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Archivos/- November 30, 1999
Archivos para November 30, 1999
Hoy, diversos medios recogen informaciones y/o conjeturas sobre la actividad de Mariano Rajoy, presidente del PP y del Gobierno en funciones, desde el 20D, centradas básicamente en dos líneas: su intento de evitar a toda costa que haya debate de investidura, incluido el suyo propio, y en la necesidad en la que se ve ahora de participar, de algún modo, en el proceso de negociaciones que lleva a cabo Pedro Sánchez, tras el encargo del Jefe del Estado.
La actitud seguida hasta ahora por Rajoy ha sido, en el primer caso (no a cualquier debate de investidura) lo más parecida a lo que en términos taurinos se denomina “hacer el Don Tancredo”. Veamos lo que dice la Wikipedia sobre esta suerte:
El don Tancredo, o la suerte de don Tancredo, era un lance taurino con cierta afición en la primera mitad del siglo XX. Consistía en que un individuo que hacía el don Tancredo, esperaba al toro a la salida de chiqueros, subido sobre un pedestal situado en mitad del coso taurino. El ejecutante iba vestido con ropas generalmente de época o cómicas, y pintado íntegramente de blanco. El mérito consistía en quedarse quieto, ya que el saber de la tauromaquia afirmaba que al quedarse inmóvil, el toro creía que la figura blanca era de mármol y no la embestía, convencido de su dureza.
Normalmente el Tancredo era interpretado por personas desesperadas a la búsqueda de ganar dinero fácil y con poco que perder, ya que eran numerosas las cogidas que se producían.

Aguafuerte. Picasso. 1957
Efectivamente, quedarse parado en medio de la incertidumbre esperando que todos los vientos soplen a favor, es hacer el Tancredo. Incluso cuando no hay viento.
Lo que ha aparecido ante los ojos de los ciudadanos como una actitud indolente del presidente del Partido Popular, el más votado el 20D, no era tal, sino una decisión desesperada que la decisión del Jefe del Estado de proponer a Pedro Sánchez pareció no verse afectada en un principio, pero que los acontecimientos y las noticias de la posibilidad de que las remotas opciones que tiene el Secretario General del PSOE se puedan convertir en reales, han hecho tambalear el pedestal en el que se había subido la noche del 20D Mariano Rajoy.
Bajarse del pedestal, por voluntad propia o empujado por los suyos que le quieren mover la silla, será el momento en el que veamos qué capacidad tiene de llegar a acuerdos, de negociar alguien que nunca lo ha tenido que hacer: esperó, paciente, que el dedo todopoderoso de Aznar le designara, y se parapetó en su mayoría absoluta del 20N de 2011 para sentirse tan seguro como que no necesitaba acordar nada con nadie.
Ahora, Don Tancredo ha de mezclarse con los que despreció desde el pedestal de sus 186 escaños, y habrá de recibir los reproches por la situación de podredumbre de su partido, acosado por una retahíla de casos de corrupción generalizada.
¿Qué podrá ofrecer y recibir en términos de acuerdos y desacuerdos quien, más allá de las imposiciones de la llamada troika –imposiciones económicas- se ha dedicado a la destrucción del sistema de derechos y libertades? Quien ha promovido la Ley Mordaza o la LOMCE o ha convertido la radio y televisión públicas en un reducto de manipulación a su servicio, no tiene políticamente bagaje alguno con el que mostrarse a los demás.
La fantasmagórica “recuperación económica” tampoco le puede servir de aval, ya que se debe en gran parte a nuestra dependencia energética aliviada y mucho por la bajada de los precios del petróleo. Fantasmagórica recuperación porque solamente unos cuantos privilegiados parecen verla y no el común de los ciudadanos.
Ahora, cuando la realidad parece aplastarle, consiga o no Pedro Sánchez formar gobierno, Mariano Rajoy sale de la casa okupa de La Moncloa sin saber si a la vuelta de cualquier reunión tendrá ya hecha las maletas.
Quien ha hecho todas sus comparecencias como candidato desde el 20D desde la presidencia del gobierno cuando es un presidente prestado, tendrá que ir ahora adonde le llamen, tendrá que ser él que sea recibido previa cita.
Ahora, Don Tancredo, bajado de su pedestal, pero vestido con las mismas prendas cómicas que le han hecho carne de memes, vagará por donde le lleven y verá como los miembros de su cuadrilla buscan unos acomodo en los burladeros y otros incluso amagan con echarse al ruego para apartarlo en sus pasos perdidos.
Vale.
Ahora que Podemos presiona al PSOE para pillar cacho en el gobierno que intenta (sólo intenta) formar, y que Pablo Iglesias se arroga la mitad de los ministros porque sí, resulta interesante recordar… a Alexis Tsipras.
Y preguntar a Pablo Iglesias si se acuerda de su amigo de campañas electorales y de asalto a los cielos. Porque parece que cuando se gobierna se cambia mucho de punto de vista.
No hay que olvidar los trasiegos de levantar los brazos, de abrazos en los mítines… Ahora que Alexis Tsipras está poniendo en práctica el programa social y económico con el que Syriza ganó las elecciones, haciendo frente con inusitada fuerza a las imposiciones de la troika… precisamente ahora es cuando Pablo Iglesias sufre un ataque de desdemoria.
