Archivos para El Pais

Ayer, 17 de marzo, el diario El País hacía público un vídeo en el que un grupo de militares, al parecer pertenecientes a la Agrupación “Plus Ultra”, patea a unos irakíes detenidos en la base de Diwaniya. El vídeo es la muestra de un comportamiento execrable, cuyos responsables por acción (los ejecutores de la agresión), por omisión (los que no pusieron los medios para evitar que se produjera la agresión) y por complicidad (los que, si conocieron los hechos, no adoptaron las decisiones de mando que correspondía tomar).
También ayer, cuando el asunto comenzó a tomar cuerpo en la red, especialmente en twitter y facebook, se pudieron apreciar dos cuestiones que conviene diferenciar para colocar el asunto en sus justos términos. En primer lugar, la información pura y dura, y, en segundo lugar, la cascada de estereotipos y lugares comunes.
En el primer caso, la exclusiva de Miguel González, periodista de El País especializado en cuestiones de Defensa y Seguridad, no es, propiamente, una exclusiva ex nuovo, sino la continuación de múltiples noticias publicadas en dicho medio desde la muerte de 7 agentes españoles del CNI en un atentado en Irak, la guerra de Irak en la que el irresponsable Presidente del Gobierno, José María Aznar, y sus ministros y diputados aplaudidores, metieron a nuestro país. De aquel ataque que sufrieron los 7 agentes del CNI resultó la detención del iraquí Al Mayali, que trabajaba de traductor de español. Al Mayali fue detenido por las tropas española, y entregado posteriormente a la autoridad militar norteamericana.
Una de las primeras crónicas sobre Al Mayali que llegó a España fue la remitida por el periodista Gervasio Sánchez y publicada en El País en 2004. Desde entonces, fueron bastantes las informaciones publicadas por dicho medio, entre ellas, las peticiones de Al Mayali de que fuera investigada su detención y también las torturas que le fueron infligidas.
Ayer, con la publicación del vídeo, el periodista Miguel González destacaba en su cuenta de twitter que era la primera vez que existían pruebas de lo que reclamaba Al Mayali, y que lo había hecho incluso por la vía de Amnistía Internacional. Con independencia del modo en que González haya tenido acceso al vídeo, se trata de un testimonio informativo de primer orden. A esta exclusiva respondió, también por twitter, el periodista Gervasio Sánchez, que acusó a El País y a Miguel González de cierta hipocresía, al haber publicado la información 9 años después de que ocurriera. La red se convirtió en un rifirrafe entre ambos periodistas, sumando adeptos en mayor número Gervasio Sánchez, extraordinario profesional, que trabaja de freelance, frenta Miguel González, también reconocido profesional, pero en la plantilla de El País (mejor dicho, todavía en la plantilla del periódico de PRISA).
De esta polémica resultamos ganadores los que buscamos información. Y la encontramos en las múltiples crónicas sobre el asunto publicadas en El País, y los datos “contra crónica” que mueve Gervasio Sánchez.
En el segundo caso, la cascada de estereotipos y lugares comunes sobre torturas, maltratos, fuerzas armadas y soldados en un país como el nuestro en el que la memoria colectiva de un ejército intervencionista no ha desaparecido (como tampoco ha desaparecido el franquismo sociológico que permite que esté gobernando un partido fascista con mayoría absoluta). Sobre estos estereotipos o lugares comunes nada que objetar. La realidad, sin embargo, es otra.
Los hechos denunciados por El País requieren, ya lo hemos dicho, investigación y castigo con agilidad y transparencia. Porque de una adecuada gestión de estos hechos conocidos ahora dependerá que muchos estereotipos puedan caer. Quien más interesado debe estar es el Ejército de Tierra. La Agrupación “Plus Ultra” estaba compuesta en su mayoría por efectivos de la Brigada Mecanizada XI, de la Base General Menacho, en Badajoz. El jefe de la Agrupación era el General de Brigada Fulgencio Coll, al mando de la BRIMZ XI y que tuvo a su cargo, posteriormente, la creación de la UME y ascendió al cargo de Jefe del Estado Mayor del Ejército (JEME).
La investigación debe ser transparente, ágil y alcanzar a todos los comportamientos, no solamente este caso, si los hubiera, porque será el camino para que quienes tienen marcados elementos en absoluto veraces ni reales, puedan tener la tranquilidad de que los hechos se castigan, y que se ponen los medios para evitar que se repitan.
La realidad, para quienes tenemos algún conocimiento del trabajo que hacen las fuerzas armadas españolas en las misiones internacionales es de un comportamiento general justo, eficaz y que tiene el horizonte del respeto a los derechos humanos marcado en todas sus instrucciones.
Esperar a una investigación “siguiendo los caminos del conducto reglamentario” será el pasaporte definitivo a consolidar estereotipos y tópicos que tanto perjudican el trabajo de los soldados. Hacer que la investigación sea rápida, eficaz, transparente y real será una vacuna doble: contra nuevos accesos de maltratadores y para poner sordina a tanto daño nacido, en muchas ocasiones, de la falta de información.
Vale.
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El diario El País publica un extenso informe sobre la caída de la “producción” de la industria de la cultura en España como consecuencia de la situación general de crisis económica, agravada por la decisión del gobierno del Partido Popular de aplicar a la cultura un IVA del 21% (http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/01/09/actualidad/1357761659_022842.html

