Archivos para Medalla de Extremadura

Ayer, con motivo de la entrega de las Medallas de Extremadura, pasaron algunas cosas de interés en el Teatro Romano de Mérida. Los agradecimientos de Monago a los feladores de Izquierda Unida, la promesa de los 300 euros, la propia entrega de las medallas…

Me voy a detener en dos de estos asuntos.

El primero, la promesa de “dar” 300 euros a 35.000 mujeres mayores de 75 años, que, según el discurso de Monago, sufrieron la Guerra Civil. El segundo, la entrega de la Medalla a Adolfo Suárez.

En el discurso de Iván Redondo Bacaicoa, que leyó su ahijado publicitario José Antonio Monago, se dice que 35.000 mujeres extremeñas que sufrieron la Guerra Civil y la posguerra recibirán 300 euros. Y el que lo leyó se quedó tan pancho. Y los medios de comunicación repiten, como loros, la promesa.

Es una promesa que divide. ¿Quiénes serán esas 35.000 extremeñas mayores de 75 años que recibirán los 300 euros al año, 25 al mes? Seguro que el que lo escribió, un señor muy de derechas, de extrema derecha, diría yo, pensaba en que hay 35.000 mujeres extremeñas mayores de 75 años que pueden acreditar su afección al régimen, su adhesión al glorioso alzamiento nacional. Y el que lo leyó. El que lo leyó también piensa lo mismo.

Porque viendo los titulares de la cosa esa que antes se llamaba prensa, parece que serán todas las extremeñas mayores de 75 años las que recibirán la dádiva, oh, señor, del señor Monago. Pero…

Según el I.N.E., Instituto Nacional de Estadística, a 1 de enero de 2013 había en Extremadura 71.279 mujeres mayores de 75 años. Quiere esto decir que Monago, el que se dice presidente de los extremeños está discriminando, eso sí, con el corazón, como dice el HolaPP (portavoz oficial de Monago), a más de 36.000 mujeres extremeñas mayores de 75 años. Ni el que escribió el discurso, ni quien lo leyó ni los voceros de la prensa tienen corazón ni vergüenza.

Visto cómo no.funciona el “gobierno de los mejores”, visto que discriminan ya desde la estadística, habrá que leer la letra pequeña para comprobar los “méritos” que habrán de acreditar las interesadas en recibir tal “regalía”.

A las mujeres que de verdad sufrieron la guerra y la posquerra, que les den. Esas no le importan ni un bledo, hablando con el corazón como dice el HolaPP, a Monago ni a la derecha. A las mujeres que, como Dionisia Sánchez Martín, de 23 años, fue fusilada en la navidad de 1937, ni un recuerdo ni una mención, ni un honor.

A las que eran de familias afectas al alzamiento, a las que confortaban a los piquetes de fusilamiento, les queda recibir un regalo de 300 euros.

Ni un atisbo de crítica al anuncio/propaganda que Iván Redondo Bacaicoa pone en boca de su portavoz, José Antonio Monago. ¿Para qué? No vaya a ser que esos 300 euros de dádiva los descuenten de la dádiva que dan a los medios por hacer de altavoces de las chorradas, gilipolleces y tonterías que Monago dice, que Iván le ordena decir.

¿Por qué, por ejemplo, se elige a una terrateniente, criadora de animales destinados a la tortura, y no se elige a una maestra, a una enfermera, a una jornalera? Es ideología, pura ideología. Fascismo en toda su extensión.

La segunda cuestión es la Medalla de Extremadura a Adolfo Suárez. A título póstumo. Tiene cojones que la derecha que le llamaba traidor (Alianza Popular y sus causahabientes y herederos) se haya lanzado a homenajear a Suárez. Le tocó al presidente de la Asamblea el marrón de leer la carta que Adolfo Suárez Illana remitió. Porque nadie recogió esa Medalla. Porque el hijo de Suárez, con mucha mayor dignidad que el gobierno de la Junta de Extremadura, dice en su escrito, le hubiera gustado recogerla personalmente con su padre.

Vergüenza les debería dar a los que, en el escenario del Teatro Romano hacían el papel de representar a los extremeños ver cómo el hijo de Adolfo Suárez les demuestra lo que es tener dignidad.