Y lo que son las cosas, los paralelismos. Recuerdo haber escuchado a Iglesias decir que el programa de Podemos y las políticas que Podemos pondría en marcha serían como las de Syriza. Algo parecido a: “queremos para España lo que Alexis Tsipras y Syriza hará en Grecia”.

Los amigos de mis amigos son mis amigos
¿Recuerdan? “Yo quiero para España las mismas políticas que Jaume Matas está haciendo en Baleares”.
Ahora que la troika ha puesto a Tsipras en el sitio que no quería y los recortes sociales son más fuertes incluso que antes de que ganara, por dos veces, las elecciones, Pablo Iglesias no se acuerda de sus fotos y sus exultantes discursos.
Ya en la campaña electoral para el 20D, en Podemos olvidaron besos y abrazos, no querían saber nada de “ese señor griego al que usted se refiere”.
¿Se imaginan cuán grande sería la arrogancia de Pablo si su amigo Alexis no hubiera tenido que claudicar del modo vergonzoso en que los está haciendo? ¿Se imaginan cómo sería “el gobierno” que Pablo le habría querido imponer a Pedro Sánchez con un aval ganador como el de Syriza?
Cuando se pretenden asaltar los cielos desde el agnosticismo, uno se puede dar de bruces con el adoquín de la realidad.
Esas vidas paralelas entre quiero para España lo que Matas/Tsipras hace/hará en Baleares/Grecia, y esas vidas paralelas de “ese señor (griego) al que usted se refiere” hace que los intereses de Partido Popular y Podemos confluyan y les dé igual que los ciudadanos hayan votado lo que han votado. Quieren elecciones anticipadas, quieren decirle a los ciudadanos, quieren decirnos que no sabemos votar y que habrá elecciones anticipadas cuantas veces sean necesarias hasta que ellos, PP o Podemos, puedan formar gobierno.
Sin embargo, la política, hacer política, no es un mitin en la plaza Syntagma o en la Plaza de Toros de Valencia. Hacer política es poner al servicio de los ciudadanos las normas y los medios para resolver los problemas.
A las estrellas de las casas de discos les acompañan desde su lanzamiento los club de fans, como a los partidos que defienden los intereses del gran capital les acompañan las líneas editoriales de los medios de comunicación. En la práctica lo mismo es un club de fans que un consejo de administración: digan lo que digan nuestros guías o nuestros valedores políticos, estará bien si ello engorda nuestros intereses.
Que el Partido Popular se haya instalado en “el nosotros o el caos” (como pintaba Chumy Chúmez en Hermano Lobo, el caos también son ellos), y en el reverso de la misma moneda Podemos quiera el asalto a los cielos sin escalera, no deja de ser una reedición del clásico “los extremistas se tocan”.
Vale.
*Inglés nivel usuario
Utilizando términos técnicos, en muchas ocasiones hacemos, en nuestros diálogos, en nuestros análisis, diacronía y sincronía.
Diacronía: Evolución de un hecho, un fenómeno o una circunstancia a través del tiempo. Ej. «la diacronía de los acontecimientos políticos»
Sincronía: Coincidencia en el tiempo de dos o más hechos, fenómenos o circunstancias, especialmente cuando el ritmo de uno es adecuado al de otro.
En términos más coloquiales, decimos que las cosas no son como empiezan, sino como terminan. O si tiramos de un símil taurino, hasta el rabo todo es toro.
Pues así estamos, en el eterno dilema de la sincronía y la diacronía.
En estos tiempos de la información instantánea y de la noticia caliente, su difusión puede llevarnos a pensar que esa noticia, esa información instantánea ya es inmutable, a hacernos creer que la sincronía con la que la percibimos permanecerá inmutable en el futuro, sin ser sometida a una evolución (evaluación) futura.
A mi juicio, el enorme flujo de información que recibimos, la cantidad ingente de impactos que soportamos, nos produce una ensoñación de estar viviendo un momento único, que en función de nuestros intereses o de los intereses de la fuente de la información, nos hará sentirnos felices o desasosegados.
La pérdida constante (por bombardeo) de la capacidad crítica, de discernimiento entre lo que es información, lo que es noticia, de lo que son propaganda y relaciones públicas forma parte de nuestro paisaje.
Vamos perdiendo capacidad crítica a la hora de evaluar noticias, al mismo tiempo que las fuentes de las noticias (generalmente, medios de comunicación) nos venden productos adulterados y pierden rigor y credibilidad.
Baste el ejemplo de la situación política española tras el 20D. Y tomemos en ese ejemplo el pasado viernes, día 22 de enero. Ese día, correspondía que fueran recibidos por el Jefe del Estado los líderes de los tres partidos que más escaños habían obtenido el 20D. Se produjeron tres hitos informativos, correlativos en el tiempo pero que forman un todo único, en un solo día, superpuestos entre sí.
En primer lugar, Pablo Iglesias planteó directamente al Jefe del Estado su propuesta de un pacto político con el PSOE, y con, incluso, una distribución de “carteras ministeriales” para lo que no había consultado nada con el otro partido afectado.