Hacia final del año 2012, el “mundo de la cultura” en Cáceres se vio sacudido por la decisión de Caja de Extremadura de retirarse con sus fondos de Obra Social del apoyo y patrocinio de actividades culturales, comenzando por su salida del Consorcio Gran Teatro, responsable, entre otros acontecimientos, del WOMAD. El presidente del Ateneo de Cáceres, Esteban Cortijo, señalaba este abandono de la entidad de ahorro y de las consecuencias que podría tener en un artículo publicado en un periódico local. 

La situación general a que se refiere El País incide, si cabe, aún más en la situación en la que las actividades culturales habían quedado en Cáceres. Muchos de los artistas, gestores, animadores socioculturales, la mayoría, casi, han quedado como las tortugas cuando se les da la vuelta sobre su caparazón y son incapaces de retornar a su posición normal en mucho tiempo para continuar su camino. 

El páramo cultural se extiendes, la desertización avanza y en ciudades como Cáceres quedaremos huérfanos, viendo en los “medios” de comunicación que las referencias culturales son las procesiones de semana santa y las cofradías. Y poco, muy poco más. 

A ello hay que añadir el lastre que supone en una pequeña capital de provincia que “los artistas” viven encerrados en su mundos, en sus mundos particulares, que hasta hace poco eran los de Yupi y que ahora son mundos inertes, tristes (más todavía) y sin futuro. 

Esos mundos de Yupi que en los últimos años han servido para que algunos, arropados en una especie de sociedad de socorros mutuos, en una camarillas tan secretas como estériles, parecieran asemejarse a artistas y creadores pero que con la ausencia de fluido monetario, escaso pero seguro, se llamaban creadores y ahora, cuando ya no se atisba ni un hilillo de ese fluido, adormecen su espíritu creador, acosados por una parálisis imaginativa superlativa y esperan, como las tortugas, que una cuenta corriente amiga les dé la vuelta y les recuerden que son creadores. De nada, pero creadores. 

Siempre ha sido un tópico en España, en la vieja España, que la miseria ha sido el origen de las más altas cumbres creadoras. Un tópico. La miseria, en cultura, solamente produce más miseria. 

Las capillitas locales, esas camarillas que pululan en torno a un “animador sociocultural”, sea blanco o negro, pero agraciado o agraciada con un presupuesto público, se han escondido, agazapadas, esperando que algún político con mando en plaza mueva un dedo. Entonces, saldrán de sus madrigueras, como hienas (esos animales que comen carroña, están en celo sólo una vez al año y encima se ríen, no se sabe por qué) para despedazar las dádivas y a quienes se acerquen a ellas. 

Mientras, la cultura que veamos o que nos quieran hacer ver será aquella que salga de las sacristías y cenáculos similares. 

Vale.

Cuando alguien me comenta alguna información política (normalmente contra la izquierda), siempre le pregunto: ¿en qué cadena has visto eso?

