No entiendo por qué la insistencia y la recurrencia sobre una reforma laboral. Sí recuerdo que un profesor de la UEx, allá por los primeros años 80, decía que toda reforma educativa va contra los alumnos. Toda reforma laboral va contra los trabajadores.

Sin embargo, nunca se habla, se insiste, se recurre a plantear una reforma empresarial. Y cada vez que se habla de empresas y de sector empresarial, siempre aparecen dos criterios: bajada de impuestos y bajada de cotizaciones empresariales (“abaratmiento de los costes laborales”). Nuestra Constitución consagra la libertad de empresa, pero no consagra que el “mercado laboral” esté al servicio de las empresas y que todos los costes de todas las reformas laborales los terminen pagando los trabajadores.

En una España cuyo modelo de producción fue elevado al único y especulativo sector del ladrillo en los 8 años de gobierno de la derecha, no se entiende bien por qué no se sabe dónde están los ingentes beneficios que las grandes empresas constructoras obtuvieron y que hoy, esas mismas empresas, lloran a las administraciones públicas para que liciten obras, para que aumenten el gasto público y luego, desde sus puestos en las patronales y en los consejos de administración (incluido el del Partido Gurtelar) se dediquen a criticar la política económica del gobierno.

Hace falta ya, urgentemente, una reforma del mercado empresarial que expulse a esos empresarios que, como Díaz Ferrán, se han demostrado no solamente malos gestores, sino pésimos empresarios en el sentido clásico del término.

Hace falta ya, urgentemente, una reforma del mercado empresarial que acerque a los empresarios españoles a una media europea, y que dejen de trasladar sobre los trabajadores su falta de capacidad para dirigir empresas.

Hace falta ya, urgentemente, una reforma del mercado empresarial que impida que malos gestores se beneficien de contratos públicos, de subvenciones públicas. Porque esos empresarios que piden abaratar los costes laborales son los mismos que se tiran a degüello por subvenciones, que “diversifican” en sectores en los que obtienen jugosas subvenciones.

Hace falta ya, urgentemente, una reforma del mercado empresarial que impida que una empresa cree en su entorno un falso holding con el que camuflar beneficios creando empresas que saben que van a ser deficitarias, que les van a producir pérdidas, ya que saben que, fiscalmente, las pérdidas tienen mejor trato (para los empresarios) que los beneficios (cuyo tratamiento es altamente beneficioso por la bondad fiscal que se les aplica).

Hace falta ya, urgentemente, una reforma empresarial que establezca unos mínimos de ética que acompañe a la libertad de empresa. Porque la libertad de empresa, libertad constitucional, no es, ni mucho menos, una liberta de maltrato a los trabajadores.

Vale.

Decenas de trabajadores del Canal de Isabel II, empresa concesionaria del servicio de agua en la ciudad de Cáceres, irrumpieron en el pleno municipal con pancartas, silbatos y con gritos que afirmaban que están en juego «más de cien trabajos» e instando a la corporación a «no jugar con el pan de sus hijos».

Es habitual que las empresas concesionarias de los servicios públicos municipales, cuando tienen alguna dificultad y, especialmente, cuando toca la renovación de la concesión con un nuevo concurso, utilicen a los trabajadores como escudos humanos.

Estos días, en Cáceres, están en curso los procedimientos para la renovación de la concesión del Servicio de agua, y la empresa envía a los trabajadores para que hagan de escudos humanos y sirvan para que en el pliego de condiciones exista alguna cláusula que les favorezca.

Lo que es habitual en la concesión de los servicios públicos municipales (agua, recogida de basuras, autobuses urbanos…) es que las cláusulas se recoja que los trabajadores tendrán continuidad con la nueva concesión, sea la misma empresa o sea otra. O lo que es lo mismo: no peligran los puestos de trabajo. Bueno, sí, pueden peligrar, en el caso de que la concesión fuera a la misma empresa, los de aquellos trabajadores más críticos con la empresa, los que se niegan a hacer de escudos humanos, los que saben que los pliegos de condiciones garantizan la continuidad.