En segundo lugar, mientras Iglesias daba una estaliniana rueda de prensa, rodeado de su politburó, el Jefe del Estado informaba a Pedro Sánchez de su pacto con Podemos, se supone con el secretario general socialista poniendo cara de haba.
En tercer lugar, tras la rueda de prensa de Iglesias, la posterior de Sánchez, en la que dejaba correr el tiempo, sin rechazar el farol de Podemos, Mariano Rajoy tomaba la decisión que a la tarde trasladaría a Felipe VI: pasar su turno en la investidura hasta mejor ocasión (fracaso de la de Pedro Sánchez confiando en que no llegaría a buen puerto un acuerdo PSOE-Podemos).
El fuego de artificio provocado por Pablo Iglesias ha producido aturdimiento en unos, ceguera en otros y ha dejado en muchos casos la sensación de que ya está todo hecho y que será lo que Iglesias quiere, sin más (sincronía).
Pero aquí es donde entra el concepto de diacronía. O cómo evolucionará el asunto en el futuro. El adanismo con el que se mueve Podemos en las procelosas aguas de reglamentos, negociaciones, acuerdos… se vio reflejado en el esperpento vergonzoso de la formación de los grupos parlamentarios, que en cualquier partido político europeo (excepto en los españoles) habría provocado dimisiones en su cúpula. Pero en ese delirante vodevil, la dirección de Podemos demostró que ya es “casta” y se comporta como tal: nadie asume ninguna responsabilidad por el espectáculo.
Ahora toca negociación entre unos recién llegados, cargados de petardos de colores, con un partido asentado en su historia y sus estructuras, cubierto de contradicciones de las que suele surgir habitualmente una respuesta concreta. Ahora veremos en qué queda el órdago de Pablo Iglesias y su consistencia. Eso sí, un detalle: si el farol se apaga y queda como una tenue velita, las llamadas “bases de Podemos” deberían, si consiguen despertar del deslumbramiento, pedir explicaciones. No lo harán, porque el politburó no lo querrá.

Fotomontaje de Al Rojo Vivo, La Sexta, con el «gobierno» propuesto por Pablo Iglesias. ¿El deseo de García Ferreras?
En todo ese farol y puesta en escena de Pablo Iglesias dando los nombres de ministros y reservándose la Vicepresidencia, un par de detalles. En la fotografía del “gobierno” que resultara de la propuesta de Iglesias, solamente una mujer, ese es el valor que da Iglesias a las mujeres que forman Podemos. «Fotografía/fotomontaje» hecho por el equipo de García Ferreras en tiempo récord, dijo, seguramente ocultando que tenía la información previa. Y otro detalle, el ministro de Defensa. Iglesias habló (¡asombroso!) de la gran preparación personal del Jefe del Estado y de su conocimiento de los datos de la realidad (¿síndrome de La Zarzuela, Pablo?). Seguramente desconoce que dentro del papel del Rey en la Constitución está el del mando supremo de las Fuerzas Armadas, y que algo tendrá que decir de quién vaya a ser ministro de Defensa. Y, por supuesto, así y todo se producen nombramientos tan desafortunados como el de Pedro Morenés.
Este último, un detalle sin importancia. Como el del desconocimiento del Reglamento del Congreso.
Vale.
Decía en una anterior entrada que ahora, cuando se ha constituido el Parlamento (Congreso y Senado) lo que toca es hacer Política. Pero parece que no, que lo que le interesa a Podemos es seguir con el teatro. Pero en los alrededores del teatro no se ve mucha mierda, porque solo compran entradas los que tienen ya los abonos en los círculos.
Hoy, Pablo Iglesias ha ofrecido un espectáculo teatral, diciendo que le había comunicado al Rey (por cierto, del que ha dicho que está muy preparado para ser monarca) que habría un gobierno entre Podemos, el PSOE e IU. Gobierno en el que el mismo Pablo sería Vicepresidente, otros miembros de su Politburó ministros, y Alberto Garzón también ministro.
Golpe de teatro muy del gusto de quienes, a pesar de tantos círculos y tantos estudios y títulos, todavía no se han enterado de que la política es otra cosa. Y su pretensión, su programa máximo (eliminar al PSOE) no parece que lo vaya a conseguir por esa vía. El Mesías no se ha leído los evangelios de la política.
Ese golpe de teatro ha sido recibido con calma, mucha calma (al menos aparente) por Pedro Sánchez. Y el efecto colateral se ha producido a la hora de la tarde.
Porque para teatro todavía de aficionados, las compañías estables tienen sesudos estudios de puesta en escena. Y Mariano Rajoy ha escenificado la otra parte que le faltaba a la propuesta de Iglesias: ha dado un paso atrás.
Si la propuesta de Iglesias ponía a Sánchez Castejón entre la espada y la pared, tenemos claro quién es la espada y quien la pared. Acabar con el PSOE debería saber Pablo Tsipras que no le garantiza, ni mucho menos, que su partido se hará con toda la izquierda.