Son cada vez más los periodistas que van sumando sus blogs personales a ese mundo tan aparentemente antiguo (parece que lleva con nosotros desde siempre) y tan actual como es internet. Y también son cada vez más los periódicos que se crean para la red, exclusivamente para la red. Esta red, tan expansiva, es la que nos está permitiendo asistir en primera persona a la evolución de una profesión, la periodística, que, en su concepción tradicional, la del papel, la de la radio y, también, la de la televisión (los tradicionales “medios de comunicación”) ha derivado en un mercado económico, en un “modelo de negocio” que es radicalmente incompatible con el concepto tradicional, romántico, del periodismo y de los periodistas.
Algunos de esos medios tradicionales conservan en sus columnas de prensa o en sus videoblogs algunos “ejemplares” (perdón) de muestra de lo que fue el periodismo, de lo que fue la prensa, de modo singular en los años 70-80 en España. Hoy, no existen periodistas, hoy, los medios de comunicación no quieren ni necesitan periodistas, quieren gente que ponga su nombre y firmen lo que la empresa editora quiera que publiquen. Quizás siempre fue así, pero recordar algunas páginas de El País de 1980, o de Diario 16… no lo parece.
Hemos pasado de periodistas que escribían en prensa o de radio a licenciados en Periodismo o en Comunicación audiovisual que trabajan (en el sentido más “manual” del término) en periódicos o en emisoras de radio o en cadenas de televisión.
Hemos pasado de empresas editoras de periódicos a grupos de periódicos editados por empresas periodísticas. Y de ahí, a grupos de empresas periodísticas unidas por exclusivos y excluyentes intereses económicos. Para llegar, finalmente, a un panorama editorial de prensa (escrita, radio, televisión y digital) en el que predominan los oligopolios económicos ajenos a la profesión periodística con la que, todavía, muchos jóvenes sueñan en las clases de periodismo.
Las sociedades mercantiles que cotizan en el IBEX 35 poseen “participaciones significativas” en grupos de comunicación. O grupos de comunicación que diversifician tanto su negocio que producen paradojas aparentes. Valga como ejemplo el caso reciente de la absorción de La Sexta y sus canales de TDT por el Grupo Planeta, de José Manuel Lara. Ello da como resultado que la misma empresa, el mismo holding edite un periódico claramente profascista como La Razón y “permita” informativos de aparente significado izquierdista como los de La Sexta. Ya sucedió con el mismo grupo cuando editaba en Madrid La Razón y en Catalunya Avui.
Al empresario dueño del Grupo Planeta, un señor muy de derechas, le da igual la línea “editorial” de La Sexta. Es más, le viene bien para el negocio, por cuanto con los informativos (a veces hay que decir “los informativos o lo que sea eso”) de Antena 3 capta un determinado target de clientes (y en función de ese target, un determinado volumen de publicidad), y con los de La Sexta, sus clientes pertenecen a otro segmento. Al final, el grupo suma. Y lo que le interesará será la cuenta de resultados. Si ve que el negocio flaquea por alguno de los flancos, se corta.
En esta situación, el periodista, el transmisor de la información y de los contenidos es lo de menos. Es un empleado al servicio del patrono, o, como mucho, un empleado al que el patrono “permite” ciertas libertades. Y si el negocio no renta lo suficiente, plantea un ERE, despide a los que le sobren hasta cuadrar el balance. Los periodistas son, en el balance, un número que a veces da bien en pantalla o atrae comentarios elogiosos en la columna de prensa.
Otra situación que se da, derivada de las participaciones significativas de grandes empresas en grupos de comunicación, es la ausencia significativa de determinados aspectos de la actualidad en según que fuentes de información. Y esas participaciones significativas pueden ser de inversión directa en el capital social o pueden ser, incluso, propiedades completas de medios que finalmente sirven a los intereses de los propietarios.
En ambos casos, grupos de medios de comunicación como el Planeta, o grandes sociedades mercantiles propietarias de grupos de comunicación, lo que hacen es buscar los mecanismos de poder, de detentar el poder. Y el poder, en una sociedad capitalista, es el dinero, al que sirven y del que se sirven. Y ese poder, políticamente, es la derecha.
En España no existe en estos momentos, ningún atisbo de libertad de prensa, no existen los periodistas. Se editan periódicos, se retransmiten informativos de radio o televisión, pero todos al servicio del poder, de sus propietarios. Ahí, los periodistas dejan de existir para ser, les guste o no, correa de transmisión de los intereses económicos de los dueños, de los propietarios.
Ello conduce a un monopolio político, ideológico, que trata de perpetuarse. A los intereses de las grandes corporaciones económicas, lideradas por los bancos, les interesa un poder político débil, a su servicio. Un poder político con falta de ambición por hacer de la política y las instituciones constitucionales el origen y el fin de los mandatos ciudadanos. Al poder económico le es muy útil tener a su servicio a políticos inanes como Mariano Rajoy, a cuyo servicio ponen a los medios de comunicación de los que son dueños.
Solamente quedan, para los ciudadanos, las pantallas de los ordenadores, internet, que, hoy por hoy, es un atisbo solamente de diversidad y de capacidad crítica frente al poderoso medio de alienación que es la televisión.
En todo este conglomerado, leer el blog de un periodista en el que expresa libremente sus opiniones (con las que se estará o no de acuerdo) y ver a periodistas vertiendo mierda y basura por pantallas de televisión, hace pensar que no son la misma profesión. O ver a periodistas, dicen ellos, acudiendo a pseudodebates al servicio de empresas de Berlusconi o Lara llena de desazón a quienes, recordando las imágenes de la voladura del Diario Madrid, llegamos a pensar que algún día, la libertad de prensa nos ayudaría a ser más libres.
Sólo un detalle, un apunte de cuál es la realidad de los medios de comunicación y de la prensa en España: ¿alguien recuerda que algún periódico, alguna cadena de radio o alguna televisión haya criticado alguna vez a El Corte Inglés, cuya expansión en centros comerciales en todo el país se ha hecho en gran medida sobre la base de recalificaciones urbanísticas de dudosa legalidad?
Vale.  

