Archivos para November 30, 1999

Entregada la entrada de “Las cábilas de la Labradora” al albur de su vuelo por la red, puse en marcha mis recuerdos, mis notas mentales sobre las parte de Cáceres en la que se asentaban aquellas viviendas, y así fue como asocié dos topónimos que casi siembre escuchaba unidos: la Labradora y las cuevas de la Becerra (así, en plural) ya que a ellas se llegaba por el mismo camino, pasando bajo la vía del tren hasta coger el camino de Cabeza Rubia, pegado al muro de bloques de cemento del recinto de la Estación.

Una conversación con Eloy Vaquero, padre de mi prima María “Todolibros”, y a quien conozco desde siempre (su suegro era primo de mi padre), aumentó mis referencias sobre la zona y asentó otras cuestiones que ya conocía. Con lo recordado y con la buena memoria de Eloy fui componiendo un pequeño mapa, de momento solamente escrito, en el que aparecían las cuevas de la Becerra, o cueva de la Becerra con la mina de la Labradora.

Situadas más al sur de la mina, la cueva que figura en el imaginario local, pero cuya ubicación exacta puede perderse, fue también un abrigo en el que obreros, gente humilde, encontró refugio. Y sufrió en ese refugio.

En julio de 1927, se produjo un incendio que acabó con un buen número de chozos habitados por gentes de Aldea Moret. Así contaba la noticia del incendio el periódico conservador “Nuevo Día”:

Diario NUEVO DÍA. 4 de Julio de 1927. Cáceres

A la hora de recoger en esta entrada la única noticia del incendio que he podido encontrar, he tenido dudas de eliminar los nombres de los damnificados, o de mantenerlos. Ha ganado la segunda opción, más que nada con la esperanza de que algún descendiente de aquellos, algún familiar, pueda aportar información que nos ayude a una mejor visión de cómo era la vida tanto de los habitantes de aquellos chozos como de las cábilas, dándose la circunstancia de que en ambos tipos de “viviendas” se hizo uso de paredes de adobe, terminándose con tejas de los hornos del Junquillo (“casas de Tejares”) las cábilas, y con taramas o retamas los de los hornos.

Después del incendio, el 4 de julio de 1927, solamente he podido encontrar dos noticias más: una en el mismo periódico “Nuevo Día”, dando cuenta del reparto de una suscripción para ayudar a las familia, y otra noticia, sobre el mismo reparto en el periódico católico “Extremadura”, que no había dado cuenta anteriormente del incendio.

Pero buscando esas posibles noticias posteriores y recordando lo que me contó Eloy Vaquero sobre la cueva, encontré alguna sorpresa. Eloy me refirió que a esa cueva se arrojaban animales muertos (mulos, burros, etc.). Claro, cuando los vientos cambiaban, los malos olores se esparcían sobre el Junquillo (¿quién no recuerda, hace menos años, los malos olores provenientes de la cantera de Baltasar cuando ya se estaba utilizando para arrojar vertidos de materiales inertes, de escombros, de tierras de excavaciones de obras?). La cantera creo haber visto que ha tapado (lo tengo que comprobar) los terrenos de la mina de la Labradora y de la cueva de la Becerra, de la que hoy muy poca o nula información gráfica o fotográfica, si acaso una fotografía que realizó Carlos Callejo y que llegó al Hoy a través de su hijo, Alfonso.

A finales de los años 30, y, consiguientemente, de la Guerra Civil, se acrecentó el uso de la cueva para arrojar animales, hasta el punto de que el Ayuntamiento de Cáceres, sin haber realizado siquiera una prospección de la cueva, seguramente por su mal estado, comenzó a utilizarla como Horno Crematorio, y así figura en varios documentos que obran en el Archivo Histórico Municipal.

Conociendo el destino de esta cueva, situada, como otras, en el propio Calerizo (Santa Ana, El Conejar, Maltravieso, las descubiertas junto a la carretera de Miajadas con las obras de la Ronda Sureste, que no están en El Carrucho, como sin conocimiento de la zona se informa) es de “agradecer” que las cuevas citadas no hayan corrido la misma suerte, aunque es cierto que en El Conejar si apareció algún animal muerto.

Vale.

La larga guerra sostenida por España contra los árabes (moros) del Norte de África durante tantos años, desde la Guerra de Margallo hasta finales de los años 20 del mismo siglo, hizo que algunos topónimos de aquella parte de África se importaran y terminaran asentando en algunos lugares de nuestro país.

La participación de muchos extremeños, cacereños, en aquellas guerras también tuvo su correlato en nuestro entorno. Concretamente, una determinada tipología de viviendas de los árabes que se constituían en diversas formaciones de un ejército irregular, las cábilas o kábilas, en los años finales de la guerra mandadas por Abd El-Krim, tuvieron algún éxito en su acomodo a nuestra toponimia.

