Archivos para November 30, 1999

Como usuario de Renfe MD/LT (Media Distancia/Largo Tiempo) me ha gustado ver en el Boletín Oficial del Congreso de los Diputados por Cáceres unas preguntas que los Diputados Pilar Lucio y César Ramos hacen oficialmente sobre las deficiencias que un viaje sí y otro también se producen en el trayecto Cáceres – Sevilla y viceversa.

Digo que me gusta porque, cuando uno cruza impresiones con otros usuarios, siempre se queja de deficiencias y problemas, pero de ahí no se pasa. Y tras un accidente en el trayecto Sevilla-Cáceres, que sufrió mi esposa, se acabaron las quejas: primero las reclamaciones. Luego ha venido alguna respuesta a una contestación falta de vergüenza, y nuestra respuesta para hacerlos, de momento, trabajar algo.

Está claro que Renfe Operadora, que funciona en régimen de monopolio, que no en régimen de servicio público, hace de su capa un sayo. Un sayo de etiqueta. Existe una clara diferencia entre lo que es monopolio de lo que es un servicio público: la atención a los usuarios.

El monopolio se caracteriza por el desprecio, por el maltrato, por ignorar a quienes hacen posible los puestos de trabajo de quienes, al amparo de una empresa pública, se esconden de trabajar en beneficio de la comunidad.

El servicio público es, debería ser, lo contrario del monopolio: ser, de verdad, un servicio en el que los ciudadanos sean respetados.

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La experiencia, nuestra experiencia como usuarios de Renfe Operadora es sufrir un monopolio que, cuando recibe una reclamación, siempre actúa a la defensiva, siempre se esconden en el procedimiento y en una normativa interpretada en su propio y exclusivo beneficio.

A veces, incluso, en sus respuestas a sus clientes, a los ciudadanos, tratan de confundirlos, cuando no de engañarlos o, incluso, de culpabilizarlos de las anomalías que sufren los trenes.

Y todo ello, desde la impunidad del monopolio, ante la pasividad de los gestores políticos (Ministerio de Fomento, Comunidades Autónomas que no exigen al ministerio, cargos políticos que dirigen el monopolio…) y el silencio, la resignación de los usuarios.

Reclamar por cada anomalía que se produzca, darlas a conocer públicamente, es el camino para que el monopolio se convierta, de verdad, en un servicio público, un servicio que no incumpla, como sucede en el trayecto Cáceres – Sevilla y vuelta, de modo sistemático la Ley de Discapacidad, ante la pasividad de los organismos con competencia en la misma.

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Ahora, por fin, en el Congreso, los diputados del PSOE por la provincia de Cáceres, Pilar Lucio y César Ramos, han presentado una serie de preguntas a las que tanto desde el Ministerio de Fomento, Adif y Renfe Operadora deberán dar respuesta. Espero que sin rodeos, aunque…

Preguntas sobre mantenimiento, limpieza y revisiones de los trenes, sobre por qué los WC Adaptados no están en servicio desde la misma salida de los trenes, sobre mejoras en el trazado viario que eviten los bandazos laterales que en muchos tramos hacen peligrar a los viajeros…

Preguntas. Esperamos las respuestas, Renfe, Adif y Fomento. Esperamos.

Vale.

¿Cuántas veces hemos oído o visto a conspicuos tertulianos hacer referencias a las “democracias avanzadas”? ¿Cuántas veces esas referencias no eran sino descalificaciones a asuntos sucedidos en nuestro país?

Lo mismo, esos viajados y estudiosos tertulianos, no sabían ni intuían que esas democracias avanzadas, singularmente Gran Bretaña y Estados Unidos, también tienen sus imperfecciones. Y de mucho calado.

En Gran Bretaña, el primer ministro Cameron accedió, tras negociaciones, a que en Escocia se llevara a cabo un referéndum para decidir si ese territorio podría conseguir su independencia. El resultado determinó que los escoceses querían seguir unidos a Inglaterra y Gales en la Gran Bretaña.

Posteriormente, el mismo primer ministro Cameron convocó un referéndum para consultar, de modo vinculante, si los británicos querían seguir perteneciendo a la Unión Europea. Resultado, el BrExit. Consecuencias, Cameron pierde el gobierno y se producen muchas manifestaciones intentando que se repita el referéndum, con miles de ciudadanos enfurecidos por el resultado del referéndum.

Y otra consecuencia: los escoceses quieren ahora otro referéndum, pero no para determinar su unión o no a la Gran Bretaña, sino para pedir su independencia y poder continuar perteneciendo a la Unión Europea.

