Históricamente, la Ribera del Marco, o el Río de la Madre, tiene su nacimiento en el rebosadero de El Marco, rebosadero o pozo del Calerizo más próximo a la ciudad de Cáceres. Una Ribera y un potente “mar” subterráneo que aglutina en su origen, sobre sus terrenos de superficie y subsuelo, la historia de la ciudad, de sus primeros pobladores ya en épocas del Paleolítico y Neolítico, como lo evidencian los todavía insuficientemente estudiados de El Conejar, Maltravieso o Santa Ana.

Esa Ribera, que conoció la romanización y conquista de los Romanos que llegaban a Norba Caesarina o Castra Caecilia por la Vía de la Plata, o los pueblos islámicos que cultivaron sus tierras ribereñas con acequias de riego, hasta el establecimiento de la comunidad de regantes de la Concordia, atraviesa en estos años una encrucijada: seguir siendo solamente la Ribera o constituirse, como le corresponde por derecho propio, en el manantial de agua que dé riego a la ciudad, que entronque su pasado con su futuro.

Así, a través del vigente Plan General Municipal, nos encontramos con las Área de Planeamiento Incorporado (API) 28-01, cuyo desarrollo y ejecución está llegando a su término, y con la 32-01, aún sin desarrollar, con el Programa de Ejecución aprobado en 2006 (no sé si sería ahora necesario actualizarlo). Estas dos APIs incluyen unos espacios como Equipamiento Genérico, que sumados y dados continuidad abarcan la Ribera, en una longitud de algo más de 3 kilómetros.

El desarrollo urbanístico pone a disposición del Ayuntamiento, a través de las Agrupaciones de Interés Urbanístico (antiguas Juntas de Compensación), los terrenos destinados a Equipamiento Genérico y, como es este caso, a zonas verdes. Unas zonas verdes que ya lo son, que necesitarán no mucha intervención de obra, sino de jardinería y cuidados de cultivos, plantas, arbustos y árboles frutales, todo ello con el murmullo del agua que corre curvándose entre las huertas.

En el Ensanche que el Arquitecto Pedro García Faría pretendía y propuso para la ciudad en 1922, estos terrenos, con más anchura que en la actualidad, se constituiría en Parque, que él denominó de Hernán Cortés, aunque cualquier nombre que quisiera poner será siempre la Ribera.

La delimitación por el Este de esta Ribera está marcada por el Camino Alto de Fuente Fría, que discurre desde la primera curva de la Carretera de la Montaña hasta el molino de aceite del Marco, ahora Espacio para la Creación Joven. Este camino, jalonado en algunas partes por cerramientos de parcelas, muchos de ellos mediante somieres, colchones y otros tipos nada estéticos, ha comenzado a variar, cuando los titulares de las AIUs de las APIs 28-01 y 32-01 han ido llegando a acuerdos con los hortelanos, y sustituyendo tan horrendos cerramientos por unas alambradas homogeneizadas, tras las que los hortelanos, al tiempo que siguen cultivando sus tierras, ya dicen que están en ellas de prestado, provisionales.

A medida que esta incorporación de los terrenos de EG se produce a las AIUs, a las que también pertenece el Ayuntamiento como administración actuante, sería muy interesante ir conociendo los espacios que más pronto pasen al Ayuntamiento e ir trabajando sobre ellos, sino físicamente, sí produciendo ideas, modelos, usos… que puedan incorporarse en un futuro próximo.

El desarrollo urbanístico derivado de los PGMs, y en especial del vigente de 2010, dotará a la ciudad de un espacio único, un espacio verde único, formado por higueras, zarzamoras, membrillos, olivos… en el que el correr del agua de la Ribera será, sin duda, una recuperación, por siempre, para la ciudad, para los cacereños.

Vale.

El 6º de los Objetivos de Desarrollo Sostenible es el agua. Bien preciado, como todo el mundo sabe. Las perspectivas, poco halagüeñas, que se manejan en la ONU y en diversos organismos de prospección, señalan una gravísima crisis en torno al agua para 2050, incluso, se señala que la próxima gran confrontación mundial será por su causa.

Tampoco las perspectivas climáticas para un futuro relativamente corto, señalan que España será uno de los países más afectados por la desertificación, que, sin el agua, avanzará rápidamente.

Históricamente, la ciudad de Cáceres ha debido atravesar crisis (cada vez más acentuadas a medida que la población va creciendo) por la ubicación en un espacio físico en el que no hay río. O al revés, quienes la poblaron lo hicieron sabiendo que la carencia de río sería un problema. Un problema que ha ido creciendo a lo largo del tiempo.

En estos momentos, en 2021, el abastecimiento de agua se circunscribe a poder recibirla desde un método de impulsión desde el río Almonte, afluente del Tajo, para complementar un embalse de los años 60, sobre el río Guadiloba, afluente del Almonte, afluente del Tajo.

La carencia de agua potable, o de adecuada potabilización recibida del pantano del Guadiloba o desde la impulsión desde el Almonte, supone un encarecimiento de tan necesario bien.

En 1927, un Informe (desafortunadamente desconocido para el autor de esta entrada), fijaba los caudales necesarios para 25.000 habitantes, incluso con capacidad para más, a extraer desde el acuífero de la Cuenca Geológica cacereña. El Informe, redactado por los catedráticos de la Universidad Central, Fernández Navarro y Hernández Pacheco, era esperanzador. Incluso, por el conocimiento del acuífero, centralizado en el espacio central, denominado El Calerizo, los datos de los redactores del informe señalaban su capacidad para el abastecimiento de Cáceres, situándolo, en sus debidas proporciones, a niveles similares a los que entonces necesitaban ciudades como Chicago y otras, en volumen de agua/habitante.

Los autores del Informe señalaban, además, la posibilidad real de incrementar los aforos de agua necesarios con las aguas que pudieran obtenerse del contiguo valle de Valdeflores, sobre el que había escrito a comienzos del siblo XX el farmacéutico Joaquín Castel.

Es decir, que ahora, con una población de la ciudad de Cáceres en torno a las 96.000 personas, una adecuada planificación del agua que pueden proporcionar tanto el acuífero central de la Cuenca Geológica, como las fuentes y pozos que se pudieran aflorar en el valle de Valdeflores, una parte de la ciudad podría ser abastecida para consumo humano, o bien, para usos tan necesarios como los regadíos de las huertas que jalonan el cauce natural de la Ribera del Marco, cauce que tiene su origen en el propio Calerizo.

Esa planificación, necesaria, ha de llevarse a cabo conjuntamente entre el Ayuntamiento de la ciudad y el organismo de cuenca, la Confederación Hidrogáfica del Tajo.

