Sin que sirva de precedente, quiero dejar con este post mi posición personal e intransferible sobre el asunto. Si alguien lo comenta, que sea con tranquilidad, pero no contestaré a ningún comentario.
Con este eslogan, un grupo de militantes socialistas comienza una campaña de autoproselitismo con la única finalidad de conseguir los órganos de gobierno del PSOE. Porque esa, y no otra, es la intención última. Porque del éxito de su eslogan nacerá, dicen, un nuevo PSOE que, en buena lógica, debe ser dirigido por ellos.
Como signo de los tiempos, no está mal que todo se reduzca a un eslogan. Porque en estos tiempos en los que manda twitter y sus 140 caracteres, con muchos menos se monta un tinglado. El tinglado de la vieja farsa.
La democracia es la participación del pueblo en el gobierno, o el predominio (de dominación) del pueblo en el gobierno. El PSOE es un partido político, y como tal, hay que recordar que los partidos políticos son instrumentos para cambiar la sociedad. Meros instrumentos. Llevado el eslogan a sus propios términos, alcanzando la democracia perfecta, los partidos no tienen razón de ser, porque no habría nada que transformar. O lo que es lo mismo: el eslogan se convierte en nada.
Es evidente que la democracia a que se refiere el eslogan es “democracia interna”. Pues claro que a mayor democracia mejor PSOE. Pero democracia, en un partido político que lo es, en mayor o menor grado, es respetar las normas aprobadas por los órganos federales y no tratar de forzarlas. Lo que sucedió en la última asamblea local fue un intento de imposición de unas “normas inexistentes”. Y sucedió lo que tenía que suceder. O lo que se trataba de que sucediera: la democracia interna, los reglamentos federales sobre desarrollo de asambleas locales, fueron hechos añicos. Zapatero, Secretario General del PSOE, desautorizado. Y de ahí para abajo, todos… incluidos los que propiciaron el espectáculo.
Dice el refrán que donde no hay harina, todo es mohína. El batacazo electoral se ha llevado la harina y la levadura que engranaba la democracia interna. ¿Si no hubiera sido así, si el partido hubiera ganado las elecciones, qué pasaría? Que no habría eslogan.
Mejórese la democracia interna del PSOE lo que haga falta, y hasta donde haga falta. Dimitan todos los secretarios generales en todos los niveles donde se han perdido las elecciones, disuélvanse todas las ejecutivas locales, las provinciales, las regionales y las nacionales y dése comienzo como reza la filosofía de los autores del eslogan. Hágase una estructura democrática, en cualquier laboratorio, en cualquier fundación, en cualquier escuela de verano, en cualquier federación sindical. Y sobre esa estructura, perfectamente democrática, con una democracia interna intachable, se dé por construido el nuevo PSOE. Lo de las ideas políticas y la ideología lo dejamos para más adelante, no vaya a ser mucho trabajo.
En estos tiempos de eslóganes y mensajes cifrados buscando la fotografía (no me gusta salir en la foto, pero si hay que salir, se sale y con el mejor perfil a lo Sara Montiel…), buscando salir en los medios de comunicación, buscando que los periódicos (estamos hablando de Extremadura, en este caso) nos saquen para, enseguida que suban “la noticia” a la edición digital, tuitearla para que la vean los amigos y para presumir. Y, al día siguiente, lanzarnos al kiosco para comprar un ejemplar que guardaremos celosamente para la posteridad. Otro para tenerlo en casa al descuido, por si va una visita. Otro para enseñarlo a la mamá o al papá político… Y los directores de los periódicos viendo cómo aumentan sus ventas en tres ejemplares.
