueños de las empresas para los que gobierna.
Váyase al carajo, señor Marian.
Dice que 2014 ha sido un buen año y que 2015 será la releche, pero no tiene agallas de decírselo a los jóvenes a los que tiene condenados, a los jóvenes cuya formación ha costado tanto dinero al Estado y ahora no pueden devolverlo produciendo porque no tienen los medios ni la iniciativa de un Gobierno que se comporta como un grupo de sociópatas.
Váyase al carajo, señor Mariano.
Dice que estamos tan bien en el año que termina y que en 2015 vamos a estar mejor, y la realidad es que, vulnerarndo los derechos humanos, priva de libertad a un militar, el Teniente Gonzalo Segura, por denunciar la corrupción en las FAS, o que obliga a una militar, la Comandante Cantera de Castro, a tener que pedir su salida porque la persecución de la que ha sido objeto por denunciar a un superior por acoso.
Váyase al carajo, señor Mariano.
Dice que va a luchar contra la corrupción, él, el presidente de un partido cuya sede se ha construido con dinero negro, un partido que tiene en sede judicial acreditada la existencia de una caja B, un partido con todos sus extesoreros imputados y el que él nombró está en la cárcel, él dice que va a luchar contra la corrupción. No ha dicho que va a luchar contra sí mismo, porque no estuvo el día que el Juez ordenó registrar la sede de su partido, que más que una sede es una fosa séptica colapsada.
Váyase al carajo, señor Mariano.
… Y así, ad infinitum, podría seguir mandando lejos a Mariano Rajoy Brey.
Vale.
A media que se aproximan las citas electorales del año que viene, con las autonómicas y municipales en mayo y generales en noviembre (a salvo de adelanto electoral de las segundas, según evolucionen las pendencias judiciales del PP), las encuestas que las empresas de mercadotecnia y prospectiva vayan realizando, irán arrojando resultados, unas veces similares entre sí y otras distantes en los resultados.
Ahora estamos en un período en el que, tocada la línea de flotación de Izquierda Unidad y alojada en una horquilla muy asumible (siempre desde la perspectiva de los verdaderos dueños de los medios de comunicación que encargan las encuestas), toca ahora que los sondeos fijen el techo presumible de Podemos y así poder actuar como con Izquierda Unida: mantener al partido liderado por Pablo Iglesias en una horquilla que permita, ante todo, su integración. En gran medida, esto recuerda aquel ensayo breve de Agustín García Calvo, “De los modos de integración del pronunciamiento estudiantil”. O lo que es lo mismo, cómo el stablishement consigue en la práctica que la contestación termine siendo disuelta en los resortes del sistema. Las encuestas son un sistema claro de cómo hacer ver al disidente su papel de parte orgánica del corpus social.
No me refiero a que esa sea la deriva de Podemos y otros movimientos surgidos a su rebufo, sino que es la deriva que se pretende marcar.
A lo largo de 2014, con la eclosión de Podemos en las elecciones europeas, la cuña con la que se presiona es la de la rotura del bipartidismo PP-PSOE, como si ello fuera un fin en sí mismo o como si ello fuera el fin de un régimen. Lo raro es que esa es una aspiración claramente definida por los propios dirigentes de Podemos. Consideran que su irrupción y poderío (en las encuestas, de momento), por sí mismos, ya suponen esa rotura del bipartidismo y que solamente con ello ya se resuelven los problemas, acuciantes, de los españoles.
Pero, como en todo, no todo son, precisamente luces ni todo sombras. Mientras Podemos copa portadas y titulares en los medios de comunicación al servicio del poder establecido, y mientras copan titulares, editoriales y ensalzamientos en la prensa más off, vamos conociendo, por ejemplo, cómo son las estructuras nacionales (la dirección nacional del partido) y cómo van siendo y quiénes van ocupando las estructuras territoriales, pero desconocemos cuáles son sus medidas programáticas de realización inmediata que mejoren la vida de los ciudadanos. En materia económica, por ejemplo, han presentado un documento esencialmente teórico de dos magníficos economistas. Pero eso, teóricos.
Porque las medidas inmediatas a presentar no son solamente económicas y porque las orientadas a un modelo nuevo de relaciones (proceso constituyente) requieren un período de tiempo que para muchos ciudadanos se puede convertir en eterno, porque las medidas que permitan un nuevo modelo de relaciones económicas (cómo organizar jurídica y económicamente los distintos sectores productivos y de servivios) son de complicada gestión en el tiempo, y las necesidades de, por ejemplo, los parados de larga duración, no soportan aplazamientos… Todo ello necesita un tiempo, que sería más largo o corto en función de la potencia con la que Podemos consiguiera romper el bipartidismo.
Pero, además, en esta situación en la que las encuestas, a lo largo de 2014 han ido dando solvencia demoscópica a Podemos, la exposición pública de esta formación ha ido mostrando algunas lagunas de interés. Por ejemplo, no se conocen, al menos quien esto escribe, cuáles son las propuestas reales para los sectores primarios de la economía (agricultura, ganadería, pesca, minería…), ni propuestas para sectores concretos como el turismo, la construcción, los servicios. Ni propuestas sobre el dimensionamiento de las administraciones, ni si en el modelo de proyecto constituyente se mantendría el título VIII de la Constitución, con algún retoque, o iríamos a un modelo de Estado centralizado o, por el contrario, el modelo sería el Federal.
Quizás las carencias más clamorosas, a mi juicio, son las que se refieren a los sectores primarios y a cuestiones como el turismo o la construcción, los dos grandes contenedores de puestos de trabajo, junto con las Administraciones Públicas.
Estas cuestiones clamorosas vienen, a su vez, reflejadas en las personas que tanto a nivel nacional (¿central, estatal?) como a niveles ¿descentralizados, federales, autonómicos? vienen siendo los que asumen las distintas direcciones: me llama poderosamente la atención la ausencia de trabajadores manuales (agricultores, ganaderos, marineros, albañiles, mecánicos…) y de determinados niveles de las Administraciones. Esta carencia, además de llamativa, puede explicar por sí misma la característica fundamental de Podemos como concepto (ideológicamente indefinido a conciencia). Y el concepto es que se trata de un proyecto de laboratorio ideado para su expansión concéntrica que en cada nuevo anillo debe repetir la esencia del original. Un obrero, en el sentido marxista del término, no tiene cabida en esa formación.
Las encuestas se están diseñando y dirigiendo a presentar a Podemos como una estructura de élite del mismo modo que se pregunta por los demás partidos. Desde del punto de vista demoscópico, Podemos es una parte de la casta del sistema. Y aunque sus dirigentes lo nieguen, se comportan, social y, sobre todo, sociológicamente, como la élite creada para desplazar a las élites (convertidas en casta) que han gobernado desde 1978 y cuyas desviaciones se han convertido en su propia e imperiosa necesidad de regenerarse o perecer.
Las encuestas preguntan a los ciudadanos sobre productos (partidos políticos) en un mercado (el político) azotado por una crisis de calidad (la corrupción), entre los que los nuevos que llegan a las estanterías (las propias encuestas) brillan más a los ojos de los compradores (votantes).
Los votantes son, también, sometidos a una tiranía: la de consumidores. Y Podemos, demoscópicamente, es un producto de consumo.
Vale.