En Cáceres, aunque he preguntado en diversos foros, a diversas personas muy conocedoras de la ciudad, no he encontrado confirmación a ese nombre, que yo tenía en mi memoria y en la memoria de mi familia materna. Recuerdo, ligeramente difuminado, haber pasado bajo la vía del ferrocarril, antes de la llegada a la Estación, por un camino que se llamaba de la Labradora, con mis abuelos maternos que, para no tener que cogerme en brazos y que yo caminara a buen ritmo, se valían de una naranja que me iban arrojando para que la recogiera. Ese camino se conocía como el de la Labradora y llevaba a la mina del mismo nombre, situada en la zona baja, al cerro de Cabezarrubia, o Cerro de los Pinos. Aquel viaje anaranjado me llevaba, con mis abuelos, a la casa de mi tío Jacinto, en la recién, por entonces, inaugurada Barriada de la Paloma.

Con muy escasas referencias, he tenido la ocasión de que Angel, un arroyano recriado en Cáceres, conocedor del sector de la construcción (subsector albañiles y otros oficios) tuviera unas muy parecidas a mis recuerdos y a los escuchados en mi familia materna, y que sin duda, con otras más difusas, sustentan la existencia de las viviendas de la mina de la Labradora, de las cábilas de Cáceres. Hablar con Ángel, por otra parte, es hablar con un libro abierto de historias de la ciudad, que va contando mientras pasea a sus perritos, ya mayores también.

Después de aquellos “paseos”, solamente recuerdo haber ido por ese camino en un par de ocasiones, siempre hacia las casas del Junquillo o viviendas de Tejares, y haber pasado, sin detenerme, en los restos de la mina de la Labradora. Un ruta que, ahora, tengo pendiente.

Poco antes de la muerte de mi madre (2013) llegó a la residencia en la que ella estaba una mujer de más o menos su misma edad, y a través de mi hermana mayor, mi madre y aquella mujer, pudieron recordar algo de su infancia. También una hija de aquella mujer participó activando los recuerdos.

Mi madre, vecina de la Calle de la Pulmonía, antes de que el genocida Franco diera un golpe de estado, que le salió mal y provocó la guerra civil, comenzó a ir a la recién inaugurada escuela pública de nuestra señora de la Montaña, en calle Alfonso IX. En esa escuela conoció a la mujer con la que había coincidido en el ocaso de subida en la residencia.

Me contó mi madre, con algunos recuerdos ya entrecortados, que aquella mujer, Nati, llegaba a la calle de la Pulmonía y, juntas, iban a la escuela. Nati llegaba a la casa de mi madre, Rosario, después de caminar desde su casa, en la mina de la Labradora. Un largo recorrido para ir a la escuela.

Aquella casa en la que vivía Nati, era una de las 8 ó 10, y había casas de dos tipologías básicas: las apoyadas, en su parte posterior sobre un cortado de piedra de cantera o las que, sin estar apoyadas, se construían con un pasillo en medio, de manera que tenían vivienda a derecha e izquierda del pasillo, y al fondo, la cocina y el aseo compartidos.

De esta tipología última, por cierto, puede verse aún hoy alguna casa en la calle Altos de Fuente Fría.

Las viviendas con apoyo en un cortado de piedra eran más individuales, y estuvieron ocupadas por familias que vinieron de algún pueblo, como Alcántara o Estorninos.

Las cábilas de la Labradora, de las que no sé si quedan restos porque bien pudieran haber sido anuladas por los vertidos de residuos inertes (residuos de obras y demoliciones) en la llamada cantera de Balpia. Me queda por hacer una excursión, con tiempo favorable (de temperaturas) y comprobar si algunos tapiales que hay cercanos al camino de Cabeza Rubia, por donde mis abuelos me llevaban al Barrio de la Paloma, siguiendo una naranja.

Vale.

En la maña de hoy, 14/07/2021, he vuelto a visitar el Museo Helga de Alvear, para completar mi visión y conocimiento de la obra de Francisco Sánchez Castillo “Síndrome de Guernica”. A los bloques de chatarra prensada de lo que fue el yate de recreo del dictador Franco, he conocido algunos otros restos del barco y, sobre todo, un vídeo de 32 minutos de duración que, fundamentalmente, recoge el proceso de desguazado del símbolo de Franco, del símbolo que suponía dedicarse a una vida plácida mientras sus Ejércitos, sus policías, sus guardias civiles, sus jueces y fiscales, hacían la vida imposible a los españoles que aspiraban a zafarse de su bota y pretendían ser ciudadanos en vez de súbditos.

La obra de Sánchez Castillo se expuso por primera vez en la antigua sala frigorífica del Matadero de Madrid, en 2012. La presentación y exposición de los restos del Azor convertidos en una instalación artística enlazada con el significado del Guernica, de Picasso, apareció en aquellos días en innumerables noticias de prensa. En 2012.

