1. Continuamos insertando los artículos III y IV, publicados por el profesor Julián Rodríguez Polo, como resumen y «vulgarización» del Informe de Fernández Navarro y de Eduardo Hernández Pacheco.
  2. III.- 20 de Diciembre de 1927. Periódico Nuevo Día.

Si después de una capa que se halle a 25 metros, en la que hay temperatura constante, se sigue profundizando, aumenta un grado por cada 33 metros aproximadamente en cualquier lugar del Globo.

Pero ese grado geotérmico no es constante hasta el centro de la Tierra, en contra de lo que se creía: fuera preciso suponer una temperatura final de 18.000 grados, incompatible con la densidad y rigidez del planeta que habitamos. No se concibe modernamente la temperatura superior a 4.000 grados, tal como la temperatura superficial del Sol. Según Jeffreys, tal vez disminuye hacia el centro desde más allá de cierta profundidad.

Calculada la densidad del Globo en conjunto, de 5,52, y siendo por término medio de 2’7 en la costra superficial, habrá en el interior, en cambio, densidades mayores, de metales pesados, hierro y níquel. Sobre el núcleo de metales pesados hay una zona viscosa, espesa, de silicatos ferro-magnesianos (que se llama sima), y flotando sobre ello la zona externa, de composición aproximada a la roca granítica que se llama sial (silicato de aluminio).

Se creó primero en un núcleo central incandescente, que, pugnando por salir, levantaba la costra de la Tierra, formando las montañas.

Más tarde se creyó que la superficie del planeta se contrae por enfriamiento, y que la superficie se pliega para adaptarse al menor volumen, siendo esa la causa de que las capas del terreno que se depositaron horizontalmente se encuentre en las cordilleras formando arrugas y dobleces, ondulaciones alternante, elevaciones y depresiones, que se llaman anticlinales y sinclinales respectivamente. Después se supuso que en grandes depresiones oceánicas se depositaban los sedimentos, que por su propio peso se hundían en la corteza, hasta que, no habiendo espacio que rellenar, los materiales, comprimidos, emergían del mar, originando así la arista montañosa.

La teoría hoy predilecta es que, siendo los continentes actuales bloques de sial flotantes en la capa viscosa de la sima, como los hielos flotantes  en los mares polares, tienden a separar marchando a la deriva, siendo la causa de los plegamientos montañosos la gran resistencia que la viscosidad del sima oponga al frente continental de la masa que se mueve y su adherencia mayora la misma en esporádicos puntos interiores.

Si la composición y densidad del Globo fueran uniformes, el planeta adoptaría la forma definitiva inalterable de un elipsoide; pero siendo su constitución heterogénea, allí donde su masa sea más ligera tendrá más elevación y se deprimirá donde sea mayor su densidad, cuyo equilibrio es inestable porque la acción de los agentes exógenos atacan y erosionan y transportan los materiales de las cordillera, así arrasadas, a los niveles inferiores, siendo preciso un desplazamiento compensador de material de la costra sólida del Globo, cuya superficie se creyó antes de ahora inconmovible.

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Por la disposición de los estratos yacentes según el orden de formación, aunque por las presiones tangenciales aparezcan plegados, inclinados y hasta invertidos a veces; por los seres vivos que en ellos habitaron, cuyos restos petrificados se conservan en ellos y con característicos de cada formación geológica, se puede descubrir la época relativa en que se formaron los estratos, y hasta calcular, por la formación actual de sedimentos en comparación con el espesor de los que antes se formaron, los años transcurridos, que según Lapaport son 67 a 90 millones de años desde el principio de la era paleozoica, era llamada así porque los fósiles (seres vivos de aquel tiempo) que en sus estratos se encuentra, son los más antiguos de los que se conocen.

De tan remota edad son tres de los terrenos que constituye la cuenca geológica de Cáceres, que descubriremos otro día, y que es la materia que tratan los geólogos en el capítulo II de su informe. Es restante de los cuatro terreno que la forman, es aún más antiguo; pertenece a la era arcaica, que así se denomina porque sus terrenos son los primeros que se formaron en la Tierra.

  1. IV.- 21 de Diciembre de 1927

Ciertamente que las fuerzas epigénicas (la atmósfera y las aguas) obran por regla general muy lentamente; pero su acción es tan continua, que a través de los llegan a ser arrasadas grandes cordilleras, quedando la superficie del planeta en aquel sitio como penillanura.

La acción química de los gases atmosféricos combinados con la humedad; la acción mecánica del viento; la que ejercen las aguas de los ríos y la que constituye los lagos y los mares; la nieve que cae sobre las montañas donde el agua en tal estado es persistente, y que se desliza en forma de glaciar hasta los valles; todas esas fuerzas trastornan el aspecto superficial del Globo, disgregando los materiales rocosos más duros, como el granito, y, vencida su cohesión, convertidos en arena o tierra, los transportan a distancias diferentes, dejándolos depositados en forma de capas o sedimentos en el suelo y los mares.

Por las causas diversas (presiones enormes, aumentos grandísimos de temperatura, acciones químicas diversas), los materiales así depositados sufren tal metaformismo, que materiales tan incoherentes como la arena y las arcillas llegaron a constituir rocas, pizarras y areniscas, algunas tan resistentes como las cuarcitas que afloran en las proximidades de Cáceres, en el Paseo Alto y en el cerro donde tiene su ermita la Virgen que todos veneramos; y se formaron masas rocosas por precipitación mecánica y por precipitación química, como esas del Calerizo, a cuya formación hemos de referirnos, originadas por los esqueletos calizos de crinoides equinodermos, animales marinos), cuya variedad fue extraordinaria y en número asombroso.

Luego los sedimentos que se depositaron formando estratos horizontalmente, fueron trastornado, apareciendo ahora en pliegues, o fraccionados y hundidos, o inclinados hasta la vertical. En la cantera que hay junto a “La Ronda”; en la curva del camino (donde hay una trinchera), próximo a la capilla del “Cristo del Amparo”; en El Calvario” y en otros muchos sitios de los alrededores, se ven perfectamente los estratos con diferentes grados de inclinación, y las grietas o diaclasas por donde las rocas se fraccionarán en los ciclos sucesivos.

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Parece increíble hasta dónde llega la acción de los agentes que venimos mencionando; los bancos de cuarcitas se convierte en canturrales, cuarteados y desmenuzados por los cambios de temperatura, que han originado igualmente los inmensos arenales del desierto, el viento erosiona y corroe la Gran Esfinge y convierte rocas arenosas en verdaderas esponjas de piedra; los río excavan profundos barrancos, tales como los cañones del Colorado en Arizona, cuyas paredes casi verticales tienen en algún punto 1.800 metros de altura, y arrastran anualmente hasta cientos de millones de toneladas de materiales fangosos, que depositan en la desembocadura, como el Mississipí, formando llanuras pantanosas que se llaman deltas, como el del Ebro, el del Nilo y el de los ríos Ganges y Bramaputra, que ocupa una extensión de 80.000 kilómetros cuadrados; los antiguo glaciares, ríos de nieve, llevaron con sus hielos enormes bloques de granito, cantos erráticos abandonados lejos de su punto de origen; los corales y madréporas, que viven en colonias sobre un armazón o esqueleto calizo, dejan restos en cantidad tal, que llegan a sobresalir del nivel marino, formando arrecifes e islas madrepóricas, que abundan en el Océano Pacífico.

Expuestos ya los antecedentes que hemos creído necesarios, podremos en los sucesivos artículos tratar ya exclusivamente el informe geológico respecto a la cuenca hidrológica de “El Calerizo”.