En esta democracia avanzada, ejemplo para democracias imperfectas o inmaduras como la española, si el resultado de un proceso democrático no gusta, se producen manifestaciones de quienes han perdido. Grandioso.

¿Qué han hecho esos miles de británicos que no reconocen el resultado del referéndum mientras se hacía campaña? ¿No consideraban la posibilidad del resultado que se dio?

Ahora, tras las elecciones norteamericanas y el triunfo de Donald Trump, en muchas ciudades se han producido manifestaciones en contra del presidente electo. ¿Qué pasa, que esa democracia tan avanzada no puede arrojar el resultado que deciden los votantes? ¿Quiénes se manifiestan, los que no han hecho lo posible para evitar el triunfo de Trump? ¿Los que menospreciaban, desde posiciones de soberbia, la candidatura del ultraderechista?

Donald Trump dijo en campaña, más o menos, que aceptaría el resultado de las elecciones si ganaba él. Le llovieron palos de todos los colores por cuestionar el sistema. Ahora, seguramente muchos de los que le criticaron por ello, son los que promueven e incitan revueltas y manifestaciones contra el presidente electo. Que Trump es un peligro (quizás mayor que Hillary Clinton, que también lo es, como cualquier presidente USA) está claro. Pero manifestarse porque ha sido elegido, es hipócrita y cínico: haber trabajado más, haberse implicado más en que no saliera elegido.

Democracias avanzadas que nos enseñan que los resultados no se aceptan si no responden a unos determinados intereses. Lo mismo no son tan avanzadas.

Vale.

El 29 de octubre de 2016, en el Congreso de los Diputados se escenificó la bajada a los infiernos del PSOE, que comenzó su viaje en el Comité Federal del 1 de octubre, donde se consumó la caída del primer (¿y único?) Secretario General del Partido directamente elegido por la militancia. Cuando 68 diputados del PSOE se abstuvieron en la votación para elegir a Mariano Rajoy como presidente del gobierno, ya habían sufrido, en pocos minutos, dos tremendos empellones. Uno, del propio beneficiado del harakiri del PSOE, y el otro, de un Rufián de nacimiento.

Los exabruptos de postureo de un diputado charnego (en realidad, un renegado) no dejan de ser eso, un exabrupto, que, como sucedió después del discurso de Rajoy, tapó la verdadera puerta del infierno por la que el PSOE salió camino de la realidad.

Hoy, en las redes sociales, conspicuos militantes del partido se dedican a tratar de rebatir las palabras de… Rufián. Del discurso de Rajoy, poco.

El candidato Rajoy, en su breve discurso, dijo, básicamente, que le dejen gobernar y no le molesten. El portavoz del PSOE, Antonio Hernando, se tragó un sapo de descomunales dimensiones y, siguiendo un manual escrito por otros, dijo que Rajoy tendrá enfrente a su grupo, que hará oposición.

Finalizados los días de infierno para el partido, y tras la investidura del socio de Francisco Correa, ahora comienza la realidad. Una realidad que puede ser, y será, a buen seguro, más dolorosa para los socialistas que el paso por el infierno. Porque llave de la realidad solamente hay una, y, para poder salir del infierno, 68 diputados del PSOE la dejaron, rendidos, en manos del candidato del Partido Popular.

Cuando la realidad vaya desbrozando su camino, cuando el faro y guía de Rajoy vaya presentando proyectos de ley, aprobando reales decretos, el grupo del PSOE irá descubriendo que o les da su beneplácito o el fulgor de las llaves de nuevas elecciones les cegará.

Rajoy puede, a partir del 3 de mayo de 2017 convocar elecciones en cualquier momento, y lo hará, sin dudarlo, si no consigue aprobar los presupuestos con la abstención, otra, de los 68 diputados que han facilitado su investidura. O si no consigue aprobar cualquier otra medida que considere imprescindible “por el bien de España”.

El PSOE, la dirección del partido y los diputados en el Congreso y los mal llamados barones, se verán, una y otra vez, en el espejo que ayer les mostró Rajoy: o me dejan gobernar o convoco elecciones.

En la primera opción, necesitará cómplices (no son de esperar medidas que mejoren la vida de los trabajadores), y en la segunda de las opciones, cualquier adelanto electoral, y cuanto más cercano en el tiempo, más, será culpa de los socialistas.

La tortura a la que la derecha, y no olvidemos que la derecha española ni paga a traidores ni hace prisioneros, someterá a los socialistas se verá día a día, minuto a minuto, en cualquier momento. En todo momento.