El Canal de Isabel II es una empresa pública de la Comunidad de Madrid, y su consejo de administración está definido y nombrado por el Partido Gurtelar (antes Partido Popular). El Ayuntamiento de Cáceres está gobernado por el PSOE y la estrategia es evidente: mientras los trabajadores, sobre todo los que llevan menos tiempo en la empresa, los que “deben” su puesto de trabajo a alguien, se prestan a hacer de escudos humanos, la verdad, la continuidad de la prestación del servicio y la continuidad de los puestos de trabajo, quedará aislada.

A comienzos de junio, BUSURSA, empresa del peor de todos los empresarios y jefe de la CEOE, hizo lo mismo con los trabajadores: les retrasó el pago de la nómina aduciendo falta de liquidez, cuando en la última semana de mayo es cuando más dinero ingresan, por las ferias.

Y mientras una empresa gobernada por el PP y otra propiedad de Díaz Ferrán juegan a utilizar a los trabajadores como escudos humanos, los sindicatos “de clase” se sientan a negocia con Díaz Ferrán y se sienten contentos defendidos por el Partido Leninista Popular.

Vale.

El pasado 8 de junio, el sindicato amarillo CSI-CSIF convocó una huelga en las administraciones públicas como respuesta a los recortes aprobados por el Congreso de los Diputados a iniciativa del Gobierno. La prensa, en su conjunto, y, especialmente la prensa que tiende sus redes de negocios en sectores políticos de derechas, inició un duro combate para obligar a los sindicatos de clase, CCOO y UGT, a que se sumaran a la convocatoria. La finalidad era clara: la huelga iba a ser un fracaso, y el fracaso pasaría factura a CCOO y UGT.

Los hechos así han venido a demostrarlo. Los empleados públicos dieron la espalda a los convocantes, como era previsible en la estrategia de CSI-CSIF, pero el marrón se lo comieron los sindicatos de clase. Picaron como pardillos.

El día de la huelga convocada, los gabinetes de comunicación de CCOO y UGT se esforzaron en un ejercicio inútil por trasladar éxitos de la movilización a los medios de comunicación que los habían abocado a la convocatoria y, simultáneamente, publicaban artículos de opinión, columnas, cartas, editoriales y comentarios de internautas en las ediciones digitales que han sido una losa que las direcciones sindicales tratan de levantar. Ese día, el sindicato amarillo CSI-CSIF permaneció prácticamente mudo.

Así, en vez de aprender de los errores, esto es, poner en su sitio al sindicato amarillo que los ha engañado (en realidad, Méndez y Toxo se han dejado engañar) y denunciar a las empresas editoras de los medios de comunicación que han dirigido concertadamente el mayor ataque que se ha perpetrado en España contra el sindicalismo, ahora anuncian una huelga general.

Mucho tendrán que cambiar las cosas, mucho, para que la convocatoria triunfe. No basta con anunciarla. Hay que trabajarla bien, elegir bien la estrategia de cara a los trabajadores y los centros de trabajo y menos entrevistas con periodistas que sirven a los intereses de la patronal, que se frota las manos con el descrédito mediático de los sindicatos de clase.

La primera medida, estratégica, que les puede y les debe reportar éxitos en la convocatoria, es no permitir que se les una, si lo intentara, cosa que dudo, el sindicato amarillo CSI-CSIF. O lo que es lo mismo: lo primero que deben hacer CCOO y UGT es recuperar la condición de sindicatos de clase, porque, de lo contrario, volverán a repetirse, sobre mojado, las acusaciones de burocratización, funcionarización, “liberados” y otros argumentos que las empresas mediáticas, participadas en muchos casos por empresas de otros sectores, tienen en su recámara para disparar contra los intereses de los trabajadores.

