Nos volvemos a despachar un día más con “información” sobre la pretendida mina de litio sobre el cielo de Cáceres, y esta vez con unas declaraciones a la agencia EFE del CEO de la empresa / grupo de presión en la que incide sobre algo que ya ha repetido varias veces, sin duda para llegar a aquello de una mentira mil veces repetida termina convirtiéndose en verdad, siempre que haya mil incautos que se la crean.

Vuelve el CEO a señalar que el proyecto de la mina a cielo abierto está descartado y enterrado y que el que será, dice él, una mina de explotación subterránea, ya tiene redactado su correspondiente proyecto.

Y por supuesto, consiguiendo titulares para solaz de quienes, mediante algunas triquiñuelas de asociaciones o similares de empresarios, ya han decidido buscar acomodo en las listas de los que se creen que recogerán pingües beneficios cuando el proyecto de su idolatrado CEO salga adelante.

Me parece muy bien que haya empresarios del tres al cuarto que ya hayan vendido a sus clientes para que sean aspirantes a sufrir todos los males (contaminación, ruido y otros males), creyendo que cuando haya mina, pero sus propios clientes vayan perdiendo la salud, tendrán el maná de ganancias prometidas. Perderán a sus clientes y no les llegará el maná, que serán todas para el CEO.

Ya sabemos que quien se asigna el calificativo de CEO es el mayor responsable del proyecto y el mayor beneficiario, el absoluto receptor de los beneficios. Ese sujeto que un día, cuando comenzó la actual ofensiva propagandística, que el proyecto de mina a cielo abierto estaba enterrado, dejó entrever que la empresa retiraría el recurso judicial entablado en los tribunales de Cáceres para que no fuera obstáculo en la aprobación de la mina subterránea, ahora se destapa, como buen tramposo, con el cambio de baraja.

El CEO ahora ha sacado una segunda baraja para jugar las cartas, unas por debajo, otras por encima, de manera que sabe que no puede retirar el contencioso hasta que el proyecto de mina subterránea lo tenga aprobado, siempre que lo tengan redactado. Simplemente, está haciendo trampas mostrando sus barajas a la vista. Pero no a la vista de quienes ya sabíamos que no lo retirará, sino a la de quienes, pardillos, han metido sus fichas jugando al descubierto. Porque el CEO sabe que en modo alguno puede quedar descubierto.

Es más, y lo dice claramente en las “informaciones” que aparecen hoy: si la Justicia da la razón a su empresa en el contencioso, el proyecto de mina a cielo abierto resucitará, reaparecerá como por ensalmo. Por eso relata las bondades del proyecto de mina subterránea, porque es un señuelo para conseguir adhesiones inquebrantables, de las que quien las exprese sean la tela de araña que los paralice, porque ninguno querrá ser señalado como pardillo a la espera del maná de litio.

Con su litio se lo coman.

Vale.

Ha ocurrido en Cataluña. La Consejería de Cultura de la Comunidad Autónoma ha declarado como Bien de Interés Cultural un mural de 123 x 271 cm, pintado por Keith Haring en 1989, en la calle Atenes, nº 27.

Acid, Keit Hering. Atenes, 27. Barcelona, 1989.

El artista norteamericano Keith Hering llegó a Barcelona, procedente de Madrid, donde se hallaba visitando ARCO, y a propuesta de Montserrat, accedió a pintar un mural con la condición de que el lugar lo eligiría él. Y eligió la plaza Salvador Seguí, en pleno barrio chino, en el Raval.

Pero esa pintura no es la que ha sido señalada como B.I.C., seguramente porque dejaría de estar en la pared al poco tiempo. La elegida ha sido una denominada Acid, en el Ars Estudio, que se conserva y que al ser catalogada impedirá su destrucción si la propiedad del inmueble hiciera modificaciones en el mismo.

La importancia de esta inclusión en el catálogo de Bienes de Interés Cultural catalán radica en que, en realidad, la obra es un grafiti de un ya reconocido artista como Keith Hering, que murió un año después de su estancia en la capital catalana, víctima del sida.

El street art que practicó Hering es una modalidad artística que, con múltiples variantes, sigue en la actualidad existiendo. Incluso en la ciudad de Cáceres.