Cuatro terrenos –dicen Fernández Navarro y Hernández Pacheco-, constituido cada uno por una clase predominante de roca, concurren a formar la cuenca geológica de Cáceres: uno forma el fondo o substrato, otros dos la bordean, y el cuarto que encerrado en un círculo montañoso, y por estar formado de caliza se denomina El Calerizo.

Mañana, Dios mediante, los especificaremos.

Vale

Bajo el título “Hidrología del Calerizo de Cáceres” y el antetítulo “Problemas locales”, el periódico Nuevo Día publicó durante el mes de septiembre de 1927 una serie de artículos firmados por Julián Rodríguez Polo en los que detallaba cómo se conocía y cuánto sobre el Calerizo en la propia ciudad, en unas fechas en las que ya los problemas de abastecimiento de agua potable comenzaban a ser preocupantes.

Julián Rodríguez Polo fue un profesor de Física y Química del Instituto El Brocense, así como Director de la Escuela de Magisterio, además de un prolífico conferenciante y autor de algunos textos de enseñanza. Igualmente, participó en el progresista programa de las Escuelas Viajeras, siendo su participación en la de Navas del Madroño especialmente recordada.

En estas páginas recogeremos las diversas entregas que Rodríguez Polo escribió para su publicación en el diario Nuevo Día, sin seguir la pauta diaria sino agrupándolas para la más rápida comunicación con los lectores de este blog.

Por otra parte, tanto el desarrollo urbanístico de Cáceres y su incidencia, muchas veces negativa sobre El Calerizo, creemos que puede ser ilustrativa la descripción que hizo en 1927 el profesor Rodríguez Polo, para su comparación con el estado actual del conjunto del acuífero cacereño.

Cuando comienzo a trasladar a este sitio web los artículos del Profesor Rodriguez Polo, aún no me ha sido posible encontrar en el Ayuntamiento de Cáceres y sus archivos el Informe firmado por Hernández-Pacheco y por Fernández Navarro, por lo que, si no pudiera localizar dicho documento, nos tendremos que conformar con el resumen y “vulgarización” de Rodríguez Polo.

  1. 17 de Diciembre de 1927. Periódico Nuevo Día.

Leyendo, hace ya días, la reseña que hicieron los periódicos locales de una sesión habida por el Ayuntamiento, supe que se dio cuenta en ella de un informe geológico respecto de la cuenca hidrológica subterránea del calerizo existente en las proximidades de la capital.

El informe a que me refiero tiene la obligada extensión –lo he visto después- y por ello, sin duda, no se leyó en la sesión antes mencionada, quedando a disposición de los señores concejales que quisieran examinarlo detenidamente.

Por el objeto del informe, de interés extraordinario para Cáceres, y por la autoridad científica de sus autores, quisimos conocerle y vulgarizarlo y divulgarlo.

El pueblo de Cáceres debe decidirse por una solución que se le proponga, cuanto antes mejor, respecto de su abastecimiento de aguas; y parece natural e indispensable que se entere de los proyectos que le ofrezca la Comisión encargada de su estudio y conozca los antecedentes de los mismos.

Nada menos que dos sabios especializados en las cuestiones geológica son los autores del informe a que venimos refiriéndonos: los señores Franandez Navarro y Hernández Pacheco son catedráticos de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central; el primero es jefe de la sección de Mineralogía, y el segundo de la sección de Geología del Museo Nacional de Ciencias Naturales; ambos señores tienen merecida reputación universal por sus trabajos numerosos de investigación y por sus publicaciones didácticas, que sirven de texto y de consultas en los estudio superiores. Don Eduardo Hernández Pacheco ha sido constante investigador de la geología de Extremadura, región por la que siente especial afecto, y don Lucas Fernández Navarro ha publicado en la Biblioteca agrícola española “Investigación y aprovechamiento de aguas subterráneas”.

Verdaderamente ha sido un acierto insuperable solicitar el Informe a estos dos geólogos.

En cuanto expuse mi pretensión al Ayuntamiento se me complació enseguida, poniendo a mi disposición repetido informe, que he estudiado con el detenimiento que requiere.

Y contando con el beneplácito de Nuevo Día, que como los demás periódicos locales, tiene en tan alta estima los intereses de esta ciudad en que vivimos, tan necesitada de hacer un rápido avance en el camino del progreso, y tan querida por mí, me propongo, como al principio digo, vulgarizarlo y divulgarlo.

Aunque está redactado magistralmente el informe, y expuesto con claridad meridiana, creo el único medio de que lo conozca el público, éste de hacerle asequible a todos en artículos breves que condensen los fundamentos científicos y las conclusiones a que llegan sus ilustres autores.

  1. 18 de Diciembre de 1927

El historiador considera espacios de tiempo separados por acontecimientos extraordinarios que influyeron en la marcha de la humanidad por el camino de la vida, desviándola de su ruta precedente, modificando su estructura, influenciando su espiritualidad. Y delimitados los tiempos en épocas históricas, consideran cada una con el carácter propio que presenta, y estudia de tal modo los hechos y las ideas, que se ofrecen confusos e inconexos a través de muchas generaciones en el campo de la historia.

El geólogo estudia la evolución de la Tierra dividiendo también en épocas los tiempos infinitos que han transcurrido desde que una cadena fundamental arcaica, de veinte mil kilómetros de longitud, sobre la dirección de un meridiano, emergió de los abismos del océano sin orillas que debió cubrir en los principio toda la haz del mundo en que vivimos.

Sobre las olas de ese mar inmenso, vagaba, según expresión del Genésis, el espíritu de Dios; y dijo Dios: “reúnanse en un lugar las aguas que están debajo del cielo y aparezca lo árido”. Y la ciencia confirma que sucedió así.

Aún persisten los trozos alineados de esa gran formación geológica “que presenció impasiblemente el proceso de las edades geológicas, y que viene a constituir algo así como la primera pincelada de dios sobre la superficie virginal del planeta”, en expresión del geólogo Patac.

Si dirigimos la vista a un mapa del mundo, y aplicamos el borde más oriental de la América del Sur al golfo de Guinea, aparecen así unidos el inmenso territorio sudamericano y el africano continente, como debieron estar unidos hasta los tiempos llamados cretáceos, según la genial concepción de Wegener, y se reconocen terrenos de la misma formación en Escandinavia, en las Islas Británicas, en Canadá, en España, en el Sahara con la inmensa cordillera de los Andes.

Erosionada y derivada por numerosos agentes exteriores (como las lluvias, los vientos y los hielos, de cuyos efectos hemos de dar, en otro artículo, una curiosa idea); hundidos muchos trozos y cubiertos por sedimentos que constituyeron capas, llamadas estratos, en el fondo del océano, a donde fueron arrastrados por los ríos, y que los frentes (que hemos de dar a conocer) originarios de los plegamientos de la costra sólida del Globo, levantaron a su vez, como fueron levantados los estratos que en lo alto de ingentes montañas contiene restos petrificados de los animales que habitaron sobre ellos, pero en el seno de las aguas; rota por inmensas presiones la primera masa continental, cuyos grandiosos fragmentos derivaron sobre una capa más densa y pastosa hasta situarse como los vemos hoy; bajo las acciones aludidas de millones de ciclos erosivos en todas las épocas geológicas, los restos que persisten de la primera formación ofrecen en muchos sitios el aspecto de penillanura (meseta baja o media en que las antiguas montañas están reducidas a cerros u ondulaciones de pequeña altura) como la meseta ibérica.