El infierno para los diputados socialistas y para el partido terminó ayer, con la investidura de Mariano Rajoy. La realidad, más dura y más cruel, empieza ahora. La derecha (y Rajoy no es más que un instrumento) no perdona: ha cazado una pieza imposible hasta ahora.

La realidad se aparecerá a cada paso, en cada página del BOE o en cualquier Comisión del Congreso. Ante esa realidad al grupo socialista solamente le cabe luchar con armas sin munición: las preguntas de control parlamentario son salvas y las proposiciones no de ley, pólvora mojada.

Rajoy tiene expedito el camino.

La realidad, la cruda realidad, más dura, más duradera, empieza ahora.

Vale.

Cuando José María Aznar ungió con su dedo mágico a Mariano Rajoy como su sucesor, Iñaki Gabilondo realizó una “rueda rápida” de valoraciones con diferentes políticos que expresaron, generalmente, que les parecía bien, que el sucesor tenía un carácter amable, distante de la distante posición política y personal de Aznar. La rueda iba bien hasta que le tocó el turno a Juan Carlos Rodríguez Ibarra, quien opinó lo contrario. Opinó que eso que se decía del buen talante, del trato amable con el que se etiquetaba a Rajoy no era cierto. Decía Ibarra que había tenido la ocasión de negociar transferencias con Rajoy y de amable y buen trato, nada, que al de Pontevedra no le gusta perder a nada. Iñaki Gabilondo se quedó un poco en cuadro. Espero que si Rodríguez Ibarra lee esto, no lo desmienta. 

Ahora, cuando el PSOE se pone en manos, cautivo y desarmado, de Rajoy, los partidarios de la rendición nos quieren hacer ver que el PSOE ha hecho un gran servicio a España y que en lo sucesivo se verá, cuando haya que aprobar leyes y presupuestos, que su posición tendrá fuerza. Ninguna.

A Rajoy no le gusta perder ni a las chapas. Mucho menos va a perder en unos Presupuestos Generales del Estado.

A ver cómo nos venden una nueva “abstención responsable” cuando Montoro defienda unos presupuestos en los que el hachazo se aplicará justamente donde la herida de los ciudadanos es ya más sangrante, sin visos de iniciar la cicatrización. ¿También será una abstención por el bien de España? Señores, no nos jodan ustedes más de lo que ya nos hacen profesionales.

A ver cómo nos venden una nueva “abstención responsable” cuando Fátima Báñez defienda una nueva reforma laboral o una nueva reforma de las pensiones que dirán que son necesarias, fundamentales, para mantener el sistema. ¿También será una abstención por el bien de España? Señores, no ayuden a sujetar el mango del hacha que golpea a los trabajadores ya indefensos.

El PSOE se ha entregado de hoz y coz a los designios de Rajoy. Y comenzará haciéndonos tragar el sapo de los presupuestos y los recortes como si fueran la medicina que nos va a curar las heridas que soportamos.

A Rajoy no le gusta perder ni a las chapas. Y tiene, en su mano, el arma con la que el PSOE no tendrá más remedio que doblegarse una y otra vez: el calendario.

Una vez investido Rajoy, comenzará de inmediato, el trámite presupuestario. Y con él la amenaza puesta en cada página del proyecto de ley: o se aprueban los PGE 2017 o el 3 de mayo se disuelven las Cortes y vamos a nuevas elecciones. Y los responsables, por tierra, mar y aire, los socialistas. Y ante esa atribución de responsabilidad, de culpabilidad, no hay escapatoria posible: para eso los medios de comunicación son fieles lacayos, periodismo sicario se llama, de un partido que funciona como una mafia.

Y si en un ataque de responsabilidad por el bien de España, el PSOE nos hace tragar con los PGE de Rajoy, ya estará preparado el siguiente escalón: la reforma laboral, otra más. Y otra vez vuelta a lo mismo: o se aprueba la reforma laboral o el 3 de mayor se disuelven las Cortes y vamos a nuevas elecciones.

Y lo mismo con la reforma de las pensiones y lo que haga falta. Y en siete meses el PP tendrá hechas todas las reformas que quiera, siempre haciendo saltar por los aires los escombros del estado que fue del bienestar. Y eso lo harán con la complicidad dolosa del PSOE, a quienes responsabilizarán ante los trabajadores de todos sus males.

Y cuando todo esté hecho, el calendario actuará: en cuanto a Rajoy le venga en gana, disolución de las Cortes, nueva convocatoria electoral y el PSOE seguirá cautivo, desarmado y arrastrando la culpa, por el bien de España, de haber dinamitado los restos del estado bienestar.

Buena jugada, barones.

Vale.