El Partido Gurtelar, que el domingo, por boca de la señora de López del Hierro, ataviada con pañuelo palestino de diseño, se decía defensor de los trabajadores, y que el lunes, la misma señora, ya sin el pañuelo, descalifica la huelga como instrumento de presión de las clases trabajadoras.

Vale.


Obra de Marlene Dumas

La inaugurada rehabilitación de la Casa Grande, sede del Centro de las Artes Visuales Helga de Alvear (CAVHA CÁCERES), acoge una muestra de 115 obras de la galerista, un porcentaje mínimo de las 2.500 que componen su colección. Ningún cacereño debería perderse un paseo por las salas para soprenderse, para emocionarse, para sentirse dentro de un mundo, el arte contemporáneo que desde ahora tiene un epicentro internacional en nuestra ciudad. También, la Fundación debería promover el conocimiento del Centro haciendo algo muy necesario por lo que de nuevo tiene todo lo que se puede ver: un poco de pedagogía con muchos colectivos sociales.

Pero esta inauguración, y precisamente por el mundo nuevo y sorpresivo que trae a una ciudad tranquila, parsimoniosa, y por el valor inmaterial y material que la colección de Helga de Alvear tiene, no debe ser más que un punto y seguido.

Un punto y seguido que tiene que ver con la agilización, a pesar de la grave situación económica que venimos atravesando, del proyecto del edificio anexo, de los arquitectos Tuñón y Mansilla, porque la importancia cultural, turística y económica que supondrá para Cáceres el Centro cuando esté completo merece mucho la pena.

Cuando se haga la primera criba de las ciudades aspirantes, criba que pasará Cáceres con solvencia, deberá acometerse la segunda, y paralelo a ella deberá discurrir el procedimiento de puesta en marcha de las obras del nuevo edificio, que albergará en su conjunto la totalidad de la colección.

Por cierto, el valor de la colección, cifrado en 140 millones de euros, bien merece la pena que quien recibe un regalo de ese tipo disponga del mejor continente para albergarla.

Vale

Este pasado fin de semana del 6 de junio de 2010, el ex presidente del Gobierno José María Aznar, con atuendo descamisado, lanzó una serie de invectivas, preparadas con suficiente antelación, estudiadas ante el espejo y que, por ello, revelan una actitud que merece la pena ser analizada.
Hasta ahora, no he escuchado más que críticas muy generales con la actitud de Aznar, claramente imbricada en un complejo de inferioridad ideológica que le produce un comportamiento propio de resentidos.
De todos los “argumentos” esgrimidos por el sujeto en cuestión, me llama poderosamente la atención que dijera, mirando de perfil, con ese gesto mal encarado, que le está pudriendo poco a poco, que España es un “Estado políticamente inviable”.
En la analítica política, esa frase, pensada, repensada, no merece otro calificativo que el de golpista, de golpismo fascista. No entiendo cómo los analistas políticos que cuestionan las opiniones de Aznar se hayan centrado en “el conjunto” y no hayan visto el árbol, ese árbol que demuestra que ese fulano que gobernó ocho años España no tiene convicciones democráticas, que no cree en la Constitución sobre la que juró su cargo de presidente del Gobierno.
Podrán hacerse críticas a la política económica del actual Gobierno, todas, podrán echarse pestes del presidente Zapatero, todas, pero lo que no es de recibo es que quien ha gobernado con la Constitución de 1978 afirme, sin rubor y sin que nadie le llame la atención, que España es un “Estado políticamente inviable”.
La catadura política de Aznar, llamando abiertamente al golpismo fascista, quedó demostrada con sus palabras.
Solamente un detalle: ¿comparte Mariano Rajoy, alias Mariano Camps, la posición de Aznar de que España es un “Estado políticamente inviable”?
Vale.