No puede decirse que en Cáceres tengamos muchas muestras de street art, y mucho menos que las mejores muestras de grafitis puedan encuadrarse en el arte callejero. Más bien al contrario. Lo que pudiera ser arte callejero está cerrado en edificios arruinados, en almacenes perdidas de la vista ciudadana.

El reciente incendio en lo que fueron las instalaciones de CAMPS hasta mediados los años 80 del siglo pasado, sin duda han terminado de arruinar lo que quedaba de las naves que encerraban muestras de grafitis de gran calidad. Que ahora en Cataluña se premie dándole el mayor nivel de bien cultural a un grafiti, no hace sino señalar que este tipo de práctica artística está bien implantada y forma parte de las enseñanzas y prácticas artísticas. Bien es cierto que el autor del mismo es un artista de reconocido prestigio, pero que cimentó ese prestigio a base de practicas en las calles neoyorquinas.

En nuestra ciudad, el exterior del cerramiento del IES García Tellez es, puramente, street art, por cuanto dota de buenas obras al tramo de la calle La Roche sur Yon. Pero es la excepción.

Contamos con espacios, si visión al exterior, y mucho menos al interior donde se acumulan pinturas que, a medida que “la piqueta” avanza, desaparecen y cada vez los espacios que los artistas callejeros encuentran uno, suele ser más pequeño. Las sucesivas convocatorias de los llamados “muros críticos” por parte de la Diputación provincial vienen dotando a los pueblos cacereños de murales que, por su propia definición institucional dejan de ser espontáneos para convertirse en muros acríticos, institucionales, perdiendo así el valor de ese punto de transgresión que el arte callejero conlleva.

La primera imagen de este post se corresponde con la obra de Hering que ha sido incorporada al catálogo de bienes culturales de Cataluña, y el resto, a uno de esos espacios que existen en Cáceres, en cuyo interior se guardan obras de interés, en paredes sucias, casi derruidas.

Vale.

Ahora que la empresa como se llame quiere colarnos la mina haciéndola, dicen, subterránea, porque han comprendido que la que de verdad les pone, la de cielo abierto, no la sacarían adelante ni de coña por más CEOs rebotados de empresas de verdad contraten, conviene recordar que en Cáceres ya tuvimos una mina subterránea.

Una mina que dejó como recuerdos varios pozos, muy peligrosos, cuyo cuidado para evitar accidentes tuvo que asumir el Ayuntamiento.

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Una mina que dejó muchos trabajadores enfermos por algo que se llama silicosis.

Una mina que dejó un modesto barrio de viviendas, que ahora, para no olvidar nuestro pasado, le tocará al Ayuntamiento mantener para el recuerdo.

Una mina que hizo más millonario a su dueño, Segismundo Moret, de lo que era cuando llegó a nuestra ciudad.

Una mina que dejó entre los recuerdos conocidos, junto a las modestas viviendas de los trabajadores, los restos de las oficinas, algún laboratorio, etc. Ah, y el club y sus instalaciones, para uso del personal de la empresa. Del personal de altos empleos, por supuesto.

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Pero, además, aquella mina subterránea puede volver a recordarnos algo si la Mina-como-se-llame-ahora, algo que entonces fue grave, pero que ahora puede llegar a ser catastrófico.

Dice el CEO que, como esos ejecutivos de Hollywood que los contratan para sacar adelante a empresas como sea, la mina subterránea no requerirá grandes aportes de agua, que, tal como está planteada, solamente podría ser de El Calerizo. Más o menos fue lo que le vendió Moret al Ayuntamiento, y que sacaría el agua de un solo pozo, dejando los demás libres.

Bien, los puestos de trabajo que Moret se convirtieron en enfermos por silicosis, y el agua que hizo falta para la mina acabó con uno de los aliviaderos de El Calerizo, uno de los aliviaderos que nunca han vuelto a regenerarse, porque el volumen extraído, sin control real, fue muy importante.

De aquel destrozo, de aquel expolio de agua para la mina subterránea, los aliviaderos del Calerizo pasaron de cuatro a tres: El Marco, El Sapillo y El Arropez o la Lebosilla. Del aliviadero de Los Caños de Santa Ana, nunca más se supo.

Vale.

La frase que da título a este post, apareció por primera publicada en “España”, de Salvador de Madariaga, en el contexto de una anécdota (real o inventada) en la que un cacique daba un dinero a un campesino a cambio de que este le votara.

