El pasado mes de julio, el senador designado por la Asamblea de la Comunidad Autónoma de Extremadura José Antonio Monago preguntó, como ya hizo en 2009, sobre la situación del Acuartelamiento de Santa Ana y la previsión de ubicar en él un Regimiento de Ingenieros. La respuesta, entonces, citaba el Protocolo General de Intenciones suscrito entre Ministerio de Defensa, Junta de Extremadura y Ayuntamiento de Cáceres, y admitía que el despliegue de la fuerza que figuraba en el RD 416/2006 había sido modificado por la O.M. DEF/3771/2008, y que ya no se contemplaba el traslado del Regimiento de Ingenieros nº 1 de Burgos a Cáceres. También afirmaba el gobierno en su respuesta al senador Monago que “sin embargo, el Ministerio de Defensa ha considerado conveniente realizar la ampliación de terrenos, tal y como se acordó en el mencionado Protocolo, los cuales van a ser útiles tanto al CIMOV nº 1 como a la Unidad que en un futuro pudiera allí ubicarse”.

La respuesta que el Ministerio de Defensa dará a la pregunta formulada en julio de 2010 será básicamente igual, si bien la realidad, en diciembre, varía en cuanto en este mes finaliza la vigencia del Protocolo firmado.

Para dar contenido al Protocolo se hace preciso que se formule un Convenio Interadministrativo, que ha de aprobar el Pleno municipal, para que el Cuartel Infanta Isabel pase a titularidad municipal, previa tasación de su valor, así como se reubique la Subdelegación de Defensa en Cáceres. En caso de que no puede firmarse el correspondiente Convenio, el Protocolo finalizaría su vigencia y los compromisos políticos adquiridos decaerían, tanto los que asumía el municipio, como los asumidos por la Junta y por el propio Ministerio.

En fechas recientes, y tras múltiples contactos y gestiones, encaminadas estas últimas a localizar un inmueble en el que ubicar la Subdelegación de Defensa (paso necesario para dejar libre el Cuartel Infanta Isabel), se encontró la solución y su traslado a un Convenio Interadministrativo.

Ahora toca al Pleno municipal, previo conocimiento por los grupos municipales del documento, por supuesto, pronunciarse, aprobarlo y que las estipulaciones del mismo (disponibilidad de ubicación para la Subdelegación, acuerdo en el valor de tasación del Cuartel, forma de pago al Ministerio de ese valor…) se vayan cumpliendo.

Será difícil, de hecho, ya lo es, por cuanto estamos en período preelectoral y las expectativas de unos y otros pueden dar al traste con el resultado final, de imprevisibles consecuencias.

Para tener en cuenta, un solo detalle: por ley, por imperativo legal, el Ministerio de Defensa no puede ceder gratuitamente ninguna propiedad. No ya que quiera hacerlo o no, no ya que políticamente al partido en el gobierno, ahora el PSOE, hasta 2004 el PP, le interesara, sino que es la ley la que lo establece. Si ahora, en esta larguísima campaña electoral alguien con aspiraciones de gobierno o algún partido con aspiraciones o que haya ejercido responsabilidades de gobierno, pretende hacer demagogia con este tema deberá saber que los riesgos de que el Protocolo no llegue a cumplirse correrán de su cuenta y siempre habrá alguien dispuesto a recordarles la factura. O a recordar la factura de quien, por ejemplo, hubiera hecho dejación de sus obligaciones para con el patrimonio municipal.

Negarse a llegar a acuerdos sostenidos en la legalidad vigente solamente puede hacerse desde perspectivas de ignorancia o de mala fe política y ciudadana.

Vale.

Punto de vista

cercadelasretamas —  diciembre 12, 2010 — Deja un comentario

No soy, ni con mucho, un fotógrafo consumado, solamente alguien que utiliza la cámara digital para captar lo que ve cuando pasea. Me gusta que la fotografía tenga, eso sí, el punto de vista de quien pasea por su ciudad y le gusta verla. A veces, en esos paseos, el punto de vista y el objetivo de la cámara se alían para conseguir perspectivas que cualquiera que pasee, que camine, por las mismas zonas, pueda ver.

