¡Jesús, qué cruz!

cercadelasretamas —  mayo 17, 2026 — Deja un comentario

La que nos ha caído a los demócratas y antifascistas con las derechas, muy de derechas, que nos gobiernan.

El 2 de febrero de 1938, la comisión gestora del Ayuntamiento de Cáceres (los peleles impuestos por los golpistas) acordó cambiar el nombre a la calle de la Libertad por el de Hermandar. El 15 de mayo de 2026, los causahabientes de aquellos miembros de la gestora y de los golpistas que los pusieron, presentaron un recurso de alzada contra la decisión del Gobierno de la Nación de retirar la “cruz de los caídos” de Cáceres. Los peleles de 2026, herederos de los ilegítimos de 1938, consideran que sus “argumentos” son válidos para proteger un símbolo fascista. ¿Podrían, de buen grado, los recurrentes con lo de la cruz, admitir que la calle Libertad vuelva a formar parte del callejero local?

Conviene, por contextualizar, transcribir el texto completo de 1938:

“Continúa la Presidencia proponiendo se sustituya el nombre de la Libertad, con que se designa la calle que existe entre las de Gómez Becerra y Gil Cordero, por la de la Hermandad, agregando que esta propuesta no es por que sea enemigo de la libertad, por que en la nueva España se ha de admitir, pero no en el concepto que antes se tenía de la libertad política que implicaba una tiranía hacía la voluntad del que mandaba, en cambio el concepto de Hermandad representa el espíritu que ha de orientar hoy en la nueva España”.

Los rejuvenecidos peleles consideran en su recurso de mano alzada al frente que la “cruz de los caídos ha consolidado la categoría de bien histórico ¿desposeído de su componente ideológico fascista a cuya mayor gloria se promovió?

En uno de los “argumentos” contra la resolución ministerial se señala que esa cruz forma parte de la “identidad” cacereña.

Si quieren hablar de identidad podemos hacerlo. De la identidad de quienes promovieron erigirla.

Vayamos por partes. El proyecto que redactó el arquitecto municipal es inequívoco, como se aprecia en los planos, y que se trata de una exaltación del sanguinario dictador. Los cacereños, en nuestra identidad, no podemos ni debemos consentir (ya han sido muchos los años) que un supuesto monumento erigido a mayor gloria del dictador forme parte de nuestra identidad.

Del proyecto del Arquitecto municipal para construir la cruz

Recogíamos al comienzo de este artículo una breve alusión al cambio de denominación de una calle, calle de la Libertad, porque en opinión de los gestores municipales tenía un componente político. Pues claro, ¿qué si no?

Los mismos gestores que no habían sido elegidos por los ciudadanos, si no designados por los militares sublevados contra el orden constitucional, debían sus puestos al dictador, y a su credo obedecían.

Además, en poco más de un meses antes habían mostrado no solo su adhesión al golpe militar, sino que habían asistido impasibles el ademán al fusilamiento de Antonio Canales, alcalde al que habían usurpado sus puestos, habían hecho hijo adoptivo al criminal Rada, responsable del terror desatado en nuestra ciudad en las navidades de 1937, habían convertido a los vecinos en delatores de sus propios vecinos a cambio de dinero, abriendo una suscripción pública, lo que en sí mismo ya era un acto de delación…

En un ambiente de terror se desarrolló el proceso de construcción de la cruz. El cambio de denominación de la calle de la libertad formaba parte del borrado de identidad del alcalde Canales, porque los gestores sabían y conocían que en el número 2 de la calle, se encontraba su casa, de una planta baja, su puerta de color rojo inglés desvaído, con un lateral fijo y doble hoja, arriba y abajo, por la que se accedía a un patio, con su parra…

Algo erigido en aquel ambiente no puede ser considerado sino una imposición y nunca formar parte de la identidad cacereña.

Vale.

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