“En mi hambre mando yo”

Esta fue la respuesta que el campesino pobre espetó al cacique rico.

Ahora, en la ciudad de Cáceres puede ocurrir algo parecido, pero que en vez de un pobre sea toda una ciudad la que conteste a los dirigentes políticos, con la ministra de industria a la cabeza y el presidente autonómico de acompañamiento.

La ciudad ha expresado en múltiples ocasiones su negativa a que en el entorno de la misma, a una distancia no mayor de 2.000 metros, se estableciera una mina a cielo abierto para la extracción de litio. Sin duda, la negativa de la ciudad a esa aberración contraria a lo que debe ser una ciudad saludable, hizo que la misma empresa venga ahora hablando de puede una mina subterránea, que plantea (o puede plantear) menor agresividad ambiental (menor cantidad aparente de expulsión de gases y polvos nocivos a la atmósfera), pero que sigue siendo una opción que perjudicará la calidad ambiental del aire, con los efectos negativos para la población de casi 100.000 personas de Cáceres.

Además, la opción de mina subterránea aumenta exponencialmente los daños que, sin duda, produciría la actividad minera sobre El Calerizo, el mar subterráneo cuyas aguas superficiales da lugar a la Ribera del Marco, único hilo de agua es el origen de Cáceres, ciudad Patrimonio de la Humanidad, y no solo la reconocida ciudad monumental que da credibilidad al reconocimiento de la UNESCO si no a todo un conjunto de pruebas de población desde hace cientos de miles de años con el subsuelo originado por el Calerizo (Cuevas de Maltravieso, de Santa Ana, del Conejar). Siquiera por esos reconocimientos y por el valor del subsuelo que sería puesto en riesgo por la actividad minera, es desaconsejable la mina, que, sin duda llevará a los cacereños a decir aquello de en mi hambre mando yo.

En una entrevista que recoge hoy El Periódico Extremadura, la Ministra de Industria Reyes Maroto cree que con el anuncio de una gigafactoría en Navalmoral de la Mata se acabarán las reticencias sobre la mina de litio que amenaza el futuro de Cáceres y, lo que es más grave, la salud de la población. Habla la ministra de la cadena de valor del litio, cuando en Extremadura ya tuvimos cadenas de valor, como la de la Mesta, un sistema de cañadas reales, cordeles, caminos y veredas cuyo valor solamente iba a parar a las manos de señores y caciques y cuya supervivencia hasta entrado el siglo XIX supuso el abandono y la explotación de estas tierras, cuya única salida fue siempre la emigración, hasta el mayor ejercicio de genocidio económico que arrancó con el Plan de Estabilización del franquismo, que se llevó de Extremadura no solamente la mano de obra productora, sino la fuerza reproductora, cuyos efectos seguimos pagando con creces.

Vale.

Ayer, 28 de mayo, se produjo un incendio en el entorno de Aldea Moret, que afectó a las antiguas instalaciones de Campsa en Cáceres. Más allá de la noticia en sí, de la localización del incendio y de algunos, afortunadamente, escasos, daños personales, no hubo que lamentar más estropicio. ¿O sí?

No sé en qué grado se vieron afectadas las paredes de las naves que fueron de la compañía Campsa, ya en ruinas. En unos días, trataré de ver qué quedan de las viejas paredes. Pero me temo que los bomberos pudieran haber tenido que derribar alguna de las paredes de las naves más grandes.

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Bien es sabido que en las viejas fábricas, en las abandonadas instalaciones fabriles suele darse un arte que resulta vigente por el tiempo que lo abandonado, lo viejo, permanece en pie de modo muy precario. Cuando la ciudad va engullendo (o destruyendo) esas viejas paredes, el grafiti desaparece, y, como la pared que lo sustenta, muere.

De un tiempo a esta parte, desde algunas administraciones (Ayuntamiento, Diputación) se pretende utilizar la técnica grafitera, o, simplemente, la pintura mural para dotar a los pueblos de elementos artísticos que no sean los cerrados espacios de un museo (inalcanzables para la inmensa mayoría de las localidades) y, al mismo tiempo, favorecer las actividades pictóricas de jóvenes que muestran su valor artístico en acciones bajo el eslogan del “muro crítico”, que enlaza la pintura mural institucionalizada con la definición que la http://www.rae.es da a “grafiti”: Del it. graffiti, pl. de graffito. 1.- Firma, texto o composición pictórica realizados generalmente sin autorización en lugares públicos, sobre una pared u otra superficie resistente.