Hay que hacer política. No teatro. Los ciudadanos no hemos votado a los partidos para que un día sí y otro también nos escenifiquen malas escenas de teatro o que para observemos que la puesta en escena preparada con el Mesías delante y sus apóstoles un paso detrás sea el mensaje. Los ciudadanos hemos votado para que los partidos y sus dirigentes hagan política.
No hay que olvidar que cuando se trata de hacer política, la de verdad, la que luego se publica en los Diarios de Sesiones, o en los Boletines de las Cámaras o en el BOE, no hay teatro que valga. A mí, como ciudadano, lo que me vale de la política es lo que veo, leo y puedo, tranquilamente, analizar. La puesta en escena, el guión preparado y avisado al amigo García Ferreras, es puro teatro que no va a ningún sitio. Es gaseosa.
Gaseosa a la que esta tarde Mariano Rajoy, en una jugada igualmente teatral, le ha dejado que se le vaya todo el gas. Rajoy ha dejado sin gas la bravata de Iglesias y le ha puesto en la tesitura de hacer política: ahora no tendrá más remedio que asumir que el PSOE tiene más escaños (parece mentira que no quieran saber que en el Congreso valen los escaños conseguidos en función del sistema electoral) y que cuando se sienten a negociar no valdrán puestas en escena.
Rajoy ha puesto toda la presión que le faltaba en Pedro Sánchez. Por si le faltaba poca. Da la impresión de que le ha tomado la palabra. Rajoy espera que Pedro Sánchez acepte intentar formar un gobierno con Podemos e IU y que fracase, que es la misma intención, la misma de Iglesias: acabar con el PSOE.
Hacer teatro no es política. Que Rajoy haga mutis por el foro porque Iglesias le ha cambiado el libreto, es la misma escena. A los dos, a Rajoy y a Iglesias, a falta de capacidad política les sirve con el teatro. Les sirve eso para conseguir su objetivo: ir a nuevas elecciones y culpar de ello al PSOE.
Ah, y un detalle: he escuchado la rueda de prensa de Pablo y me ha llamado mucho la atención lo bien que ha dicho que Felipe VI está muy preparado, muy bien informado. Espero que los republicanos de Podemos (si hubiera alguno, que lo dudo) hayan tomado nota. Si es por Pablo Iglesias la Republica, de entrada, no.
Vale.
En la www.rae.es, el vocablo “política” tiene diversas acepciones. Por ejemplo, estas:
-
f. Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados.
-
f. Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos.
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f. Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo.
Pues eso, política es… hacer política. Y claro, ese hacer depende de quién lo haga, cómo, cómo se perciba…O no hacerla, no “meterse” en política, que es lo que recomendaba Franco a los afines para que pudieran medrar. O lo que quienes desde el ejercicio de un cargo político recomiendan a quienes les critican con aquello de que “lo politizan” todo.
No es lo mismo hacer política antes de una cita electoral (entonces se llama campaña) que hacer política cuando los ciudadanos ya han decidido con su voto (acepción 9 de la RAE).
Las elecciones del 20D arrojaron un resultado fragmentado, que señaló que ningún partido estaba, está, en disposición de formar gobierno sino es con el apoyo por activa (pacto de legislatura o acuerdo de gobierno) o por pasiva (acuerdo político por la abstención de uno o varios partidos para permitir un gobierno en minoría). En realidad, una vez constituidas las Cortes Generales, no cabe hablar en materia de pactos estrictamente de partidos, sino de grupos parlamentarios.
Ahora, con un resultado fragmentario, es cuando los líderes (en mi opinión, eso de líder es algo que se aplica a cualquiera, aunque no tenga capacidad de liderazgo alguna) han de “hacer política”, cuando deben demostrar su capacidad de llegar a acuerdos o de su habilidad para que el adversario no consiga acuerdos, que también se produce.
El “arco parlamentario” que dibuja el Congreso de los Diputados debería, a los ciudadanos, animarnos a participar más activamente en política, y a los dirigentes de los partidos a demostrar si son o no líderes. Pero esa tarea es asumida, en exclusividad, por los medios de comunicación (convencionales o menos convencionales) que lanzan todo tipo de informaciones orientadas a hacer caer el acuerdo donde más les interese.
Así, mientras parece que el PP lo tiene prácticamente imposible (ojo, prácticamente), y que Mariano Rajoy ya tiene claro (casi claro) que no repetirá, el siguiente partido con alguna opción de formar gobierno, el PSOE, se ve asaetado por todos los flancos, tanto para que se abstenga y deje gobernar al PP, como para que llegue a acuerdos con todos a la vez, menos con el PP.
O eso o nuevas elecciones.
En este panorama, la capacidad de hacer política viene determinada por acuerdos previos (lo que le sucede a Podemos y sus confluencias) o por acuerdos posteriores (el mandato envenenado del Comité Federal del PSOE a Pedro Sánchez), y por cómo se resuelvan. En el caso del PSOE, la acción política que parece verse está muy pegada a la ortodoxia, a resolver relaciones con los grupos minoritarios que pueden apoyar la candidatura de Sánchez a la presidencia del gobierno. En el caso de Podemos, su grandilocuente adanismo parlamentario (“por llega gente decente al Congreso”, el gesto de Carolina Bescansa amamantando a su hijo…) tropieza con el reglamento, algo tan árido que no cabe en la poética del asalto a los cielos.