 

El fuerte debate interno del PSOE sobre la posición a adoptar en la nueva tentativa de Mariano Rajoy por conseguir la investidura en el Congreso de los Diputados se ha polarizado en torno a dos posiciones: o aceptar la investidura o mantener el No.

Parece, al día de hoy, que la Comisión Gestora encabezada por Javier Fernández se decanta por plantear en el Comité Federal la conveniencia de abstenerse en la investidura. Al mismo tiempo, muchas agrupaciones locales, alguna provincial y alguna regional siguen siendo partidarias de mantener el No.

En esta disyuntiva, en la que quienes ostentan cargos de gobierno en las autonomías (los llamados barones: Vara, Page, Puig, Diaz, Lambán) y una parte de los actuales diputados aparecen totalmente distanciados de sus bases, y con la decisión de la Gestora prácticamente tomada (la abstención), solamente quedan los flecos de cómo vestir al santo: abstención en bloque, abstención técnica (11 diputados) o alguna fórmula imaginativa que puede recordar a la ingeniería fiscal que practican los defraudadores.

En toda esta cuestión, y desde los partidarios fervientes de la abstención, como Eduardo Madina, se ha venido percutiendo con un argumento que en modo alguno puede asumirse desde un mínimo conocimiento del modo de actuar de la derecha: que como el PP gobernaría en minoría, la mayoría del Congreso puede hacerle muy difícil el ejercicio del gobierno.

Quienes así se manifiestan son los mismos que se han negado a admitir que hubiera un “gobierno Frankestein” y que para evitarlo no dudaron en dar un golpe de estado preventivo. Esos mismos son los que creen, ingenuamente, que todos los grupos que podrían haber formado ese gobierno abortado, se pondrán permanentemente de acuerdo. Eso no será así, y lo veremos.

Quienes pretenden hacer creer a militantes y votantes socialistas que rindiéndose (rendición, y no otra cosa, es la abstención) ante el Partido Popular estará el PSOE en condiciones de hacer oposición y de encabezarla, ignoran una seña fija en el ADN de la derecha española: que ni paga traidores (los que dieron el golpe de estado preventivo) ni hace prisioneros.

Si el PSOE, junto con los demás grupos de la oposición “torturan” al PP en el ejercicio del gobierno, Mariano Rajoy no dudará, y lo hará cuanto antes, en mayo de 2017, en convocar nuevas elecciones. El escenario se lo han puesto a huevo.

Con un PSOE rendido, Podemos en luchas internas que pueden terminar como el rosario de la aurora, Izquierda Unida liquidada por el nieto de Anguita, unas elecciones en julio de 2017 le darían una mayoría absoluta por muchos años al PP y terminarán por hundir al PSOE hasta la irrelevancia.

Desgraciadamente, la dignidad que muchos votantes y militantes socialistas manifiestan no es compartida por los dirigentes de la Gestora y quienes la han puesto. En mor de un falso pragmatismo, prefieren arrodillar al partido ante la derecha antes que vivir de pie, erguidos y defendiendo la dignidad.

Quienes dieron el golpe de estado preventivo, traicionando al Secretario General elegido por la militancia, son los mismos que quieren echar de los puestos de la dirección nacional al PSC, que con su primer secretario, Miquel Iceta se mantiene en el voto negativo.

Abstenerse no es el falaz argumento de decir que no es apoyar. Eso es una falacia. Abstenerse es rendirse.

Ya puestos, la Comisión Gestora del PSOE debería someter al Comité Federal poner como condición al PP que Rajoy no sea el candidato a la investidura. Que si quieren la abstención, el candidato sea Francisco Correa.

Vale.

 

En diversas entradas de esta web he incluido diversas entradas referidas a inmuebles de titularidad pública que se encuentran sin uso y sobre los que ha habido, en algún caso, pronunciamientos públicos que al final, coo en el soneto con estrambote de Cervantes al túmulo de Felipe II… “fuese y no hubo nada”.

En estos días, el Ministerio del Interior, a través de la GIESE (Gerencia de Infraestructuras y Equipamientos de la Seguridad del Estado) ha intentado vender la antigua casa cuartel de la Guardia Civil en la calle Margallo. Ha intentado de nuevo sin éxito, y eso que la diferencia de precio con el del primer intento de venta era considerable. En el primero de los intentos, el precio de salida era superior a 2.700.000 €, mientras que ahora se ofertaba por poco más de 300.000 €.

Es curioso que sobre dos inmuebles de mucho mayor valor (y precio) el Ayuntamiento, gobernado por el Partido Popular con el inestimable apoyo de Ciudadanos, sí haya hecho amago (brindis al sol) de reclamarlos.

