Quisicosas. Olvido.

cercadelasretamas —  septiembre 18, 2026 — Deja un comentario

No hace mucho, el gobierno de la nación requirió formalmente al ayuntamiento de Cáceres la retirada de la llamada cruz de los caídos, en aplicación de la Ley de Memoria Democrática del lugar privilegiado que ocupa en la ciudad. Esa cruz sustituyó a otro monumento existente, la fuente del lápiz, del que la ciudad no guarda memoria alguna.

La consumación de la guerra desatada por el golpe de estado de Franco y sus secuaces, dejó en la ciudad algunos hitos de mala memoria, de olvido, que son convenientes de conocer.

El primero es un caso de vandalización de las paredes de la ciudad monumental, que sigue permanente en la plaza de Santa María, y que muchos turistas que nos visitan preguntan qué hace allí.

El segundo es un caso de olvido construido en piedra, de tres metros de altura y dos y medio de anchura, ubicado en una plaza de la ciudad. Estoy seguro de que muy pocos de los cacereños que pasan a diario junto a ese ‘monumento’ no saben ni qué es.

También en este instalache construido para perpetuar una memoria que debe ser conocida pero nunca olvidada se produjeron algunos cambios como sucedió con la leyenda de la maldita cruz de los caídos.

Muchos cacereños ignoran de qué se trata, dónde está, cómo se llamaba en el callejero la plaza donde se erigió.

El uno de abril de 1940, para celebrar el día de la victoria, el día del recuerdo de la muerte entre españoles, el día del recuerdo de la sangre vertida para honor y gloria de cuatro militronchos, que ni siquiera fueron buenos dando un golpe de estado, sino que lo hicieron tan mal que provocaron tres años de guerra y muerte, cuarenta de dictadura y muerte y ochenta de olvido.

La Dirección General de Patrimonio de la Junta de Extremadura ha incoado expediente para declarar la maldita cruz como bien de interés cultural. Espero que con este instalache al que me vengo refiriendo no hagan lo mismo y sea demolido, sin más.

Por cierto, que cualquier expediente de patrimonio histórico y cultural que se incoe por la citada dirección general sea impugnado, por ser la persona que ocupa ese cargo descendiente directa de uno de los miembros de los tribunales judiciales que formaron los consejos de guerra, en función de los grados militares que ostentaban.

Otro día, si me apetece, les cuento más.

Vale.

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