Archivos para socialistas

Cuando mañana se abra al público el Palacio de Los Golfines de Abajo, en Cáceres, los asistentes harán palmas con las orejas. Como están haciendo estos días los periódicos, dando puntual cuenta de que se acerca esa apertura para hacer lo que mejor saben: propaganda, pura propaganda, de los poderosos.

La memoria, esa flaca y despiadada vieja que se aleja cuando nos interesa y nos asalta cuando somos nosotros quienes nos escondemos, es necesario tenerla fresca. La Fundación Tatiana se nutre con los capitales acumulados a los largo de siglos de batallas al servicio del poder regio y tiene repartidos feudos y latifundios por toda España. Desde el corazón de Madrid, donde a la muerte de la última condesa de Torre Arias tocó en el reparto una quinta en el parque que lleva el nombre del condado familiar. Claro, que es herencia viene de un Plan Parcial, en 1985, que hizo mucho más ricos a los ricos Torre Arias, que ya lo eran.

Por cierto, si alguien curiosea por los nombres de los arquitectos y urbanistas que hicieron aquel plan parcial tan maravilloso para las arcas de los Esteban Hambrán verán que se repiten en cargos políticos en gobiernos de la derecha o proyectos para ayuntamientos de la derecha.

Los Torre Arias accedieron gustosamente para poner al servicio del ejército sublevado contra el orden constituido de la II República su pequeña propiedad de Los Arenales, de varios cientos de has para que los nacionales dispusieran en él un campo de prisioneros en el que alojar, cómodamente, en suites y habitaciones dobles con vistas a los grandes campos del condado, a rojos, socialistas y otros presos que osaron unos defender a la II República, y otros tuvieron la mala suerte de vivir en el mismo pueblo que falangistas o capataces ahítos de venganza.

El campo de prisioneros de Los Arenales, finalizada la guerra incivil, ya no volvió ser el amplio cortijo de ganado lanar, y almacenes de cereales con los que los Torre Arias y Hambrán seguían haciendo caja.

Que la familia que ahora, cuando ya no quedan herederos, constituyera una fundación, que servirá, entre otras cosas, para lavar la imagen de los nobles que la formaron, y que se hagan olvidar por ejemplo, el campo de concentración de Los Arenales, donde murieron unos, y otros fueron duramente represaliados.

Pero no pasa nada. La nobleza es magnánima con el pueblo llano, con el populacho, y cuando ya no les sirven las inmensas riquezas, enseñan solamente un poquito, para que quienes olvidan abran la boca, y para que otros les digan:

– Que tienes la boca abierta.

– Ya lo sé, la he abierto yo.

Mañana, 10 de septiembre de 2015, muchos rojos y socialistas desfilarán por el Palacio de Los Golfines, dejando, metros atrás, la memoria de muchos que fueron arrojados a las cunetas, o tuvieron la suerte (mala, muy mala) de ser “alojados” en Los Arenales, campo de prisioneros de cinco estrelllas.

Vale.

Ahora que el PSOE celebrar su Congreso Extraordinario para ratificar en la Secretaría General a Pedro Sánchez Castejón, que ganó las primarias, y que debe marcar de este Congreso una línea de actuación política de futuro, desde la distancia que da ser socialista y no ser militante socialista, me parece interesante hacer alguna reflexión.

En primer lugar, viendo cómo se desarrollaron las primarias y cuál fue el resultado, la primera es que las ganó el que más gustaba a la derecha. Y ello es así no sólo por el recibimiento cordial que Sánchez Castejón ha tenido en las manifestaciones de miembros del gobierno y del Partido Popular, sino, especialmente, entre los medios de comunicación.

Y en los medios de comunicación, un inciso: cada vez que me refiero a ellos englobo a todos los llamados convencionales, que en España son los grupos Prisa, Vocento, Planeta, Unión Editorial, Mediaset, Zeta… Todos.

En segundo lugar, en relación los medios de comunicación y el PSOE, hay una malsana dependencia de los dirigentes nacionales, autonómicos y locales hacia ellos. Viven y se manifiestan esperando el qué dirán de ellos esos medios, cuando la realidad informativa y de comunicación no tiene nada que ver con ellos. Y no se atreven a señalarlos.

Ahora que el PSOE dice que empieza un nuevo camino, sería bueno si ese camino, en relación con la derecha (económica, política y mediática) que manda, va a ser de colaboración, de cooperación o de oposición.

No creo en los prejuicios, pero sí creo en aquellas cosas que se han demostrado reales al cabo del tiempo: piensa mal y acertarás.

Los gestos, en su inmensa mayoría de cara a la galería mediática, de Sánchez Castejón no auguran nada bueno. Es más, cuando uno zapea por los distintos canales de televisión o ve las imágenes que sacan en los periódicos, no ve gestos políticos, ve poses solamente dirigidas a ver qué tal “dan” fotogénicamente.

Corresponde al PSOE, y, singularmente a su nuevo Secretario General definir cómo va a actuar en el futuro. Le corresponde definir si ese futuro va a ser de colaboración con el Partido Popular, si va a ser de cooperación con el Partido Popular o si va a ejercer la oposición.

Colaborar con el PP sería hacer seguidismo de un partido que ha demostrado estar dirigido por sociópatas y desalmados. Cooperar con el PP sería ser coartada de la derecha para seguir haciendo lo que la patronal manda, que para eso financia.

Ahora se espera del PSOE, esperamos los que somos socialistas, es que haga oposición. Oposición contra una derecha ladrona, corrupta, desalmada.

Ahora se espera del PSOE, esperamos, que rompa su dependencia enfermiza de los medios de comunicación y señale con claridad no que la derecha los haya comprado, sino que se han vendido por un plato de lentejas.

Ahora se espera del PSOE, esperamos, que Sánchez Castejón defienda, si tiene agallas, a los trabajadores, a las clases trabajadoras, que el PSOE recupere la lucha de clases como objetivo político y no nos venga con monsergas de que es un “partido de gobierno”.

Ahora se espera del PSOE, esperamos, que su nuevo Secretario General sea, sencillamente, socialista.

Pero, desgraciadamente, la realidad, los gestos, las poses, la dependencia que se constata del “qué dirán”, del “cómo me sacarán”, no hacen albergar ninguna esperanza.

Solo desearía estar equivocado.

Vale.