Pues en la penillanura cacereña, cuyo estudio también ha de ocuparnos, siquiera sea brevemente, como lo requieren la índole de estos artículos, y con el objeto repetido de vulgarizar el informe geológico que comentamos; en esta penillanura destacan la sierra alineada de NO a SE, en cuyo extremo, sobre un collado que separa la pequeña masa montañosa de una última y poco elevada prolongación hacia el NO, está edificada la ciudad de Cáceres.

Resulta de tal disposición topográfica, que Cáceres ocupa una situación dominante y que no hay ríos de alguna importancia en la cuenca fluvial de Tajo, en un radio de 50 kilómetros, que tengan su cauce a mayor altitud que la capital, y por lo mismo no puede tener un abastecimiento de agua mediante embalse de algún rio de montaña cuyo caudal se desviase y pudiera ser canalizado para conducirle por la fuerza natural de la gravedad hasta la misma capital. “La planicie que rodea la región montañosa de Cáceres tiene una altitud de 350 metros, y aunque se eleva hacia el Este, no rebasa los 400 metros a la distancia dicha, siendo 400 metros la altura más baja de la ciudad que llega hasta 476 en el sitio de la Peña Redonda.

Estas dificultades de orden orográfico y topográfico –siguen diciendo los autores del informe- han hecho pensar en la solución del abastecimiento de aguas a la población utilizando la subterránea que pueda existir en los terrenos  inmediatos a la capital, especialmente las contenidas en las calizas que se extienden al Sur, en el terreno denominado “El Calerizo”.

“El excelentísimo Ayuntamiento de Cáceres –agregan los señores Hernández Pacheco y Fernández Navarro- nos ha encomendado concretamente el estudio geológico de “El Calerizo”, en relación con su régimen hidrológico, y este es el objeto del presente informe”.

Vale.

Las piedras de la ciudad monumental de Cáceres, que tan bien nos vienen para enseñar a quienes nos visitan como si fueran certificados inmarcesibles de nuestra historia, no nos enseñan, creo, todo lo que fue y deberá seguir siendo, la ciudad.

Cáceres celebró su bimilenario apoyándose en la historia de Roma. Sin embargo, la ciudad es mucho más antigua, los primeros pobladores habitaron ya estas tierras en el neolítico.

Demostrada está la presencia de pobladores en mucho más tiempo que ese bimilenario. Las cuevas y abrigos del Calerizo de Cáceres, para resguardarse del frío, las lluvias y los depredadores, se compatibilizaban las épocas de poder aprovechar la bonanza del clima con en los humedales de Los Barruecos y los Arenales.

De esos tiempos tan antiguos, nos van, poco a poco, surgiendo respuestas (no todas las que serían posibles si se destinaran mayores recursos a las excavaciones) en Maltravieso, en El Conejar o en la Cueva de Santa Ana.

Sí tenemos, todavía, a pesar de los maltratos, la lectura actual de los que fueron aquellos tiempos, mucho más remotos que la invasión romana y el imperio de Augusto. Porque el libro en el que se escribieron las primeras historias sigue vivo: se llama el Calerizo, se llama la Ribera del Marco, y si los hubiéramos cuidado (algunos están a tiempo), los aliviaderos del Marco (la Fuente del Rey), el pozo de El Sapillo, el pozo de la Lebosilla, la Fuente de Santa Ana…

Cáceres tiene una historia que no está escrita en las paredes de la Ciudad Monumental (Patrimonio de la Humanidad) sino que fluye por hilos de agua que salen del Calerizo, por una fuente inagotable que era en el Neolítico, que fue en la dominación romana, que fue durante el Islam, que fue durante la Reconquista.

Lo mismo que los primeros pobladores, todavía seguramente nómadas, la aparición de la agricultura (de la acuicultura en la época romana), del sedentarismo, habría permitido a aquellos primeros pobladores encontrar asiento, refugio y ricos beneficios de la cantidad de agua que, como nos decía mi madre, fluye bajo la ciudad, como un mar.

El agua en Cáceres es más antigua que las piedras. Es más, sin el agua, las piedras nunca, probablemente, se habrían levantado. La cisterna que apareció en Mira al Río al tiempo que se cometió el atentado contra el puente de San Francisco, no era tal, era la continuación de la poterna, la puerta más adelantada de la muralla, por la que los sitiados tenían a su alcance acceder al bien preciado del agua.

Por esto, me gustaría llamar la atención por la desaparición de Cáceres durante ¿cinco siglos? de cualquier historia. De la época visigoda parece no haber rastro alguno. Pero la ciudad fortificada romana ahí estaba. El agua abundante del Calerizo, ahí seguía. Las enseñanzas romanas en materia de agricultura habrían dejado rastro en pobladores dedicados a los cultivos más elementales.

Los visigodos (suevos, vándalos, alanos) parece que no tuvieron presencia en Cáceres. O parece que no dejaron huella alguna. Seguramente, se ha estudiado poco ese tiempo.

El gran arqueólogo José Ramón Mélida, en su libro en varios tomos dedicado a Cáceres, dentro del Catálogo Monumental de España, a comienzos del siglo XX sí se refiere, al menos, a alguna presencia goda.

Afirma Mélida que, a pesar de no haber monumentos de la época visigoda, sí se sabe que la Extremadura septentrional quedó bajo el reino godo de Toledo, y fue teatro de guerra durante mucho tiempo. En 585, Leovigildo sumó a su reino la ciudad de Mérida.

Desde mi punto de vista, que Cáceres no fuera conocida/invadida por los pueblos germanos (así parece) no quiere decir que quienes por estas tierras combatieron a las órdenes de cualquiera de sus reyes no tuvieran aposento en la ciudad romana dotada de buenos muros defensivos.

Por eso, me resulta llamativo que siendo el agua un elemento fundamental tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerra, las torres romanas de la ciudad no albergaran ejércitos visigodos.

Cinco siglos de historia sin historia parecen muchos.

Vale.

El 4 de marzo de 2019 publiqué en esta misma Cerca una entrada en la que me refería al intento, desesperado, del Partido Popular por “colocar” como fuera el “espacio gourmet” del mercado de abastos de la Ronda del Carmen. Lo titulé “Vender la burra gourmet”.

El gobierno regional, el gobierno de “los mejores” capitaneado por el canario Monago, había invertido prácticamente 1.000.000 € en convertir la planta alta en un espacio gourmet al nivel de otras ciudades de importancia. Y, por supuesto, los medios escritos buscaron esas ciudades con mercados similares, pero en ninguna aparecía un porcentaje de casi el 50% de las casillas destinadas al gourmeteo (aquí, tapeo).

El asunto del mercado gourmet nacía en 2015, y el 1.000.000 € también. Ahora estamos en 2021, y el gobierno municipal, sin una mayoría holgada, ha recibido la información de que la Asociación de Cocineros, a quienes, sin concurso público, Elena Nevado (alcaldesa de infausta memoria) se lo había entregado, le dicen al Ayuntamiento que no, que no sale ningún tipo de cuentas (si salieran ya estaría funcionando), y que si os hemos visto ya no nos acordamos.

Una inversión tan importante debería haber ido a cualquier barrio, y hubiera sido más productiva. Pero en aquellas fechas el PP del viajero quería parecer moderno (aunque el cateto se vista de Armani, cateto se queda) y privatizó la Calle San Pedro de Alcántara diciendo que iba a ser como mínimo como la malagueña calle Larios. Hoy, esa calle tiene algunas tiendas y, eso sí, las terrazas de unas cuantas tascas.