Sobre la antigua cárcel, que figura en el Catálogo de Bienes Protegidos del Plan General Municipal hubo hasta grandilocuentes declaraciones de reclamarlo con la modalidad de cesión gratuita, eso sí, sin tener la más mínima idea de para qué lo reclamaban. Creo recordar que hasta hubo pronunciamiento en pleno en ese sentido. Pero no ha vuelto a tenerse noticia alguna.

Sobre la que era sede de la Demarcación de Carreteras del Estado, el Ministerio de Hacienda se lo ofreció al Ayuntamiento (qué raro, ofrecimiento, así por las buenas) que llegó incluso a plantear destinarlo para viviendas, en una propuesta estéril. Y no ha vuelto a saberse nada.

En estos dos casos, lo malo no es que el equipo de gobierno utilice estas cuestiones de señuelo para hacernos creer que gestiona algo, mientras que con la ayuda de los gorrillas de Ciudadanos declara media ciudad zona azul y sube el precio del autobús urbano, un servicio que cada vez pierde más usuarios (seguramente porque los ciudadanos no quieren utilizar un servicio cada vez peor). Lo malo es la inacción de la oposición, que ni pregunta ni, seguramente, sabe qué preguntar para poner negro sobre blanco la incapacidad de gestión del PP.

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Ficha urbanística de la antigua casa cuartel de la Guardia Civil en Cáceres

En el caso de la antigua casa cuartel de la Guardia Civil, ante la imposibilidad de su venta por el Ministerio del Interior, y dada la pérdida de valor que ha sufrido, sería el momento en el que el Ayuntamiento pidiera la cesión gratuita. Eso sí, para ello el Ayuntamiento debería saber en qué utilizarla, cosa que, con los precedentes que existen, se me antoja prácticamente imposible. También estaría bien que, por una vez, los partidos de la oposición (PSOE y Podemos) se quebraran un poquito la cabeza y pensaran para qué podría utilizarse, evaluando los costes de adecuación y haciendo una propuesta razonable y, como se dice ahora, sostenible.

Vale.

En la página web de Renfe, que más parece un compendio de publicidad y propaganda que una adecuada fuente de información de un servicio público, puede leerse este párrafo

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Y se quedan tan anchos.

Pero nada más lejos de la realidad. Y nada más lejos de la realidad en los servicios que Renfe presta en las líneas del tercer mundo. No, no me refiero a líneas que pudieran transitar por Ruanda o Haití. Me refiero, en concreto, a la línea de cubre el trayecto entre Cáceres y Sevilla. Sin ir más lejos. Y viceversa.

Para Renfe, discapacidad es un concepto que se esconde en el acrónimo PMR, pero bien escondido, claro.

En bastantes viajes que hemos realizado en ese trayecto con la capital andaluza, nunca hemos visto subir a viajeros PMR según el concepto “renfe”. Es decir, personas en sillas de ruedas. Como si la discapacidad o la movilidad reducida se redujera (aún más) a tener que ir en silla de ruedas.

Porque un trayecto que dura casi 5 horas (4 horas y 42 minutos, según la web) necesita algo que el tren modelo 18779 o 18775 no tiene: mantenimiento. Mantenimiento que el usuario pueda ver cuando accede al vagón, ya que del otro, el de la mecánica, los frenos, los sistemas de seguridad no tenemos ni idea si se hace o no.

En más de una ocasión, y en más de dos, acceder al tren, en la salida de la estación de Cáceres o en la de Santa Justa, y comprobar que el WC adaptado no funciona, puede parecer un inconveniente para cualquier viajero sin problemas de desplazamiento o estabilidad, que puede utilizar “el otro” aseo. Pero para una persona con esas dificultades es un gravísimo hándicap. Moverse por un tren que va dando bandazos por vías tercermundistas, es un arriesgado ejercicio físico.

El 20 de agosto de 2016, una viajera, mi esposa, se encontró con ese problema: no poder hacer uso del WC adaptado porque estaba inutilizado antes de arrancar el tren en Santa Justa la obligó a tener que desplazarse hasta “el otro” aseo. Resultado: llegada a Cáceres, dejar el equipaje y a urgencias.

Resultado más desagradable aún: la sinvergonzonería de Renfe y de la compañía de seguros Allianz, a la que tiene contratado el seguro de accidentes de viaje. Si se juntas dos empresas cuyo única máxima es el mínimo gasto (Renfe) y el máximo beneficio (Allianz), la consecuencia es obvia: perjuicio para el viajero accidentado.