Disponer de un adecuado nivel de agua para regadíos, usos complementarios como riegos, como limpieza de la ciudad, etc., sería fundamental para no destinar a estos usos secundarios (pero necesarios), requiere poder contar con todas las fuentes posibles, cuidándolas, y eliminando cualquier actividad humana que pudiera contaminarlas o ponerlas en riesgo. Las aguas del Calerizo, las más inmediatas de obtención, más las fuentes y pozos existentes en el valle de Valdeflores que recogía Joaquín Castell en su estudio, han de tener, como en realidad tienen, el valor de aguas públicas.

El cumplimiento del ODS 6, Agua, por una ciudad que no tiene río, ha de realizarse forzosamente mediante los estudios y acopios suficientes de cara a cumplirlo con el horizonte del año 2050.

Cualquier agresión, cualquier uso de suelos y vuelos que pongan en riesgos esas aguas debe ser rechazado.

Vale.

La apertura de la Ronda Este-Sureste, que bordea la ciudad de Cáceres, está anunciada para mediados del mes de mayo. Una apertura que, cada vez más, crea en los futuros usuarios de la misma un cierto nivel de ansiedad esperando que su uso sea efectivo. Ya queda menos.

La Ronda, como es normal, ha tenido y tiene detractores, especialmente entre geógrafos y urbanistas (no todos), y también entre ecologistas. Es una parte del rechazo lógico cuando una infraestructura de este tipo se construye. Y probablemente alguna alternativa pudiera haber sido menos agresiva, a la hora de rectar un proyecto de este tipo.

Recuerdo, cuando se comenzó a hablar de construirla, que sería conveniente un túnel que solucionara el cruce con la carretera de la Montaña, cómo Don Marcelino Cardiallaguet (q.e.p.d.) era partidario del túnel, con la previsión de contratarlo para su ejecución con dos empresas y que cada una comenzara el túnel por una ladera. Y que, por supuesto, no se encontraran a medio camino. Así, por el mismo precio, tendríamos dos túneles.

La cicatriz en el paisaje (concepto que tanto gusta a ambientalistas y ecologistas) resulta evidente, por el volumen de la obra, pero, en mi opinión, los beneficios para el tráfico rodado compensarán esa cicatriz, suavizándola.

Y, por supuesto, lo que realmente la suavizará y hará que esta ronda pase a tener un buen atractivo para los cacereños será pasear por los carriles habilitados y tener una vista única de la ciudad, de la moderna y de la antigua, en toda su extensión, alzándose por la Ribera del Marco, el verdadero origen de Cáceres.

A lo largo de 2019, 2020 y 2021 he podido realizar alguna fotografía, paseando por la zona, y atrapar alguna imagen de las tierras rojas de las excavaciones hasta la visión, única, del nuevo Museo Helga de Alvear. Ni he podido dar todos los paseos que me hubiera gustado ni los que la prescripción facultativa me obligaba. ¡Qué se le va a hacer!

Vale.

IX 27 de diciembre de 1927

Terminamos nuestro modesto trabajo de divulgación con las conclusiones del informe a que venimos refiriéndonos.

Primera.- La cuenca geológica de Cáceres constituye un gran recipiente natural rodeado por pequeñas alineaciones montañosas de cuarcitas y pizarras silíceas, correspondientes al terreno llamado silúrico, excepto por el Oeste, donde en profundidad un borde pizarroso o granítico sostiene como un muro las aguas que puedan estar contenidas subterráneamente en la cuenca.

Segunda.- El fondo de la misma está constituido por pizarras arcilloso-silíceas del terreno denominado cámbrico (pizarras que afloran con cierta extensión en el centro de la cuenca, donde forman llanura).

Tercera.- Los bordes de la cuenca y su fondo son impermeables.

Cuarta.- En el interior de este gran recipiente natural se encuentra una gran extensión de rocas calizas, correspondientes al terreno devónico, las cuales, rodeando superficialmente y en profundidad a la zona central de las pizarras cámbricas, se hallan completamente fisuradas y con numerosos conductos y cavidades comunicantes entre sí, constituyendo un terreno que recoge y almacena las aguas meteóricas que caen dentro de la cuenta.

Quinta.- El borde de dicha cuenca tiene cuatro depresiones o sitios más bajos por donde manan y se vierten naturalmente las aguas acumuladas en el calerizo: El Marco, El Arropez, La Alberca y el de Santa Ana, los cuales brotan con muy poca diferencia de cota.

Las labores mineras han puesto al descubierto en ciertos lugares la masa de agua subterránea que hay en El Calerizo, la cual se acumula en los pozos, socavones y galerías de las minas; aguas que, elevadas artificialmente, son conducidas para el abastecimiento de la capital.

Sexta.- La cuenca de recepción del calerizo presenta una superficie que permite se almacene en su masa de caliza fisurada una cantidad de agua superior a las necesidades presentes y futuras de la ciudad de Cáceres, pudiéndose fácilmente satisfacer las necesidades actuales de la población sumando a las aguas que hoy recibe, parte procedente del manantial de El Marco, el más cercano y caudaloso de los cuatro antes mencionados que hay en el calerizo.

El informe, firmado por los ilustres geólogos Hernández Pacheco y Fernández Navarro, tiene la fecha de 30 de junio de 1927.

Continuamos con los artículos que el profesor del Instituto El Brocense y Director de la Escuela de Magisterio Julián Rodríguez Polo publicó en el Diario Nuevo Día a finales de Diciembre de 1927, tres meses después de que la Comisión Permanente del Ayuntamiento conociera el Informe que se había encargado a los catedráticos de la Universidad Central, Lucas Fernández Navarro, jefe de la sección de Mineralogía del Museo Nacional de Ciencias Naturales, y a Eduardo Hernández Pacheco, jefe de la sección de Geología del mismo Museo.

Hoy, incluimos los artículos VII y VIII, publicados el 24 y 26 de diciembre de 1927.

VII 24 de diciembre de 1927

La existencia de tales aguas en el interior del Calerizo se hace bien patente en las perforaciones, “tales como las canteras junto a la ermita del Espíritu Santo, con nivel constante de líquido a los 425 metros de altitud, pozo del Horno del Sapillo, a los 428; pozos y galerías de la mina Labradora, a los 423; galería del arrastre de la mina Esmeralda, a los 420, etc.”