¿Por qué montar esta historia para llamar corriendo a los periódicos y contarles asuntos de democracia interna que a los periodistas ni les interesa y en mucho caso ni entienden? ¿Qué se creen, que eso les va a garantizar, en el futuro, que esos periódicos les hagan campañas gratuitas de imagen? ¿Qué piensan, que los votantes socialistas, en su mayoría, se van a lanzar ávidos a comprar los periódicos para leer “la noticia”? Quienes de verdad estarán interesados son los adversarios políticos, que no podrán coger fácilmente las páginas de “la noticia” sin prenderle fuego de tanto frotarse las manos. Cuando la noticia deje de serlo, cuando hayan cambiado “las caras” de las correspondientes ejecutivas, cuando, en el hipotético caso, los “abajo firmantes de la noticia” hayan conseguido su propósito de democracia interna perfecta y hayan construido, de nuevo, el PSOE, los medios dejarán de interesarse y volverán a lo de ahora: a apoyar a quien paga. A quien paga grandes campañas de publicidad, a quien paga los anuncios, a quien compra los periódicos… Y a volver a cargar, cuanto haga falta, o no, cuando haga falta, o no, como haga falta contra los socialistas… si entonces queda alguno. Porque aquí viene la segunda parte.
Los partidos políticos son instrumentos para transformar la sociedad, para aumentar la democracia de todos los ciudadanos, y eso se hace desde la ideología. El eslogan, ahora, en estos tiempos donde se ha demostrado que el sistema capitalista solamente le sirve a los que lo mantienen (las grandes fortunas, los terroristas de los mercados, la prensa que les hace el trabajo sucio a todos ellos… porque forman parte del entramado capitalista), el eslogan debería ser: “A + socialismo, más democracia”.
Cuando el socialismo se reconvirtió en socialdemocracia perdió poder, porque perdió señas de identidad. Cuando la socialdemocracia se echó en brazos de la tercera vía, siguió perdiendo señas de identidad, siguió perdiendo ideología. Y ahora que ni la socialdemocracia ni terceras vías están en condiciones de plantar cara a los mercados (quienes dan las órdenes de compra y venta de acciones y de deuda tienen nombres y apellidos, son terroristas financieros), la única preocupación es cambiar los reglamentos de las asambleas locales del partido. ¿Esa es la respuesta que esperan los ciudadanos, una pelea interna? Eso es lo que le interesa a la derecha.
O como decía aproximadamente Iñaki Gabilondo, la izquierda está llena de bobos.
Vale.
Archivos para November 30, 1999
En entradas anteriores me he referido a la legítima aspiración de que colectivos sociales, ya sea aquellos que se definen sin ánimo de lucro, como los que defienden derechos gremiales, de pasar la cuenta por los apoyos políticos prestados. Por ejemplo, taxistas y autobuseros.
Los taxistas cacereños consiguieron de la candidata del Partido Popular el compromiso de abrir la plaza mayor recién remodelada para que los taxistas pudieran cruzarla. El argumento era, prácticamente, que si no se accedía a ello, los profesionales del taxi perderían mucho dinero. Argumento compartido y defendido por la candidata, ya, desde el 11 de junio, alcaldesa de Cáceres.
Hoy, en un periódico local, aparece la información de que ese compromiso se retrasa hasta septiembre. ¿Ha valorado la alcaldesa de la ciudad el gravísimo perjuicio económico que originará ese retraso a los profesionales del taxi y a sus familias, que verán mermados, considerablemente, sus ingresos?
En septiembre, ya se verá, pero mientras tanto, son muchos ciudadanos de los que viven en el casco monumental que desean verlo libre de coches, y son cada vez más los cacereños que se están acostumbrando a disfrutar de una Plaza Mayor ganada para los peatones, para todos, que no están de acuerdo con el paso de ningún tipo de vehículos, salvo los de limpieza y los de emergencias.
Creo que los taxistas, tan contentos con el merecido premio del compromiso de dejarlos pasar por la Plaza Mayo, deberían ir pensando que “de lo suyo, nada de nada”. Porque en septiembre, con buen criterio, aparecerán informes técnicos desaconsejando la medida, y desde la alcaldía se comenzará con aquello de “modular” la medida, determinar las “condiciones técnicas” que puedan hacer posible el paso, excepcional, de taxis por la Plaza Mayor.
Tengo la impresión que a los taxistas, el #quehaydelomio se lo van a comer con patatas… con pocas patatas, porque el daño económico en el retraso de la medida los va a dejar en la pobreza, y si finalmente no se lleva a cabo, en la ruina. Esto, siguiendo con el argumento de que la medida comprometida por la actual alcaldesa, de no llevarse a cabo, produciría un grave quebranto económico al gremio.
