Las cábilas de la Labradora

cercadelasretamas —  agosto 1, 2021 — Deja un comentario

La larga guerra sostenida por España contra los árabes (moros) del Norte de África durante tantos años, desde la Guerra de Margallo hasta finales de los años 20 del mismo siglo, hizo que algunos topónimos de aquella parte de África se importaran y terminaran asentando en algunos lugares de nuestro país.

La participación de muchos extremeños, cacereños, en aquellas guerras también tuvo su correlato en nuestro entorno. Concretamente, una determinada tipología de viviendas de los árabes que se constituían en diversas formaciones de un ejército irregular, las cábilas o kábilas, en los años finales de la guerra mandadas por Abd El-Krim, tuvieron algún éxito en su acomodo a nuestra toponimia.

En Cáceres, aunque he preguntado en diversos foros, a diversas personas muy conocedoras de la ciudad, no he encontrado confirmación a ese nombre, que yo tenía en mi memoria y en la memoria de mi familia materna. Recuerdo, ligeramente difuminado, haber pasado bajo la vía del ferrocarril, antes de la llegada a la Estación, por un camino que se llamaba de la Labradora, con mis abuelos maternos que, para no tener que cogerme en brazos y que yo caminara a buen ritmo, se valían de una naranja que me iban arrojando para que la recogiera. Ese camino se conocía como el de la Labradora y llevaba a la mina del mismo nombre, situada en la zona baja, al cerro de Cabezarrubia, o Cerro de los Pinos. Aquel viaje anaranjado me llevaba, con mis abuelos, a la casa de mi tío Jacinto, en la recién, por entonces, inaugurada Barriada de la Paloma.

Con muy escasas referencias, he tenido la ocasión de que Angel, un arroyano recriado en Cáceres, conocedor del sector de la construcción (subsector albañiles y otros oficios) tuviera unas muy parecidas a mis recuerdos y a los escuchados en mi familia materna, y que sin duda, con otras más difusas, sustentan la existencia de las viviendas de la mina de la Labradora, de las cábilas de Cáceres. Hablar con Ángel, por otra parte, es hablar con un libro abierto de historias de la ciudad, que va contando mientras pasea a sus perritos, ya mayores también.

Después de aquellos “paseos”, solamente recuerdo haber ido por ese camino en un par de ocasiones, siempre hacia las casas del Junquillo o viviendas de Tejares, y haber pasado, sin detenerme, en los restos de la mina de la Labradora. Un ruta que, ahora, tengo pendiente.

Poco antes de la muerte de mi madre (2013) llegó a la residencia en la que ella estaba una mujer de más o menos su misma edad, y a través de mi hermana mayor, mi madre y aquella mujer, pudieron recordar algo de su infancia. También una hija de aquella mujer participó activando los recuerdos.

Mi madre, vecina de la Calle de la Pulmonía, antes de que el genocida Franco diera un golpe de estado, que le salió mal y provocó la guerra civil, comenzó a ir a la recién inaugurada escuela pública de nuestra señora de la Montaña, en calle Alfonso IX. En esa escuela conoció a la mujer con la que había coincidido en el ocaso de subida en la residencia.

Me contó mi madre, con algunos recuerdos ya entrecortados, que aquella mujer, Nati, llegaba a la calle de la Pulmonía y, juntas, iban a la escuela. Nati llegaba a la casa de mi madre, Rosario, después de caminar desde su casa, en la mina de la Labradora. Un largo recorrido para ir a la escuela.

Aquella casa en la que vivía Nati, era una de las 8 ó 10, y había casas de dos tipologías básicas: las apoyadas, en su parte posterior sobre un cortado de piedra de cantera o las que, sin estar apoyadas, se construían con un pasillo en medio, de manera que tenían vivienda a derecha e izquierda del pasillo, y al fondo, la cocina y el aseo compartidos.

De esta tipología última, por cierto, puede verse aún hoy alguna casa en la calle Altos de Fuente Fría.

Las viviendas con apoyo en un cortado de piedra eran más individuales, y estuvieron ocupadas por familias que vinieron de algún pueblo, como Alcántara o Estorninos.

Las cábilas de la Labradora, de las que no sé si quedan restos porque bien pudieran haber sido anuladas por los vertidos de residuos inertes (residuos de obras y demoliciones) en la llamada cantera de Balpia. Me queda por hacer una excursión, con tiempo favorable (de temperaturas) y comprobar si algunos tapiales que hay cercanos al camino de Cabeza Rubia, por donde mis abuelos me llevaban al Barrio de la Paloma, siguiendo una naranja.

Vale.

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