Hoy, viendo los restos que completan la instalación, y el vídeo de su desguace y compactación de piezas de restos de amasijos, pensaba que quizás hoy, 9 años después de su primera exposición en el Matadero de Madrid, y 9 años más lejos, formalmente, de la Dictadura franquista, sería una anécdota con elementos de historia. Pero

Sin embargo, al mismo tiempo que reflexionaba sobre la distancia temporal de la Dictadura, recordaba las noticias del día, de estos días, y me alegraba de que la Fundación Helga de Alvear haya adquirido la instalación, de la valentía de la propia Helga para ello, y de que Cáceres guarde entre palacios y casas fuertes esta obra, que simboliza todo lo contrario de lo que hoy vemos una y otra vez en los medios de comunicación: fascistas que campan a sus anchas por calles, plazas, platós… O que permanecen, en fraude de ley, en cargos que en su día fueron judiciales y que han convertido en políticos. O las dificultades (judiciales) para exhumar los restos de Franco y llevarlos a un cementerio “más” ordinario, o las propias dificultades que se encuentran en la ciudad de Cáceres para retirar el ominoso símbolo de la “Cruz de los Caídos”, o la leyenda en piedra en la concatedral con el nombre del ideólogo del fascismo en nuestro país, o la placa con la que unos “nobles” cacereños hacen blasón e hidalguía de haber dado cobijo al dictador, o que un campo de prisioneros rojos se haya convertido en un hotel de lujo (¿se imaginan igual conversión en Auschwitz).

Cáceres acoge, para siempre, uno de los símbolos más ominosos de la Dictadura, en la más moderna y premiada construcción, uno de los símbolos que comparte espacio con otras obras, como la lámpara de Ai Waiwei, que el artista chino dedica a lo que él considera el final del partido comunista chino.

Ahora, con esta obra, con el impulso de lo que es y lo que representa, de la fuerza que las pacas de chatarra transmiten, con el vídeo, sin voz en off, o, mejor dicho, con la única voz en off de las máquinas que desguazaron el yate de Franco, será más fácil eliminar o trasladar la cruz de los caídos, quizás la más grande de las que aún existen, de las que aún recuerdan al dictador.

Visitar el Museo Helga de Alvear es dar un auténtico paseo por lo más rabiosamente moderno del Arte, por lo más rabiosamente atrevido, relajante, reflexivo, del Arte.

Y gracias al Museo, ver que, al cabo de los años, algunos podemos recordar a nuestros abuelos, que no pudieron ver destruido el franquismo, y ahora, su destrucción, que se hace más necesaria sociológicamente, al menos nos reconforta cuando la vemos convertida en chatarra y sobre esa chatarra emergen las ansias de libertad de tantos españoles.

Vale.

Hoy, además, ha muerto Michael Boltanski, artista francés, multidisciplinar, y que dedicó gran parte de su obra a resignificar la memoria.

La política española, inmersa en un período convulso en cuanto a los posicionamientos de los partidos y a las soflamas de sus dirigentes, está acusando la pandemia de la COVID-19, que a medida que los objetivos de vacunación se van consiguiendo, alejando a unos de sus metas y manteniendo a otros en sus proyectos, hacen que vivamos en un circo mediático por momentos insufribles.

Hoy, 10 de julio, Pedro Sánchez ha ejercido sus funciones de Presidente de Gobierno y Secretario General del PSOE, realizando una profunda remodelación del Gobierno, con cambios en ministerios clave, cesando y nombrando ministros que pertenecen al PSOE, con algún cese no previsible en ese sentido. Los cinco ministros de la cuota de Unidas Podemos en la coalición de gobierno se mantienen en sus puestos, solamente con el ascenso a Vicepresidenta 2ª de Yolanda Díaz. Claro que Unidas Podemos tenía 3 ministros (Ione Belarra, Irene Montero y Manuel Castells) y el Partido Comunista 2 (la ya citada Yolanda y Alberto Garzón). Haber considerado la posibilidad de realizar cambios en esta parte de la coalición habría sido demasiado complejo.

¿Qué sucede en la otra acera, en la acera de la derecha? Sucede que la formación de Santiago Abascal camina a piñón fijo, con un paso marcadamente fascista, que, para ellos, les está dando mucho juego, siendo la formación más estable de ese arco parlamentario. Saben que seguirán marcando el paso, no solo de sus votantes, sino de muchos votantes y asimilados del PP, ayunos de un líder nacional. La tercera pata de esa derecha montaraz, lo que queda de Ciudadanos, se han vuelto unos pollos sin cabeza, con la locuaz e inane Arrimadas pidiendo elecciones anticipadas, olvidando que en las últimas elecciones en Cataluña, como sus correligionarios del PP, resultaron irrelevantes para cualquier solución política, que en las últimas elecciones de Madrid, tres cuartos de lo mismo.

Las tres patas de la derecha montaraz siguen con su discurso cada vez más repetitivo y hueco ante las propuestas y, sobre todo, las acciones del Gobierno del PSOE, comenzando por un adecuado y eficaz proceso de vacunación, la cada vez más cercana llegada de los fondos europeos que nos ayudarán a remontar una cruel pandemia y una durísima crisis, a la que ha sido necesario hacer frente sin ayuda alguna. Incluso, con traiciones evidentes de la derecha política y, sobre todo, mediática y con una Justicia que busca exclusivamente favorecer (la imagen ciega de la justicia y su balanza ya no existe) a la extrema derecha, el PP.