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Las paredes de las naves principales de la antigua Campsa constituían por sí mismas un auténtico museo del grafiti en nuestra ciudad, junto con unas instalaciones de una antigua vaquería en la Charca Musia, ya en gran parte desaparecida, y las paredes de la vieja nave de El Romeral, junto al Molino de El Marco. Algunos recintos más escasos, o más pequeños continúan mostrando grafitis de gran valor artístico, como la pared del IES García Téllez a la calle La Roche sur Yon, o el Parque Bosnia.

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En la vieja nave de Campsa, el valor artístico de los grafitis que se habían ido incorporando sucesivamente a lo largo de los años es indudable. Desconozco quienes son los autores de la inmensa mayoría de las pinturas que los componen, pero no tengo dudas sobre su calidad y sobre la necesidad, en algunos casos, de preservarlos, siquiera sea mediante una adecuada catalogación, identificando autores, fechas, etc. así como fotografías de conjunto y detalle que puedan ser conocidos por la mayoría de cacereños, que no frecuentan, obviamente, espacios que, incluso, pueden ser peligrosos por su deterioro.

No se trataría, ni mucho menos, de hacer un listado y localización exhaustivos de todos ellos, sino de los que realmente reúnan valores de autenticidad y calidad artísticas, y tampoco de cerrar un catálogo, sino que estuviera abierto a nuevas incorporaciones o a aquellas que provengan de otros espacios actualmente desconocidos para quien suscribe.

He añadido a este texto solamente grafitis provenientes de la antigua Campsa, cuyo incendio motiva esta entrada en el blog.

Vale.

Parece que a los beatos y demás ralea que trafican con el dolor ajeno, la distancia en el tiempo transcurrido los convierte en más sectarios, más radicales. Ellos, que dicen vivir una fe que promueve perdonar, no son capaces de ellos. Es más, se obstinan en la humillación de los humillados, en aumentar, en todo lo posible, su vanagloria por los crímenes cometidos.

Cuando los legisladores españoles (tanto del Parlamento estatal como de los parlamentos autonómicos) aprueban democráticamente las normas para ir eliminando las humillaciones de las que fueron capaces de infligir a los perdedores de una cruzada que no no fue tal, sino la excusa de sacar de las oscuras entrañas de gentes ahítas de odio y rencor contra los españoles que creían que con la II República habíamos entrado en la senda del progreso, y que no fue sino un espejismo roto a base de asesinatos, crímenes, crueldad… encabezado por un sujeto que, sobre todo, fue un mal militar, sin honor, sin lealtad.

Portada de «Tragedia y represión en Navidad». Julián Chaves Palacios.

El golpe de estado de Franco, que originó la guerra civil, causó mucho dolor, muchísimo, tanto que muchos españoles aún no nos hemos repuesto de lo que significó la barbarie, aún seguimos sufriendo el dolor infligido por los asesinos y sus causahabientes.

En la navidad de 1937, al socaire de un supuesto complot urdido en Cáceres contra Franco, hospedado en el Palacio de los Golfones de Arriba por la familia facciosa propietaria del mismo, se preparó una razzia, ordenada por el mismo criminal que dirigía las operaciones contra los rojos en Cáceres, un tal Rada, para detener a un grupo peligrosísimo… de mujeres que luego, tras unos “juicios” rápidos, fueron pasadas por las armas.

Entre aquellas mujeres se detuvo a Ramona Navarro Bravo, que contaba con 33 años y cinco hijos, la mayor, de 11 años, y a pesar de todo, Ramona, según los represores tenía tiempo y capacidad para ser urdidora y emprendedora del presunto compló. Ramona bastante tenía con su casa y con alimentar a sus hijos.

Los siniestros franquistas la detuvieron, a pesar de estar embarazada de ocho meses, y la llevaron a la prisión, y fue sometida al mismo consejo de guerra, en el que con la rapidez del rayo, dictaron sentencia, condenándola a muerte. Es probable que en su barbarie, los asesinos tuvieran al menos un instante de duda: ¿cómo matar a una mujer embarazada, matando también a su hijo?