Por otra parte, no he visto en ningún medio reflejada la entrevista, si mis informaciones no están erradas (o herradas, vete a saber), que el pasado jueves la alcaldesa mantuvo con representantes de un sindicato de transportes que defiende, dicen ellos, al gremio de autobuseros. Los medios no se han enterado, parece, de esta entrevista. Pero ya advirtieron los autobuseros, cuando se celebraron las elecciones, que esperaban que la nueva alcaldesa cumpliera su compromiso de que se les pagarían las cantidades adeudas. El compromiso, sí, vino reflejado en plena campaña electoral, cuando el partido de la actual alcaldesa y el sindicato anunciaron a bombo y platillo que los autobuseros suspendían los paros anunciados.
Dada cierta experiencia leyendo noticias, la alcaldesa les habrá pedido paciencia y que enseguida podrán cobrar (cuando el ayuntamiento cobre el canon del agua, ese que tanto se dedicó ella torpedear en la anterior legislatura) y los sindicalistas, minoritarios en la empresa, no dicen nada para que los trabajadores no constaten que “no sirven p’a ná”.
Al día de hoy, el #quehaydelomio de los taxistas está aplazado, mejor dicho, suspendido, hasta la convocatoria de septiembre. Veremos si no hay repesca en febrero de 2012. Y el #quehaydelomio de los autobuseros no tendrá, no tiene respuesta en el ayuntamiento, porque el asunto de las deudas salariales que el financiador de Fundescam, el gran Don Gerardo, dejó colgadas de la brocha.
Lo siento por los taxistas y por los autobuseros, pero es lo que hay.
Vale.
Desde que se celebraron las elecciones municipales, el 22 de mayo, han sido muchas las ocasiones en que diversos colectivos han hecho valer en los medios de comunicación su apoyo a la derecha, reclamando el consabido #quehaydelomio. Han pasado, y seguirán pasando, por la ventanilla que entreabre Elena Nevado para reclamar lo que, a cambio de sus apoyos, consideran que les corresponde recibir.
Pero, claro, una cosa es predicar y otra dar trigo. Lo que en campaña electoral era cuestión de poner el culo en la silla municipal y empezar a resolver los asuntos reclamados a cambio de apoyo político, ahora ya empieza a no ser tan fácil.
Lo que en la oposición eran continuas diatribas exigiendo cumplimientos, exigiendo realizaciones inmediatas (incluso proponiendo que una exposición pública del Plan General Municipal, presentación de alegaciones y su resolución se podría hacer en dos meses…), ahora que está al otro lado, en la silla del gobierno, ahora ya empieza a no ser tan fácil.
La excusa es, cuando menos, llamativa. Porque Elena Nevado no es nueva en el Ayuntamiento. Ha estado cuatro años de concejala, dos de ellos de portavoz de la oposición, y, además, ejerce la abogacía, lo que le da un plus de conocimiento de las administraciones públicas. O debería darle ese plus.
La excusa es… la burocracia. El exceso de burocracia.
En realidad, la burocracia no va a ser la excusa. Va a ser la esclusa por la que entren las peticiones de #quehaydelomio y la esclusa por la que salgan las largas. Y, en medio, como líquido viscoso en el que floten reclamaciones y requerimientos, estarán flotando los funcionarios, con el líquido pegajoso de los procedimientos, de las normas, de los plazos…
¿Aplicará algún líquido disolvente de viscosidades? ¿Eliminará funcionarios que hacen de tapón? ¿Será la burocracia la esclusa por la que se vayan al garete las promesas, los compromisos? ¿O será la burocracia la esclusa por la que, desde el primer día del primer mes del primer año de ejercicio del gobierno se estará poniendo el parche de la herida de la incompetencia?
Porque el tono empleado en la acusación, genérica, a la burocracia como gran problema para el cumplimiento de los compromisos políticos, puede derivar en muchas variables: un adelgazamiento de la administración (que no de la burocracia, que está en las normas) o una eliminación de garantías en los procedimientos.