Y, a todo esto, asistimos en estos días de julio (él último, ayer) a una situación en la que el presunto líder (a cualquier mierda llaman líder) de la extrema derecha, Pablo Casado, ordenando a su cohorte de validos de Génova, 13, a lanzar que el único mensaje que debía emitir Pedro Sánchez ante la remodelación del Gobierno era su dimisión y convocar elecciones. Pablo Casado, si alguna vez hubiera abierto algún manual de Derecho Político o Derecho Administrativo, debería saber que es el Presidente del Gobierno quien toma las decisiones de cesar o nombrar a los ministros y que su dimisión debería plantearse si fuera el caso de demostrar incapacidad o incompetencias manifiestas para el ejercicio del cargo, y sucede todo lo contrario.

Siendo por tanto imposible que Pedro Sánchez se diera por aludido en lo de la dimisión que Casado reclama, quedaría saber en qué pilares de resistente hormigón se asienta el liderazgo del licenciado en derecho con la calificación en todas sus asignaturas como aquello que ponía en la blanca sobre el valor: “se le supone”. Pues cada día es más cristalino que Casado aprobó su carrera de derecho porque se le suponía que tendría algún mando en plaza.

Sin lienzo de muralla en el que asestar golpes contra el Gobierno, sin capacidad personal, ni formativa ni política, el ignaro licenciado decidió proclamar vacaciones de verano, dejando a sus huestes de tercera fila que de vez en cuando lanzaran algún dardo, en la confianza de que sus voceros y pregoneros los agrandarían. Llegado, pues, el verano, Pablo Casado, sin bagaje, sin equipaje, se lanzó al agua.

Y, claro, cuando un individuo que ha demostrado que es un milagro de equilibrio (buscar esto en los diccionarios), le está sucediendo lo que él sin duda tenía en más temor: no hace pie. Pablo Casado en el agua, no hace pie, esperando que le lancen salvavidas, pero ayer, viernes, su subordinada Ayuso, se encargó, siguiendo instrucciones de Los Bacos de Madrid, con la anuencia del sumo socerdote Aznar, de esconder todos los salvavidas que había en Génova, ¿cuándo, por fin, la venden? Incluidas las ruedas de tractor con las que poder agarrarse para llegar a alguna orilla.

Pablo Casado ha demostrado un día sí y otro también su ignorancia del derecho (su licenciatura es como el título de paracaidista que tengo yo), su incompetencia política y su soledad en su partido. Y, además, que no sabe nadar y por eso no hace pie.

Vale.

Ayer, con motivo de un mitin en no sé qué sitio, ni me importa, Pablo Casado, ese milagro de equilibrio, tuvo la brillante frase que descubrió al nuevo malvado. Porque fue una frase, una idea vacua como todas las que le escriben y él, cada día más jimagua de Miss Ciempozuelos, repite como un lorito de espectáculo de feria.

La brillante idea que no sabemos de qué cuernos salió se refiere a que, desde la dimisión de Pablo Iglesias, el ignaro líder (a cualquier mierda llaman líder) andaba como pollo sin cabeza hasta que, ¡eureka¡ descubrió que el radical del gobierno no era Pablo, sino Pedro. Sí, Pedro Sánchez, el radical.

Que Pablo Casado tilde de radical a Pedro Sánchez no deja de tener su punto de guasa gorda, porque radical, racial, Sánchez no lo es. En todo caso, un dirigente centrado (en su discurso), de buenas formas, con buen conocimiento del inglés, que le sirve (que nos sirve) para que en Europa nos tengan en consideración.

Seguramente, a Pablo Casado no se le habrá ocurrido (a él solo, desde luego que no, es muy cortito) lo de llamar radical a Sánchez porque crea que lo es. Se les ha ocurrido, a él y a quienes lo manejan, para poder acomodar su lenguaje a su enemigo.

La derecha, esta derecha que desgraciadamente campa por España a hombros del periodismo, del periodismo que se ve, que es el mayoritario, quiere un lenguaje violento, un lenguaje que justifique y oriente hechos violentos, y nada mejor para ello que imaginarse un enemigo que desprenda violencia, un enemigo radical. Porque Casado necesita la confrontación con un enemigo (en el sentido bélico del término) para justificar su deriva cada vez más errática, cada vez más cercana al precipicio, y no dejarse comer el terreno por su verdadero contrincante, el partido fascista. ¿Cómo marcar distancias con el partido fascista sin dejar de ser beligerante con el enemigo? Pues adoptando las mismas armas. Hoy, sin duda, son indistinguibles Casado y Abascal. Son, los dos, igualmente fascistas. La diferencia estriba en que Abascal ya había llegado a ese otero cuando creó su bandería, y Casado se tiene que empeñar, se tiene que embarcar cada día, cada mitin, cada hora, en reivindicar el otero.

Casado se reúne por videoconferencia con un ministro marroquí seis días antes de la grave crisis en la ciudad de Ceuta.