El mercado de Abastos de la Ronda del Carmen data de la mitad de los años cincuenta del siglo pasado, y se puso en servicio como complemento del que en las mismas fechas estaba junto al Ayuntamiento y que luego se trasladó a donde antes había estado el Seminario (edificio histórico artístico desde que se declaró a la ciudad monumental conjunto histórico), y ahora está un moderno parking.

Hoy, ese mercado, de dos plantas, tiene la alta nuevecita nuevecita… y vacía, muy vacía, como baldón a quienes creyéndose los reyes del mambo gastaban el dinero público en proyectos a mayor gloria de sí mismos.

Ahora, el Ayuntamiento, en medio de una crisis tan importante como la causada por la pandemia de la COVID-19, no tendrá más remedio que asumir que la Asociación de Cocineros no sabe qué hacer con esa planta, y, salvo lucecita monetaria que aparezca, guardar los planos, bien dobladitos, y meterlos en el cajón de los inmuebles cerrados por falta de uso.

Vale.

El inmueble que fue sede de los Servicios Sociales de la Junta de Extremadura, en la Calle Antonio Reyes Huertas, nº 9, fue el primero que abrió la serie “Cáceres, cerrado por falta de uso”, en agosto de 2012.

Gobernaba entonces en Extremadura el Partido Popular, con la presidencia de José Antonio Monago. Fue el gobierno del PP (el “gobierno de los mejores” se autoproclamaban” el que en 2013, el 20 de noviembre de dicho año, tomó la decisión de ponerlo a disposición de los Hermanos de la Cruz Blanca, que como organización de carácter benéfico, pretendía usar el edificio para sede de las personas atendidas en aquellas fecha en un inmueble de la ciudad monumental. Y, si les era posible, ampliar las plazas residenciales y disponer de un centro de día.

La Junta de Extremadura entonces, “mataba” dos pájaros de un tiro: por un lado, quitarse de encima un inmueble para el que no se encontraba acomodo, y por otro, ponerlo a disposición de una entidad benéfica muy bien vista en la sociedad cacereña. En realidad, había un tercer objetivo: la Junta no encontraba medios económicos para poner de nuevo en servicio el inmueble y darle un uso que fuera necesario para la ciudad de Cáceres.

Ortofoto 1956. Fuente: sig.caceres.es

Antes de que el edificio apareciera en las ortofotos de la ciudad, en 1984, aparece en todas las de 1956 en adelante. Lo que aparece era, a mí me lo parecía, una especie de ruinas, puesto que solamente estaban en pie las fábricas laterales y frontal, con los huecos dispuestos para puertas y ventanas. No eran unas ruinas, eran, al contrario, unas obras que habían comenzado y que por las circunstancias que fueran (sería interesante conocerlas realmente) quedaron paralizadas. Tenía que haber sido la parroquia de San Pedro de Alcántara, dispuesta en la zona por el importante número de viviendas construidas en su entorno (las protegidas, las 104…). Sin embargo, las obras pararon, las fábricas de piedra levantadas, terminaron por abandonarse, porque la capilla del Instituto El Brocense podía abastecer de alimento espiritual a la zona.

Fachada Principal. Foto: cercadelasretamas.

Desde la aparición de las viviendas protegidas (las más próximas en la propia calle Reyes Huertas, a ambos lados, y las 104 por detrás) en 1956 transcurrieron, pues, al menos 25 años con la iglesia a medio empezar. Desde 1984 hasta que la Junta de Extremadura decidió dejar sin uso el inmueble construido para sede de los Servicios Sociales, transcurrieron ¿cuánto? Pongamos que esa decisión se toma en torno a 2010.  Otros 25 años, aproximadamente, fue lo que estuvo en servicio. Y desde 2010 hasta ahora, 2021, once años van transcurridos ya. Mala suerte la que ha tenido el solar. ¿Habrá que completar otro ciclo de 25 años para encontrar encaje en la ciudad de ese edificio?

Según consta en la memoria de la Modificación del Plan General Municipal de la parcela en su conjunto, con un “error” del PGM que incluía todo el terreno no edificado como destinado a viario (no entiendo el error), la entidad benéfica Hermanos de la Cruz Blanca encargaron a la arquitecta Rocío Clemente, redactar la documentación para, una vez identificado el error, aumentar la superficie edificable de manera que se pudieran cumplir los fines de la organización religiosa: aumentar las plazas residenciales y preparar un centro de día.

En las últimas fechas, hemos conocido que los Hermanos de la Cruz Blanca devuelve el inmueble a la Junta y que, incluso, están barajando su marcha de la ciudad. Esta situación nos retrotrae a 2013, pero con un incremento de edificabilidad encontrado en el camino.

Edificio Reyes Huertas, 9. Cáceres. Fachada posterior. Autor: CercaDeLasRetamas. 2012

Dado que la Modificación del PGM prosperó y está vigente, y, por tanto sus determinaciones, que siguen manteniendo el carácter dotacional público del Plan, en cambio se produce un incremento de la superficie edificable, que pasa de 2.027 m2 que recoge la ficha catastral del inmueble, una superficie edificable de 3.357,40 m2.

Este incremento de superficie construida total supone que la puesta en servicio del actual inmueble, para cualquier uso dotacional que se pretenda, permitiría aumentar, el “valor” de la parcela, y, también, los costes de ejecución, que tendrían dos partes: reparar/rehabilitar el inmueble original y la edificación de nueva planta resultante de la Modificación del PGM.

La cuestión fundamental es que el inmueble sigue sin uso, encaminándose a un nuevo período de 25 años en los que ni su propiedad (la Junta de Extremadura) ni la ciudad de Cáceres, que podría beneficiarse de una nueva dotación, saben qué hacer con él.

El deterioro evidente del inmueble irá incrementándose día a día, haciendo más difícil su recuperación, y será una muestra de cierta incapacidad para saber qué hacer en una ciudad que lleva estancada unos cuantos años en los 96.000-97.000 habitantes, y que no genera necesidades que pudieran ser cubiertas por él.

Vale.

Vacunación contra la viruela (1907)

En 1907 era gobernador civil de Cáceres Felipe Crespo de Lara, un vallisoletano nacido en 1861, y que después de Cáceres fue destinado al mismo cargo en la provincia de La Coruña. Abogado, políticamente fue un destacado maurista, a cuyo influjo llegó de la mano de Gamazo. En su biografía de la Real Academia de la Historia, puede leerse el siguiente párrafo, que ilustra sobre el tono y contenido de la circular que remitió a los pueblos de la provincia sobre la vacunación contra la viruela:

  • En los años de apogeo de Maura, fue gobernador civil de Cáceres (1907) y después, durante casi dos años, de La Coruña. En ambos casos emprendió auténticas cruzadas moralizadoras contra el juego, la embriaguez, el uso de armas prohibidas, la trata de blancas, el fraude comercial, la blasfemia y a favor del cumplimiento riguroso por las tabernas de la ley del descanso dominical. Varios años después, un periódico conservador, El Noroeste, quejándose de los desmanes que ocurrían en la ciudad por la noche, terminaba un suelto diciendo: “¡qué falta está haciendo otro Crespo de Lara!”.

El periódico El Norte de Extremadura publicó esta información en su número del 12 de Junio de 1907:

 

Digna de elogio y aplauso es sin duda alguna la notable circular que el celoso y previsor señor gobernador civil de la provincia [de Cáceres] publicó en el Boletín Oficial de la misma, correspondiente al miércoles 5 del actual [Junio].

Todo cuanto se haga por el bien de la salud pública merecerá las alabanzas de todos; por eso hoy nosotros se las prodigamos muy sinceras al señor Crespo de Lara, que es un gobernador de cuerpo entero, que sabe hacer respetar las leyes y mirar con especial interés por la salud de sus subordinados, dictando cuantas medidas le sugiere su celo, que es muchísimo, como lo demuestra el siguiente documento, que con mucho gusto copiamos, y que demuestra la apatía y abandono que nos caracteriza.