Hacer política no es lanzar un mitin, o facilitar a los medios el titular que tape la realidad, hacer política es saber, tener capacidad o habilidad de que esos mensajes y esa poética encajen en el articulado del reglamento. El caso de los 4 grupos que quieren tener Podemos y sus confluencias demostrará si Pablo Iglesias tiene madera de líder político o simplemente es un predicador al que la realidad le devuelve de la ensoñación.
Vale.
Después del espectáculo de trileros protagonizado por Artur Mas y los anticapitalistas de La CUP, que ha culminado hoy con un acuerdo que tiene toda la pinta de mantener el status de la burguesía catalana, las derivadas se abren en un abanico de interés.
Pero, sobre todo, en un interés que no traslade al panorama nacional la sordidez cuasi gangsteril de cómo se ha llegado al acuerdo por el que La CUP se compromete a cambiar su grupo parlamentario hasta que todos sus miembros sean partidarios del mismo. También, el acuerdo determina que dos diputados de La CUP se integrarán de facto en el grupo de Junts pel Si. Y también que La CUP nunca votará junto con los demás partidos contrarios al llamado procès.
Sin embargo, no es necesario ser un fino analista para intuir que “la continuidad del procès” será el único arma con la que el Partido Popular y Mariano Rajoy tratarán de obligar, por tierra, mar y aire, al PSOE y Pedro Sánchez a que acepte “la gran coalición”, que es la única opción que tienen. A ese empeño se pondrán con fruición los medios de comunicación convencionales.
Del mismo modo que la única opción que Artur Mas (aunque ahora dé un paso al lado, que no atrás) continuara en el poder era la de que La CUP (anticapitalista y muy de izquierdas, dicen ellos) se arrodillara, veremos en los próximos días cómo se trata de doblegar al PSOE.
La gran trampa que acorrala al
Partido Socialista es su propia definición, su propio criterio asumido de que “es un partido de gobierno”. A ese dilema entre ser un partido de gobierno y asumir que no ha ganado las elecciones lanzarán cuñas para abrir grietas entre los dirigentes del partido. De la fortaleza ideológica y de la fortaleza de las propias convicciones dependerán que las cuñas terminen abriendo definitivamente en canal al PSOE y se decida por apoyar la gran coalición. Y, en ese caso, firmar su acta de defunción y dar por concluida la historia que nació con Pablo Iglesias Posse.
No es cierto que la única opción para frenar el secesionismo catalán sea una gran coalición porque tendrá el efecto contrario: en Catalunya se verá como una continuidad del nacionalismo españolista con el que Mariano Rajoy, haciendo de Don Tancredo, ha conseguido aumentar exponecialmente el número de independentistas. La respuesta desde el Estado al desafío nacionalista no puede ser, en ningún modo, enfrentarlo a otro nacionalismo.
Esta retroalimentación entre los nacionalismos puede aprisionar al PSOE, que dejará, en ese caso, que la derecha siga campando por sus respetos. Baste un ejemplo: si se llega a esa coalición, única, no se olvide, única opción del PP de seguir gobernando, los recortes seguirán asesinando el estado del bienestar, esclavizando a los trabajadores, expulsando al exilio económico a miles de españoles. En este caso, el PSOE se convertirá en cómplice de la derecha.
Por otro lado, si Podemos persiste en su actitud de negar el pan y la sal al PSOE estarán engordando las opciones de Mariano Rajoy de seguir en el gobierno. No se puede responder al secesionismo catalán con otro nacionalismo, pero tampoco se puede abandonar a la mayoría de los españoles (incluidos la mayoría de los catalanes) a unas políticas austericidas si ponemos delante los territorios y no las personas. Si Podemos persiste en su interés en favorecer el referéndum en Catalunya (necesita para ello cambiar la Constitución y no tiene los suficientes, ni de lejos, apoyos) estará condenando a los ciudadanos de todo el territorio a seguir siendo gobernados por los austericidas.
Está bien que las críticas al PSOE por su actuación en el pasado sean vertidas legítimamente, y que el PSOE haga la autocrítica consecuente, pero no debe convertirse en un muro. Un ejemplo, si el partido de Pedro Sánchez acepta revertir el artículo 135 de la Constitución a como estaba antes de su reforma alevosa, debería ser suficiente para que todas las izquierdas se unan en favor de los ciudadanos, por encima, muy por encima de los territorios.
Vale.
Tras las elecciones catalanas, con unos resultados que no han servido para ser validados como plebiscitarios por los partidos independentistas, y que han puesto al presidente del gobierno en la tesitura de hacer política, hemos llegado a una situación, a comienzos de noviembre de 2015, en la que los tics más rancios surgen en la derecha, y los tópicos más tribales copan los discursos de los independentistas.
La situación catalana tiene un claro culpable, Artur T. Mas, y un responsable, Mariano T. Rajoy. Y en estos momentos lo que aparece en el debate público se puede reducir a luchas tribales.