El tono empleado para poner la burocracia en la esclusa por la que transitar la legislatura parece atribuirle un grado de intervencionismo, de causa última y universal de todos los males. O lo que es lo mismo: contra la burocracia, liberalismo. Contra garantías administrativas, desregulación. Porque la desregulación es, en sí misma, el elemento balsámico que disuelve las viscosidades burocráticas.
La burocracia, como argumento político, se convierte en la esclusa por la que todos los incumplimientos transitarán en el estrecho pensamiento neocon.
Vale.
Ayer, sábado, un medio local publicaba una información sobre las exigencias de cumplimento que el barrio de Aldea Moret estaba llevando a cabo a la alcaldesa electa de Cáceres. Exigencias que tienen que ver con una situación que se viene arrastrando desde hace muchos años y que tiene su punto definitorio en una sensación atávica de no pertenencia.
Es cierto que muchos vecinos de la barriada, cuando han de desplazarse a realizar cualquier tipo de gestión o compra al centro de la ciudad, dicen que “van a Cáceres”, como si Aldea Moret no lo fuera. Aunque de hecho no lo fue. Durante mucho tiempo, lo que ahora es barriada, era una población, una entidad local distinta, que contaba con su propio Ayuntamiento, estación de ferrocarril…Por eso, la sensación atávica de no pertenencia se suma a la percepción de abandono que muchas veces sienten. Y a la sensación de haberse convertido, por mor de decisiones políticas, en una especie de gueto al que han ido a parar la inmensa mayor parte de miembros de la etnia gitana que vive en la ciudad. Claro, que también los propios miembros de la comunidad gitana se sienten apartados, excluidos. De ahí el éxito, por ejemplo, que tiene entre ellos la presencia de la iglesia evangélica.
Los vecinos de Aldea Moret reclaman acciones concretas, pero también reclaman atención y cuidado. Se resolvió el problema del bloque C con su total desalojo, pero quedan otros bloques donde los mismos problemas de convivencia se han ido acumulando. Y al bloque C hay que darle una solución. Los vecinos de Aldea Moret reclaman, sobre todo, atención para superar los problemas de convivencia, de paz social, algo muy difícil de conseguir y que desde la filosofía política y económica que viene propugnando la derecha tanto a nivel nacional como local, no tiene visos de que pueda lograrse. El hecho de que por primera vez la derecha haya ganado las elecciones en esa barriada añade un plus de expectativas que, de no cumplirse, pueden derivar en situaciones de conflicto social de muy difícil reparación.
Hoy, domingo, el mismo medio local se refiere a lo que piden los comerciantes a la nueva corporación, aún sin tomar posesión. Piden parkings y vigilancia. O lo que es lo mismo: espacios para que sus clientes puedan dejar tranquilamente sus vehículos cuando compran en las tiendas y vigilancia para que esos clientes estén seguros.
En realidad, exigen lo mismo que los vecinos de Aldea Moret. En la barriada, los vecinos ¿normales? se quejan de los gitanos que les incomodan, según ellos, en su convivencia social. En el centro, los comerciantes (vecinos ¿normales?) se quejan de “otros” incomodan a sus clientes y eso repercute en menores ventas.
Son cuestiones, las dos, las planteadas por los vecinos de Aldea Moret y por los comerciantes del centro, que se corresponden con promesas políticas del tipo de las “soluciones inmediatas”. Tú vótame que lo tuyo te lo arreglo enseguida. Y, desgraciadamente para quienes han confiado su voto a la derecha, no es así. Atenderán, como es obvio, a las directrices que desde la dirección nacional les marquen.
Y así, mientras que las soluciones que pudieran plantearse para las exigencias de Aldea Moret (y que se venían llevando a cabo en la anterior legislatura que acaba con bastante éxito) tienen mucho que ver con el denominado Estado del Bienestar, las pocas cosas que el medio mudo jefe del Partido Popular suelta, hacen temerse lo peor, aquello de “podremos tener el estado del bienestar que nos podamos permitir”, las soluciones que demandan los comerciantes tienen mucho en común con lo que de verdad importa a la derecha: los negocios. Y si son los negocios tradicionales, para ellos soluciones las que pidan: parkings? vigilancia? Pues más parkings y más vigilancia, que es cuestión de dinero agradecido.