El descubrimiento del radicalismo de Sánchez, según Casado, ha creado una necesidad en el flecha de Génova, que es la de demostrar su liderazgo frente a un Presidente del Gobierno de coalición, que a pesar de todo lo que se esfuerza la derecha, especialmente la mediática, se sostiene por una amplia mayoría parlamentaria. Ese pretendido liderazgo de Casado le está convirtiendo en lo que realmente era: un monigote.

Desde Génova creen que solamente un reseteo del monigote pueden presentarse como paladines de la derecha, y para ello, necesitan, como el comer, diferenciarse de los de Box, y aparecer y ser más violentos en el lenguaje, más virulentos en las descalificaciones, más de derechas, ¡coño!

Y a todo esto, los hitos que va consiguiendo Casado son, entre otros: decir que el PP de Rajoy es el viejo PP, que el nuevo es otra cosa, mientras su hada madrina está imputada por corrupción, decir que para el nuevo PP se necesitan nuevos espacios y que para ello venderán la sede de Génova, pero ni Fotocasa ni Idealista han recibido el anuncio.

Y sobre todo, para demostrar que son un nuevo PP, con un discurso moderno y mejorado, ha decidido rodearse de los mejores ideólogos, de los mejores filósofos, de los más expertos en Ciencias Políticas, y para ello ha tenido a bien nombrar a Albert Rivera su asesor de cabecera.

Si aguantan mucho en Génova, 13, cuando lo vendan, si lo consigue, las encimeras de los lavabos van a valer su precio en polvo.

Vale.

Síndrome es, vulgarizando su significado, el conjunto de síntomas que determinan una enfermedad. Por supuesto, ni es así de sencillo ni pretendo que lo sea, pero creo que se entiende.

Guernica es la ciudad vasca en la que los nazis, aliados del golpismo franquista, experimentó lo que luego llevaría a la práctica durante la II Guerra Mundial: bombardeos masivos de objetivos civiles.

Instalación «Síndrome de Guernica» Plaza de San Mateo (Cácres). Al fondo, Palacio de los Golfines con la foto de Franco saludando

Aquel bombardeo, a mayor gloria de Franco y sus generales y burguesía asociada, dejó tras sí la esperable cantidad de muertos que pretendía, con la finalidad de militar de asestar un duro golpe a los leales a la República. Sin embargo, produjo un efecto secundario de incalculable valor, que aun hoy perdura y perdurará en la mente de quienes conocieron o se acercan a conocer la realidad de los bombardeos de la ciudad de Guernica, y cuya puerta de acceso es la obra de Picasso. El franquismo, ni en sus cuarenta años de dictadura y autarquía, ni en los años transcurridos desde la muerte del dictador, ha conseguido superar los síntomas que la visión de esa obra de arte les produce, hasta convertirse, para ellos, en un síndrome.

Picasso, en su monumental obra, sintetizó a través del cubismo la misma percepción que tuvo Goya cuando realizó los grabados de “Los desastres de la guerra”, sobre la Guerra de la Independencia. La dureza de las imágenes captadas y vividas por Goya, aumenta con la versión de esos desastres bajo el prisma del cubismo, cuyos trazos rectos, violentamente cortados en curvas que construyen ojos, en madres que sostienen hijos, dan la verdadera dimensión del crimen fascista sobre Guernica.

Instalación de «Síndrome de Guernica», de Sánchez Castillo. Museo Helga de Alvear. Cáceres.

En estos días de junio de 2021, uno de los símbolos del franquismo, ha recalado en Cáceres en lo que es su singladura final y definitiva. El artista Fernando Sánchez Castillo trajo a la ciudad unos bloques de chatarra, primero expuestos en la plaza de San Mateo, con el horizonte próximo del balcón del palacio de los Golfines de Arriba, donde sus propietarios, fascistas como Franco, le alojaron y a cuyo balcón se asomó a saludar para construir la más infame e icónica fotografía del dictador. Aún hoy, ningún artista “transgresor” se ha atrevido en la ciudad a interpretar dicha foto.

Sánchez Castillo adquirió el yate Azor, tantas veces mostrado en el NO-DO, y lo convirtió en chatarra, para realizar una instalación en la que aquellos desastre provocados por Franco y su dictadura, queden sepultados en amasijos de chatarra que, finalmente, Helga de Alvear y su Museo de Arte Contemporáneo, han adquirido para que repose para siempre en esta ciudad.

Sánchez Castillo bautizó su instalación como “Síndrome de Guernica”, para enlazarla con el cuadro de Picasso y su simbolismo. No sé si el autor de la instalación, del desmembramiento del Azor tenía algún conocimiento sobre los desastres de la guerra civil en Cáceres, si bien, en la entrevista que le hicieron para el programa de RTVE “Metrópolis” aludía a la foto de Franco en el balcón de los Golfines. Pudiera ser que no la conociera y que le fuera dada a conocer cuando su obra ya estaba en la plaza de San Mateo.