La apertura del Centro de las Artes Visuales Fundación Helga de Alvear, CAVHA en Cáceres ha supuesto una inyección de moral para redoblar los esfuerzos en la consecución de la Capitalidad Cultural Europea de 2016. (Conste que no lo he hecho a propósito, pero en el mismo párrafo me ha aparecido El Redoble, esencia antigua, con la modernidad exultante de las artes.)

El domingo 6 de junio, día de puertas abiertas, estuve paseando por las salas, obteniendo fotografías para colgarlas en facebook y, sobre todo, para tenerlas como prueba de la primera impresión que la colección Márgenes de Silencio, pequeña muestra de las 2.500 obras atesoradas por Helga de Alvear desde 1965, me ha causado. Cuando más adelante vuelva a ver las fotografías, después de volver a visitar la exposición, podré encontrar esos puntos de aturdimiento ante el volumen, la calidad y la sorpresa que muchos materiales y obras expuestas me han causado. Las instantáneas obtenidas son, serán, las instantáneas de mi primer acercamiento al conjunto.

Después de descargar la cámara, sin ni siquiera haber ido tomando nota de los autores de las obras que iba fotografiando, me he encontrado con una fotografía que me sugiere muchos apuntes.

En primer lugar, sobre una parte de la obra se reflejan las puertas del ascensor, del montacargas en realidad, necesario para mover algunas instalaciones. Un elemento de la obra de rehabilitación de la Casa Grande o Casa del Millón (se cuenta que quien la mandó construir, Benedicto Arias, encendía los puros con billetes del Banco de España) llamativo por su tamaño.

En segundo lugar, cuando paseaba me encontré con Manolo Díaz, un antiguo vecino, ya jubilado del Ayuntamiento, con quien compartí la visita un par de salas. Sorprendido, pero con la mentalidad abierta a recibir a cada vuelta de pasillo una nueva sorpresa.

En la fotografía que tomé, al verla en la pantalla, Manolo mira la imagen de la obra expuesta y él mismo se refleja en el vidrio que la compone. Y, ya metido en el fondo de la instalación, mira desde ese fondo lo mismo que estaba viendo desde la puerta del ascensor. Sin darme cuenta, la fotografía que tomé de una obra expuesta incorpora dentro la visión, natural y admirativa, de quien ve un conjunto artístico que causa, como su rostro y su lenguaje corporal expresan, sorpresa y curiosidad.

Vale.


Los antiguos sindicatos de clase secundan una huelga general en las administraciones públicas fundamentada en las medidas de corrección del déficit aprobadas por el Congreso de los Diputados. Y digo secundan porque es una huelga convocada por el sindicato amarillo CSICSIF.
Este sindicato es el mayoritario en las administraciones públicas, incluida, por ejemplo, la Junta de Extremadura, a pesar de la falacia de que para trabajar en ella hay que tener el carné socialista. Los sindicatos de clase se ven arrastrados a una huelga por su inferioridad en un sector que va a sufrir la crisis en grado mínimo.
En este ser arrastrados, los líderes de UGT y CCOO vienen haciendo declaraciones en el sentido de que consideran la huelga de funcionarios como la antesala de una próxima huelga general. Ya tocaba ésta, por otra parte, porque ya se cumplen los seis años de la llegada de Zapatero a la presidencia del Gobierno. El paralelismo con el 14-D es evidente.
Los sindicatos de clase con su actitud están haciéndole el trabajo a la derecha más reaccionaria de Europa, que, con la imagen de su jefe tumbado a esperar para recoger los frutos de su vagancia, se va a limitar a ganar las próximas elecciones sin haber demostrado algo más allá de la desvergüenza de los trajes de Francisco Rajoy.
Tienen razón los sindicatos en criticar al Gobierno por no imponer otras medidas, aquellas que hagan pagar a quienes, en los años de gobierno de la derecha aznarista, ganaron dinero a espuertas (¿dónde lo han metido?), y a quienes en ningún momento se enfrentaron porque no “vieron” que el modelo económico del llamado “milagro español” era un modelo insostenible. Y como todos los milagros, inexistente.
Hoy, los sindicatos de clase se han quedado sin profesores que los dirijan ideológicamente y sin alumnos deseosos de secundar sus proclamas huecas. Solamente los funcionarios, en su gran mayoría encuadrados en la derecha sociológica, les han obligado a secundar una convocatoria de huelga.
La realidad, hoy en España, es que la práctica sindical se ha convertido en un funcionamiento de gestoría. Los líderes sindicales no están en condiciones de movilizar a los trabajadores. Desgraciadamente.
Pero en esta crisis tienen la oportunidad, la llevan teniendo desde hace tiempo. Si los secretarios generales de UGT y CCOO hubieran exigido a la patronal que expulsaran de su presidencia a Díaz Ferrán sí estarían en condiciones de reclamar de los trabajadores su apoyo. Cándido Méndez y Toxo están asumiendo, con naturalidad, que la contraparte en la patronal sea un sujeto que no está capacitado para representar a los empresarios. O, lo que es más grave, están negociando con unos empresarios bajo sospecha y ellos mismos están bajo la misma sospecha.
Expulsando de la mesa de negociación a Díaz Ferrán, habrían conseguido, además, eliminar a un negociador que está apuntalando determinadas decisiones economicistas para tratar de salir de la crisis. O lo que es lo mismo, habría sido un mensaje determinante para Zapatero.
Vale.