Decía en mi entrada en este blog de 29 de junio que para saber, definitivamente, el futuro del Centro de Formación de Tropa número 1, Cefot de Cáceres, habría que estar atentos al calendario de decisiones de política económica que faltan. Una de esas decisiones era el techo de gasto que el Gobierno propondrá al Congreso de los Diputados. Algo que debió hacerse antes del 30 de junio, pero que la intervención de nuestra economía por la Unión Europea ha retrasado casi un mes… el tiempo que se ha tardado en dar instrucciones al que dicen gobierno de España.
El viernes, 20 de julio, el gobierno dio a conocer el techo de gasto para 2013, que será mayor que el de 2012 (por el incremento del coste de la deuda), pero que en realidad supone una disminución superior al 6% en el gasto general del conjunto y que para los Ministerios supondrá un recorte real medio de otro 12,2%.
La decisión de “cierre temporal” de la Academia de Suboficiales de Talarn y del Cefot de Cáceres, entre otras cuestiones, fue explicada en su momento por los recortes presupuestarios. Recortes que se han plasmado en la Ley de Recortes, digo de Presupuestos Generales del Estado para 2012, aprobada en junio pasado y que incluían la disminución de 83.000 a 81.000 los efectivos de tropa y marinería. Con esta ley y con el RDL de recortes salvajes de julio, se ha esfumado cualquier posibilidad de que en lo que resta de año se lleve a cabo ninguna convocatoria de plazas de soldados, “materia prima” necesaria para el funcionamiento del Cefot de Cáceres. Incluso, la situación de cierre temporal puede ser la causa por la que el examen de ascenso a cabo, convocado para diciembre, no se celebre en las instalaciones del Campamento de Santa Ana.
Corresponde, debería corresponder, a los dirigentes políticos (el personal militar tiene limitada su capacidad de “reivindicación”) locales, provinciales y regionales del partido que sustenta al gobierno de la nación, hacer las gestiones necesarias para que los recortes que se desprenden del techo de gasto aprobado no terminen finiquitando (como sin duda parece ser la solución final) la continuación del Cefot.
Además, al techo de gasto tan recortado que la Unión Europea a ha obligado al Gobierno de Rajoy a adoptar, hay que añadir las previsiones del documentos “Visión 2025”, elaborado por el JEMAD (Jefe del Estado Mayor de la Defensa) a petición expresa del Ministro. El documento, filtrado (¿interesadamente, para ir allanando el camino?) a El País, y publicado coincidiendo con la comparecencia del Ministro Morenés en el Congreso para informar de la nueva directiva de Defensa, ha sido elaborado por el JEMAD con las informaciones facilitadas, a su vez, por los JEMES de los Ejércitos de Tierra y Aire y por el Almirante General de la Armada.
Las previsiones del documento “Visión 2025” cifran en 20.000 los efectivos (15.000 militares y 5.000 civiles) que deberá suprimir el Ministerio. Según los publicado por el periodista Miguel González, en El Pais, la mayor sangría de personal se llevará a cabo en el Ejército de Tierra, unos 10.000 efectivos. Desde el punto de vista económico (que es de lo que se trata) la mayor disminución, para que sea efectiva, deberá darse en la tropa, entre otras razones porque los mandos son funcionarios y sus retribuciones han de mantenerse, en activo o en la reserva. La alarma causada por la publicación del informe “Visión 2025” ha sido evidente en el ámbito del Ejército de Tierra. Si, como se dice en dicho informe, se disolverán dos brigadas (para entendernos, en Extremadura está la Brigada Mecanizada XI), el número de soldados va a disminuir, y las necesidades de formación de nuevas incorporaciones lastran, de modo definitivo, el futuro del Cefot.
En este panorama, el clamoroso silencio del presidente de la Junta de Extremadura, José Antonio Monago, o del presunto número 3 de la dirección del Partido Popular, Carlos Floriano, son la muestra, la prueba del 9, de que ni quieren defender la continuidad del acuartelamiento de Cáceres, ni pueden. Que no quieran es una decisión personal, pero que no puedan es el sello que fija su incompetencia y su falta de compromiso con la ciudad de Cáceres. Nada puede esperarse de estas dos personas, que carecen de mérito y capacidad para conseguir que el Cefot de Cáceres continúe.