Dice la mencionada circular:

Gobierno Civil de la provincia de Cáceres.- Sanidad.- Circular.

Un mes hace que se instaló en la Casa Ayuntamiento de esta capital el servicio gratuito de vacunación, y han acudido á utilizarlo tan sólo unas noventa personas. Doscientos veintiún pueblos tiene esta provincia y no llegan á cuarenta los que han solicitado de este Gobierno civil tubos de linfa para la vacuna.

Uno y otro dato han llamado extraordinariamente mi atención, pues acusan un estado de apatía, ignorancia ó fatalismo musulmán verdaderamente desconsolador y tal vez impropio del progreso siglo XX en que nos encontramos.

Grabado. Epidemia de Viruela. Europa. Año 1520

Nadie diría, al ver tal pasividad, que formábamos parte de la Nación que hace casi una centuria fue la primera en declarar obligatoria la vacunación y en propagar este medio profiláctico en América, Asia y Oceanía, con la expedición científica en 1803 del sabio Javier Balmis; de la nación que en 1814 publicaba un Reglamento por el que se creaban Juntas filantrópicas de vacuna y en la que se mandaban en 1805 que en todos los Hospitales se vacunara gratuitamente á los pobres; Nación en la que más modernamente ministros tan distanciados en ideas políticas como Ruiz Zorrilla, Maisonnave, Romero Robledo, Osorio, Villaverde, Silvela, Cortezo, Dato y Alfonso González, han coincidido en apreciar la importancia de la vacunación y han refrendados decretos para propagarla todo lo posible, destacándose entre tan loables esfuerzos, por lo enérgico, previsor y minucioso el decreto que en 15 de Enero de 1903 puso á la regia firma el actual presidente del Consejo D. Antonio Maura.

Javier Balmis. Dirigió la operación que lleva su nombre y extendió la vacunación en nombre de España. En 2020, el Ministerio de Defensa eligió su nombre para la operación de las FFAA en nuestro país.

Consignase en el preámbulo de él que en nuestras estadísticas de mortalidad sigue figurando la viruela como causa de un gran número de defunciones, mientras se ha extinguido casi esa enfermedad en las demás naciones europeas. Y atribuyese ese fatal resultado al incumplimiento de las disposiciones gubernativas.

No hay más exacto, aún siendo inconcebible que así suceda, y á que cese tal absurdo deben tender todos los esfuerzos.

Tanto como preocupan á las gentes los riesgos de una tormenta ó los atentados anarquistas, aunque el número de víctimas que anualmente causan los rayos ó las bombas explosivas sea, como en realidad es, muy escaso, y con qué indiferencia se miran los más positivos y frecuente peligros de una dolencia como la viruela, perfectamente evitable, y que ya apenas si causa víctimas más que en Turquía, Marruecos y España, pasando en nuestra Nación CINCO MIL las defunciones que anualmente ocasiona, y siendo un número mucho mayor el de las personas que salvando la vida quedan desfigurados ó ciegos por consecuencia de ese mal.

Cada vez que ha de alzarse el patíbulo para castigar á un asesino, un inmenso clamoreo se levanta pidiendo el indulto del criminal, acudiéndose en demanda del perdón por todas las clases sociales, horrorizadas al parecer.

Y estas misma clases sociales ven con estóica frialdad los estragos mucho más considerables que en tantos seres inocentes causan las funestísimas viruelas.

Responsabilidad moral muy grande contraerán con su pasividad las clases directoras que no estimulen á las dirigidas á precaverse contra tan peligrosa enfermedad, pero mucha mayor sería la que pueda imputarse á los padres de familia que por criminal inercia ó necia desconfianza, no hace uso en bien de sus hijos de las facilidades que para la vacunación brinda el Estado español generosamente á sus súbditos.

Tal vez muchos de esos padres que aún dudan de las conclusiones de la Ciencia y del benéfico influjo del maravilloso descubrimiento de Jenner, crean en cambio en la eficacia de los remedios que expandan charlatanes y saludadores.

¡Cuántos de estos padres por su censurable abandono, tendrán sobre su conciencia la muerte de sus hijos, ó cuando menos la infelicidad de éstos!

Actualmente se impone más en esta provincia la vacunación y revacunación de sus habitantes, pues según comunicación oficial que tengo á la vista, recibida del ilustrado alcalde de Alcántara, está la epidemia variolosa haciendo estragos por el vecino reino, en la provincia colindante.

Ya que no puede obligarse á que se adopte tan sencillo como universalmente aceptado medio de preservación, encarezco á todas las personas constituidas en autoridad, á los señores médicos y farmacéuticos titulares y maestros, y ruego á los señores curas párrocos y personalidades prominentes por su cultura y posición en los pueblos, que influyan con sus convecinos para que éstos se protejan con la vacuna, y pongan con ésta un dique infranqueable á la invasión de la epidemia en España por esta zona fronteriza.

Si á pesar de lo expuesto hubiera pueblos y familias en ellos refractarios á tan sencilla precaución, no se quejen después de las enérgicas medidas que me veré precisado á adoptar en bien de la generalidad, si advierto que son invadidos, y de que el indeleble estigma de la cruel dolencia desfigura los rostros de los habitantes, como perenne padrón de ignominia, revelador de su abandono, de su incultura ó de su falta de civismo.

Lo que comunico á usted para su conocimiento y el de ese vecindario, debiendo acusarme recibo del presenta oficio en cuanto llegue á su poder, y fijarlo durante un mes en la tabla de edictos del Municipio, para que el público quede bien enterado de tan importante y trascendental asunto.

Dios guarde á usted muchos años. Cáceres 5 de Junio de 1907. El Gobernador civil, Felipe Crespo de Lara.

Con autoridades así, se puede ir á cualquier parte.

Reciba el Sr. Crespo de Lara nuestro modesto aplauso por su rectitud y celo, demostrado ya repetidas veces y en muy distintas ocasiones.

Vale.

El 12 de junio de 1907, el periódico El Norte de Extremadura publicaba un artículo laudatorio sobre un proyecto de ley que el senador gallego González Besada, del partido conservador de Antonio Maura, en el que se trataba de realizar una primera intervención gubernamental para frenar la emigración y aumentar la repoblación de tierras abandonadas. Para El Norte de Extremadura, que había publicado artículos sobre la penosa situación de los pueblos de la provincia y de las funestas consecuencias de la emigración, el proyecto, aunque fuera de un ministro de «parroquia» distinta a su línea editorial, era una buena noticia. Ignoro si el proyecto, del que el periódico incluía gran parte del mismo, luego convertido en Ley, es el primer intento de una actuación global del Estado para frenar la creciente emigración, y si la aplicación de la Ley fue suficiente, aunque por lo conocido de Extremadura, no parece que tuviera mucho éxito en su aplicación.

Diario de Sesiones. Senado. Proyecto de Ley.

Son tan pocas ó ningunas las disposiciones que los Gobiernos han dictado hasta aquí para evitar los desmembramientos de la patria, -de los que ya en diferentes ocasiones nos hemos hecho eco en estas columnas- que no podemos menos de trasladar á las mismas el proyecto leído en el Senado por el Sr. González Besada, con el fin de poner algún remedio á este gravísimo mal.