El Partido Gurtelar ha salido en tromba, incluidas las huestes mediáticas que jalean la corrupción que anida en Génova 13, con motivo de la aplicación en el pasado corpus de Toledo, del nuevo Reglamento de Honores Militares. Aplicación incompleta, pero aplicación de la norma legal.

Han sido dos los argumentos utilizados: uno, la tan cacareada pero falsa de toda falsedad de que la mayoría del pueblo español es católico. Si fuera así, los obispos no tendrían que recurrir a que un gobierno de rojos les cuadre los balances de las diócesis. Si fuera así, esa mayoría del pueblo español sería suficiente para financiar a la iglesia, aunque dudo que lo fuera para los lujos que se gastan sus reverendísimas.

El otro argumento, falaz y traicionero para el subsconsciente (en el caso Pegurtelero, inconsciente), es el de las tradiciones militares. Porque Mariano Camps y la señora de López del Hierro están apelando al subsconciente colectivo instalado en la memoria atávica de los españoles de ver a los militares acompañando bajo palio, junto con el nuncio y el primado, al general Bajito, están apelando a los libros de historia en los que se relata la tradición secular de la milicia hispana de protagonizar asonadas, bendecidas por la cúpula eclesial, de protagonizar golpes de estado, muchos cruentos.

Las tradiciones no crean ley. Ni las costumbres. Porque tradición y costumbre era arrojar una cabra desde el campanario y hoy nadie discute que el maltrato animal es una muestra de la crueldad humana. Porque tradición y costumbre ha sido en nuestra historia una asonada militar tras otra, quitar reyes y gobiernos, ponerlos a gusto o ponerse los rebeldes en la presidencia del gobierno o producir dictaduras o dictablandas. Y eso no está en las leyes.

Finalmente una reflexión que los políticos de la derecha, perdón, de la extrema derecha que forman el primer grupo de la oposición en el Congreso y el Senado: la propia confesión religiosa es un acto privado, así lo recoge la Constitución. Pero cuando la confesión religiosa se hace pública, y se hace público alarde ello, se está sujeto, como en todo a la crítica. Y si Mariano Camps es incapaz de salir de debajo de las sotanas de los obispos, malamente está capacitado ni para ser presidente de su escalera.

Vale.