En un segundo escalón de responsabilidades políticas están dos alcasenadores, Elena Nevado, de Cáceres, y Alberto Casero, de Trujillo. La primera, cuando fue informada del cierre por la Subsecretaria de Defensa en 5 de marzo de 2012, calló la información, y solamente cuando tres semanas después fue publicada por El Periódico Extremadura, se sorprendió y reaccionó impulsando lo que en su día fue la plataforma pro-Cimov. Pero lo hizo en defensa propia, como barricada. La pancarta que aún cuelga del balcón de su despacho en el Ayuntamiento es la prueba irrefutable de su incapacidad para haber resuelto favorablemente la continuidad del Cefot. Su condición de senadora debería haberla utilizada para presentar iniciativas parlamentarias que garantizaran el futuro del Cefot. Pero las 225 familias que tienen en el Campamento de Santa Ana su puesto de trabajo les da igual, exactamente igual.
El segundo, el alcalde de Trujillo, también es senador y todavía se está a la espera de que se atreva a presentar alguna iniciativa en favor de la unidad militar, alguna iniciativa para evitar que en cualquier momento se le tenga que poner la cara como un tomate de “colorá” afeándole su silencio. En cualquier momento, por ejemplo, cuando quiera presumir de tener a los militares del Cefot en la Plaza Mayor de Trujillo desfilando para él, para su ego.
Vale.
A través de varios medios de comunicación (en España, El País), la organización Wikileaks viene dando a conocer un número muy importante de documentos del Departamento de Estado de EEUU. Sobre ellos, muchos comentaristas, tertulianos y similares vienen vertiendo opiniones de todo tipo y sobre las que se echan en falta análisis crítico y, también, el momento en que los documentos se realizaron. Ejemplo: tras la segunda derrota electoral de Mariano Camps, su padrino político dudaba de su valía para ganar unas elecciones. Eso dice el embajador americano de entonces. ¿Diría Aznar lo mismo hoy ante un embajador de una administración americana distinta? ¿El embajador apreció que Aznar descalificaba a Mariano o lo afirmó categóricamente? No dejan de ser opiniones de un embajador de una administración, la norteamericana, nombrado por sus contribuciones a la campaña electoral de Bush, no por pertenecer al cuerpo diplomático.
Cuando el documento corresponde a asuntos como el terrorismo, Al Qaeda, talibanes, islamismo radicial, y otros asuntos del mismo grupo de temas, deberíamos tener en cuenta la incompetencia de los servicios de información estadounidenses, que no fueron capaces de detectar que quienes derribaron las Torres Gemelas se estaban entrenando en su propio territorio y que no han sido capaces de llevar a juicio a los responsables. Otro ejemplo son los informes detallados que Colin Powell exhibió en la Naciones Unidas para decir que Iraq disponía de armas de destrucción masiva, cuando era falso y servicios secretos más serios y eficaces, como los noruegos o los españoles, ya había informado a sus respectivos gobiernos de que no era cierto lo de las armas de destrucción masiva.
Las opiniones de los embajadores no dejan de ser eso, opiniones, no certezas. Cuando el embajador estadounidense dice que el fiscal de la Audiencia Nacional es proclive a que no se persiga a los asesinos (estadounidenses) de José Couso, ¿se está refiriendo a una impresión que el embajador saca de su conversación con el fiscal Zaragoza o a una afirmación rotunda? ¿Qué hizo, en el caso Couso, el fiscal Zaragoza? Y, por último, en el supuesto de que el fiscal actuara en sentido favorable a las tesis yankis ¿el juez admitió su criterio o siguió otro?
Lo relevante no son los cotilleos de un millonario norteamericano convertido en embajador por sus aportaciones económicas a un candidato presidencial, lo relevante es conocer si los hechos relevantes posteriores los confirman y cómo los confirman.
Establecer, sin distancia crítica, que los documentos filtrados determinan los hechos posteriores de un gobierno, incluido el propio gobierno de los EEUU, es un flaco favor a la libertad de expresión. Es cierto que conocer los documentos es muy útil, sobre todo para quienes, en el futuro sean invitados a canapés a las embajadas yankis. A cambio de canapés, el embajador de turno redactará, en exclusiva, una gacetilla para el Hello Yankees!
Y, a todo esto, tanto Wikileaks como los medios que están sirviendo de transmisión de los documentos filtrados señalan que no se utilizarán aquellos que puedan afectar a la seguridad de estados y personas. Y yo me pregunto: ¿durante todos los años de estancia en España del embajador Aguirre, nunca fue entrevistado por ningún medio de comunicación? ¿Nunca ningún director de ningún medio de comunicación español estuvo en la embajada norteamericana? Me parece raro que no fuera así cuando una de las funciones de los embajadores es la de transmitir a la sociedad del país en el que reside las bondades del propio.

