Archivos para tesorero

Las elecciones las ganan los partidos que se presentan fuertes ante los electores. Fuertes en cuanto al mensaje que transmiten y en cuanto a la imagen que tiene el cuerpo electoral. Por eso, cuando al día siguiente de una jornada electoral los analistas aciertan en saber por qué se han producido los resultados, siempre encontramos una referencia a que la unión interna, la cohesión interna de los partidos juega un papel importante.

En la anterior entrada de esta serie me refería a la división que se aprecia en el PSOE. Ahora, en lo que se refiere al Partido Popular nos encontramos en un caso diferente. Diferente en cuanto a la apariencia social que se desprende de las informaciones que se publican en los medios, incluida la generalidad de los llamados convencionales (prensa escrita, radio y TV), y que es la de una organización traspasada por casos de corrupción. Algo que hasta esos medios convencionales proclives a la bonanza de sus informaciones sobre el Partido Popular señalan.

Frente a la división que se aprecia en el PSOE, la cohesión interna, la unión, en el Partido Popular parece evidente. Claro, que habría que analizar cuál es el lubricante que engrasa esa cohesión.

Siempre se ha dicho que lo que más une a las organizaciones políticas es el poder. Y eso es así en el PP. El ostentar el poder elimina tentativas de cambiar el funcionamiento de la organización si fuera anómalo. Mejor dicho, si lo percibieran anómalo. Eso no sucede en el genuino partido de derechas español. Sus dirigentes consideran a su partido modélico en organización y funcionamiento, y los generalizados casos de corrupción que salpican las informaciones son considerados, sistemáticamente, “casos aislados”.

Sin embargo, es cada vez más evidente que la corrupción es sistémica en el Partido Popular, forma parte indisoluble de su funcionamiento interno, de tal manera que sus dirigentes (y sus votantes) no aprecian que, por ejemplo, el pitufeo detectado en la Comunidad Valenciana, sea una anomalía, sino una forma ordinaria de financiar sus campañas electorales. Es decir, lo que para los ciudadanos y para el Código Penal son delitos, los dirigentes y votantes del PP son inapreciables. Por eso, a cada escándalo brillante en las noticias le sucede otro cuando las luces del primero van apagándose. Y, como termina el estrambote del soneto de Cervantes al Túmulo de Felipe II, “fuese y no hubo nada”.

La cohesión interna en el Partido Popular no tiene connotaciones ideológicas, no se asienta en firmes convicciones políticas. La cohesión en el PP está trufada por el lubricante de la corrupción y la indecencia políticas, que engrasa la organización en todas sus estructuras. Y en la cúspide de esas estructuras, Mariano Rajoy, presidente del partido desde 2003 designado por Aznar.

Que el tesorero del partido está procesado por diversos delitos cometidos en el ejercicio de su cargo… el presidente del partido que lo nombró se lava las manos y no quiere saber nada de él.

Que se hacen obras por un importe considerable en la sede central del partido y se pagan con dinero negro, casi con seguridad, de procedencia ilícita… el presidente del partido no sabe nada.

Estos dos ejemplos dan una idea cabal de cómo la corrupción y la indecencia son el engranaje que hace funcionar al PP. Que su presidente y representante legal (artículo 45 de los estatutos del PP) desconozca que su tesorero comete delitos en el ejercicio de sus funciones, o que desconozca cómo se pagan las obras de su propio despacho, demuestra que Mariano Rajoy Brey estaría incapacitado, cuando no en una situación procesal adecuada, en cualquier país de nuestro entorno. Lo estaría por desconocer a qué se dedica su partido (organización procesada por destrucción de pruebas en un proceso penal), o, peor, por conocer, autorizar y aprobar la comisión de delitos: si no sabe cómo funciona la organización que preside, está incapacitado para gobernar un país.

O si conoce ese funcionamiento ilícito, ilegal, de su organización, también lo está.

Que el Partido Popular es una organización en cuyo funcionamiento está perfectamente incardinada la corrupción parece evidente. Que haya casi 8 millones de electores que le den su confianza demuestra la poca confianza que los españoles, en general, tenemos en nuestros valores democráticos.