A veces, también, me gusta que el punto de vista que la cámara traduce a pixels tenga un punto de intriga para quien la ve, para que se pare a identificar el contenido de la foto e, incluso, que localice desde dónde está tomada la fotografía.

Vale.

A través de varios medios de comunicación (en España, El País), la organización Wikileaks viene dando a conocer un número muy importante de documentos del Departamento de Estado de EEUU. Sobre ellos, muchos comentaristas, tertulianos y similares vienen vertiendo opiniones de todo tipo y sobre las que se echan en falta análisis crítico y, también, el momento en que los documentos se realizaron. Ejemplo: tras la segunda derrota electoral de Mariano Camps, su padrino político dudaba de su valía para ganar unas elecciones. Eso dice el embajador americano de entonces. ¿Diría Aznar lo mismo hoy ante un embajador de una administración americana distinta? ¿El embajador apreció que Aznar descalificaba a Mariano o lo afirmó categóricamente? No dejan de ser opiniones de un embajador de una administración, la norteamericana, nombrado por sus contribuciones a la campaña electoral de Bush, no por pertenecer al cuerpo diplomático.
Cuando el documento corresponde a asuntos como el terrorismo, Al Qaeda, talibanes, islamismo radicial, y otros asuntos del mismo grupo de temas, deberíamos tener en cuenta la incompetencia de los servicios de información estadounidenses, que no fueron capaces de detectar que quienes derribaron las Torres Gemelas se estaban entrenando en su propio territorio y que no han sido capaces de llevar a juicio a los responsables. Otro ejemplo son los informes detallados que Colin Powell exhibió en la Naciones Unidas para decir que Iraq disponía de armas de destrucción masiva, cuando era falso y servicios secretos más serios y eficaces, como los noruegos o los españoles, ya había informado a sus respectivos gobiernos de que no era cierto lo de las armas de destrucción masiva.
Las opiniones de los embajadores no dejan de ser eso, opiniones, no certezas. Cuando el embajador estadounidense dice que el fiscal de la Audiencia Nacional es proclive a que no se persiga a los asesinos (estadounidenses) de José Couso, ¿se está refiriendo a una impresión que el embajador saca de su conversación con el fiscal Zaragoza o a una afirmación rotunda? ¿Qué hizo, en el caso Couso, el fiscal Zaragoza? Y, por último, en el supuesto de que el fiscal actuara en sentido favorable a las tesis yankis ¿el juez admitió su criterio o siguió otro?
Lo relevante no son los cotilleos de un millonario norteamericano convertido en embajador por sus aportaciones económicas a un candidato presidencial, lo relevante es conocer si los hechos relevantes posteriores los confirman y cómo los confirman.
Establecer, sin distancia crítica, que los documentos filtrados determinan los hechos posteriores de un gobierno, incluido el propio gobierno de los EEUU, es un flaco favor a la libertad de expresión. Es cierto que conocer los documentos es muy útil, sobre todo para quienes, en el futuro sean invitados a canapés a las embajadas yankis. A cambio de canapés, el embajador de turno redactará, en exclusiva, una gacetilla para el Hello Yankees!
Y, a todo esto, tanto Wikileaks como los medios que están sirviendo de transmisión de los documentos filtrados señalan que no se utilizarán aquellos que puedan afectar a la seguridad de estados y personas. Y yo me pregunto: ¿durante todos los años de estancia en España del embajador Aguirre, nunca fue entrevistado por ningún medio de comunicación? ¿Nunca ningún director de ningún medio de comunicación español estuvo en la embajada norteamericana? Me parece raro que no fuera así cuando una de las funciones de los embajadores es la de transmitir a la sociedad del país en el que reside las bondades del propio.