Vale.

La gran importancia de los cientos de miles de cables diplomáticos publicados por diversos medios, escogidos, tras su obtención por Wikileaks, abre múltiples debates. Sobre la seguridad de las redes públicas, sobre la seguridad de la información sensible de los gobiernos (Wikileaks parece que publicará información sobre bancos), sobre el propio contenido de los cables y el funcionamiento de la diplomacia internacional. Poco a poco, también va tomando algo de fuerza, poca, es verdad, el debate sobre el periodismo de investigación.
Como mi blog es en castellano y mi interés personal está en mi país, me referiré a lo que pomposamente se llama periodismo de investigación, que salvo honrosas y muy importantes excepciones, no es más que un mercadeo económico para pagar confidentes, chivatos y similares. En muchos casos, ese presunto periodismo de investigación vende mercancía averiada y otras la mercancía no es más que el chantaje del chivato de turno. Ejemplo de esto último es el fabuloso ejercicio de autobombo de Jatapedro con sus pagos (¿con IVA o sin IVA?) al policía que “trabajó” en el Batallón Vasco Español y después le cambió el nombre a la franquicia. Aquello no era periodismo de investigación.
Ahora, Wikileaks, una organización (¿inocente, ingenua, altruista?) que ha designado determinados medios de comunicación (New York Times, The Guardian, Le Monde, El País…) para dar publicidad a los miles de cables diplomáticos que ha obtenido. La fuente de los documentos publicados no ha sido obtenida por El País ni ninguno de los otros medios elegidos, ha sido obtenida por Wikileaks sin que se tenga la más mínima idea de cuánto ha pagado Wikileaks a dichos medios (por supuesto, la entrega no ha sido gratuita, no es creíble), ni tampoco cuál ha sido el medio de obtención por la red sueca, ni cuánto ha pagado por la información (tampoco es creíble que la haya obtenido hackeando páginas web, porque el agujero ya habría sido tapado por los administradores de las páginas presuntamente violadas).
No se trata en modo alguno de matar al mensajero (creo que la información que se publica es muy importante para los ciudadanos a los que nos interesa cómo se ejerce el poder y cuáles deben ser sus límites y sus contrapoderes). Pero la opacidad de Wikileaks parece total (un ejercicio notable de periodismo de investigación sería, precisamente, poner negro sobre blanco, cómo funciona ese portal, cómo y quien lo administra, cómo y quién añade información al mismo…) y en materia de ejercicio del poder la transparencia ha de ser un valor frente al oscurantismo, y también debe serlo en la prensa (o debería serlo desde el punto de vista romántico, pero los medios de comunicación, como Wikileaks o El País, The New York Times, Le Monde, son empresas, y las empresas no son nunca románticas: están para ganar dinero).
La sensación que se obtiene de cómo se ha producido la filtración desde Wikileaks a medios seleccionados, del contenido de los mensajes, del oscurantismo del filtrador, no es otra que una cuestión superficial, banal. En realidad, este asunto se ha hecho estallar para dar validez absoluta y universal a una afirmación pocas veces probada como en este: el medio es el mensaje.
Wikileaks, el medio, transmite el mensaje de que a través de la red puede destruirse lo que se quiera, u obtener todo el poder que se quiera.
Al final, Wikileaks se ha convertido en el primero Rosebud potente de la era digital. Nada más, no hay nada más allá.
Vale.