Esta duda la resolvió el consejo de guerra añadiendo un párrafo a la sentencia: “Su ejecución tendrá lugar transcurridos 40 días desde el alumbramiento, continuando mientras tanto detenida en la Casa de Maternidad a la que será trasladada con las precauciones debidas. Se ordena al director del Hospital nº 1 donde está situada dicha casa que avise tan pronto como el alumbramiento tenga lugar a los efectos de ejecución”.

A primeros de febrero de 1938, Ramona fue llevada a la maternidad, desde donde regresó (“fue regresada”) a la prisión un mes después. Para entonces los ecos del “compló” ya eran menores, aunque ese complot siempre fue la excusa para escarmentar a ciudadanos y ciudadanas republicanas. A Ramona se le conmutó la pena de muerte por otra más suave, la cadena perpetua, que comenzó a cumplir en Cáceres, para ser inmediatamente trasladada a la prisión de Santander y luego a otras.

Del libro «Tragedia y represión en Navidad». Julián Chaves Palacios.

Junto a Ramona y otras mujeres, vecinas suyas, de la calle Gómez Becerra, también fue condenada a muerte, y ejecutada Dionisia Sánchez Martín, una joven natural de Junciana que había venido a Cáceres para ayudar a Ramona con los hijos que ya tenía y con el que nació está presa.

Quién es quién en esta historia:

Ramona Navarro Bravo, cacereña que había nacido en el número 2 de la calle Barrio de San Antonio, en la habitación medianera de dicha casa con el retablo de la ermita del santo. Madre de 5 hijos, la mayor de 11 años recién cumplidos, de nombre Rosario, mi madre.

Casimiro Sánchez Martín, natural de Junciana, Ávila, que trabajaba como carrero con la empresa de los Blázquez, que también eran originarios de Ávila. Hermano de Dionisia, a la que había traído a Cáceres. Casimiro también pasó temporadas en la prisión de Cáceres.

Con su padre, mi abuelo, pasando temporadas en prisión, su madre primero sentenciada a muerte y luego a cadena perpetua, su tía Dionisia asesinada, fue mi madre, Rosario, la que tuvo que hacerse cargo de sus hermanos más pequeños, de llevar la casa… Y, después, cuando el hijo de Ramona que nació en prisión, llamado Salvador, fue llevado a casa por Casimiro, siguió siendo la guía de la casa. Casimiro fue a recoger al hijo pequeño a la prisión de Santander, cuando por órdenes gubernativas (de los fascistas) tenía prohibido salir de Cáceres más allá del término de Arroyo de la Luz.

Vale.

1.- La historia, esta historia, está incluida en el libro “Tragedia y represión en Navidad. Doscientos republicanos fusilados en Cáceres por el ejército franquista en 1937”, del historiador de la Universidad de Extremadura Julián Chaves Palacios, con datos familiares de Ramona Navarro Bravo y Dionisia Sánchez Martín, que conozco por ser nieto de Ramona y sobrino nieto de Dionisia.

Se celebra en Cáceres (sí, esa ciudad sin tren, al oeste, muy al oeste de Madrid y al norte, muy al norte de Sevilla), un pequeño festival, porque para eso es una ciudad pequeña, al que asisten unos cuantos festivaleros y gente así, a los que les da por abarrotar una ciudad hecha a la medida de Juego de Tronos y que se expande como una potente bolsa de helio, tan grande, que casi se revienta por los cinco costados. Eso sin exagerar.

He intentado con poco éxito, la verdad, y con menor empeño, buscar entre las familias que se acercan hacia la plaza Mayor alguna en la que hubiera algún menor, para encontrar alguna que fuera visitante Womad, de hace unos años (el festival cumple este año su Trigésima Edición) y que ahora traen a sus hijos para que vean qué es este festival. Pero nada.

Seguramente habrá alguna, más de una, que vayan haciendo crecer la pandilla womera, y que esa pandilla vaya saltando de generación en generación.

Es verdad que debería haber pensado antes este intento de estudio sociológico a la altura de las encuestas que le hace el comandante al periódico de la grapa, pero como todas las grandes ideas que tenemos los grandes pensadores, se me ha escurrido cuando ya no da tiempo para prepararla. Quizás el año que viene, si Dios quiere, pueda encontrar el modo de llevarla a la práctica… si es que para dentro de un año me acuerdo.