Vale.

Ahora que se celebra el XXXII Aniversario de la Constitución Española y que en algunos ámbitos va cogiendo fuerza la necesidad de una reforma, de una reactualización, además del debate sobre la forma de Estado, conviene recordar que en estos años se ha sucedido múltiples reformas al amparo de la Carta Magna, en todos los sectores sociales.
Muchas de esas reformas, sobre todo las circunscritas a los ámbitos sociales, económicos, culturales, etc. se vienen manifestando como la realidad de haber alcanzado muchas metas que la dictadura franquista taponó en la homologación con los países de nuestro entorno.
Hay ámbitos en los que las reformas no se han llevado a cabo, dado el poder fáctico (todavía, sí) que detentan (ver en el diccionario la diferencia entre ostentar y detentar) amplios sectores. Por ejemplo, la Iglesia Católica y la Justicia. La necesidad de una reforma en profundidad de las relaciones entre el Estado y la confesión religiosa de mayor implantación nominal en el territorio se hace cada día más evidente. Si la religión, que es una creencia íntima e individual, se coloca en el espacio propio de la Constitución, la mayor implantación nominal disminuiría. Ahora, la práctica de la religión católica es gratuita (las limosnas del cepillo, las donaciones y demás elementos similares no cubren, ni con mucho, la nómina que perciben los curas ni los obispos). En el momento en que la Iglesia Católica hubiera de sostenerse con las aportaciones de sus fieles, sin la más que generosa aportación del Estado, el número real de quienes practican la fe católica disminuiría.
En cuanto a la Justicia, es clarificador un comentario que realiza el embajador yanqui Aguirre en uno de sus famosos cables puestos al descubierto por http://www.wikileaks.org. Afirma el embajador, más o menos, que afortunadamente la Justicia es uno de los sectores que pervive sin reformas desde el franquismo. Por supuesto, el embajador Aguirre, nombrado para tal cargo por ser amigo y donante electoral a las campañas del culto presidente Arbusto, digo Bush, es republicano y, seguramente ahora, sea miembro activo del Tea Party.
Hay otros sectores, en cambio, en los que las reformas han sido profundas y han conseguido grandes avances en cuanto a la calidad de los servicios que se prestan y a la capacidad de su ejecución. Pero que en lo atávico, en lo profundo, siguen chirriando esos cambios y esas reformas. Me refiero al Ejército. Decía el general Faura, al abandonar el cargo de jefe del Estado Mayor del Ejército, que coincidió con la plena profesionalización de las FAS, que se había cambiado el modelo, pero que ahora quedaba lo más difícil, que costaría mucho, y es cambiar las mentalidades.
Muchos militares se aferran a las tradiciones (y cuando digo tradiciones, me refiero a las vinculaciones mucho más que formales, entre la milicia y la iglesia jerárquica) para combatir las decisiones que desde el Gobierno, a quien corresponde la dirección política de la Defensa, se adoptan. Así, tratar de separar los actos religiosos de los militares, o viceversa, supone, cada vez, un enfrentamiento, duro, jaleado especialmente por la extrema derecha que se sirve de medios cuyos propietarios son ultraconservadores, cuando no claramente fascistas. Es una muestra más de la dificultad de cambiar de mentalidad. El Estado español es, por definición constitucional, aconfesional (que es un concepto distinto de estado laico). Y, por tanto, el ejercicio público de la acción estatal, en todas sus vertientes, debería responder a esa aconfesionalidad.
No sucede en muchos cuarteles que se pueda diferenciar esa aconfesionalidad a la hora de realizar actos castrenses. Pero está más larvado aún ese atavismo religioso cuando el mando que ejercer en un recinto militar es activista religioso. En este caso, su activismo religioso preside, incluso, su agenda, de manera que cualquier actividad, por nimia que sea, que se desarrolle en el ámbito local donde está asentado el recinto, cuenta con su presencia destacada. Y muchas veces, en correspondencia con esa deferencia que iglesias, cofradías y similares tienen con el determinado mando, éste agasaja, en sede militar, y por tanto, en recinto de titularidad estatal, a los directivos de las cofradías, hermandades, etc.
Incluso, en los protocolos oficiales figuran los mayordomos y cofrades significados en lugares preeminentes, haciendo esfuerzos para lograr su asistencia, en tanto que la asistencia de autoridades civiles, políticas o administrativas, es menos considerada.
Vale.