Porque no es peligroso para la salud democrática que haya 8 millones de votantes que confíen en un partido corroído, lo peligroso es que los demás votantes no seamos capaces de hacer que todos los partidos democráticos (el PP no lo es, es corrupto) aúnen fuerzas para desalojar la podredumbre del poder.

Ah, y otra cosa: el Partido Popular es corrupto porque hay corruptores. Si no hubiera empresas de todo tipo que pagan comisiones ilegales, cohechos y similares, no habría corrupción. Si no hubiera clientes, no habría prostitución. Si no hubiera pecadores, no habría curas para perdonarlos.

Vale.

En España, entre la doctrina jurídica asentada y la lentitud de la Justicia, es lo más habitual que, cuando se sustancia un affaire en sede judicial, lo ḿás probable es que la culpa sea… del muerto. Seguramente la memoria de cada uno nos recuerde casos. Es lo más recurrido, y suele dar buenos resultados. Sobre todo, cuando el asunto es más elevado en disputas económicas, cuanto mayor es el importe, económico, de lo mangado.

Es lo más habitual, cargarle el muerto al muerto.

Las declaraciones de imputados y testigos que pasan ante el Juez Ruz (ese que sufre de sarpullidos cuando le solicitan las partes que orden el registro de la sede del Partido Popular) por el asunto Gürtel, pero, sobre todo, por la doble (¿triple, quizás?) contabilidad del partido del gobierno, por los sobres, el dinero negro, las comisiones ilegales (¿hay comisiones legales habiendo contrato públicos por medio?), todos le echan la culpa al muerto.

Y el muerto es Bárcenas.

Para la dirección del Partido Popular, su compañero de ejecutiva hasta 2013, hasta enero de 2013, que le seguían pagando, Luis Bárcenas, es el muerto al que cargarle todas las fechorías que ellos cometieron por acción, por comisión y por omisión. Y todo aquello de lo que no son capaces (el cadáver está caliente y puede revolverse) de cargar sobre el ataúd de Soto del Real resulta de una amnesia selectiva propia de estudio. Y propia de sinvergüenzas.

Los dirigentes del Partido Popular y los medios de comunicación a su servicio y propaganda consideran que Luis Bárcenas ya es un cadáver que no puede producir más aspavientos, ni más sobresaltos. Porque todos acusan a Bárcenas de haber robado al PP. Es decir, que el tesorero, y antes gerente, del Partido que ahora gobierna, hacía y deshacía a su antojo y la cuadrilla de inútiles conmilitones, con el inútil mayor, Mariano Rajoy a la cabeza, no se enteraban.

Prefieren pasar por engañados, por inútiles, antes de asumir que Bárcenas, el cadáver exquisito, era el pagador de los sobres que les permiten vivir por encima de nuestras posibilidades, era el cobrador, en nombre del partido, de las comisiones que los grandes empresarios de las empresas constructoras soltaban por nada (¡ja!).

La pandilla de ignorantes de lo que pasaba en su casa, Génova, 13, que más que la que sede de un Partido es una pocilga, una fosa séptica llena de detritus, esa pandilla ahora gobierna a sueldo de Merkel y los mercados en contra de los ciudadanos.

Y le echan la culpa al muerto.

Para esta cuadrilla de sicarios ineptos, Bárcenas es un mal sueño. Ya no se acuerdan del muerto. Ya no le llevan flores. Claro, porque El Muerto ya no reparte sobres, ya no escribe anotaciones, ya no dispone de ordenador en el que ir acumulando navajas, ya su cuñado no ejerce de jefe de seguridad de La Pocilga.

Bárcenas ya no manda. Bárcenas ya no reparte sobres. Bárcenas ya sabe que lo gerentes territoriales han sido removidos, para eliminar incómodos testigos de recibos como el de la comisión de 200.000 € para el Partido Popular de Cospedal.

El recurso a la mala memoria selectiva se complementa con echarle la culpa al muerto. Y no hay que olvidar que otro tesorero, el anterior a Bárcenas, ha sufrido dos accidentes domésticos de lo más raro.

Ahora, Bárcenas es el muerto sobre el que echar mierda, toda la que ya rebosa por la fosa séptica de Génova, 13.

Vale