Cuando vean fotografías de los pequeños grupos de asistentes al festival (digo lo de pequeños grupos de asistentes por aquello de que no se vayan a enfadar los periódicos y las teles de la capital, que ostentan todos los récords de asistencia), fíjense bien y recuerden que, por ejemplo, este bloguero ha tenido la osadía de preguntarle a la dotación de una furgoneta de la Policía Nacional estacionada en plena ciudad monumental si estos muchachos, los de los asistentes al Womad, les deban mucho trabajo. La respuesta ha sido que no, que son buena gente. En realidad son miles de buenas gentes que pasean por una ciudad abierta al mundo y que lo que quieren es divertirse. Solo y nada más que eso.

He preguntado a varias parejas con niños si eran de Cáceres. Todas tenían la misma respuesta. Sí. Quizás, si hubiera preguntado a muchas, a muchas, hubiera salido alguna, hubiera acertado alguna, y así poder armar un “reportage” que habría llevado, de verdad, el título de Womeros de segunda generación. Porque lo que está claro es que gran parte de los horarios de las actuaciones previstas para cada uno de los días, permiten que niños y adolescentes puedan escuchar las músicas del mundo, bailar las músicas del mundo y fijar en sus recuerdos lo que significa un espacio, una ciudad, puesta a disposición de todo la gente que quiere pasarse por ella.

Espero, creo, que lo mismo el año que viene pueda encontrar esa segunda generación de womeros y conocer de ellos que significa el Womad.

Vale.

Es habitual, cuando se elabora un documento urbanístico sobre un espacio concreto, que se determinen si concurren en ese espacio elementos de cualquier tipo susceptibles de ser protegidos bien por sus características arquitectónicas, medioambientales o culturales, y llevar esos elementos al documento en cuestión para delimitar sus necesidades de protección y preservación.

En estos días, he conocido un interesante trabajo de Raquel Preciados y J.L. Estévez sobre el antiguo aeródromo de Cáceres, con una historia bastante anterior a la Guerra Civil (1912 aproximadamente), y con unas características concretas, que a juicio de los autores del trabajo, publicado por el Ministerio de Defensa, bien valdrían su inclusión urbanística como bien cultural, sin definir en qué categoría de las previstas en la legislación patrimonial de aplicación, estatal o autonómica.

Aunque el trabajo de documentación histórica es notable, echo en falta en el estudio, la inclusión del expediente de reversión de los terrenos, ya que fueron expropiados en su día para el aeródromo, concretamente, en 1952 para que el campo de vuelo fuera de más utilidad. La reversión se inició a mediados de los 70, que se publicaron los edictos correspondientes, incluso creo que en la prensa, para que los antiguos propietarios reclamaran, conforme a la ley de expropiación forzosa, la reversión de sus parcelas. El expediente fue incoado por el Ejército del Aire, y las parcelas que no fueron reclamadas se destinaron a las finalidades de la Gerencia de Infraestructura de la Defensa -GIED- (actualmente, INVIED), que las enajenó en pública subasta a mediados de los años 90. Las parcelas sacadas a subasta, creo que cinco o seis, fueron enajenadas en su totalidad.

Ahora quedan muchos elementos en el aire, tras el estudio de referencia, y que corresponderá a las administraciones actuantes en materia urbanística definir si procede la integración de los elementos estudiados, tanto en el Plan General Municipal (Ayuntamiento) como en los bienes culturales amparados por la legislación de Patrimonio de la Comunidad Autónoma.

En la competencia municipal recaen dos acciones a seguir, siempre y cuando se acepte la necesidad de protección. Una, la modificación del Plan General Municipal, en concreto, del Tomo V, que se refiere al catálogo de Bienes Protegidos, así como a la identificación grafiada de los elementos que componen el antiguo Campo de Aviación. Segunda, la petición, si procede, a la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura para la inclusión entre los Bienes de Interés Cultural de la C.A. del antiguo campo.

