Archivos para Paseo de Cánovas

La pérgola del Paseo de Cánovas.

En los años 60 del siglo pasado (¡uf, qué mayor!) acostumbraba a ir a la casa de mis abuelos maternos, Casimiro y Ramona, en el número 15 de la calle de la Pulmonía, a jugar en su amplio patio. Y también solía ir, bajando la calle hasta su encuentro con la Av. de España, para cruzar esta y entrar en el Paseo de Cánovas. En aquellos años veía cómo era el reparto del pan de la Rumalda: un carro cerrado de cha, con un burro que, al escuchar el cierre de las puertas por el panadero, echaba a andar hasta la casa siguiente donde tocaba reparto. Nunca se paraba ante una puerta que no fuera de clientes.

No había paso de peatones, se cruzaba “a la vista”, con el tráfico en doble dirección, y la entrada al Paseo, entonces de arena, de arena como la de Los Arenales de la carretera de Malpartida, la hacía cruzando la pérgola que, desde más o menos el número 4 de la Avenida llegaba hasta lo que ahora es el nº 28.

He buscado en los archivos fotográficos disponibles en la web fotografías de aquella pérgola y solamente he conseguido, gracias a Javier, de la Oficina del Consorcio de la Ciudad Monumental, una en la que se aprecian algunos, pocos puntos de esa pérgola.

También he buscado referencias a cuándo se construyó, y aquí sí he tenido suerte. La suerte del trabajo que hacen los miembros del Servicio de Información Geográfica del Ayuntamiento. Ellos han digitalizado tres planos de cómo eran los elementos de esa Pérgola y cuál fue el presupuesto para construirla.

Se proyectó por el arquitecto municipal Ángel Pérez en 1949, pero fueron pocos los años que estuvo en pie: creo que antes de los años 80, o, incluso, sobre los 70, se decidió que no servía para nada y su espacio fue ocupado por los coches.

Fotografía. A la derecha de la imagen se aprecia parte de la pérgola

Después de realizar la entrada y colgarla en este sitio, me llegó otra imagen, en la que en su margen izquierdo, abajo, se aprecia el primer tramo de la pérgola, en su arranque, teniendo enfrente, en la acera de los pares de la Av. de España el edificio que se conocía como Radio Cáceres. La imagen me la remitió @torrebujaco.

Arranque de la Pérgola, abajo a la izquierda. Foto cortesía de @torrebujaco.

 Una pérgola de fábrica, con bancos entre sus pilares a lo largo del paseo serían, hoy, un elemento de gran valor, que se añadiría a la multitud de referencias botánicas del paseo. Recuerdo algunas plantas trepadoras subiendo por los pilares y rodeando las traviesas de madera, pintadas en verde. También las recuerdo en los días lluviosos, en los que entrar al paseo deprisa era arriesgarse a resbalones que, con las calzonas cortas, dejaban las piernas zaleadas.

Pero los coches, el tráfico, ganó el terreno.

Vale.

Formando parte de una campaña de propaganda monstruosa a mayor gloria de un político inane, aparece una pantalla en la que se incluye un número de whatsapp para que… eso digo yo, ¿para qué?

Que un partido político como el PP se lance a una campaña de propaganda a mayor gloria de un individuo que ha usado dinero público para ir a visitar a su amante a las Canarias y que todavía no ha explicado lo que tiene que explicar, no deja de ser un síntoma.

Hace unos meses podría haberse pensado que Monago era un muñeco de ventrilocuo en manos de su consejero espiritual, Iván Redondo. Ahora, el muñeco ha dejado de serlo y se ha convertido en un personaje de las marionetas. En Cáceres, en el Paseo de Cánovas, dos pequeñas figuras representan a dos marionetas, Gorgorito y Peneque el Valiente. En pocos meses, otra figura, que debe realizarse con búsqueda de equilibrios de testas, podría aumentar la colección: Monago.

Porque la decisión de incluir en la web de propaganda un número de whatsapp es la muestra de llamar ignorantes a los ciudadanos (se debe tener en cuenta que los votantes del Partido Popular lo son y, por tanto, no cuentan), ya que hacen creer que el señor Monago es un tipo enrrollado y moderno, al que le gusta estar en las redes sociales… No hay que olvidar que Monago salió huyendo de twitter cuando fue pillado poniendo los resultados de un juego un lunes (día laborable) en horario de mañana (laborable) y tuvo la desvergüenza de decir que había sido su hijo, que le había cogido el móvil. Poco después, declaró que “twitter es un pudridero de enfermos”.

Ahora pretende, con la propaganda, hacer creer que es un político que se comunica con los ciudadanos.

Pero es mentira.

El guasap es una comunicación entre uno y uno (o entre varios si creas un grupo, por ejemplo, el grupo de los viajeros a Canarias en fines de semana alternos) y no es público salvo que uno de los dos que “se comunican” haga pública la conversación.

Por eso, lo mismo que la falsedad de la política de Monago viene dada por el uso de la propaganda (a mayores y más cuantiosas mentiras, mayor será la propaganda).

Ahora, la marioneta cree en haberse convertido en muñeco con personalidad propia, pero no deja de ser un muñeco al que Iván le mueve los hilos.

La monstruosa campaña del Partido Popular se transmuta en algunos medios, por ejemplo, en El Periódico Extremadura, en una extensión de la propaganda de la Junta de Extremadura (gobex, dicen ellos, que se parece a gowex, los del pufo financiero), y alguien, por ejemplo, la portavoz del Partido Popular en el debate parlamentario en el Senado de la Ley de Transparencia (¿quién es, quién es), debería hacer públicos los números: cuánto cuesta la campaña, cómo la financian, de dónde sacan p’a tanto como destacan…

Por ejemplo, sería interesante preguntarle a Monago, el guasapero, esos datos de la campaña publicitaria. O preguntarle a Monago cuándo va a cumplir con su palabra, comprometida públicamente el 17 de noviembre de 2014, de presentar todas sus cuentas en enero de 2015 (bueno, esto no lo pregunten, que ya lo hice yo el 22 de febrero y estoy esperando). O preguntarle a Monago si la visa con la que pagó viajes a Canarias y desde Canarias a nombre de una amiga fuerte estaba vinculada a una cuenta personal o a una cuenta del Partido Popular.

Pregunte a Monago, el guasapero, que no le contestará.

Dígale por whatsapp que es el más alto, el más guapo, el más ligón, el mejor recolector de plátanos (¡uy, se me ha escapado!) y le contestará.

Porque Iván Redondo, Presidente de la Junta de Extremadura, sabe cómo manejar a la marioneta que sale en las fotos y sabe engañar, por supuesto, con la ayuda de otros por fidelidad política o a cambio de un buen precio.

En realidad, la exageranción de la campaña es tal que el protagonista no es el que parece, sino el que en realidad es, una campaña de autobombo de Iván Redondo.

Vale.