Como ciudadano español, no me interesan “los interiores” de la tribu secesionista catalana, pero sí me preocupan los tics de la tribu españolista, a la que no me apetece pertenecer pero en la que estoy incluido por DNI.
Cuando la situación se ha deteriorado por los sucesivos pasos que vienen dando desde Catalunya, el toro de la secesión ha descolocado de su asiento a T. Rajoy. Ya sabe que no le sirve eso de que mientras él sea presidente del gobierno de Ejpaña! Catalunya no se separará y no consentirá que lo haga. Para ello, dice, está la ley, la ley y solo la ley. Ya sabe que, además de funcionario con puesto destacado en La Moncloa, no solamente tiene que poner el sello de entrada a los papeles y su registro ordenado. Ya sabe que su función no es exclusivamente funcionarial. Ahora se ha dado cuenta de que tiene que hacer política.
¿Hacer política? ¿Qué es eso para un señor de derechas de toda la vida, la actual y la anterior, cuando hacía alabanzas a su referente, Francisco Franco? ¿Qué es eso de que él, Mariano T., que manda por la gracia de Dios y la desgracia de la mayoría absoluta, tenga que “hacer política”, cuando debería bastar con su ordeno y mando?
Ahora, el partido de la derecha llama a cerrar filas, a prietas las filas, pero los demás partidos no están por la labor de hacer seguidismo a un individuo que está batido en todos los frentes.
Ahora, el partido de la derecha no encuentra quien cierre las filas con él. Bueno, si, las juventudes falangistas de Albert Rivera, que con la marca “Ciudadanos” no es si no un spin off del Partido Popular.
Ahora, cuando el PP se ve en la soledad de una mayoría absoluta que le ha llevado a la más absoluta de sus soledades, y cuando tienen que hacer política, su spin off, Ciudadanos, sale al rescate de su hermano mayor. Porque tanto Mariano T. Rajoy y Albert Rivera, han calculado que llevar al borde final el desafío secesionista les da réditos electorales, y como representantes más conspicuos de la tribu españolista, creen que los votos les lloverán sin pensar en las consecuencias.
El desafío secesionista llegará hasta el borde final, con Artur T. Mas enfundado en la estelada y asumiendo los postulados ¿revolucionarios? de las CUP, y con Mariano T. Rajoy arropado por Albert Rivera con una gran bandera española y cantándole nanas de su infancia, como el Cara al Sol.
Vale.

Modelo de Vagón de Primera Clase del AVE Madrid – Lisboa, próximo a entrar en servicio en el tramo Madrid-Cáceres
Días atrás, Mariano Rajoy inauguró la línea de AVE hasta León, desde Valladolid. Una línea de alta velocidad que ha nacido con algunas cuestiones dignas de tomarse en cuenta. La primera, que para asistir a la inauguración, Rajoy dejó plantado al Senado: prefirió ir a una inaguración antes que responder a las preguntas de los parlamentarios. Ese es su alto concepto de la democracia.
La segunda, que es una línea que cuenta con un solo tren. Es decir que las “conexiones” (los trayectos ida/vuelta) no pueden ser muchos. Y curiosos. ¿Cómo es posible que en la web de Renfe para ir de Madrid a León en alta velocidad haya que hacer transbordo? Bueno, sí, es un trayecto MD/AVE (un trozo en media distancia otro en AVE). O lo que es lo mismo, una chapuza.
La tercera, el episodio de Valladolid, donde su alcalde, el socialista Óscar Puente, se negó a participar en el viaje inaugural y se limitó a entregar a Rajoy una carta de los vecinos de La Pilarica, que han quedado aislados con las obras del AVE.
O lo que es lo mismo: Rajoy desprecia al Senado para hacerse un reportaje fotográfico, inaugura una chapuza y además, ignora el aislamiento de unos vecinos.
Algo así puede pasar en Cáceres. Digo lo del aislamiento.
Mientras hoy la alcaldesa Elena Nevado se muestra jubilosa por la aprobación de los proyectos básicos de conexiones Norte y Sur de la plataforma del AVE con Cáceres. Unos proyectos básicos que mantienen la decisión del Ministerio de Fomento de que la estación de Cáceres continúe siendo la actual.
Esto supone, sin más, condenar definitivamente a la Barriada de Aldea Moret al mayor de los aislamientos. El proyecto básico aprobado, por el Sur arranca desde la vía a la salida de la zona del Poblado Minero y tiene un primer punto de análisis técnico más relevante a resolver que es el paso bajo la EX-100. Un paso que se hará bajando, no mucho por cierto, la rasante de la plataforma y, pasado dicho punto, hasta la plataforma ya construida a pies del Cerro de los Romanos en dirección a Aldea del Cano, la vía prevista en ese tramo tendrá una considerable pendiente, que los autores del proyecto reconocen y que plantean medidas para reducir la inclinación.
Todo ello, por no plantear una mejor solución. Una solución que no sometiera a desprecio a todos los vecinos de Aldea Moret, que serán condenados a un solo acceso de enlace con la ciudad.