Como sigamos así, cada día con un colectivo, con un grupo de ciudadanos reclamando #quehaydelomio, cuando todavía faltan 6 días para la toma de posesión de la nueva corporación, no va a hacer falta nada para más que empezar el lunes a cumplir. O lo que es lo mismo: el lunes, 13 de junio, pasarán los taxis por la plaza, el martes, 14 de junio, las máquinas comenzarán la excavación de un parking en Cánovas, el miércoles, 15 de junio, se firmará la paz social definitiva en Aldea Moret, el jueves, 16 de junio, los autobuseros cobrarán lo que les dejó a deber don Gerardo, el viernes, 17 de junio, se reanudarán las ventas masivas de pisos son vender y el sábado, 16 de junio, en agradecimiento a que hemos solucionado todos los problemas, incluso los creados por la propia derecha (todos, of course), sacaremos a algún santo o santa en procesión. Por ejemplo, a santa Rita, abogada de los imposibles.
Vale.
Afirma, reafirma y grita el candidato del Partido Popular de Extremadura a la presidencia de la Junta que ha de mandar (sic) la lista más votada. Ya me referí a la falacia, en nuestro sistema político, que supone acudir al argumento de que gobierne (mande, en el argot de la derecha) la lista más votada, cuando la elección del presidente de gobierno en las CCAA, o del propio presidente del Gobierno, e, incluso, de los alcaldes, corresponde a los cargos electos, esto es, a los parlamentarios de las asambleas regionales en el caso de la presidencia de sus gobiernos, o al Congreso de los Diputados en el caso del Gobierno de la Nación, o al pleno municipal en el caso de los alcaldes.
Es el sistema, un sistema que no le gusta al bombero Monago (cuidado con lo que dicen de esa profesión algunos correligionarios). Y como no le gusta, su determinación es que ha de mandar (gobernar, en el lenguaje democrático) el candidato de la lista más votada.
Estaría bien, claro, si ese mismo candidato, arrastrando de mala manera sus contradicciones, o, en la práctica, haciendo gala de sus ansias de mando (ansias que no son aconsejables para el ejercicio democrático del gobierno), no hubiera, por ejemplo, propiciado un pacto en la localidad de Ceclavín, en Cáceres, para que la lista más votada, la del PSOE, no gobierne, sino que lo hagan los “independientes”, con el apoyo (¿rencoroso, vengativo?) del Partido Popular.
Los resultados electorales en esta localidad cacereña fueron de 624 votos para el PSOE (44,26%), 462 para AICE (32,77%), 252 para el PP (17,87%) y 44 para I.P.Ex (3,12%). Es decir, siguiendo el argumento interesado, muy interesado, del presidente regional del partido de la derecha, debería ser alcalde de Ceclavín el cabeza de lista del PSOE.
Arrastrar esas contradicciones de esa manera no solamente deslegitima a quien pretende hacer bandera de argumentos que no se corresponden con las leyes, con el sistema, sino que pone blanco sobre negro la capacidad de hipocresía necesaria con tal de alcanzar el poder para ejecutar el mando, que no el poder para ejercer el gobierno.
Cuando el señor Monago sea capaz de dejar de arrastrar sus contradicciones en declaraciones públicas, en doctrinas privadas, es probable que pueda estar en condiciones, democráticas, de ejercer el gobierno.
Mientras tanto, sus ansias de mandar más se parecen a un trastorno alimentario que a convicciones democráticas.
Vale.
El sindicato paracaidista de transportes, aparecido en Cáceres en las últimas elecciones sindicales en el servicio de autobuses urbanos de Cáceres, ya ha pedido a la alcaldesa electa aquello de #quehaydelomio. Dicen los gestores de ese sindicato que esperan que Elena Nevado cumpla.
Para que cumpla, y completar así el #quehaydelomio de hoy, el sindicato de transportes deberían presentar un escrito en el Ayuntamiento, el mismo día que Elena Nevado tome posesión, pidiéndole que cumpla, que para eso les prometió que si era elegida alcaldesa, cobrarían los atrasos que BUSURSA, la empresa del nunca bien ponderado Don Gerardo, les debe.