El proyecto de este estudiosos y previsor ministro, tiende á solucionar, ó cuando menos poner un dique á la emigración, y no hemos de nosotros los que restemos méritos al pensamiento del Sr. Besada, que hace concebir alguna esperanza, aquí donde tanto abundan los elocuentes charlatanes, así como escasean los hombre de energía que estudien á fondo la vida angustiosa de los infelices obreros del campo en las villas y aldeas españolas, sometidos al juego y explotación de los grandes terratenientes, causa primordial de la emigración y despoblación que nos arruina y envilece.

Del conocimiento de las causas que motivan los grandes males y de su meditado estudio nacen los remedios que han de venir poco á poco á solucionarlos; por eso hoy, aunque comulguemos en distinta parroquia, aplaudimos el trabajo del Sr. González Besada, que á más de evitar la emigración, hará que sea un hecho en un día no lejano la repoblación del país, proporcionando un cultivo adecuado á los terrenos que hoy son improductivos ó no producen lo que debieran por no darles la debida preparación.

He aquí lo más importante del proyecto:

Art. 2º La aplicación de esta ley tendrá, por ahora, carácter de ensayo y se reducirá su alcance en aquellos montes y terrenos propiedad del Estado, declarados enajenables, que sean susceptibles de cultivo en cierta zona sin daño de la conservación y mejora de la riqueza forestal de los mismos.

Art. 3º Podrán los Ayuntamientos enajenar sus bienes patrimoniales que no estén catalogados por causa de utilidad pública y sean susceptibles de división y ventas en pequeños lotes, en la forma y condiciones que se fijará para la de los montes del Estado.

Del mismo modo, todos aquellos propios de los pueblos que están declarados enajenables, podrán serlo conforme á esta ley, bien á petición de los pueblos propietarios, bien por conocerse la conveniencia de su división por el Gobierno, mediante los organismos que en la misma se establecen.

Art. 4º Tienen derecho á los beneficios de esta ley los que acrediten no pagar contribución y sean casados ó viudos con hijos, dándose preferencia á los del término municipal, sin que se lleve á cabo el reparto sobre los del partido judicial, á estos sobre los de la provincia, y á éstos sobre los del resto de la Nación. En igualdad de circunstancia se optará por los que tuvieran más hijos aptos para las labores del campo.

El reparto y cesión de terrenos se ajustará á las siguientes reglas:

1ª Se formarán los lotes con la extensión necesaria para el sustento de una familia, según se determine en el plan que se establezca por la Junta Central.

2ª Una cuarta parte del terreno asignado habrá de dedicarse á repoblación forestal por el concesionario y el resto á otros cultivos, siempre de la preferencia de éste, pero con el consejo y la dirección técnica que se le facilite.

3ª Durante los cinco primeros años, el concesionario de un monte del Estado, será un mero poseedor del lote que se le adjudique, y podrá privársele de la posesión cuando no cumpliera las condiciones fijadas y las que le señale la Junta encargada de este servicio.

4ª Transcurridos los cinco años adquirirán la propiedad de los terrenos y empezarán á satisfacer al Estado la contribución correspondiente, según la calidad de la finca y la clase de cultivo.

5ª En los montes que sean propiedad de los Ayuntamientos, los lotes se adjudicarán á censo reservativo, abonándose por el censatario, como cánon, el 2 por 100 del valor en que se hubiera tasado el terreno y pudiendo redimir el importe de su capitalización hasta en cincuenta consecutivas anualidades.

6ª No podrán recaer dos lotes en personas ligadas por vínculos de parentesco, dentro del segundo grado, salvo que fuesen todas ellas mayores de edad, cabezas de familia y con descendencia apta para el trabajo.

7ª Será nulo todo pacto de cesión, permuta ó venta durante los diez primeros años, á partir de la adjudicación.

8ª Tanto en caso de transmisión por herencia como por actos intervivos después de los diez años, será indivisible á perpetuidad el coto adjudicado á cada censionario, debiendo en todo caso traspasarse á una persona sola, á no ser que obtuvieran especial autorización del Gobierno.

Recorte del texto legal sancionado por el Rey. Diario de Sesiones del Senado.

9ª No podrán gravarse lo lotes adjudicados con más hipotecas que las legales á favor del Estado, de los Municipios, consortes ó hijos. Para la responsabilidad real del propietario, como base del crédito agrícola de que se desee ó procure hacer uso por sus operaciones de cultivo, únicamente les será permitido contraerla con la Asociación cooperativa que se organice por la Junta al crear el núcleo de población.

10ª En caso de ejecución de los créditos hipotecarios, el dominio pasará al acreedor, pero con la condición de no poder desmembrarlo y de que una nueva familia reemplace á la ejecutada.

11ª A los poblados de los montes del Estado y terrenos sujetos á esta ley se les facilitará por el Gobierno los auxilios necesarios para su instalación y la explotación de los terrenos adjudicados, ajustándose al cálculo que la Junta formule, atenta á las condiciones del terreno que se habrá de colonizar y las especiales de cada región y cultivo. La Asociación cooperativa formada en la nueva colonia cuidará e intervendrá su conveniente empleo por parte del colono, conforme á las reglas que por la Junta se le señalen.

12ª En la repoblación de propiedades de los Ayuntamientos podrá el Estado hacer anticipos á las asociaciones cooperativas que en cada caso deberán formarse, quedando responsables para con aquél y efectos en garantía los lotes adjudicados.

En la concesión de préstamos se señalarán las condiciones de los mismos y el tanto por ciento de interés y amortización á que habrán de ajustarse.

Art. 6º Para la mejor ejecución de esta ley y realización total del pensamiento que la informa, se crea una Junta Central, compuesta de un exministro de la Corona, presidente; dos senadores, el diputado, el director general de Agricultura, el de Contribuciones, Impuestos y Rentas, dos ingenieros de montes y dos agrónomos.

El art. 8º dispone:

Art. 8º Un real decreto, dictado por la Presidencia del Consejo de ministros, aprobará cada plan y ordenará su ejecución, siendo obligatorio constituir una Asociación cooperativa entre los pobladores de cada monte ó terreno subdividido, que habrá de servir de órgano intermediario y educativo de los mismos en sus necesidades de crédito, ahorro, socorro, seguro, compra y venta y mejora cultural, proporcionándoles las ventajas morales y económicas de la ayuda recíproca y de la unión de esfuerzos para un fin común.

La Junta ejercerá cerca de dichas asociaciones las funciones de dirección y patronato, hasta que los socios adquieran la práctica necesaria para seguir la Asociación.

Se autoriza un crédito de un millón de pesetas, cifra que se considera suficiente para llevar á cabo el primer ensayo de colonización en los montes y terrenos enajenables del Estado, calculando un máximo de mil pesetas por colono y lote concedido y en condiciones de ser explotado.

Este es el proyecto del Sr. González Besada, al que acompaña una Memoria, donde se comprenden todos los datos que han de servir de guía é ilustración en este importantísimo asunto, del cual hemos de ocuparnos cuantas veces sea preciso, deseando llegar á ser un hecho positivo y no muera en flor, como otros muchos, por la sola razón de que iban á servir para algo bueno.

Vale

Comparaciones

La inauguración el 25 de febrero del nuevo Museo Helga de Alvear ha supuesto la aparición en “nuestros medios de comunicación” de opiniones diversas, pero una línea comparativa: que si el Guggenheim de Cáceres, el Thyssen de Cáceres… Esta filiación cateta y de complejo de inferioridad no se compadece con la calidad ni del edificio museístico, obra de Tuñón, ni con los contenidos expuestos en esta primera muestra ni con el volumen de los fondos con que cuenta la Fundación Helga de Alvear.

Edificio, desde el jardín. Foto: Museo Helga de Alvear.