Una solución que podría ser un nuevo emplazamiento de la estación, al otro lado del Cerro de Cabezarrubia, por ejemplo, y que no harían necesaria tanta inclinación como la prevista en el enlace Sur. O, también, el soterramiento de la plataforma, tanto desde el acceso Norte, pasando la vía bajo la C.N.521, y mantener ese soterramiento en la propia estación, dejando las vías y los andenes de Alta Velocidad a una altura inferior de la actual plataforma. Ese soterramiento, que es cierto que más costoso. Pero supondría conseguir una alta permeabilidad urbana y romper, de modo definitivo el aislamiento de Aldea Moret.
Claro, que esto es algo que poco interesa a quienes apuestan todo a que llegue un tipo de tren que les permita salir en una foto, pero que desprecian a los vecinos, a los muchos vecinos de una poblada barriada, y que olvidan que el ferrocarril no es todo alta velocidad, que puede ser y debe ser también una red de buenas vías para permitir otros trayectos.
El actual ferrocarril convencional en Extremadura es un desastre. Un desastre con trayectos que para 270 km, como es el de Cáceres-Sevilla, o 300, Cáceres-Madrid, el tiempo de viaje supere con creces las 4 horas (eso sin contratiempos).
Al mismo tiempo que se reclama (muchos no saben para qué) un tren de alta velocidad, debería reclamarse una mejora sustancial del ferrocarril convencional, con dos puntos básicos: la mejora de la red de vías y el mejor mantenimiento del material rodante.
Pero mientras que se aplauda con las orejas un proyecto básico (ahora hay que redactar el de ejecución, que lleva su tiempo), en base al que se condena al aislamiento a todo un barrio, y se olvide (porque, teniendo coche oficial ¿para qué ir en tren?) el tren convencional, seguiremos dando muestras de tener, como los paisanos de Gila, la frente estrecha estrecha, que entran las ideas a rastras, cada año una, los años bisiestos dos.
A quienes desean mantener una situación de aislamiento a costa de hacer una política de vía estrecha, les vendría bien darse unos viajecitos en tren a Madrid desde Cáceres, a ver a Mariano Rajoy, o a Sevilla, a saludar a Moreno Bonilla, y volver. Seguro que cambiaban de opinión.
Vale.
P.D. Que alguien pregunte a la alcaldesa de Cáceres qué opina de las clotoides del acceso Sur.
Cuando se acercan las elecciones del 27S en Cataluña/Catalunya, se acrecientan las banderas, se agigantan los territorios y empequeñecen, hasta desaparecer, los ciudadanos, las personas.
Unas elecciones convocadas en papel estelado y contestadas en en formato rojigualda. Qué más da. Lo que importa a los convocantes es su bandera, sus delimitaciones de geografía física, “sus territorios”. Y lo que importa al gobierno central es demostrar que la bandera de la plaza de Colón es la más grande, que “sus territorios” no se tocan.
Desde el primer momento en Artur Mas, implacable en los recortes, que han convertido a una gran parte de los catalanes en pobres sociales (cuando pasen las elecciones, cuando el desafío soberanista desaparezca, bien por su triunfo, bien por su derrota, los catalanes volverán a la realidad de sus hospitales diezmados, de sus derechos sociales cercenados…) lanzó su “desafío soberanista”, su bandera, por parte del gobierno del Estado solamente hubo una respuesta: el cumplimiento de la ley.
En ese “cumplimiento de la ley” se ha sentado don Tancredo Rajoy (como aquel torero tremendista) y ha visto salir al toro del soberanismo (manso) y ha dicho: la ley. Y cuando su tancredismo ha topado con la realidad tremendista de Arthur Mas, no ha sabido qué hacer.
En esta pelea de gallos, uno encrestado en su desafío, otro en el tejado de la Moncloa, van perdiendo los ciudadanos. Los catalanes, anestesiados sin cloroformo (por ahorrar), y los demás, anestesiados por el encefalograma plano de don Tancredo, fielmente retransmitido por todas las pantallas de plasma de los territorios.
Mientras los catalanes siguen sufriendo, hipnotizados, recortes y austeridad sin cuento a cargo de Mas (¿no será el de AhorraMas?), la pelea se centra en los territorios, espacios físicos, sin importar las personas.
Y cuando el “defensor de solamente la ley” se dio cuenta (o le hicieron saber) que está en la Moncloa, además, para hacer política, ya era tarde. El “desafío soberanista” seguía ahí. Y se sacó de la manga una ley “ad hominem” para convertir al Tribunal Constitucional en su brazo armado.
También, abrumado por la insistencia del catalán, pidió árnica a Adolfa Merkel. El árnica tuvo un precio, un precio de personas (mercancia barata): antes de que Adolfa apoyara a Rajoy en el tema catalán, Mariano solamente estaba dispuesto a acoger a 2.000 refugiados sirios como mucho. Después, cuando Merkel le dio instrucciones a cambio de una frase, los que hicieran falta. Rajoy vendió sus principios ideológicos por un plato de refugiados. Porque para la derecha, los refugiados sirios (o de cualquier lugar en guerra) son mercancía, lo mismo que para Merkel.
Luego vino Cameron y, qué curioso, el “territorio” de Gibraltar ya no es importante. A Rajoy le interesaba Mas, y le interesaba más que el ocupante del peñón le echara una mano con un asunto interno que plantearle la “histórica reivindicación sobre la Roca”.