Ya dijimos que tienen su salida natural por cuatro desaguaderos del embalse subterráneo, todos al mismo nivel próximamente; “el del Marco, sin duda el más potente, a 425 metros de altitud; el Arropez que riega extensa ribera de huerta, a 413 metros; el de la Alberca, también caudaloso, a los 430 metros; y el de la ermita de Santa Ana, a 420 metros, reducido actualmente [1927] a pequeñas charcas por causa de los trabajos en las minas de fosforita, que le han captado las aguas (las que aprovecha la “Empresa de aguas potables” que surte a la ciudad).

La cuenca de recepción de aguas meteóricas que hemos reseñado, comprende una extensión aproximada de 38 kilómetros cuadrados y la cantidad media de lluvia anual la cifran los ilustres geólogos en 500 mililitros. Una capa de un milímetro de agua sobre una superficie de un metro cuadrado, es un litro de agua. Decir, pues, que en un país la cantidad de lluvia al año es de 500 milímetros significa que caen 500 litros de agua sobre cada metro cuadrado del terreno.

Los señores Hernández Pacheco y Fernández Navarro hacen un cálculo de valores mínimos: dan por supuesto que las dos terceras partes del agua meteórica que recibe la cuenca se evapora directamente o es devuelta a la atmósfera por la vegetación (aun cuando lo estiman exagerado por exceso), y deducen que tan solo una tercera parte se infiltra en el terreno y descienda hasta quedar almacenada en el interior del Calerizo –ya es sabido que en tal terreno no hay corrientes por la superficie.-

38 kilómetros cuadrados -38.000.000 de metros cuadrados.

Y como cada metro cuadrado recoge la tercera parte de 500 litros, los 38 millones de metros cuadrado recogerán 6 millones y 333.333 kilolitros de agua -6 millones y 333.333 metros cúbicos, que forzosamente han de rebosar por las despostilladuras de la cuenca caliza, o sea por los nacimientos del Marco, Arropez, Alberca y Santa Ana, “esto en el caso de que no exista alguna vía subterránea de salida de aguas por alguna fractura tectónica del terreno, caso improbable, pues el reconocimiento geológico practicado no lo hace sospechar”.

Suponiendo que la población de Cáceres se eleve a 25.000 habitantes dentro de plazo breve, y que pudiera aprovecharse anualmente toda el agua que almacena El Calerizo, le corresponderían anualmente 253 metros cúbico y tercio a cada uno (sin contar las aguas procedente de los manantiales que brotan en las cuarcitas silúricas y que surten hoy a la población, o sea, 694 litros diarios.

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“Cantidad de agua diaria por habitante solo inferior a la del abastecimiento de Chicago y Roma, las ciudades mejor surtidas de agua del mundo; superior a la de Nueva York, Filadelfia y Montreal, que son también de las grandes poblaciones más dotada; más de cuatro veces la que reciben los vecinos de Londres o de Viena; casi cinco veces mejor que la de Lisboa; más de siete veces que en Varsovia y en Amsterdam; más de nueve que en Montevideo y más de diez veces que en La Haya”.

Y esto sin contar tampoco con otras captaciones que pudieran hacer en el valle de Valdeflores, “según las acertada ideas y nobles campañas del benemérito ciudadano don Joaquín Castell”, de que hablaremos el día próximo.

VIII 28 de diciembre de 1927

Los señores Hernández Pacheco y Fernández Navarro hacen notar en su informe, que “supone este caudal de agua almacenado, si saliera todo él por un sitio, un manantial superior a 200 litros por segundo”.

Y que “si la cantidad de aguas meteóricas almacenadas anualmente en los reservorios subterráneos del mismo calerizo y que sale al cabo del año por los manantiales, fuese la mitad de la caída de las nubes, o sea, 931 litros diarios, que representan un caudal de 296 litros por segundo”. Y añaden: creemos que estas últimas cifras son más aproximadas a la realidad.

Los aforos de los grandes manantiales citados, que dan salida material a las aguas del calerizo, podrán determinar, juntamente con el cálculo de la que se extrae por las minas y otros pozos abundantes, “tales como el del Horno del Sapillo, cuál es el cauce efectivo con que se cuenta –dicen los insignes geólogos-, el cual, en todo caso, será suficiente para el abastecimiento de las necesidades actuales y futuras de la población de Cáceres y para los regadíos que las huertas inmediatas a la capital necesitan”.

Reconocen los citados señores en su informe “que no es empresa fácil recolectar y conducir a la capital el agua total del Calerizo”, y agregan: “ni hay de ello necesidad, pero se comprende contando con tan abundante caudal es factible dentro de los actuales medios económicos del municipio cacereño recoger la que se crea necesario, quedando siempre un sobrante para necesidades del futuro”. Para dicha operación, estiman conveniente, si el Ayuntamiento de Cáceres se decida a aumentar el caudal aguas que actualmente recibe la ciudad de la cuenca devónica (terreno calizo), efectuar los aforos a que antes nos hemos referido, y realizar también una nivelación de precisión de los desagües naturales, pues hacen constar que los datos anotados en su informe, deducidos de observaciones barométrica en campaña, no pueden ser más que aproximados.

Terminábamos ayer diciendo que, según los señores Fernández Navarro y Hernández Pacheco, son posibles también otras captaciones en el valle de Valdeflores, “según las acertadas ideas y nobles campañas del benemérito ciudadano don Joaquín Castell, ya difunto”, y al que es tiempo –dicen también los ilustres informantes- se le haga la debida justicia y la exaltación que merece su memoria.”

No conozco yo –y deseo conocerlo- el folleto que, según me han dicho, publicó dicho señor Castell, cuyas prendas inmejorables de corazón y de talento son notorias. Pero, por los fundamentos científicos en se apoyan los autores del informe a que venimos refiriéndonos, supones que el señor Castell coincidía con las ideas que en dicho informe se sustentan, y que nosotros venimos a condensar.

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Rodeando externamente a las sierras que forman los bordes de El Calerizo, se extiende la dilatada planicie de suelo pizarroso cámbrico hacia el Norte, Este y Sur, “en la que destaca como una isla el pequeño territorio montañoso de la capital”. Estos terreno, como las cuarcitas del silúrico, sufrieron al final de la era paleozoica empujes orogénicos que determinaron intensos fenómenos de plegamiento, dando los siguientes resultados: los estratos de cuarcitas, primitivamente horizontales, se dispusieron con fuertes inclinaciones cercanas a la vertical, de buzamiento hacia del NE (como en la Sierra de la Mosca, del Milano, del Risco, etc.), quedando las cuarcitas (material tan poco plástico) fragmentadas según planos (diaclasas) que corresponden a dos direcciones o sistemas principales; mientras  que en las pizarras cámbricas, más plásticas, no se produjeron diaclasas o fisuras en dirección determinada y constante que fuesen camino de las aguas subterráneas, por lo cual las filtraciones de lasa cuarcitas, superpuestas a las pizarras cámbricas, se detendrá al llegar a éstas, que son impermeables, por su naturaleza arcillosa.