En esas estamos aún, en la pelea con una empresa de servicio público que el único servicio que parece prestar, al menos en Extremadura, es que sus directivos tengan asegurados unos elevados sueldos a costa del dinero público.

Y en esas estábamos hasta que el día 12 de octubre teníamos que volver a subir en Santa Justa al tren 18779. Y al subir, una alegría: un trabajador de la limpieza salía del WC adaptado y dejaba su suelo recién fregado. Bien… ¿o no?

Pues no. Porque mientras veíamos al limpiador caminar todavía por el andén comprobamos que las letras WC, en rojo, tenían una línea diagonal, también en rojo, intermitente: el WC adaptado estaba, cómo no, inutilizado.

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Renfe miente con descaro y falta de vergüenza en su página web cuando habla de accesibilidad. La falta de mantenimiento, los recortes que no afectan a los sueldos (que no salarios, es otro concepto) de los directivos.

Como nos quedaban 5 horas de viaje, a las 17:02 comuniqué a @inforenfe (canal de propaganda de la empresa) la situación. Y como no recibí respuesta (¿qué respuesta puede dar un tuitero desde una pantalla en Madrid para un usuario del tren que circulará por no se sabe qué territorios del inframundo?), reiteré mi comunicación. Y así sin respuesta. Solución: reiterar una y otra vez vía twitter. Hasta que el tuitero de turno de @inforenfe me bloqueó. Y del @renfe, también

Decidí pedir al interventor del tren una hoja de reclamaciones. Y mi sorpresa fue cuando el interventor me dijo que le habían llamado desde Madrid, desde “atención al viajero” de Renfe para preguntarle qué estaba pasando, que había un bombardeo vía twitter quejándose. Éramos mi esposa y yo.

El interventor nos dijo que había contestado que, efectivamente, el WC adaptado había salido desde Santa Justa inutilizado y que él no lo había podido resetear porque el depósito del agua estaba vacío.

Poco rato después, el interventor nos comunica que le han llamado desde Santa Junta para decirle que habían llamado desde Madrid pidiendo explicaciones y, entre otras, que cómo había podido salir el tren con el WC inutilizado.

Y a todo esto, Renfe incumple la Ley de Discapacidad, pero nadie, ni el Ministerio ese de la señora Báñez (¡cuándo se habrá visto en otra más gorda!) ni la Junta de Extremadura, cuyo Presidente se manifiesta adalid en apoyo a la discapacidad, han iniciado, ni por asomo, ninguna investigación, ni mucho menos, una simple consulta sobre el cumplimiento de esa Ley a Renfe.

Renfe, en Extremadura, hace de su capa un sayo, y, como decía el final de la sentencia de Rafi Escobedo, lo hace sola y/o en compañía de otros. De la Junta de Extremadura. Por ejemplo.

Renfe incumple la Ley de Discapacidad y los organismos responsables de hacerla cumplir también, y por ello no se convierten en actores por omisión, sino en cómplices, puros cómplices. El Ministerio y la Junta de Extremadura.

Vale.

La Junta de Extremadura está estudiando implantar, en el Currículo de la ESO, en los cursos tercero y cuatro, una asignatura teórico práctica denominada, en principio, Cortador de Jamón. Dicen en la Consejería de Educación que es una apuesta por la formación integral de los alumnos, que además producirá beneficios indudables en la salud de los alumnos y en la economía familiar y comunitaria.

La asignatura se impartirá en tercer curso con dos horas lectivas a la semana, y se impartirán el mismo día, en dos horas consecutivas, la primera eminentemente teórica, con la explicación y didáctica sobre el producto a cortar, el jamón, sus distintas variedades: jamón serrano, jamón ibérico de cebo, de recebo, de bellota, y con las características de valores alimentarios, de sabor, visuales, así como los distintos modos de su consumo. Así, el programa de la asignatura incluirá las herramientas necesarias para el corte, como el jamonero, los cuchillos, y su utilización según la pieza sea de jamón o paleta.

Importante también será conocer la teoría de cómo comenzar el corte, si el corte es para consumo en plato o para su utilización como ingrediente de recetas, la conservación de la pieza un vez iniciada, para mantener texturas y sabores.

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Desde la Consejería se señala que es inaudito que hasta ahora no se le haya dado importancia a algo tan importante en Extremadura como es el corte del jamón, producto estrella de nuestra gastronomía, y que, por no saber realizarlo de una manera adecuada, produce importantes quebrantos. Baste un ejemplo: de una pieza de jamón de unos siete kilos y medio, un cortador profesional puede obtener unos tres kilos y medio, mientras que cortándolo «de aquella manera» en casa, en la práctica no se llega a obtener más de dos kilos o dos kilos y medio, destinándose gran parte de la pieza a su uso para cocinar.