Claro que los medios, otra vez, despachan el asunto con faena de aliño o desvegüenza. Obedecen la voz de su amo, la voz del que los mantiene.

Vale.

 Este artículo, entregado en mano en El Periódico Extremadura, dirigido a su director, no parece ser de interés para ser publicado. Y no creo que sea porque se trate de un texto ofensivo e inadecuado. Bueno, inadecuado, puede ser.

La Plataforma de Apoyo al CEFOT 1 ha acordado recientemente solicitar que por el Gobierno de Extremadura se conceda a dicha Unidad militar la máxima distinción de la Comunidad Autónoma, la Medalla de Extremadura.

 El próximo año 2014 el Centro de Formación de Tropa nº 1, aposentado en el Campamento de Santa Ana de Cáceres, cumplirá 50 años. Una edad en la que ya se ha hecho acreedor a múltiples reconocimientos y en la que se anudan múltiples vicisitudes.

 Cuando en 1964 el Ejército de Tierra estableció la necesidad de contar con instalaciones y unidades específicas para la formación de los contingentes de soldados de reemplazo que luego eran destinados a los distintos Regimientos, en Cáceres ya existía el Campamento de Santa Ana, una finca de 300 Has comprada en 1950 y que había servido para la instrucción del Regimiento Argel 27, heredero natural a su vez, del Segovia 75, para el que se había construido el Cuartel Infanta Isabel.

 La historia, la Historia del actual Centro de Formación de Tropa nº 1, no arranca en 1964, aunque sí en su misión de formar nuevos soldados, sino en otros Regimientos y Batallones de los que ha ido recogiendo sus hitos principales. En el Palacio de Las Cigüeñas hay una Sala dedicada al Regimiento Argel 27, y los emblemas y enseres que guarda, se corresponden, también con el Segovia 75.

 Constituido el Centro de Instrucción de Reclutas nº 3, de los más de 15 que llegaron a existir (Cerro Muriano, El Ferral, Colmenar, San Fernando, Rabasa…), los sucesivos y profundos cambios de modelo de organización territorial del Ejército (Plan Meta, Plan Norte, RD 416/2006) han ido cambiando la denominación, primero a Centro de Instrucción de Reclutas Centro, luego a Centro de Instrucción y Movilización nº 1, para llegar a la actual de CEFOT 1. Pero siempre ha sido, es y será, el Campamento de Santa Ana.

 Con esos cambios de denominación, también fueron modificándose las funciones, la misión de la Unidad, ha ido pasando de formar reclutas de reemplazo durante más de 35 años, a formar soldados profesionales, hombres y mujeres.

 A lo largo de estos 50 años, se calcula que han sido más de 400.000 los hombres (y ahora, también mujeres) que han pasado por sus instalaciones. Y ya sabemos, sobre todo de cuando existía el Servicio Militar Obligatorio, la mili, que los recuerdos que se cuentan y comparten son los buenos momentos pasados, e, incluso, algunos malos se transforman en lo vivido. En esos recuerdos, siempre, dos nombres, el Campamento Santa Ana y la ciudad de Cáceres.

 A la edad ya de 50 años, va siendo el momento de que los reconocimientos públicos vayan siendo mayores. Y de tener la Medalla de la Ciudad de Cáceres, hay que pasar a que la Comunidad Autónoma haga un reconocimiento expreso, el de mayor honor que puede otorgar, y es que durante el año 2014 el CEFOT 1 pueda lucir, desde el primer día del año, la Medalla de Extremadura.

 Ahora, en este año, es cuando el Gobierno de la Comunidad Autónoma debería conceder la más alta distinción regional al Centro cacereño por los múltiples méritos acumulados, otorgarla, como reclama la Plataforma CEFOT.

 Ahora, en este año, es cuando la región, representada por su Gobierno, debería reconocer que la ciudad de Cáceres y Extremadura tienen una deuda de gratitud con el Campamento de Santa Ana, con el Centro de Formación de Tropa nº 1. Y conceder en 2013 la Medalla de Extremadura para poderla disfrutar plenamente en 2014.

Vale