Y como de los sistemas de diaclasas en las cuarcitas del silúrico, el dirigido hacia el NE ofrece a las aguas el camino más fácil –la experiencia lo confirma- que los manantiales más potentes y numerosos de la Sierra de la Mosca brotan hacia el valle de Valdeflores, mientras que son escaños y menos potentes los que desaguan hacia El Calerizo, que se pierden en la masa esponjosa de caliza.

Cáceres puede contar, puede contar, pues, en sus cercanías, además de las fuentes que utiliza y que brotan de las cuarcitas silúricas; no solo con las aguas que el calerizo encierra, sino con las excelentes que pudieran reunirse de los actuales nacimientos y nuevas captaciones en el valle de Valdeflores, dicen los informantes.

Terminaremos, Dios mediante, mañana, dando noticia de las conclusiones del informe.

Continuamos con los artículos que el profesor del Instituto El Brocense y Director de la Escuela de Magisterio Julián Rodríguez Polo publicó en el Diario Nuevo Día a finales de Diciembre de 1927, tres meses después de que la Comisión Permanente del Ayuntamiento conociera el Informe que se había encargado a los catedráticos de la Universidad Central, Lucas Fernández Navarro, jefe de la sección de Mineralogía del Museo Nacional de Ciencias Naturales, y a Eduardo Hernández Pacheco, jefe de la sección de Geología del mismo Museo.

Hoy, incluimos los artículos V y VI, publicados el 22 y 23 de diciembre de 1927.

V 22 de diciembre de 1927

Los terrenos que constituyen la cuenca geológica de Cáceres, pertenecen a uno de estos sistemas diferentes: granítico, cámbrico, silúrico y devónico.

El nombre del primero se deriva de su estructura; el segundo se denomina de tal modo, por la antigua Cambria, en el País de Gales; idéntico al cual y de la misma época paleozoica es el de Cáceres; el nombre de silúrico proviene del país de los antiguos siluros (pueblo celta), en el Oeste de Inglaterra; y devónico, del condado Devon, en la misma nación también.

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Forma el silúrico todo el contorno de la cuenca por el Norte, Este y Sur, y también por NO y SO, siempre en pequeñas sierra de relieves áspero, que son divisoras de aguas. La roca dominante es la cuarcita, que integra todas las sierras que bordean la cuenca del Calerizo; Sierras de la Mosca, del Risco, Sierra de Fuentes y Collado de Torre Orgaz por el Este; la sierra Lagartera, Cerros del Arropez, Puerto del Trasquilón, Sierra de Santa Ana y Cerro de los Romanos por el Sur; y la colina sobre la que está edificada la capital y los cerros inmediatos por el Norte y el NO.

Los granitos limitan por el Oeste la cuenca geológica de Cáceres, y corresponde al manchón eruptivo que se extiende por Arroyo. Es un granito de grano grueso, que en su contacto con la cuenca del Calerizo sirve para contener las aguas, que llenan los huecos y fisuras de la masa caliza; el granito desciende a profundidad indefinida; su formación es inferior a los otros terrenos, que son sedimentarios.

El cámbrico, constituido uniformemente por pizarras con más arcilla que sílice, ocupa en general posición extrema del silúrico, formando por fuera del perímetro de la cuenca la extensa llanura ondulada hacia la Sierra de San Pedro (Campos de Cáceres) y territorios entre Cáceres y Trujillo; estratigráficamente son estas pizarras inferiores a la formación silúrica, y por eso pueden reaparecer en el interior de la cuenca, formando una alargada llanura, que atraviesan parcialmente a lo largo las carreteras de Medellín y Mérida.

El terreno devónico, constituido casi exclusivamente por caliza, es el Calerizo propiamente dicho, formando una amplia zona en forma de herradura irregular, de ramas desiguales y en sus extremos ensanchados. En el borde exterior del arco de la herradura está edificada la ciudad de Cáceres, toda ella en el silúrico –y lo dijimos antes-. Y una estrechísima faja de pizarras y areniscas rojas del mismo terreno devónico se intercala, en cuña, entre las dos ramas del calerizo, rocas que afloran junto a la caseta del paso a nivel de la vía férrea por la carretera de Cáceres a Mérida.

Resulta, pues: las pizarras cámbrica, que yacen debajo de todos los demás terrenos estratificados, forman el fondo impermeable de la cuenca; el contorno está formado por la cintura de sierras silúricas y por el granito que hay en el Oeste; y las calizas devónica, que llegan a montar en las ladera de la sierra, yacen las cuarcitas, que a su vez son superiores (como dijimos antes) a las pizarras cámbrica.

La cuarcita es insoluble, por estar formada de granos de cuarzo y, como el granito, impermeable; el terreno cámbrico, por la naturaleza arcillosa de las pizarras que  lo integran, también es impermeable como los productos de su de su descomposición, en todo caso arcillas.

Y como los empujes orogénicos que fragmentaron las cuarcitas no produjeron en las pizarras diaclasas o fisuras en dirección determinada y constante que fuesen camino de las aguas subterráneas, las filtraciones de los materiales rodos (calizas o cuarcita) superpuestos a las pizarras cámbricas se detendrán al llegar a éstas.

La caliza cristalina, marmórea, de masa sólida y coherente, constituye, en cambio, la roca más adecuada para dar paso a las aguas, como explicaremos otro día.

“Si antes comparamos –dicen los señores Fernández Navarro y Hernández Pacheco- la cuenca geológica de Cáceres a una vasija de fondo y paredes impermeables, podemos decir, siguiendo el símil, que la masa rocosa que constituye el calerizo debe compararse a una esponja dentro del recipiente; el agua que cae sobre la esponja queda rellenando huecos, y el fondo y las paredes permiten su salida”.

Como si un vaso tiene cuatro mellas en su borde, y al llenarlo de agua se vierte por dichas mellas, así por cuatro desaguaderos del embalse subterráneo, que originan potentes manantiales, dos de los cuales mantiene importantes y extensos regadíos, tiene salida el agua constantemente rebosantes: El Marco, El Arropez, la Alberca y Santa Ana.

Es sencillísimo y conduce a resultados asombrosos el cálculo de agua que el Calerizo encierra: en otro artículo, más corto que éste hemos de exponerlo.