En cuanto a la hora lectiva práctica semanal, los alumnos, utilizarán los cortes que vayan haciendo en las piezas que se dispongan en clase para su consumo. Así, consumirán y aprenderán a distinguir por la vista, el olor y el sabor las distintas clases de jamón, al mismo tiempo que ese consumo les permitirá, al menos un día a la semana, comer jamón, y estará a criterio del profesor, en función de las cantidades de corte obtenidas, que los alumnos puedan llevarse a su casa algunas lonchas, para que sus familiares puedan conocer sus avances en la asignatura de sus hijos.

Vale.

Las elecciones las ganan los partidos que se presentan fuertes ante los electores. Fuertes en cuanto al mensaje que transmiten y en cuanto a la imagen que tiene el cuerpo electoral. Por eso, cuando al día siguiente de una jornada electoral los analistas aciertan en saber por qué se han producido los resultados, siempre encontramos una referencia a que la unión interna, la cohesión interna de los partidos juega un papel importante.

En la anterior entrada de esta serie me refería a la división que se aprecia en el PSOE. Ahora, en lo que se refiere al Partido Popular nos encontramos en un caso diferente. Diferente en cuanto a la apariencia social que se desprende de las informaciones que se publican en los medios, incluida la generalidad de los llamados convencionales (prensa escrita, radio y TV), y que es la de una organización traspasada por casos de corrupción. Algo que hasta esos medios convencionales proclives a la bonanza de sus informaciones sobre el Partido Popular señalan.

Frente a la división que se aprecia en el PSOE, la cohesión interna, la unión, en el Partido Popular parece evidente. Claro, que habría que analizar cuál es el lubricante que engrasa esa cohesión.

Siempre se ha dicho que lo que más une a las organizaciones políticas es el poder. Y eso es así en el PP. El ostentar el poder elimina tentativas de cambiar el funcionamiento de la organización si fuera anómalo. Mejor dicho, si lo percibieran anómalo. Eso no sucede en el genuino partido de derechas español. Sus dirigentes consideran a su partido modélico en organización y funcionamiento, y los generalizados casos de corrupción que salpican las informaciones son considerados, sistemáticamente, “casos aislados”.

Sin embargo, es cada vez más evidente que la corrupción es sistémica en el Partido Popular, forma parte indisoluble de su funcionamiento interno, de tal manera que sus dirigentes (y sus votantes) no aprecian que, por ejemplo, el pitufeo detectado en la Comunidad Valenciana, sea una anomalía, sino una forma ordinaria de financiar sus campañas electorales. Es decir, lo que para los ciudadanos y para el Código Penal son delitos, los dirigentes y votantes del PP son inapreciables. Por eso, a cada escándalo brillante en las noticias le sucede otro cuando las luces del primero van apagándose. Y, como termina el estrambote del soneto de Cervantes al Túmulo de Felipe II, “fuese y no hubo nada”.

La cohesión interna en el Partido Popular no tiene connotaciones ideológicas, no se asienta en firmes convicciones políticas. La cohesión en el PP está trufada por el lubricante de la corrupción y la indecencia políticas, que engrasa la organización en todas sus estructuras. Y en la cúspide de esas estructuras, Mariano Rajoy, presidente del partido desde 2003 designado por Aznar.

Que el tesorero del partido está procesado por diversos delitos cometidos en el ejercicio de su cargo… el presidente del partido que lo nombró se lava las manos y no quiere saber nada de él.

Que se hacen obras por un importe considerable en la sede central del partido y se pagan con dinero negro, casi con seguridad, de procedencia ilícita… el presidente del partido no sabe nada.

Estos dos ejemplos dan una idea cabal de cómo la corrupción y la indecencia son el engranaje que hace funcionar al PP. Que su presidente y representante legal (artículo 45 de los estatutos del PP) desconozca que su tesorero comete delitos en el ejercicio de sus funciones, o que desconozca cómo se pagan las obras de su propio despacho, demuestra que Mariano Rajoy Brey estaría incapacitado, cuando no en una situación procesal adecuada, en cualquier país de nuestro entorno. Lo estaría por desconocer a qué se dedica su partido (organización procesada por destrucción de pruebas en un proceso penal), o, peor, por conocer, autorizar y aprobar la comisión de delitos: si no sabe cómo funciona la organización que preside, está incapacitado para gobernar un país.

O si conoce ese funcionamiento ilícito, ilegal, de su organización, también lo está.