En el año 1973, la Revolución de los Claveles supuso para Portugal su entrada en el selecto club de las democracias occidentales, mientras nuestras libertades se consumían bajo la hégira de La Culona. En aquellas fechas de 1973, Luis Eduardo Aute trabajó en una zarzuela que comenzaba:

Don Juan: Adiós, Inés de Ulloa,
Me voy para Lisboa,
Me apunto de soldao
En la revoluçao.

Inés: T’as pasao, t’as pasao,
Qué mosquito t’a picao.

Al mismo tiempo, un escritor catalán, un tal Manuel Vázquez Montalbán, lanzaba un nuevo dicho: “Todas las comparaciones son portuguesas”. Unas comparaciones que no eran tales: eran el deseo de poder alcanzar las libertades que el franquismo tenía secuestradas.

Sin embargo, las comparaciones que se transmiten (desde “nuestros” medios de comunicación) no son, ni pueden ser deseos. Por una razón elemental: porque el Museo Helga de Alvear es, arquitectónicamente, un espacio único, artística y culturalmente, también.

Es de puros catetos plantear esas comparaciones, como si los cacereños, cuando salen fuera “en masa”, se apalancan en Bilbao, en Madrid… para ver colecciones pictóricas.

Detalle de la Exposición. Foto: Museo Helga de Alear

En Cáceres, en nuestro entorno, ya contamos con dos espacios únicos, SINGULARES, que deberían ser orgullo de nuestra tierra. El Museo Vostell y su entorno de Los Barruecos, y el Museo Helga de Alvear y toda la ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Que haya periodistas que escriban como “viajados” y “culturetas” y que se limiten a hacer comparaciones cuando solamente habrán visto la nueva exposición en una visita publicitaria, cuando solamente son unas 150 obras las expuestas, de las 3.000 con las que la galerista Helga de Alvear ha coleccionado a lo largo de toda una vida, desde cuando comenzó a trabajar con Juana Mordó y compraba obras a plazos, hasta este 2021.

El Museo Helga de Alvear debe ser para los cacereños, para todos los cacereños y extremeños, el espacio único en el que se podrán contemplar obras de arte rabiosamente actuales y que, sin duda, seguirán siéndolo dentro de cincuenta o cien años, y que solamente podrán admirarse en nuestra ciudad.

Fachada posterior del Musea, a calle Camino Llano. Foto: @pacohurtadosan-Cerca de las Retamas.

La actual exposición seguramente sabrá a poco a quienes tienen suficiente formación en la materia (que en Cáceres los y las hay) y que destacan la singularidad ya consolidada del Vostell y la necesaria futura en la que se circunscribirá el Museo Helga de Alvear.

Si nosotros no somos capaces de reconocer el auténtico valor del Museo Helga de Alvear (cuando el Vostell echó a andar, también hubo quienes no entendían que era aquello que el raro alemán puso a disposición del pueblo de su mujer), que sea la foto moderna, actual de nuestra ciudad, que pueda enlazarse visualmente con el time line de torres y palacios de la ciudad monumental, estaremos, por siempre, condenados a compararnos con quienes se nos aparecen como superiores.

Vale.

Los pueblos del Ibor y su emigración

Ahora, cuando tanto se escribe y habla sobre la España Despoblada, conviene recordar, porque es de justicia, los llamamientos sobre la emigración que hace ya más de un siglo, aparecían periódicamente en los medios escritos de hace más de 100 años. Unos llamamientos que, como el texto que a continuación se transcribe, publicado en EL NORTE DE EXTREMADURA, el 30 de marzo de 1907, y firmado por Manuel Plaza Pizarro, sobre cuya y milagros no me ha sido posible encontrar referencias válidas. El apasionamiento con el que el autor relata sus emociones cuando ve partir a familias enteras, y cómo narra las riquezas del Valle del Río Ibor, entre Casas del Castañar y Navalvillar de Ibor, hace ver que ya en aquellos años había extremeños a los que espantaba la emigración, sobre todo teniendo en cuenta las riquezas de las tierras que abandonaban buscando mejores condiciones de vida.

La creación del Geoparque de Las Villuercas, Ibores y Jara, supone para los pueblos que forman la región, un siglo después de que Manuel Plaza publicara su artículo, una magnífica y única oportunidad para procurar a sus habitantes una oportunidad, la que no tuvieron sus antepasados, y que deberán agarrarse a ella, a traducirla en un futuro próspero para sus gentes.

Nunca fue idea mía la de atribuirme vanidosamente la prioridad de la iniciativa en pró de los intereses regionales de esos pueblos del Ibor y de los que ya me ocupaba en un anterior artículo titulado “La política en el distrito de Navalmoral de la Mata”.

Tampoco está en mi ánimo, siquiera, el esbozar un problema tan arduo y complejo, que como el social, parece ya iniciarse á través de la aparente ingenuidad de los habitantes del Valle.

Ubicación del Río Ibor. Provincia de Cáceres.

No me creo, paladinamente lo confieso, con autoridad y competencia suficientes, para abordar asuntos de tales trascendencia y tan sagrados como son éstos. Harto haré con exponerlos, con presentarlos, guiado de una fuerte voluntad, mantenida por el acendrado cariño que todos tenemos hacia la patria chica.

¡Cuántos ayes de angustia, de dolor, han sido lanzados por pueblos de otras provincias, con sus arranques de amenazas de emigración para atraerse las miradas compasivas de los que nos rigen! Si á saberse fuera, por unos y fútiles pretextos, comparativamente con los que aquí se traen. Estos pueblos de me ocupo, sordomudos, nada han dicho nada dirán. Aguantan y sufren callando. Pasiblemente dejan transcurrir los tiempos y minados por el arrastre impetuoso de la vida y de las exigencias actuales, faltos de todo elemento, de toda ayuda, aprisionados en cárcel perpetua, su espíritu se empobrece, sus energías se apagan, y la esperanza y la ilusión del mañana perdidas, no pueden ni sus fuerzas se atreven á otra empresa que no sea la de esperar con quieta y pacífica resignación el fin ansiado de la desesperante crisis que les alosa.

Nada de pesimismo, nada de apasionamiento; los que convivimos en estos pueblos, los que de cerca palpamos y escuchamos  quejas, somos los que precisamente sufrimos y los que con ellos compartimos su dolor.

¿Quién no ha presenciado allí, en las afueras del lugar, junto á la típica cruz de granito las desgarradoras  escenas de despedida? Escenas que destrozan el alma, que conmueven al indiferente… de siempre tristísimos recuerdos.

Familias completas liquidan sus ya desmembrados bienes para reunir el puñado de pesetas que les alivie el viaje y les ponga franco á bordo. Mujeres, niños y ancianos se aprestan á la marcha; sus hatillos al hombro dan el último adiós, el último abrazo á sus seres queridos que allí dejan, y sollozando camino adelante van… á lo desconocido, á ser carne de déspotas mayordomos… verdadera remesa de coolies.

Y cuando de lo alto de una meseta, á las postreras luces del día, el toque del Angelus hace elevar nuestras miradas enfilando la silueta de los campanarios y agrandándose ante nuestros ojos en lejano horizonte, una inmensa y desierta manigua, emocionados decimos… van á colonizar…

Agreste campiña de espesos é intrincados matorrales, exuberante vegetación de lozana y atrevida jara, laberinto de corpulentas madroñeras, lentisca, romero, todo un reino vegetal se enseñorea en miles y miles de hectáreas, sin que la mano del hombre haya hecho otro cultivo que la roza que destruye y el fuego que lo arrasa.