VI 23 de diciembre de 1927

Las calizas marmóreas –así es casi toda la de El Calerizo-, de masa muy coherente, constituyen las rocas más adecuadas para dar paso a las aguas. En porciones destacadas del conjunto, son totalmente impermeables; pero por la fragmentación natural que presenta en su conjunto, pues que tiene fisuras y diaclasas de todos los tamaños, ensanchadas constantemente por la acción disolvente de las aguas, que forman cavernas y conductor tortuosos laberínticos, la caliza devónica queda convertida en una esponja, con los huecos parcialmente ocupados por arcilla roja, producto de la descalcificación del suelo, como se observa por todas partes en el calerizo cacereño.

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“Como ejemplo de cavernas abiertas en la superficie puede citarse la Cueva del Conejar, inmediata al nacimiento de El Marco, habitada por el hombre de los tiempos prehistóricos, germen de la población cacereña en las remotas épocas del neolítico, agrupación humana que surgió al amparo del potente manantial de El Marco”.

Las cavidades internas quedan puesta de manifiesto por causa de las labores en las minas de fosfato: vacías si corresponde a niveles altos, y ocupada por agua si se hallan en niveles bajos.

Los conductos sinuosos, los espacios vacíos y los ocupados parcialmente por bolsadas arcillosas de descalcificación, y en general la estructura esponjosa de la masa caliza, se ve al examinar las trincheras de la vía y de las carreteras o lo socavones de las muchas canteras de piedras para cal.

“Las acciones orogénicas que comprimieron y plegaron todo el conjunto de terrenos que venimos estudiando, al actuar en un material tan poco plástico cual la caliza cristalina del Devónico, la fracturaron y plegaron y dislocaron en múltiples fisuras, grietas y diaclasas, que son camino de las aguas a través a través del Calerizo, y recipientes donde se acumulan en grandes cantidades.”

Se origina así una importante cuenca de recepción pluvial, con un embalse subterráneo en la masa del terreno calizo, embalse de fondo impermeable, constituido por las pizarras cámbricas, y de paredes también infranqueables, formadas por las cuarcita del Silúrico en todos los rumbos menos en el borde occidental, donde el granito es la roca que también contribuye al asilamiento de las aguas de la cuenca subterránea.

La presencia de tales aguas en el interior de “El Calerizo” es bien manifiesta en las perforaciones que por cualquier causa en él se han hecho, como diremos otro día.

  • NOTA: En el artículo anterior se demostraba que el fondo y las paredes de la cuenca geológica de Cáceres son impermeables, y se decía que el agua caída sobre El Calerizo “queda rellenando los huecos la masa caliza “ y el fondo y las paredes permiten su salida. Lógicamente, debía terminar el párrafo diciendo “y el fondo y las paredes NO permiten su salida”.
  1. Continuamos insertando los artículos III y IV, publicados por el profesor Julián Rodríguez Polo, como resumen y “vulgarización” del Informe de Fernández Navarro y de Eduardo Hernández Pacheco.
  2. III.- 20 de Diciembre de 1927. Periódico Nuevo Día.

Si después de una capa que se halle a 25 metros, en la que hay temperatura constante, se sigue profundizando, aumenta un grado por cada 33 metros aproximadamente en cualquier lugar del Globo.

Pero ese grado geotérmico no es constante hasta el centro de la Tierra, en contra de lo que se creía: fuera preciso suponer una temperatura final de 18.000 grados, incompatible con la densidad y rigidez del planeta que habitamos. No se concibe modernamente la temperatura superior a 4.000 grados, tal como la temperatura superficial del Sol. Según Jeffreys, tal vez disminuye hacia el centro desde más allá de cierta profundidad.

Calculada la densidad del Globo en conjunto, de 5,52, y siendo por término medio de 2’7 en la costra superficial, habrá en el interior, en cambio, densidades mayores, de metales pesados, hierro y níquel. Sobre el núcleo de metales pesados hay una zona viscosa, espesa, de silicatos ferro-magnesianos (que se llama sima), y flotando sobre ello la zona externa, de composición aproximada a la roca granítica que se llama sial (silicato de aluminio).

Se creó primero en un núcleo central incandescente, que, pugnando por salir, levantaba la costra de la Tierra, formando las montañas.

Más tarde se creyó que la superficie del planeta se contrae por enfriamiento, y que la superficie se pliega para adaptarse al menor volumen, siendo esa la causa de que las capas del terreno que se depositaron horizontalmente se encuentre en las cordilleras formando arrugas y dobleces, ondulaciones alternante, elevaciones y depresiones, que se llaman anticlinales y sinclinales respectivamente. Después se supuso que en grandes depresiones oceánicas se depositaban los sedimentos, que por su propio peso se hundían en la corteza, hasta que, no habiendo espacio que rellenar, los materiales, comprimidos, emergían del mar, originando así la arista montañosa.

La teoría hoy predilecta es que, siendo los continentes actuales bloques de sial flotantes en la capa viscosa de la sima, como los hielos flotantes  en los mares polares, tienden a separar marchando a la deriva, siendo la causa de los plegamientos montañosos la gran resistencia que la viscosidad del sima oponga al frente continental de la masa que se mueve y su adherencia mayora la misma en esporádicos puntos interiores.

Si la composición y densidad del Globo fueran uniformes, el planeta adoptaría la forma definitiva inalterable de un elipsoide; pero siendo su constitución heterogénea, allí donde su masa sea más ligera tendrá más elevación y se deprimirá donde sea mayor su densidad, cuyo equilibrio es inestable porque la acción de los agentes exógenos atacan y erosionan y transportan los materiales de las cordillera, así arrasadas, a los niveles inferiores, siendo preciso un desplazamiento compensador de material de la costra sólida del Globo, cuya superficie se creyó antes de ahora inconmovible.

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Por la disposición de los estratos yacentes según el orden de formación, aunque por las presiones tangenciales aparezcan plegados, inclinados y hasta invertidos a veces; por los seres vivos que en ellos habitaron, cuyos restos petrificados se conservan en ellos y con característicos de cada formación geológica, se puede descubrir la época relativa en que se formaron los estratos, y hasta calcular, por la formación actual de sedimentos en comparación con el espesor de los que antes se formaron, los años transcurridos, que según Lapaport son 67 a 90 millones de años desde el principio de la era paleozoica, era llamada así porque los fósiles (seres vivos de aquel tiempo) que en sus estratos se encuentra, son los más antiguos de los que se conocen.

De tan remota edad son tres de los terrenos que constituye la cuenca geológica de Cáceres, que descubriremos otro día, y que es la materia que tratan los geólogos en el capítulo II de su informe. Es restante de los cuatro terreno que la forman, es aún más antiguo; pertenece a la era arcaica, que así se denomina porque sus terrenos son los primeros que se formaron en la Tierra.