Ayer, en la comarca inglesa de Cumbria, un individuo realizó una masacre con 12 muertos y veinticinco heridos. Suceso terrible que llama a la reflexión.
Hoy, un medio regional extremeño, el Diario HOY precisamente, se refiere al suceso y titula “Matanza en la Inglaterra pintoresca”. ¡Qué cosas! Hace años nos flagelábamos los extremeños al leer en los medios nacionales aquello de la “Extremadura profunda” cuando los sucesos de Puerto Hurraco. Hoy, devolvemos la moneda titulando como si de una noticia curiosa, rara, “pintoresca” se tratara.
En la admirada Inglaterra, o en la pérfida Albión, o, más bien, en “la Raposa”, como un día la definiera León Felipe, no existe, al parecer, una zona profunda, negra, solamente una Inglaterra pintoresca.
Pero en esa zona pintoresca, de los campos verdes, de esos paisajes idílicos que aparecen en las series de televisión, un taxista ha dejado un rastro de muerte y destrucción, de doce muertos y 25 heridos. Pintoresco.
Desgraciadamente, la realidad su muestra como es. Y si echamos la vista atrás, cuando recordamos el maltrato xenófobo al que fuimos sometidos los extremeños cuando a los hermanos Izquierdo les arrebató la furia, no podemos sino extrañarnos de que un medio de comunicación local, de la misma Extremadura profunda, sea tan condescendiente, esté tan poco acertado para describir en un titular los sucesos de Cumbría.
Y en todo caso, es incompatible con la ética periodística incluir en el mismo titular las palabras “matanza” y “pintoresca”. Porque puestos a elegir, el titular perfecto debería haber sido, en la misma línea de suavidad: “Matanza de risa en la Inglaterra de Sarah Ferguson”.
Vale.

Este fin de semana, 29 y 30 de mayo de 2010, se han celebrado en Extremadura los actos centrales del Día de las Fuerzas Armadas. De esos actos, lo que ha quedado en los titulares de los periódicos son los aplausos al jefe del Estado, que reaparecía, como un futbolista lesionado, y los abucheos al Presidente de la Junta de Extremadura y la Ministra de Defensa. Después, nada.

Sobre cómo el ministerio, finalmente, gestione los actos celebrados y su repercusión, es decir, sobre cómo evalúe la inversión realizada, allá Defensa y sus expertos en comunicación. Sobre cómo la ciudad de Badajoz ha respondido, sus ciudadanos lo saben mejor que nadie.

Pero celebrados los actos, Badajoz aparece vinculada a los abucheos a los políticos socialistas (que en los medios que jalean a la extrema derecha irán asociados a los aplausos al jefe del Estado… hasta que les convenga), pero los dirigentes locales no pueden estar satisfechos de la repercusión obtenida.

En esos actos, especialmente en el celebrado el domingo, con el homenaje a los caídos y a la Bandera, se han preocupado más, mucho más, de organizar los abucheos, colocando estratégicamente a la claque que han sabido, eso sí, levantar unos coros que, en una situación como la actual, son muy sensibles a la demagogia.

El Ayuntamiento de Badajoz, gobernado por el PP, ha sido incapaz de generar ni un solo elemento positivo a transmitir, ni una referencia que dejar. Ni siquiera han sabido captar a los medios ultraderechistas de Madrid, donde son tan dados a ensalzar a políticos localistas como los concejales derechistas pacenses.

Este fin de semana, con el Estado siendo eje central en la ciudad, los deseos demagógicos de políticos cegatos han podido más que la capacidad de construir. Ni referencias a nivel nacional más allá de los actos organizados por Defensa, cuando era una magnífica ocasión para posibilitar debates sobre seguridad y defensa en un espacio, la raya hispano portuguesa, que desde su historia nos puede ayudar a plantear el futuro.

Para la derecha que gobierna Badajoz, el único futuro es el mismo que desde Madrid le marcan: jalear la demagogia para que los ciudadanos sensibilizados y cabreados (claro) les hagan el trabajo que ellos no tienen agallas de hacer.

Y si ahora salen diciendo que ellos, los peperos o pegueros, no organizaron los abucheos, estarán haciendo lo mejor que saben: esconderse.

Vale.