Abajo en el hondo valle la dilatada faja  blanca de regada vega, pobre y mezquinamente cultivada por el primitivo sistema rutinario y de precursora ruina para el campesino. Ruidosos saltos de agua, lamentables pérdidas de fuerza motriz que, vertiginosa, corre azotando el ramaje siempre verde de una de una prodigiosa variedad de alisos, toros, sauces, fresnos, hojaranzos… que en desaliñado contraste cobijan las limpias y cristalina balsas que forman sus remansos.

Valle del Río Ibor. Navalvillar de Ibor. Cáceres

En las laderas y en encantados bosques, se confunden el roble, quejigo, alcornoque y acebo; bosques maderables extensísimos de árboles jigantes, la mayoría carcomidos, efecto de su incultivo y clamando ya por la renovación de otros.

Y en este oasis, en esta vasta extensión donde no se descubre palmo de terreno que no sea fructífero para el común sustento de sus naturales, se encuentran principalmente enclavados y separados sólo por unos kilómetros, los dos pueblos de Navalvillar y Castañar de Ibor.

Aduares de amontonadas casas, mal hacinadas unas sobre otras, viviendas ruines de pobrísimo y miserable aspecto, callejas inmundas, permanentes centros de pudrideros y constantes gérmenes de fiebres y otras epidemias; inhabitables si la naturaleza no prodigara los aires más oxigenados y las exhalaciones más sanas que hace emanar de su repujante vegetación.

Gente llena de vida, astuta y de clarísimo entendimiento habitan estas aldeas; rebosante de vigor, trabajan, pero trabajan sin fe, sin entusiasmo, sin esperanza de recoger nunca el fruto de su harapienta vida.

Sus productos mezquinos y á tanta costa recolectados, no compensan ni el escuerzo ni los ahorros allí invertidos. Les falta el todo, escasean los medios. Habitan, sí, un campo rico pero ¿de qué les sirve? ¿Para qué lo quieren? ¿Cómo transportar los indispensables abonos minerales que utilicen para fertilizar sus fecundas vegas. ¿Cómo cambiar  de planta y sistema de cultivo si no hay salida para sus cosechas, si las transacciones no existen, si los frutos se pierden por falta de medios de comunicación? Pero ¡qué más! En las grandes avenidas del Tajo, en los frecuentes temporales de invierno y primavera, éstos y otros pueblos del valle se ven forzosamente obligados á guardad absoluta incomunicación con la capital de su partido. Ni un puente que les preserve del constante peligro á que se exponen al barquear el río.

Puente sobre el Río Ibor. Provincia de Cáceres.

¿Qué hacer? Agobiados por las crecientes necesidades de la vida, fustigados por la escasez de medios, oprimidos y vislumbrando negro horizonte de miserias y ruinas, desalentados pretender buscar el consuelo de otros países y allá se arriesgan siempre con la ilusión del mañana.

Entiendo que la emigración es beneficiosa; sobre todo en los países cultos y naciones adelantadas es, digámoslo así, el complemento para el ensanche de razas y de relaciones de negocio. Mas otras clases de emigraciones: aquellas que maduramente se fraguan en riguroso y acabado aprendizaje en los Escritorios de casas explotadoras de Hamburgo, Manchester, Liverpool, etc., de juventud sana, ambiciosa de poder, previamente adiestrada y que con su inteligencia y prácticos conocimientos, se lanzan á copar para sí y para su país las primeras patentes en todos los ramos de la industria y el comercio.

Pero estos desdichados ¿á donde van? ¿á colonizar cuando aquí nada hay colonizado?

Abrigo la esperanza, tengo la firme convicción del risueño porvenir que á estos pueblos les está reservado. Por ley natural la riqueza de este suelo y subsuelo no puede quedar oculta; ha de llamar fuertemente la atención de poderosos Sindicatos extranjeros que se interesarán en esta sierra olfateando codiciosamente sus tesoros y en donde encontrarán ancho campo de investigación para sus empresas. Ellos aprovecharán lo que nosotros despreciamos. A su lado aprenderemos y desarrollarán, con la cooperación de sus influyentes, sus planes de explotación, comenzando una era próspera y de positivos resultados para esta comarca.

Esas familias que ahora emigran, esos braceros irreemplazables que se van, son los que más tarde harán falta para habitar, colonizar y trabajar en estas desiertas campiñas.

MANUEL PLAZA PIZARRO.

Vale

El 25 de diciembre de 1906 se produjo en Cáceres un accidente laboral en el que perdieron la vida tres trabajadores de la construcción, al producirse un desprendimiento de tierras en la calle de la Solana, actual calle de Pizarro. Por la fecha en que se produjo el siniestro, tuvo una gran repercusión, como ya se ha contado en este sitio.

El 12 de febrero pasado, transcribí la crónica que el periódico El Norte de Extremadura¸ publicó el día 29 del mismo mes, dando cuenta de la enorme sensación que produjo el siniestro en toda la ciudad, haciendo lista de todas las autoridades que, desde el primero momento de conocer la noticia se acercaron hasta el lugar del suceso.

Titular de portada. EL NORTE DE EXTREMADURA. 29 Diciembre 1906

La llamada Casa Grande de Cáceres se construyó entre los años 1905 a 1910, por la iniciativa de un propietario, Gutiérrez Cedrún y realizada con el proyecto y dirección del arquitecto Francisco de la Pezuela y Ramírez.

Sin duda, la muerte de los tres albañiles José Ébole, Santiago Sánchez y Manuel García, fue causa de algún retraso en las obras, además de las tareas de recuperación de tierras desprendidas.

En los periódicos de Cáceres, la Casa Grande ha sido objeto de diversos reportajes y de informaciones que más que en el estudio del proyecto y su conformación, han ido encaminados a ensalzar la figura de su promotor inicial, Gutiérrez Cedrún, y de su familia. Hasta el punto de que el nombre que se le dio comúnmente (la Casa del Millón, por lo que parece que costó) no es sino una anécdota que simplemente ha servido para llenar alguna página.

Antes de su adquisición por la Fundación Helga de Alvear, fue comprada por la Universidad de Extremadura, alojando en sus espacios la Secretaría General, la Gerencia y los despachos del Rectorado en Cáceres, además de la Escuela Universitaria de Ingenieros de Obras Públicas.

Fachada a Camino Llano. Museo Helga de Alvear.

Del proyecto del edificio, de la firma del Arquitecto, solamente una piedra de granito en la parte izquierda de la fachada recuerda su nombre y que ganó un premio por el proyecto.

En ningún periódico aparecen más referencias al arquitecto, algo muy habitual en la ciudad de Cáceres, y por supuesto, ninguna referencia (al menos no las he encontrado) al terrible accidente que costó la vida a los tres albañiles citados. Es evidente que las vidas de tres albañiles, sepultadas bajo las tierras de la casa del millón fue noticia entonces, pero ya de aquello, ni recuerdo ni memoria.

Poco se sabe del arquitecto Pezuela y Ramírez, aunque sí que se tituló en 1903, siendo, por tanto, la Casa Grande de Cáceres uno de sus primeros proyectos, y que también intervino en la construcción de la plaza de Toros de Alcañiz. También que en 1933 formaba parte del cuerpo de arquitectos de la Hacienda pública, y en 1914, miembro del patronato del Museo Español de Arte Moderno.

En el año 1909, por el dueño de la finca y el arquitecto (Gutiérrez Cedrún y Pezuela Ramírez) se solicita del Ayuntamiento licencia para construir un muro entre las calles Solana y Casas de Carrasco, que sin duda es el actual muro del Museo Helga de Alvear.

Vale