Parece que Wikileaks está convirtiéndose en un nuevo dogma sin que se analicen algunas cuestiones.
Por ejemplo, ¿por qué un embajador se interesa porque un país amigo, aliado o socio, adjudique un contrato a una empresa del país que representa? Muy sencillo, si no lo hiciera, estaría haciendo dejación de sus obligaciones. Un embajador no representa al gobierno, representa al país, ni siquiera al estado. Los embajadores que nombra el gobierno lo son para ejercer sus funciones en representación del Reino de España. Lo grave sería que el interés del embajador correspondiente se tradujera en una lesión de los derechos del país en que reside.
Abengoa, ACS, Acciona… están pugnando en los EE.UU. Por la adjudicación de diversos contratos, como energías alternativas, alta velocidad ferroviaria. ¿Qué debe hacer el embajador? Según los dogmáticos, seguidores y fieles de Wikileaks, nada. Ni interesarse por los intereses de las empresas españolas ni informar al gobierno.
Cuando el embajador Aguirre, de los USA, nombrado por Bush, informa de una reunión o cena que ha tenido con el expresidente Aznar, informa al Departamento de Estado será porque es relevante para los intereses americanos. Que diga que Aznar no confía en Rajoy puede ser un chascarrillo… o no, pero para el presidente Bush, con tan buena relación con Aznar, puede serlo. También, cuando el embajador USA informa sobre el contrato del motor de una serie de helicópteros, a la que opta una empresa USA, General Electric, y se refiere a la buena disposición del presidente del gobierno de España, está cumpliendo con su obligación. Otra cosa es que ese contrato se adjudicara de modo ilegal… cosa que no ha sucedido, porque si no los competidores habrían acudido a los tribunales.
Wikileaks ofrece una serie de documentos. Quienes los distribuyen, determinados medios, están obteniendo buenos beneficios con el aumento de difusión ¿cuánto habrán pagado, a modo de donación, a la altruista organización de Assange? Porque gratis, no creo que haya sido la selección.
Por otra parte, es habitual, dentro de las funciones del embajador, mantener buenas relaciones con los medios de comunicación del país en que tiene su legación. Así, no es extraño que pueda reunirse con los directores de los medios de mayor difusión. Así obtiene información de primera mano sobre la imagen de su país en los medios y consigue, o debe conseguir, que ese medio “conozca” mejor a su país. ¿Por qué no ha aparecido ningún cable de reuniones, entrevistas, conversaciones, por ejemplo, del embajador Aguirre, de los USA, con medios españoles?
La aldea global en que la red se ha convertido, está convirtiéndonos en aldeanos, en el sentido que este término tenía en el siglo XIX. La contundencia de los documentos distribuidos por Wikileaks tienen la importancia de poner al descubierto la diplomacia de los EEUU, y de paso, la de todos los países que aparecen en los famosos cables. Asistimos al espectáculos como aldeanos del siglo XIX, estupefactos, con la boca abierta, y pensando que Wikileaks transmite un mensaje nuevo.
Sin embargo, para mí, sigue siendo un misterio la escasa o nula importancia que se le está dando al cable que tendría las claves de todos los 250.000 difundidos: “An wild wedding in Dagestan”.
Vale.