Después, Obama, con una frase, pactada, tan ambigua, que la intérprete (seguramente norteamericana) entendió mal, o la ambigüedad era tan calculada que podía interpretarse como se quisiera. Aunque lo que valía era, única y exclusivamente, lo que dijeran las televisiones nacionales que controla con mano férrea el Partido Popular. Y todos los medios, claro.
Y a todo esto, los catalanes, soportando la austeridad. Porque cuando la realidad los despierte del sueño (o del sueño alcanzado de la independencia) los recortes seguirán ahí, seguirán siendo cada vez, como lo somos todos los demás, más pobres, sobre todo más pobres en derechos: en sanidad, en educación, en dependencia, en libertades.
Mientras sigan los políticos engallados y encastillados en sus torres de marfil, debidamente pulidas por plumas, micrófonos y cámaras a su mejor gloria, los ciudadanos, catalanes y españoles seguiremos perdiendo.
Y los territorios, abandonados a su suerte, seguirán siendo contaminados por vertidos incontrolados, urbanizados ilegalmente, quemados sin remedio.
Sobre la tierra quemada, como sobre los derechos esquilmados, no pueden, no podemos, vivir los ciudadanos.
Vale.

Portada de ABC de 02 de Septiembre de 2015
El Partido Popular, esto es, Mariano Rajoy, pretende modificar por la vía de urgencia la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional con la finalidad exclusiva de utilizarlo como arma (en un sentido belicoso) contra Artur Mas tras las elecciones catalanas del 27S. El diario ABC de hoy confirma ese lado belicoso que el PP quiere para el alto tribunal.
Lo que pretende Rajoy no es otra cosa que dotarse de un arma con la que amedrentar a un rival político, porque, no se olvide, el mal llamado “desafío soberanista” de Mas no es más que una estrategia política de un político de derechas (Artur Mas) al que otro político de derechas (Mariano Rajoy) no ha opuesto ninguna otra estrategia que no sea la de “cumplir la ley”.
Pero… ¿cómo es posible que durante más de dos años todo lo que ha planteado Tancredo Rajoy haya sido “cumplir la ley” y ahora, a un menos de un mes de las elecciones, se da cuenta que no tiene ley con la que hacer cumplir su inamovible posición?
Si finalmente el Gobierno remite el proyecto de modificación de la L.O. del Tribunal Constitucional para su aprobación inmediata por la vía de urgencia, estaremos ante un caso de utilización de las leyes y los procedimientos legales en una democracia formal con la única finalidad de derrotar a un oponente político. Vamos, en una utilización claramente fascista del poder.
La cuestión es saber qué van a hacer los partidos políticos en la oposición. De entrada, han dicho que no están de acuerdo, pero habrá que ver cómo evolucionan con el desarrollo de los acontecimientos.
Y aquí, en saber qué harán los grupos de la oposición es donde está la cuestión. Porque está claro que la mayoría absolutista del PP (¿alguien tiene la memoria suficiente para recordar el “rodillo socialista”?) sacará adelante la Ley. Solamente faltará saber si esa nueva Ley que permitiría al PP eliminar a un contrincante político será legal y legítima.
Legal sería, porque estaría aprobada por la mayoría de los miembros de las Cortes Generales (Congreso y Senado), pero legítima…
Si finalmente todos los partidos políticos en la oposición, en Congreso de los Diputados y Senado, estuvieran de acuerdo (aunque con motivaciones o explicaciones ideológicas diversas, como es normal) en rechazar la pretensión dictatorial, bolivariana, de Rajoy, la única y la mejor manera de demostrar la ilegitimidad de esta pretensión no está en votar en contra (lo que sí legitimaría la cuestión), sino en no participar absolutamente en ninguno de los pasos parlamentarios que pudiera dar el proyecto, en ausentarse de plenos y comisiones cuando estuviera incluida en las correspondientes convocatorias.
Negarse a participar, aunque fuera para rechazar el proyecto, en la tramitación y votaciones, es la manera de demostrar, con fuerza y con capacidad política, que la pretensión del Partido Popular no encaja en una sociedad democrática. Que no es de recibo que se utilicen las mayorías parlamentarias para legislar ad hominem y mucho menos para tapar la incompetencia propia.
Si hasta ahora toda la respuesta de Tancredo Rajoy y sus mayordomos al “desafío soberanista de Mas” era la de “cumplir la ley” y darse cuenta de que las cuestiones políticas solamente se resuelven políticamente, pero ser incapaz de articular argumentos y recurrir a la violencia legal para tapar la incompetencia, no puede ni debe ser legitimado.
Todos los partidos de la oposición, contrarios a semejante atentado a los principios democráticos, deberían, creo, negarse a participar en todo el proceso: no dar por recibido el proyecto, abandonar las mesas de Congreso y Senado cuando se trata el asunto, las mesas de las Comisiones si fuera preciso, no asistir ni a plenos ni a comisiones y, si se quiere, no hacer ninguna declaración pública sobre el asunto: el mayor desprecio es no hacer aprecio.
Vale.