En ambos casos, procedería, como se señala para la inclusión en el Catálogo de Bienes del PGM, la definición gráfica en la documentación urbanística del campo, y, en el caso de que por la Junta de Extremadura se apreciara la necesidad de declaración de Bien de Interés Cultural (BIC), definir en qué categoría de las previstas en las leyes 2/1999, de 29 de marzo, y 3/2011, de 17 de febrero, que regulan el patrimonio histórico y cultural de Extremadura se incluiría, conforme al art. 6 de la Ley de 1999.

La declaración de Bien de Interés Cultural, es un procedimiento garantista, que se inicia por la Junta de Extremadura, bien de oficio, bien a propuesta razonada del Ayuntamiento correspondiente. Es un procedimiento garantista en cuya tramitación tienen presencia conforme a sus intereses legítimos, los propietarios de los bienes objeto de tramitación, o aquellos propietarios o entidades legitimadas para ello, en función de cómo afectan o pueden afectar a sus intereses la declaración de BIC.

Creo que si un grupo municipal del Ayuntamiento de Cáceres se hace eco del trabajo elaborado por Preciados y Estévez, y validado en su contenido por un organismo oficial, el Ministerio de Defensa, que lo ha publicado, resultaría para el Ayuntamiento relativamente sencillo, incluir el estudio en el Plan General Municipal (Catálogo) y en el Plan General Municipal (Modificación) para que la Junta pudiera declarar el antiguo Bien de Interés Cultural.

Vale.

Aunque el inmueble que ocupó la fábrica de Induyco, realmente lleva poco más de un año cerrado, y no en toda su superficie, creo que resulta interesante conocer sus datos para que podamos tener en cuenta de qué hablamos.

Induyco se abrió en 1977, y dio trabajo a más de 600 personas, en su inmensa mayoría mujeres. Por sus talleres de confección pasaron muchos estilos de ropa, desde confección femenina y masculina hasta ropa militar. La ropa militar y para las fuerzas y cuerpos de seguridad inquietaron a las trabajadoras, puesto que en algunos casos se trataba de vestuario militar específico, con unas características determinadas que podían ser potencialmente peligrosas.

A partir de 1990 comenzaron a sentirse en la fábrica cacereña los efectos de la deslocalización, con apertura por parte de El Corte Inglés, propietario de Induyco, de fábricas en otros países, como en Marruecos. Este fenómeno fue creciendo hasta, con otras variables del mercado, llegar a la mitad de la década de 2010, cuando empezaron a notarse ya de forma cuantiosa las pérdidas de empleo, que la empresa fue sacando mediante prejubilaciones o bajas incentivadas.

La fábrica tenía una superficie construida de 22.431 m2, sobre una superficie de suelo de 48.530 m2, esto es, una relación construido/suelo de 0,46 m2, y con la denominación urbanística de suelo de uso industrial.

En 2004, la empresa, ya con la denominación de El Corte Inglés, decide destinar parte de la superficie construida a lo que se llama Centro de Oportunidades, lo que supone la necesidad de modificar el planeamiento general, para que el Centro de Oportunidades ocupe una superficie de 2.958 m2, con la etiqueta de Uso Comercial. La superficie, claro está, está dentro de la superficie de uso industrial.

La aprobación de esa modificación solamente afecta a la construida, sin que el Plan General de Ordenación Urbana, vigente desde 1999, hiciera delimitación expresa de la parcelación, y, por tanto, no se vea afectada la superficie total, que siendo la de uso comercial.

Me ha sido imposible localizar esa Modificación del PGOU, que entró en vigor en 2006, ni en el archivo de planeamiento de la Junta de Extremadura, ni en las figuras de Planeamiento que se trasladaron al Plan General Municipal, que entró en vigor en 2010. Esa imposibilidad, seguramente sea debida a mi torpeza buscando archivos digitales…

Gracias al doctor Arquitecto Carlos Sánchez Franco por arrojar luz sobre este vacío al informarme de la «Resolución 23/07/2004, de la Consejería de Fomento, aprueba definitivamente modificación PGOU Cáceres, finalidad ampliar el uso permitido (uso industrial tipo 3) en el área de reparto Ind-1, parcela en la que se encuentra instalada la industria INDUYCO» y remitirme el link de la publicación de la misma en el DOE «http://doe.juntaex.es/pdfs/doe/2005/690o/05061379.pdf»

Creo que al modificarse los usos del suelo, de industrial a comercial, el PGM debería establecer la superficie de suelo vinculada a cada uno de los usos.