La gran importancia de los cientos de miles de cables diplomáticos publicados por diversos medios, escogidos, tras su obtención por Wikileaks, abre múltiples debates. Sobre la seguridad de las redes públicas, sobre la seguridad de la información sensible de los gobiernos (Wikileaks parece que publicará información sobre bancos), sobre el propio contenido de los cables y el funcionamiento de la diplomacia internacional. Poco a poco, también va tomando algo de fuerza, poca, es verdad, el debate sobre el periodismo de investigación.
Como mi blog es en castellano y mi interés personal está en mi país, me referiré a lo que pomposamente se llama periodismo de investigación, que salvo honrosas y muy importantes excepciones, no es más que un mercadeo económico para pagar confidentes, chivatos y similares. En muchos casos, ese presunto periodismo de investigación vende mercancía averiada y otras la mercancía no es más que el chantaje del chivato de turno. Ejemplo de esto último es el fabuloso ejercicio de autobombo de Jatapedro con sus pagos (¿con IVA o sin IVA?) al policía que “trabajó” en el Batallón Vasco Español y después le cambió el nombre a la franquicia. Aquello no era periodismo de investigación.
Ahora, Wikileaks, una organización (¿inocente, ingenua, altruista?) que ha designado determinados medios de comunicación (New York Times, The Guardian, Le Monde, El País…) para dar publicidad a los miles de cables diplomáticos que ha obtenido. La fuente de los documentos publicados no ha sido obtenida por El País ni ninguno de los otros medios elegidos, ha sido obtenida por Wikileaks sin que se tenga la más mínima idea de cuánto ha pagado Wikileaks a dichos medios (por supuesto, la entrega no ha sido gratuita, no es creíble), ni tampoco cuál ha sido el medio de obtención por la red sueca, ni cuánto ha pagado por la información (tampoco es creíble que la haya obtenido hackeando páginas web, porque el agujero ya habría sido tapado por los administradores de las páginas presuntamente violadas).
No se trata en modo alguno de matar al mensajero (creo que la información que se publica es muy importante para los ciudadanos a los que nos interesa cómo se ejerce el poder y cuáles deben ser sus límites y sus contrapoderes). Pero la opacidad de Wikileaks parece total (un ejercicio notable de periodismo de investigación sería, precisamente, poner negro sobre blanco, cómo funciona ese portal, cómo y quien lo administra, cómo y quién añade información al mismo…) y en materia de ejercicio del poder la transparencia ha de ser un valor frente al oscurantismo, y también debe serlo en la prensa (o debería serlo desde el punto de vista romántico, pero los medios de comunicación, como Wikileaks o El País, The New York Times, Le Monde, son empresas, y las empresas no son nunca románticas: están para ganar dinero).
La sensación que se obtiene de cómo se ha producido la filtración desde Wikileaks a medios seleccionados, del contenido de los mensajes, del oscurantismo del filtrador, no es otra que una cuestión superficial, banal. En realidad, este asunto se ha hecho estallar para dar validez absoluta y universal a una afirmación pocas veces probada como en este: el medio es el mensaje.
Wikileaks, el medio, transmite el mensaje de que a través de la red puede destruirse lo que se quiera, u obtener todo el poder que se quiera.
Al final, Wikileaks se ha convertido en el primero Rosebud potente de la era digital. Nada más, no hay nada más allá.
Vale.