Instalación «Síndrome de Guernica», de Sánchez Castillo. Museo Helga de Alvear. Cáceres

Que en Cáceres se “guarden” los últimos restos del yate del poder viene a ser una metáfora, un síndrome, de lo que la guerra supuso para la ciudad y sus gentes. El episodio más dramático del paso del franquismo militar por Cáceres fueron los fusilamientos de la Navidad del 1937, en los que muchos cacereños fueron detenidos y sometidos, en 24 horas escasas a consejos de guerra en los que las condenas a muerte se llevaron por delante a mujeres y hombres, jóvenes y viejos y cuya historia ha contado con precisión Julián Chaves, y otros que han contado esas muertes en navidad.

Que la chatarra del yate del poder franquista se muestre en el museo de arte contemporáneo Helga de Alvear es una reparación, no buscada, de los desmanes de sujetos que se dedicaban a señalar a los rojos y no tan rojos, para que fueran fusilados. Los Luna, Teresa y compañía ahora serán más recordados por los crímenes que ayudaron a llevar a cabo.

Fragmento de la sentencia condenando a muerte a Ramona, abuela del autor de este post. Finalmente, se consiguió conmutar la pena

En aquellos consejos de guerra se dio la verdadera definición de lo que fue, durante cuarenta años, el franquismo, y aún lo sigue siendo.

Vale

Indultos (y III)

cercadelasretamas —  junio 23, 2021 — 1 Comentario

El BOE de hoy, 23 de junio de 2021 publica los Reales Decretos por los que se indulta a los condenados a prisión en el llamado juicio del Procès. Y, como no podía ser de otra manera, la marabunta de la derecha (toda) marcha rugiendo contra estos indultos, sacando eslóganes y gritos que, si no fuera porque el asunto es muy sensible, no se tratarían sino de patochadas de una derechona fuera de cacho.

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En primer lugar hay que decir que los indultos son parciales, referidos exclusivamente a las penas de cárcel pendiente de cumplir, manteniéndose en los propios términos de las respectivas sentencias del Tribunal Supremo las condenas a inhabilitación.

En segundo lugar, que los indultos serán efectivos y vigentes en tanto que los indultados no cometan ningún delito grave (al no especificarse, se trata, evidentemente, de cualquier delito con esa calificación) en los próximos cuatro o seis años, según las penas impuestas por el Tribunal Supremo.

En tercer lugar, los Reales Decretos fueron sometidos al Consejo de Ministros de 22 de junio, que los aprobó, y presentados, por el Ministro de Justicia a la firma del jefe del Estado, a quien corresponde, en virtud de la Ley de Indulto de 1870, ejercer el derecho de gracia.

Llegados a este punto, convergen dos cuestiones. La primera es que el indulto no es un derecho de los penados, sino una opción que, agotados todos los trámites procesales, les permite plantear, por sí mismos, o a través de múltiples actores (abogados, asociaciones, sindicatos, etc.), sin que la falta de petición expresa de los penados impida su concesión, como es el caso.

La segunda es que en el indulto solamente existe un derecho, intransferible, que es el derecho de gracia, únicamente reservado al jefe del Estado, en este caso el Rey, y que se ejerce por iniciativa del Gobierno de la Nación, para que aquel (el Rey) lo determine.

Cabría plantearse como hizo falazmente la presidenta de la Comunidad de Madrid, que el jefe del Estado se negara a firmar los Reales Decretos, para lo cual, y en virtud de lo estipulado en la Constitución Española, el Rey debería abdicar. No lo hizo, en su momento, el huido Juan Carlos I cuando desde todos los resortes de la derecha se le conminó a que no sancionara la Ley de Divorcio, de la que se cumplen ahora 40 años, y no lo ha hecho Felipe VI con estos RRDD.

La base jurídica en la que se apoyan los indultos, a falta de petición expresa de los afectados, es la utilidad pública. Puede pensarse que el concepto de utilidad pública, en este caso, es meramente político (que también), sino que trasciende al concepto de utilidad pública real y efectivo, como lo son, por poner un ejemplo que aparece continuamente en las expropiaciones para grandes infraestructuras. En el tema de los indultos, la utilidad pública es definida por el Gobierno de la Nación, a quien corresponde activar esta figura jurídica, en base a que las penas accesorias (la inhabilitación para el ejercicio de cargos públicos, por ejemplo) son suficientes por sí mismas para impedir la reiteración en el delito (añadiéndose, además, la calificación de delito grave que dejaría sin efecto el indulto), por lo que los bienes y derechos que fueron conculcados durante el llamado procès, quedan a salvo y no volverían a ser objeto de alteración por los indultados.

En conjunto, los RRDD, conforme han sido publicados en el BOE, con la firma del Rey y el “visto bueno” del Ministro de Justicia actuando como Notario mayor del Reino, tienen una impecable factura jurídica y administrativa, que los alejan de la aparatosa acusación de ilegalidad y prevaricación lanzada por el dirigente del Partido Popular, Pablo Casado, Licenciado en Derecho (dice él) y Máster en no se sabe qué. Estas acusaciones de ilegalidad quedarían bien y serían disculpables en un Ingeniero de Caminos o en un Diseñador de Escaparates, pero, desde luego, son risibles cuando las lanza alguien que se dice Licenciado en Derecho. Ayer mismo, Casado hacía gala de su analfabetismo jurídico cuando se planteaba lleva al Código Civil la obligatoriedad de que los hijos cuiden de los padres, como en dicho código no existiera ya el artículo 143.