  1. IV.- 21 de Diciembre de 1927

Ciertamente que las fuerzas epigénicas (la atmósfera y las aguas) obran por regla general muy lentamente; pero su acción es tan continua, que a través de los llegan a ser arrasadas grandes cordilleras, quedando la superficie del planeta en aquel sitio como penillanura.

La acción química de los gases atmosféricos combinados con la humedad; la acción mecánica del viento; la que ejercen las aguas de los ríos y la que constituye los lagos y los mares; la nieve que cae sobre las montañas donde el agua en tal estado es persistente, y que se desliza en forma de glaciar hasta los valles; todas esas fuerzas trastornan el aspecto superficial del Globo, disgregando los materiales rocosos más duros, como el granito, y, vencida su cohesión, convertidos en arena o tierra, los transportan a distancias diferentes, dejándolos depositados en forma de capas o sedimentos en el suelo y los mares.

Por las causas diversas (presiones enormes, aumentos grandísimos de temperatura, acciones químicas diversas), los materiales así depositados sufren tal metaformismo, que materiales tan incoherentes como la arena y las arcillas llegaron a constituir rocas, pizarras y areniscas, algunas tan resistentes como las cuarcitas que afloran en las proximidades de Cáceres, en el Paseo Alto y en el cerro donde tiene su ermita la Virgen que todos veneramos; y se formaron masas rocosas por precipitación mecánica y por precipitación química, como esas del Calerizo, a cuya formación hemos de referirnos, originadas por los esqueletos calizos de crinoides equinodermos, animales marinos), cuya variedad fue extraordinaria y en número asombroso.

Luego los sedimentos que se depositaron formando estratos horizontalmente, fueron trastornado, apareciendo ahora en pliegues, o fraccionados y hundidos, o inclinados hasta la vertical. En la cantera que hay junto a “La Ronda”; en la curva del camino (donde hay una trinchera), próximo a la capilla del “Cristo del Amparo”; en El Calvario” y en otros muchos sitios de los alrededores, se ven perfectamente los estratos con diferentes grados de inclinación, y las grietas o diaclasas por donde las rocas se fraccionarán en los ciclos sucesivos.

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Parece increíble hasta dónde llega la acción de los agentes que venimos mencionando; los bancos de cuarcitas se convierte en canturrales, cuarteados y desmenuzados por los cambios de temperatura, que han originado igualmente los inmensos arenales del desierto, el viento erosiona y corroe la Gran Esfinge y convierte rocas arenosas en verdaderas esponjas de piedra; los río excavan profundos barrancos, tales como los cañones del Colorado en Arizona, cuyas paredes casi verticales tienen en algún punto 1.800 metros de altura, y arrastran anualmente hasta cientos de millones de toneladas de materiales fangosos, que depositan en la desembocadura, como el Mississipí, formando llanuras pantanosas que se llaman deltas, como el del Ebro, el del Nilo y el de los ríos Ganges y Bramaputra, que ocupa una extensión de 80.000 kilómetros cuadrados; los antiguo glaciares, ríos de nieve, llevaron con sus hielos enormes bloques de granito, cantos erráticos abandonados lejos de su punto de origen; los corales y madréporas, que viven en colonias sobre un armazón o esqueleto calizo, dejan restos en cantidad tal, que llegan a sobresalir del nivel marino, formando arrecifes e islas madrepóricas, que abundan en el Océano Pacífico.

Expuestos ya los antecedentes que hemos creído necesarios, podremos en los sucesivos artículos tratar ya exclusivamente el informe geológico respecto a la cuenca hidrológica de “El Calerizo”.

Cuatro terrenos –dicen Fernández Navarro y Hernández Pacheco-, constituido cada uno por una clase predominante de roca, concurren a formar la cuenca geológica de Cáceres: uno forma el fondo o substrato, otros dos la bordean, y el cuarto que encerrado en un círculo montañoso, y por estar formado de caliza se denomina El Calerizo.

Mañana, Dios mediante, los especificaremos.

Vale

Bajo el título “Hidrología del Calerizo de Cáceres” y el antetítulo “Problemas locales”, el periódico Nuevo Día publicó durante el mes de septiembre de 1927 una serie de artículos firmados por Julián Rodríguez Polo en los que detallaba cómo se conocía y cuánto sobre el Calerizo en la propia ciudad, en unas fechas en las que ya los problemas de abastecimiento de agua potable comenzaban a ser preocupantes.

Julián Rodríguez Polo fue un profesor de Física y Química del Instituto El Brocense, así como Director de la Escuela de Magisterio, además de un prolífico conferenciante y autor de algunos textos de enseñanza. Igualmente, participó en el progresista programa de las Escuelas Viajeras, siendo su participación en la de Navas del Madroño especialmente recordada.

En estas páginas recogeremos las diversas entregas que Rodríguez Polo escribió para su publicación en el diario Nuevo Día, sin seguir la pauta diaria sino agrupándolas para la más rápida comunicación con los lectores de este blog.

Por otra parte, tanto el desarrollo urbanístico de Cáceres y su incidencia, muchas veces negativa sobre El Calerizo, creemos que puede ser ilustrativa la descripción que hizo en 1927 el profesor Rodríguez Polo, para su comparación con el estado actual del conjunto del acuífero cacereño.

Cuando comienzo a trasladar a este sitio web los artículos del Profesor Rodriguez Polo, aún no me ha sido posible encontrar en el Ayuntamiento de Cáceres y sus archivos el Informe firmado por Hernández-Pacheco y por Fernández Navarro, por lo que, si no pudiera localizar dicho documento, nos tendremos que conformar con el resumen y “vulgarización” de Rodríguez Polo.

  1. 17 de Diciembre de 1927. Periódico Nuevo Día.

Leyendo, hace ya días, la reseña que hicieron los periódicos locales de una sesión habida por el Ayuntamiento, supe que se dio cuenta en ella de un informe geológico respecto de la cuenca hidrológica subterránea del calerizo existente en las proximidades de la capital.

El informe a que me refiero tiene la obligada extensión –lo he visto después- y por ello, sin duda, no se leyó en la sesión antes mencionada, quedando a disposición de los señores concejales que quisieran examinarlo detenidamente.

Por el objeto del informe, de interés extraordinario para Cáceres, y por la autoridad científica de sus autores, quisimos conocerle y vulgarizarlo y divulgarlo.