Días atrás, la ministra Sinde, equivocadamente, dijo que sobre el asunto del Sáhara no opinaran quienes no son expertos. Se refería a unas declaraciones de Javier Bardem, quien se manifestó acompañado del defensor del derecho a la libertad de información González Pons. La ministra se equivocó. Cualquier ciudadano tiene derecho a opinar, a expresar su opinión.
Lo que no puede ni debe permitirse es que las informaciones, lo que es información pura y dura, la transmitan quienes no conocen los asuntos o quienes, de modo inmisericorde son intoxicados por quienes, conociéndolos, venden “informaciones” pestilentes.
Esto ha sucedido estos días en Cáceres con un asunto del ámbito de la Defensa, en concreto, sobre un asunto del Ejército. Los periodistas locales bastante tienen con saberse los pasillos del Ayuntamiento, o con saber dónde toman café algunos concejales, los que de verdad manejan los asuntos. O con acceder a las ruedas de prensa en las que les venden el material que a cada grupo político le interesa. Con ese material, componen sus informaciones, que, al tratarse por lo general de asuntos de poca importancia (lo más que dan es para algún comentario digital vomitivo), no tienen repercusión ni se aprecia la poca calidad de la información.
Esos periodistas locales, cuando se encuentran con asuntos complejos, con temas que no son del común diario ni, mucho menos del común conocimiento, se ven envueltos en trampas que son clamorosas. Así, en un comunicado de ¿prensa? reciben la “información” de que Cáceres va a contar con una Academia General de Tropa, una de las dos que habrá en España. Y los periodistas, ignaros del material averiado que les venden, lo publican. La responsabilidad de la avería queda, por tanto, en el hato del periodista y no en el hatillo de quien se la vende.
Estos asuntos militares van más allá de las batallitas de la mili, en los casos de periodistas que “se hicieron hombres” marcando el caqui. Cuando la información le toca a una periodista, o a un periodista que “cumplió con ¡España!” porque se hizo objetor, la cosa empeora.
Las “informaciones” publicadas en el día de hoy en los dos periódicos regionales de Extremadura son noticias averiadas en el origen, y su avería no debe quedar en el debe de los periodistas que las publican, sino en el “matón del word” que se las envió.
Vale.

Es común escuchar en cualquier conversación que el tiempo pasa volando, “más que antes”. Y también es una realidad que las informaciones, las noticias se tienen “en tiempo real”. Estas dos maneras de relacionarnos con el tiempo cronológico, nos está llevando a una imperceptible pero peligrosa carrera en favor de la sincronía, y en contra de la diacronía. En la práctica, nos encontramos con las excusas perfectas para renunciar al pasado cuando nos conviene.
Ejemplos claros los tenemos a diario. En España, la forma y los contenidos con los que los medios de comunicación tratan el asunto de la inmigración, se transmite (¿o viceversa?) a la calle. Así, en las noticias sobre inmigración se aprecia el olvido consciente de que nuestro país ha sido un país de emigrantes, y esas noticias se suelen reforzar con encuestas de calle en las que ese olvido consciente se retroalimenta con las informaciones. ¿Cuántas veces se ha preguntado, en esas encuestas de calle, a los ciudadanos si ellos son emigrantes o tienen familia que lo sea o lo haya sido?
Cuando el burgués Puigcercós suelta algún disparate catalanista en contra de andaluces o extremeños, sabe que en su electorado no tendrá más efecto que el refuerzo de sus posiciones. Sabe que los emigrantes andaluces o extremeños no le votarán nunca. Cuando Alicia Tres Machos se dedica a la caza de inmigrantes ilegales, sabe que su electorado no se lo reprochará. En Cataluña, hay emigrantes andaluces y extremeños de primera y segunda generación que votan a la derecha olvidando que fueron allí no por propia voluntad, sino por la habilidad de la dictadura franquista que realizó un Plan de Estabilización que supuso una auténtica limpieza étnica en regiones como Andalucía y Extremadura.
La mala memoria de algunos políticos, que se apoyan en campañas de marketing que saben que el aquí y ahora es lo importante, que es lo único, tiene, en casos como el de Puigcercós la mala conciencia de pertenecer a la burguesía catalana beneficiaria de la dictadura franquista, y en el de Alicia Tres Machos, la mala conciencia de ser heredera social, moral y económica de esa dictadura, y de querer seguir disfrutando de esa herencia.
Quienes tienen mala memoria selectiva en realidad lo que tienen es mala conciencia que esconden en apariencias democráticas (los que trabajan algo) o en la indolencia absoluta de quienes no han trabajado nunca y se pasan la vida tumbados en la chaisse longe fumándose un puro.
Vale.