Claro, que hay un pequeño detalle. BUSURSA está en concurso de acreedores, y cualquiera cantidad que pudiera ingresarse ha de hacerse en el juzgado correspondiente, y ya, si eso, el propio juez, asistido de los administradores judiciales, determinará qué se hace con el dinero. Porque los trabajadores de BUSURSA en Cáceres están, como otros muchos, en la cola, en la lista de espera de que de las cuentas de Don Gerardo caigan billetes.
Eso de ir prometiendo cosas tangibles en campaña electoral, es decir, prometiendo lo que cada uno quien se habla quiere o necesita oír, tiene el inconveniente de que los interesados pasen inmediatamente por caja, a reclamar.
Iremos viendo en el inmediato futuro más inmediato, y algunas pueden ser llamativas. Presumir de que los gitanos de Aldea Moret han votado al PP, y que el mismo día vecinos de ese barrio comiencen a sospechar que cursos y contratos que se convoquen desde el Ayuntamiento irán a miembros de la etnia, ha sido uno.
Vamos, que el #quehaydelomio de Aldea Moret promete ser de lo más divertido. Más que el de los taxistas y los autobuseros juntos.
Vale.
Tras las últimas elecciones volvemos a tener la cantinela de aquello de “que gobierne la lista más votada”. Ahora, eso sí, con la variante de una creciente demanda, propiciada por las movilizaciones nucleadas en torno al 15M (me niego a utilizar la palabra movimiento, de nefasta memoria), de modificar la Ley Electoral buscando una más justa valoración del voto.
Como en cada territorio el asunto puede ser de interés en su confrontación con lo que los partidos defienden en otros (¿admitirá el Partido Popular que gobierne Bildu donde ha sido la lista más votada?), me interesa resaltar algún detalle, seguramente sin importancia, al hilo de lo que sucede en las elecciones autónomas en Extremadura.
Los resultados del 22 de mayo determinan que el Partido Gurtelar (mientras Camps siga ahí, no dejará de ser gurtelar) ha sido la lista más votada. Y, rápidamente, se ha generado una corriente de opinión, amplificada por los dos periódicos que se publican (lo de que se vendan ya es más discutible) en la región: que gobierne la lista más votada.
Está claro que, seguramente, los directores de los dos periódicos conocen con claridad algo que se llama “sistema político”, que, consecuente con la Constituión, es parlamentario. O lo que es lo mismo: al presidente del gobierno de la Comunidad Autónoma, de la Junta de Extremadura, lo eligen los parlamentarios. O lo que es lo mismo: no es automático, ni siquiera con mayorías absolutas, que el presidente de la Junta de Extremadura sea el candidato de la lista más votada. Necesita ser elegido, conforme a las leyes, conforme al Estatuto de Autonomía y conforme al Reglamento de la Asamblea legislativa.
Los parlamentarios, elegidos por los ciudadanos, reciben un primer mandato: elegir, a su vez, al presidente del gobierno de la Comunidad. Este olvido, interesado, surge siempre que la lista más votada es la de la derecha. Porque es a la derecha a la que le interesa y porque los medios de comunicación, empresas, no se olvide, les interesa (en sentido económico, por supuesto) que sea la derecha la que gobierne, y por ello se arrojan en tropel a defender aquello de la “lista más votada”.
Se necesita hacer mucha pedagogía para trasladar a los ciudadanos que el sistema político español es parlamentario, no presidencialista. Pero en una sociedad dominada por los egoísmos individuales y por los intereses económicos que se acumulan en torno a mitos y leyendas con pies de barro, el presidencialismo es lo que vende. Es más importante ser Belén Esteban que la acampada de Sol. Porque Belén Esteban vende espacios publicitarios y los de acampada sol no consumen porquerías.
La realidad es que los ciudadanos, en su mayoría, desconocen la diferencia entre un sistema parlamentario y un sistema presidencialista, y a muchos políticos, especialmente de la derecha, les interesa que siga la ignorancia, sobre todo cuando sus intereses están en juego.
Vale.