Vale.

En plena efervescencia político mediática sobre los indultos anunciados para ser aprobados en Consejo de Ministros de mañana 22 de junio, y ser posteriormente puestos a la firma del jefe del Estado, se me ocurrido pensar en una circunstancia en torno al mismo tema, los indultos, que planteó una situación realmente curiosa, con elementos graves.

El consejo de ministros de 1 de diciembre de 2000, presidido por José María Aznar y con Ángel Acebes como ministros de justicia, aprobó conceder el indulto a 1441 condenados. Indultos totales o parciales, pero 1441. Estos indultos se explicaron en la referencia oficial del consejo, y fueron publicados en el BOE a lo largo de los meses de diciembre de 2000 y enero de 2001.

Aparte de las explicaciones oficiales, que se limitaron a agruparlos por grupos más o menos similares, destacan un indulto, y un muy numeroso grupo.

El indulto prácticamente único fuera de toda casuística fue el que recayó en el juez Francisco Javier Gómez de Liaño y Botella, que había sido condenado por la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Gómez de Liaño cometió en 1997 el delito más grave que puede cometer un juez en el ejercicio de su cargo: prevaricación. O lo que es lo mismo, dictar sentencias a sabiendas de que son injustas. Claro, que los delitos de prevaricación de Gómez de Liaño se cometieron en el llamado caso Sogecable, que enfrentó muy duramente al Grupo Prisa (entonces dirigido por Polanco y Cebrián) con Telefónica, presidida por el compañero de pupitre de Aznar, Juan de Vilallonga. El gobierno había planteado su preferencia hacia la empresa del compañero de pupitre, y el juez Gómez de Liaño se había mostrado claramente aliado con el gobierno, que finalmente le indultó.

Junto a este indulto, que apareció camuflado entre otros 1442 más, como si ello fuera posible, por cuanto cada indulto se debía elevar a la categoría de Real Decreto, con las formalidades de rigor, y sometidos a la firma del jefe del Estado. Por ello, el mismo gobierno hubo de agrupar un importante número de indultos en tres subcategorías, en función de las penas impuestas y otros elementos (fecha de comisión del delito, por ejemplo). Fueron los delitos por los que se indultaba a los insumisos al servicio militar, cuyo cumplimiento había sido despojado (temporalmente, y así sigue) del componente de obligatoriedad. Indultar a 442 ciudadanos condenados por el mismo delito, por la misma causa delictiva, se acercó mucho a un incumplimiento constitucional, puesto que la CE prohíbe expresamente el otorgamiento de indultos generales.

Por tanto, el Partido Popular en el gobierno hizo un uso partidario o partidista de la medida de gracia, para aplicarla convenientemente en una sola dirección, bajo la premisa de que el Papa Juan Pablo II lo había pedido, como si la autoridad de un estado extranjero (el Vaticano) tuviera alguna fuerza o capacidad jurídica o política sobre un Estado (España) que no debe, en aplicación de la propia constitución, declararse confesional.

Vale.

El día grande del fascismo de este año, el de la manifestación de Colón, la presidenta electa de la Comunidad de Madrid, refiriéndose a los indultos y al papel del Rey en el tema, lanzó una pregunta: “¿Qué va a hacer el Rey, los va a firmar [los indultos]?” En realidad no era una pregunta. Viendo las imágenes y escuchando el tono de la pregunta, Ayuso ni siquiera retó al Rey, como publicó El País, que fue el medio generalista más crítico con Miss Ciempozuelos.

El lenguaje, las palabras, los signos de puntuación, todo junto, no son inocentes: Ayuso, sencillamente, lo que hizo fue amenazar al Rey. Si firma los indultos, ya sabe Felipe el camino que le marca la derecha. Si no los firma y se allana a la amenaza de Ayuso, se situará fuera de la Constitución.

No fue un reto lo que planteó Ayuso: fue una amenaza en toda regla.

Hemos estado acostumbrados en todos esto meses anteriores a una diarrea diaria de dirigentes del Partido Popular, con especial fruición a Ayuso, asestar mandobles a siniestra, construyendo frases para las portadas de los medios de comunicación que la llevan un día sí y otro también a primer plano, para que el negocio de la prostitución de la política y el lenguaje no decaiga.

Asustado, Pablo Casado, que ya sabe que la caja B del partido ha concluido su amortización y pasará al cajón de los objetos inservibles mientras que la nueva máquina de confrontar y enfangar es Ayuso, cuyos hilos mueven dos aventajados discípulos de Baco. Ese asustado Casado ha tratado, sin éxito, de poner disculpas como gasas para contener la hemorragia.

