Quisicosas: ¡Togazo!

cercadelasretamas —  septiembre 12, 2026 — Deja un comentario

Parece que con motivo de una reunión de El Fardos con togados conservadores, uno de ellos advirtió (era 2023) de las malas compañías con las que se movía Pedro Sánchez, y, también, que no se descartaba que Indra pudiera organizar un pucherazo electoral. Ni que decir tiene que El Fardos se apretó el asunto y por eso anda esparciendo sus miserias.

Pero vamos al origen: que un togado (o algunos, o muchos) siembre la duda sobre nuestro sistema electoral refleja una cosa. Que los togados que compran el bulo tienen una mala opinión de los ciudadanos ya es algo conocido. Solo basta con ser justiciable para apreciar en propias carnes el despotismo con el que los jueces tratan al común de los mortales.

La peor denuncia que se puede hacer de un juez es que es un prevaricador. Que un juez extienda la sospecha de pucherazo está diciendo que los miembros de una mesa electoral, elegidos por sorteo, están cometiendo un delito de prevaricación. Porque las actas de las mesas, firmadas de puño y letra por el presidente de la mesa y los dos vocales, y firmadas también por interventores de las candidaturas que concurren a las elecciones.

Y si un juez o el CGPJ se ponen como obeliscos cada vez que se conoce una sentencia como la del fiscal general, o una instrucción como la que está queriendo torturar a Begoña Gómez, y los ciudadanos ponemos en duda la “calidad” del sistema judicial, estamos en el mismo derecho a cabrearnos, como un Peinado cualquiera, porque no sabemos cuándo nos tocará formar parte de una mesa electoral y pensemos que para qué esmerarnos en cumplir las normas si luego un juezucho cualquiera nos desautoriza.

Que El Fardos compre la “teoría” de un juez cualquiera sobre un hipotético pucherazo demuestra que el lugarteniente de Marcial Dorado no tiene dos dedos de frente. Lo sacas del barquito del capo y anda despendolado.

En nuestro sistema electoral, en el escrutinio de las elecciones, Indra NO tiene nada que ver. La tecnológica recoge los datos de las actas electorales y los vuelca en un programa que aplica y distribuye escaños. Las actas elaboradas y firmadas por tres ciudadanos elegidos por sorteo y, eventualmente, por interventores de los partidos concurrentes, son las que dan fe de la realidad. Después, en las juntas electorales de zona, provinciales y electoral central se realiza el escrutinio oficial.

La diferencia entre el escrutinio que realizan las mesas electorales y el que realizan los jueces en las juntas electorales es que las primeras cuentan los votos, uno a uno, y los jueces solamente trabajan con aquellas.

La idea que ronda la mollera de El Fardos de un pucherazo, ¡y de Indra! es un desprecio del sistema electoral, y sobre todo, un desprecio por todos y cada uno de los miembros de las mesas electorales.

Vale.

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