El pueblo de Cáceres debe decidirse por una solución que se le proponga, cuanto antes mejor, respecto de su abastecimiento de aguas; y parece natural e indispensable que se entere de los proyectos que le ofrezca la Comisión encargada de su estudio y conozca los antecedentes de los mismos.

Nada menos que dos sabios especializados en las cuestiones geológica son los autores del informe a que venimos refiriéndonos: los señores Franandez Navarro y Hernández Pacheco son catedráticos de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central; el primero es jefe de la sección de Mineralogía, y el segundo de la sección de Geología del Museo Nacional de Ciencias Naturales; ambos señores tienen merecida reputación universal por sus trabajos numerosos de investigación y por sus publicaciones didácticas, que sirven de texto y de consultas en los estudio superiores. Don Eduardo Hernández Pacheco ha sido constante investigador de la geología de Extremadura, región por la que siente especial afecto, y don Lucas Fernández Navarro ha publicado en la Biblioteca agrícola española “Investigación y aprovechamiento de aguas subterráneas”.

Verdaderamente ha sido un acierto insuperable solicitar el Informe a estos dos geólogos.

En cuanto expuse mi pretensión al Ayuntamiento se me complació enseguida, poniendo a mi disposición repetido informe, que he estudiado con el detenimiento que requiere.

Y contando con el beneplácito de Nuevo Día, que como los demás periódicos locales, tiene en tan alta estima los intereses de esta ciudad en que vivimos, tan necesitada de hacer un rápido avance en el camino del progreso, y tan querida por mí, me propongo, como al principio digo, vulgarizarlo y divulgarlo.

Aunque está redactado magistralmente el informe, y expuesto con claridad meridiana, creo el único medio de que lo conozca el público, éste de hacerle asequible a todos en artículos breves que condensen los fundamentos científicos y las conclusiones a que llegan sus ilustres autores.

  1. 18 de Diciembre de 1927

El historiador considera espacios de tiempo separados por acontecimientos extraordinarios que influyeron en la marcha de la humanidad por el camino de la vida, desviándola de su ruta precedente, modificando su estructura, influenciando su espiritualidad. Y delimitados los tiempos en épocas históricas, consideran cada una con el carácter propio que presenta, y estudia de tal modo los hechos y las ideas, que se ofrecen confusos e inconexos a través de muchas generaciones en el campo de la historia.

El geólogo estudia la evolución de la Tierra dividiendo también en épocas los tiempos infinitos que han transcurrido desde que una cadena fundamental arcaica, de veinte mil kilómetros de longitud, sobre la dirección de un meridiano, emergió de los abismos del océano sin orillas que debió cubrir en los principio toda la haz del mundo en que vivimos.

Sobre las olas de ese mar inmenso, vagaba, según expresión del Genésis, el espíritu de Dios; y dijo Dios: “reúnanse en un lugar las aguas que están debajo del cielo y aparezca lo árido”. Y la ciencia confirma que sucedió así.

Aún persisten los trozos alineados de esa gran formación geológica “que presenció impasiblemente el proceso de las edades geológicas, y que viene a constituir algo así como la primera pincelada de dios sobre la superficie virginal del planeta”, en expresión del geólogo Patac.

Si dirigimos la vista a un mapa del mundo, y aplicamos el borde más oriental de la América del Sur al golfo de Guinea, aparecen así unidos el inmenso territorio sudamericano y el africano continente, como debieron estar unidos hasta los tiempos llamados cretáceos, según la genial concepción de Wegener, y se reconocen terrenos de la misma formación en Escandinavia, en las Islas Británicas, en Canadá, en España, en el Sahara con la inmensa cordillera de los Andes.

Erosionada y derivada por numerosos agentes exteriores (como las lluvias, los vientos y los hielos, de cuyos efectos hemos de dar, en otro artículo, una curiosa idea); hundidos muchos trozos y cubiertos por sedimentos que constituyeron capas, llamadas estratos, en el fondo del océano, a donde fueron arrastrados por los ríos, y que los frentes (que hemos de dar a conocer) originarios de los plegamientos de la costra sólida del Globo, levantaron a su vez, como fueron levantados los estratos que en lo alto de ingentes montañas contiene restos petrificados de los animales que habitaron sobre ellos, pero en el seno de las aguas; rota por inmensas presiones la primera masa continental, cuyos grandiosos fragmentos derivaron sobre una capa más densa y pastosa hasta situarse como los vemos hoy; bajo las acciones aludidas de millones de ciclos erosivos en todas las épocas geológicas, los restos que persisten de la primera formación ofrecen en muchos sitios el aspecto de penillanura (meseta baja o media en que las antiguas montañas están reducidas a cerros u ondulaciones de pequeña altura) como la meseta ibérica.

Pues en la penillanura cacereña, cuyo estudio también ha de ocuparnos, siquiera sea brevemente, como lo requieren la índole de estos artículos, y con el objeto repetido de vulgarizar el informe geológico que comentamos; en esta penillanura destacan la sierra alineada de NO a SE, en cuyo extremo, sobre un collado que separa la pequeña masa montañosa de una última y poco elevada prolongación hacia el NO, está edificada la ciudad de Cáceres.

Resulta de tal disposición topográfica, que Cáceres ocupa una situación dominante y que no hay ríos de alguna importancia en la cuenca fluvial de Tajo, en un radio de 50 kilómetros, que tengan su cauce a mayor altitud que la capital, y por lo mismo no puede tener un abastecimiento de agua mediante embalse de algún rio de montaña cuyo caudal se desviase y pudiera ser canalizado para conducirle por la fuerza natural de la gravedad hasta la misma capital. “La planicie que rodea la región montañosa de Cáceres tiene una altitud de 350 metros, y aunque se eleva hacia el Este, no rebasa los 400 metros a la distancia dicha, siendo 400 metros la altura más baja de la ciudad que llega hasta 476 en el sitio de la Peña Redonda.

Estas dificultades de orden orográfico y topográfico –siguen diciendo los autores del informe- han hecho pensar en la solución del abastecimiento de aguas a la población utilizando la subterránea que pueda existir en los terrenos  inmediatos a la capital, especialmente las contenidas en las calizas que se extienden al Sur, en el terreno denominado “El Calerizo”.

“El excelentísimo Ayuntamiento de Cáceres –agregan los señores Hernández Pacheco y Fernández Navarro- nos ha encomendado concretamente el estudio geológico de “El Calerizo”, en relación con su régimen hidrológico, y este es el objeto del presente informe”.

Vale.

Las piedras de la ciudad monumental de Cáceres, que tan bien nos vienen para enseñar a quienes nos visitan como si fueran certificados inmarcesibles de nuestra historia, no nos enseñan, creo, todo lo que fue y deberá seguir siendo, la ciudad.