No obstante lo anterior, cuando ya el Centro de Oportunidades estaba en marcha en 2006, con unos 200 trabajadores (trabajadoras en su mayoría), las expectativas y la realidad eran definitorias. Induyco cerraría en Cáceres más tarde o más temprano. Como así ha sido.

Ahora, con un año o poco más del cierre de la “línea” industrial, con los escasos empleos del Centro de Operaciones, queda una parcela de 48.530 m2, la misma original, que tenía en 1977, y una distribución de usos como sigue:

Total superficie construida 22.431 m2

Oficinas 2.400 m2

Uso Industrial 18.347 m2

Uso Industrial 1.116 m2

Aparcamiento 1.947 m2

Almacén 20 m2

Almacén 25 m2

Suma Uso Industrial 19.473 m2

Uso Comercial (Centro de Oportunidades) 2.958 m2

Ahora que se necesitan suelos de uso industrial con superficies amplias, quizás la superficie de ese tipo de suelo de mayor volumen sean los 19.743 m2 de que dispone El Corte Inglés en Cáceres, un inmueble que puede, creo, ser adaptado para distintos tipos de fábricas y que conociendo cuáles serían las pretensiones de la propiedad (ha de entenderse que las máximas), podría cuando menos conseguirse que quienes se han servido de importantes beneficios durante 40 años, tengan consideración esos beneficios. Aunque no hay que andar con zarandajas ni pedir a quien sabemos que no dará, y modificar la ordenanza del Impuesto de Bienes Inmuebles aplicándose el tipo y gravamen más elevado, así como el impuesto de Plusvalía, plenamente aplicable en este caso, al que no le afectaría la última sentencia judicial.

Vale.

La entrada del partido fascista en el gobierno de Castilla y León modifica el panorama autonómico en España, conforme a lo previsto en el título VIII de la Constitución Española. Que un cargo ejecutivo de un gobierno autonómico manifieste expresamente que el partido al que representa tiene como objetivo programático la devolución de las competencias básicas de Sanidad y Educación al gobierno central, se entiende que mediante un informe razonado que especifique sin ningún género de dudas la incompetencia de la administración autonómica para asumir esas competencias, en este caso, la Junta de Comunidades de Castilla y León. El paso siguiente, sería promover un cambio constitucional suprimiendo el mencionado Título VIII.

Líneas Rojas. @ferranmartin. Diversos medios

Aunque ambas cuestiones, la devolución de competencias primero y la supresión del Título VIII después por parte de una Comunidad Autónoma serían muy complicadas, sí es necesario reconocer que el hecho de que por miembros del poder ejecutivo de esa Comunidad Autónoma no pueden establecerse relaciones de igualdad con los ejecutivos del resto de las CC.AA.

En realidad, la cuestión no es que pudiera haber relaciones de igualdad, sino algo mucho más importante, que esas relaciones entre las distintas CC.AA. estén sujetas al principio de lealtad constitucional.

Actualmente, cuando esos escenarios que plantea el partido fascista, no se han materializado porque en ninguna Comunidad, de las que ese partido tiene influencia política, las relaciones entre las distintas CC.AA. se realizan con normalidad, no exenta de las lógicas discrepancias en razón de cada materia de diálogo o negociación, incluso de cooperación, pero la disposición de una parte de un gobierno, de un ejecutivo regional a tratar de llevar adelante su programa político convertirán las muchas veces necesarias colaboración y cooperación en asuntos de mayor o menor importancia. Sin lealtad, no puede existir ni la colaboración ni la cooperación.

El presidente de Asturias, Adrián Barbón, ya ha expresado que recurrirá al veto de su comunidad sobre Castilla y León en aquellas materias en las que sean consejeros de Vox los que tengan en su comunidad la capacidad ejecutiva. El veto que plantea el presidente asturiano debería ser asumido y seguido por el resto de Comunidades Autónomas en las que el Título VIII de la Constitución Española no se encuentre en peligro, ni sea cuestionado para su desaparición.

El Partido Popular, ahora presidido por el falso moderado Feijóo, tiene una vital importancia para eliminar el furor fascista de sus socios de extrema derecha. Eso, o asumir, como parece, que los herederos de los ministros franquistas que aprobaban penas de muerte son tan extrema derecha o más que los “trabajadores” de Vox.

Vale.