De rigor: Marruecos no puede violar los derechos humanos. Y si lo hace, debe ser condenado. Los saharauis tienen el derecho a exigir la autodeterminación. España, el gobierno español, debe actuar de acuerdo al derecho internacional. La libertad de expresión ha de ser salvaguardada. Si se me olvida algún grito de rigor, añádase.
Ahora bien, como ya he señalado en alguna entrada anterior, me parece vergonzoso, cínico e hipócrita que los continuadores políticos, morales y económicos de la dictadura franquista pretendan ahora exigir al Partido Socialista lo que ellos nunca harían y lo que sus antecesores políticos, morales y económicos nunca hicieron.
La memoria histórica es también muy necesaria en este caso. La represión, la dura represión que las FAR (Fuerzas Armadas Reales) marroquíes desarrollaron el Rif en la segunda mitad de los años 50 fueron dirigidas por un general de Franco, que había sido Capitán General en La Coruña y Canarias, y que desde 1968 hasta 1975 fue embajador del rey marroquí en Madrid. Aquel general de Franco era Mizzian, apodado en la guerra civil “el exterminador”.
La memoria histórica también es muy necesaria para que la derechona que preside Marianito Camps condene la actuación de la dictadura franquista en la descolonización del Sahara, que concluyó con el abandono a su suerte de los saharauis en 1975, y que tuvo episodios como el de Cabo Juby, en el que se dio el caso de que la guarnición militar española se enteró que tenía que abandonar… por la radio. A la entrega de Cabo Juby también acudió el general Mizzian, el moro exterminador tan amigo y protegido de Franco, en un avión pilotado por un capitán… español.
La vergonzosa e impotente (obvio, ¿no?) actuación del franquismo en la descolonización es el origen de la situación actual, en la que son exigibles al gobierno español los gritos de rigor del principio de este post, pero para lo que la derechona no está legitimada ni ética, ni políticamente mientras no condene la dictadura.
Y eso no lo hará, porque para ellos sería como matar al padre. Y el padre todavía pesa mucho en sus Vale.

El conocido gurú periodístico local, J.R. Alonso señala en su artículo dominical que Cáceres, tras el cierre del Gran Café, es la única ciudad que carece de un café de referencia. Muchas veces, el gurú de la “ciudad feliz” o de la “generación womad” acierta en sus reflexiones sobre la ciudad, sobre todo, porque el provincianismo es un modo de ser y estar inmutable en el tiempo y perceptible a simple vista.
Pero es ese provincianismo el que mejor define la “sensible pérdida”. En realidad, el periodista no echa en falta un café emblemático, sino que la nostalgia le puede y echa de menos ese punto de reunión caciquil que en su día fueron los casinos y que después fueron las cafeterías. La de Jamec, en Pintores, por ejemplo, era emblemática por su situación, por su tamaño y porque los señoritos viejos verdes se sentaban en las mesas junto al ventanal para ver pasar a las niñas de La Laboral. Eso era lo emblemático.
El Gran Café ha sido novelado, sí. Ha sido emblemático, sí. Pero entre sus paredes nunca ha sucedido algo que no fueran negocios sociales y económicos de la burguesía.
Cuando en una capital provinciana se echa en falta algo como el Gran Café, es la burguesía local la que lo nota. Y los arribistas, los aspirantes a ser burgueses dignos de que sentados en una mesa, casi de rincón, sean objeto de miradas envidiosas y deseosas de saber qué clase de negocio manejan.
Yo no lamento la pérdida del Gran Café si no es por los puestos de trabajo que cierra. Y, dicho esto, desearía que fuera verdad, que no lo va a ser, que en ese local abrieran un chino. Sería el final de la ballena engullidora que está arrasando con el “comercio tradicional”, ese comercio tan tradicional que ha sido heredado de padres a hijos, pero que los hijos, más interesados en la mesa “medio de rincón” del Gran Café, no han sabido mantener.
Vale.