Ayuso habla sin cesar, con un fluido flujo de fulgurantes estupideces, con el que ha embaucado de manera muy mayoritaria a los madrileños, que se han sentido atraídos por la nada.

Para esconder su amenaza al Rey, esta discípula aventajada de la verborrea más atrabiliaria, y advertida por sus más allegados asesores que salían de la taberna, dos días después de la amenaza, ha roto a llorar y a sentir pena por la situación en la que según su alto nivel de conocimiento constitucional pone el Gobierno de la Nación al Jefe del Estado, hablando de humillación y otros sustantivos terminados en -ón, menos revolcón, que termina en el catre. Ella, en su locuacidad ha tirado de un concepto que debe haber escuchado (leer es un poco más complicado) y que pronunció en su día Unamuno. A Ayuso le habrá llegado por algún que otro político (Albert Sugar Bown Rivera, por ejemplo), y tras la amenaza a Felipe Sexto, queriendo recoger velas (y las botellas esparcidas por el escenario) ha dicho que le duele el Rey.

Primero lo amenaza con eliminarlo de la Jefatura del Estado (si firma los indultos) o que el Estado lo elimine si no los firma y se salta la Constitución. Después, cuando ya ha visto que la amenaza es el sueño húmedo de muchos de sus correligionarios (Aznar se postula para la presidencia de la república), ahora siente conmiseración, siente dolor por el ofendido Rey, cuando ha sido ella, y solo ella, la autora de las ofensas.

Ayuso habla mucho, dice poco, y sabe menos. De ahí su peligrosidad y de ahí la peligrosidad social (¡hace falta la ley de Paca) que sus palabras encierran, y que caen como bendiciones de libertad en la mayoría de los madrileños, que son, en definitiva, tan peligrosos como ella.

Vale.

Hoy vuelven las derechas, las tres derechas, a reunirse en la Plaza de Colón de Madrid, esta vez con la excusa de protestar contra los indultos a condenados por el procès en Catalunya. Cambia, poco, la excusa, pero la burra sigue volviendo al trigo.

Ante la convocatoria de 2021, la situación ha variado: las derechas han perdido el relato de cuanto peor mejor (la pandemia va tocando a su fin, la vacunación ha cogido una buena velocidad de crucero, los fondos de la recuperación comenzarán a llegar pronto…), y el Gobierno de coalición, con más aciertos que errores, está bastante afianzado.

Además, las tres derechas se presentan con motivaciones diferentes: los restos del naufragio de Ciudadanos se ven arrastrados por sus fotografías de versiones anteriores, los fascistas porque pretenden hacerse con el discurso aglutinador de todas la derechas, y el PP, ay! el PP.

A diferencia de versiones anteriores, el Partido Popular no tendrá la misma representación de otros años, incluso han sido los primeros en desmarcarse de querer salir en la foto. Ya saben que no les compensa, y, además, será muy llamativos los huecos que no podrán rellenar.

De hecho, faltará en la Plaza de Colón Moreno Bombilla, por problemas de agenda y porque no le interesa a su imagen de presidente de Andalucía. Faltará en la Plaza de Colón Alberto Núñez Feijóo, también por problemas de agenda de su cargo de presidente de Galicia o por alguna fiesta de relumbrón dorado. Faltará también en la Plaza de Colón Alfonso Fernández Mañueco, por problemas de agenda al coincidir actos de su presidencia de la Junta de Castilla y León con las fiestas de Salamanca, que son en septiembre.

Si estarán dos miembros de la intelligentsia del PP, Ida Díaz Ayuso y López Miras, el murciano, que lo mismo aprovecha el viaje para darse una vuelta por First Dates a ver si hay suerte.

Muy llamativa será la presencia de Monago, el antiguo barón rojo del PP, reconvertido en cliente de youtube tras fracasar su negocio de importador-exportador de plátanos. ¿Y por qué Monago sí estará?

Parece sencilla la respuesta, y seguramente lo sea. Están fase de renovación los órganos provinciales y regionales del partido, y ya se sabe que en la provincia de Cáceres el león volverá a rugir (bueno, menos, que al periodista que tituló así la noticia se la hicieron levantar), mientras que en Badajoz se va Fragoso, sin partido, sin alcaldía y probablemente sin concejalía en virtud de los pactos. En estos congresos provinciales se juegan dos líneas de poder, una estable, continuista, y otra continuista pero inestable. Vamos, poco.

Sin embargo, al propio Monago parece que le ha salido un competidor, Fernando Pizarro, alcalde de Plasencia, con una imagen pública estable, conocida, muy poco desgastado, y que ya ha declarado que se presentará a la presidencia regional del PP.

Monago no ha ido a Madrid a apoyar a su partido contra los indultos, ni ha ido a otra cosa que no sea a lo de aquel chiste: – ¿A qué vino Jesús al mundo? – A por dos kilos de patatas.

A eso va Monago a Madrid, a comprar a Casado dos kilos de patatas que le hacen falta para volver a presidir el PP extremeño. Y, a ser posible, que Casado le venda a él todas las patatas que tenga y ninguna a quien se presenta como su contrincante.

Vale.