Cáceres celebró su bimilenario apoyándose en la historia de Roma. Sin embargo, la ciudad es mucho más antigua, los primeros pobladores habitaron ya estas tierras en el neolítico.

Demostrada está la presencia de pobladores en mucho más tiempo que ese bimilenario. Las cuevas y abrigos del Calerizo de Cáceres, para resguardarse del frío, las lluvias y los depredadores, se compatibilizaban las épocas de poder aprovechar la bonanza del clima con en los humedales de Los Barruecos y los Arenales.

De esos tiempos tan antiguos, nos van, poco a poco, surgiendo respuestas (no todas las que serían posibles si se destinaran mayores recursos a las excavaciones) en Maltravieso, en El Conejar o en la Cueva de Santa Ana.

Sí tenemos, todavía, a pesar de los maltratos, la lectura actual de los que fueron aquellos tiempos, mucho más remotos que la invasión romana y el imperio de Augusto. Porque el libro en el que se escribieron las primeras historias sigue vivo: se llama el Calerizo, se llama la Ribera del Marco, y si los hubiéramos cuidado (algunos están a tiempo), los aliviaderos del Marco (la Fuente del Rey), el pozo de El Sapillo, el pozo de la Lebosilla, la Fuente de Santa Ana…

Cáceres tiene una historia que no está escrita en las paredes de la Ciudad Monumental (Patrimonio de la Humanidad) sino que fluye por hilos de agua que salen del Calerizo, por una fuente inagotable que era en el Neolítico, que fue en la dominación romana, que fue durante el Islam, que fue durante la Reconquista.

Lo mismo que los primeros pobladores, todavía seguramente nómadas, la aparición de la agricultura (de la acuicultura en la época romana), del sedentarismo, habría permitido a aquellos primeros pobladores encontrar asiento, refugio y ricos beneficios de la cantidad de agua que, como nos decía mi madre, fluye bajo la ciudad, como un mar.

El agua en Cáceres es más antigua que las piedras. Es más, sin el agua, las piedras nunca, probablemente, se habrían levantado. La cisterna que apareció en Mira al Río al tiempo que se cometió el atentado contra el puente de San Francisco, no era tal, era la continuación de la poterna, la puerta más adelantada de la muralla, por la que los sitiados tenían a su alcance acceder al bien preciado del agua.

Por esto, me gustaría llamar la atención por la desaparición de Cáceres durante ¿cinco siglos? de cualquier historia. De la época visigoda parece no haber rastro alguno. Pero la ciudad fortificada romana ahí estaba. El agua abundante del Calerizo, ahí seguía. Las enseñanzas romanas en materia de agricultura habrían dejado rastro en pobladores dedicados a los cultivos más elementales.

Los visigodos (suevos, vándalos, alanos) parece que no tuvieron presencia en Cáceres. O parece que no dejaron huella alguna. Seguramente, se ha estudiado poco ese tiempo.

El gran arqueólogo José Ramón Mélida, en su libro en varios tomos dedicado a Cáceres, dentro del Catálogo Monumental de España, a comienzos del siglo XX sí se refiere, al menos, a alguna presencia goda.

Afirma Mélida que, a pesar de no haber monumentos de la época visigoda, sí se sabe que la Extremadura septentrional quedó bajo el reino godo de Toledo, y fue teatro de guerra durante mucho tiempo. En 585, Leovigildo sumó a su reino la ciudad de Mérida.

Desde mi punto de vista, que Cáceres no fuera conocida/invadida por los pueblos germanos (así parece) no quiere decir que quienes por estas tierras combatieron a las órdenes de cualquiera de sus reyes no tuvieran aposento en la ciudad romana dotada de buenos muros defensivos.

Por eso, me resulta llamativo que siendo el agua un elemento fundamental tanto en tiempos de paz como en tiempos de guerra, las torres romanas de la ciudad no albergaran ejércitos visigodos.

Cinco siglos de historia sin historia parecen muchos.

Vale.

El 4 de marzo de 2019 publiqué en esta misma Cerca una entrada en la que me refería al intento, desesperado, del Partido Popular por “colocar” como fuera el “espacio gourmet” del mercado de abastos de la Ronda del Carmen. Lo titulé “Vender la burra gourmet”.

El gobierno regional, el gobierno de “los mejores” capitaneado por el canario Monago, había invertido prácticamente 1.000.000 € en convertir la planta alta en un espacio gourmet al nivel de otras ciudades de importancia. Y, por supuesto, los medios escritos buscaron esas ciudades con mercados similares, pero en ninguna aparecía un porcentaje de casi el 50% de las casillas destinadas al gourmeteo (aquí, tapeo).

El asunto del mercado gourmet nacía en 2015, y el 1.000.000 € también. Ahora estamos en 2021, y el gobierno municipal, sin una mayoría holgada, ha recibido la información de que la Asociación de Cocineros, a quienes, sin concurso público, Elena Nevado (alcaldesa de infausta memoria) se lo había entregado, le dicen al Ayuntamiento que no, que no sale ningún tipo de cuentas (si salieran ya estaría funcionando), y que si os hemos visto ya no nos acordamos.

Una inversión tan importante debería haber ido a cualquier barrio, y hubiera sido más productiva. Pero en aquellas fechas el PP del viajero quería parecer moderno (aunque el cateto se vista de Armani, cateto se queda) y privatizó la Calle San Pedro de Alcántara diciendo que iba a ser como mínimo como la malagueña calle Larios. Hoy, esa calle tiene algunas tiendas y, eso sí, las terrazas de unas cuantas tascas.

El mercado de Abastos de la Ronda del Carmen data de la mitad de los años cincuenta del siglo pasado, y se puso en servicio como complemento del que en las mismas fechas estaba junto al Ayuntamiento y que luego se trasladó a donde antes había estado el Seminario (edificio histórico artístico desde que se declaró a la ciudad monumental conjunto histórico), y ahora está un moderno parking.

Hoy, ese mercado, de dos plantas, tiene la alta nuevecita nuevecita… y vacía, muy vacía, como baldón a quienes creyéndose los reyes del mambo gastaban el dinero público en proyectos a mayor gloria de sí mismos.

Ahora, el Ayuntamiento, en medio de una crisis tan importante como la causada por la pandemia de la COVID-19, no tendrá más remedio que asumir que la Asociación de Cocineros no sabe qué hacer con esa planta, y, salvo lucecita monetaria que aparezca, guardar los planos, bien dobladitos, y meterlos en el cajón de los inmuebles cerrados por falta de uso.

Vale.