Que el Partido Popular es una organización en cuyo funcionamiento está perfectamente incardinada la corrupción parece evidente. Que haya casi 8 millones de electores que le den su confianza demuestra la poca confianza que los españoles, en general, tenemos en nuestros valores democráticos.

Porque no es peligroso para la salud democrática que haya 8 millones de votantes que confíen en un partido corroído, lo peligroso es que los demás votantes no seamos capaces de hacer que todos los partidos democráticos (el PP no lo es, es corrupto) aúnen fuerzas para desalojar la podredumbre del poder.

Ah, y otra cosa: el Partido Popular es corrupto porque hay corruptores. Si no hubiera empresas de todo tipo que pagan comisiones ilegales, cohechos y similares, no habría corrupción. Si no hubiera clientes, no habría prostitución. Si no hubiera pecadores, no habría curas para perdonarlos.

Vale.

En la tesitura en la que nos encontramos, con unas perspectivas que nos acercan a unas terceras elecciones o a algún pacto que ahora no se vislumbra, conviene repasar qué informaciones se publican de cada uno de los partidos, de los cuatro con mayor número de diputados, y qué percepción tenemos los ciudadanos.

Comencemos con el PSOE, que está en todos los cruces de caminos, en los de pactos inverosímiles o comiéndose todas las culpas si hubiera terceras elecciones.

Visto desde fuera, se aprecia un liderazgo del Secretario General, Pedro Sánchez, con apoyos amplios entre las bases del partido, y con los llamados barones regionales que defienden mayoritariamente, simplificando, dejar gobernar a Rajoy.

El PSOE transmite una imagen de división clara, y eso supone una fuerte debilidad. Es probable que los análisis que se hacen, especialmente por quienes no quieren ver ni en pintura un pacto de izquierda PSOE-Podemos más partidos nacionalistas, ERC incluida, no tengan en cuenta cuáles serían, en ese hipotético pacto, las fortalezas de un partido socialista fuerte y unido. O lo que es lo mismo, los que temen un pacto de izquierdas (que podría salir por los pelos en cuanto al número de diputados) son los mismos que saben que el partido está debilitado.

Los partidos políticos, sus estructuras de dirección, en todos los niveles, saben que lo que más daño les hace en las elecciones es transmitir división interna. Y ahora mismo el PSOE la está pregonando con potentes amplificadores.

También es necesario considerar que quienes, desde las baronías regionales defienden no ir a terceras elecciones y no pactar por la izquierda más nacionalistas, lo hacen en claves propias regionales.

Necesitan los barones regionales hacer muchos equilibrios para conseguir apoyos, a ambos lados del espectro ideológico, para comenzar a preparar los presupuestos para el año 2017. Presupuestos que, por otra parte, el mayor beneficiario de una “retirada a un lado” de Pedro Sánchez, el PP, ya no tendría margen para presentar ante la Unión Europea y cualquier salida presupuestaria posterior será catastrófica para los trabajadores.

Tampoco parece claro qué clase de presupuestos regionales pueden hacer los barones regionales del PSOE que gobiernan sin unos presupuestos estatales y sin unas líneas (techo de gasto, por ejemplo) que no se conocen.

Los partidos que van a cualquier negociación con la imagen pública de división, están condenados a perder más que ganar, a ceder más que conseguir. La debilidad del PSOE está no solo en un debate ideológico, sino, sobre todo, en un debate pragmático.

¿Qué es mejor, conseguir un gobierno de izquierdas con un PSOE nacional fuerte y unido o arriesgarse a ello y que en cada baronía se produzcan mociones de censura que las hagan peligrar?

Porque o hay un pacto de izquierdas más los nacionalistas o el PSOE, dividido y debilitado, arrostrará la culpa (ya se llevan encargando mucho tiempo el gobierno y los medios de comunicación sicarios de que así sea) de unas terceras elecciones. Y ello, porque un hipotético acuerdo PSOE-Podemos-Ciudadanos es inviable, no tanto por los vetos cruzados entre los partidos ¿emergentes?, sino porque Ciudadanos es la cuña en la que se sustenta el PP (y la derecha política, mediática y económica) para pervivir.

La encrucijada del PSOE es complicada. Los deseos personales, debilitan su proyección social. Y la debilidad viene, además, marcada por el miedo al futuro.

Sea cual sea la decisión final, incluida la abstención a favor de Rajoy, el PSOE ha entrado en una espiral de debilidad que tiene mala pinta en un futuro próximo. Abstenerse en favor de Rajoy, por ejemplo, llevará al PSOE a perder la hegemonía de la oposición.

Vale.